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Reflexiones

Las cartas de NOBODY
Reflexiones africanas del periodista Javier Bleda

 
  Hola, no tengo padre ni madre, ni tampoco tengo nombre, pero todos me llaman Nobody (Nadie). Vivo en un campamento de refugiados del Este de África y algunas personas dicen que aquí hay más de un millón de personas. Yo no sé lo que es un millón, aunque deben ser muchos porque vivimos apretujados.

 

Creo que tengo sobre seis años, pero hay niños de mi edad que son mucho más grandes que yo, con lo que no sé si tengo más o menos. Lo que sí tengo más grande que otros es la barriga, los médicos del campamento dicen que es por no comer, pero yo no entiendo que se pueda estar más gordo por no comer, además que desde que me trajeron aquí como arroz todos los días una vez, así que comer sí como.

 

Me han dicho que muy lejos del campamento, donde casi todos los hombres son blancos, hoy es un día muy especial porque todas las familias se juntan para celebrar una cosa que se llama Noche Buena. Cuentan que la gente se pone alrededor de una mesa y que la llenan de comida de todo tipo, mucha más de la que pueden comer. Y que luego, cuando ya no les cabe nada más, se intercambian regalos que trae en secreto un señor vestido de rojo con una barriga tan gorda como la mía, aunque otra persona me ha dicho que en realidad los regalos se los compran los blancos entre ellos y que gastan tanto dinero que yo nunca sabría escribir una cantidad así.

 

Me han dicho que los niños blancos son muy felices porque esa noche el señor vestido de rojo les trae muchos juguetes, pero como tampoco sé lo que son los juguetes no entiendo por qué se pondrán tan felices. Algún día quisiera conocer a algún niño blanco para que me lo explique.

 

De todas formas no me creo nada de estas cosas que me cuentan, seguramente serán historias de esas que alguien se inventa, porque no puede ser cierto que la gente coma tanto y gaste tanto dinero en regalos sabiendo que nosotros estamos aquí sin nada, sin casa, ni ropa, ni apenas comida ni agua. O a lo mejor es que no lo saben y por eso se portan así.

 

Voy a hablar con una doctora que hay en el campamento para decirle que si me quiere escribir lo que pienso en uno de esos papeles que ella tiene, luego voy a dar esas cartas a alguno de los que salen del campamento para que la envíe al país de las personas blancas, seguro que así se enteran de cómo estamos y vienen a ayudarnos...
 
 


CARTA 1ª

  

Queridas personas blancas,

Os escribo desde un campamento de refugiados de África del Este, bueno, en realidad no os escribo yo, sino que lo hace una doctora blanca que es muy buena y que está aquí para ayudarnos. Dice que es de una organización que se llama Médicos sin Fronteras y por eso me da un poco de lástima, porque yo pensaba que los médicos podían tener de todo, y sobre todo si son blancos, pero me parece que a los que no tienen ni fronteras los mandan aquí, con nosotros, para que sufran, aunque ella siempre está sonriendo. La verdad es que no sé lo que quiere decir la palabra Fronteras, pero sí que entiendo muy bien lo que quiere decir la palabra Sin, por eso pienso que también es pobre como yo.

 

La doctora me ha dicho que hoy es un día especial porque en el país de las personas blancas todo el mundo gasta bromas, y me ha explicado también que una broma es hacerle creer a alguien algo que no es cierto. Por eso tengo un poco de miedo de que alguien piense que mi primera carta es una broma y no crea que es cierto lo que está pasando aquí.

 

Vivimos amontonadas un montón de personas, tantas que a veces no se puede ni caminar sin miedo a perderte. Hay una como una alambrada que rodea todas las tiendas de campaña y no nos dejan salir fuera de ella, parece que estamos castigados. Tenemos que hacer fila para ir a las letrinas, porque hay pocas y todo el mundo quiere ir al mismo tiempo. Algunas veces no me he podido aguantar y lo he hecho donde he podido, pero luego se han puesto a gritarme porque los que vigilan quieren que lo hagamos dentro de las letrinas. También tenemos algunos depósitos de agua y unos pequeños bidones que dejan llenar para prepara la comida, beber o lavarse, pero hay veces que no queda y hay que esperar uno o dos días a que vengan unos camiones a llenarlos. Lo peor es a la hora de comer, porque los que estamos solos y no tenemos padre ni madre tenemos que esperar en otra fila a que nos den y, a veces, me quedo con más hambre y no puedo repetir. He oído hablar a algunos amigos de la doctora que como no manden pronto más alimentos también nos vamos a quedar sin comida, debe ser por eso que en la última semana nos están dando la mitad de lo que nos daban antes, y también me han explicado que es por eso que mi barriga se pone tan grande aunque no coma mucho. La doctora me ha dicho que si esto sigue así dentro de poco me van a dar unos sobres de comida especial, pero yo la he probado y no me gusta nada, prefiero el arroz que preparaba mi madre antes de que la mataran.

 

Lo que cuento es de verdad, no es una broma, aquí estamos mal porque no tenemos nada, absolutamente nada, por eso no quiero que cuando esta carta llegue al país de las personas blancas nadie piense que porque se ha escrito el día de los Inocentes estoy jugando. Me gustaría que quien lea esta carta nos pudiera ayudar de alguna manera, pero no sé cómo, ni tampoco sé si en el país de las personas blancas viven como nosotros o están mejor. Tal vez puedan hablar con otros médicos de allí que tampoco tengan fronteras para que les puedan dar alguna idea, o con gente que tenga dinero para que podamos volver a tener casas y no tenga que hacer fila cada vez que quiera ir a la letrina. Y como tampoco tengo padre ni madre, me gustaría saber si alguien quiere ser mi familia, hay veces que lloro mucho y no sé por qué.

 

Seguiré escribiendo en otro momento, ahora la doctora tiene que atender a muchos niños enfermos y tampoco sabe muy bien cómo poder hacerlo, dice que casi no le quedan medicinas.

Gracias por leerme.

NOBODY

 

 


CARTA 2ª 

Queridas personas blancas,

Dice la doctora que hoy es el primer día del nuevo año y que allí todo el mundo ha hecho una gran fiesta para celebrarlo y ha pedido deseos esperando que se cumplan. No sé muy bien qué es lo que hay que celebrar, pero si vosotros estáis contentos yo también lo estoy y, sobre todo, estoy contento porque seguro que alguno de esos deseos que habéis pedido es para que podamos salir del campo de refugiados y tener nuestra propia casa.

 

Ayer y hoy nosotros no hemos celebrado nada, bueno, no exactamente, porque he visto dos celebraciones de funerales. Se ha muerto una niña más pequeña que yo y también un señor que ya tenía el pelo blanco. La niña vivía con su madre y dos hermanos en una tienda que no está lejos de la mía, y al señor del pelo blanco lo conocía porque algunas veces nos contaba historias por la noche, delante del fuego.

 

Recuerdo que, en una de esas historias, contaba que había muchos africanos que se subían en barcas para llegar hasta vuestra tierra porque pensaban que allí iban a encontrar la solución para sus familias. ¿Es eso verdad? También nos contaba que algunas veces las barcas se hundían en el mar y todos morían, o que se perdían y se morían de sed. Cuando contó esto luego no pude dormir imaginando cómo lo tenían que pasar en esos momentos, porque el hombre del pelo blanco dice que muchas veces en esas barcas van niños como yo o madres con sus bebés.

 

La verdad es que no sé por qué se tienen que ir a otros países cuando aquí tenemos de todo, o por lo menos donde yo vivía había antes de que matasen a mis padres había de todo. Por las mañanas mi padre salía a cazar y siempre traía algo para que mi madre preparase la comida. Mientras, yo jugaba con mis amigos del poblado y también buscábamos un poco de leña para el fuego. Cerca de nuestra casa había un pequeño río en el que mi madre tomaba el agua para la casa y nos bañábamos. Y teníamos cabras y gallinas.

 

Quiero salir pronto del campo de refugiados para volver otra vez a mi poblado. Nos tuvimos que ir todos cuando lo atacaron los rebeldes, y allí se quedaron mis padres muertos y muchos vecinos que no consiguieron escapar. A lo mejor algunas de las personas que consiguieron salir a tiempo puede que quieran regresar otra vez y aquello vuelva a parecer un poblado. Si es así cuando sea mayor quiero ser el jefe para que no vuelva a pasar lo mismo, porque voy a ser muy fuerte y podré defender a todos.

 

Me gustaría saber si en el país de los hombres blancos pasan las mismas cosas, quiero decir si es posible que lleguen los rebeldes y maten a familias enteras. La doctora me dice que eso allí no pasa, que son cosas de los africanos, pero una vez el hombre del pelo blanco nos contó que un blanco que se llamaba Adol no sé qué mató a muchísimas personas en unos sitios que les ponían alguna cosa en el aire para que los que estaban dentro no pudieran respirar. Pero yo no sé si me lo debo creer, porque no es posible que los blancos se maten entre ellos.    

 

Os dejo por hoy, si se cumple alguno de los deseos de la fiesta que habéis hecho por el nuevo año me lo decís para que me alegre. Yo también voy a pedir un deseo, que vengáis por África para ver lo mal que estamos y veáis si nos podéis echar una mano. Estoy seguro que si podemos hablar directamente no os vais a querer ir de aquí.

Feliz Año nuevo a todos los blancos.

NOBODY

 
 


CARTA 3ª

 

Queridas personas blancas,

Esta tarde, ha llamado una amiga de la doctora para decirle que se acordaba mucho de ella al ver los enormes montones de basura que se han acumulado con los envoltorios de los regalos que unos reyes que viajan en camello han llevado a vuestros hijos. Le decía su amiga que estaba triste porque sabía que donde estamos nosotros no hay nada de eso y, sin embargo, allí es escandaloso comprobar cómo se  regalan a los niños más juguetes de los que necesitan y, a los mayores, montones de cosas que la mayor parte de las veces son inservibles. Entonces la doctora le ha preguntado a su amiga si esos señores reyes también le han traído muchos juguetes a sus hijos y regalos a toda la familia. Se ha hecho un silencio y la amiga le ha reconocido que sí, que no podía hacer nada porque sus hijos van creciendo y cada vez piden más cosas y más caras.

 

Ya no he podido escuchar mucho más porque la doctora se ha levantado para caminar un poco mientras hablaba, pero sí que he oído que le decía que ese era el gran problema, que con la mitad de lo que costaban los regalos de los reyes en una familia media podían haber vacunado a muchísimos de nosotros, o haber comprado montones de dosis de alimento de urgencia para los niños que tienen la tripa más gorda que la mía.

 

Después de terminar la conversación con su amiga, la doctora ha venido donde estaba yo y me ha acariciado la cabeza mientras me miraba fijamente. Sus ojos estaban cristalinos, parecía que iba a llorar de un momento a otro, por eso le he preguntado si es que estaba triste porque a ella esos reyes magos no le habían traído nada por estar en nuestro campamento de refugiados. Ella me ha dicho que no, que todo lo contrario, que lo que estaba era contenta de poder estar con nosotros, que somos el mejor regalo que ha podido imaginar jamás en su vida y no nos cambiaría por nada del mundo.

 

Mi madre era católica y una vez la escuché hablar de la Navidad, así que he preguntado a la doctora si es verdad que hay unos reyes de Oriente que llevan regalos a los niños blancos y que por qué no nos traen también a los niños negros. Además, si uno de esos tres reyes es negro sería normal que se acuerde de los suyos. Y si para colmo son magos tampoco les costaría tanto pasar por África, por supuesto después de primero dejar sus regalos a los niños blancos para que no se enfaden. La doctora no sabía muy bien qué contestarme, dice que tengo razón y que ella personalmente iba a preguntar a esos reyes por qué se habían olvidado de África. 

 

A mí lo que me gustaría es que, la próxima vez que los reyes tengan que ir al país de los hombres blancos, los niños les digan que después se pasen por aquí. Pero no quiero que nos traigan juguetes, porque yo no sabía lo que eran pero resulta que ya tenemos muchos, jugamos con ruedas viejas de bicicletas, con camiones que hacemos con latas y con pelotas de trapo. Lo que quiero es que traigan dinero para la doctora y para otras personas blancas que están aquí con nosotros. Con ese dinero nos van a poder dar de comer y nos van a curar a todos. La doctora dice que si hay suficiente dinero, cuando ya estemos bien nos pueden ayudar a hacer casas, escuelas y pequeños negocios. Y como esos reyes son magos les voy a pedir también que acaben con la guerra de mi país, aunque eso parece bastante difícil, porque parece ser que la guerra es por un mineral que se usa para hacer teléfonos móviles, y ahora todo el mundo necesita esos teléfonos.

 

Me vais a perdonar, pero creo que no puedo seguir escribiendo por hoy porque ahora soy yo el que tiene los ojos cristalinos. Me estoy acordando de mi padre y de mi madre, y de mis hermanos, que los han matado en esta guerra. ¿Será entonces que los han matado por una piedra que hace que los móviles funcionen? Pues entonces jamás usaré ninguno, porque están manchados de sangre, de la de mis padres, mis hermanos y de miles de personas que vivían cerca de nosotros. Usaré el tambor para comunicarme, como mi papá me contaba que hacían nuestros antepasados.

 

Espero que al menos esos reyes magos se portasen bien con vosotros.

NOBODY
 

CARTA 4ª

Queridas personas blancas,

La doctora me ha contado que hoy millones de niños regresan a la escuela después de las vacaciones de Navidad. ¡Qué bonito y qué suerte tienen! Me alegro mucho por ellos, yo no nunca he estado en una escuela pero sé que allí se va a aprender para poder ser alguien importante cuando eres mayor.

 

En mi poblado sólo iban a la escuela los chicos, porque las chicas tenían que ir a por agua y hacer las cosas de la casa, como limpiar, lavar, atender a los niños o preparar la comida. La doctora me ha dicho que es muy importante ir a la escuela porque las personas aprenden que todos somos iguales, los chicos y las chicas, y que si hay cosas que hacer en casa las tenemos que hacer entre todos. Pero yo le he contestado que no creo que eso sea así, porque hay muchas personas mayores que han ido a la escuela y que, sin embargo, ahora siguen enviando a sus hijos a estudiar y no a sus hijas, con lo que no debe haberles servido de mucho.

 

Ella me ha dicho también que en la escuela te dan una cosa que se llama cultura, y que gracias a la cultura aprendes a convivir mejor con las otras personas, a respetar otras formas de pensar, a ser solidario y a diferenciar lo que está bien de lo que está mal. Desde luego, si eso es así, no me extraña que muchos africanos quieran ir al país de los hombres blancos, porque desde luego aquí, en África, lo que es convivir lo hacemos mientras no se tuerza la cosa, pero a la mínima sacamos los machetes y matamos al vecino si hace falta. Lo de respetar otras formas de pensar no me parece que sea un problema, pero la cosa cambia si son los políticos los que te dicen lo que tienes que pensar y lo que piensan los otros. Solidarios sí que somos cuando podemos, porque mi padre siempre decía a mi madre que preparase un poco más de arroz por si llegaba algún desconocido con hambre a casa. Y, por supuesto, lo que no sabemos es diferenciar lo que está bien de lo que está mal, porque  yo sé que aquí en el campo de refugiados, hay personas que engañan a algunos doctores para conseguir más medicinas y luego venderlas sin importarles que les podrían hacer falta a otros.

 

Naturalmente, allí, en el país de los hombres blancos, como dice la doctora que es obligatorio ir a la escuela, todo el mundo tiene que saber muchas cosas y por eso convivirán mejor. Seguro que no saben lo que son las guerras, ni el terrorismo, ni la corrupción, ni los enfrentamientos entre los partidos políticos, ni el no tener trabajo, ni por supuesto que los hombres maten a sus mujeres porque son más fuertes.

 

Allí todo el mundo debe respetar la forma de pensar del otro y no habrá debates ni enfrentamientos como los que tenemos aquí. Por supuesto, lo de practicar la solidaridad entre blancos debe estar muy superado, y si alguien sabe que su vecino o amigo tiene un problema imagino que le debe ayudar. Y de lo que no tengo ninguna duda es de que los hombres blancos saben diferenciar perfectamente entre lo que está bien y lo que está mal, tantos años yendo a la escuela debe servir sobre todo para eso.

 

Pero yo lo que querría preguntar es si en las escuelas del país de los hombres blancos se enseña dónde está África y los problemas que tenemos. Yo creo que no deben estar muy informados porque, de estarlo, no tendrían problema en que pudiéramos convivir juntos o en educarnos para que por lo menos aprendamos a convivir entre nosotros; en respetar nuestra forma de pensar o en enseñar a nuestros políticos a hacerlo; en mostrar solidaridad con nosotros, aunque sea simplemente porque nos estamos muriendo y, desde luego, no tendrían tanto problema en saber lo que está bien y lo que está mal. Hay muchas cosas que no sé si son buenas o están bien, pero hay una que sé que está mal, dejar que África siga así mientras en el país de los hombres blancos se vive tan bien.

 

Aunque yo nunca he ido a una escuela, me gustaría ir a vuestro país para enseñar todo esto a los niños blancos, para que cuando sean mayores sean también diferentes. Os quiero.

NOBODY


CARTA 

 

Queridos hombres blancos,

Me he enterado en el campamento que ha habido un terremoto en un país que está muy lejos de África, pero donde casi todos son negros como nosotros. Yo no sabía lo que era un terremoto hasta que me lo han explicado, dicen que el suelo se mueve y se caen todas las casas, y que por eso en ese país ha muerto mucha gente y se han quedado sin nada, aunque parece que antes del terremoto tampoco tenían nada, debe ser que los negros somos igual de pobres en todas partes.

 

Cuando me lo han contado estábamos comiendo nuestra ración de arroz, y me ha dado tanta pena que he dejado la mitad en el plato y he ido a ver a la doctora para que ella lo mande a algún niño del país del terremoto. Al decirle que quería mandar la mitad de mi plato de arroz he visto de nuevo cómo sus ojos se ponían cristalinos, igual que si quisiera llorar, últimamente le pasa mucho. Después me ha estado mirando un buen rato sin decir nada, yo creo que le pasaba algo y no podía hablar. Finalmente me ha explicado que el arroz no se puede enviar porque ya está cocinado y ese país está muy lejos, pero además es que hay otro problema, y es que ahora todos los envíos de dinero, comida y medicinas van a ir al país del terremoto porque los necesitan urgentemente, con lo que será mejor que guarde mi arroz porque a partir de ahora no hay muchas garantías de que podamos comer todos los días hasta que se normalice la situación.

 

La doctora me ha dado un abrazo muy largo y me ha dicho que no me preocupe porque ella se va a ocupar de que no me falte nada, lo que no sé es lo que va a hacer con el millón de personas que hay en el campamento cuando se enteren de que pronto se va a acabar la comida.

 

La verdad es que no entiendo muy bien lo que está pasando, aquí hay muchas personas mayores que conocen a los hombres blancos y no se explican por qué no nos ayudan de una vez a salir del campamento y poder vivir en libertad, sin tener que esperar con la mano extendida a que nos quieran dar algo de comer por caridad. Incluso la doctora me ha contado muchas veces que ella y sus compañeros están ayudándonos gracias a que entre los hombres blancos hay muchas personas buenas, pero que no es suficiente con eso, que los problemas vienen por los gobiernos de los hombres blancos, y especialmente de los africanos. Y mientras tanto estamos aquí encerrados, esperando que sea la muerte la que nos libere de la cadena que nos ha puesto la vida en el pie.

 

Estoy cansado, voy a dormir un poco. Quiero pensar en todo esto. Y también quiero pensar si yo también he pasado por un terremoto porque me acuerdo que, cuando estaba en mi casa en el poblado, el suelo tembló, la casa se movió, hubo un ruido ensordecedor y todos salimos corriendo a la calle. Eran los camiones de los rebeldes los que hicieron temblar el suelo, y también hubo muchos muertos, mis padres, mis hermanos, toda mi familia. Seguramente eso debió ser también un terremoto, solo que no recuerdo que nadie nos mandase ayuda. Los que estamos aquí llegamos al campamento después de mucho tiempo escapando por la selva, huyendo de los rebeldes que nos perseguían.

 

Os quiero hombres blancos, pero venir a sacarnos de aquí, por favor.

NOBODY

 

 


CARTA 6ª

 

Queridos hombres blancos,

Hoy estaba cerca de la puerta del campamento cuando he visto llegar a una nueva familia. Eran nueve personas, una madre y sus ocho hijos. No había padre. La madre traía un bebé en brazos y las dos hijas mayores que tendrían 13 o 14 años traían también cada una de ellas otro niño en brazos. Uno de los guardianes les han acompañado a la enfermería, porque es allí donde llevan a todos los que van llegando para saber cómo se encuentran de salud. Yo he caminado junto a ellos porque uno de los niños que venía en brazos de su hermana podía tener mi edad y así jugaríamos juntos.

 

Al llegar a la puerta de la enfermería les han sentado en unos bancos mientras avisaban a la doctora, y les han dado un poco de agua porque su aspecto era de no haber bebido en algún tiempo. Yo miraba al niño con el que quería jugar pero estaba dormido, imagino que estaría muy cansado porque parecía que venían de muy lejos.

 

Cuando llegó la doctora con dos de sus ayudantes enfermeros se quedó mirando y puso una cara muy seria, esa que siempre pone ella cuando pasa algo malo. Primero miró al bebé que estaba en brazos de la madre. Luego lo tomó en brazos, se lo entregó a uno de los enfermeros y después se quedó un momento acariciando la cara de la madre. Después miró al otro bebé, que no tendría ni dos años, y también lo tomó en brazos y se lo entregó al otro enfermero para que lo pasara a la enfermería después de darle instrucciones sobre el medicamento que le tenía que poner. Y por fin le llegó el turno al niño de mi edad con el que yo pensaba jugar en cuanto se despertara. Estaba tumbado en el banco, la doctora lo miró y luego agachó la cabeza durante unos instantes. ¿Qué pasaría?, a lo mejor es que el niño traía alguna enfermedad importante y la doctora no lo podía curar, porque ella me lo ha dicho muchas veces, hay algunas enfermedades contra las que no puede luchar porque aquí tiene lo justo y por el momento es imposible enviar a los enfermos al país de los hombres blancos.

 

La doctora tomó en brazos al que iba a ser mi nuevo amiguito y lo llevó también dentro de la enfermería mientras seguía durmiendo. A la madre le dijo que debía esperar un poco allí sentada con el resto de sus hijos mientras examinaba a los otros que se habían pasado. Yo me asomé por una de las ventanas para ver qué le hacían a esos tres niños. Uno de ellos estaba tumbado en una camilla y le habían pinchado en el brazo para conectarle una bolsa de un líquido transparente, como el agua. No se movía, pero yo veía como su pecho subía y bajaba con la respiración y se le notaban todas las costillas. Los otros dos estaban en camillas también, uno de ellos estaba tapado con una sábana blanca hasta la cabeza, a lo mejor es que tenía frío, pero lo dudo porque hoy hace un calor muy fuerte. Al otro, el que yo quería que fuera mi amigo, la doctora le estaba escuchando dentro de su cuerpo con un aparato que se pone en los oídos. Tenía la cabeza girada hacia la ventana, así que le pude ver los ojos entreabiertos, debía estar verdaderamente muy cansado para no despertarse aunque le estuvieran tocando. La doctora se quitó su aparato de los oídos, miró a uno de sus enfermeros diciéndole no con la cabeza, entonces el enfermero tapó también a ese niño con una sábana blanca.

 

Pensé que era mejor que me fuera a dar un paseo porque de momento aquél niño parecía que no iba a poder jugar conmigo. Pasado un buen rato regresé de nuevo a la enfermería, pero ya no estaban allí. Entonces pasé y le pregunté a la doctora qué había pasado con ellos, sobre todo con un niño que había de mi edad porque quería jugar con él. Ella se agachó, me miró fijamente y me explicó que eso no iba a ser posible. El bebé y el niño de mi edad habían llegado muertos al campamento. Yo le dije a la doctora que no podía ser porque yo los había visto durmiendo, pero ella me contó que parecían dormir, pero en realidad ya se habían ido al mundo de los muertos por culpa de una deshidratación grave. Como yo no sabía qué era eso ella me dijo que había sido por la diarrea, y que deshidratarse es casi quedarse sin líquidos dentro del cuerpo.

 

Yo no podía creer que por una simple diarrea un niño pudiera morir, pero la doctora me dijo que la diarrea es una de las enfermedades más mortíferas en África, y que cada día mata miles de niños, más que el sida y la malaria juntas. Si un niño tiene diarrea y no va al médico inmediatamente, lo más posible es que muera sin remedio, por eso, como muchos no tienen posibilidad de ir a un hospital, ni tienen un poquito dinero para pagar los medicamentos, mueren por ser pobres entre los pobres.

Me quedé pensando en las palabras de la doctora, estaba muy triste por saber que ese niño ya no podría jugar conmigo, y también pensaba en su madre, que venía caminando con ellos muertos en brazos, ¿cómo es posible que tantos niños mueran cada día por no tener un poco de dinero? Estoy seguro que vosotros, los hombres blancos, no sabéis que eso está pasando en África porque, cuando os enteréis, vais a buscar una solución inmediatamente para frenar tanta muerte absurda de niños y niñas inocentes. De verdad que estoy seguro de esto, por eso os escribo, para que si os llega esta carta os podáis enterar.

Un abrazo para todos. Os quiero mucho.

NOBODY 

 

 


CARTA 7ª

Queridos hombre blancos,

La doctora me ha dicho que se celebra el Día de la Paz y que, en todos los países del mundo, se organizan actos en los que muchas personas participan para celebrar algo tan importante. Yo no sé muy bien qué es exactamente la paz, porque desde que vivo en el campamento de refugiados siempre me dicen que podré volver a mi poblado cuando se acabe la guerra. A lo mejor la paz era antes de que los rebeldes matasen a mi familia, cuando yo jugaba con mis amigos, corría detrás de las gallinas y tiraba piedras al río, pero la verdad es que no sé muy bien si la paz era eso o la paz es lo que viene después de una guerra.

Lo que sí que no entiendo es por qué se celebra el Día de la Paz si aquí seguimos en guerra y, según la doctora, en otros países están igual que nosotros. Debe ser que la fiesta se celebra sólo en los países que no están en guerra pero, si es así, no me parece justo, porque no hay nada que celebrar cuando en otras partes, como pasa aquí, continúan matando a la gente sin piedad. Le he preguntado a la doctora cómo es posible esto de que exista el Día de la Paz y me ha dicho que, en realidad, se celebra para recordar que hay muchos lugares en el mundo en los que no la hay. Esto me ha dejado todavía mucho más confundido porque, si se sabe que existen guerras y que, como la de mi país, el Congo, más que una guerra es una especie de matanza, ¿por qué los países de los hombres blancos no hacen nada por impedirlo?, ¿acaso piensan que por recordarlo una vez al año los rebeldes van a dejar de matarnos?, ¿y acaso piensan también que los que estamos en los campos de refugiados ya hemos conseguido la paz porque dormimos bajo un techo de lona y nos dan de comer una vez al día?

Soy solamente un niño, pero me han contado muchas cosas buenas de vosotros, los hombres blancos, por eso quisiera creer que, como estamos tan lejos, no sabéis lo que está pasando aquí, porque si lo supierais vendríais inmediatamente a pararle los pies a los que quieren acabar con nosotros. Y si es que ya lo sabéis, si es que estáis enterados de nuestra guerra, ¿para qué celebráis el Día de la Paz? No perder el tiempo con discursos, como muchos de nuestros dirigentes, porque los discursos sin acción son como un plato sin arroz, están vacíos y no pueden calmar ni el hambre ni la necesidad de existir que tenemos.

Por favor, aplicarnos la paz que celebráis, compartirla con nosotros, aunque tengamos que seguir separados por la distancia, la riqueza o el color de nuestra piel, pero al menos sabremos que estamos unidos por lo más importante, las ganas de vivir sin hacer daño a nadie.

Yo quiero que todos los días de mi vida sean para celebrar la paz. Os quiero.

NOBODY

CARTA 8ª

Queridos hombres blancos,

Hay un pastor en nuestro campo de refugiados que cada día nos habla para que seamos mejores personas. Hoy nos ha hecho aprender diez cosas muy importantes que debemos hacer si queremos llevarnos bien con todo el mundo, él lo llama “Decálogo de las relaciones humanas”: 1.Dialoga con las personas. 2.Sonríeles. 3.Llámalas por su nombre. 4.Muéstrate amistoso. 5.Sé  cordial. 6.Interésate sinceramente en los demás. 7.Sé pródigo con los elogios y mesurado en las críticas. 8.Ten en cuenta los sentimientos ajenos. 9.Toma en consideración las opiniones ajenas. 10.Muéstrate predispuesto a servir.

 

Como todos a los que nos ha hablado el pastor somos niños y niñas pequeños que no comprendemos bien lo que quiere decir todo eso, nos ha explicado cada cosa punto por punto y ahora estoy contento porque resulta que yo estaba bien preparado para las relaciones humanas y no lo sabía. Me paso el día hablando con todo el mundo en el campamento. Procuro sonreír siempre. Conozco a muchas personas por su nombre. Tengo un montón de amigos. Todo el mundo dice que soy muy agradable y simpático. Siempre pregunto a las mamás por sus niños pequeños. Hablo muy bien de los que nos cuidan y casi nunca me quejo de las cosas malas que pasan. Pienso mucho en los que lo están pasando pero que yo. Escucho lo que dicen los mayores, y también otros niños, y nunca digo que no cuando hay que hacer algo.

 

Lo malo es que, en demasiadas ocasiones, el único tema de conversación es que alguno de nuestros vecinos de tienda o alguno de sus hijos han muerto. Cuando esas cosas pasan intento sonreír pero no puedo. No me puedo sacar de la cabeza los nombres de los niños que ahora están muertos cuando poco antes estaban jugando conmigo. Tengo muchos amigos porque se van renovando, de un día para otro dejo de ver a alguno de ellos sin saber qué ha pasado. Intento ser muy cordial pero cuando hacemos la fila para la única comida del día hay algunos niños que me echan y tengo que volver a ponerme el último. Me intereso mucho por los demás pero no sé si hay alguien que se interese de verdad por mí. A veces me resulta difícil elogiar el funcionamiento del campamento porque cada vez hay menos comida, menos medicinas, las tiendas se rompen y no hay otras, las letrinas huelen muy mal y los guardias de seguridad nos pegan. También hay muchas veces que estoy llorando cuando me acuerdo de mi madre y toda mi familia y nadie me hace ni caso, como si por ser un niño no tuviera sentimientos. Como soy un niño pequeño nadie tiene en cuenta lo que yo opine, y además muchos de los mayores que viven aquí me tratan como un esclavo.

 

De todas formas me gustaría empezar una nueva vida y volver a poner en práctica este decálogo que nos ha enseñado el pastor. Por eso os escribo, mis queridos hombres blancos, porque a lo mejor vosotros podéis hacer que todos podamos salir pronto de aquí y dejar de estar amontonados como animales mientras morimos lentamente.

No olvidar que os quiero.

NOBODY     

Continuará...    
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