El Oido

Quédate lo más quieto y callado que puedas por un momento. ¿Escuchas algún sonido? Anota en tu cuaderno los sonidos que percibas dentro y fuera del salón.

Todos los días oímos muchos sonidos diferentes. Los sonidos son producidos por el movimiento de las cosas. Oímos el aire que se desliza entre los árboles, la lluvia que golpea una ventana y el tictac de un reloj.

Los relojes que producen ese sonido, por ejemplo, tienen una pieza adentro que se mueve constantemente hacia adelante y hacia atrás. También podemos escuchar el trino de un pájaro y el llanto de un bebé, pues ambos cuentan con órganos internos y externos que, al moverse, producen sonidos. 

El movimiento que se requiere para que se produzca un sonido se llama vibración. Cuando se jala la cuerda de una guitarra o se tensa una liga con el dedo, comienzan a vibrar, moviéndose de adelante hacia atrás o de arriba hacia abajo. Esta vibración es la responsable del sonido que escuchas.


Cuando hay vibración, el movimiento pasa de un objeto a otro a través de un medio. El suelo, el agua y el aire son ejemplos de medios por los que puede propagarse el sonido.

Al objeto que vibra se le llama fuente emisora de sonido.

Una vez emitido, el sonido viaja a través de diferentes medios, que pueden ser sólidos, líquidos o gaseosos, hasta llegar a algún receptor como el oído.

El sonido viaja muy rápido en cualquiera de estos tres medios. Pero viaja aún más rápido en sólidos y líquidos que en el aire, medio por donde normalmente viajan los sonidos que escuchamos.


Se escucha a través del oído, el órgano receptor de los sonidos. Cuando los sonidos que viajan por el aire llegan a él, entran a un primer conducto hasta alcanzar el tímpano, una membrana muy delgada que empieza a vibrar. Estas vibraciones mueven tres huesos diminutos, donde se amplifica el sonido. A partir de allí el sonido se convierte en un señal nerviosa que viaja hasta el cerebro.


El oído es el receptor de muchos sonidos que emiten las cosas que vibran. Para cuidar nuestro oído es muy importante mantener limpias las orejas hasta donde empieza el conducto pero ¡nunca debes meter nada dentro de él!

En algunos casos, después de un resfriado, la parte media del oído se infecta y puede incluso llegar a reventarse el tímpano. Cuando esto ocurre se va perdiendo la capacidad de oír y los niños tienen que preguntar varias veces lo que dice el maestro o la maestra; tratan de adivinar lo que dicen los demás y suelen voltear la cabeza de lado o poner su mano alrededor del oído para escuchar mejor. Esto puede evitarse si se consulta al médico a tiempo. Acude al centro de salud para que te revisen si crees que no oyes bien. El oído, la garganta y la nariz están conectados, por lo que una infección de la garganta puede llegar al oído. Por ello es recomendable mantener limpia la nariz.

Los ruidos muy fuertes van haciendo que la capacidad de oír se pierda. Por eso hay que evitar gritarles a otros en el oído y escuchar aparatos de radio, tocadiscos o televisión a un volumen demasiado fuerte. Tampoco debes estar cerca de máquinas muy ruidosas.

El oído, como el resto de los sentidos, permite darnos cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor. Muchos sonidos sirven para avisarnos cosas, como las sirenas de las ambulancias, la voz de un vendedor y la campana de la escuela.


El oído también es muy importante para comunicarnos. Por eso debemos ser comprensivos y ayudar a la personas que son muy sensibles a los sonidos altos, o que son sordas, pues ellas tienen que esforzarse más para poder comunicarse


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