IMPERIALISMO Y COLONIALISMO
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1. EL IMPERIALISMO EUROPEO

 

En las últimas décadas del siglo XIX, las potencias europeas se propusieron colonizar África y Asia, continentes en los que llegaron a construir grandes imperios reafirmando sus posiciones políticas y económicas dentro del ordenamiento mundial.

 

l. l Los factores de la expansión

 

El proceso expansivo europeo fue producto de varios factores que entremezclados, propiciaron una nueva configuración del mundo.

Ø Demográficos. El gran aumento de población que había experimentado Europa fue motivo de que hombres y mujeres, deseosos de mejorar sus condiciones de vida, se lanzaran fuera de las fronteras europeas en busca de soluciones a su alicaída existencia.

Ø Económicos. El auge industrial europeo llevó a las potencias a la búsqueda de nuevas fuentes de materias primas que alimentaran su creciente industria, y de nuevos mercados que absorbieran la sobreproducción a través del consumo. Estas condiciones fueron ampliamente satisfechas en África y Asia; continentes que contaban con un rico suelo y subsuelo así como con una abundante población que, además de consumir, le proporcionaría mano de obra barata.

Ø Políticos. Las empresas coloniales se presentaban como un campo donde desarrollar el espíritu nacionalista, muy en boga en esa época. Los estados sostenían la idea de que solo las grandes naciones, poseedoras de una voluntad de poder y capacitadas para la lucha por la existencia, estaban predestinadas a ejercer la supremacía a costa de '"pueblos inferiores". Así, con estos fundamentos se buscaba la máxima grandeza, que se conseguiría, poseyendo inmensos territorios ricos y poblados. En algunos casos, las empresas coloniales sirvieron, además, para distraer la atención sobre problemas internos, o bien, para dejar en el olvido derrotas y humillaciones.

Ø Ideológicos. De los fundamentos del nacionalismo surge la conciencia de misión, según la cual el hombre blanco civilizado está llamado a cumplir una función dirigente o hegemónica respecto de otros pueblos y razas. Por otra parte, y dentro del ámbito ideológico, surge el ideal misionero y evangelizador, de parte de católicos y protestantes, producto de la recuperación religiosa que experimenta la Europa de aquella época.

Ø Culturales. El reciente interés científico por conocer en profundidad y extensión el planeta, dio lugar a las grandes exploraciones geográficas que prepararon, en muchas ocasiones, el camino a los estados para su expansión imperial. Muchos hombres emprendieron arriesgadas empresas contagiados por el afán de curiosidad y aventura divulgada por la prensa, y por el "aroma" romántico de la época. Superaron obstáculos increíbles, buscando descubrir los secretos de la Tierra: atravesaron desiertos, incursionaron en las selvas vírgenes o viajaron a los polos. Así se conocieron regiones del interior de los continentes que permanecían casi desconocidas hasta la fecha. Franceses e ingleses como Park, Clapperton, Spake, Burton, Stanley, Livingstone, Barth, Nachtigal y Rhodes cuyo apellido dio nombre a Rodesia, destacaron en estas empresas. Siguiendo el curso de los grandes ríos se adentraron en el corazón ardiente de África, y descubrieron los secretos del continente negro.

De esta forma, los exploradores, agrupados en sociedades geográficas, abrieron el camino. Tras ellos llegaron las grandes compañías comerciales y financieras apoyadas por los estados y los ejércitos, y transformaron a los nuevos territorios en áreas de dominación.

 

2. LOS IMPERIOS COLONIALES

 

Las potencias europeas, especialmente Francia e Inglaterra, establecieron grandes imperios coloniales en África y Asia, gracias a la relativa debilidad de las civilizaciones asentadas en estos continentes.

África estaba poblada, casi en su totalidad, por tribus de raza negra, con excepción de la franja mediterránea. Estas tribus apenas pudieron oponer resistencia a la penetración europea, que ostentaba una gran superioridad técnica y militar. Ellos practicaban una agricultura itinerante o vivían de la ganadería, y poseían una religión animista. La división interna que enfrentaban constantemente a unas tribus con otras, fueron fomentadas y aprovechadas por los europeos.

En Asia, la situación fue algo distinta. Allí existían civilizaciones milenarias (China, India), en muchos aspectos superiores a la europea, que opusieron una firme resistencia a la colonización, pero que debido a su "inmovilismo" técnico y económico, terminaron por quedar bajo el yugo europeo.

 

2.1 Las formas de dominio

 

A partir de 1870, el sistema colonial europeo sufre cambios en cuanto al tipo de control que se ejerce sobre los pueblos sometidos. Surgen formas como:

-     Las concesiones. Hubo países que, bajo este sistema, pudieron mantener su independencia, a cambio de algunas ventajas comerciales a las potencias colonizadoras, como la cesión de puertos. Tal es el caso de Hong Kong, que tras la "Guerra del Opio" fue cedido a Inglaterra.

-     Los protectorados. En ellos, la potencia protectora controlaba la política exterior y la explotación de determinadas riquezas, mientras que en el orden interno, las autoridades locales mantuvieron sus atribuciones.

-     Las colonias. Correspondían a territorios sometidos totalmente a la soberanía de la potencia colonizadora, así como a su administración. Podían tener un carácter estratégico, marcado por su posición geográfica, caracterizarse por la explotación de determinados recursos o por ser foco para el poblamiento.

 

2.2 Inglaterra, la más beneficiada

 

De todas las potencias europeas que se desarrollaron en la época, Inglaterra fue la que logró constituir el Imperio colonial de mayor envergadura. En el año 1870 la corona británica ya poseía territorios en la costa atlántica africana (Gambia, Costa de Oro y Nigeria) y en el Golfo de Adén (Somalia), pero su gran objetivo fue formar un espacio colonial que se extendiera de norte a sur en este continente. Así fue ocupando para tal efecto, Egipto, Sudán, Kenia, Uganda, Rhodesia, Bechuanalandia y África del Sur.

En suelo asiático, India fue la principal posesión británica, y en 1877 esta fue elevada a la categoría de Imperio. Posteriormente, la anexión de Birmania y Afganistán al territorio de dominio inglés sirvieron de freno a la expansión francesa y rusa en Indochina.

Fuera de África y Asia, Inglaterra estableció colonias en Oceanía, Nueva Zelanda, y varios archipiélagos del Pacífico.

 

 

2.3 Francia, le pisa los talones

 

El segundo gran Imperio en extensión e importancia, fue el de Francia. Ocupó toda la parte noroeste de África, agregándose a estos territorios parte de Somalia y la isla de Madagascar.

En Asia, después de someter la resistencia de sus habitantes, Francia impuso su dominio los actuales territorios de Vietnam, Laos y Camboya con los que conformó la llamada Unión Indochina. Completaban el Imperio francés la posesión de Nueva Caledonia de Oceanía y las islas de San Pedro y Miguelón en la costa atlántica canadiense.

 

2.4 Los que llegaron tarde...

 

El resto de las potencias europeas debieron conformarse con el establecimiento de dominios de extensión mucho menores que los de Inglaterra y Francia, quedando en una posición desventajosa respecto a ellos, lo que originaría grandes rivalidades.

-         Alemania, que en los inicios del imperialismo se encontraba abocada al logro de su unificación, ocupó tardíamente los territorios que corresponden al Togo, Camerún, Nambia y Tanzania.

-         Italia, igual que Alemania, se incorporó tarde al proceso, logrando establecer en África su dominio sobre Eritrea y parte de Somalia no manejada por los ingleses.

-         Bélgica obtuvo el Congo.

-         Portugal ocupó Angola, Mozambique y Cabo Verde.

-         España recibió los pequeños territorios del Sallara, Guinea y una pequeña parte del protectorado de Marruecos.

 

2.5 Choque entre los protagonistas

 

Las fricciones generadas entre los actores del proceso expansivo europeo se hicieron evidentes en el reparto de África. Con el fin de evitarlas, a instancias de Bismarck se reunió la Conferencia de Berlín en 1878, y a pesar de los acuerdos allí logrados, no se consiguió eliminar los problemas.

Entre los acuerdos adoptados destacan: el derecho a ocupar el interior de un territorio (el hinterland) que tiene la potencia que ocupara sus costas; la libre navegación de los grandes ríos africanos; la ocupación efectiva de un territorio como forma válida de posesión por encima de los títulos y los derechos históricos; se prohíbe la trata de esclavos.

A pesar de lo estipulado, Inglaterra tuvo serios conflictos con Francia y Portugal. Su proyecto de crear un imperio en sentido norte-sur (desde El Cairo a El Cabo) chocó con la pretensión francesa de unir Senegal con la Somalia francesa y la portuguesa de formar un solo bloque con Angola y Mozambique.

 

2.6 Consecuencias del proceso

 

Para los pueblos colonizados, el proceso imperialista europeo significó la imposición de una civilización distinta, que originó una profunda crisis en las culturas autóctonas. El europeo, convencido de que su cultura era la más avanzada, sentía la obligación de darla a conocer y de buscar los medios para que los demás la hicieran suya. Así, propaga sus costumbres, religión y concepciones filosóficas. El desarrollo económico de las colonias se promueve de acuerdo a los intereses y necesidades de los colonizadores. Las obras de infraestructura, como ferrocarriles y puertos, transforman la base económica de los territorios coloniales; de los cultivos de subsistencia se pasa a los sistemas de "plantaciones". Pueblos enteros vieron destruidas sus tradiciones creándose con ello un motivo permanente de futuros conflictos.

Sin embargo, hay que reconocer que la colonización introdujo también elementos que contribuyeron a mejorar la condición de vida de estos pueblos; se establecieron administraciones modernas y modelos de organización política, así como la introducción y aplicación de la medicina científica. Para los colonizadores, este proceso significó contar con extensos territorios de donde extraer recursos que le permitieron fortalecer su crecimiento industrial, con lo que a la vez, se establecía la base de la superioridad europea de esta época.

 

3. CONFLICTOS LATENTES DE FINES DEL SIGLO XIX Y PAZ ARMADA

 

Hacia el final del siglo XIX subsistían en Europa algunos conflictos nacionalistas. Por un lado, los casos de Irlanda y Polonia, y por otro, los problemas surgidos tras el Congreso de Viena, que pretendía restaurar las monarquías europeas amenazadas por el liberalismo, al integrar diversos pueblos en los imperios austriaco, húngaro y turco.

 

3.1. El caso irlandés

 

A pesar de que desde el siglo XVI, Irlanda estaba bajo la soberanía de la monarquía inglesa, había mantenido su autonomía, pero en 1800, el Acta de Unión la incorporaba totalmente a la estructura política británica. Los irlandeses eran católicos pero solo podían elegir diputados protestantes y debían contribuir con un impuesto al sostenimiento de la Iglesia Anglicana. Fueron objeto de discriminaciones políticas y religiosas y enfrentaban también el problema de la propiedad de la tierra, monopolizada por los ingleses, quienes les cobraban onerosos arriendos.

Entre los años 1846 y 1849, una gran crisis económica sumió a Irlanda en la miseria más espantosa. Los propietarios ingleses, insensibles a los sufrimientos y al hambre de los colonos, los desalojaron en masa de los campos que cultivaban, pues los arriendos estaban impagos. La mayoría de ellos emigró a los EEUU, con la esperanza de encontrar nuevas y mejores expectativas de vida. Sin embargo, no se desligaron de lo que ocurría en su patria apoyando con armas y dinero las tentativas revolucionarias que buscaban la eliminación de las diferencias sociales y económicas, así como la plena autonomía de Irlanda. La mayor parte de la población de la isla veía en la independencia la única solución a sus problemas. Solo el Ulster, una región del norte cuya población era mayoritariamente protestante, quería mantener la unión con Gran Bretaña.

 

3.2 El caso polaco

 

El Congreso de Viena dejó a Polonia dividida. Una parte fue anexada a Prusia, mientras que el gran ducado de Varsovia pasó a poder de Rusia, cuyo zar, Alejandro I, manifestó el deseo de preservar la autonomía del territorio incorporado, estableciendo un gobierno inspirado en los principios liberales. En 1815, fue aprobada una constitución, que retomaba los deseos manifestados por el monarca ruso.

A partir de 1825 la situación empeoró, ya que la política aplicada por Nicolás I exacerbó los sentimientos nacionalistas del pueblo polaco, que protagonizó dos grandes sublevaciones, reprimidas en forma sangrienta por las tropas del zar. Como consecuencia, Polonia fue incorporada como un territorio más dentro de Rusia, con lo cual se prohibió su idioma. Sin embargo, la represión y opresión de que fue objeto el pueblo polaco no opacó su identidad, la que, apoyada en la religión católica, se mantuvo viva.

 

3.3 El Imperio Austro-Húngaro

 

En 1815, bajo la hegemonía de Austria, fueron incorporados al Imperio pueblos de distintas razas y nacionalidades, como alemanes, checos, húngaros, eslovacos, polacos y rumanos. Muy pronto estos pueblos comenzaron a luchar por sus reivindicaciones, que nunca fueron satisfechas a pesar de los esfuerzos por lograrlo. Las jornadas de 1848 fueron un claro ejemplo, ya que terminaron aplastadas, por estar impregnadas de un profundo componente nacionalista.

A partir de 1867, el Imperio fue reestructurado, siendo denominado desde entonces austro-húngaro, lo que en la práctica se revirtió en la separación del territorio en dos zonas con gobiernos y parlamentos distintos, aunque la unidad del Imperio estaba asegurada por el emperador que se erigía en el eje de ambos gobiernos. El nuevo sistema, favoreció a los turcos, no así a los demás pueblos, que seguían esperando su emancipación.

 

 

3.4 La situación balcánica

 

La decadencia del Imperio turco en el siglo XIX, provocó que los pueblos balcánicos sometidos se sublevaran. Grecia, Montenegro, Servia, Rumania y Bulgaria fueron adquiriendo sucesivamente la independencia. Apenas acontecida la insurrección, los Balcanes se transformaron rápidamente en un escenario de conflictos, motivados por la gran diversidad étnica de su población y por la ambición de Rusia, Francia, Alemania e Inglaterra, que estaban esperando disfrutar del reparto y posesión de los territorios.

 

3.5 La Paz Armada

 

La guerra de 1870, que ocurrió en medio del proceso unificador de Alemania, había generado una fuerte enemistad con Francia. Al mismo tiempo, el desarrollo marítimo y colonial de la potencia germana preocupaba a Inglaterra, así como el propósito de Austria-Hungría de expandirse en los Balcanes alarmaba a Rusia. A todo esto se sumaba la frustración de Italia que, ante la imposibilidad de extender su influencia en la costa africana del Mediterráneo (intentos que fueron frenados por Francia), decidía inclinarse hacia Alemania.

Frente a esta enmarañada madeja de rivalidades se formó la Triple Alianza, integrada por Alemania, Austria-Hungría e Italia, y la Triple Entente, constituida por Francia, Rusia e Inglaterra.


Cada país perfeccionó su ejército y aumentó la escuadra, los armamentos y las fortificaciones. Así, la mayor parte de los respectivos presupuestos fueron destinados a los gastos militares; los impuestos aumentaron pues se necesitaban mayores recursos; los jóvenes interrumpieron los estudios, y otros, el trabajo para recibir instrucción militar.

Se hicieron varios intentos por detener esta carrera armamentista. Uno de ellos fue la Conferencia de La Haya (1900), pero las grandes potencias no lograron el acuerdo sobre el alcance y la forma de reducir sus elementos bélicos. Y en medio de un nacionalismo exaltado y de una carrera armamentista desenfrenada, los roces entre los bloques formados se hicieron más profundos, dando origen al primer gran conflicto mundial.

 

 

 

 

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