Roma

A la peonza se juega desde hace más de dos mil años y ya Catón (234 a de C.-149 a de C.), hombre de estado romano, recomendaba este juego a los padres, argumentando que se trataba de un pasatiempo más adecuado para los niños que los dardos. De este modo los Romanos hacían peonzas de madera o de Terracota y jugaban al turbo. Se trazaba un gran círculo en el suelo que se dividía en diez segmentos numerados; se marcaban los puntos correspondientes al segmento en el que se paraba la peonza.

También Persio (34-62) (III, 51) confiesa que en su niñez tuvo mayor afición al trompo que al estudio. Virgilio (70 a de C.-19 a de C.) explicó su manejo en versos de La Eneida (1) (VII, 378) e hizo una comparación de una peonza con la reina Amata, picada por el aguijón furioso de Juno y vagando desvariada por las calles.

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