Peonzas de látigo

Son uno de los tipos más antiguos de peonzas. Existen referencias de ellas desde tiempos griegos y son una constante en muchas obras de arte a lo largo de la historia. Para jugar con este tipo de peonzas se necesitan la propia peonza y un látigo para azotarlas.
Una vez hecha girar la peonza se utiliza el látigo para que con él y con pericia se pueda prolongar el movimiento de la peonza por tiempo indefinido pudiéndose incluso, hacer carreras de hasta uno o dos kilómetros de distancia. Muchas de estas carreras se hacían camino del colegio donde jugadores expertos las hacían recorrer hasta 15 metros de un solo latigazo y llegaban a alzarlas a veces, y por desgracia, hasta los critales de las ventanas.
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