Dreidel

El Dreidel es un tipo particular de peonzas de dedos, típicas de la cultura judía. La perinola judía,  llamada también Sevinón en hebreo o dreidel, es una peonza de cuatro lados,. En cada una de sus caras hay una letra hebrea: "Nun", "Guimel", "Hei" y "Shin".

Las letras son iniciales de una frase:

Nes Gadol Haiá Sham

"Un Gran Milagro Sucedió Allí (en Israel)".

En algunas perinolas de Israel, la última "Shin" es reemplazada con una "Pei", inicial de "Po" (Aquí).
 

El juego con el dreidel consiste el lo siguiente: Cada jugador toma idéntica cantidad de pasas de uva, porotos, caramelos o nueces. En el centro de la mesa se coloca una pequeña bandeja, y cada jugador deposita en ella la misma cantidad que los demás, según decidan entre ellos.

Luego, cada uno, siguiendo el orden inverso a las agujas del reloj (en hebreo se escribe de derecha a izquierda...), hará girar la perinola a toda velocidad. Si la perinola cae de la mesa o choca contra algo y por eso se detiene, el jugador perderá su turno.

La letra de la perinola que quede hacia arriba indicará los pasos a seguir.  
  • NUN . significa Nisht ("Nada", en idish) o sea, no ganas (no te llevas nada de la bandeja) pero tampoco pierdes (no precisas agregar a lo que ya hay).
  • GUIMEL . significa Ganz ("Todo", en idish). Te llevas todo para ti. Todos los presentes, incluyendo al ganador, deberán volver a depositar en la bandeja la cantidad inicialmente designada.
  • HEI . significa Halb ("Mitad", en idish), Te llevas la mitad del contenido de la bandeja. Si el número es impar, te llevas la mitad menos uno (siempre hay que ser generoso con los demás).
  • SHIN . significa Shtel ("Pon", en idish). Deberás agregar una vez más a la bandeja la cantidad inicial (sin chistar...).
Si un jugador se queda sin elementos de juego, se retira. Sus compañeros, sin embargo, darán una muestra de amor y le pedirán que se quede, "prestándole" de sus porotos, pasas de uva, caramelos o nueces. El que recibe el préstamo sólo devolverá la cantidad recibida, ni uno más. Si no tiene con qué devolver pues ha perdido nuevamente, quienes le prestaron tienen la obligación de disculpar la "deuda" y no volver a exigirla nunca más (caso contrario, no podrán jugar a la perinola hasta dentro de un par de años, cuando sean mejores compañeros). 

Con respecto a su origen fue en la época del Segundo Gran Templo en Jerusalén, hace casi veintidós siglos, cuando tuvieron lugar los eventos que se conmemoran año tras año en Janucá.

Desde comienzos del siglo II a.d.c., Judea se encontraba bajo dominio de los reyes seléucidas de Siria y uno de ellos, Antíoco IV, también llamado Epifanes (en griego "el magnífico", "el ilustre") decidió imponer en todo su imperio la cultura helenística y su religión.

Hacia el año 168 a.d.c, el rey Antíoco ya había saqueado gran parte de los tesoros del Santuario del Templo. Junto con la instalación de ídolos paganos en el Templo, prohibió también practicar allí el tradicional culto de sacrificios al Dios de Israel. Para completar la conversión forzada del pueblo judío a la cultura helenística, también prohibió, bajo pena de muerte, varias otras costumbres características del pueblo judío: la circuncisión, el estudio de la Torá (la ley judía), el descanso sabático, las leyes alimentarias, etc. Todo ello para acelerar en la medida de lo posible, la asimilación de los judíos a la cultura, el idioma, la religión y las costumbres griegas, que los demás pueblos del Medio Oriente ya habían ido adoptando paulatinamente.

Pero los niños desafiaban la prohibición, estudiando en secreto; cada vez que una patrulla siria se aproximaba, niños sacaban sus perinolas (que no tenían todavía las letras "Nun, Guimel, Hei, Shin") y simulaban estar en medio de un inofensivo juego.

Todas estas prohibiciones llevaron al pueblo judío a la rebelión contra las imposiciones religiosas de Antíoco. Esta rebelión iniciada por una familia, se extendió rápidamente y no pudieron sofocarla los ejércitos cada vez más fuertes y numerosos que Antíoco mandó a Judea. Finalmente, en el año 165 a.e.c se produce la expulsión de la guarnición que ocupaba Jerusalem y la consiguiente recuperación del Templo por los judíos fieles a la tradición.

Fue derribada la estatua de Antíoco y fueron purificados el altar y los instrumentos del santuario. El día 25 del mes hebreo de Kislev se celebró la ceremonia de Jánuka, la "inauguración" (o mejor dicho "re-inauguración") del Templo. En dicha ocasión, cuando los judíos quisieron encender la menorá (candelabro) del Templo, encontraron que sólo había una jarra de aceite sin profanar (en ese entonces no había velas, y se usaba el aceite para encender las llamas de los candelabros) que según sus cálculos duraría sólo un día. Pero se produjo un milagro, ya que este aceite alcanzó para ocho días, plazo necesario para que los sacerdotes prepararan nuevas raciones de aceite. Este es el 'milagro' de Jánuka.

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