El Fin del Camino (Extracto)

Mientras tanto, el hombre me dijo algo sorprendente:

            Déjalo chico, eso no tiene solución. Hagas lo que hagas no podrás salir de ese dolor, hay momentos en la vida que nos marcan de forma especial, unos para bien, y otros, por desgracia, para mal. En esos momentos es cuando debes actuar de una forma racional, pero por desgracia casi nunca es así. Aquí donde me ves, he viajado mucho, en mi juventud fui un apuesto joven pero dejé pasar una oportunidad, y nunca más volvió.

El anciano hizo una breve pausa, tal vez esperaba alguna respuesta por mi parte, pero yo estaba paralizado, no podía decir nada, él siguió hablando:

En la vida, sólo tenemos una oportunidad; hay que saber aprovecharla o dejarla ir. Ahora pensarás que es fácil, sólo hay dos opciones. Pero, no lo es, muy pocos saben reconocer esa oportunidad. Y si la reconocen, actuarán de tal forma que sólo llegarán a saber las consecuencias de esa acción; nunca dónde les llevaba el camino que dejaron escapar. Pero aunque duela, no pueden pasarse el resto de la vida pensando en lo que nunca fue, no tiene sentido hacerlo. No se puede cambiar el pasado.

No fui capaz de preguntarle por qué me contaba aquello, por qué me sentía tan reflejado en su historia. No pude reaccionar, me había dejado congelado, absorto en sus tristes palabras y recordando mi vida. Al volver a la realidad, al presente, ya se había ido; y aunque alcé mi vista para recorrer el parque con la mirada, no pude verlo en los alrededores.

Algo trastornado fui a tomar un café, necesitaba despejar la mente de las palabras de aquel hombre, necesitaba relajarme. Recordé que la última vez que estuve en aquel parque, vi un bar cercano, allí podría descansar y desconectar de las palabras del anciano. Pero, en el bar, no encontré la paz que ansiaba, allí recordé demasiadas cosas, viejas vivencias que cuando pisé el pueblo creía que no me volverían a dañar. No era tan fuerte como pensaba: sólo unas frases habían bastado para darme cuenta de ello. Se estaba haciendo tarde; anochecía, y si la primera noche que pasé en el Parque del Amor no fue la mejor de mi vida, la segunda, con los ánimos que tenía en ese momento, no sería más agradable.

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