La arquitectura japonesa y F.L.Wright

“…el secreto de todos los estilos en arquitectura, es el mismo secreto que da carácter a los árboles” F.L.W. Autobiografía.

Wright manifestó en muchas de sus obras una anhelada conexión con la naturaleza circundante. No por ello podemos hablar de un naturalismo, más que nada por respeto al arquitecto, quien denostaba todos los ismos. El propugnaba la arquitectura orgánica, una arquitectura sin estilo que “surgía” con el entorno. Una forma cuya estructura era imposible de definir en su generalidad, ya que respondía a su enclave en el paisaje. Por eso cada obra era única, era una respuesta ante un reto particular, una respuesta vital.

En esa relación que entabla la obra con el paisaje podemos vislumbrar la influencia japonesa. Wright negó tal influencia, pese a manifestar en varias oportunidades su admiración por Japón y su arte. Pero su negación puede estar relacionada con su personalidad, el prefería la arrogancia sincera contra la humildad hipócrita. Por eso se inclinó a aceptar una coincidencia de su pensamiento arquitectónico y artístico con la visión tradicional japonesa, soslayando toda influencia.

Examinando la biografía y la obra de Wright, resulta difícil hablar de mera coincidencia, ya que su conocimiento de la cultura japonesa fue concreto y estuvo más allá de una simple curiosidad intelectual. No solo realizó su primer viaje (y obra) fuera del país a Japón sino que fue un auténtico marchante y coleccionista de arte japonés, en especial de la estampa japonesa, llegando a acumular hacia el final de su vida 6000 ejemplares.

 

Wright y el japonismo llegan a Chicago.

 

“Japón aparece ante mí como lo más romántico y artístico, el país más inspirado en la naturaleza de todo el planeta. Si las estampas japonesas fueran sacadas de mi educación, desconozco que dirección pudo haber tomado”

F.L.W., Autobiografía

 

Empecemos por el principio. Wright, criado en un ambiente rural, luego de estudiar Ingeniería en la Universidad de Wisconsin, decidió en 1887 probar suerte en la gran ciudad: Chicago. Por un breve lapso aprendió con el arquitecto Silsbee, quien tenía gusto por el arte oriental. En su casa había una pintura de rollo japonesa, como así también una gran estatua budista dorada. A los 5 meses, un Wright de apenas 20 años entraba en el estudio de Adler y Sullivan como dibujante. Sullivan poseía una buena cantidad de libros sobre Japón y su arte; para agrandar su colección de objetos enviaba a Wright a fisgonear los salones de venta y remates de arte oriental. Esta temprana presencia de lo japonés en Chicago iba a consolidarse en 1893 con la grandiosa Feria Colombina, realizada en el parque Jackson.

Los fabulosos pabellones de la Feria mostraban a la gente los estilos clásicos, quedando dejado de lado las innovaciones realizadas por la Escuela de Chicago. Wright criticó la elección. El clasicismo también se expresaba en el pabellón japonés, solo que era un estilo desconocido para Occidente. Efectivamente, un grupo de carpinteros japoneses levantaron una reproducción (aunque interpretada de acuerdo al estilo de la época Edo) del famoso Hooden o Pabellón del Fénix, situado en Uji, cerca de Kyoto. Se trata de un templo que se yergue sobre un estanque y data del siglo XI. Por supuesto que las  estructuras japonesas, resultaban modestas en relación con la pretenciosa muestra, pero su acertada ubicación en una pequeña isla boscosa del lago creaba un pequeño submundo apacible en armonía con el entorno inmediato. Se sumaba a la idea original del diseñador del parque, F.L.Olmsted (el mismo del Central Park de New York). El pensó a la isla Wooded como una futura reserva natural, un lugar de descanso frente al frenesí del gran evento. En 1935 se realizó allí un jardín japonés, que hoy lleva el nombre de Osaka.

Wright negó haber visitado el pabellón, pero resulta difícil de creer ya que ese mismo año había dejado de trabajar en el estudio, y residía en su propia casa de Oak Park, a escasos 10-15 km de Chicago. Una feria que fue un hito para la ciudad, que duró seis meses y fue visitada por casi 30 millones de personas, muchas de ellas venidas de países lejanos, brindó las comodidades y curiosidades necesarias para haber atraído al menos una vez a cualquier habitante de la ciudad o de su región.


Postal del pabellón   

Kakuzo Okakura (1862-1913) fue el comisionado oficial del Pabellón Japonés de la Feria Mundial. Autor de numerosos catálogos y ensayos sobre arte, arquitectura y costumbres japonesas, es reconocido por su clásica obra de 1906 “El libro del té”. El libro despertó gran interés en Occidente, al punto de que el Embajador de Estados Unidos en Japón le envió un ejemplar a Wright. Allí leyó una frase de Lao Tsé que dice: “La realidad del edificio no consiste en las cuatro paredes y el techo sino en el espacio en el que se habita”. Tiempo más tarde, Wright comentaría la cita a sus estudiantes:

 “La leí varias veces. Estuve uno o dos días desilusionado con mi yo anterior. Me sentía como un velero naufragando. Luego, me sentí bastante bien y resurgí. Empecé a pensar. Pensé, “Espera un momento, Lao Tsé lo dijo, sí, pero además, yo lo construí”

 

Ernesto Fenollosa (1853-1908) orientalista estadounidense, fue nombrado miembro del Jurado de Bellas Artes para la Feria Colombina, especialmente para representar a Japón.  Desde ese momento comenzó a dar conferencias en las grandes ciudades del país a las cuales asistieron otros orientalistas y también Frank Lloyd Wright, que luego se convertiría en marchante de arte japonés.

Dijo Wright en 1917 al respecto de una exposición de arte japonés curada por Fenollosa:

“Cuando vi por primera vez una estampa japonesa, hace unos 25 años atrás, fue una cosa intoxicante. En ese tiempo Fenollosa estaba haciendo lo mejor para persuadir a los japoneses de no destruir gratuitamente sus obras de arte…En uno de sus viajes a casa, trajo muchas estampas hermosas. Aquellas que hice mías eran de formas decorativas  altas y angostas (las denominadas hashirakake, estampas pilar de 76 x 23 cm.) que hoy aprecio incluso más que entonces”.

 

En 1905 realizó su primer viaje a Japón, donde estuvo 6 meses recorriendo el país, empapándose de la cultura tradicional y adquiriendo cientos de estampas. El año siguiente colaboró en la organización de una muestra en el Instituto de Arte de Chicago sobre la obra de Hiroshige. En las primeras décadas del siglo XX se dedicó a la venta de estampas a importantes coleccionistas e instituciones de Estados Unidos. Esta actividad se alternaba con la de arquitecto y en ocasiones fue su principal fuente de ingresos.

 

La influencia japonesa en las casas de la pradera

Es importante destacar que el arte del Ukiyoe, y en especial el de Hiroshige, se abocaba al tema del paisaje mostrando generalmente a campesinos y peregrinos en entornos naturales idílicos. Esa imagen fue adoptada por Wright y era coincidente con la impronta que traía de la infancia en su pueblo natal. Ese mundo determinaría su primer arquitectura, la de las.Prairie Houses o casas de la pradera.

 

“Vivimos en la pradera. La pradera tiene una belleza muy característica. Nosotros debemos reconocer y acentuar esta belleza natural, su tranquila extensión. De ahí los tejados de ligera pendiente, las pequeñas proporciones, las apacibles siluetas, las chimeneas macizas, los saledizos protectores, las terrazas bajas y los muros adelantados que limitan pequeños jardines”

F.L.Wright 

 

Resultan llamativas las coincidencias con la arquitectura tradicional japonesa. Aunque propia de una geografía montañosa, en ella se expresa la preferencia por la horizontalidad, la suave pendiente del tejado, las pequeñas proporciones, la simpleza de los materiales, los largos aleros, la tenue luminosidad interior, los muros bajos que encierran a pequeños jardines. Esas características se explicitarán claramente en la casa Avery Coonley, Riverside, Illinois, de 1908.  

Construida en una parcela de una urbanización diseñada por Olmsted en 1869, rodeada por el río Des Plaines, la casa Coonley constituye un auténtico complejo formado por la residencia principal que forma una U, una construcción separada para la cocina y los sirvientes, un garaje-establo, la cabaña del jardinero, un jardín rehundido y una piscina-estanque. Luego de la construcción el paisajista Jens Jensen diseñó los jardines. La unidad conformada por el establo, el patio y los jardines del mismo estaba rodeada por un muro estucado. Galerías cubiertas conectaban las diferentes unidades. Todas las habitaciones, con excepción del hall de entrada y la sala de juegos, están en la planta baja.  Todo ello conformaba un complejo unitario cuya horizontalidad lo integraba armónicamente con el entorno, su aparente desorden en realidad es un orden que se asemeja al natural.

La planta general recuerda la villa aristocrática del período Heian, con su desarrollo en planta baja, el edificio principal en forma de U abrazando el jardín y galerías cubiertas que articulan las dependencias. Todo ello rodeado por un muro bajo de estuco con tejas. Debemos sumar también a las coincidencias las paredes de yeso encuadradas por tirantes de madera, tan caras a la tradición japonesa.  

 

Maqueta de la antigua Kyoto. Ver la similitud de la planta de la villa aristocrática con los pabellones en U abrazando el jardín con estanque, y la planta de la casa Coonley (Agrandar la imagen).  


Residencia principal de la casa Coonley. Estanque

Vista de la entrada. El carácter japonés de la misma es evidente
Todas las fotografías ByN de la casa pertenecen al libro Usonia 
de Eduardo Sacriste



La fusión de arquitectura y paisaje: la casa de la cascada.

 

“…una casa no puede estar sobre la loma ni sobre nada. Debe estar saliendo de la loma; debe pertenecer a ella.”

F.L.Wright


Si las casas de la pradera se distinguían por su línea horizontal que continuaba la del terreno, la casa de la cascada se convierte ella misma en cascada arquitectónica. Participa activamente del paisaje, el proyecto no trató simplemente de disimularla para que se pierda o se funda con su entorno, sino que por el contrario, fue “esculpida” para que se convierta en su principal protagonista pero en completa articulación con la naturaleza.

Dice Darío Álvarez en su libro El jardín en la Arquitectura del Siglo XX (p.200) que “Wright utilizó un mecanismo similar a los empleados en el jardín japonés: la representación de los elementos de la naturaleza mediante materiales diversos”. El autor se refiere al karesansui o jardín seco, donde las rocas y la grava representaban montañas   y agua en movimiento, ya sea ríos, cascadas o el oleaje del mar, como es el caso del Saihoji, el Daisenin o el Ryoanji. Las composiciones pétreas que representaban esos elementos acuáticos transmitían dinamismo a pesar de su obvia estática. En la obra de Wright la diferencia se encuentra en que por un lado la cascada arquitectónica es necesariamente ortogonal y por el otro, se combina con la cascada real existente, la cual se convierte en un fragmento. El karesansui es completamente seco, las rocas representan (y reemplazan) la cascada en su totalidad.

Vídeo de YouTube - Fallingwater

La casa fue diseñada de tal manera que se puede escuchar el sonido del agua desde cualquier punto del interior. Esa percepción auditiva junto con la refrescante sensación, es una forma de introducir el exterior, a la vez que amplia la percepción del espacio. Un fenómeno similar se da con las cascadas (reales) que se encuentran cerca de los pabellones de los jardines del Kinkakuji y el Ginkakuji. Están situadas a la distancia exacta del pabellón en donde el rumor del agua puede escucharse sin que moleste. Debemos considerar, además de la inflluencia del arte de la estampa sobre Wright, que él mismo pasó mucho tiempo en Japón, en ocasión de la construcción del Hotel Imperial de Tokyo (entre 1917 y 1922). Fue una ocasión extendida para conocer a fondo la arquitectura tradicional japonesa así como sus jardines. Escribió en su autobiografía:  

 

“El Hotel Imperial está diseñado como un sistema de jardines; jardines rehundidos y jardines terrazas (balcones que son jardines, loggias que son jardines y techos que son jardines). Así todo el arreglo se convierte en una composición de jardines, Japón es la tierra-jardín”

 

La casa Kauffmann (popularmente conocida como casa de la cascada) fue realizada en 1936 y se constituyó en un claro y bello ejemplo de arquitectura orgánica. La casa- cascada sobre la cascada, con el marco visual acogedor del bosque es un ejemplo de armonía. Su vívida compenetración de interior y exterior lograda con materiales y texturas naturales, su acertada volumetría y las interacciones visuales y lumínicas logradas con las amplias aberturas, se relaciona directamente con la arquitectura japonesa y su fusión con el paisaje. Gunter Nitschke en su libro El jardín japonés toma como eje justamente la relación que se produce a lo largo de la historia entre hombre y naturaleza, el ángulo recto de la arquitectura y la forma orgánica natural. No pueden comprenderse por separado, el complejo del jardín japonés y la casa, villa o templo es un sistema que se percibe conjuntamente.

Uno de los medios utilizados en Japón para la interrelación de la casa con el exterior es el shoji, el panel corredizo traslúcido de madera y papel de arroz. Occidente utilizó  las puertas, muros y ventanales de vidrio para lograr el mismo efecto. La casa de la cascada  es un ejemplo de ello. Wright comprendió que interior y exterior no podían comprenderse como entidades separadas, y mucho menos en confrontación. La casa se continúa en el jardín y el jardín en la casa.


Los materiales utilizados y los amplios ventanales desdibujan la división entre interior y exterior. Foto: Lykantrop.  


Bibliografía:

Darío Alvarez: El jardín en la arquitectura del siglo XX, Editorial Reverte, 2007.

Eduardo Sacriste: Frank Lloyd Wright: Usonia. Editorial Nobuko, 2006.

David y Michiko Young: The Art of Japanese Architecture. Tuttle Editions, 2007.

Julia Meech: F.L.Wright and the art of Japan, Harry N. Abrams Publisher, 2001.

Frank Lloyd Wright: An Autobiography, Pomegranate, 2005.

































Estampa de Hiroshige


Plano de la Feria Colombina de 1893. Chicago. 
El pabellón japonés se situó en el norte de la isla Wooden.

El pabellón japonés, visto desde la otra orilla





















                                        Kakuzo Okakura                                           



Ernesto Fenollosa







Hiroshige, de la serie de vistas del Fuji






Foto satelital de la casa Coonley. Los techos de tejas 
color ladrillo pertenecen al complejo original diseñado por Wright.


Urbanización de Riverside, al sur de la península 
se encuentra el predio de la casa Coonley.

Planta original del complejo de la casa Coonley.








Vista del paso cubierto de la entrada


Construcciones de la villa imperial Katsura, Kyoto. Compárese los
paneles ortogonales blancos, la suave pendiente del techo, 
los materiales naturales y expuestos, la horizontalidad












Fotografía de Sxenko, del artículo de Wikipedia




















































Estampa de Toyokuni III (1786-1864). Nótese la ausencia de 
límites entre el jardín exterior y el interior de la casa.





En la WEB:

Sobre la vida y obra de Wright

Sobre la obra de Wright en Japón:

Feria de Chicago, 1893


Sobre la casa de la cascada

Sitio oficial

Fundación Wright
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