Donde Occidente se encuentra con Oriente

¿Hay algo más hermoso que el embriagante perfume de una rosa o el onírico paisaje de un rhus rojo reflejándose en las apacibles aguas de un estanque? Cuando nos adentramos en el jardín Kyu-Furukawa de Tokyo nos quedamos de repente inmersos en esa experiencia.

Está construido sobre una pendiente y consta de dos partes: una mansión con jardín occidental en la parte superior y un jardín japonés en la parte inferior.
La mansión occidental fue construida con el estilo de las casas de la aristocracia inglesa de finales del siglo XIX. Eso tiene una razón: tanto la misma como el jardín de rosas que lo acompaña,
fueron diseñados por el arquitecto inglés Josiah Conder (1852-1920), quien llegó a Japón invitado por el gobierno Meiji, como parte de su programa para hacer de
 Japón un país moderno e industrializado. Como parte de su labor diseñó numeroso edificios y enseñó y formó a muchos futuros arquitectos, algunos de los cuales luego se convirtieron en referentes de la arquitectura japonesa.
Paradójicamente vino a Japón a enseñar y termino aprendiendo, porque se apasionó con la cultura tradicional japonesa. Estudió pintura, y se involucró profundamente en el Ikebana y la jardinería, siendo el responsable de haber acercado por primera vez y de una manera inconfundible el jardín japonés a occidente. Sobre estos escribió 2 libros y uno sobre el arte del arreglo floral. Aún hoy y a pesar de la abundancia de literatura acerca de estos temas, el arquitecto inglés sigue siendo un referente importante.
El jardín que está frente a la mansión está compuesto por setos recortados que conforman diferentes figuras geométricas. En su interior
 encontramos gran variedad y cantidad de rosas.









Las hay de todo tipo, aterciopeladas de pétalos color borra vino, de blancos etéreos, suaves y frágiles rosadas, con aromas dulces, intensos y otras con perfumes delicados apenas perceptibles. Una verdadera fiesta para los sentidos que podrán disfrutar viendo el video al final de esta entrada. Cuando uno se puede desprender de ese encantamiento, recién puede continuar el camino para conocer el resto del lugar.

Bajando por una gran escalinata un paisaje completamente diferente nos envuelve.
Sobre nuestras cabezas se yerguen altos y añosos árboles y un clima de sosiego se respira. Nos encontramos en la parte inferior con el jardín japonés creado por el diseñador Ogawa Jihei (1860-1933). 

Caminando por el estrecho sendero nos encontramos con el estanque, que constituye el centro del jardín, y presenta la forma del kanji (ideograma) del corazón. Nuestra atención se ve atraída por el hermoso espectáculo: a orillas del estanque se reclina un grácil rhus cuyas hojas ya están completamente rojas, en contraste con los otros árboles.

El cuadro se completa con una gran linterna de piedra concebida para iluminar la nieve en las noches de invierno.Un sencillo puente de madera y una cascada escondida son otros elementos que componen el paisaje. Así termina nuestro recorrido por los jardines Kyu-Furukawa, donde la tradición occidental se encuentra con la oriental y conviven armoniosamente.

No olviden ver el video de las rosas!

Jardines Kyu-Furukawa