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Historia

   El Franco debe su nombre al santo italiano Franco de Siena, peregrino compostelano del s.XIII conocido en Italia y fuera de ella por el nombre de Il Franco.

   El Franco no tiene restos de actividad humana anteriores a la neolitización, pero se sabe que en toda la rasa costera hubo presencia humana.

   Los primeros testimonios de ocupación de estas tierras nos remiten a estructuras y conjuntos tumulares que se localizan mayoritariamente en las líneas de cumbres de los cordales montañosos del municipio.
La referencia siguiente son los castros o poblados fortificados que en origen estuvieron habitados por los Cibarcos, pueblo ribereño del río Porcía que más tarde sería romanizado.
    En este concejo ya José Manuel González localiza y cataloga seis de estos yacimientos. Como castros marítimos estarían El Castellón en Castello (Miudes), El Castellón en La Caridad, y Cabo Blanco en Valdepares. Tres más se encuentran en el interior, La Corona en San Juan de Prendonés, El Castrón y La Corona del Castro en Arancedo.

   El castro de Arancedo fue una pieza clave en el estudio de la cultura castreña, pues ya se menciona en el siglo s.XVIII como yacimiento arqueológico asociado a las minas de oro próximas, y en el se han encontrado restos de utillaje.
    En 1947 los hermanos Sánchez del Valle efectúan una excavación y exhuman cinco construcciones de plantas elípticas o cuadradas, restos de hogares, enlosados de algunas cabañas, además de un tesorillo de denarios de plata. También se recogieron importantes restos materiales de molinos giratorios de granito, y cerámicas indígenas y a torno, entre ellas algunas sigillatas.
    En 1954 el profesor Jordá Cerdá realizó una campaña de excavaciones de la Diputación Provincial de Oviedo.
A día de hoy merece mención especial El Cabo Blanco, que se incluye entre los catalogados como grandes castros del litoral en el sector lucense, pues este territorio en época romana dependía administrativamente del Conventus Lucensis. Ocupa una extensión de 2,7 Ha y está situado en la rasa costera sobre una estrecha península. Las defensas se distribuyen a lo largo del lado sur que comunica la península con la tierra continental donde se alternan sucesivamente hasta cinco fosos excavados en pizarra y tres parapetos.
Las cuencas de los ríos Porcía y Mazo registran una de las concentraciones de explotaciones auríferas más intensas de Asturias y existen numerosas localizaciones en el sector de La Andina en torno al castro de Arancedo, en el pico Beiral y en Miudes.

   La Edad Media, nos deja las primeras fuentes escritas que tenemos del proceso feudalista que había en esta área, y que estaba marcado por la poderosa institución eclesiástica que mantuvo su influencia en estas tierras. Esta zona estuvo en continuas discrepancias entre las iglesias de Lugo y Oviedo, hasta que la corona puso fin, dando a la iglesia de Oviedo las tierras entre los ríos Eo y Navia. A esta extensa demarcación de la obispalía se le dota de puebla, la de Rovoredo, aunque debido a los intentos del concejo por debilitar el poder señorial, el obispo decide trasladar la puebla a Castropol.

   En el siglo XIV, la comarca continua bajo el régimen de la obispalía, hasta la desamortización hecha por Felipe II, debido a las dificultades económicas que tenía la corona. Liberando este municipio de cualquier tipo de dependencia de la antigua capital de Ribadeo, pero no será hasta un siglo más tarde cuando el ayuntamiento consiga su independencia. El 13 de Marzo de 1583, Diego García de Valdepares, compró la independencia o libertad de El Franco dando fe de ello en un documento llamado Asiento Real disponiendo que los bienes comunes del concejo sean disfrutados en cada feligresía por sus vecinos, de ahí la leyenda "Franco por el Rey, libre por su ley". Estos documentos se conservaban en un arca de la iglesia de San Juan de Prendonés cerrada con tres llaves.

   En el siglo XVIII, todavía quedaban cotos señoriales en El Franco, pero no sería hasta finales del XVIII y principios del XIX, cuando se produce una serie de cambios a niveles administrativos y territoriales que harán que empiecen a desaparecer estos cotos que tenían su propia jurisdicción dentro del territorio para integrarse dentro de la jurisdicción ordinaria.

   Es en este siglo, el XIX, cuando hay una especie de ayuntamiento itinerante, hasta que en el verano de 1852, se decide trasladar la capital a La Caridad, dejándolo ahí definitivamente.

    En el siglo XX, la Guerra Civil, la dictadura franquista y la democracia tienen pocos sucesos que la individualicen respecto a su entorno. Es en esta centuria cuando el concejo iniciará un despegue con la incorporación y especialización en el mercado agropecuario.