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25. Oraciones

Recientemente asistí a un concierto acústico de Sherpa, el ex bajista de Barón Rojo. Fue entrañable por muchos motivos, entre ellos por “el recuerdo del pelo largo”como reza la canción “Una Noche Sin Ti” de Burning, y por constatar como viejos rockeros de esta Tierra de Caín siguen peleando meritoriamente contra molinos de viento para seguir en la brecha, como el propio Sherpa, Miguel Oñate, Lele Laina, José Luis Jiménez, Rosendo o tantos otros menos conocidos. “Están los que luchan, ésos son los que valen”, decía Bertold Brecht y lo suscribo. Decía yo que escuchaba a Sherpa cantar “El Malo”: “Castigador y animal, peleón perverso y audaz, él siempre tuvo claro lo que iba a ser de mayor: malo, ser el malo…Por más que lo intentó y puso empeño en aprender al fin reconoció que el mal no se le daba bien y vio que con la maldad no es cuestión de bromear porque es un juego sucio en el que siempre hay quien te puede vencer” Los malos de verdad suelen vivir camuflados y suelen tener muy buena pinta y, sí, a diferencia de las películas, en la vida real suelen ganar. Y no tienen piedad, así que a la gente normal sólo le queda rezar, recurrir a las oraciones.

“Por todo lo que debimos pensar, y no pensamos. Por todo lo que debimos decir y no dijimos. Por todo lo que debimos hacer y no hicimos, Dios, te suplico perdón” rezaba Ahmed Ibn Fahdlan antes de la batalla final en “El Guerrero Número 13”. Oraciones, todos tenemos las nuestras, hasta los ateos; viejos y jóvenes, ricos, pobres… “El Pueblo llano, cuando reza, pide lluvia, hijos sanos y un verano que no acabe jamás. No les importa que los grandes señores jueguen a su juego de tronos mientras que ellos los dejen en paz. Pero nunca los dejan en paz”, reflexiona en voz alta el exiliado sir Jorah en “Juego de Tronos”. Ese es el problema, que nunca nos dejan en paz. Que se lo digan a los iraquíes, a los afganos (talibán va y viene), a los palestinos, a los magrebíes, a los mejicanos del norte, a los griegos, a los portugueses (al pueblo que no a sus banqueros), a nosotros mismos, con sus Bildus y Antibildus, con sus 11-M, con sus “juegos de tronos” y en medio, el pueblo, siempre el pueblo humillado, apaleado o directamente masacrado.

¿A quién le interesa la opinión del pueblo? Hace años se creía que, al menos, a los profesores y a los periodistas. Se supone que también a los políticos honestos, aunque éstos últimos han caído en desgracia por sus propios pecados. Se resume en la frase que leo en una entrevista al músico Carlinhos Brown en el periódico 20 Minutos: “El que quiere ayudar a los demás no se mete en política”. Si esto es cierto, la política pierde su sentido y su esencia, se convierte en mafia. En España “nunca ha de faltar un noble que robe más de la cuenta” declaraba Don Mendo en la genial obra de Muñoz Seca. Por eso se demanda democracia real, se demanda honestidad a quienes pretenden liderarnos. Una injusticia históricamente repetida se torna en costumbre, pero nunca en justicia, pero al corrupto le vale, al igual que a los propagandistas nazis les servía el argumento de que una mentira mil veces repetida se convertiría en realidad, algo en lo que se siguen afanando ciertos periodistas, para descrédito de dicha profesión.

“El pueblo no se indigna contra el periodismo sino contra aquellos periodistas que dicen lo que hay que opinar y cómo hay que pensar. Los periodistas deben ser los ojos, la boca y las manos del pueblo”, afirma en un atinadísimo artículo Manuel Domínguez Moreno en Cambio 16. Opino como él, y como ya he escrito con tristeza en repetidas ocasiones, que lo cierto es que los círculos del poder han convertido a los medios de comunicación en un altavoz servil a las órdenes del capital, renunciando a su vocación de servicio público, como esos médicos que huyen de la Seguridad Social para centrarse en la mucho más lucrativa sanidad privada. He aquí una de las claves primordiales por las que el pueblo se ha atrincherado en las llamadas redes sociales y he aquí una de las razones por las que éstas están siendo atacadas virulentamente por dichos medios y, en realidad, por el poder político y económico, hasta que las controlen o terminen con ellas. Todo se resume en el siguiente ejemplo: Cuatro ha pasado a manos de Tele 5 y, en menos de un año, el canal de noticias CNN + ha sido sustituido por un canal temático de Gran Hermano o Supervivientes (tanto da, es lo mismo pero en taparrabos) y el programa El Hormiguero ha sido reemplazado por uno de descerebrado/as luciendo cacha y musculito en playas y piscinas. Si el medio es el mensaje como nos decía Marshall McLuhan, el mensaje de Tele 5 es una auténtica mierda y el objetivo, lejos de ser irrisorio, da auténtico pavor: una sociedad aborregada y analfaburra, como editorializaba recientemente Forges al denunciar que la reducción de maestros sólo beneficia a aquellos líderes que nos prefieren analfabetos, algo que ha sido forja de dictadores desde que el mundo es tal. El proceso de aborregamiento y desalfabetización es especialmente preocupante porque una crisis económica puede ser tratada pero la falla educativa nos sumerge en una sima sin fondo, nos conduce a una senda a menudo irreversible.

Creo que es utópico pensar en un mundo que goce de una información veraz y objetiva sin subordinación al poder establecido, pero siempre me atrajeron las utopías y, además, creo que es nuestra responsabilidad tender a ello, es nuestro derecho y debemos exigirlo, como se consiguen los derechos: luchando, como quien juega a las siete y media, llegando y sin pasarnos tal y como definía el bueno de don Mendo a la pérfida Magdalena: “A más de una hora, señora, las siete y media es un juego Y un juego vil, que no hay que jugarlo a ciegas, pues juegas cien veces mil, y de las mil ves febril que o te pasas o no llegas. Y el no llegar da dolor, pues indica que mal tasas y eres del otro deudor. Mas ¡ay de ti si te pasas! ¡Si te pasas es peor!” Al fin y al cabo si fracasamos, haremos como nuestros políticos: echarle la culpa al rival, al empedrado o excusarnos como el citado don Mendo: “¡No fui yo… no fui! Fue el maldito Cariñena que se apoderó de mí!”

Nos dicen que es la realidad, que debemos resignarnos a ella, que debemos ser realistas, que quizá sólo nos falta rezar nuestras oraciones. Yo digo que aún nos queda soñar, rebelarnos contra ese destino y luchar por un mundo más justo, igualitario y, por ende, más digno y, a las malas, morir en el empeño con la frente alta y clamando como el buen marqués: “¡Ved como muere un león cansado de hacer el oso”.

Jose Manuel Iglesias Cervantes.

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