1. Los componentes del mercado de trabajo

Este mercado tiene un interés especial porque lo que se intercambia es el trabajo, una parte esencial de la vida de las personas. De él dependen los ingresos y las condiciones profesionales y laborales, que a su vez determinan, en gran parte, la calidad de vida y la satisfacción de los ciudadanos. 




En el lugar de trabajo la mayoría de las personas pasamos la mitad de nuestra vida, una vez descontadas las horas de descanso. De aquí la enorme importancia que tiene sentirnos realizados en el mundo laboral: en él establecemos relaciones sociales con los compañeros, acatamos y ejercemos la autoridad
, desarrollamos la carrera profesional... en suma, es la fuente de una parte muy importante de nuestras aspiraciones personales y sociales, de nuestra felicidad.  





El trabajo es la aportación, física e intelectual, que realiza el ser humano a las actividades económicas. La remuneración que reciben los trabajadores a cambio es el salario.


La Economía considera trabajo solamente el esfuerzo aportado a cambio de una remuneración, es decir, su aspecto productivo. Si una persona realiza un esfuerzo sin remuneración, como es el caso del trabajo doméstico o el voluntariado, la Economía la considera como laboralmente inactiva, no perteneciente al mercado laboral. A partir de esta concepción, se clasifica a la población total de un país en función de su pertenencia y posición en el mercado de trabajo:

  • Población de 16 o más años: población total en edad legal para trabajar.
  • Población activa: población total en edad de trabajar y que quieren trabajar. Se distingue entre:
  • Población ocupada: personas activas que tienen un trabajo, por cuenta propia o ajena.
  • Población desempleada o parada: personas activas que buscan trabajo pero no lo consiguen.
  • Población inactiva: personas en edad de trabajar pero que no buscan trabajo: jubilados, estudiantes, personas dedicadas al hogar, etc.





La población activa se puede dividir también en otros dos grupos: los trabajadores por cuenta propia o autónomos (pequeños empresarios), que obtienen como remuneración los beneficios de la empresa, y los trabajadores por cuenta ajena o asalariados, que son contratados por las empresas y reciben un salario a cambio de su fuerza de trabajo. En este tema nos vamos a referir a éstos últimos, a los que generalmente se les considera como los auténticos trabajadores, frente a los autónomos que, aunque sean pequeños, son empresarios.




La oferta y la demanda de trabajo


El trabajo es el factor productivo fundamental de la actividad económica, el único capaz de crear valor y, por tanto, generar beneficio. 
Este peculiar factor es propiedad de las personas, que lo ofrecen a las empresas por una recompensa, un salario y unas condiciones laborales concretas. Al contrario de lo que ocurre en los mercados de bienes y servicios, la oferta de trabajo la realizan los trabajadores, sus propietarios, y no las empresas.


Las empresas, por su parte, hemos visto que necesitan los factores productivos para desarrollar su actividad de producción: tierra, trabajo y capital. La demanda de trabajo, por tanto, la hacen las empresas, junto con el resto de factores. Debido a la dependencia directa entre la cantidad de ventas y producción de las empresas y la demanda de trabajo, se dice que ésta es una demanda derivada (de la producción y las ventas de las empresas, claro).


Tenemos así los elementos básicos de cualquier mercado, la oferta y la demanda. La interacción entre ambas da lugar al precio y a la cantidad intercambiada, en este caso, el salario y el número de trabajadores contratados.


La relación laboral se establece mediante el contrato de trabajo o acuerdo mediante el que el trabajador se obliga a realizar, personal y voluntariamente, un trabajo bajo la dirección del empresario, a cambio de una remuneración y unas condiciones laborales que deben enmarcarse dentro de la legalidad.




El problema de la relación laboral es que las fuerzas están descompensadas a favor de la empresa, con mayor poder para establecer las condiciones de esa relación a la parte débil, los empleados. Éste es el motivo por el que surgieron, con la revolución industrial, el movimiento obrero y los sindicatos, con el fin de compensar en la medida de lo posible el poder del empleador, la empresa. Y la presión sindical consiguió paulatinamente la regulación estatal de este mercado vital: salario mínimo, jornada laboral máxima, seguridad social, condiciones de higiene y seguridad, etc.



Pero, ¿qué clase de mercado es el del trabajo? ¿es un mercado perfecto? Sin indagar mucho, a simple vista, podemos ver que las condiciones de la competencia perfecta, del mercado ideal, no se cumplen:

  • El bien intercambiado, el trabajo, no es homogéneo: los trabajadores tienen distinto nivel de cualificación y los puestos de trabajo difieren en sus características básicas.
  • Existe poder para influir en los salarios y otras condiciones laborales a través de las negociaciones colectivas entre las empresas y los sindicatos, que dan lugar a los convenios colectivos (pincha en este enlace para saber qué es un convenio colectivo). El Estado también interviene estableciendo la legislación laboral.
  • Hay barreras a la movilidad, a la posibilidad de cambiar de trabajo.







A pesar de las imperfecciones del mercado de trabajo, es útil estudiarlo desde la perspectiva de la competencia perfecta, suponiendo que se cumplen todos sus requisitos. Este análisis nos ayudará a comprender cómo se determinan las variables fundamentales: salario y número de trabajadores.


La oferta de trabajo o cantidad de trabajo que se ofrece en una economía depende de:

  • El volumen de la población activa: a mayor población, mayor oferta.
  • El número de horas que cada persona está dispuesta a trabajar, que depende básicamente del salario: a mayor salario, mayor disposición a trabajar, y viceversa. Esta relación da lugar a una curva de oferta creciente. Sin embargo, a partir de un nivel salarial suficientemente alto, muchas personas prefieren trabajar menos y disfrutar de más tiempo libre, haciéndose decreciente la curva de oferta.

La demanda de trabajo representa la cantidad de trabajadores que las empresas están dispuestas a contratar en función de:

  • Las expectativas de ventas, que a su vez determinan los  planes de producción de las empresas: a mayor producción, mayor demanda. En este sentido, se dice que la demanda de trabajo es una demanda derivada de la demanda de bienes y servicios.
  • El salario, que constituye una parte importante del coste laboral de las empresas: a mayor salario, menor demanda, y viceversa.
  • El precio de otros factores sustitutivos: si existen sustitutivos a menor precio, disminuye la demanda, y al revés cuando son más caros. Hay que recordar que la empresa siempre elige la combinación de factores más eficiente, la que consigue una determinada cantidad de producción con el menor coste.
  • La productividad del trabajo: cuanto mayor sea la productividad del trabajo, mayor será su demanda, y al contrario, menor productividad lleva a una menor demanda de trabajo.

Bajo estas condiciones de mercado de trabajo perfecto, se puede representar la oferta y la demanda en función del salario, ceteris paribus, de la siguiente forma:
 

 


El equilibrio del mercado viene dado por el punto en el se cortan las curvas de oferta y demanda: el salario de equilibrio (S*) es aquél para el que la cantidad de trabajadores dispuestos a trabajar, coincide con la cantidad que las empresas quieren contratar (N*).


Así pues, la teoría económica trata el trabajo como una mercancía más, y su mercado funciona igual que cualquier otro. Si el salario se sitúa por encima del de equilibrio, se produce un exceso de oferta (excedente de trabajo) que presiona al salario a la baja, hasta restaurar el equilibrio. Lo contrario sucede cuando el salario es inferior al de equilibrio y hay un exceso de demanda o escasez de trabajadores, que hace subir el salario.


Las curvas de oferta y de demanda de trabajo se desplazan cuando cambia alguna de las variables que las determinan diferentes al salario. Si, por ejemplo, se incrementa la población activa, la oferta se desplaza hacia la derecha, reflejando el aumento de la misma.