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4. El contexto familiar en el adolescente

El hombre al nacer y durante una cantidad de tiempo importante, necesita atención y cuidados amorosos para poder desarrollarse e integrarse adecuadamente, que le permitan formar y fortalecer su propio Yo. En la medida en que ha recibido mejor calidad de amor, respeto por él mismo y un buen concepto de límites entre uno y otro, va desarrollando la génesis de una conducta madura.

La familia, como una necesidad real de los seres humanos, es sin duda una de las instituciones sociales básicas, en ella se cumplen una serie de funciones fundamentales para una adecuada integración social de las personas.

Las relaciones afectivas que se dan en la familia son muy importantes para el equilibrio emocional de sus miembros y también en ella se produce el proceso de socialización básica. Ambos aspectos son esenciales en la configuración de la personalidad y la conducta de los niños y los jóvenes.

Por ello, se observa que en las familias inestables o con cierto grado de conflictividad se dan, en mayor proporción que en las demás, los comportamientos divergentes. Es decir, el niño ha de vivir necesariamente una larga dependencia en el seno familiar para lograr seguridad y confianza básica para el desarrollo de un Yo maduro.

Cuando la familia no logra crear el clima adecuado de seguridad y confianza en la etapa de necesaria dependencia de la niñez, la droga puede llegar a sustituir lo que “no se dió” o fue inadecuado, y la función sería la misma: brindar, en general seguridad y confianza.

Si además de este “vacío” o “abandono”, existen situaciones conflictivas y duras en el seno de la familia, se internaliza la división, la disociación, la negación y el encubrimiento, como modalidad de conducta.

El adolescente con este trasfondo familiar vive su adolescencia como experimentación sin límites.

La función existencial de la droga es aquí importante porque viene a llenar un vacío haciendo superar la inhibición y logrando un camino a la comunicación.


Tomado de:

OMS. (2010). Recuperado el 24 de Septiembre de 2011, de Neurociencia del.consumo: http://www.who.int/substance_abuse/publications/en/Neuroscience_S.pdf

 

La droga cumple, entonces, una función vital: va a crear un vínculo de seguridad contrarrestando el “abandono” y llenando un gran espacio; será como una fuente de paz y tranquilidad frente a los conflictos, que se agotará en el flash del momento.

También la droga sirve para romper un sometimiento avasallador y anulante que se da en las familias muy estructuradas.

El adolescente que no tolera esta situación, encuentra en la droga el medio para protestar, haciendo lo contrario. Pero a la larga cae en la cuenta de que no hace sino suplir un sometimiento por otro.

Existe muchas veces, una deficiente comunicación y relación mantenida por el toxicómano con su familia, donde para él, no hay nadie con quien pueda hablar y mantener una relación de confianza. No se perciben, o más bien se niegan los conflictos que existen en la familia; no son capaces de preguntarse uno al otro que le pasa.

-   El diálogo y la comunicación entre padres e hijos son importantes, puesto que una buena integración familiar, favorece el buen desarrollo de los hijos. Y esta comunicación debe perseguir dos cosas:
 
-   Que el distanciamiento generacional entre los miembros de la familia no debe ser el acicate ni el motivo para la no comprensión.
 
-  Que la comprensión y el conocimiento de los miembros de la familia sea el mayor posible, de cara a su cohesión que pasa por el respeto de las individualidades que la forman.

Otras veces a través de mensajes verbales y no verbales la familia se encarga de mostrar al niño una serie de actitudes adictivas que tienen que ver con el uso de sustancias (tabaco, medicamentos, alcohol). Con estas conductas están dando un mensaje de cómo enfrentar las vicisitudes de la vida, que unido a otras condiciones puede generar la adicción futura.

Los padres abusan, aunque enseñan que ésto no se debe hacer.

El consumo de drogas que en principio puede ser una forma de protesta, se convierte, generalmente en los jóvenes, en un medio de “pasar de todo”, sin más mística ni revoluciones contraculturales. Así es que la droga no puede considerarse como un fenómeno aislado subsistente por sí mismo, sino como parte de una realidad mucho más profunda y compleja que no se resolverá por el mero hecho de que las drogas desaparezcan.