Sabueso Fino Colombiano

 

 


El Sabueso Fino es un perro de cacería evolucionado en Colombia a partir de las razas de sabuesos introducidos por europeos desde 1492 hasta 1830 (sabueso español, pointer, foxhound y galgo) con él se caza el tinajo (Agouti paca, guagua, guartinaja, lapa, capa) y otras variedades de roedores. El perro tinajero se desempeña sumamente bien en el trópico montañoso y tiene una voz muy agradable. Es común encontrarlo por todas las regiones de Colombia y recibe diferentes nombres: chapolo, tinajero, guartinajero, perro fino, bramador, berriador, sabueso…. pero ahora que estamos trabajando en el reconocimiento de la raza con socios de Club Canino Colombiano se decidió llamarlo, después de una ardua discusión, “Sabueso Fino Colombiano”

 

UN POCO DE HISTORIA DEL SABUESO FINO COLOMBIANO

Fray Luis Zapata de Cárdenas fue el primer arzobispo de Nueva Granada y murió en 1590 después de una larga cacería en el páramo de Sumapaz. Fue dueño de una finca en Bogotá por donde bajaba un rio que hoy conocemos como el rio del arzobispo. Entonces la historia del sabueso fino colombiano empieza por lo menos un siglo después de la llegada de los españoles al nuevo mundo. Se deduce de libros conocidos (El Carnero, por ejemplo) que desde 1550 hasta 1800 se trajeron a Colombia y los países andinos antiguos sabuesos españoles para cazar roedores, galgos para cazar venados y perdigueros para cazar patos (como era el caso del virrey Solís), y luego cuando la campaña libertadora empezó, donde intervino la legión británica con su batallón de cazadores, ingresó a la región una nueva raza de perros británicos: los foxhound, que se difundió y se mezcló con los perros españoles, con ellos también venían los pointer y la sabana Bogotá (Bosa y Engativá) era rica en especies de patos y aves migratorias donde los soldados de la independencia y los criollos y europeos cazaban patos en abundancia.

 

La mezcla de estas cuatro razas dio origen al Sabueso Fino Colombiano.  La jauría más grande de que se tenga noticia correspondía a don Luis Agudelo un valiente soldado de la independencia y dueño de la finca “Cedritos (o el Cedro)” en el norte de Bogotá. Este señor era del partido liberal y cuando los conservadores destruyeron su finca se llevaron los perros posiblemente hasta Tuluá (Los llevó el negro Victoria) dejándolos regados en todo su recorrido. En la noche septembrina   donde Simón Bolívar se salvó de ser asesinado por sus opositores no fue precisamente Manuelita Saenz la que dio cuenta de los intrusos, sino un par de perros finos que servían de guardia a la entrada de la casa, traídos de Pichincha. Sin olvidar la tradición oral se dice que el 6 de agosto de 1819 en la noche Bolívar ordenó a un soldado amarrar una perra en el sitio del campamento para que el ejército real la escuchara ladrar mientras ellos se dirigían a preparar la emboscada en el puente de Boyacá, es posible que esta perra hubiera pertenecido al coronel inglés Jhon Johnstone, de quien se sabe era un aficionado potencial a la caza con sabuesos de rastro. Ya en la era república algunos personajes como Tomás Cipriano de Mosquera, Guillermo León Valencia, Ciro Ramírez Gálvis y un montón de senadores importaron o mantuvieron perros finos en sus fincas y se practicó la caza deportiva hasta que la ley la prohibió.

La difusión fue amplia, a un después de la diáspora producida por la violencia partidista (10 guerras civiles entre 1819 y 1948) no existe un solo pueblo o ciudad colombiana donde no se pueda ver un perro fino, normalmente están en las veredas donde se les emplea en la difícil tarea de proporcionar un pedazo de carne para la familia, porque las condiciones de pobreza en el campo así lo exigen. Allá por la década del cincuenta cuando las importaciones de perros de “mejor sangre” empezaba a producirse no había un solo rancho campesino que no contara con un ejemplar, hoy están escaseando y cuando alguien los anuncia en los clasificados nos llama “sabueso español” o “azul de gascuña” como avergonzándose de lo que ha sido nuestro desde hace más de trescientos años. Para la década de los 80 y aun ahora, el campesino colombiano tiene muy clara una idea: “existen dos clases de perros”, los finos y los demás. “Los finos tienen las orejas largas berrean en su ladrido y solo sirven para cazar”. Los demás son perros de compañía, pastores, labradores, motosos, guardianes, gozques, pitbull, o como los quiera llamar el dueño, pero el fino es de cacería y los demás son perros solamente.

Si no se avergonzó Simón Bolívar de tener este tipo de sabuesos ¿por qué nosotros, anónimos mortales, no los llamamos por su nombre? Sabueso Fino Colombiano… Al pan, pan y al vino, vino.

 

 MORFOLOGÍA

Tiene una trufa bien desarrollada, orejas de inserción media y su largo llega a la nariz, la cola es recta, fina y bien llevada. Esqueleto robusto, extremidades delanteras bastante fuertes, no así las traseras, tienen mandíbulas poderosas el pelo es bien corto y liso, orejas largas, voz potente y larga. Colores hay para todos los gustos: tricolores, de capa blanca con naranja, limón, hígado, rojo y negro, y negro con fuego. Su alzada varía entre los 45 y los 55 cm a la cruz. Se puede adiestrar como perro guardián, sin embargo hace confianza rápidamente con extraños.

 

La cadera no es tan corpulenta como el pecho, no necesita desarrollar gran velocidad cuando busca la presa, simplemente debe rastreárla hasta la madriguera con cautela. La oreja del perro fino es larga, casi hasta el hocico y pende a la altura de los ojos. De otro lado, la cola de es delgada y debe ser bien llevada, nunca entorchada y con poco pelo.

 

TRABAJO DESARROLLADO POR PERRO TINAJERO OPTIMO

 

1. Diferentes formas de ladrar. El tinajero tiene al menos tres formas diferentes de ladrar... Rastro, parada y persecución.

2. Rastreo y ladrado de rastreo (en cualquier tipo de terreno: Montaña, pastizales, pantanos, pedregales, restrojos,...)

3. Parada en la madriguera y ladrido de parada (Cuando el tinajero arriba a la madriguera debe ladrar y esperar que su amo se haga presente para evitar que la presa se fugue de allí).

4. Persecución (en la mitas de los casos la presa se fuga, entonces viene la persecución con un ladrido característico)

5.Búsqueda en el agua (La presa en su huida busca un río o laguna entonces, el perro debe buscar en el agua, debajo del agua, debajo de las raíces o en cualquier sitio, incluso río abajo o río arriba, la presa es sumamente hábil en el agua y además conocedora del lugar).

6. Atrapada (aunque la presa puede ser capturada por el cazador, el sabueso la debe traer a flote con habilidad, la lapa o tinajo, es un animal peligroso tanto con sus dientes como con sus garras, no solamente para el perro sino para el cazador, de manera que hay que ver de qué parte del cuerpo la toma y como se defiende.

 

EL SABUESO TINAJERO: UN PLEBEYO

Mi abuelo materno, quien nació a finales de 1890, me contaba que tuvo una pareja de perras llamadas pianola y campana, si sus nombres hacen referencia a sus cualidades debieron tener muy buena voz. El perro tinajero, no obstante su belleza, funcionalidad, lealtad y practicidad, jamás, gozó de buen nombre, fue relegado por los perros de pedigrí importados de Europa, sin embargo en las monterías era él quien trabajaba para hacer quedar bien a su amo, quien a su vez sacaba pecho, no con los tinajeros, sino con los de pedigrí, en otras palabras, el tinajero no perteneció a la realeza, más bien permaneció siendo plebeyo durante dos o más siglos. Nunca sacaron tiempo para llevarlo al club canino por estar ocupado en su trabajo de guardián, rastreador, levantador y de presa;  nunca conoció el club canino porque tuvo que jugar con los niños del administrador de la finca o del patrón, nunca fue fotografiado porque no era digno gastar películas fotográficas en plebeyos habiendo canes del virrey o del encomendero en los alrededores, porque era un perro barato cuya distribución se logró regalándoselo al peón del lado, al vecino necesitado; nunca ocupo un aviso clasificado del periódico porque no tuvo dolientes que ofrecieran un peso por él, porque fue considerado de muy poco valor económico o en la mayoría de los casos sus dueños eran campesinos muy pobres, quizá analfabetas y miserables, tan plebeyos como el tinajero.  Sin embargo, podemos interrogar a los cazadores del club si lo han visto por ahí, y que nos den sinceramente su impresión del más plebeyo de los perros, con la absoluta certeza de obtener respuesta positiva.

Pero no haber llevado el tinajero a la ciudad con la realeza se convirtió en su mayor escudo y lo sigue siendo, trabajar con el campesino (bajo diferentes connotaciones) en todas las regiones de este mosaico de climas es lo que lo ha mantenido vivo, trabajar no con mediocridad sino con entereza, con el miembro más eficaz e indispensable de la manada: El campesino, su familia y sus sabuesos.

En los Santanderes se habla del tinajero, en la costa Caribe lo llamamos Chapolo, en Antioquia Guartinajero y Bramador,  en los Llanos le dicen lapero, y en el resto de Colombia se le llama Fino: fino por su pelo, su piel, sus orejas, su olfato, su fenotipo, por su lealtad con los niños. Un plebeyo digno de cualidades finas, presente en el subconsciente de los adinerados y el mejor amigo del campesino olvidado por el estado en los rincones de la geografía colombiana.

 

 Bibliografia: (Hay Bastante)

1.     Juan Rodriguez-freyle: El Carnero

2.     J.P. Hamilton: Viaje al Interior de las Provincias de Colombia

3.  Gaspard-Théodore Mollien, Viaje por la República de Colombia en 1823


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