De los dos núcleos de población que conforman el municipio de Villamena, es en Cozvíjar donde se encuentra uno de los enclaves más destacados de la zona: las Cuevas del Arroyo de la Laguna. Por este lugar se dio salida a las aguas minerales de la antigua laguna de Padul.

Si recorremos Cozvíjar en toda su extensión, nos encontraremos con tres edificios destacados: La Casa Grande, que se trata de un palacio que fue propiedad de los Condes de Villamena fechado en el siglo XVII; la Iglesia Parroquial de San Juan, que está adosada a la Casa Grande y que se construyó a mediados del siglo XVI; y la Ermita de la Virgen de la Cabeza, también del XVI, construida por Gregario 25 López Madera, señor de Villamena que la cedió en 1641, junto con otros bienes, a los monjes Basilios para constituir en ella un priorato. Al cabo de 24 años la Ermita volvió a propiedad de la familia que la construyó. Según el plano del Marqués de la Ensenada (1750). La ermita contiene un retablo barroco presidido por la imagen de la Virgen de Lourdes.

Cozvíjar tiene un pasado milenario con la presencia de restos del neolítico en la Cueva de los Ojos”. Después otras civilizaciones dejaron su huella, como los romanos, pero fue en el s. XVIII cuando se produjo el hecho más importante en términos geográficos y económicos. La desecación de la Laguna del Padul en el año 1779. La propiedad de la Laguna era del Conde de Villamena, de modo que el desagüe fue cosa del Él, canalizando las aguas hacia el Río Cozvíjar. La desecación permitió la puesta en valor de nuevas tierras y también el mantenimiento de un caudal en el río que hacía funcionar muchos molinos harineros e incluso, ya a principios del S. XX una central hidroeléctrica en el antiguo Molino de Villamena. Cozvíjar , ha tenido un pasado glorioso, en lo histórico y en lo económico, siendo uno de los pueblos de más interesante historia del Valle de Lecrín.


Cozvíjar mantiene su carácter de pueblo antiguo y sereno. Sus calles moriscas en el casco antiguo, rodeando la iglesia, sus plazas y tantos rincones engalanados con plantas, jardines y macetas, invitan al paseo, a departir con los vecinos, a vivir sencillamente en un pueblo antiguo.

En la actualidad, su cercanía a Granada, a los centros de servicios de Padul y Dúrcal, las magníficas comunicaciones con la autovía A-44 y su proximidad a la costa y la Alpujarra, hacen de este pueblo un lugar agradable para vivir, con todas las ventajas del medio rural y disfrutando de todos los servicios que ofrece el medio urbano, tan próximo y cercano