El Ayuntamiento de Villamena se formó en 1973 por la unión de la vinícola Cónchar y la nobiliaria Cozvíjar, ambas de origen islámico, época en la que se dedicaron fundamentalmente a la agricultura. Ésta fue una etapa brillante para los cultivos de la zona, ya que contaba con un sofisticado sistema de regadíos conocido como ‘turno y tanda’, una forma de distribuir el agua en función de la superficie cultivable de cada propietario.

Con la expulsión de los moriscos perdió su apogeo agrario, ya que los nuevos colonos no conocían las técnicas eficaces y modernas que los árabes habían utilizado para sacar provecho de las tierras.

El municipio debe su nombre al antiguo señorío del Conde de Villamena de Cozvíjar, quien aunque tenía potestad para poner y quitar gobernador de la zona no era propietario territorial de la villa.



Los restos humanos más antiguos documentados en el Valle de Lecrín corresponden al Período Solutrense (alrededor de 12.000 años a. C.), época a la que corresponde la Gruta de Cozvíjar excavada por la Universidad de Granada, en la se hallaron, junto a restos humanos, diversas muestras de industria lítica. Los asentamientos humanos en la zona son muy antiguos, debido al reclamo de la Laguna.

En la Cueva de los Ojos encontramos un hábitat estacional o cazadero de temporada, correspondiente al Neolítico con restos de hueso de cabra, ciervo y jabalí junto a puntas de flecha, restos de adorno en concha y fragmentos de pintura ocre. 



Nuestras Fiestas

En Cónchar y Cozvíjar puede disfrutar de un amplio calendario festivo y también de tradiciones centenarias. Ya desde el mismo 1 de enero puede participar en la Rifa de las Ánimas de antigua tradición, para pocos días después vivir la Fiesta del Mosto, donde los cosecheros y bodegueros de Cónchar le ofrecerán generosamente el vino de su cosecha, para compartirlo en un día inolvidable.

Por Pascua es el momento de vivir el Domingo de Resurrección en Cozvíjar, con sus imágenes en la calle en un acto de devoción y tradición de gran raigambre. Pronto sigue la Fiesta de las Cruces y después todos al campo en Romería acompañando a San Isidro en Cozvíjar hasta la blanca Ermita de la Virgen de la Cabeza.

En los pueblos de Villamena también se levantan altares por El Corpus y cuelgan de los balcones las labores más primorosas de bordados, encajes y ganchillo en homenaje al Santísimo En verano es momento de vivir la Romería de Santiago en Cónchar, las fiestas de la Virgen de la Cabeza patrona de Cozvíjar y a mediados de agosto acompañar a San Roque, patrono de Cónchar por las calles blancas de este pueblo. La historia ha sido generosa en Cónchar y Cozvíjar, dejando numerosas huellas de su antiguo esplendor, singularmente en construcciones de tipo industrial, antiguas fábricas de aceite, hidroeléctricas y viejos molinos harineros que aprovechan las aguas del desagüe de la Laguna de Padul, para mover sus rodeznos y moler el grano de los campos próximos.

Cónchar y Cozvíjar son pueblos donde la sencillez y la paz invitan a vivir en ellos, sus entramados urbanos generalmente bien conservados de casas blancas donde predomina la cal y las flores en tantas ventanas y balcones, sus pequeñas plazas y otros espacios públicos, para compartir con los vecinos, jugar, descansar o sencillamente disfrutar.



Los Frutos de la Tierra, el milagro del Vino

Cambian los campos en cada estación en tierras de Villamena, desde los fríos del invierno cuando los huertos regalan las últimas hortalizas, los naranjos llenan generosos sus ramas de frutos dulces con los que hacer y acompañar tantos platos y empieza la recogida de la aceituna, para “sacar” el aceite de cada año. Es tiempo de vivir en familia, de llevar al campo embutidos y lomos de orza de la matanza, a pasar duros días de trabajo recogiendo la cosecha.

Ya en los primeros días de la primavera, el suave clima de estas tierras llena los campos de verde y de collejas e hinojos para el puchero, también viste de blanco los almendros, compitiendo en hermosura con las nieves eternas de Sierra Nevada y casi al llegar el verano las cepas antiguas de las viñas se llenan de vida nueva y pámpanos que anuncian el vino del otoño, cuando estallan los huertos del verano dando hortalizas, granadas, membrillos, manzanas, acerola, mientras se recoge la almendra y empieza a dormir el mosto en las bodegas para nacer hecho vino con los fríos de enero.


En tierras de Cónchar, desde siempre se ha cuidado la tierra, se ha querido al vino, hasta hacerlo una de sus señas de identidad, el “mosto de Cónchar”, el vino nuevo de cada año que se hizo fiesta por enero en la que participa todo el Valle de Lecrín. El cultivo de la vid en estas tierras, de antigua tradición se hace posible por el microclima especial de que gozan, donde llegan los fríos de la cercana Sierra Nevada, pero también los suaves aires de la costa, lo que permite que las uvas maduren sanas y en su justo punto para crear vinos de calidad, para hacer del vino un “milagro” anual de sabor y tradición centenaria cuidada por generaciones.


El paisaje es clásicamente mediterráneo, pese a estar tierra adentro. Vides, olivos, almendros, alguna higuera en los ribazos. Aceite, almendras, vino, los típicos productos que la mediterraneidad regaló al mundo y que en Villamena se hacen sabor junto a sus antiguas recetas, a los frutos de sus huertos, acompasados al calor de la lumbre, con un buen vaso de vino que compartir. Cuando nos visite, cuando vuelva, viva el vino con nosotros, llévelo a casa, a los amigos, regale el esfuerzo de nuestros cosecheros y bodegueros que desde siempre ponen su esfuerzo y sabiduría antigua en cada vaso de vino, que es la esencia de una tierra milenaria.



Villamena es sabor y tradición

Disfrutar del primer vino con el típico “remojón conchúo”, donde las naranjas en su mejor sazón se mezclan con el aceite de los campos, el bacalao, los tomates que secaron los últimos soles del verano, y juntos sustancian algo delicioso. Disfrutar de ensaladas, “fritaillas” y tantos platos hechos con sabiduría ancestral y los frutos que dan los huertos y la tierra y siempre compartir el vino de estas tierras, el vino de siempre de los cosecheros y el excepcional calidad que más recientemente elaboran sus bodegas. Dejarse inundar por los sabores de los elaborados del cerdo que siguen el rito eterno de “la matanza”, para llenar ollas y orzas de chorizos, “tajás” y lomos, con los que resistir al invierno, que si bien es suave en estas tierras, también es largo y acompañan las chacinas.

En Cozvíjar, aun podrá sorprenderse viendo al panadero del pueblo estirar la masa con los fríos invernales, para conseguir - como siempre se hizo - unos de los mejores "hojaldres" que pueda degustar nunca.

Disfrute del horno antiguo de Cónchar, de sus exquisitos manchegos” y de sus dulces sencillos con el sabor de siempre. Llévelos a casa, a los amigos y acompáñelo con los vinos de esta tierra generosa.


Caminos del Agua en Villamena

El agua se hace camino en los pueblos de Villamena, en el Camino de los molinos de Cozvíjar, en la muy antigua Acequia de los Arcos en Cónchar, en tantos remansos y acequias que inundan el paisaje y dan vida a lo que de otra forma sería el mismo campo de secano que rodea los pueblos.

Caminos antiguos, cuidados por generaciones de agricultores, llenos de historia, de gente que se organiza, de “suertes de riego”, para regar los campos con el agua que viene o que nace.

Caminos de agua, del agua que baja de las nieves eternas de Sierra Nevada. Caminos que trazaron los árabes en acequias que daban vida a huertos y terrazas, caminos que se hicieron grandes en el S. XVIII dejando libres las aguas de la Laguna de Padul, haciendo incluso río, lo que antes no era más que un torrente ocasional, el Río Cozvíjar. Cuando nos visite, pierda sus pasos en dirección al río, por el viejo camino que llevaba a Cónchar, lleno de interés, rodeado de naturaleza, de huertos, del pequeño barrio que fue de los molineros. Contemple en lo alto la “Cueva de los Ojos, que mira al sol del mediodía y nos recuerda la presencia humana, hace milenios y siga sus pasos entre almencinos, olivos, naranjos, higueras y almendros y todas las flores de cada estación, hasta el río, rodeado de antiguos molinos harineros, unos bien conservados, otros manteniendo sus muros al aire, dando testimonio de su antiguo esplendor y más abajo la “Fabrica de la Luz”, su construcción de aire mudéjar semi-oculta por la vegetación que abraza sus muros. Contemple las obras de ingeniería que se hicieron para mover las turbinas, en lo mas hondo del barranco y ya desde allí escuchará el rumor del agua que se despeña libre, que antes movía molinos y ahora juguetea hasta hacerse calma en el embalse de Béznar.

Un entorno privilegiado

La proximidad a Granada, a Sierra Nevada, a La Costa y a La Alpujarra, sus buenas comunicaciones y singularmente la preservación de un entorno natural de privilegio, hacen del municipio de Villamena, un buen lugar para vivir. Un municipio con gran número de servicios y con otros muy próximos en Dúrcal o Padul.

Les invitamos a que conozcan nuestros pueblos, a que paseen por sus calles, por sus caminos antiguos cargados de historia y rodeados siempre de agua y naturaleza, a que viva y comparta con nosotros el milagro vivo y natural de nuestras tierras, trabajadas tantos siglos y en las que siempre será bien recibido, en nuestras fiestas, en nuestras tradiciones, siempre que quiera venir a Villamena.