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Identidad moral

Ser persona: la identidad moral

 

Palabras clave: libertad, autonomía, responsabilidad, normas, desarrollo moral, valores, pensamiento consecuencial, universalismo moral, relativismo moral.

 

 

La condición de “ser persona” es una atribución que hacemos a todo hombre o mujer. Entendemos que “todos somos personas”. Sin embargo, si empleamos las expresiones “nos hacemos persona”, o “nos construimos como personas” ya implica una compleja red de acciones y pensamientos que nos lleva a una continua mejora de nosotros mismos. Esto nos invita a pensar en cómo nos hacemos “buenas personas”. Y es aquí donde aparece la reflexión ética.

Hasta ahora hemos considerado que decir de alguien que es una buena persona, es decir que actúa con libertad sin menoscabar la libertad de los demás, y también de una forma autónoma (sigue la norma que le dicta su propia conciencia por considerarla que es justa, buena, etc.) y responsable, esto es, asumiendo las consecuencias y optando por la opción más válida para todos.

Todo lo anterior se puede sintetizar en la siguiente idea: que una persona de la que decimos que “es buena persona” suele actuar siguiendo este esquema de acción

 

 ACCIÓN = LIBERTAD + AUTONOMIA + RESPONSABILIDAD ® PENSAMIENTO CONSECUENCIAL

 

·  Somos libres cuando actuamos o tomamos decisiones sin coacciones externas.

· Somos autónomos cuando actuamos o decidimos algo considerando que es lo que debemos hacer y no por un "chantaje" o "coacción" externa que me impone otro.

· Somos responsables cuando asumimos las consecuencias de nuestras acciones admitiendo que nos pudimos equivocar y queremos reparar un daño. Pero somos auténticamente responsables cuando prevemos las consecuencias y escogemos la manera de actuar más beneficiosa para nosotros mismos y los demás.

 

La combinación de éstos términos es lo que determina una “buena acción” y por tanto una “buena persona”. Se trata de una tríada. Dicho de otro modo, la libertad, autonomía y responsabilidad no pueden separarse.

 

Los valores

 

Entendemos por “valor” aquella importancia que le otorgamos a las cosas o las personas. Solemos emplear expresiones como “Juan es un valor para la empresa” queriendo decir que Juan es una persona importante por las cosas que aporta a la empresa.  Solemos también utilizar la palabra en expresiones como “esta camisa tiene mucho valor para mí porque me la regaló mi madre”… También hemos empleado la palabra cuando decíamos “Héctor tenía mucho valor al luchar contra Aquiles” refiriéndonos a la cualidad positiva de Héctor de ser valiente y defender a los suyos.

Los valores morales son cualidades o ideales humanos que consideramos que son importantes en nuestra sociedad. Ejemplos de ellos son la justicia, el bien, la paz, la solidaridad, la tolerancia… Sin ellos nuestras relaciones serían más difíciles. Y cuando se da lo contrario empleamos la expresión “contravalores”. Por ejemplo, frente a la libertad, suele darse el contravalor de la esclavitud, de la justicia, la injusticia, de la igualdad, la desigualdad. Los contravalores tienen mucho que ver con los problemas morales de los que ya hemos hablado.

Se dan también distintos tipos de valores, que no son morales, pero que suelen guiar gran parte de nuestras acciones. Por ejemplo: el afán de éxito, la riqueza, el consumismo, la competitividad… Digamos que socialmente se les da cierta importancia y suelen ser incompatibles con los valores. Un caso habitual es querer ser justo o equitativo al tiempo que perseguir la riqueza.

Como seres morales nos vemos en el aprieto de resolver esas contradicciones y construirnos una “identidad moral” basada en una jerarquía personal de esos valores para afrontar la realidad que nos rodea y alcanzar la plenitud (libertad, autonomía, responsabilidad…).

 

Las normas

 

Otra de las condiciones de ser persona es vivir conforme a la norma o reflexionar y criticarlas cuando estimemos que no son adecuadas. Las normas las entendemos como pautas de comportamiento, reglas, hábitos que regulan nuestra convivencia. Están asociadas al “deber”. Se formulan en positivo y no hay que confundirlas con prohibiciones. Estas normas es lo que posibilitan una libertad positiva. Las normas, si son consensuadas y elaboradas con buen criterio, lejos de coaccionarnos, nos hacen libres. Imagínate que alguien en su ejercicio de la libertad hace lo que quiere (libertad negativa: ausencia de normas). Por ejemplo, va a la playa y deja en el sitio donde estuvo una montaña de basura, incumpliendo la norma de “mantener limpio ese lugar público”. ¿Es necesaria esa norma?

Las normas morales, tipo “hay que cuidar a las personas” tienen su origen en los valores morales. Así, la referida norma se estaría apoyando en valores como el amor, el respeto, la responsabilidad…

 

Ante las normas morales suelen darse dos posturas:

 

·    El universalismo moral: defiende un sentido único de las normas y de aplicación para todas las personas y lugares sin excepciones para permitir la convivencia y bienestar. Los Derechos Humanos se podrían proponer como ejemplo, aunque le han dado de ley.

·      El relativismo moral: defiende que no hay normas válidas para todas las personas, tiempos y lugares y, en su versión más radical, considera que todas las normas son válidas. No hay criterio moral para decir que una norma es buena o mala, justa o injusta, útil o inútil, o que los tres criterios pueden ser válidos: por ejemplo puede darse el caso de un norma que sea “útil” para una minoría e “injusta” para la mayoría.

 

Esta diferencia ante la consideración de las normas ha supuesto una de las grandes discusiones de la Ética.

 

El desarrollo moral de la persona.

 

Un psicólogo llamado Köhlberg distinguió tres niveles de desarrollo moral que se podían dar en las personas respecto del uso de las normas

·  Nivel preconvencional: cuando tratamos o discutimos sobre cuestiones morales exclusivamente desde nuestro propio interés. Por ejemplo, acepto el uso de la papelera cuando está cerca de mí.

·    Nivel convencional: la ley y la autoridad están muy definidas de manera que las normas se crean y se enfocan de acuerdo con el orden social. Por ejemplo, si la ley prohíbe fumar en espacios públicos, juzgamos moralmente al fumador (y pensamos que "fumar" está mal moralmente: damos un salto del Derecho a la moral). No hay capacidad crítica ni flexibilidad en su aplicación.

·   Nivel posconvencional: adoptamos y aplicamos en nuestra persona y en las relaciones con otras personas o seres vivos principios morales universales anteponiéndolos a los que hemos aprendido en nuestra sociedad por considerarlos más adecuados o útiles. Hay un sentido crítico de las normas. Por ejemplo: rechazo la fiesta de los toros porque considero que la ley moral de respeto a los animales está por encima de lo que denomino “mi cultura”.

 

¿En qué etapa crees que te encuentras? Me gustaría que reflexionaras sobre el contenido de esta entrada y buscaras sacarle partido en el diseño de tu proyecto personal de vida.

Para facilitarte esta reflexión te propongo unas actividades que deberás realizar en el cuaderno para ser corregidas en clase.

 


Piensa un poco

 

1.     Haz un listado de valores morales y contraponlo con otro de “contravalores”.

2.     Elabora tu jerarquía de valores de mayor a menor importancia.

3.     Enumera normas básicas para poner en práctica en diferentes ámbitos: tu casa, en el instituto, en un espacio público.

4.     Explica la diferencia entre “relativismo” y “universalismo” moral. Describe dos situaciones en las que se pueda optar por cada una de estas actitudes.

5.     Según la distinción Kohlberg de las etapas del desarrollo moral, establece en qué estadio te encuentras. Pon ejemplo de situaciones personales por las que has pasado de cada una de ellas.

6.     Piensa en personas cercanas e investiga sobre personas famosas que te puedan servir de referencia para elaborar tu proyecto personal de vida, y justifica tu elección según tu escala de valores.

7.     Explica qué significa para ti “llevar una vida buena”.

8.     Elabora una batería de preguntas que para ti sea importante contestar para elaborar tu proyecto personal de vida (ej. ¿me casaré? ¿estudiaré fuera?)

9.     Describe cómo sería el entorno (social, ambiental, familiar, escolar, la pareja) ideal para que te puedas desarrollar.

 

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CRISTO SÁNCHEZ,
12/10/2011 10:01
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