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MAO

Mao Zedong (1893-1976): Político y revolucionario chino. En su juventud fue influenciado por la revolución rusa y por Lenin. Cuando se fundó el PC chino (1921), Mao fue uno de los doce delegados que se reunieron en Shangai. En 1925-26 fue jefe de propaganda del partido. En 1927 comenzó a organizar a los campesinos como fuerza revolucionaria. En 1931 inició un programa de reforma agraria y en 1934 encabezó la Larga Marcha en donde aprovechó para alcanzar el control absoluto del comunismo chino. En 1949 ganó la guerra civil contra los nacionalistas y proclamó en Pekín la República Popular China. Mao fue sucesivamente presidente del consejo, de la república y secretario del partido, hasta alcanzar el culto a su personalidad.

En todas partes del país, hasta en la aldea más pequeña, la policía política abre mazmorras improvisadas, y el hacinamiento y las condiciones son de una dureza sin precedentes: hasta 300 detenidos en una celda de 100 m2.; raciones alimenticias de hambre, agotamiento por el trabajo; disciplina inhumana, con violencias físicas constantes, torturas variadas y sádicas. Las revueltas terminan en masacres: varios miles de los 20 mil prisioneros de los campos petrolíferos de Yanchang son ejecutados; en 1949, un millar de los 5 mil amotinados de un depósito forestal son enterrados vivos...

A partir de 1950 se inicia la campaña para la "eliminación de los elementos contrarrevolucionarios" y se desencadena una represión que hasta 1957 produce unos 800 mil muertos.

En 1958 Mao proclamó "el gran salto adelante": abrió un nuevo frente, el de las "comunas del pueblo", en donde se unían la actividad agraria, industrial, familiar y militar, y el salario igualitario. Entre 1959-1961 se produjeron entre 20 y 43 millones de muertos, víctimas de una hambruna provocada en su totalidad por los proyectos aberrantes de Mao, incluso negándose a reconocer su error político aceptando que se tomasen medidas contra sus desastrosos efectos.
La política de requisa forzosa y acumulación del arroz por parte del régimen totalitario, sin que la mayoría de los campesinos chinos se vean después compensados, provoca pues la citada hambruna. En 1959 -al contrario de dos años antes-, se produce un descenso de los ingresos estatales de cereales; se culpa a los campesinos, "que esconden el grano". En otoño, contra el conjunto de los habitantes rurales se desencadena una ofensiva de estilo militar: por lo menos 10 mil campesinos son encarcelados, y muchos morirán entonces de hambre. Se ordena romper todos los utensilios de cocina de los particulares, para impedir de este modo la autoalimentación, incluso se prohibe hacer fuego, además de torturas sistemáticas a millones de detenidos (a algunos con hierro candente); niños muertos, puestos a hervir, luego utilizados como abono; enterramientos en vida... La mortalidad por hambre supera el 50% en ciertos pueblos; son numerosos los casos de canibalismo, en particular a través de permutas donde se intercambian los niños para comerlos.
Miles de hambrientos intentan comer caldos de hierbas, de cortezas o de hojas de árbol... A esto se añade una mayor sensibilidad a las enfermedades e infecciones, lo cual multiplica la mortalidad, y la casi incapacidad de las mujeres agotadas para concebir o dar a luz a niños. En algunos casos, individuos desesperados se veían obligados a buscar granos de maíz no digeridos en los excrementos de los caballos, y gusanos en las boñigas de las vacas. O a mezclar harina con pasta de papel para la confección del pan, o el plancton de las marismas con el caldo de arroz, ocasionando espantosos restreñimientos y muertes.

En 1966 Mao puso en marcha la "gran revolución cultural proletaria", impulsada por un sector del PC y de la guardia roja. La represión llevada a cabo entre 1966-1976 provocó casi un millón de muertos. Los primeros en empezar fueron los jóvenes guardias rojos, muchos de ellos estudiantes, que se alzaron incluso contra sus propios profesores, a quienes humillaban e incluso asesinaban; algunos guardias hasta se hicieron servir carne humana en la cantina o se comían los órganos de los ajusticiados. 
Visceralmente antiintelectuales, estudiantes comunistas sádicos y fanáticos obligan a profesores, técnicos, científicos, escritores, artistas, etc., a hacer durante horas el "avión", hasta el agotamiento, mientras los insultan; les hacen desfilar por las calles, con orejas de burro, mientras los golpean. Algunos mueren por esa causa, otros se suicidan.
Muchos templos budistas son destruidos, manuscritos antiguos quemados, decorados y trajes de la Ópera son quemados, la Gran Muralla es destruida en parte, se incrementa la xenofobia, está mal visto que la gente plante flores en los propios jardines, se les corta por la fuerza a quienes llevan el pelo largo o engominado, se destrozan los pantalones apretados, se arrancan los tacones altos, se detienen a los transeúntes para obligarles a recitar una cita de Mao...

Paradójicamente, cuando Mao ve que la Revolución Cultural está perjudicando al país y envolviéndolo en un caos, ordena al ejército que actúe contra los fanáticos jóvenes guardias, ocasionando con ello una guerra civil larvada. La segunda mitad de 1968 está marcada por el control generalizado que logra el ejército y las milicias a las órdenes del partido, por la disolución de los guardias, por el envío de millones (más de 5 hasta 1970) de aquellos jóvenes a centros de rehabilitación semicarcelarios. A los que se rebelan se les ejecuta en masa. La China de 1969 y de los años siguientes está sembrada de violencias, de campañas, de consignas...

El comunismo en China ocasionó de 6 a 10 millones de víctimas directas, incluidos miles de tibetanos (unos 800 mil). Además, decenas de millones de los llamados contrarrevolucionarios pasaron un largo período de su vida en el sistema penitenciario (laogai) y tal vez 20 millones murieron sufriéndolo, de los 50 millones de individuos que hasta mediados de los años ochenta estuvieron presos.
El genocidio social y étnico en China se calcula en unos 60 millones de muertos.

 
"Los tres años de catástrofes naturales, como los definió el régimen, no eran tan naturales; fueron los resultados de una política errónea. Los campesinos contaban que, en 1959-60, era tanta el hambre que no tenían fuerza siquiera para recolectar el arroz maduro, y ese había sido un buen año. Muchos habían muerto de hambre viendo cómo los granos de arroz caían en el campo, impulsados por el viento. En ciertos pueblos, no se encontraba nadie para ir a recoger la cosecha. 
(...) Delante de mi vista, entre las malas hierbas, surgió de pronto una escena que me habían contado: la de familias que intercambiaban entre ellas a sus hijos para comérselos (...) Mao había iniciado el "gran salto adelante" y obligado a millares y millares de campesinos aturdidos por el hambre a abatir a golpes de hoz a sus antiguos compañeros y a salvar de este modo su propia vida gracias a la carne y a la sangre de sus compañeros de infancia." 
(Wei Jingsheng, de la aldea de Anhui) 
 
"Está la comida -la única cosa importante, la mayor alegría y la motivación más poderosa de todo el sistema penitenciario-. Yo había tenido la mala fortuna de llegar al centro de detención de Pekín solo un mes después de la introducción del racionamiento como parte oficial de la técnica de los interrogatorios. El desesperadamente escaso y aguado caldo de maíz, las duras galletitas y la ración de verdura se convirtieron en el centro de nuestra vida y en objeto fundamental de nuestra más profunda atención (...) La falta de alimento estaba admirablemente estudiada: nos daban lo suficiente para mantenernos vivos, pero nunca lo suficiente para que olvidásemos nuestra hambre. Durante mis quince meses en el centro de interrogatorios, comí arroz una sola vez, carne nunca. Seis meses después de mi arresto, mi vientre estaba completamente hundido, y empezaba a tener las articulaciones magulladas de forma característica por el simple contacto del cuerpo con la cama comunitaria. La piel de mis nalgas colgaba como los senos de una mujer vieja. Mi vista se nublaba, y perdía mi capacidad de concentración. Alcancé una especie de récord de carencia de vitaminas cuando finalmente me volví capaz de romper las uñas de los dedos gordos del pie con la mano. Mi pelo empezaba a caerse." 
(...) El objetivo de la policía no es obligaros a inventar crímenes inexistentes, sino a haceros admitir que la vida ordinaria que llevabais estaba podrida, era culpable y merecedora de castigo. El fundamento de su éxito reside en la desesperación, en la percepción que tiene el prisionero en la práctica de que está totalmente, para siempre y sin esperanza, a merced de sus verdugos. No dispone de ninguna defensa, puesto que su arresto es la prueba absoluta e indiscutible de su culpabilidad. El prisionero no tiene derecho a ningún proceso, solo a una ceremonia perfectamente reglamentada que tal vez dura media hora; no tiene derecho a consultar a un abogado ni a recurrir en el sentido occidental del término."
(Recuerdos de Bao Ruo-wang,  llamado Jean Pasqualini)
 
"(...) Corrí hacia el interior del instituto (de Xiamen). En el campo de deportes vi a los profesores, 40 o 50 en total, en fila, con la cabeza y la cara rociadas de tinta negra, de modo que efectivamente formaban una "banda negra". Llevaban colgados del cuello unos letreros con inscripciones como "autoridad académica reaccionaria Fulano", "enemigo de clase Fulano", "apoyo de la vía capitalista Fulano", "Fulano, jefe de banda corrompida". Todos llevaban orejas de burro sobre las que habían pintado epítetos semejantes, y a la espalda llevaban escobas de barrer sucias, mandiles y zapatos. También les habían colgado alrededor del cuello cubos llenos de piedras. Todos iban con los pies desnudos, con los que golpeaban sobre gongs o cacerolas dando la vuelta al campo mientras gritaban: "¡Yo soy el gángster Fulano!" Por último, todos cayeron de rodillas, quemaron incienso y suplicaron a Mao que "les perdonara sus crímenes". 
Luego vinieron los golpes y las torturas: les hacían comer desechos e insectos; se les sometía a descargas eléctricas; les forzaban a ponerse de rodillas sobre cristales rotos; se les obligaba a hacer el "avión" colgándolos de los brazos y las piernas. 
Los primeros en coger palos y en torturar eran los energúmenos de la escuela: hijos de mandos del partido y oficiales del ejército. Groseros y crueles, estaban acostumbrados a utilizar la influencia de sus padres y a pelearse con los demás alumnos. Eran tan nulos en clase que estaban a punto de ser expulsados, por eso arremetían probablemente contra los profesores." 
(Recuerdos de Ta-ling Lee) 
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BIBLIOGRAFÍA
- AA.VV. "El libro negro del comunismo". Madrid: Planeta-Espasa, 1998.
- Fujiko,F. "La vida de Mao Tse-Tung". Barcelona: Grijalbo, 1979.
- Leguineche,M. "Apocalipsis Mao". Madrid: Espasa, 1993.
- Dr.Li Zhisui. "La vida privada del presidente Mao. Memorias del médico personal de Mao". Barcelona: Planeta, 1995.
- Wang,L. "El teatro de los lirios". Barcelona: Tusquets, 1998.
- Chang, J.- Halliday, J. "La vida privada de Mao". Taurus, 2005.
- Chanj, J. "Cisnes salvajes". Barcelona, 2001.
VIDEOGRAFÍA
- "La marcha increible". Madrid: Club internacional del libro.
- " Política y violencia". Serie Century (n.2, 1h.). Gran Enciclopedia Visual del S.XX. British Pathe & Champion TV (1997). Distr: VTF Multimedia.
LARGOMETRAJES
- "Adiós a mi concubina" (Chen Kaige, 1993) historia ubicada a lo largo de la China del S.XX.
- "Siete años en el Tibet" (J.J.Annaud, 1997) la represión china en el Tibet.
- "Kundun" (M.Scorsese, 1998) la represión china en el Tibet.
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