Cuenca Matanza-Riachuelo – Parte VI


Pastillas para no soñar

Lic. Luis Alberto Cervera Novo

 

27/12/07.- La decisión fue tomada, las autoridades se pusieron de acuerdo y la mirada sobre el fétido y moribundo lagarto se amplió a su real dimensión: la cuenca del Matanza-Riachuelo nace en la distante Cañuelas y es alimentado por diversos arroyos, auténticas venas proveedoras del fluido vital. Desde allí comenzó la limpieza y cuidado de todos los efluentes que surcan los 2200 Km2 que componen su territorio.

El sentido común y el reclamo de sus habitantes triunfaron, se pasó a controlar los vertidos que envenenaron al lagarto durante los últimos dos siglos; la primera batalla fue con las industrias: "No estamos en el primer mundo, aquí los costos de producción no dan para reconvertirnos con tecnologías modernas. Nos obligan a buscar otros horizontes más rentables"; bramaban en la mesa de negociación, mientras exigían subsidios del estado para poder realizar las obras y azuzaban a sus empleados con amenazas de despidos; después de todo, esto, siempre les había dado resultado. Impactos ambientales inexistentes o mal hechos, coimas por la vista gorda de los inspectores, anteponer ordenanzas municipales a leyes provinciales y nacionales o viceversa, permitió ganar tiempo, olvido y mucho dinero fácil. Pero en esta ocasión la decisión de salvar al lagarto y a los cuatro millones de habitantes que lo rodean es política de estado y éste la ejerce con todo su poder: se superó la histórica fragmentación jurisdiccional unificando las legislaciones municipales, se erradicó el explosivo polo químico del Dock Sur, se fomentaron las producciones no contaminantes, la construcción de cloacas en toda la cuenca modificó la calidad de las aguas y la vida de la población.

El sistema educativo, público y privado, incorporó en su curriculum las nuevas conductas a respetar para devolver la vida al río, confirmando que los niños son los mejores agentes para los cambios culturales. Las universidades de la región se abocaron a preparar especialistas en reparación ambiental. Grupos de jóvenes entrenados controlan las actividades productivas, educan a la población y supervisan los parques creados sobre las orillas del lagarto. Decenas de puentes peatonales unieron la ciudad partida, dejando en el pasado la condición de patio trasero que llevó a la ruina a este curso de agua. Como el cuerpo principal del lagarto, que va de puente La Noria a puente Alsina era irrecuperable, se abrió un curso artificial paralelo. El bay-pass aisló los barros corrompidos por metales pesados que volverían a contaminar las nuevas aguas, en un futuro se tratará esa mortífera carga hoy apresada en una bóveda de cemento. Recuerdo de un pasado de desidia, ignorancia y ganancia rápida. En lo inmediato, el agua que se origina 60 kilómetros arriba, es de buena calidad gracias a un estricto control del estado y la población.

El lagarto comienza a recuperar vida, sus orillas se tornan verdes y acogedoras, en sus venas oxigenadas crece lentamente el plancton y los peces que, en otras vidas, alimentaron a querandíes, españoles y criollos. Esta titánica tarea ya lleva una década y centenares de embarcaciones recorren sus aguas trasladando turistas a diversos puntos de sus remozadas orillas, pobladas hoy de centros comerciales, deportivos, culturales e industrias limpias. Un moderno y ágil sistema de trasporte multimodal, recorre el territorio del lagarto. Los clubes náuticos disfrutan las recuperadas bondades de sus aguas y las fotos aéreas muestran, ahora, un río de color marrón claro que ingresa sin agredir a las aguas del gran estuario Del Plata.

Los días de nuestro amigo son de alborozo y felicidad; él también lo logró, y ahora figura en la literatura mundial junto a la recuperada Cuenca del Ruhr, el Támesis o el Sena. ¡ellos pudieron, yo también! exclama exultante y agitado en su pesado sueño.

Las temperaturas de verano laceran su cuerpo empetrolado y putrefacto despertando a un sofocado y confundido  lagarto. En el estadio de la bombonera a metros de él, miles de voces cantan junto a Serrat y Sabina "…compre pastillas para no soñar".