LA CUENCA MATANZA-RIACHUELO - (Parte I)

SOBREVUELO


Luis Alberto Cervera Novo

Sus orillas

Visto desde el cielo es un agonizante lagarto negro extendido en todo su largo, casi petrificado. Sus cortas piernas, conformadas por ríos menores que le dan origen y alimentan su cause, es la parte más sana de su cuerpo. Allí, en sus nacientes, se encuentra la Ciudad de Cañuelas, ubicada a 54 kilómetros de Buenos Aires, distancia que hoy se recorre en sólo treinta minutos de autopista; este antiguo pueblo de campo se consolida como un centro de “micro ciudades” conformadas por más de una docena de countries. Frigorífico, empresa avícola, silos de Portland y cereales, una química y un pujante centro comercial abastecen a los nuevos y numerosos  habitantes, entrelazándose con su aletargado estilo pueblerino; estilo que se agudiza hacia el norte, ya en territorios de los municipios de  Marcos Paz y General Las Heras. Aquí lo predominante fue la baja densidad poblacional con campos de pastoreo y, por ende, su menor contribución al envenenamiento del gran lagarto.

 

Su lento descenso al Río de la Plata continúa atravesando los bosques de Ezeiza, que junto al Parque Pereyra Iraola conforman los pulmones  del mayor conglomerado poblacional del país, el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). En el bosque se encuentra el mayor aeropuerto internacional de la nación, esta puerta aérea al mundo da inicios a lo que podría ser un gran corredor de transporte si se articulara adecuadamente con el puerto de contenedores, el mercado central, las principales vías y playas ferroviarias con que cuenta la región del AMBA. La red ferroviaria, vial y fluvial, permitiría agilizar y potenciar el movimiento de mercaderías de y hacia el mundo, mejorando también el desplazamiento cotidiano de los casi 13 millones de habitantes que la pueblan.

 

El bosque también cobija el Centro Atómico Ezeiza, lugar de avanzada tecnológica y único en la producción de medicina nuclear de América Latina.

 

Siguiendo el descenso, en su margen derecha encontramos la ciudad de Monte Grande, cabecera de uno de los catorce municipios que integran  la cuenca  matanza- riachuelo. Su fronda, sus altas tierras y su abundante oxígeno la transformaron desde el inicio, en un lugar de privilegio para los afectados por enfermedades respiratorias o simplemente para el que buscaba instalarse en la parte alta, sana y apacible de la ciudad en expansión. Así cobró  vida este espacio de residencias bajas y tejas rojas, protegidos por múltiples y abundantes variedades de verdes. En la actualidad los barrios periféricos carecen de esa adecuada armonía, preanunciando quizás, el deterioro que comienza a concentrarse en la parte media del lagarto agonizante; reflejo de un país errático con períodos  de estancamiento y/o retrocesos.

 

En la orilla opuesta, zona baja de la cuenca, se extiende el territorio de La Matanza. Aquí las virtudes topográficas fueron menos y su crecimiento improvisado y agresivo. Enormes fabricas, “industrias sucias” en su mayoría, dieron trabajo y contaminación a pobladores que se hacinaron en sus alrededores. Este municipio por su extensión y población, conforma otra provincia dentro de la de Buenos Aires, despertando la apetencia de todo el que se proponga regir destinos públicos. El límite sur bordea la orilla del ya oscurecido río, para finalizar en las fronteras comunes con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Lomas de Zamora  conectadas por el Puente de La Noria. El mismo se halla  emplazado en la zona menos profunda del río, ventaja aprovechada por las columnas de soldados ingleses, que, desembarcados en Quilmes, en 1806, intentaron sorprender por detrás a un Buenos Aires colonial, adormecido y carente de puentes; el Riachuelo era su defensa y frontera natural.

 

Hoy La Noria es uno de los seis pasos que une ambas márgenes de la ciudad partida; una docena de líneas de transporte de corta y larga distancia finalizan allí sus recorridos generando una caótica concentración de pasajeros. Es el lugar de asentamiento de la feria a cielo abierto más grande de Argentina, “La Saladita. Arriban a ella cientos de micros procedentes de todas nuestras provincias y países vecinos; todos con el objetivo de comprar ropa, calzado, electrónica, etc. para su posterior reventa. Carente de una infraestructura adecuada para tremendo movimiento, el caos se incrementa a la madrugada cuando comienza a cobrar vida esta feria inusual. En este punto ya se observan residuos de todo tipo cubriendo la superficie del maltrecho río.

 

Entramos en la columna vertebral del lagarto, su tramo canalizado. Rectificado en 1930 para evitar inundaciones y mejorar su navegabilidad,  va de puente La Noria a puente Alsina, concentrando lo peor de sus enfermedades generadas, en su margen derecha, por las curtiembres, químicas y residuos cloacales sin tratamiento, situadas en las localidades de Lanús y Lomas de Zamora. A la izquierda,  tramo territorial de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, empresas de la alimentación, metalúrgicas, depósitos de chatarras y más residuos completan el saqueo histórico de oxigeno realizado al inocente lagarto hoy agonizante. En las curvas  de su cuello, atragantado de pestilente bilis, descansan viejos navíos sumergidos, olvidados y los puentes que une con dificultad a la expandida ciudad.

 

En su cabeza, una inmensa y hedionda boca que en su maxilar superior aloja los barrios de  la Boca-Barracas. Refugio natural para las naves que  dieron origen a la ciudad, La Boca se transformó rápidamente en un hospitalario receptor de inmigrantes que sostenían la pujante actividad comercial conectándonos al mundo. En Barracas, junto a los depósitos que le dieron su nombre, crecieron empresas de la alimentación, textiles, graficas y terminales de transporte urbano; la década de la desindustrialización (1990) desbastó esta construcción.

 

En el maxilar inferior reposan la Isla Maciel y Dock Sur, la destilería de petróleo, las químicas, venenos, prostíbulos y vecinos sobrevivientes en “Villa Inflamable”; también es sede de algunos astilleros y una de sus  últimas creaciones: el puerto de contenedores Exlogan de Avellaneda, clásica localidad, ésta, de frigoríficos, barracas y curtiembres que hoy desaparecidos la transforman en una prolongación de la porteña Buenos Aires.

 

Así las cosas, la Cuenca del Matanza-Riachuelo, patio trasero de todos, acumuló en dos siglos los desechos del progreso. Los avances de la ciudad lo relegaron siempre. En venganza silenciosa, continúa allí dividiendo la extendida ciudad, pasando de patio trasero a estorbo molesto y peligroso. A lo largo de sus 64 kilómetros, matices y contradicciones  no son más que un espejo del modelo de país y de ciudad que se consume en sí misma.

 

La agonía del lagarto envenenado y sin oxigeno anticipa quizás, nuestro futuro.