PAMPEANIZACIÓN DEL DELTA

Un ejemplo de la política ambiental desde la ausencia.


DANIEL GARZA

Alumno del Profesorado y Licenciatura en  Geografía de la Universidad Nacional de Río Cuarto - Córdoba

¿Ausencia estatal? o ¿presencia “desde la ausencia”? Para el caso es lo mismo. Incontables ejemplos nos invaden a diario sobre la ausencia del Estado en la gestión ambiental. Para dejar en claro un supuesto, señalamos que cuando referimos a la “gestión ambiental” lo hacemos desde una concepción de mandato político debidamente encarado, entendiéndose desde el compromiso social y no desde particularismos que corresponden a intereses personales o de unos pocos.

 

Cabe aclarar, desde un principio, que la problemática del Delta no es más que un pretexto para denunciar desde aquí, el (mal) accionar del gobierno nacional y de las secretarías “especializadas” respecto a estas circunstancias ambientales.

 

Pensemos entonces, como comienzo, en la cita textual conque la geógrafa Diana Durán (2008), a modo de reflexión disparadora en un artículo publicado el pasado 5 de Junio -Día Internacional del Medio Ambiente-, señalaba:

“(…) ausencia e ineficacia de una política ambiental-como política de Estado- que se limita a una observación atónita cuando se sobrevuela una catástrofe o al discurso banal sobre impactos ambientales de gravedad extrema” (1)

 

En relación a la misma, reflexionemos: Durán establece, en otras palabras, que estamos en presencia de la ausencia de una política ambiental (necesaria) como eje integral de la gestión estatal. Maduremos reflexivamente ahora, sobre la cita en que la autora sostiene la “inoperancia” o la “despreocupación” de los entes especializados frente a sucesos ambientales de variada índole; expresándolo de la siguiente manera: “(…) discurso banal sobre impactos ambientales de gravedad extrema (…)”

 

Es indignante, para todos para aquellos que manifestamos preocupación por los impactos ambientales que se suceden a diario; ver a los especialistas de las correspondientes secretarías de los estados nacional y provincial, brindar discursos superfluos, faltos de compromiso y despreocupados. Reitero, la Lic. Durán tiene otra manera de plantearlo, los llama discursos “banales”.

 

En el diario Clarín, el 16 de abril del corriente año, se publicaba el siguiente párrafo:

 “(…) desde el Gobierno Nacional, la secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Romina Picolotti, convocó a los gobernadores de Buenos Aires, Daniel Scioli; de Entre Ríos, Sergio Uribarri, y de Santa Fe, Hermes Binner, a tomar medidas para frenar los incendios de pastizales, y pidió al titular de la Unidad Fiscal de Investigaciones en Materia Ambiental (UFIMA), Ramiro González, que determinar el origen de los incendios” (2).

 

Ahora, cuestionemos:

La Secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable ¿debería preocuparse por ver, o analizar, quién originó los incendios? Claro que éste es un aspecto para no menospreciar en el impacto sucedido. Pero… ¿no debería haber manifestado preocupación por analizar quién permitió o autorizó que el Delta comience a “pampeanizarse”, hace ya un tiempo considerable? ¿Acaso Romina Picolotti se enteró del proceso de “pampeanización” luego de los incendios acaecidos? En caso de ser así, la funcionaria demuestra una gran desinformación y evidentemente, demás está decirlo, no cumple con su rol de delegada ambiental desde el compromiso social. ¿O gestionará desde el compromiso monetario? ¿O no gestionará como realmente anhela? La respuesta no constituye una verdad explícita; sino interpelaciones abiertas a tener muy presente.   

 

Geográfica y geomorfológicamente hablando, el Delta argentino es un ecosistema único, sumamente particular; un espacio de acumulación y sedimentación de materiales erosionados y depositados desde bajas latitudes por los ríos Paraná (fundamentalmente) y Uruguay; constituyendo un escenario “natural” (¿ex natural?, ¿progresivamente constituido en espacio geográfico?) en las nacientes del Plata.

Una de las preguntas que viene a mi mente, y es imposible “correrla”, es: ¿No debería ser considerado como patrimonio social común? ¿Por qué debemos permitir que el mismo sea comprado como cualquier otra hectárea de campo del territorio nacional o de la región pampeana? ¿Por qué permitir que la frontera agrícola tapice el ambiente deltaico? ¿Hasta dónde llega la ambición capitalista –y el correspondiente permiso estatal-, de cosechar granos en ellas?

 

Como se dijo en un principio, el caso del delta es solo un pretexto de crítica reflexiva, no para restarle importancia, por el contrario, simplemente porque el objeto del artículo es otro, y se relaciona con los casos de negligencia ambiental que sobran en nuestro país.

 

Desertificación, voladura de suelos, inundaciones (3), expansión de la frontera agrícola, explotación minera en manos de capitales extranjeros (preponderantemente canadienses), nociva contaminación del espacio urbano en manos de poderosos agentes industriales (4), venta de terrenos inapropiados para la construcción (sin penalización frente a este delito, por el simple justificativo del “desconocimiento del área peligrosa”), contaminación de cuencas hidrográficas por desechos industriales (sin tratamiento previo), venta de tierras “milenariamente” ocupadas por grupos originarios (5), etc.

 

Algunas sintéticas reflexiones

 

Estos ejemplos precedentemente enunciados -y el caso particular del Delta-, no constituyen otra cosa que negligencias ambientales conniventes y convenientes a la esfera de poder.

 

Podríamos traer a colación numerosos ejemplos de problemas ambientales localizados en nuestro país que se han “naturalizado” por su cotidianeidad. Ahí radica el gran problema, cuando algo por su cotidianeidad, “se hace natural”.

 

Deberíamos considerar que no es natural que el Estado esté ausente en este tipo de decisiones ambientales desde la gestión que le es propia. Eso intenta precisamente la presentación de los ejemplos enunciados; que reflexionemos sobre el peligro social de comenzar a incorporar, sin interpelación alguna, hechos de esta magnitud como parte integral de la cotidianeidad. No deberíamos integrarlos a la cotidianeidad sin interpelación crítica previa.

 

Notas:

 

(1) DURÁN, Diana. 2008. “Reflexiones sobre el Día del Medio Ambiente. La educación ambiental y la educación geográfica”. Miércoles 4 de Junio de 2008. En Geoperspectivas. http://geoperspectivas.blogspot.com/

Link del artículo:

http://www.scribd.com/full/3231021?access_key=key-1fbpb6haxt93dens0dwl

 

(2) IGLESIAS, Mariana. “Otra vez, Humo y mal olor llegaron a la Capital”. En: Clarín. Miércoles 16 de Abril del 2008. Sección: Sociedad.

 

(3) Las inundaciones no son mono-causales, y entre los tantos factores condicionantes, se halla la deforestación crónica en áreas poco propicias a la extracción de la cobertura vegetal y asentamiento de tierras bajas; cuestiones que desde una buena política ambiental, no serían moneda corriente.

 

(4) Donde muchas veces ya está comprobado que actúan como polos irradiadores de enfermedades oncológicas, respiratorias y dermatológicas, pero la política ambiental se presenta desde la ausencia; o desde la conveniencia inactiva.

 

(5) No olvidemos que intentó venderse un conjunto de lotes pertenecientes a una Reserva Natural de la provincia de Salta y, sin otra salida posible, relocalizar a los Wichis -pueblo originario- que en ella se asentaban ancestralmente.