LA TEMÁTICA AMBIENTAL

UNA AMPLITUD SIN PAR

DANIEL GARZA

La amplitud de la temática ambiental es inmensa. Y la preocupación por la misma también lo es. En el marco de la aprobación de una ley nacional, como lo es la “Ley de Bosques” y la coyuntura crítica que nos toca vivir respecto a la crisis energética, se hace propicia una reflexión – o un grupo de ellas- sobre la situación de la educación ambiental de carácter formal y sobre la percepción social existente ante los eventos ambientales y la consideración del entorno urbano. 

 

Algunas distinciones fundamentales para empezar…

 

Educación informal es aquella que nos “forma” (o educa) desde los medios masivos de comunicación e información (TV, radio, Internet) y, está presente también en las relaciones sociales, en el “boca en boca”. La educación de tipo no formal, hace alusión a aquella “instrucción-formación” que podemos adquirir a través de cursos específicos realizados en los distintos niveles de educación.  En cambio, la  educación formal, la que nos interesa en esta oportunidad, es la que percibimos en todas las instituciones de educación privada y pública que componen al sistema educativo nacional en sus diferentes niveles. Esta breve introducción conceptual nos servirá para saber de qué tipo de formación ambiental estamos hablando.

Una segunda consideración a tener en cuenta es que medio y ambiente son sinónimos, por ende hablar de medio ambiente suena redundante para varios autores. Si bien lo sabemos, aquí no se hará distinción.

 

El día en que comenzamos a preocuparnos por el medio…

 

No es sorprendente que los contenidos conceptuales que se trabajan hoy día en la educación formal, sean incomparables con los que se trataban años atrás. Si nos remontamos al menos unas décadas, y analizamos las currículas enviadas por la nación, veremos que las temáticas ambientales no existían; o no tenían el privilegio que gozan actualmente.  Pero, ¿esta preocupación medioambiental, desde la esfera del poder -para con la educación- es en todos casos “transparente”?

El economista y estadista español José Manuel Naredo (2001) sostiene que “se trata de tranquilizar a la población con políticas de imagen verde, en las que todo tiende a calificarse de “ecológico” y “sostenible”, ocultando o banalizando las contradicciones y daños ocasionados, sin necesidad de cambiar los criterios de gestión, ni los patrones de comportamiento de quienes lo originan[1].

Cita textual disparadora si las hay. Palabras interesantes y explosivas a la vez. Pero, ¿qué grado de veracidad tienen? o ¿en qué “parte” coincide usted, y en cuál no?  Naredo no escribió esto con una finalidad pedagógica, pero podemos adaptarla y pensar en consecuencia.

El ambiente es un concepto que surge desde un posicionamiento “externo y negativo” para con la racionalidad social dominante. “Externo y negativo” porque para la clase industrial capitalista, los daños que generan en el ambiente son considerados externalidades negativas. Esta categoría hace alusión a los efectos colaterales no deseados de la actividad económica, fundamentalmente industrial. Estas “secuelas” no tienen precio en el mercado y son “externas” porque una vez que el daño está causado ya no tiene dueño ni responsable, y pasa a ser externo al mercado.

 

¿Y si no alcanzábamos el millón de firmas?

 

La Secretaria de Medio Ambiente de la Nación, Romina Piccolotti, hizo alusión en una entrevista (realizada en TN Ecología), que la “Ley de Bosques” fue posible gracias a la labor de los diputados de Frente para La Victoria (oficialismo), de los trabajadores de la Secretaría de Medio Ambiente y de “la gente”, resaltando secundariamente especialmente la labor de la ONG ambientalista “Greenpeace” en la recolección, ni más ni menos, de más de un millón de firmas.  Ahora, pensemos; si no se hubiera “alcanzado” el millón de firmas: ¿la “Ley de Bosques” sería una realidad?

 

¿Qué trabajar en las aulas? Temas que no debemos dejar pasar…

 

Lo que creo propicio, luego de una determinación como esta (aprobación de la ley), es  trabajar en las aulas lo ocurrido en la provincia de Salta, entre tantos ejemplos. Lo ocurrido en esa provincia del NOA (noroeste argentino) es sumamente particular y hace alusión a la venta de reserva natural; área que, a través del gobierno provincial, con el consenso del nacional, fue desafectada como reserva y así se hizo posible su vergonzosa venta. Al ser desafectada, perdió la calidad de reserva natural provincial. La intención es la siembra de soja en estas tierras.

Sería interesante con esta temática tratar desde las ciencias sociales la re-localización sufrida, de un lado al otro, de los grupos originarios Wichis que habitaban esos terrenos (de generación en generación, formando parte de la reserva provincial), y aprovechar (pedagógicamente, a través de múltiples recursos didácticos) todos los agentes sociales intervinientes, con sus respectivos intereses. 

Existen innumerables ejemplos de este tipo de casos a nivel país, pero éste sería de gran aprovechamiento educativo en las aulas, precisamente porque se ven los diferentes roles que adquieren los agentes sociales, en función de sus propios intereses; tanto los científicos (pertenecientes a la Universidad Nacional de Salta) como los gobernantes (a nivel municipal, provincial y nacional) los pobladores originarios (Wichis) y las ONG ambientalistas (Greenpeace, Fundación Vida Silvestre y otras).  Y como si esto fuera poco, lo interesante y lo que no debemos dejar pasar, es que ¡se trata de la venta de una (ex)reserva natural provincial para sembrar soja!

Quizás el error sea trabajar con los “logros” de la Ley de Bosques, quedándonos allí; sin interpelar sus virtudes y defectos. “Virtudes sociales”, por alcanzarla a través de la recolección de firmas y, “defectos” en cuanto a lo que esconde la tratativa de la ley, ya que no existen prácticas neutrales y desinteresadas; mucho menos proviniendo desde los ejes de poder y decisión. ¿Cuánto tiempo tendrá vigencia esta ley? ¿Hasta qué “punto” tendrá un efecto benéfico en el territorio?

 

¿Cómo hacemos para CREAR el ambiente? ¿En todo momento hay que PRESERVARLO?

 

Existe una concepción errónea de creer que el medio ambiente es sinónimo de naturaleza.  El medio es todo aquello que nos rodea, e incluye lo físico-natural sin discriminar las construcciones humano-sociales. El campo, la ciudad y un parque nacional son, indistintamente, constituyentes del medio ambiente; o mejor dicho, de tres ambientes distintos si su ubicación es alejada uno de otro. Pero el simple hecho de decir “es todo aquello que nos rodea” también es en cierto grado erróneo, porque ¿quién dijo que no somos parte de ese “todo”? ¿Quién dice que yo no soy parte del ambiente de mi vecino?

Fundamentalmente esto quiere decir que nosotros también somos parte de “ese todo”  llamado ambiente. De esa concepción errónea de considerar al ambiente como sinónimo de naturaleza, en sentido estricto, podemos “cargar” durante años, errores en la terminología utilizada. “Conservar” el medio. Nada más desagradable que esa frase. Esconde tácitamente muchísimo significado. Una villa de emergencia también es el medio para aquellos que la habitan. ¿Creen ustedes que sería propicio “conservarla”? Esta realidad nos está indicando que en varias situaciones ambientales debemos bregar por el cambio, la reconstrucción, y la mejora de esos espacios.

¿Cuántas veces oímos que hay que “conservar el medio”? ¿En cuántas oportunidades oímos la afirmación “protejamos nuestro ambiente“? Reflexionemos. ¿Es éticamente lógico que preservemos una villa miseria, un asentamiento poblacional espontáneo en condiciones indignas de habitación o un sector urbano altamente contaminado por “x” causa? Me interpelo estas cuestiones porque los tres ejemplos anteriormente enunciados son parte del medio y, son el medio, valga la redundancia, de aquellos que la habitan.

Si debo pensar cuál es el principal problema medioambiental a nivel mundial, no lo dudo; es la pobreza y la marginación.  Distinto es, si me interrogo cuál es el principal problema de contaminación; allí pensaré, por ejemplo, en el calentamiento global, en el agujero de la capa de ozono, la lluvia ácida, etc. ¿Se logra percatar la diferencia? A los primeros los catalogamos como “problemas medioambientales” y a los segundos específicamente como problemas de “contaminación”, que no estarían excluidos tampoco de los medioambientales.

Dentro de la ciencia geográfica, la corriente de pensamiento radical (también conocida como crítica y neomarxista) nos presenta, en los últimos años un enfoque llamado “Geografía del Bienestar” cuya preocupación más importante es la calidad de vida de las sociedades. Borja y Castells[2], dos científicos preocupados por la realidad actual del urbanismo, establecen que “la combinación de crisis y reestructuración económica, urbanización acelerada y desintegración familiar ha creado un fenómeno masivo de trabajo infantil en el mundo, así como de millones de niños que viven en las calles, parcialmente o a tiempo completo. Aunque estos distintos fenómenos no son equivalentes, juntos configuran un panorama de creciente infantilización de la pobreza urbana que constituye tal vez la mayor negación de la noción de progreso en una economía global segregante”. Los autores encuentran perspicaces palabras para hacer alusión a un fenómeno mundial como es la pobreza y, dentro de ésta, la “infantilización” de este fenómeno. ¿Acaso esto no pertenece al medio ambiente urbano? ¿Acaso no somos especies que habitan un ecosistema urbano la mayor parte de sus días? ¿y qué hacemos con ese paisaje? ¿Lo conservamos o comenzamos  a bregar por el cambio y la transformación de esta realidad ambiental?

Investigadores chilenos[3] sostienen que “el patrón de segregación residencial de las ciudades chilenas se está transformando en dos sentidos principales: está cambiando su escala geográfica y está aumentando su malignidad. Estos cambios parecen estar afectando a la mayoría de las ciudades latinoamericanas. Están vinculados con las políticas de liberalización de los mercados de suelo (especulación económica en el espacio de residencia) y con los procesos de globalización económica y cultural de las últimas décadas.” Esto también ocurre en nuestro país y en nuestra ciudad. Pensemos en el crecimiento demográfico-espacial desorganizado, manifiesto en asentamientos espaciales espontáneos que muestran ciertos sectores  de nuestra ciudad, y por otro lado (antagónicamente) la construcción y  planeamiento de barrios privados.

 

¿Dónde y cuándo surgen los conceptos que utilizamos cotidianamente?

 

El sociólogo australiano Franz J. Broswinmmer (2005)[4], en su obra “Ecocidio…”, sostiene que “históricamente, la educación ambiental aparece, en primer lugar, en el momento en que la ecología se convierte en una rama beneficiosa de las industrias secundarias en el marco del capitalismo global y, en segundo lugar, cuando las sociedades modernas se ven enfrentadas por vez primera a la posibilidad de autoaniquilación.” Me detendré en el primer aspecto ya que, inevitablemente, provoca una reflexión interesante que hasta el momento “la había dejado pasar”. Es necesario tener muy presente que todo concepto es histórico y, como “histórico”, está indicando que surgió en un contexto determinado, influido por éste. Ese marco histórico que “ve parir y crea a la vez” un nuevo concepto, va a condicionarlo al punto que influye en la  forma de ver el problema (por el cual surge el nuevo concepto) y de resolverlo también. El medio ambiente, como categoría conceptual, surge a fines de la década del ’60, principios de los ’70. Ese contexto particular va a determinar en gran medida la forma de ver el problema medioambiental, que comenzaba a denunciarse socialmente y, como acordamos anteriormente, la forma de resolverlo también.

“El Club de Roma” (grupo de capitalistas y banqueros mundiales), un día como cualquier otro, le pide al Instituto de Massachussets que elabore un informe sobre el estado de situación de desarrollo de los diversos países para, a partir del mismo, tomar medidas al respecto. Los resultados de ese informe manifestaron que necesario era disminuir el crecimiento  y  controlar la natalidad.  Un interrogante para pensar, ¿es la superpoblación causa o consecuencia del medio ambiente?

En otras palabras, recordando lo que ya expusimos sobre la inexistencia de prácticas neutrales y transparentes, lo que el “Club de Roma” hace es pedir un informe para criticar al capitalismo desde el capitalismo mismo. Es decir, una crítica capitalista al capitalismo. Algo así como ¿qué hay que cambiar para que nada cambie? y el sistema se perpetúe en el tiempo.

 

El lenguaje de los “expertos” internacionales: ¿a quién le sirve?

 

Galeano (1994)[5] sostiene que varios discursos están desarrollados desde el “lenguaje de los expertos internacionales” y podemos aplicar esto tranquilamente a las políticas ambientales y sus respectivos discursos. Ese lenguaje del que habla Galeano, es la forma de expresar ideas que no expresan nada, mucho menos ideas, porque no tienen nada que expresar.

Existen innumerables expertos que con “lenguaje incomprensible” dan discursos, o redactan “pactos”, exponiendo futuras medidas medioambientales a concretar. ¿A quién le sirve esto? Con ese nefasto lenguaje, acompañado de la incomprensibilidad del mismo, “dejamos pasar” varias cosas y después nos arrepentimos profundamente. Interpelar “mensajes vacíos” es una metodología que hay que trabajarla desde la educación formal, en las aulas,  incluso es probable que se obtenga mayor inquietud por parte del educando con esta forma de desarrollar el proceso de enseñanza-aprendizaje.

 

Fuerzas externas penetrando en el espacio nacional.  El caso de la Soja.

 

Los cambios geo-políticos, en el actual contexto capitalista neoliberal, impactan de manera directa en el “ambiente” nacional e internacional. El contexto mundial condiciona nuestro espacio geográfico argentino, como les ocurre a otros tantos. Sin ir más lejos pensemos en la soja. ¿Qué necesita el comercio internacional, o los grandes bloques económicos como la Comunidad Europea? Soja; entonces ¿qué sembramos? ¡Soja! 

Estamos presenciando como espacios internacionales poderosos y ricos están condicionando nuestra organización y ordenamiento territorial de país subdesarrollado.  ¿Cómo puede ser que en nuestro país se esté llevando a cabo (utilizo el verbo en presente, más allá de la reciente legislación) la deforestación de bosques y montes autóctonos para sembrar soja? Evidentemente no sólo nos deberían preocupar los daños ambientales, sino también la pérdida de la soberanía alimentaria. El país se caracteriza actualmente por la cantidad exportada, pero antes, mucho más importante era la diversidad y calidad exportada.

El desmonte de vegetación natural y autóctona no sólo detenta contra los elementos vivos de los  ecosistemas, sino contra los elementos abióticos también. La pérdida de suelo es un ejemplo.  

El Dr. Raúl Montenegro (biólogo) en el marco de las “1eras Jornadas Nacionales de Ecología y Fauna”, llevadas a cabo el mes de agosto en la Universidad Nacional de Río Cuarto, afirmó que uno de los principales recaudos a tener en cuenta para la conservación de suelos es impedir el desmonte total; su propuesta es conservar “islotes” de vegetación natural en los campos de cultivo, distribuidos éstos de modo homogéneo y uniforme, ya que esa vegetación natural es indispensable en el proceso de formación y re-generación de suelos. Pero… ¿cabe en la “mente-capitalista” (cuya lógica es acumular y acrecentar ganancias) dejar espacios de vegetación natural, cuando los mismos se podrían estar aprovechando para el cultivo de soja?

 

La soja, ¡qué tema!

 

Lo primero que podemos aclarar es que esta oleaginosa no es mala. La soja, por sí misma, “no tiene maldad”. La “maldad” está en el monocultivo de esta oleaginosa.  Cualquier grano producido por monocultivo genera desgaste de suelos, tan sencillamente porque estamos hablando de una misma semilla que exige lo mismo al suelo, una temporada tras otra. Peor aún si pensamos en la soja, que al ser oleaginosa (de la cual se producirán aceites) “exige mucho más” al suelo, que otro tipo de grano.

Uno de los primeros en afirmar la peligrosidad del monocultivo, en nuestro país, fue Belgrano. Actualmente numerosas publicaciones lo reafirman, pero todavía no se ha aprehendido con conciencia social. Tranquilamente Malthus podría plantearse ¿qué ocurrirá cuando los suelos ya no produzcan lo que deberían producir, y los agroquímicos no actúen como deberían actuar?

¿Qué planteaba Malthus? Su preocupación estaba centrada en el crecimiento desigual de la población y los recursos (y por ende la capacidad de reproducción y regeneración de estos últimos). Establecía que la población crecía “geométricamente” (algo así como 2, 4, 8, 16, 32…) y los recursos “aritméticamente” (2, 4, 6, 8, 10…) y en algún momento se alcanzaría “el desencuentro” entre el crecimiento desmesurado de la población, y los ciclos naturales. ¿Qué solución planteaba Malthus? Ninguna, pero sostenía algo muy particular; que las epidemias, las guerras, los desastres “naturales”, serían los factores de forzamiento que regularían la “sobreabundancia” de población. En realidad, la teoría de Malthus no deja de ser interesante, pero sí parcializada, ya que el responsable de los “daños medioambientales” actuales no ha sido la población mundial, sino la industrialización. ¿Qué quiero decir con esto? Que una persona (agente social) puede tener más poder (o mayor capacidad) a la hora de modificar el medio (por ejemplo, el propietario de una multinacional que explota la minería a cielo abierto al norte de Córdoba), que toda la población de la provincia. Entonces, eso de qué “todos somos culpables” no es cierto, ni lo podemos permitir. No todos somos culpables; sí responsables en distinto grado, pero no culpables.

 

Volviendo a Malthus, pienso en los actuales informes medioambientales que escriben los diferentes países. Muestran una tendencia a estar impregnados de un neo-malthusianismo mal interpretado. Una de las medidas que todos los informes manifiestan está en relación con las políticas demográficas, que en ciertos casos no son “desubicadas”. Lo desubicado es denominar a estas medidas como neo-malthusianas, ya que en le época de este pensador, no existían siquiera los métodos anticonceptivos.  Hizo una teoría prospectiva (tendencia), que aún no sabemos si se cumplirá o no, lo que sí sabemos es que una problemática actual es la distribución y re-distribución esos recursos; y no sólo la abundancia de población.

 

Educación ambiental…

Parte integral de la formación ética y ciudadana

 

Siguiendo a Seferche podemos considerar la educación ambiental como “un proceso de formación y concientización dirigido a todos los niveles y estratos sociales.  En un concepto más amplio sería la concientización social de los problemas ambientales y en esa labor deben intervenir tanto las escuelas como las familias, la administración pública y en general todo el entorno social. La educación ambiental implica la responsabilidad personal del hombre y su participación colectiva”. Esta concepción, entre tantas otras similares, deberíamos “mecharla”  (en lo que respecta a la labor educativa) con lo que suele conocerse como Pedagogía activa, “que pretende sustituir la contemplación idílica de la naturaleza por una opción comprometida con el entorno” (Tricart et al, 1982)[6] . “Es importante crear en los alumnos la idea de que ya sea como trabajadores, gerentes o miembros de la sociedad, deberán estar preparados para participar activamente en las decisiones que competen al territorio y que, indudablemente afectarán sus vidas” (Durán y otros. 1993)[7] .



[1] NAREDO, JM. 2001. Economía y Sostenibilidad. La economía ecológica en perspectiva. En: Polis, Revista de la Universidad Bolivariana, año/volumen: 1,nº 2. Universidad Bolivariana. Chile.

[2] Borja, J. Castells, M. Local y global. La gestión de las ciudades en la era de la información. Taurus pensamiento.

[3] SABATINI, Francisco; CÁSERES, Gonzalo; y CERDA, Jorge. (2007). Segregación residencial en las principales ciudades chilenas: Tendencias de las tres últimas décadas y posibles cursos de acción. Pontificia Universidad Católica de Chile. Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos. Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales. En: EURE (Santiago) ISSN 0250-7161 versión impresa.

 

[4] BROSWINMMER, Franz J. 2005. Ecocidio. Breve historia de la extinción en masa de las especies. Ed. Laetoli S.L; Océano. Pamplona, España.

[5] Galeano, E. 1994. Úselo y Tírelo. Ed. Planeta Argentina. Buenos Aires, Argentina.

[6] En: DURÁN, D. y otros. 1993.  Los cambios mundiales y la enseñanza de la Geografía. Ed. Troquel. Buenos Aires.

[7] DURÁN, D. y otros. 1993.  Los cambios mundiales y la enseñanza de la Geografía. Ed. Troquel. Buenos Aires.