LA ARGENTINA ¿UN PAÍS DE CENTRO Y PERIFERIA?

Por Daniel Garza


danielgarza@argentina.com

“(…) América Latina, la región de las venas abiertas.

Desde el descubrimiento hasta nuestros días (…)”

Eduardo Galeano.

 

Como para empezar

 

Desde el Siglo XV, el proceso de colonización, respondiendo al mercantilismo; las tierras latinoamericanas se brindaron y fueron funcionales a las necesidades impuestas por los países más poderosos. En un principio Europa occidental encabezaba el ranking de aquéllos.

 

Los agentes económicos, representantes del sistema capitalista nos han sorprendido a través de la historia, modificado sus “caretas” con diversos rótulos. Primero aparecen en escena como Mercantilistas, luego como Fisiócratas, posteriormente aparecen los pensadores Clásicos (liberales) y, como era de esperar en todo movimiento importante resurgen los “neo”, y así aparecen los Neoclásicos (y neoliberales)  y, por último, el keynesianismo.

 

Ahora interroguémonos: ¿en algún momento dejamos de ser funcionales a ellos?

 

Lo que se propone este texto es describir-explicar brevemente qué ocurrió y qué hicimos desde 1880, aproximadamente, cuando comenzamos a llamarnos orgullosamente el “granero del mundo”…

 

¿Cómo improntó espacialmente el pensamiento liberal en la conformación básica del agro moderno argentino?

 

Fundamentalmente hasta la década de 1870 se produce un crecimiento de la economía agropecuaria basado en exportaciones de cuero, tasajo, cebo y lanas, que permitió la integración del litoral argentino al comercio internacional de la época.

 

En 1913 “la exportaciones argentinas eran de lejos las primeras de América Latina”, aseguran BARSKY y GELMAN (2001)1.  El salto fue precisamente entre 1870 y 1913.  El dato es aún más contundente dado que en ese mismo período la Argentina recibe, poblacionalmente hablando, grandes masas de inmigrantes. 

 

Teníamos indicadores favorables que manifestaban claramente que la Argentina estaba en un primer lugar respecto a los demás países de la región latinoamericana. El monto de las exportaciones, la gran diversidad de productos,  los mercados a los que llegaba, el encabezar el “desarrollo” de los ferrocarriles (tanto en número absoluto, como en relación con los kilómetros de vías per cápita), los depósitos bancarios y la inversión de extranjera directa.  Entre 1870 y 1913, la Argentina fue el país con mayor crecimiento de su PBI (producto bruto interno) per cápita a nivel mundial” (BARSKY. GELMAN. 2001:140).

 

La producción agropecuaria de la región pampeana, además de cubrir gran parte de la demanda interna de alimentos básicos generaba gigantescos volúmenes de excedentes exportables que servían de contrapeso, a las también significativas importaciones, las cuales permitían o hacían posible, el crecimiento de una población en continuo aumento.

 

Por su puesto que las fuerzas externas (intereses internacionales) condicionaban, y de hecho, propulsaban nuestra evolución en la economía e, indudablemente, configuraban nuestro espacio y territorio. Hacia mediados del Siglo XIX, cuatro países eran los que se destacaban internacionalmente como los de mayor poderío alcanzado: Gran Bretaña, Francia, Alemania, y Estados Unidos. “El continuo crecimiento de sus economías hizo un factor decisivo en el comercio exterior de América Latina” (BARSKY. GELMAN. 2001:140).

 

La población europea estaba creciendo a pasos agigantados (producto del progreso en la higiene, sanidad y, la evolución de la ciencia médica y biológica), lo que generaba que las exportaciones latinoamericanas se expandieran en mayor nivel que las importaciones mundiales en ese período. Acelerados procesos de urbanización y de desarrollo industrial tuvieron mucha influencia y llevaron a “eliminar las trabas proteccionistas favorables a la agricultura” (BARSKY. GELMAN. 2001:141).

 

La configuración actual del agro pampeano: ¿a qué responde?

 

La organización espacial del agro pampeano desde 1880, aproximadamente, hasta la actualidad responde a un modelo cuyos intereses son funcionales a los países centrales. Nosotros, obviamente representaríamos uno más de los periféricos, no hace falta ahondar demasiado al respecto.

 

Desde el período indicado precedentemente, la Argentina, se introduce en un sistema de relaciones internacionales, conocida como Distribución Internacional del Trabajo (DIT) donde nuestra función es (y era) exportar materias primas (fundamentalmente carnes y cereales) e importar productos manufacturados, con alto valor agregado. Allí está la trampa estratégica de los países centrales, compran materias de bajo valor, pero nos venden productos de alto valor. Económicamente hablando esto se titula como ventajas comparativas. Orgullosos de ingresar al sistema internacional, no comprendíamos que estábamos consolidándonos como país periférico y puramente dependiente de los centrales, a tal punto de generar una situación estructural (y crónica) muy difícil o imposible, de cambiar.

 

Esta organización nacional del territorio, anteriormente descrita, configuró una región que se singulariza y particulariza, respecto a las “restantes”. Un indicador de esta distinción regional pampeana es (o fue, antes del proceso de privatizaciones) la red de comunicaciones en “embudo” hacia el puerto de Buenos Aires, cuya mayor densidad de vías, rutas y caminos era superior en esta región e iba decreciendo notablemente hacia el norte, oeste y sur del territorio nacional, a medida que descendían las características naturales óptimas para la explotación del suelo. 

 

Esto significa que la región pampeana gozaba, y goza, de una mayor accesibilidad y conectividad interna; y las otras,  manifestando  situaciones territoriales postergadas, donde sólo se extendía (y se extiende) alguna arteria de comunicación, en el caso de la presencia de recursos interesantes, protagonistas éstos de economías regionales; como por ejemplo los ingenios azucareros en el noroeste argentino (NOA), o la yerba mate en el noreste argentino (NEA).

 

Esta realidad, fácilmente observable, hizo que se comenzara a concebir una GRAN REGIÓN PAMPEANA (materializándose en una mayor conveniencia de inversión) y un conjunto de REGIONES EXTRAPAMPEANAS (NEA; NOA; CUYO y PATAGONIA), en un plano secundario.

 

El sistema capitalista impone fuerzas externas con la intención de organizar nuestro espacio (preponderantemente el pampeano) en función de sus propios intereses externos… ¿Interés de quién? De los países centrales, que son la materialización y los agentes dominantes del sistema. Y… ¿cómo se materializan esas fuerzas externas? Uno de los tantos ejemplos  es el proceso de sojización, donde se destaca que ellos, los centrales, nos imponen qué sembrar de acuerdo a sus necesidades (algo así como una especie de producción natural impuesta). ¿Y las nuestras? ¿Nuestras necesidades?

 

Evidentemente las debemos satisfacer comprando materias primas que ya no producimos en nuestro territorio, a altísimas cotizaciones; mientras que lo gracioso de todo esto es que años atrás nos caracterizábamos por la diversidad de exportación, no sólo por la cantidad.  Este sistema perverso es tan estratega que no sólo nos impone qué sembrar en nuestros campos, sino que además nos vende el paquete tecnológico (desde la maquinaria, pasando por los plaguicidas y herbicidas; en fin todo tipo de agroquímicos, hasta las semillas transgénicas mismas). Esto, no es más ni menos, que los medios de producción (término marxista, por cierto) impuestos desde el exterior.

Es evidente que el proceso evolutivo de organización de nuestro espacio nacional respondió siempre a intereses internacionales, desde la época de la colonia hasta la actualidad.

Ahora: ¿saldremos algún día de esta situación de país periférico dependiente?

 

Notas

 

 

(1)   BARSKY, O. GELMAN, J. 2001. Historia del Agro Argentino.  Desde la conquista hasta fines del siglo XX. Ed. Grijalbo Mondadori. Buenos Aires. Pág.139. 

 

Lectura recomendada:

“Las venas abiertas de América Latina” del escritor uruguayo Eduardo Galeano.