BIOMETEOROLOGÍA Y CALENTAMIENTO GLOBAL


DANIEL GARZA

Hace ya algunos años se comenzó a investigar la influencia del estado atmosférico sobre la salud humana. Por extraño que parezca, estos estudios se han ido sistematizando y formalizando, logrando así, un reconocimiento considerable de la comunidad científica a la temática de la biometeorología.

 

A modo de introducción en el tema

 

Tiempo vs. Clima

 

En la cotidianeidad utilizamos indistintamente términos para hacer referencia al estado de la atmósfera como si los mismos fueran sinónimos. Es normal oír  el clima de hoy es agradable”, o por el contrario, “el clima de esta tarde es inaguantable”. Nos vemos en la obligación de distinguir conceptualmente qué se entiende, o mejor dicho, qué deberíamos entender por “tiempo” y “clima”.

Podemos decir, sencillamente, que el tiempo es el estado de la atmósfera. ¿Qué entendemos por “estado de la atmósfera”? Cuando expresamos con términos corrientes, por ejemplo, que “el día está caluroso, pesado, húmedo o agradable”; estamos haciendo alusión al tiempo (técnicamente llamado tiempo meteorológico), es decir, el estado momentáneo de la atmósfera.

¿Por qué no relacionar, para clarificar el panorama, el tiempo meteorológico con una especie de “instantánea fotográfica” de la atmósfera? Esto quiere decir que, en un mismo día puedo percibir varias instantáneas de la atmósfera. Evidentemente, por lo que acabamos de decir, podemos distinguir varios tipos de tiempo meteorológicos en un mismo día y, por su puesto, en un mismo lugar. Podemos pasar de un calor agobiante con baja presión atmosférica (entendida ésta  última como el peso relativo de la atmósfera sobre nuestras cabezas) a un tipo de tiempo templado con brisas refrescantes, producto de la llegada de un frente frío procedente del sur o suroeste, que generan en la mayoría de los casos de nuestra región, lluvias copiosas como un tipo de tiempo intermedio. Pero también podemos encontrarnos con jornadas que manifiestan un único tipo de tiempo; por ejemplo, esos días otoñales de alta presión atmosférica localizada en el lugar, inexistencia de vientos, fuerte insolación, cielo “limpio” bien azulado y agradable temperatura; más conocido como tipo de tiempo anticiclónico, preponderantes después del pasaje de un frente frío.

Bien, ahora para sintetizar, sostenemos que el tiempo meteorológico (objeto de estudio de la meteorología) expresa la vinculación momentánea entre los principales elementos meteorológicos de la atmósfera; éstos son: temperatura, presión atmosférica, precipitaciones y  humedad.   

 

El clima (objeto de estudio de la climatología), por el contrario, es una síntesis del estado promedio de la atmósfera (tipos de tiempo) en no menos de 30 años (parámetro éste establecido por el Servicio Meteorológico Nacional -SMN-).

El concepto antes expuesto, nos está indicando que es imposible decir que “tal lugar tiene tal clima” si no se realizó un estudio estadístico exhaustivo de los tipos de tiempo meteorológicos del lugar, mínimamente a través de 30 años consecutivos.

 

Por su puesto, mucho peor es decir “el clima de hoy es caluroso”, en todo caso correspondería decir, “el tiempo de hoy es caluroso”.

Gran parte de la responsabilidad de la incorrecta utilización de estos términos anteriormente enunciados y explicados, se debe a los medios masivos de comunicación de todo tipo; gráficos, radiales, televisivos, y otros.

 

Pero, ¿qué entendemos por biometeorología?

 

La biometeorología es una disciplina que se encarga del estudio del impacto del tiempo meteorológico o estado de la atmósfera y del clima en la salud humana y en otros seres vivos. Algunos de estos estudios se relacionan con la meteorología, como por ejemplo; el estudio de los daños que puede ocasionar una ola de calor si no tomamos los recaudos necesarios. Y otras investigaciones se relacionan con la climatología, ya que no se basan en un tipo de tiempo, sino en una “realidad” atmosférica a largo plazo, como por ejemplo; la radiación ultravioleta sobre nuestra piel y el impacto que ésta puede generar.

En síntesis, la biometeorología es un cuerpo de conocimientos que crece día a día (como cualquier otra ciencia, al no faltarle nada para ser considerada como tal) que considera la relación entre la meteorología, la climatología, la biología y las ciencias médicas; fundamentando su existencia en que la atmósfera, “esa envoltura gaseosa” de la Tierra, genera modificaciones fisiológicas y psicológicas en los seres vivos y deben ser estudiadas.  También se interesa por el impacto que puedan recibir los animales y vegetales constituyentes de ecosistemas ambientales.

 

Meteorosensibilidad

 

La meteorosensibilidad (también conocida como “meteorotropismo”) puede ser considerada como una subdisciplina cuyo objeto de estudio son los cambios de ánimo y alteraciones físicas asociados a las condiciones de temperatura, humedad o presión atmosférica. Numerosos estudios revelan que el 50 % de la población global, en mayor o en menor medida, sufre alteraciones o son sensibles a estos cambios.   

 

Algunos hallazgos interesantes hasta el momento

 

Si bien tenemos la capacidad de adaptarnos y readaptarnos como especie; también existen malestares en el organismo que explican nuestra vulnerabilidad a variaciones extremas en ciertos patrones de temperatura, humedad o presión a los que estamos acostumbrados. Una alteración en esos patrones (o parámetros) hace que manifestemos irritabilidad, insomnio, malestar general, decaimiento, etc.

El hecho de que podamos readaptarnos, no significa que no padezcamos modificaciones en nuestro estado de salud o de ánimo. ¿Quién no sabe lo difícil que es “pasar” una ola de calor en condiciones aceptables? ¿Y en condiciones inaceptables?, mucho peor.

Lo cierto es que cada verano cuando nos “sorprende” una ola de calor, nos visita tras ella un “golpe de calor” (nombre con el que se reconoce las consecuencias físicas en los organismos vivos generadas por ese tipo de tiempo), caracterizado éste por deshidratación, fuerte dolor de cabeza, modificaciones en la presión arterial, infartos, cólicos renales, apendicitis  y malestar anímico provocado por el estrés térmico, entre otros efectos.

Por su puesto no podemos ser tan deterministas y considerar que este tipo de efectos en la salud se debe a un solo factor. En este tipo de estudios apuntamos a multiplicidades causantes, convergencia de causas o simplemente a muchos factores que convergen a un mismo efecto.  

En los países de latitudes medias, aumentan los casos de mortalidad relacionados con enfermedades respiratorias e infecciosas. También, aseguran los especialistas, que el frío por sí solo no provoca las enfermedades que estamos acostumbrados a “soportar” en invierno, como resfrío, gripe o bronquitis; sino que el enfriamiento del cuerpo reduce consigo la resistencia a las infecciones y es allí cuando las contraemos.

El tipo de tiempo frío, prolongado por una estación como es el invierno, genera también aumento en la presión arterial, por eso afecta sobre todo, a quienes tienen problemas circulatorios, propiciando así un sobreexigido trabajo al corazón con posibles manifestaciones en problemas cardíacos.

 

Unos datos históricos y actuales para no menospreciar

 

En los EEUU, durante la ola de calor del verano de 1988, el índice de homicidios aumentó 75 % (Confessore y Saldívar. 2006:2). Aunque parezca increíble, como dijimos precedentemente, no seamos “mono-causales” en nuestro análisis, evitemos ser totalmente crédulos imaginando que el calor, por sí solo, aumentó ese porcentaje a niveles tan altos. Pero sí pensemos que en condiciones atmosféricas tan singulares como son las olas de calor, no sólo se alteran los nervios de los trabajadores que se trasladan en días que es imposible circular, sino que la sociedad en general (sobre todo la población joven) tiende a consumir mucho más alcohol de lo acostumbrado, acompañándolo con drogas por aquellos que habitualmente lo hacen. Esto sí explicaría un poco más el aumento porcentual a través de actitudes violentas.

Otros estudios aseguran que el estrés térmico causado por fío o calor, puede potenciar el incremento de  accidentes de tránsito en un  20 %.

 

La mayoría de los datos expuestos precedentemente hacen alusión a tipos de tiempo meteorológicos (si bien dijimos que el tiempo meteorológico es el estado momentáneo de la atmósfera, no es anormal que una ola de calor o de frío pueda prolongarse hasta una semana; mientras que otro tipo de tiempo dure sólo unas horas), pero ¿qué pasa con situaciones meteorológicas a largo plazo, en “contextos climáticos” que superen los 30 años?

 

El calentamiento global (CG) sería a largo plazo, sino se manifiestan situaciones contrarias como un enfriamiento global, un proceso continuo de adaptaciones a situaciones similares a olas de calor “crónicas”, generalizadas e impactando sobretodo en las latitudes medias del globo. Ésta constituiría la tendencia de “tropicalización del clima global” que aseguran la mayoría de los investigadores. De hecho, certezas sobre las consecuencias y procesos a sucederse son escasas.

 

Otro estudio interesante, entre tantos existentes, se refiere de las consecuencias humanas generadas por el adelgazamiento de la capa de ozono. Entre los principales efectos hallamos: problemas en la piel (cáncer), cataratas en la vista humana y deficiencias generales en el sistema inmune.

 

Estos estudios, más de carácter prospectivos y a macro-escala, son quizás mucho más interesantes a analizar; pero lo cierto es que presentarlos aquí mismo se hace imposible por el “lugar” que merecen cada uno de ellos. 

 

Referencia bibliográfica

 

CONFESSORE, F. SALDÍVAR, M. (2006). Meteorología para todos. Ed. Planeta de Agostini. Buenos Aires.