Confluencias entre la Geografía y la Literatura en La Odisea
Lic. Diana Durán - Seminario de Humanidades - Doctorado en Geografía - Universidad del Salvador - diciembre de 2006.

Geografía y literatura

“(…) Cuentan que Ulises, harto de prodigios

Lloró de amor al divisar su Ítaca

Verde y humilde. El arte es esa Ítaca

De verde eternidad, no de prodigios (…).

 

Jorge Luis Borges. Arte poética. En “El hacedor” Obras completas. Emecé Editores. 1974. Buenos Aires

 

Existe una interrelación indudable entre las obras literarias y los entornos en los que acontecen las historias; por ejemplo: la meseta castellana y el Quijote, la estepa rusa y las obras de Tolstoi, los bosques meridionales de Chile y la poesía de Pablo Neruda, el paisaje de Yorkshire en Gran Bretaña y Cumbres Borrascosas de Bronte, la región pampeana y el Martín Fierro. La Geografía brinda una fuente de inspiración permanente para quien escribe y, a su vez, es substancial el papel que ha jugado y juega la Literatura en las descripciones y explicaciones geográficas.

 

Por otra parte, la Literatura construye geografías, hasta tal punto que nuestro conocimiento de los espacios geográficos se trama en innumerables ocasiones gracias a la Literatura.

 

Pero no hay duda que La Odisea de Homero[1] y el Mediterráneo constituyen el binomio primigenio de esta vinculación. Como señalara el geógrafo Federico Daus (1966:8) “(…) el saber geográfico nació con las primeras manifestaciones de la vida reflexiva del hombre y está protocolizado en los poemas homéricos”.

 

Atributos del espacio geográfico de La Odisea

 

A través de la lectura de La Odisea se identifican lugares, pueblos, culturas y paisajes geográficos del mar Mediterráneo y sus entornos. La relevancia de las particularidades geográficas de la obra -que se analizará en esta monografía-, se vincula con la Geografía Cultural en términos del contenido simbólico de los paisajes. Paul Claval explica que las civilizaciones históricas como la griega, “se basan en creencias religiosas o metafísicas fuertemente estructuradas. Dedican un tiempo para sacar provecho de ellas y expresarlas mediante una selva de símbolos ampliamente compartidos” (Claval, P. 1999:288) El paisaje se carga, entonces, de poder sobrenatural allí donde la divinidad se manifiesta, como en la Grecia y en la Roma antiguas.

En este orden de ideas, la región mediterránea es un espacio geográfico, geopolítico, socio-cultural, y simbólico extremadamente complejo. Su intricada historia, su riqueza cultural, su permanencia para antiguos y contemporáneos itinerarios lo transforman en un lugar simbólico único, pero también en un lugar real en toda su diversidad. Armonioso y caótico a la vez; siempre por definir, por delimitar, por resolver, por expandir, el Mediterráneo es: espacio de encuentros y de barreras infranqueables. Este es el escenario actual en el que se narraron, míticos o reales, los acontecimientos de una de las más grandes obras de la literatura universal: La Odisea.

 

Aquellos que han estudiado la geografía de La Odisea se interesan sobre todo por las fantásticas andanzas de Odiseo, o por ubicar sobre el mapa las tierras imaginarias o para algunos reales que el héroe visitó. El viento que provoca tempestades pero también es una suave brisa; las numerosas islas que son hitos centrales en el itinerario de Odiseo; el mar o ponto presente durante todo el poema; las tierras labradas o estériles según quien las habite; los sonidos de la naturaleza; los hermosos bosques de álamos; las altas y escarpadas costas recorridas; son algunos de los rasgos geográficos objeto de múltiples descripciones en el poema.

 

La cuestión de si se trata de una geografía real o mítica ha sido un tema analizado tanto por literatos como por geógrafos y otros especialistas desde la antigüedad hasta nuestros días.

 

Señala Luigi Pareti (1961:30) que “los poemas homéricos son ricos todavía en noticias de carácter geográfico, histórico, económico que en su mayor parte siguen constituyendo un campo inexplorado”. El mismo autor advierte con referencia a La Odisea que “(…) dicho poema forme parte de un ciclo análogo de poemas perdidos, los cuales, sobre la base común de viajes de aventuras por mar realizados por los griegos en su comercio más antiguos, por las más viejas expediciones de piratas y por los primeros intentos coloniales, habían sido redactados, centrándolos en figuras de héroes y en particular, de los que habían participado en las guerras en la Tróade”. (Pareti, L. 1961:11)

Los geógrafos han estudiado desde los tiempos antiguos –entre ellos, los griegos, padres putativos de la Geografía, como Eratóstenes y Estrabón-, el escenario territorial de la obra de Homero. Reviste importancia la consideración de ambos ya que la condición de Homero como geógrafo en la antigüedad es vista desde dos opiniones distintas. Una, lo considera como el padre de la geografía, y esta opinión es expresada por Estrabón –geógrafo viajero del siglo V-, quien lo usa como modelo para escribir su propia “Geográfica”. Otra, lo supone exponente de un parámetro dudoso de hacer geografía, y es criticado severamente por Eratóstenes –geógrafo matemático-.

En la actualidad, es la geografía cultural la que se dedica en profundidad a la obra de Homero en relación con los temas de identidad y sentido de pertenencia y el paisaje.

Los arqueólogos investigan –como los geógrafos a través de la cartografía-, los lugares por donde viajó el héroe homérico. Según los juicios de Bowra (1981) en esta obra, así como en la Ilíada, se encuentran numerosas referencias a los paisajes geográficos de Grecia: las radas protegidas de rocas, los jardines que dan frutos a lo largo de todo el año, las cuevas revestidas con los racimos vinosos. También el poeta hace referencia al correr del agua bajo el navío, el balar de las ovejas en la majada, el batir de la ola en el escollo, el rebotar de la piedra cuesta abajo.

 

La lectura de los distintos Cantos de La Odisea revela geografías reales, míticas, ficticias, posibles, fantásticas, verosímiles. Es, en suma, una vertiente inagotable de referencias espaciales que incitan a la imaginación y nutren el afán de explorar la obra para realizar un pequeño inventario –supera las posibilidades de esta monografía alguna otra meta más ambiciosa-, de las relaciones entre la Geografía mediterránea y la Literatura homérica.

 

Lo que puede resaltarse es que la Geografía en La Odisea, desde nuestro punto de vista, ya sea real o mítica; es un plano, un escenario, un telón –el espacio geográfico-, en el que se desenvuelven los personajes que muestran una profunda interacción con la naturaleza y con la patria como terruño. Pero también se puede argumentar que, de algún modo, “el espacio narra” en Homero.

 

Referencias a un catálogo geográfico único

En esta monografía se ensayará enumerar –en apretada síntesis-, y extraer algunas conclusiones sobre las particulares referencias geográficas al mar, los fenómenos meteorológicos, los distintos pueblos, los relieves, las costumbres, las costas, las tierras aradas o yermas y tantos otros paisajes naturales y humanos de la obra homérica.

La descripción que de sí mismo realiza Odiseo destaca su vinculación con el espacio geográfico. Dice, por ejemplo, en el Canto IX:

 

“Soy Odiseo Laertíada, tan conocido de los hombres por mis astucias de toda clase; y mi gloria llega hasta el cielo. Habito en Ítaca, que se ve a distancia: en ella está el monte Nérito, frondoso y espléndido como Duliquio, Same y la selvosa Zacinto. Ítaca no se eleva mucho sobre el mar, está situada la más remota hacia el Occidente (las restantes, algo apartadas, se inclinan hacia el Oriente y el Mediodía), es áspera pero buena criadora de mancebos; y no puedo hallar cosa alguna que sea más dulce que mi patria. ” (La Odisea. Canto IX: 108-109).

 

Odiseo describe de esta manera su isla natal y el amor profundo que profesa por su tierra en relación a su propia personalidad.

 

En el Canto I también se advierte la impronta en términos de la geografía humana particular y única de los relatos homéricos, cuando expresa:

 

Háblame, Musa, de aquel varón de multiforme ingenio que, después de destruir la sacra ciudad de Troya, anduvo peregrinando larguísimo tiempo, vio las poblaciones y conoció las costumbres de muchos hombres y padeció en su ánimo gran número de trabajos en su navegación por el ponto, en cuanto procuraba salvar su vida y la vuelta de sus compañeros a la patria”. (Homero. Canto I:5)

 

Los términos: ciudad, poblaciones, costumbres, hombres, mar, patria que enumera en el párrafo anterior son, sin duda, conceptos claves de la Geografía.

 

De la misma manera, el mar es una presencia permanente en La Odisea. Con múltiples y detallados adjetivos se le adjudican características al mar o ponto. Estéril, espumoso, divino, “el mar en peces abundoso”, profundísimo, agitado, alborotado. También al sinónimo más usado que es ponto se le agregan epítetos tales como vinoso, vasto, obscuro, anchuroso, sombrío, tenebroso, inmenso y undoso. 

 

En el Canto I, por ejemplo, se compara al mar con la guerra; tan desconocido y a la vez significativo era el llamado ponto.

 

“Ya en aquel tiempo los que habían podido escapar de una muerte horrorosa estaban en sus hogares, salvos de los peligros de la guerra y del mar…” (La Odisea. Canto I:5)

 

La diosa Atenea hace referencia a los padecimientos de Odiseo relacionados con la geografía cuando señala en el Canto I:

 

 “Pero se me parte el corazón a causa del prudente y desgraciado Odiseo, que, mucho tiempo ha, padece penas lejos de los suyos, en una isla azotada por las olas, en el centro del mar; isla poblada de árboles, en la cual tiene su mansión una diosa, la hija del terrible Atlante de aquel que conoce todas las profundidades del ponto y sostiene las grandes columnas que separan la tierra y el cielo”. (La Odisea. Canto I:6)

 

De esta manera la diosa describe la agresividad de la naturaleza que se abate sobre el héroe épico.

 

Y si el mar es importante, los fenómenos meteorológicos son –estrechamente ligados-, centrales en el itinerario de Odiseo en su regreso a Ítaca. Así por ejemplo, en el Canto III, Néstor le cuenta a Telémaco sobre su padre:

 

Luego, atravesando el vinoso ponto en las cóncavas naves, pudo llegar a toda prisa al elevado promontorio de Malea, y el largovidente Zeus hízole trabajoso el camino con enviarle vientos de sonoro soplo y olas hinchadas, enormes, que parecían montañas. Entonces el dios dispersó las naves y a algunas las llevó hasta Creta, donde habitaban los cidones, junto a las corrientes del Yárdano. (La Odisea. Canto III: 35)

 

El mismo Odiseo relata que:

 

 “Zeus, que amontona las nubes, suscitó contra los barcos el viento Bóreas y una tempestad deshecha, cubrió las nubes, la tierra y el ponto, y la noche cayó del cielo (…) Y habría llegado incólume a la tierra patria, si la corriente de las olas y el Bóreas, que me desviaron al doblar el cabo de Malea, no me hubieran obligado a vagar lejos de Citera. Desde allí dañosos vientos lleváronme nueve días por el ponto, abundante en peces (…) (La Odisea. Canto IX:109)

 

De esta manera sigue narrando Odiseo su llegada al país de los lotófagos en medio de las tempestades mediterráneas.

Las islas tienen una relevancia especial porque todo el itinerario que relata La Odisea se desarrolla en distintos espacios rodeados por el mar, desde la misma Ítaca pasando por la isla de los Lotófagos, la de los Cíclopes, la de los Lestrigones, la de la hechicera Circe, la de Calipso, entre otras.

Así por ejemplo, se expresa Menelao dirigiéndose a Telémaco:

 

 “Los dioses me habían detenido en Egipto, a pesar de mi anhelo de volver acá, por no haberles sacrificado hecatombes perfectas; que las deidades quieren que no se nos vayan de la memoria sus mandamientos. Hay en el alborotado ponto una isla, enfrente del Egipto, que la llaman Faro y se halla tan lejos de él cuanto puede andar en todo el día una cóncava embarcación si la empuja sonoro viento. Tiene la isla un puerto excelente para fondear, desde el cual echan al ponto las bien proporcionadas naves, después de hacer aguada en un manantial profundo. (La Odisea” Canto IV:49)

 

Las particularidades geográficas enunciadas constituyen una evidencia de la geografía cultural vertida en la obra de Homero que se ocupa de la relación entre paisaje e identidad, es decir, de las variadas formas en que un sistema de referencias geográficas -tales como ríos, lagos y montañas-, son significativas para darle su identidad a cada héroe, en el caso del poema épico en estudio, a Odiseo.

Y esa geografía cultural homérica se instala en el escenario del Mediterráneo pues que es la tierra de su autor. Según G. Kirk las pruebas internas que proporciona la obra épica de Homero demuestran que el poema fue compuesto en Jonia sobre la base de los materiales desarrollados por los aedas durante varias generaciones. El mismo autor señala, en comparación con la Ilíada que “La Odisea cuya acción transcurre en el oeste o en lugares lejanos e imaginarios, contiene naturalmente menos referencias vinculadas con el Egeo oriental. La explicación del viaje de Telémaco muestra algún conocimiento del Peloponeso, tal como el que podría provenir en gran medida de la época y tradiciones micénicas, pero las descripciones más especializadas –por ejemplo de la posición geográfica de Ítaca- parecen a menudo haber sido mal entendidas o desfiguradas durante la transmisión” (Kirk, G. 1968: 248-249) de la obra.

La Odisea como literatura de viajes

La Odisea concierne también a la Geografía en tanto es una literatura de viajes, cuestión de estrecha relación con el conocimiento territorial. Desde tiempos antiguos el viaje ha ejercido un encanto especial. La atracción por lo desconocido y el deseo de nuevos descubrimientos, despertaron la aventura de apropiarse del espacio circundante, a través de travesías y transformarlo en palabras que luego serían modeladas en un universo múltiple de obras literarias.

La literatura de viajes concibe a los desplazamientos como un valor en sí mismo, como una inquietud de atracción por los itinerarios que se han plasmado en epopeyas iniciales de la literatura universal -los relatos de viajes, tan influyentes también en la expansión del conocimiento geográfico de la ecúmene-; como La Odisea de Homero, obra primera en este campo. También se destacan en este orden: La Eneida de Virgilio, El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha de Cervantes, Los viajes de Gulliver de Swift, hasta llegar a modernas novelas como Moby Dick de Melville o En el camino de Jack Kerouac; o un “remake” de odiseas contemporáneas evidenciadas en poemas como "Itaka" de Konstantinos Kavafis o en los Viajes imaginarios de Javier Heraud, inspirados en la idea del caminar de Antonio Machado.

Pareti señala sobre este tema que La Odisea se respalda en “(…) los viajes de exploración, de comercio y de rapiña que, como en todas partes en la historia colonial griega, precedieron a los establecimientos coloniales en el Ponto Euxino, o sea, en el Mar Negro y en sus derivaciones; y no se refirieron hasta más tarde, en la forma actual, a los viajes de la misma índole que precedieron a la colonización de Sicilia, de la Magna Grecia y del África septentrional. Porque las aventuras de Ulises como se narran en la Odisea, pueden y deben relacionarse precisamente con los viajes coloniales y precoloniales que llevaron a la fundación de Maronea en Tracia (aventura de los Cicones), de Naucratis en Egipto, de Cirene y de sus antecesoras (aventura de los lotófagos), y de las colonias jónicas calcídeas en Sicilia (isla de las Cabras, Cíclopes, Escila y Caribdis, Trinacia) y en la Magna Grecia (islas Eolias, Cimerios de Cuma, Lestrígones, Circe)”. (Pareti. Op. cit.: 62-63)

El periplo realizado por Odiseo representa una muestra de la influencia del tema del viaje en la literatura. A pesar de que no pretende ser la descripción de un viaje real, éste puede ser de gran ayuda para entender la forma como el poeta antiguo construye la organización del espacio, y cómo esta organización atraviesa la descripción de Grecia.

El  mito de Odiseo a través del poema que narra su viaje,  como la generalidad de los mitos griegos, llega a nosotros a través de una obra literaria. En su caso, se trata de uno de los dos grandes monumentos –junto a la Ilíada- que permiten conocer la literatura y la cultura griegas.

En definitiva, y en relación a los viajes, La Odisea se configura sobre un viejo tema del cuento popular: el viajero por tierras remotas que vuelve al hogar después de mucho tiempo. La circunstancia de que el regreso se produzca por mar enlaza esta cuestión con el extenso inventario de aventuras propias de los relatos de marinos.

 

En los viajes de Odiseo se despliega entonces una geografía muy desconocida por el propio expositor. Los barcos del héroe son llevados más allá del mar Jónico. Todo es poco preciso, todo es muy vago –salvo algunos topónimos como Sicilia- y los intentos de recuperar ese itinerario son difíciles, así como los lugares son inciertos.

Pese a estas cuestiones, según nuestra perspectiva, la geografía tal y como está representada en La Odisea, en su calidad de fantástica, sirve de soporte para entender la geografía real e histórica. Se trata de una noción del espacio concebido tal y cómo está construido en los relatos de viajes.

 

El itinerario

 

Es difícil reconocer el itinerario de Odiseo durante la lectura del poema ya que el mismo, dividido en veinticuatro cantos, narra las peripecias vividas por el héroe -uno de los jefes aqueos- y sus compañeros durante su largo viaje por el Mediterráneo (viaje que debe llevarlos a Ítaca, patria de Odiseo) tras la caída de Troya. La composición de este poema es compleja para reconocer el viaje en su lectura por dos razones:


- La historia de los viajes del protagonista está narrada retrospectivamente.

- Al relato de las aventuras de Odiseo y de sus compañeros se superponen las aventuras de su hijo Telémaco, que ocupan los cuatro primeros cantos (constituyendo la Telemaquia).

 

El regreso de Odiseo a Ítaca constituye, entonces, el tema de la Odisea. Tras la toma de Troya, Odiseo se peleó con los otros jefes y siguió a Agamenón. Pero pronto fue separado de éste y abordó en Tracia, donde tomó y asoló la ciudad de Ismaros. Luego viajó hacia el sur, y, al cabo de varios días, abordó en el país de los Lotófagos, pueblo que se alimentaba de un fruto maravilloso, el loto, tan exquisito que quien lo probara no querría marcharse. Odiseo empleó la fuerza para arrancar a sus hombres de un lugar tan atractivo. Posteriormente, navegando hacia el norte, llegó a Sicilia, al país de los Cíclopes. Desembarcó con doce hombres, llevando una tinaja del vino de Marón. Entraron en la caverna del cíclope Polifemo, horrible gigante que no tenía más que un ojo en medio de la frente. Polifemo los encerró y quería devorarlos. Odiseo logró hacerle beber vino, lo que sumergió al monstruo en un profundo sueño en el que Odiseo aprovechó para enceguecerlo, y él y sus hombres pudieron escapar, disimulados bajo el vellón de los carneros del cíclope. Poseidón, padre de Polifemo, sintió a partir de ese hecho un gran odio contra Odiseo. Una vez que se escapó de los Cíclopes, Odiseo llegó a las islas de Eolo, señor de los vientos, que le dio un odre donde estaban encerrados todos los vientos, salvo una brisa favorable. Pero, aprovechando el sueño de Odiseo, sus compañeros abrieron el odre; se desencadenó la tempestad y les llevó a la isla de Eolo, que esta vez no quiso acogerles.

Odiseo volvió a partir, al azar. Con los lestrigones, un pueblo de antropófagos, perdió todos sus barcos, salvo uno, y en esa embarcación es donde llegó a la isla de Aea, donde vivía la maga Circe. Circe era hija del Sol y de la Oceánida Perseida. Vivía sola, con sirvientes, y transformaba en animales a todos los viajeros que llegaban a su palacio. Odiseo, sin saber lo que le esperaba, envió en exploración un grupo de marineros: la maga los recibió amablemente, y les dio de beber un brebaje encantado, transformándoles en distintos animales como lobos o perros. Odiseo, cuando no vio volver a sus compañeros, emprendió su búsqueda solo. En el bosque, Hermes le dio el secreto para escapar a los encantamientos de Circe: que echara en el brebaje una hierba, y la bruja estaría a su merced. Gracias a la planta mágica, Odiseo resistió a los encantamientos: sacó la espada y obligó a Circe a dar forma humana a sus amigos. Luego pasó con ella un largo tiempo, y le dio un hijo, Telégono. Al partir, recibió de Circe el consejo de ir a consultar al alma del adivino Tiresias, en el país de los Cimerios.

Tiresias revela a Odiseo el porvenir que le espera, y el héroe se vuelve a marchar, infatigablemente. Costea la isla de las Sirenas, monstruos medio mujeres, medio pájaro, hijas de la Musa Melpómene y del dios-río Aqueloo. Las Sirenas con su música, atraían a las naves, que se estrellaban en los escollos de la isla. Después, devoraban a los náufragos. Pero Circe había enseñado a Odiseo lo que debía hacer. Llenó de cera las orejas de los marineros, y se hizo atar al mástil del navío, pudiendo así atravesar el lugar peligroso. Después tuvo que afrontar a los dos monstruos -Caribdis y Escila-, que devoraban a los marineros y provocaban temibles remolinos. Luego abordó la isla de Trinacia, donde pacían bueyes blancos consagrados al Sol. Una larga calma retuvo en la isla a los compañeros de Odiseo más tiempo del que pensaban, y no pudieron menos, impulsados por el hambre, que matar un buey, durante el sueño de su jefe. El Sol fue a quejarse a Zeus. Cuando el barco volvió a partir, el dios envió una tempestad terrible, el barco zozobró y todo el mundo se ahogó, menos Odiseo, que, aferrado al mástil, fue arrastrado por la mar durante nueve días y nueve noches. El décimo día, llegó a la isla de Calipso, una ninfa que le retuvo varios años. Pero Atenea obtuvo de Zeus que enviase a Hermes a dar orden a Calipso de que dejara ir a Odiseo. Y así fue como, después de haber construido él mismo una balsa y conjurado una tempestad suscitada por Poseidón, llegó, agotado pero vivo, a la isla de los feacios.

Ya los viajes de Odiseo estaban casi terminados. Los feacios lo recibieron con bondad, y le dieron muchos regalos; luego, lo hicieron llevar hasta Ítaca. Pero le hacía falta reconquistar su reino, que estaba en manos de jóvenes príncipes pretendientes que, reunidos en torno a Penélope, y devorándolo todo en palacio, imponían su ley en Ítaca. Odiseo consiguió deslizarse en su casa, disfrazado de mendigo, sin que lo reconociesen más que por algunos hombres seguros. Con ocasión de un concurso de tiro con arco -que aconsejó a Penélope que organizara- aniquiló a los pretendientes, y pudo, por fin, recobrar su lugar.

Mapa interactivo del viaje de Ulises, Biblioteca Nacional de Francia (2007)

 

La Odisea y el concepto de terrae incognitae

 

El concepto terrae incognitae (tierra incógnita) es relevante en la Geografía como disciplina. Se refiere a una percepción imaginativa acerca de los fenómenos y lugares geográficos que el geógrafo desea interpretar.

 

Esta concepción se relaciona con la cultura griega en la medida en que se usaban los mitos (ficciones, leyendas, cuentos, narraciones, fantasías) para explicar fenómenos de la naturaleza, diferencias culturales, enemistades y amistades tradicionales; además, por supuesto, de las cuestiones referidas a la religiosidad. En el caso de este trabajo interesarán los mitos vinculados con los fenómenos naturales y lugares geográficos tan presentes en La Odisea. Bien señala un destacado mitólogo que la “mayoría de los mitos griegos fueron contados, y, por tanto, modificados, articulados, sistematizados por Hesíodo y Homero, por los rapsodas y mitógrafos”. El mismo autor aclara que tan sólo en Grecia “el mito inspiró y guió tanto la poesía épica, la tragedia y la comedia como las artes plásticas; pero asimismo es la cultura griega la única en la que se sometió al mito a un largo y penetrante análisis (…)” Mircea, E. (1991:17)

 

Por lo demás, existen tierras incógnitas personales, comunitarias y nacionales: hay tierras incógnitas atribuibles a distintas tradiciones culturales y civilizaciones; y también hay tierras incógnitas para la ciencia geográfica contemporánea. En tal sentido, los territorios de La Odisea siguen constituyendo tierras incógnitas en la Geografía de la actualidad. La terrae incognitae tanto en el sentido literal como más especialmente en el sentido figurativo es todo lo que reside escondido más allá de las fronteras del conocimiento geográfico. Lo desconocido estimula la imaginación para apelar a imágenes mentales que deben buscarse dentro de ella. No hay duda que la lectura de La Odisea evoca las distintas terrae incognitae que cualquier geógrafo pueda tener sobre el Mediterráneo, sobre Grecia y la relación entre el hombre y la naturaleza en tales entornos.

 

El geógrafo penetra los misterios de la terrae incognitae. Una concepción imaginativa es esencialmente una nueva visión, una nueva creación. En tal sentido, el geógrafo Wright explica que los “viajes hacia esas sombras se hizo tema favorito de poetas y cronistas: el mito de los argonautas y la Odisea, las leyendas de Sinbad y San Brandan (…) La terrae incognitae no carecía de contactos con el mundo conocido, y a lo largo de la mayor parte de la historia la conciencia de su presencia amenazadora debe haber provocado un sentimiento abismal bastante fantasioso.” (Wright, J. 1947:8)

 

Otro autor advierte que “el empeño por situar los escenarios de las aventuras de Odiseo en una geografía real es tan inútil como  buscar en un mapamundi la isla de Lilliput o el país de Brobdingnag mencionados en los Viajes de Gulliver. También hace referencia a que muy acertado estaba Eratóstenes cuando se burlaba ya de las especulaciones antiguas sobre la geografía de La Odisea al señalar: “Alguno descubrirá por dónde anduvo errante Odiseo cuando encuentre al curtidor que cosió el odre de los vientos de Eolo” (Bernabé, 2003:22) También arguye que Homero era probablemente un griego de Jonia y que es posible que no cruzara jamás el Egeo y que no visitara siquiera la costa occidental de Grecia. Las posibles noticias sobre el lejano Mediterráneo occidental, que por entonces comenzaba a explorarse, llegarían en todo caso a la Jonia del poeta por boca de terceros y envueltas en la imaginación popular al Atlántico poco antes del descubrimiento de América. El poeta, indica el mismo autor, “no se basa, pues en mapas ni en datos geográficos, sino en la inagotable cantera del folk-tale, de las historias de navegantes y sus mundos fantásticos e irreales, por lo que pueden darse interesantes coincidencias entre determinados pasajes de la Odisea y algunas aventuras de Simbad el Marino obras sumamente alejadas en espacio, tiempo y cultura. El mundo que se nos describe en los viajes de Odiseo es un mundo poético e imaginario, un plano polarmente diferente de aquel sobre el que opera la cartografía. Homero es, por suerte para la poesía, mucho más que un geógrafo en verso (...)” (Bernabé, A. 2003:22-23) Esta es una de las posturas relevantes sobre la geografía de La Odisea como terrae incognitae que, sin embargo, muchos geógrafos hoy en día siguen porfiados en indagar.

 

Es interesante pensar en el océano como terrae incognitae ya que “les sucede a los griegos como a otros pueblos navegantes, cuyo horizonte geográfico se ha ido ensanchando gradualmente por el conocimiento inmediato o mediato de tierras cada vez más lejanas, que no pocos términos y conceptos (geográficos) fueran asumiendo poco a poco localizaciones cada vez más remotas” (Pareti. 1961:82) De esta manera, a medida que se conoce el mar con mayor detalle va cambiando su concepción de gran río o anillo alrededor del disco terrestre, al conocimiento directo de los mares en los confines del mundo conocido. A medida que los conocimientos geográficos aumentaron, el océano fue localizándose cada vez más lejos. 

 

Otra cuestión interesante relacionada con las tierras incógnitas es cómo se cambian las localizaciones geográficas en el poema, lo que se aprecia en los cantos por la desorientación de los personajes. Esto podría atribuirse a que los rapsodas retomaban los textos antiguos y cambiaban las ubicaciones sin suprimir por completo los datos precedentes y de esa manera se desorientaban. Por eso en el Canto IX Odiseo dice:

 

“Desde allí seguimos adelante, con el corazón triste escapando gustosos de la muerte aunque perdimos algunos compañeros” (La Odisea. Canto IX:121) (…) Llegamos a la isla Eolia, donde moraba Eolo Hipótada caro a los inmortales dioses; isla flotante, a la cual cerca broncíneo e inquebrantable muro, y en cuyo interior álzase escarpada roca.” (La Odisea. Canto X:122)

 

Algunos autores vinculan estos temas de indefinición en la localización geográfica o de desorientación en el poema, con la modificación que realizaron los rapsodas sobre las ubicaciones que se hallaban en el Mar Negro derivadas de las informaciones que se tenían en Jonia sobre dicho mar procedentes de los comerciantes y piratas jónicos y, en cambio, luego se transportan hacia Occidente. La explicación que brinda Pereti es que los motivos pueden haber sido varios: “la curiosidad que despertaron las nuevas tierras y los nuevos mares de Occidente, mientras tanto se habían convertido en familiares también para los jonios, por virtud de su participación en las colonias calcídicas, de Sicilia y de Campania; el hecho de que los colonos habían trasplantado también a los nuevos países las viejas fábulas; pero, sobre todo, la nueva fijación, pasando de la Grecia nororiental al archipiélago jónico, del reino de Ulises”. (Pareti. 1961:80) Sin duda, las nuevas tierras ejercían un interés significativo para incorporarlas a los nuevos relatos en la Odisea.

 

Y, por último, la cartografía que se presenta a continuación revela también algunas de las distintas tierras incógnitas del mundo griego.

 

 

En este primer caso se trata de una representación del mundo según los griegos como una esfera en la que el Mediterráneo y su área terrestre de influencia se hallan en el centro.

  

 

 

El mundo concebido como una isla rodeada por el Océano

 

 

La influencia del entorno geográfico en La Odisea

 

Grecia: el paisaje y la patria

 

El país que los antiguos griegos habitaron es la prolongación meridional de la más oriental entre las tres grandes penínsulas que el continente europeo proyecta sobre el Mediterráneo. Sus rasgos geográficos tuvieron una significativa influencia en la historia, en la cultura y en los destinos de Grecia.

 

Paisaje de montañas calizas, valles angostos, golfos extensos, escasos ríos y numerosas islas que son elevaciones sobrevivientes de un sistema de montañas sumergidas: ésta es la Grecia que describe Homero. Existen unas pocas llanuras, no muy extensas pero extremadamente importantes en la economía del país. Las llanuras fértiles alternan con zonas de abruptos relieves lo que da lugar a una geografía variada que se refleja en la obra cuando describe una multiplicidad de paisajes.

 

La siguiente fotografía de la Grecia insular actual podría haber sido la morfología de uno de los paisajes en el que -de acuerdo a la lectura de las descripciones homéricas-, acaecieron muchos de los relatos de La Odisea.

 

 

Paisaje de Zakintos en el Mar Jónico[3]

 

Dos aspectos clave de Grecia influyeron en la relación naturaleza – sociedad y están presentes de manera permanente en el poema épico La Odisea: su relieve montañoso  y su cercanía al mar. Ambos rasgos son testigos y escenarios de todas las descripciones homéricas sobre el entorno geográfico del poema. La topografía montañosa (…) tendía a aislar a las comunidades unas de otras y a fomentar el nacimiento de la Ciudad Estado. El mar permitió ofrecer a la comunicación facilidades que las montañas parecían impedir y casi determinó el papel de los griegos como pueblo marítimo y comercial.” (Petrie. A. 1963:7)

 

Otro aspecto de la cuestión según la plantea Struve (1986) es que la antigua Grecia se extendía ocupando diversos territorios del Mediterráneo oriental, que marcharon juntos en un proceso histórico unidos por una serie de vínculos comunes, pese a la diversidad geográfica y características propias que poseía. Este conjunto de territorios constituyó la llamada Hélade, donde se desarrolló la civilización griega. Dos grandes regiones, la continental y la insular, fueron la base geográfica de la aludida diversidad; si bien ésta se veía también matizada por la necesaria división de la región continental en otras dos: la europea y la asiática. Estos tres territorios, distintos en su localización y singularidades, tuvieron entre sí, sin embargo, una continuidad de relaciones y dependencias, que obligan a estudiar su trayectoria histórica en una visión común a todos ellos. Sin embargo, cabría señalar la importancia que presentaron las regiones central y meridional frente al norte, denominado bárbaro que sería, en definitiva, el territorio que pudo aglutinar de manera clara todo el contexto helénico, pese a los intentos ineficaces, que partiendo de las zonas menos bárbaras no pudieron unir en un sistema político común a toda Grecia.

 

En términos del análisis que se realiza en esta monografía sobre La Odisea interesa especialmente la Grecia insular, dado el recorrido de Odiseo. Esta región constituye un espacio clave en la historia de la Hélade. Estas unidades insulares, pertenecientes en su mayoría a restos de plegamientos continentales (separadas entre ellas por cuencas y mesetas marinas), representan los puntos de contacto entre todo el mundo griego y facilitan de manera explícita las comunicaciones y el comercio. Pueden dividirse en cinco unidades menores por presentar sus características una homogeneidad: Cícladas, Dodecaneso, Eubea y Las Esporadas, Egeo oriental y Creta.

 

Múltiples narraciones transmite Homero en La Odisea sobre esta geografía griega y mediterránea y se advierte que tanto los topónimos utilizados como las descripciones refieren de manera indeterminada a una geografía real como a una mítica.

 

Cuando Odiseo está en lugares distantes aparecen los ogros, los gigantes y los hechos fabulosos. La Odisea es por tanto un relato maravilloso, desconocido, lleno de peligros con algunos enclaves de seguridad. El contraste entre lo conocido y seguro y el ámbito lejano está caracterizado por la inseguridad, el riesgo y la muerte.

El viaje que narra La Odisea describe lugares imaginarios que reflejan el contacto de los griegos con otras culturas y los lugares míticos existentes en la imaginación geográfica de ese entonces, como la isla de los bienaventurados y la descripción paradisíaca descrita en la isla de los cíclopes. Algunos autores consideran que son experiencias del período de protocolonización griega, cuando las Ciudades Estados (polis) exploraron distintos lugares para establecer colonias y se cree que es la descripción de lugares del sur de Italia, Sicilia, el estrecho de Messina, Corfú.

Otro aspecto importante en relación con la Geografía de La Odisea es el concepto de patria especialmente en relación con el desarraigo forzado, el dolor por la lejanía del terruño y del hogar y la decisión de regresar que son realidades que han vivido millones de seres humanos a través de los siglos. Por esa razón, la lectura de la obra nos torna tan vívida la historia de Odiseo.

El mito del héroe y la historia de su viaje narrada por La Odisea, es el camino de un hombre que pese a las múltiples peripecias que sufre en la lejanía obligada de su patria, salva su condición humana y alcanza su plenitud. Con esta idea, Oscar Gerardo Ramos ha podido calificar a La Odisea como "un itinerario humano", en su libro homónimo (1970). Itinerario humano pero también itinerario geográfico si consideramos al hombre como individuo estrechamente conectado a su entorno.

Hay también otro aspecto del exilio que es el conocimiento de nuevas geografías, que está reflejado en el mito de Odiseo. Él regresa cargado de experiencias y percepciones, de manera que retorna cambiado por ellas. Esta forma de pensamiento, sobre la que escribía Homero, esta dolorosa manera de adquirir nuevos conocimientos, es otra faceta de la formidable vivencia de la lejanía forzada.

La Odisea se basa en los cuentos y leyendas folclóricas de los hombres de mar. Odiseo es el héroe que –según hemos reconocido en el acápite titulado “el viaje”-, recorre las costas, observa, siente miedo, se asombra y reflexiona sobre los pueblos que conoce y así va construyendo el entorno geográfico desde su perspectiva. El héroe que regresa a Ítaca, su terruño, no es el mismo que partiera veinte años atrás, pues el camino lo ha enriquecido, en la soledad de las tempestades, ante la crueldad de los dioses, se ha fortalecido y se ha hecho más sabio.

 

Algunas particularidades sobre distintos rasgos geográficos extraídos de La Odisea

 

Sobre el mar

El mar Mediterráneo fue durante la antigüedad el escenario activo de la vida de pueblos muy diferentes que habitaban sus costas, viajaban y realizaban variados intercambios en sus múltiples puertos. Todo esto fue el resultado de una historia lenta y colectiva en la que participaron muchas sociedades, aunque se haya hecho un hábito prestar una atención mayor a los fenicios, griegos y romanos.

Una guerra, librada por los griegos contra los troyanos hacia el siglo XIII a.C., entrega una serie de informaciones sobre las actividades de navegación en una de las partes más alejadas del centro del Mediterráneo, como lo es el mar Egeo. Todo parece indicar que además del secuestro de Helena -representación de algún acto de agresión troyana- , los helenos querían tomar el control del paso hacia el Mar Negro.

Para esto, nos narra Homero, sostuvieron una guerra -es probable que hayan sido varias-, transportando una flota de proporciones desde Grecia hasta las costas de Asia. La Ilíada y La Odisea son relatos que contienen una enorme cantidad de datos de la percepción que, todavía unos siglos después, los griegos tenían respecto del mar. El Egeo, al menos, parece haberles resultado conocido, no sólo para navegarlo con cierta tranquilidad, sino que también porque identificaban con claridad sus partes e importancia, tanto como para sostener una larga lucha que les permitiera alcanzar el dominio de sus zonas.

El mar, más allá de ciertos límites, se abría amplio, misterioso y peligroso, aunque el hombre, ya contaba con la capacidad técnica y la voluntad que le permitía afrontar las distintas situaciones y navegarlo.

Ya hemos identificado algunos de los adjetivos que se adjudican al mar. Incluimos ahora otras referencias en distintos párrafos de La Odisea.

 

Por ejemplo, dice Atenea en el Canto I a Telémaco:

 

 “Vine porque me aseguraron que tu padre estaba de vuelta en la población, más sin duda lo impiden las deidades, poniendo obstáculos a su retorno; que el divinal Odiseo no desapareció aún de la tierra, pues vive y está detenido en el vasto ponto, en una isla que surge entre las olas, desde que cayó en poder de hombres crueles y salvajes que lo retienen a su despecho” (La Odisea. Canto I: 10).

 

¿Puede pensarse en una localización más vaga a la localización del héroe que esta que realiza Atenea? Por ello indicábamos en las “referencias a un catálogo geográfico único” de esta monografía que el mar es un escenario o un telón del poema.

 

En el Canto III Néstor le dice a Telémaco llegado a Pilos en búsqueda de su padre:

 

“Esta es la ocasión más oportuna para interrogar a los huéspedes e inquirir quiénes son, ahora que se han saciado de comida: ¡Forasteros! ¿Quiénes sois? ¿De dónde llegasteis, navegando por húmedos caminos? ¿Venís por algún negocio o andáis por el mar, a la ventura, como los piratas que divagan exponiendo su vida y produciendo daño a los hombres de extrañas tierras?” (La Odisea. Canto III:30)

 

De esta manera Néstor expresa la visión del mar como tierra de comerciantes y piratas a lo que aludíamos en este ensayo.

Dice Néstor también -en su respuesta a Telémaco sobre lo vivido luego de las calamidades que les había desatado Zeus-, refiriéndose, de la siguiente manera al regreso por el mar:

 

Al descubrirse la aurora, echamos las naves al mar divino y embarcamos nuestros bienes y las mujeres de estrecha cintura. La mitad del pueblo se quedó allí con el Atrida Agamenón, pastor de hombres y los restantes nos hicimos a la mar, pues un numen calmó el ponto, que abunda en grandes cetáceos” (La Odisea. Canto III:32)

 

En este mismo Canto, Néstor cuenta a Telémaco con gran detalle las aventuras y naufragios sufridos con Odiseo en el mar a raíz de los avatares meteorológicos y los relieves costeros circundantes. Señala:

 

“Luego, atravesando el vinoso ponto en las cóncavas naves, pudo llegar a toda prisa al elevado promontorio de Malea, y el largovidente Zeus hízole trabajoso el camino con enviarle vientos de sonoro soplo y olas hinchadas, enormes, que parecían montañas. Entonces el dios dispersó las naves y a algunas las llevo hasta Creta, donde habitaban los Cidones, junto a las corrientes del Yárdano. Hay en el obscuro ponto una peña escarpada y alta que sale al mar cerca de Gortina en el tenebroso ponto: allí el Noto lanza grandes olas contra el promontorio de la izquierda, contra Festo, y una roca pequeña rompe la grande oleada. En semejante sitio fueron a dar y costóles mucho escapar con vida; pues, habiendo las olas arrojado los bajeles contra los escollos, padecieron naufragio. Menelao, con cinco naves de cerúlea proa, aportó a Egipto, adonde el viento y el mar le habían conducido: y en tanto que con sus galeras iba errante por extraños países, juntando riquezas y mucho oro, Egisto tramó en el palacio aquellas deplorables acciones. (La Odisea. Canto III:35)

 

También las descripciones del mar se combinan con las de los paisajes adyacentes y las costumbres de los pueblos, como cuando en el Canto VI se describe la llegada de Odiseo al país de los feacios, donde se relatan minuciosamente las actividades de Nausícaa, hija de Alcinoo –el rey- junto a sus doncellas:

 

“Tan pronto como llegaron a la bellísima corriente del río, donde había unos lavaderos perennes con agua abundante y cristalina para lavar hasta lo más sucio, desuncieron las mulas y echáronlas hacia el vorticoso río a pacer la dulce grama. Tomaron del carro los vestidos, lleváronlos al agua profunda y los pisotearon en las pilas, compitiendo unas con otras en hacerlo con presteza. Después que los hubieron limpiado quitándoles toda la inmundicia, tendiéronlos con orden en los guijarros de la costa, que el mar lavaba con gran frecuencia. Acto continuo se bañaron, se ungieron con pingüe aceite y se pusieron a comer a orillas del río, mientras las vestiduras se secaban a los rayos del sol” (La Odisea. Canto VI:77)

 

Sobre la relación entre los feacios y el mar describe Nausíacaa, en el mismo canto VI:

 

 — ¡Deteneos, esclavas! ¿Adónde huís, por ver a un hombre? ¿Pensáis acaso que sea un enemigo? No hay ni habrá nunca un mortal terrible que venga a hostilizar la tierra de los feacios pues a éstos los quieren mucho los inmortales. Vivimos separadamente y nos circunda el mar alborotado; somos los últimos de los hombres, y ningún otro mortal tiene comercio con nosotros.” (La Odisea. Canto VI:79-80)

 

Sobre los paisajes

 

Un estudio de la geógrafa cultural Carla Bocchetti sobre Homero revela la importancia del paisaje en su obra de manera muy significativa. Indica que la “(…) metáfora recurrente del paisaje como interioridad de la identidad nacional enfatiza la topografía de territorios como un medio para construir un sentido de pertenencia. (…) Yo afirmo que los relatos de nostos (relatos de retorno) son relatos de identidad. El paisaje juega un papel importante en crear una imagen del hogar en relatos de nostos”. (Bocchetti, C. 2000:9) Algunos de los extractos incluidos aquí concuerdan con esta aseveración.

 

En relación con el paisaje presente en la obra puede señalarse que las condiciones orográficas, la influencia del clima benigno y los cauces de agua favorecieron en el Mediterráneo antiguo como en la actualidad, los cultivos agrícolas, no ya sólo de cereal, sino olivo, vid y hortalizas, que encontraron un suelo y una climatología idóneos para su producción intensiva y de calidad.

 

El clima mediterráneo es un componente geográfico central del escenario de La Odisea. El invierno es severo en las montañas, en cambio, es apacible en las cercanías del mar. El verano comienza pronto y es caluroso pero, salvo en las llanuras cerradas, el calor no es abrumador pues la atmósfera es seca y su rigor es mitigado por la diaria alternancia de las brisas terrestre y marina. Las lluvias se producen al final de invierno y en el otoño.

 

Los vientos cargados de humedad que vienen del norte, en contacto con los bordes montañosos, descargan gran cantidad de lluvia, fundamentalmente en otoño e invierno, transcurriendo así unos veranos secos típicamente mediterráneos. Sin embargo, esta mayor cantidad pluviométrica y la misma constitución del suelo, rico y fértil, posibilitan una gran riqueza forestal en pinos y cedros, básica para la construcción naval, al mismo tiempo que cultivos de cereales y viñedos.

 

Múltiples descripciones de paisajes es posible encontrar en La Odisea. Una de ellas refiere en detalle a los solares mediterráneos como si fueran los actuales, cuando en el Canto VI el mensajero de Zeus, Argifonte, llegó a la Pieria y se narra que:

 

“Cuando hubo arribado a aquella isla tan lejana, salió del violáceo ponto, saltó en tierra, prosiguió su camino hacia la vasta gruta donde moraba la ninfa de hermosas trenzas, y hallóla dentro. Ardía en el hogar un gran fuego, y el olor del hendible cedro y de la tuya, que en él se quemaban, difundíase por la isla hasta muy lejos; mientras ella, cantando con voz hermosa, tejía en el interior con lanzadera de oro. Rodeando la gruta, había crecido una verde selva de chopos, álamos y cipreses olorosos donde anidaban aves de luengas alas: búhos, gavilanes y cornejas marinas, de ancha lengua, que se ocupaban en cosas del mar.        

Allí mismo, junto a la honda cueva, extendíase una viña floreciente, cargada de uvas; y cuatro fuentes manaban muy cerca la una de la otra, dejando correr en varias direcciones sus aguas cristalinas. Veíanse en contorno verdes y amenos prados de violetas y apio; y, al llegar allí, hasta un inmortal se hubiese admirado, sintiendo que se le alegraba el corazón.                                                

Detúvose el Argifontes a contemplar aquello; y después de admirarlo, penetró en la ancha gruta, y fue conocido por Calipso, la divina entre las diosas, desde que a ella se presentó -que los dioses inmortales se reconocen mutuamente aunque vivan apartados-; pero no halló al magnánimo Odiseo, que estaba llorando en la ribera, donde tantas veces, consumiendo su ánimo con lágrimas, suspiros y dolores, fijaba los ojos en el ponto estéril y derramaba copioso llanto.” (La Odisea. Canto V:63-64)

 

Tanto los paisajes naturales como los agrícolas descriptos en estos párrafos son notorios por su identificación mediterránea, si bien la selva no es un bioma presente, salvo que la descripción hubiera hecho una metáfora por bosque denso.

 

Por lo demás, debemos pensar que hoy la mayor parte de Grecia es árida debido a los procesos de erosión y deforestación sufridos, pero en tiempos antiguos las laderas de las montañas estaban cubiertas de bosques que producían madera y caza, tanto mayor como menor. Los olivares y la vid constituían importantes cosechas.

 

Sobre la geografía humana

 

Homero explica en La Odisea aspectos de la vida económica de la época oscura. La agricultura estaba dirigida con gran inteligencia; el cultivo de la vid, en particular, pese a no ser nada simple, era practicado con habilidad.

 

Cuando Odiseo llega a la ciudad de los feacios Homero pinta de la siguiente manera, huertos y jardines bien cuidados, abundantes y pulcros:

 

“Hallaréis junto al camino un hermoso bosque de álamos, consagrado a Atenea, en el cual mana una fuente y a su alrededor se extiende un prado: allí tiene mi padre un campo y una viña floreciente, tan cerca de la ciudad que puede oírse el grito que en ésta se de. Siéntate en aquel lugar y aguarda que nosotras, entrando en la población lleguemos al palacio de mi padre. (…) Después que entrares en el palacio y en el patio del mismo, atravesarás la sala rápidamente hasta que llegues adonde mi madre, sentada al resplandor del fuego del hogar, de espaldas a una columna, hila lana purpúrea, cosa admirable de ver, y tiene detrás de ella a las esclavas. Allí también, cerca del hogar, se levanta el trono en que mi padre se sienta y bebe vino como un inmortal.” (La Odisea. Canto VI:82)

 

Cuando Odiseo accede al palacio de Alcínoo ve un hermoso paisaje de viñedos y huertos y narra:

 

“En el exterior del patio, cabe a las puertas, hay un gran jardín de cuatro yugadas, y alrededor del mismo se extiende un seto por entrambos lados. Allí han crecido grandes y florecientes árboles: perales, granados, manzanos de espléndidas pomas, dulces higueras y verdes olivos. Los frutos de estos árboles no se pierden ni faltan, ni en invierno ni en verano: son perennes; y el Céfiro, soplando constantemente, a un mismo tiempo produce unos y madura otros. La pera envejece sobre la pera, la manzana sobre la manzana, la uva sobre la uva y el higo sobre el higo. Allí han plantado una viña muy fructífera y parte de sus uvas se secan al sol en un lugar abrigado y llano, a otras las vendimian, a otras las pisan, y están delante las verdes, que dejan caer la flor, y las que empiezan a negrear. Allí en el fondo del huerto, crecían liños de legumbres de toda clase, siempre lozanas. Hay en él dos fuentes: una corre por todo el huerto; la otra va hacia la excelsa morada y sale debajo del umbral, adonde acuden por agua los ciudadanos”. (La Odisea. Canto VII:87)

 

 

Paisaje actual de Grecia en zona de cultivos mediterráneos sobre las laderas que si no fuera por su mayor aridez –ante la deforestación-, casi equivaldría al relatado en el párrafo anterior[4]

 

La descripción de ciudades también es un rasgo geográfico de La Odisea. Así por ejemplo, describe Nausíaca una ciudad portuaria, evidentemente griega, en un exhorto a Odiseo:

 

“(…) yo te enseñaré el camino por donde se sube a la ciudad que está cercada por alto y torreado muro y tiene a uno y otro lado un hermoso puerto de boca estrecha adonde son conducidas las corvas embarcaciones, pues hay estancias seguras para todas. Junto a un magnífico templo de Poseidón se halla el ágora, labrada con piedras de acarreo profundamente hundidas: allí guardan los aparejos de las negras naves, las gúmenas y los cables, y aguzan los remos; pues los feacios no se cuidan de arcos ni de aljabas, sino de mástiles y de remos de navío, bien proporcionados con los cuales atraviesan alegres el espumoso mar.” (La Odisea. Canto VI:81)

 

Cuando Telémaco llega a Pilos, Homero la describe como “la bien construida”:

 

“Ya el sol desamparaba el hermosísimo lago, subiendo al broncíneo cielo para alumbrar a los inmortales dioses y a los mortales hombres sobre la fértil tierra; cuando Telémaco y los suyos llegaron a Pilos, la bien construida ciudad de Neleo, y hallaron en la orilla del mar a los habitantes, que inmolaban toros de negro pelaje al que sacude la tierra, al dios de cerúlea cabellera” (La Odisea. Canto III:28)

 

Había en la Antigüedad tres ciudades del mismo nombre ‑en Mesenia, en Elide y en Trifilia. Los antiguos, sin duda, situaban la Pilos de Néstor en Mesenia y probablemente es en ésta en la que piensa Homero, pues la sitúa en la misma costa. Sin embargo, la verdadera Pilos micé­nica fue descubierta por Blegen a 17 kilómetros al norte de la anterior y hoy constituye una de las mejores muestras de un palacio micénico.

 

Sobre itinerarios

 

Múltiples itinerarios son descriptos en La Odisea. Tanto se ha escrito sobre la geografía mítica y real de la Odisea que los distintos puntos de un itinerario constituyen un tejido de ficciones y geografías conocidas. Entre las geografías conocidas sin duda Troya, Esparta y Creta son las más destacables.

 

Entre los itinerarios descriptos podemos citar el relato de Néstor a Telémaco en el Canto III, sobre el regreso realizado junto a Odiseo atravesando el Egeo desde Troya hasta la Grecia continental, de la siguiente manera:

 

“Y los que acompañaban a Odiseo, rey prudente y sagaz, se volvieron en los corvos bajeles para complacer nuevamente a Agamemnón Atrida. Pero yo, con las naves que juntas me seguían, continué huyendo porque entendí que alguna divinidad meditaba causarnos daño. Huyó también el belicoso hijo de Tideo con los suyos, después de incitarlos a que le siguieran, y juntósenos algo más tarde el rubio Menelao, el cual nos encontró en Lesbos mientras deliberábamos acerca de la larga navegación que nos esperaba, a saber, si pasaríamos por cima de la escabrosa Quíos, hacia la isla de Psiria, para dejar esta última a la izquierda, o por debajo de la primera a lo largo del ventoso Minante. Suplicamos a la divinidad que nos mostrase alguna señal y nos la dio ordenándonos que atravesáramos el piélago hacia la Eubea, a fin de que huyéramos lo antes posible del infortunio venidero. Comenzó a soplar un sonoro viento, y las naves, surcando con gran celeridad el camino abundante en peces, llegaron por la noche a Geresto: allí ofrecimos a Poseidón buen número de perniles de toro por haber hecho la travesía del dilatado piélago. Ya era el cuarto día cuando los compañeros de Diomedes Tidida, domador de caballos, se detuvieron en Argos con sus bien proporcionadas naves; pero yo tomé la rota de Pilos y nunca me faltó el viento desde que un dios lo envió para que soplase. (La Odisea. Canto III:32)

 

Cabos, puertos, islas de un itinerario marino, pueblos -míticos o reales- se presentan en esta descripción.

 

A modo de conclusión

 

La Geografía de La Odisea constituye un tema inveterado. Desde el punto de vista adoptado en esta monografía, se concluye que ya sea real o mítica; la geografía de este poema épico es un amplio y diverso escenario en el que se desenvuelven los personajes que muestran una profunda interacción con la naturaleza y con la patria.

 

Si en la Épica, los contenidos –a diferencia de la Lírica-, ocupan el primer plano, esta monografía ha intentado demostrar cuanta geografía poseen estos contenidos.

Así, la búsqueda del catálogo geográfico es incierta pero interesantísima. Sumergido en la obra, uno desea enumerar y describir paisajes, lugares y pueblos; hacer un viaje imaginario y ahondarse en el pasado griego para volver al presente con la riqueza de significados aportados por la obra.

En este contexto, la geografía cultural tal como hoy la concebimos está presente en La Odisea cuando su autor se ocupa –aún sin mencionarlo-, de la relación entre el paisaje y la identidad; en el caso del poema épico estudiado, como teatro de los acontecimientos vinculados con el trasiego del héroe.

En relación con los viajes, otra cuestión esencial de la geografía, La Odisea se configura sobre el tema del hombre que después de itinerar por tierras remotas vuelve al hogar después de mucho tiempo. En tal orden de ideas hemos recorrido y sentido, de manera sintética pero intensa, el periplo realizado por Odiseo que representa una muestra de la influencia del tema del viaje tanto en la Literatura como en la Geografía.

 

La geografía mediterránea tal y como está representada en La Odisea, en su calidad de fantástica o real, contribuye a la comprensión de la geografía y la historia antiguas, pero también de las contemporáneas. Se trata de un concepto original del espacio percibido como sólo las grandes obras literarias pueden aportar.

 

Los diversos párrafos que se han extraído en esta monografía para ilustrar las relaciones entre la Geografía y la Literatura son sólo una muestra de las múltiples posibilidades de indagación que en este campo ofrece la gran obra épica. Se han concretado algunas aproximaciones al tema de los viajes, la patria, las islas, el mar, los fenómenos meteorológicos, los paisajes; como escuetos ejemplos de los múltiples aspectos que se podrían haber tratado sobre el gran continente de episodios vinculados con la geografía que abundan en La Odisea.  

 

Los cuatro versos de Borges que incluimos al principio de la monografía constituyen una síntesis acabada de nuestro viaje personal por La Odisea. “El arte es esa Ítaca de verde eternidad” resume la experiencia vivida en la concreción de este trabajo.


Bibliografía Citada

 

Bernabé A. (2003) Introducción. En Homero. La Odisea. Biblioteca Edaf. Madrid.

 

Bocchetti, Carla (2000) Geografía cultural en Homero. Universidad de Columbia. http://www.arts.monash.edu.au

 

Bowra, C. M. (1933) Historia de la literatura griega. Fondo de Cultura Económica. México.

 

Claval, Paul. (1999). Geografía Cultural. EUDEBA. Buenos Aires.

 

Daus, Federico. (1980) ¿Qué es la geografía? OIKOS. Buenos Aires.

 

Homero. (2005) La Odisea. Versión directa y literal del griego por Luis Segalá Estalella. Editorial Juventud. Barcelona.

 

Kirk, G. S. (1968) Los poemas de Homero. Biblioteca de cultura clásica. Editorial Paidós. Buenos Aires.

 

Kitto, H. D. F. (1962) Los griegos. EUDEBA. Buenos Aires.

 

Mircea, Eliade. (1991) Mito y realidad. Editorial Labor. Barcelona.

 

Pareti, Luigi. (1961) Homero y la realidad histórica. Uteha. México.

 

Petrie. A. (1963) Introducción al estudio de Grecia. Fondo de Cultura Económica. México.

 

Ramos, Oscar Gerardo. (1970) La Odisea, un itinerario humano. Instituto Caro y Cuervo. Bogotá.

 

Struve, V. V. (1985) Historia de la antigua Grecia (I). Sarpe. Madrid.

 

Wright, John K. (1947). ”Terrae Incognitae: The Place of Imagination in Geography”. Annals of the Association of American Geographers, num. 37, pp. 1-15.

 

De consulta

 

Castillo Didier, Miguel. (2003) El mito de Odiseo. Atenea. Universidad de Concepción. http://www.scielo.cl/

 

Ojeda, Rafael. (2006) Julio Verne y las crónicas de los viajes imaginarios.   

http://www.elhablador.com/dossier12_ojeda1.htm

 

Salinas Price, Roberto. Geografía homérica. Instituto de investigaciones homéricas. México.http://www.homero.com.mx/Geografia_homerica/Geografia_homerica.html

 

 



[1] En este trabajo citaremos a La Odisea como de Homero, aún a sabiendas de la incertidumbre sobre su autoría única.

[2] http://www.geographos.com/BLOGRAPHOS/?p=153. Exposición sobre La Odisea y Homero, que se realiza en la Biblioteca Nacional de Francia, hasta mayo de 2007.

 [3] Atención: geógrafa Lutgarde Creemers desde Berlín, Alemania.

 [4] Atención: geógrafa Lutgarde Creemers desde Berlín, Alemania.

 

DOCUMENTOS DE CÁTEDRA