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El Panteón de los Pioneros

publicado a la‎(s)‎ 28 oct. 2017 19:04 por Carlos Alberto Gutiérrez Aguilar   [ actualizado el 28 oct. 2017 19:25 ]
Texto y fotos: Yolanda Sánchez Ogás


La tumba del señor Tomás Beléndez, defensor del pueblo de Los Algodones durante la invasión magonista de 1911.

El panteón municipal (antes conocido como Número Uno y ahora como Panteón de los Pioneros), localizado frente a la plaza La Cachanilla, es un sitio histórico de Mexicali. En él se encuentran inhumados cientos de los forjadores de la ciudad. Tiene lápidas de gran originalidad y belleza, sobre todo las que fueron construidas por Pedro (un indio de Sonora), en la década de los años cuarenta.

Este panteón empezó a funcionar el 15 de noviembre de 1918, pero su registro oficial fue a partir del primero de enero de 1919, cuando se autorizó el primer libro, por el presidente municipal Agustín Martija y su secretario Armando L. Lelevier. 

La tumba del ex presidente municipal Francisco Bórquez.
En el libro se consigna que del 15 de noviembre al 31 de diciembre de 1918 fueron inhumados sesenta cuerpos, sin detallar nombres ni causas. La primera inhumación registrada fue la del extranjero John Chasey, quien falleció en el centro de diversión El Tecolote. 

Era costumbre de la época que un policía u otro personaje presidiera la ceremonia luctuosa. Aparece con frecuencia el nombre de Rafael Corella (propietario de la primera funeraria) y a finales de la década de los años treinta el de Benjamín Escandón (también dueño de una funeraria) presidiendo dichas ceremonias.

Destaca la tumba de Tomás Beléndez, encargado de la aduana de Los Algodones durante la invasión magonista de 1911. Fue herido en la defensa de la población, pero salvó su vida y continuó trabajando para el coronel Cantú hasta su deceso, en enero de 1919. Por la importancia del personaje, la ceremonia la presidió el mismo gobernador; pero lo curioso es que su tumba fue declarada “Rotonda de los Hombres Ilustres”, como quedó consignado en el registro:

Enero 27, 3:00 p.m. –75- Tomás Beléndez de 34 años (…) Se inhumó en departamento especial destinado a Rotonda de los Hombres Ilustres y ocupa 16 sepulturas. El C. gobernador presidió el cortejo y queda a perpetuidad.

Don Antonio Banuet, funcionario durante el gobierno de Cantú --quien estuvo presente en la ceremonia--, solía visitar el panteón y en repetidas ocasiones hizo comentarios sobre la capilla al señor Guillermo Estrada (qepd), quien vivió a un costado del panteón desde 1928 y fue encargado del lugar durante muchos años. Estrada recordaba que la cripta tenía una puerta de vidrio y se podía entrar a ver las gavetas vacías. Pero los niños del vecindario iban a jugar al panteón y causaron algunos problemas a la rotonda. 

A principios de la década de los años cuarenta la puerta se quitó y en su lugar se colocó una pared de cemento. Las grecas y el cerco de la cripta eran iguales a las que tenían la casa del coronel Cantú y la aduana vieja que se encontraba por la avenida Obregón. 

Hoy las gavetas siguen vacías. Recientemente, a un costado le pusieron un letrero de “Rotonda de los Hombres Ilustres”; en lo que fue la puerta hay una imagen de la virgen de Guadalupe. 

Sepulcro oriental en el Panteón de los Pioneros.
Cantú, a pesar de que se preocupó por dotar a Mexicali de una rotonda en ese antiguo panteón, al morir en 1962 fue sepultado en otro. Veinticinco años después de su deceso, en 1987, por petición de la Sociedad de Historia y Geografía que entonces existía y el patronato del panteón, y con el consentimiento de la familia Cantú, sus restos fueron trasladados al Panteón de los Pioneros. Existe el propósito de que algún día se construya allí una rotonda de los hombres ilustres de Mexicali, porque se desconoce oficialmente que ya existe una.

Otros personajes, forjadores también del desarrollo de Baja California. se encuentran en este panteón:. Francisco Bórquez, presidente municipal constructor de la Escuela Cuauhtémoc (actual Casa de la Cultura); más de cuarenta profesores, entre ellos: Matías Gómez, Ángel Abrego, Ángel Casillas, Lizsiglo Figueroa, Matías Gómez, Graciano Viniegra, Gabriela Delgado de Talamantes (mi profesora en la Normal Fronteriza) y muchos otros de reconocida trayectoria dentro de la educación regional.

Otro sector del panteón nos habla de la migración china, la apertura de tierra para cultivo y diferentes actividades económicas importantes de Mexicali. Hay un libro de registro exclusivo para orientales, autorizado también el primero de enero de 1919, para lo que se conoció como “panteón chino”, área delimitada que desapareció cuando se construyó la alberca pública. En esa ocasión los restos exhumados se trasladaron a otros panteones.

En una área especial se encuentran los sepulcros de los once trabajadores de la vía que fallecieron al descarrilar un armón, el 20 de julio de 1937, en el desierto de Altar. Fueron trasladados a Mexicali una semana después, directamente al panteón. Los nombres de las tumbas han desaparecido y estas carecen de una cruz. Por agradecimiento a esos trabajadores que contribuyeron a integrar Baja California al resto del país al construir la vía, cuando menos debería darse atención a sus sepulturas, pero están en el mayor abandono: sólo una tiene el nombre.

Las olvidadas tumbas de los ferrocarrileros.
El señor Estrada relataba que el día que trajeron sus cuerpos el tren paró frente al panteón y bajaron las cajas ante la presencia del gobernador Rodolfo Sánchez Taboada y de los mexicalenses. El pueblo despidió a estos hombres, cuyas identidades se ignoraban, como ignoradas están hoy sus tumbas. Cerca de ellas está la de Gustavo Sotelo Larriñaga, trabajador muerto por insolación en el desierto cuando intentaban trazar la vía férrea. Esos acontecimientos fueron recordados en la película Viento negro.

El Panteón de los Pioneros fue el único que funcionó en la ciudad de 1919 a 1944. En ese tiempo hubo un promedio anual de 164 inhumaciones, hasta 1939. Con el incremento de la población a partir de la creación de ejidos también aumentaron las defunciones. En 1940 y 1941 el promedio fue de 257. Los siguientes tres años se presentó una enfermedad infecciosa, la fiebre verde, que atacaba a los niños, y en ese lapso murieron 1,044 personas. 

A partir de ese año, el uso del panteón decreció por la apertura del número dos, en 1945, en la calzada Justo Sierra. El Panteón de los Pioneros se cerró durante seis años. Por esta razón, de 1945 a 1985 hubo un promedio de 52 inhumaciones anuales. Actualmente ya no se presta ahí el servicio de inhumación.