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A los profesores del valle, en el Día del Maestro

publicado a la‎(s)‎ 15 may. 2019 17:03 por Carlos Alberto Gutiérrez Aguilar   [ actualizado el 15 may. 2019 17:21 ]

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Profesora Modesta Solís Ramírez, directora de la escuela de la colonia Rivera a partir del 8 de enero de 1927.
A los que nacieron en el campo y con mucho esfuerzo estudiaron su carrera. A los que iniciaron sus actividades en aquellas escuelas perdidas entre parcelas a las que llegaban recorriendo polvosos caminos de tierra, muchas veces caminando entre polvo y lodo.

A lo largo de mi vida he conocido a muchos profesores, hijos de campesinos que llegaron al valle con la reforma agraria o poco después. Campesinos que no sabían leer ni escribir, pero que se preocuparon porque sus hijos estudiaran, a veces en ramadas o cuartos de cachanilla que se crearon junto con los ejidos.

Quienes enseñaron las primeras letras a los hijos de campesinos fueron profesores que, tras verdaderos sacrificios, llegaban de la ciudad. Muchos de ellos se quedaban a vivir en algún cuarto de la misma escuela o con humildes familias, quienes les daban alojamiento y comida.

Los primeros docentes de que se tiene registro en el valle trabajaron en la Colonia Castro. Fueron Adalberta López Castro y Aristeo Angulo, en las rancherías cucapá (ambos en 1915), y Francisco Rodríguez, en Los Algodones (en 1916). Por esos años se abrieron escuelas también en las colonias agrícolas San Isidro, Rivera y Herradura, pero no se tienen los nombres de los profesores.

En la década de los años veinte se crearon varios planteles en el valle: Xicoténcatl, en el Uno del Shenk; la escuela después llamada Emiliano Zapata, en la colonia Pacífico; la de la colonia 8, en Cerro Prieto; la Juan de Ugarte, en Cuervos; también las de Progreso, Abasolo, Zaragoza, Centinela y algunas más. La consigna era abrir una escuela donde hubiera niños. En la época de Abelardo L. Rodríguez (1923-1929) se les construyeron amplios edificios y además se les dotó de materiales escolares, tanques para agua, radios y camiones.

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Escuela Leonardo Bravo de la colonia Castro. A partir del 11 de septiembre de 1915 estuvo a cargo de ella la profesora Adalberta López Suárez.
Cuando un viaje a San Felipe tardaba todo un día lidiando con el desierto y la distancia, las ponchaduras de llantas y la falta de agua, fue asignado al puerto Graciano Viniegra, quien de allí pasó al valle. En 1932 enviaron a una profesora recién egresada de la escuela que brindó a Mexicali una generación de docentes (la Normal y Preparatoria): Eva Valenzuela Fernández, quien llegó a San Felipe y después pasó a los planteles de Paredones y Batáquez, hasta su regreso a Mexicali, donde se jubiló, en la Leona Vicario. De gran trayectoria igualmente fue Otilia Urrea de Cota, en la colonia Zaragoza.

Otros maestros eran casi niños, recién egresados de la secundaria 18, como Jorge Alvarado, quien en 1937 fue enviado al Valle de la Trinidad. Sin caminos, sin escuela, allá inició sus labores. Después fue caminante del valle de Mexicali: en el ejido Sonora, la colonia Pacífico y otros lugares, hasta terminar su labor en la escuela Vicente Guerrero.

Irene Castro empezó su actividad a mediados del siglo pasado en el plantel Ignacio Zaragoza y después pasó al Xicoténcatl, donde se jubiló. Elva Cárdenas Pérez desde el ejido Cuernavaca venía a terminar la primaria al Centro Escolar Revolución, luego estudió secundaria en la XXX y en la preparatoria del Estado, mientras –desde los catorce años– trabajaba en la escuela del ejido. Posteriormente fue a Tijuana, al Instituto de Capacitación del Magisterio, durante las vacaciones.

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Ramada en la que inició la escuela del Kilómetro 43. 1946.
Muchos documentos nos hablan de esa época gloriosa de los maestros del valle. Cuando la zona agrícola carecía de caminos, de transportes; cuando a veces los profesores eran trasladados en camiones cargados de trigo, de algodón, de hielo, pero llegaban a sus lugares de trabajo y lo hacían bien. Muchos ingenieros, licenciados, doctores, maestros, aprendieron a leer y escribir de la mano de esos sencillos docentes, quienes, además, recibían un peso diario de salario en aquellos primeros años.

La reforma agraria atrajo a Mexicali a miles de campesinos de todo el país, pero también nuevas necesidades. Una muy urgente para el presidente Lázaro Cárdenas fue la educación. Se habilitaron escuelas donde no había más que una ramada, con profesores que sólo sabían leer y escribir. De esos docentes sin títulos, pero con mucho amor a su país y a la niñez, aprendieron los hijos de campesinos que tampoco sabían leer ni escribir, pero tenían muchas ganas de que sus niños se superaran.

Al paso de los años, la nueva generación del valle estaba conformada ya por profesionistas, muchos de ellos maestros. Algunos vinieron a estudiar la secundaria a Mexicali, alejados de la familia. Sus padres hacían un gran esfuerzo para sostener su propia casa y la de sus hijos en la ciudad. En 1947 se abrió en la capital del territorio la escuela Normal Fronteriza, y muchos años después la Normal Nocturna. Un gran número de esos jóvenes acudieron a estas instituciones para su formación como profesores.

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Escuela de Los Algodones, inaugurada en 1916. Su primer profesor fue Francisco Rodríguez.
Ahora jubilados, tras haber cursado sus estudios y trabajado en condiciones adversas en el valle, pueden mencionarse a: Lidia Andrade Magdaleno, Graciela Rubio Montoya, Carmen Ruano, Luz Plascencia, los hermanos Gutiérrez Piceno, Salvador Contreras Mora, Magdalena Robles, Esthela Rodríguez, Ceceña Soria, Taydé Regalado, Cópil Regalado y tantos otros.

En los años sesenta aún era difícil estudiar para los jóvenes del campo. Varios alumnos de la escuela Xicoténcatl, del Uno del Shenk, al terminar la primaria asistieron a la secundaria de Palaco. Había que pedir aventón desde aquella zona, a unos 13 kilómetros de Mexicali. En el crucero de San Felipe y San Luis pedían otro hasta Palaco.

Salían de su casa a media mañana para llegar a la una de la tarde a la escuela. Terminaban sus clases en la secundaria a las siete y a veces regresaban a sus casas entre diez y once de la noche. Así estudiaron mis alumnos de la escuela Xicoténcatl: maestros Bertha Chávez Villalobos, Teresa León, Ofelia Romero, Teresa Albáñez Green, Roberto Green, Ramón Green y Enrique Albáñez Green.

Todavía hay una historia pendiente que contar de estos casi siempre humildes alumnos-profesores que, con gran esfuerzo primero y con dedicación después, se entregaron a la noble labor de enseñar. De quienes dedicaron sus afanes a educar a la niñez campesina, cuando ser profesor era hacerlo todo, a veces desde construir la escuela y las canchas, hasta instalar la luz eléctrica y atender tantas carencias que había en las escuelas rurales. 

Fotos: colección de la autora.

https://sites.google.com/site/dhirebc/nosotros/integrantes/yolanda-snchez-ogs/publicaciones-yolanda-sanchez-ogas/alosprofesoresdelvalleeneldiadelmaestro/Escuela%20Xicotencatl%20del%20Uno%20del%20Shenk.jpg
Escuela Xicoténcatl del Uno del Shenk.