gerra mundial en africa

Hace 25 años solos tres jefes de estado africanos eran electos democráticamente. En el año 2001, 32 de los 54 jefes de estado han sido electos libremente. Recientemente la tendencia a la democratización y a la constitución de gobiernos  respetuosos de los derechos humanos  ha continuado con la victoria de la oposición en las elecciones parlamentarias de Zimbabwe y las recientes elecciones en Ghana, que pusieron  fin a 20 años de gobierno del teniente Jerry Rawlings.

Sin embargo, esta  tendencia se ve fuertemente amenazada por un fenómeno que amenaza toda la estabilidad del continente: la guerra civil en la República Democrática del Congo RDC,  a la que algunos analistas llaman la “Primera Guerra Mundial de África”. Nueve  grupos guerrilleros congoleses y diez países de la región están involucrados militarmente con más de 35000 soldados en este conflicto, que ya ha costado la vida de decenas de miles de personas. Una pugna que se ve ahora agravada por el asesinato del presidente Laurent Désiré Kabila.

Durante años, este país ha sido foco de conflictos militares y tribales. Después de la independencia de Bélgica y el asesinato del líder independentista Patrice Lumumba en 1961, el país fue sometido a un saqueo sistemático de sus enromes riquezas naturales de diamantes, oro, petróleo  y uranio por el dictador Mobuto Sese Seko, quien con el apoyo de los Estado Unidos, gobernó durante 32 años, amasando un afortuna personal de 10 billones de dólares mientras el Congo se   convertía en uno de los 25 países más pobres del mundo.

Durante la Guerra Fría, Mobuto se constituyó en una pieza estratégica  para los Estados Unidos en la contención del comunismo en la región. Pero  con el rompimiento del orden bipolar,  Mobuto dejó de tener importancia y  la Administración Clinton  le retiró el apoyo. Circunstancia que fue  aprovechada por Laurente Kabila, -antiguo  compañero de armas del Che Guevara cuando ambos combatían contra Joseph Kasavuvu,- para derrotar a Mobuto al frente de una heterogénea coalición de grupos políticos y étnicos entre los que predominaban los hutus del este del país. 

No obstante que Kabila y su Alianza de Fuerzas Democráticas para la liberación del Congo  ADFL, prometieron elecciones libres, en 1999 se prohibieron los partidos políticos y se inició una sistemática violación de los  derechos humanos  de los opositores políticos. Esta situación provocó el alzamiento armado de varios grupos guerrilleros contra el gobierno de Kinshasa. Alzamiento que fue seguido por el  involucramiento de varios países de la región que perseguían una amplia gama de intereses. Rwanda y Uganda, que en su momento habían apoyado a  Kabila en su lucha contra Mobuto, se aliaron ahora con los rebeldes, como un medio para combatir a las sus propias minorías de la étnia Hutu en a frontera con la RDC.  Del lado del Gobierno de Kinshasa, Angola se alió a Kabila para contrarrestar la presencia de las guerrillas derechistas de la UNITA. Namibia por su parte, intervino por “solidaridad” con Angola. Zimbawe se involucró  para satisfacer la megalomanía de  su presidente Robert Mugabe de convertirse en “líder regional”, sin mencionar las concesiones de explotación de minas de diamantes que han obtenido muchos generales de ese país.

El militarismo étnico parece ser uno de los factores que atizan el conflicto. Solo en la RDC existen más de 450 tribus y 400 partidos políticos cuyos intereses étnicos amanezan la integridad del país. Esta parece ser una de las  “herencias malditas” de Mobuto, quien siempre se preocupó de mantener divididos a sus enemigos políticos.

A pesar de que en el verano de 1999 se firmaron los Acuerdos de Cese al Fuego de Lusaka entre el gobierno y los grupos rebeldes, éstos han fracasado por la ausencia de liderazgo de todos los sectores que no cumplieron los compromisos acordados y fundamentalmente porque Kabila continuó desarrollando nuevas ofensivas militares.

La tragedia de la Primera Guerra Mundial de África representa un enorme lastre para el porvenir del continente, amenazando a la   región a quedar excluida –una vez más- de los procesos del desarrollo económico y social y la integración, perpetuando unos niveles de miseria colosales.    En esta crisis ha sido notoriamente evidente la falta de interés y voluntad política de la Unión Europea y los Estado Unidos por propiciar una solución al conflicto. Este último país si bien ha suspendido su ayuda a la RDC ha mantenido su colaboración con Rwanda y Uganda que son partes beligerantes en el conflicto, actitud que difícilmente contribuirá e una solución al problema.

Paradójicamente la muerte de Laurent Kabila puede representar una  nueva oportunidad para la paz. Su hijo Joseph, quien lo ha sucedido en la dirigencia del gobierno se ha mostrado anuente a buscar la reconciliación nacional, revitalizando los acuerdos de Lusaka y eventualmente organizando elecciones libres. No obstante esto no bastará para una paz definitiva. Es imprescindible la retirada de todos los ejércitos extranjeros y la desmovilización  y desmilitarización de los grupos rebeldes, proceso que debe ser vigilado por una fuerza especial de Naciones Unidas y por la reactivación del proceso de Diálogo Inter-Congolés que había venido promoviendo el ex presidente de Botswana Ketumile Masire y que había sido vetado por Kabila.

Hace 40 años los padres de las modernas naciones africanas como Julius Nyerere, Kwame Nkrumah, Gamal Abdel Nasser y Sékou Touré predicaban la unidad africana como condición fundamental para la plena independencia y el desarrollo del continente.  Hoy en día la misma aspiración requiere erradicar los  integrismos tribales y regionalistas que han provocado tragedias como la del Congo.

Guerra de movimientos

En 1914, los europeos pensaban que la guerra sería corta. Pero los generales, que habían estudiado las guerras napoleónicas, estaban equivocados en su enfoque inicial del enfrentamiento, basado en el uso masivo de la infantería. Respondiendo a la enorme eficacia de las armas (fusiles, armas automáticas y artillería pesada), las fortificaciones fueron reforzadas. La caballería sería inútil como medio para romper el frente.

Al comienzo de la guerra los dos bandos trataron de obtener una victoria rápida mediante ofensivas fulminantes. Los franceses agruparon sus tropas en la frontera con Alemania, entre Nancy y Belfort, divididas en cinco ejércitos. Previendo un ataque frontal en Lorena, organizaron el Plan XVII. Los alemanes tenían un plan mucho más ambicioso. Contaban con la rapidez de un movimiento de contorno por Bélgica para sorprender a las tropas francesas y marchar hacia el este de París (Plan Schlieffen de 1905) y luego enfrentarse a las fuerzas enemigas y empujarlas hacia el Jura y Suiza. Tan sólo ubicaron 2/7 de sus tropas sobre la frontera para resistir el ataque frontal en Alsacia-Lorena.

El comienzo del plan trascurrió perfectamente para el Reich. Sus tropas avanzaron sobre Bélgica el 4 de agosto, lo cual provocó la intervención inglesa. Posteriormente derrotaron al ejército francés en diversas batallas. Los franceses lanzaron simultáneamente el Plan XVII, pero resultó un fracaso debido a las armas automáticas que frenaron cualquier asalto y a un repliegue prematuro de las tropas hacia sus líneas. Semanas después estaban ya ubicados en el río Marne, donde chocaron con el Cuerpo Británico y el ejército francés, quienes frenaron el avance alemán. La derrota germana frustró el plan original y acabó con las expectativas de una conflagración breve, marcando el abandono definitivo de los planes anteriores a la guerra. En ese momento comenzó la «carrera hacia el mar»: los dos Ejércitos marcharon hacia el Mar del Norte; ataques y contra-ataques se sucedieron. La contienda se desarrollaría en territorio francés y belga. Las tropas británicas no tardaron en intervenir en mayor número, junto a los restos del ejército belga.

Mientras tanto, Austria-Hungría fracasó en su intento de tomar Belgrado, lo cual lograría después con ayuda alemana, en agosto del 1915. Rusia invadió Prusia Oriental, pero los generales de estado mayor prusianos Hindenburg y Ludendorff los batirán contundentemente en Tannenberg.

En el curso de 1915, dos nuevos países entraron en la guerra: Italia del lado de los Aliados y Bulgaria al lado de las potencias centrales, que con este apoyo derrotan y ocupan a Serbia. Desde el comienzo de la guerra, el Vaticano y Suiza intentaron infructuosamente sondeos por la paz.

El 4 agosto de 1914, el ejército alemán abrió el frente occidental invadiendo Bélgica y Luxemburgo, con un ataque a la ciudad de Lieja. y luego obteniendo el control militar de regiones industriales importantes del oeste de Francia, derrotando al ejército francés en la batalla de Lorena, la batalla de Charleroi (21 de agosto) y en la batalla de Maubeuge una semana más tarde. La fuerza del avance fue contenida drásticamente con la Primera Batalla del Marne en septiembre de 1914, donde enfrentaron al Cuerpo Británico compuesto por 5 divisiones experimentadas y las tropas de reserva francesas. Los taxis de París ayudaron a trasladar a los efectivos ingleses al frente. El equilibrio de fuerzas y las nuevas armas facilitaron la defensa frente al ataque e impusieron la estabilización del frente. Ambos contendientes se atrincheraron en una línea sinuosa de posiciones fortificadas que se extendía desde el Mar del Norte hasta la frontera suiza con Francia. Esta línea permaneció sin cambios sustanciales durante casi toda la guerra.

Un asalto presentaba tal desventaja frente al adversario que los ataques aliados fueron infructuosos y Alemania pudo resistir a pesar de combatir en dos frentes. En estos ataques se recurrió a bombardeos masivos de artillería y al avance masivo de la infantería. Sin embargo, la combinación de las trincheras, los nidos de ametralladoras, el alambre de espino y la artillería infligían cuantiosas bajas a los atacantes y a los defensores en contraataque. Como resultado, no se conseguían avances significativos. Las condiciones sanitarias y humanas para los soldados eran muy crudas y las bajas elevadísimas.

Soldados británicos en las trincheras, durante la batalla del Somme, 1916.

En otoño de 1915 el general Joseph Joffre intentó una ofensiva, con apoyo inglés, que concluyó en un gigantesco fracaso. Después de este éxito defensivo, a finales de año, el general Von Falkenhayn, Jefe de Estado Mayor, propuso al Kaiser su proyecto de atacar Verdún. Plaza fuerte e impenetrable según la propaganda francesa, pero que estaba en posición delicada por no poseer un camino o vía férrea para su reavituallamiento. Los alemanes esperaban que su caída debilitaría la moral de los soldados franceses. El 21 de febrero de 1916, el ataque se inició con la artillería bombardeando violentamente las posiciones aliadas. Los alemanes avanzaron poco, pero las pérdidas francesas fueron enormes. El 25 de febrero, el General Langle de Cary decidió abandonar la ciudad, pero el mando francés no estaba dispuesto a perder Verdún y nombró en su lugar a Philippe Pétain, quien organizó una serie de violentos contraataques.

El 1 de julio, los británicos desataron una gran lucha paralela en la Batalla del Somme, a fin de dividir las tropas alemanas y reducir la presión sobre Francia. Los alemanes retrocedieron escasos kilómetros, pero en orden. Al final, el frente casi no se modificó ni en Verdún ni en el Somme, pese a los centenares de miles de bajas.

En un esfuerzo por romper este callejón sin salida, este frente presenció la introducción de nuevas tecnologías militares, incluyendo el gas venenoso y los tanques. Pero sólo tras la adopción de mejoras tácticas se recuperó cierto grado de movilidad.

A pesar del estancamiento de este frente, este escenario resultó decisivo. El avance inexorable de los ejércitos aliados en 1918 convenció a los comandantes alemanes de que la derrota era inevitable, y el gobierno se vio obligado a negociar las condiciones de un armisticio.

La guerra del Pacífico

Era inevitable que el expansionismo japonés en Asia oriental y el Pacífico terminara chocando con Estados Unidos. La expansión imperial nipona iniciada en China iba claramente dirigida contra las posesiones europeas en Asia y las Islas Filipinas en manos de los norteamericanos. Por otro lado, Roosevelt había ido evolucionando desde una postura aislacionista a una creciente implicación en el conflicto. La Ley de Préstamo y Arriendo en marzo o la firma junto a Churchill de la Carta del Atlántico en agosto de 1941 mostraban claramente esta creciente intervención estadounidense.

En ese contexto, el ataque nipón a la base norteamericana de Pearl Harbor en las islas Hawaii el 7 de diciembre de 1941 supuso la entrada de ambas potencias en el conflicto.

La guerra en Asia y el Pacífico se inicio con continuas victorias japonesas. Las posesiones francesas de Indochina, la Indonesia holandesa, las posesiones británicas en Malasia, Birmania, Hong Kong, Singapore... También el general norteamericano MacArthur se vio forzada a evacuar las islas Filipinas. El gobierno de Tokyo dominaba también gran parte de China donde se enfrentaba a las tropas del líder nacionalista chino Chiang Kai Chek.

Sin embargo, el despliegue de la maquinaria industrial y bélica norteamericana no tardó mucho tiempo en desequilibrar el conflicto en favor de los Aliados. La batalla de Midway en junio de 1942 mostró por primera vez como se podía batir al ejército japonés. En adelante, pese a alguna derrota puntual, Japón se bate en retirada y los norteamericanos van dominando el Pacífico isla a isla en medio de una guerra cruel.

La guerra en el norte de África

La guerra en el Sahara se caracterizó por amplios movimientos de ataque y contraataque. A avances alemanes e italianos se sucedían contraataques británicos. El momento decisivo llegó en el otoño de 1942, en octubre el general británico Montgomery inicia el ataque sobre las posiciones alemanas en El Alamein, tras varios días de duros combates, las tropas de Rommel retroceden. En adelante, el "Afrika Korps" irá de derrota en derrota. Pocos días después de la batalla de El Alamein, el 8 de noviembre de 1942, tropas norteamericanas y británicas desembarcan en Marruecos y Argelia. Franco, temeroso de una posible intervención, recibió garantías de no ser atacado si mantenía su neutralidad.

La réplica alemana fue inmediata: la invasión de la Francia de Vichy, para Alemania ya al perderse las posesiones norteafricanas el régimen de Pétain ya no tenía razón de existir. No obstante, el estado dirigido de Pétain continuó existiendo, como un simple colaborador de las tropas nazis.

Pocos meses después, en mayo de 1943, el Eje fue expulsado del norte de África.

El viraje en favor de los Aliados

El año 1941 marcó un momento clave en el devenir de la guerra. La entrada en el conflicto de Japón junto al Eje y de Estados Unidos y la Unión Soviética junto a los Aliados cambió definitivamente el curso del conflicto. La resistencia soviética y la maquinaria industrial y militar norteamericana hicieron que la balanza de la guerra se inclinara a favor de los Aliados.

No obstante, durante el año 1941 y gran parte de 1942 el Eje siguió teniendo la iniciativa. Tres batallas marcaron el cambio de signo de la guerra: Stalingrado en el frente oriental, Midway en el Pacífico y El Alamein en el norte de África. La guerra se encaminaba hacia la derrota de las potencias fascistas y autoritarias que formaban el Eje


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