Inicio‎ > ‎

Presentación

La inmersión en el Derecho Administrativo a través de las prácticas.

Las prácticas hemos acostumbrado a convertirlas en teóricas de repaso. ¿Cuál es el órgano competente para resolver el recurso? ¿Cuál es el plazo para su presentación?... y similares. Lo que acaba de remitirnos Aranzadi en un CD de prácticas y Iustel en abierto sigue este criterio.

Otras veces se trataba de buscar una sentencia y comentarla, o un reglamento con iguales obligaciones.

Sin embargo, la mayoría de nuestros alumnos egresados no han tenido que redactar una solicitud, un recurso o una demanda. En tiempo de masificación ello era entendible. Pero ahora que en la mayoría de las Facultades vamos a tener en torno a 20 o 30 alumnos por grupo debemos avanzar nuevas posibilidades. Para ello he tomado la idea pedagógica de la "inmersión" para el aprendizaje de idiomas. De tal modo que mis alumnos comienzan presentando una solicitud de licencia con los criterios del artículo 70 de la LPC.
Divido al grupo equipos y ofrezco diferentes tipos de solicitudes a la Administración. Las que he elegido son fáciles, evidentemente, pero la estructura del procedimiento y el ulterior proceso judicial pueden considerarse universales.

El esquema que sigo es el siguiente:


PRACTICAS

Grupos de prácticas:

GRUPO A

 Tema: LICENCIA DE VERTIDOS

Amaia Egurtza

Patxi Aguirresarobe

 

GRUPO B

 Tema: LICENCIA DE APERTURA

Oihane Olasagasti

Ion Arrieta

 

GRUPO C

 Tema: LICENCIA DE EDIFICACIÓN

Maika Larrañaga

Mikel Etxaide

 

Litigio

Solicitante

Administración

1

A

B

2

B

C

3

C

A




El íter que sigo es como sigue:

1ª etapa: Redacción de la solicitud.
2ª etapa: Redacción de la denegación. Es imprescindible que siempre acabe en denegación para poder continuar la práctica.
3ª etapa: Redacción del recurso administrativo que proceda.
4ª etapa: Desestimación del recurso.

Mi experiencia me dice que este modelo cuesta alrededor de 15 semanas lectivas, es decir, un curso desde octubre a enero.

Ahora señalaré sus características. Cada uno de los documentos a redactar deberán proyectarse en la pantalla de clase. Para ello es imprescindible que exista un cañón proyector y que cada alumno disponga de un lápiz (pen drive).

Naturalmente esto hace que todos los alumnos aprendan de los defectos propios y los de los demás ya que en cada etapa se revisan y corrigen en público cada uno de los escritos.

El profesor ha de observar en la corrección de los errores una astucia cuyo equilibrio perfecto es imposible de averiguar. Así, las correcciones han de hacerse de forma limitada ya que a la otra parte hay que dejarle recursos de contradicción jurídica; no se puede "matar" el procedimiento con una corrección exhaustiva de la solicitud.

Mi criterio es ser intransigente en la LPC y los aspectos formales en todas las etapas, y ser flexible en la legislación sectorial. A este respecto debo confesar que exijo en la estructura del escrito el formato más clásico:
oEncabezamiento, con mayúsculas en los apartados que tradicionalmente se ha hecho.
o Hechos, enumerados: PRIMERO, SEGUNDO…
o Fundamentos jurídicos, enumerados: PRIMERO, SEGUNDO…
o Petitum claro, si puede resumirse en una frase que ésta vaya en mayúsculas.
o Pie, el que corresponda.

Lo hago así porque quien sabe lo más, sabe lo menos. Y es verdad que los formularios que ofrecen nuestras Administraciones a través de internet dejan mucho que desear para mi gusto. Y, sobre todo, pueden llevar durante las primeras semanas al alumno a confusión.
El razonamiento jurídico clásico, seco y sintético, creo que es una habilidad exigible a todo licenciado (graduado en el futuro) y la redacción de estos escritos acostumbra a que los usuales "cerros de Úbeda" que visitan gran parte de los alumnos sean atajados ad radice. Además nuestras leyes básicas; LPC y LJCA quedan impresas en los cerebros de los universitarios, cuestión que siempre hemos considerado fundamental. En cuanto a la legislación sectorial que es necesario alegar, junto con su correspondiente jurisprudencia, hay que permitir un paulatino afianzamiento, ya que así sí se produce una inmersión profunda. De momento, si no se obtiene acierto, lo que sí se consigue es habilidad para el manejo de las bases de datos legales, jurisprudenciales y doctrinales.

Hay dos cuestiones que nos deben preocupar; cómo se garantiza que todos los miembros del equipo trabajen lo mismo y cómo aplicar este método a los alumnos del curso de Derecho administrativo empresarial.

Modernamente se están intensificando los trabajos en grupo, prácticamente en todas las profesiones, y las jurídicas no son una excepción. Es normal que haya uno o varios líderes en cada grupo que son habitualmente los que idean y realizan el trabajo fundamental, siendo el resto actores secundarios. Es tarea del profesor averiguar quiénes son para reflejarlo en la nota final. No es muy difícil.

Seminarios actualizados

Los seminarios propiamente dichos pasaron a mejor vida en la mayoría de las Facultades. Por un lado, la masificación mantenía todas las aulas y "seminarios" ocupados por la mañana y por la tarde. Esta masificación trajo una desgraciada consecuencia y es que la mayoría de los estudiantes no venían a estudiar Derecho, sino a sacar el título. Si la asistencia es voluntaria y no cuenta mucho para la nota final, la opción era clara, no "perder" el tiempo en seminarios si se puede "aprovechar" para una partida de mus en la cafetería.

En la actualidad los profesores tenemos el horario controlado, y todo lo que organizamos fuera del horario lectivo no computa para ningún complemento ni para ningún reconocimiento. Incluso los bedeles y limpiadoras pueden quejarse porque rompemos su agenda haciendo seminarios, ocupando aulas, a pesar de no estar programado oficialmente por la Facultad entre sus horarios de clase. Todo ello tal como decía, mientras el Gran Hermano controlador de horarios de los profesores cierra el ojo y se llama andanas.

Como es reconocido, la potestad reglamentaria en las Universidades la ejercen desde hace muchos años los programadores informáticos. Lo que no está en la red no existe y, excepto la mayoría de profesores, el PAS, en lo que yo conozco, entiende que está prohibido, y exigen autorización por escrito para cualquier actividad "extraescolar". Estoy seguro de que volverán las aguas a su cauce pero presumo que vamos a sufrir todavía unos cuantos años.

En este estado de cosas, la única posibilidad que nos queda es llevar los seminarios a las clases, es decir, al horario de clases. Decididamente la presencia y participación del profesor en los seminarios es imprescindible. Pero si la ponencia es siempre presentada por él mismo, lo que es determinante en los seminarios queda reducido a una mínima expresión. Prácticamente como una de las tradicionales clases teóricas.

He recuperado los seminarios con algunas variaciones. Primero es parte del horario lectivo. Como he dicho más arriba un tercio del horario lo dedico a seminarios. Así atribuyo el seminario de cada semana a un alumno, confeccionando las primeras semanas un calendario de seminarios preciso en fechas, temas y alumno responsable. La verdad es que el Derecho administrativo es maravilloso para esto, casi todo lo que se debate en la calle tiene su vertiente jurídico-administrativa. La atribución de fechas se hace de atrás para adelante, reservando así las primeras semanas para explicar cómo se redacta una pequeña ponencia.

Paso previo es garantizar que saben usar las bases de datos legislativa y jurisprudencial, además de la biblioteca y la referencia de artículos de revistas que nos suministra la Universidad de Cáceres (Pronto lo que no está en Cáceres no estará en el mundo). Pues bien, todavía este año, cuando hice la comprobación más de la mitad de los alumnos ignoraban cómo encontrar una ley, una sentencia o un artículo para preparar su ponencia. La razón es muy sencilla, nadie previamente se lo había enseñado y nadie les exigió trabajos en los que fuera necesario utilizar nuestras fuentes de conocimiento. No creo tener un gen en mutación si os digo que estas cosas me dejan helado y deprimido, consciente de mi cuota parte de responsabilidad en un sistema que no funciona.

Dedico pues las primeras semanas a pasar por el ordenador a todos los alumnos que ignoren esta imprescindible habilidad. Elegido un tema al azar se buscan los documentos necesarios en el ordenador, cuidando de proyectar sobre la pantalla cada proceso de búsqueda para que lo vean todos los alumnos. En dos o tres semanas todos ellos han aprendido, aunque la velocidad de cada uno es diferente, obviamente.

Respecto del esquema del trabajo, exijo a mis alumnos lo que hace años durante el doctorado me enseñó T. R. FERNANDEZ.

"La estructura de un trabajo de investigación -me dijo- debe seguir el del drama clásico: planteamiento, nudo y desenlace."

El planteamiento es la presentación de los datos básicos en relación con el tema elegido. El nudo consiste en la presentación de los problemas no resueltos. Y el desenlace, por supuesto, se trata de las distintas propuestas de resolución de los problemas y, eventualmente, la opinión del autor.
También en las primeras semanas les explico el formateado.

o Letra Times New Roman 14 a espacio y medio.
o Extensión entre veinte y treinta folios.
o Presentación con Power Point, acompañado, eventualmente, de algún formato audiovisual.
o Los textos que no sean de elaboración propia en cursiva y con notas a pie de página.

Exijo, igualmente, que la ponencia no debe contener el estudio de menos de cinco normas, cinco sentencias y cinco documentos doctrinales.

Llegado el día de la presentación y tras la misma se procede al debate guiado. En primer lugar, los comentarios y las preguntas han de ser de los alumnos. Aquí me encuentro con dos problemas que siempre resuelvo con dificultad. Nuestros alumnos no tienen la costumbre de participar en clase y se ha extendido un espíritu de solidaridad de acuerdo con el cual poner en aprietos al compañero es manifestarse como una mala persona. Yo les digo que estamos en el entrenamiento, donde hay que estudiar los defectos y potenciar las virtudes de cada jugador. El partido empieza cuando ejerzan profesionalmente como juristas.

Si el debate se agota es el momento del profesor con preguntas y explicaciones complementarias.

El texto ha de ser entregado en papel y en formato electrónico. Este último lo exijo para comprobar con los buscadores ordinarios si el trabajo ha sido total o parcialmente bajado de la Red.

En cuanto la calificación es evidente que la mayor parte de la atención del profesor debe orientarse hacia el ponente, pero igualmente hay que puntuar las intervenciones jurídicamente mejor fundamentadas durante el debate.

Este ejercicio enseña, sobre todo, a pensar en Derecho. Quiero decir que la actividad de pensar, en general, en nuestra sociedad está en peligro de extinción. Para pensar hay que estar solo, sin ruidos externos, sin el Ipod o el mp3, salvo música clásica suave y sin texto. Hay que leer los documentos, idear la estructura del trabajo elaborando un índice, comenzar a tener opiniones propias fundamentadas y, finalmente, el episodio del terror: escribir. Yo no conozco otro método para aprender a escribir que escribiendo. Después corríjase estilo y fondo cuantas veces sea necesario. En mi opinión, un alumno que no sepa poner por escrito un razonamiento jurídico propio no debe obtener el título.

Teóricas interactivas

Hace unos cinco años me encontré a la salida de la Facultad con un antiguo alumno que solía conversar conmigo durante su época de estudiante. Me dijo que trabajaba en un bufete, pero que había tenido que estudiar Derecho después de tener el título de licenciado: en la Facultad no había aprendido demasiado. Le contesté que no me lo creía ya que había sido un estudiante no brillante pero regular y participativo. Sentenció finalmente: he aprobado las veinticinco asignaturas con apuntes comprados en la fotocopiadora de la Facultad, nunca he necesitado comprar un libro o código para aprobar los exámenes. Esto es, los servicios de la Facultad proveen de apuntes a los alumnos. Es parte del sistema, no es una actividad clandestina sino favorecida por algunos de nosotros mismos. Tengo que repetir que me dejó el corazón partido. Sin darme cuenta llevaba quince años dando clases absurdas, sin ninguna utilidad, ya que cualquier persona con estudiar durante cuatro días en junio podía aprobar holgadamente mi asignatura. Incluso me percaté de que los alumnos que asistían a clase no solían sacar mejor nota que los que gastaban apenas un mes en sacar las seis asignaturas de cuarto.

Consciente de mi fracaso como profesor comencé a hacerme preguntas. Sobre el examen teórico llegué a pensar que incluso los alumnos no eran suficientemente espabilados. En efecto, el programa de un año puede dividirse en unas 120 preguntas. La mayoría de los profesores descartamos preguntar la mitad de ellas por considerarlas poco importantes. Si tenemos en cuenta que cada una de las preguntables pueden ser resumidas en un folio, aprobar la asignatura podía consistir en memorizar 60 páginas. Si ponemos 4 o más preguntas, aprobar se limita a 30 folios. Avergonzado por esta realidad suprimí los exámenes teóricos hace cinco años. Sólo exceptúo a los que no pueden venir a clase a los que remito al libro de Ricardo Rivero Ortega "Derecho administrativo económico" Marcial Pons, cuarta edición). De este modo he imposibilitado que existan los apuntes de LOPERENA.

Otra cosa muy diferente son los exámenes prácticos. Cuando consisten en preguntas teóricas de repaso tienen una utilidad escasa, es cierto, pero son incomparablemente mejores que los teóricos antes mencionados. El examen verdadero es plantear un caso y hacer un informe. A mis alumnos les recomiendo las Leyes Administrativas de Luis MARTÍN REBOLLO, pero todo tiene sus límites. Es una legislación obviamente limitada. Esto es, pueden existir flecos normativos que no estén al alcance del alumno, y estos flecos son muchas veces relevantes. Por otro lado, la jurisprudencia y la doctrina no pueden ser utilizadas. Esperemos a que cada estudiante venga a clase con su portátil y conexión a Internet para haer buenos exámenes, pero estoy convencido de que éstos son los únicos exámenes por antonomasia. Con todo respeto hacia vosotros, queridos colegas y maestros, los otros tipos de exámenes no tienen futuro.

Limitadas mis explicaciones teóricas al tercio del horario, he tomado los siguientes criterios:

1.- Cada semana me remiten por e-mail el comentario de texto que corresponda resumida del manual de Ricardo RIVERO ORTEGA Parto para ello de que leer con atención un manual es obligar a entender el Derecho administrativo empresarial, aunque no lo memoricen.

2.- Escojo los temas que voy a explicar y dedico hasta su agotamiento las semanas necesarias. Puede entenderse que esa ley divina que exige no preguntar lo no explicado es actualmente inaceptable.

3.- La interactividad la provoco preguntando continuamente a los alumnos cosas que ya deben saber

4.- La documentación legal o jurisprudencial que manejo en mis explicaciones la pongo en el acto en la pantalla de clase. Puede ser por conexión a Internet (preferible) o llevarla en el lápiz.

5.- Un alumno habilidoso escribe en el Diario de clase las explicaciones, preguntas y textos legales o jurisprudenciales utilizados. Lo hace en tiempo real sobre el ordenador del aula proyectando el documento que elabora en la pantalla. Posteriormente lo remite a todo el grupo por email.

Este es el momento de volver sobre los manuales. Ya he manifestado mi sintonía con el programa de Luís MARTÍN REBOLLO. Este o cualquier otro programa requiere de un manual. No todos los manuales tienen la misma estructura y composición. He propuesto ya el manual único descargable gratuitamente desde Internet. Ahora bien, las dimensiones del manual también deben ser consideradas. Además debe estar escrito para la media intelectual de la clase. A los adelantados el profesor deberá ofrecer doctrina complementaria en forma de artículos de revistas. Pues bien, la mayoría de los manuales a la venta son desproporcionados en contenido, y así se genera otro vicio: los apuntes del libro.

Subpáginas (1): Cuaderno
Comments