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Daniel Lebrato

DE QUIEN MATA A UN GIGANTE

 (1988-2011)

                    Álbum de fotos ( Jerez, 1988 )                


V.O.C. Versión Original Completa y aumentada


Jerez 1988 / Sevilla 2011


 


DE QUIEN MATA A UN GIGANTE

 





Daniel Lebrato

DE   QUIEN   MATA   A   UN   GIGANTE

(1988-2011)

DQMG (Jerez, 1988) se dividía en dos partes: De quien mata a un gigante, 63 episodios numerados del I al LXIII, y Virtuoso cadáver, del 1 al 9. El libro se fue escri­bien­do entre Val­verde del Camino y Sevilla en fechas que van des­de enero de 1984 (el más antiguo: el XXVI) hasta ju­nio de 1987. Concebido como una historieta, el ar­gu­mento fue creciendo a partir de las viñetas X, LV y LVIII, que corresponden con los ac­tos de habla de salutación, despedida y recuerdo, escritas en Val­ver­de al teclado de una máqui­na Ka­p­pel el jueves 30 de mayo de 1985. Seis mayos más tarde, en 1991, el Sobre Hilado publicaría en Sevilla cuatro estampas más, a las que ahora se añaden otras cua­tro, inéditas.







 








 




Daniel Lebrato

DE QUIEN MATA A UN GIGANTE (1988-2011)




 








No he visto ningún libro de caballerías

que haga un cuerpo de fábula entero con

todos sus miembros, de manera que el

medio corresponda al principio, y

el fin al principio y al medio;

sino que los componen con

tantos miembros, que más

parece que llevan

intención a

formar una

quimera

(Cervantes)






 








 








 







Canción para príncipes insomnes

Pero ¿en qué batalla

perdió los dineros

Amadís, la Flor

de los Caballeros?






 








 








 








 








 








Bárbaro que me matas con un beso

hazme con un beso conocer mi destino

 








 








 







De quien mata a un gigante

y guarda, virtuoso, su cadáver

 








 








 







Tan cerca la frontera y tú tan cerca

Amor mío mis alas

de volar mal heridas

 








 








 







Disputan las ciudades la patria de los héroes;

···· ··· ····· ······, ····· ·· ·········

··· ········· ··· ·· ····· ····· ·· ··· ········

·, ···· ···· ·····, ·· ····· ··· ··· ······

··· ····· ····· ····· ·· ······ ··· ·· ·····

··········. · ···, ·· ······· ·· ·······,

·· ····· ·········· · ····· ··········:

···· ···· ········· ·· ·········· ······

····· ·· ····· · ·· ········ ·· ·· ······, ·· ···

·· ····· · ·· ·· (······· · ········

··· ·· ·· ······ ·······), · ·· ······ (·· ··· ····

··· ···· ·······) ·· ···. ···· · ····· ·· ······,

··· ······ ········· ·· ······ · ·· ······

······, ··· ·······: “·· ···· ···· ······· ······

···· ······ ····· ··· ······ ·· ·········

········”. (·· ·· ···· ····· ····· ·· ····· ·· ·····:

·· ······ ···· ········ ·· ······· ·······.)

 


                        / a Nadie, es decir a Ulises /














I

He aquí la herencia de los bárbaros


No vinieron por avenidas ni por pasos de frontera

ni observaron las leyes del Plenilunio y la Vendimia

Invadieron el templo con su lenguaje inentendible

Todo lo llenaron de invierno y de un olor

semejante al de sus cabalgaduras

No hicieron ascos a ciudades en cuarentena

ni -que se sepa- respetaron el lecho donde duerme

Ares con Afrodita

Por toda herencia nos dejaron

un camino hacia el Norte

y un Occidente interminable






 








 








 







II

Si alguna vez, por fin, la Tierra Firme

con qué liturgia, ceremonial, medallas

piedra o papel buscando en la memoria

memorias y epitafios






 








 








 







III

Roguemos a los dioses el norte perseguido

la ruta favorable y la paz tan deseada

Roguemos una forma de contarlo y luego

al árbol de la sombra más propicia

dormir hasta que sople

el viento del sur






 








 








 







IV

En el muelle de las tabernas el héroe escupe

a media mueca labio, cigarro y vino

Escupe sedas y naufragios, bellos rostros

de pajes y princesas

(la constancia en su cara de que el dolor existe


Remotos horizontes, prodigios y batallas

por una noche juntos, y no el viaje

la mueca es la aventura






 








 








 







V

Ah, muchachos impertinentes

sólo os interesa de mí esa habilidad

que sin rencor puedo llamar subalterna

esa fama que dan viejos lances retóricos

cierta fácil palabra que aprendí por las plazas

Conocéis mi nombre y domicilio

sabéis dónde encontrarme

sabéis lo que es peor

                                mi precio en vino






 








 








 








Vb [2011]

Soplan vientos del norte en las tabernas

y hay un rincón donde el desahucio crece

donde muchachos como peces abisales

suben del arrabal a herir la cáscara de las historias

de todas las historias que son una


La de la doncella ante el espejo y la del paje

que contemplando su sexo se ruboriza


La de un rey de lejana corte

que hará como vosotros

por escucharme algún día rabona

 








 








 








VI

Se hielan por tus venas

lindo muchacho entre navíos

corrientes de aventura  Sabes

de la indecisa balanza del dolor

y la hermosura, y que en la plaza

los mercaderes echan cuentas


Otra vez miras el mar

Qué sabes tú del mar

si ya te han puesto precio en los burdeles

 








 








VII

Si vos queréis la Senda Luminosa, el Passo Honroso

y preciosadama orgullo de la casa

y madre a dinastía

basta vencer de crépitos dragones

y justas

la ruta y la es capada hay siempre

desdicha da princesa que aun rey pedir en mano

 








 








 







VIII

Que la ciudad es contagiosa dicen

que la ciudad os cura y no ama nece

sin ira más un número de forme

de criaturas  Mi paso en la ciudad

ajeno, incom pasivo

con tanto para lítico, lisiados

que nos a bendecirme lo que quiero

 








 








 







IX

Del canto viii de una odisea apócrifa

I.

No importa lo que diga un extranjero

Suponed simplemente que el extranjero no ha llegado

y que sus palabras por tanto no existen

II.

Pongamos que una esquina, que una noche

que una botella vacía, son los feacios

 








 








 







X

Ya veis que el extranjero sin túnica y sin prisas

resulta francamente apetecible

Pedidle sin temor que pose

en vuestro labio el labio deseado

A vuestro alcance el tacto de mucosas como el cielo


Gente de poco gusto y descreída

 








 








 







XI

Mi patria no es peor que cualquier otra

Alberga, Señor, un domicilio

una familia, un voto

cada cuatro Alberga

normales convivencias ciu dadá/

 








 








 







XII.

Vengo de Aquiles El de los Pies Ligeros

y dicen que me busca Uno

que se hace llamar

El de la Blanca Luna

 








 








 







XIII.

I.

En esa fecha estoy espada y doble filo

Dióscuros oscuros y Dios para qué os quiero

II.

Sentencia y Cruz de Mayo, dímelo tú

Ángel de Mayo, custodio mío

 








 








 







XIV

I.

Inquietante la credencial de tus ojos, el escorzo de tus ojos / la exaltación de la pólvora /

la pólvora encendida

        II.

Inquietante Bárbaro que me matas con un beso / hazme con un beso conocer mi destino /

o Tu abrazo más violento me circunde / y nombre por su nombre la Tierra Prometida

        III.

Inquietantes mis termópilas / mis arcos de triunfo tan intactos

 








 







XV

Fue dicho  Abriremos una época de amor en los naranjos


Pero a mi vera el azahar duerme sin coraza y aún aguarda

la exactitud de tu presencia


Claudican corazón adentro devoradores ángeles principiantes

devoratrices fieras que bebieron el agua de todas las caricias

por escucharte aprenderían todos los idiomas


Claudican, sí, pero fue dicho  Discípulo del rayo

y ni siquiera aquel auriga que destrozaba el alba en Eritrea

ni el arquero tenso que confundiera Esmirna con Finisterre

repudiarían de su lecho a la Menor de las Asias

esta muerte pequeña que te doy, esta amnesia benévola

esta época de amor en los naranjos

 








 








XVI

I.

Alguien es tu proporción del Mal

guarda la parte

de Infierno que te ha sido otorgada

y espada o labios habrán de ser entonces

fatal resignación ceremonial entrega

II.

Dígalo, si no, el resucitado

·   ·   ·   ·   ·   ·   ·   ·   ·   ·

Espada y labios

 








 








XVII

I.

Media palabra entonces para la paz que no existe

como media clausura de la tarde

claudicación del homicida que no existe, y es falso

como sílabas contadas de gracia o de cristal

de seda, de finísima seda

para la paz que no existe, y es falso

II.

Yo recibí las manos de las gaviotas ariscas

pasión por el cristal de criaturas muy tiernas

frágiles y enamoradas, y ningún vaso

ninguna tierra firme o continente

III.

Ariscas y gaviotas las sílabas que faltan

de seda o de cristal corona fragilísima

para mi frente es tarde para la paz

esa media palabra que pudiera salvarme

 








 








 







XVIII

Imagínate ahora, para olvidar tu oficio

que te diviertes dándole la patria más lejana

las naves más audaces y el rostro más hermoso

a tu enemigo


Imagina la luz más cegadora

de un segundo de arena

de una bala de plata

de un descuido

 








 








 







XVIIIb [2011]

Desprecia las cuentas del insomnio

y tu improbable ración en la rapiña

Botín, ninguno  Solamente unos ojos

un precioso cadáver

 








 








 







XIX

Condenado por los dioses y los juglares

desconozco las proporciones, la fatiga, el desengaño

Inmune a la mordedura

de los días, de la noche y sus inviernos

te ofrezco un horizonte sin límites

Bésame de una vez  No seas

matándome un rutinario

 








 








 







XX

Y si el hombre eligiera su final más querido

de tu cuerpo a mi noche una daga perfecta

Más veloz quiero verte apurando este beso

amor mío mis alas de volar mal heridas































XX
b [1991]

Termópilas

Flechura de tus ojos, nube persa

si muero con el sol que ahora me prohibes

acuérdate de mí mañana cuando estés

llegando a Salamina

 








 








 







XXI

Hextermi, Hextermi

nado termina

terminad min adoro

doro hextermín

Minado doró

ohexter minador

Oh Hexterminador

 








 








 







XXII

o en tus manos encomiendo mi espíritu

si es que sabes cómo salir con vida d

tanto laberinto cómo se baja vivo d

e una cruz así sea para andar en boca

de sacerdotes y en el sueño de lúbric

os adolescentes que habrán de convert

irme en dibujo de estampita triste es

el destino de quien mata a un gigante

padre padre  por qué me has abandonado

 








 








 







XXIII

Dirás metales agudos vértices

mi espada geminada

                               afiladísima

en la piedra dulce de los sacrificios

        y en el lúpulo

ritual del sacrilegio


Dirás dobles aceros o dobles labios, nunca

el milímetro y preciso filo con que he llegado a herirte

nunca la exactitud del óxido

que tu herida en mi espada provoca

 








 







XXIV

Crueldad mayor la de la carne seca

la lengua torpe y la mirada blanca

como el sexo de nieve  Oh seductor

morir morir tan lejos de tus nietos

y de los hospitales

 








 








 








XXV

Dueño mío, dulcísimo

rendir en ti la travesía

quemar las naves, decir

adiós a compañeros, decirles

mi renuncia a tesoros

soñados cada noche

en tu lecho, el más dulce

dueño mío, si fueras

tú lo que me ofreces

o amor lo que persigo

 








 








 








XXVI

No habrá laurel por enero en los sobres que vigilan la distancia de la caligrafía sin hilos

ni lacres laurel de enero caduceos de lírica carnal

ni olivo pálida escapatoria y tentación de las metáforas mensajeras

Laurel, letra perversa que sucumbe bajo idiomas más rotundos

deja que me dilate en la sala de espera que me lleva tan lejos

déjame cicatriz tierna y dócil como el beso de los muchachos alejandrinos

como dócilmente contraseña de los héroes gentiles

Pero aparta de mí ese signo tan que estrangula o devuelve la vida

tan único laurel perenne con que enero corona a los derrotados

 








XXVII

I.

Menos frío que el frío de mi espada

deja dolor que el viaje continúe

y no hagas burla en mí ni me persigas

por este mar de olvidos y azucenas

II.

Que los hombres no lloran es sabido

y es duro el sacrificio que la ciudad impone

 








 








 







XXVIII

Si rendición no fuera penúltimo argumento

atraigan para mí plegarias la cólera del rayo

un laocoonte perfumado, y no el dolor

si rendición no fueras


Si rendidción no fueras, púrpuras de tu alma

en sangre vivas el guerrero inevitable

escondido en el caballo de las troyas


Si rendición no fuera clámide para tu piel

coloso de otros mares, un dios terrible

enjuague para siempre la marca femenina

de mis ojos, para el dolor cristal


Si rendición no fueras y en el último argumento

me volviera y te mirase

 








 








 







XXIX

Segundo movimiento

        I.

El día que te vayas, amor, pon dulzura y apresura tu abandono

mientras tu paso es ingrávido y mi sueño aún tan creíble

aléjate como quien se aleja de quien al alba habrá de enamorarle

        II.

La noche que me quieras, amor, pon dulzura y apresura tu retorno

mientras tu paso es ingrávido y mi sueño aún tan creíble

acércate como quien se acerca a quien al alba habrá de abandonarle










 







XXX

De ti para mí, Princesa, las aguas bajan tristes

Ruegan por su vida en el jardín otras aguas

y es tarde y es tristeza


En vano un paje

                   o una paloma te buscarían

Ya en el jardín no están tus dragones recortables

tu camiseta blanca ni tus tizas de colores

No están tus ropas de mayor en las hamacas con luna

porque tampoco el vigilante, tampoco

vigilando tus pasos detrás de los cristales

De ti para mí, Princesa, tronchados por la prisa

ruegan por su vida en el jardín los geranios


Pajes y palomas


Tu zapatito allí puesto

al filo de palacio y de las doce

 








 







XXXI

Duermes

              No sé cómo nombrarte

Diríase que un ángel te inventara de pronto

o que el más extraño pájaro que hollara tu jardín

te conociese

He dicho Pólux

he dicho Amor es siempre tránsito

hice discursos estúpidos en la Asamblea

No sé cómo nombrarte


Duermes


El viaje vagamente te recuerda de lejos

Diríanse las alas del más extraño pájaro

diríanse mis manos de escrituras medievales

 








 







XXXII

Fuera nuestra vida un nudo frigio

alérgico a las vísperas alejandrinas

y poco más, Princesa

        Azar del azahar

Nadie sabe para quién trabaja el tiempo

ni por qué de estar aquí tus ojos tristes

pálida lujuria serían de este abril

que llora en sus naranjos por la cópula de mayo

















XXXIII

Me queda el beso profesional ya casi

la astucia de tus piernas

                         el estudio

de tus caderas siempre en fuga

como la aurora

                        mi princesita infiel

 








 








XXXIV

Algunas noches, jugador, tu aliento

sabe a fósforo amarillo y a sal

de orina evaporada tu sudor

envejecido y cárdeno de los metales

de los Borgia


¿Alguien sabe por qué te abro la puerta

con qué moneda pagas todo el veneno que

litúrgica liba mi boca

 








 








XXXV

Cuando descanse el guerrero vamos a darle

sueño de pájaros trinos sobre la cuerda del arco

almendros de brisa tierna canción de luna

un opio de futuras conquistas le daremos

Cuando el guerrero descanse habrá labios de gaviota silenciosa y

párpados de paz y aliento tan profundo tan profundo

como los ríos subterráneos que en la almohada

del durmiente susurran la traición

 








 








XXXVb [2011]

Juega con la cortina el aire y ese aire

asegura al guerrero que él ya estuvo allí

Aletea el párpado en reposo y es que alrededor

mientras hojea sin pasión un libro de su mesita de noche

planea la duermevela y el corazón ebrio

de un ponche que sabe a gloria

Todo en esos amarillos que pone octubre

sobre el rubor de los recién casados

 








XXXVI

Duerme

la suavidad del vello repartido, el sexo acariciado

la frescura del alba que propicia sólo este sueño

o lágrimas dulcísimas por las alhambras perdidas

 








 








XXXVII

Sueño ese muchacho triste que ha de servirme una copa

inmaculado lo sueño cumplido en sus promesas

Levemente su voz acaricia mi tímpano y huye

qué lejos ya de todo y aún dirán que estoy muerto

 








 








XXXVIII

Cuarenta años y un día es mi condena

Oh Tadzio

no es siempre como mujer como se llora

lo que perdieron los hombres

 








 








XXXIX

No es bueno que en lo oscuro como luciérnagas batallen los ejércitos

ni que el sol prolongue para la sangre su trabajo en vano

estando ya mi lámpara encendida

Ahora que duerme el campamento un territorio queda entre mis uñas

y un jinete se aproxima carta de paz en mano

 








 








XL

Amigo las almenas nuestra boca el tiempo incertidumbre

por ejemplo este cielo familiar tu mano o escribir

aquí yace y más abajo la fecha exacta tú la sabes

a pie de muralla y de mucosa alguna vez amigo

escribir nuestros labios dados acertaron

con los árboles sagrados o el soplo del elíseo

 








 

XLb [1991]

Saliéramos al alba al beso a toda piel es fácil

al contagioso oriente y al rocío hasta los últimos

rincones desahuciados ahora que eres joven olvida la palabra todavía

olvídate no hay tiempo y finge la hermosura de quien a por nosotros viene

y al alba sabe suya tan frágil como nosotros seremos fortaleza

 








 








XLI

Torre de las tres doncellas la tarde conspirando

en la alameda un fondo de cartujas el viaje

que nos cabe alameda tan oscura y el único camino

la torre verticae

 








 








XLII

Crece en ti la cal y crece

tu callecita estrecha

linda y perdida

Zaharas y gaucines y gazules

Amarguras

A veces por milagro caracolas

te acercan la voz del mar

y horadan tu corazón

lindo y perdido

 








 








XLIII

Amé tu corazón esa ciudad tu boca en el abismo

de la vega tu abrazo en el postigo de la carne

murallas de tu boca tu boca en la alcazaba

Amé tu corazón nací para perderte un centinela

vigila noche y día tu torre de homenaje custodia

de tu boca y de extramuros custodia noche y día

Nací para perderme y amé tu corazón esa ciudad

en que a uno le gustaría perderse

 








 







XLIV

Un duelo de jazmines o un reto en el alcázar

morir despacio el cuerpo a sorbos gotas lúcidas

morir deespaciamente un patio de naranjos

la música sinfónica y la piedra venerable

Despacio más despacio allegro ma non troppo

la calle intravenosa tu espacio y tus pisadas

 








 








 







XLV

Eres por fin la sangre de tu espada

laurel de la victoria y grito del vencido

Eres el odio que te sobrevive

y reunión de labios que has besado

Burlador de la muerte salino y luminoso

el Sol eres por fin

                           tus lágrimas

                                             el Mar

 








 








 







XLVI

I.

Recuerda el día de la batalla de los dioses

que Dios confunda  La sangre allí

iguala los idiomas, los emblemas

las caras de la Creación y de la Muerte son iguales

II.

Así tuvo que hacerse el Mundo a tu medida

y no te quejes

Tu ruina ya es la ruina de las cosas

y tu nombre siempre el nombre de Ninguno

 








 








 







XLVII

Respiran siete cielos al Unísono de Oriente

dice el almuédano

mejor que tú el insomne, el descreído

Es hora pues que arena mortifica

tu pie sobre un cigarro

en una playa lejos muy lejos de tu patria

 








 








 







XLVIII

Más que abril con sus días, con su lluvia pequeña inesperada

manos tuvo la piedra, azúcar cariñosa

la higuera de la casa de las sirenas

cuyo canto -ciudadano- te ha sido dado escuchar:


Donde siempre a las cinco
, Comemos juntos

A veces


como lluvia de abril conservas un dibujo

del rostro del olvido en la alameda

 








 








 







XLIX

Ningún otro tesoro te ha sido dado en custodia

más que los nombres alados que aprendieron

el secreto de tus días  Silencio guarden

acariciadas huellas de los cuerpos que has amado

conspirador


No caricias nuevas pentimento de octubre

entristecen memoria

pero aquella sangre dulce que fanático sorbo

derramó por tu boca un ángel exiliado

cuyo nombre custodies hasta el fin de los siglos

 








 








 







L

Tango de ausencia

Navegante entre dos luces levantas en las alcobas

botellas barricadas o pájaros de Brake

pero humedad de los ojos ha de negarte tres veces

antes del alba

                     Vos lo sabés y sos

completamente lastimoso

Aquel tapado de armiño

                                      te reconcilia

con el idioma que tiene

previstos todos los vocablos

Ay, amor, si vos pudieras

 








 








 








LI

Álgebra y clausura de la tarde

La ilusión juega negras  Peón cuatro

dama  El pasado juega blancas

Jaque al rey

 








 








LII

[Bajo el volcán]

Por la candela sabemos el lugar pre ciso de los labios  El paso, un titu beo  El ruido solo de

unos pies noc turnos  La  llave  La  llave  Una car ta cerrada  y todavía  en  el  bolsillo

 








 








LIII

Aquella luz de las teselas grises

maleducadas por la lluvia, piedras

preciosas del regreso


Fue tanta luz


Tanta luz en los jazmines amarillos

equinoccialmente exactos

puñales de amarillo de breve y corazón

Pálpitos esdrújulos

                             Aquel jardín ¿francés


Luego a la noche la lámpara encendida

y el blanco de almidón donde otras veces

cuántas veces los besos y su reino

equinoccialmente degollados

                                             jazmines

tuvieron su gotita de rocío

su idioma con la brisa

para mendigar la luz

 








 








LIV

por entonces la sábana sagrada remota y cardinal

escénica blancura ceguera de los dientes

la inocencia por entonces exquisita pétalos

del azar la vida por entonces en los labios

aquella boca vestalmente deshojando cremalleras

 







LV

Vuelve la luz a su ciudad primera

opaco el fin de su dolor reunido

y en largos tragos como quien vive lejos

por donde en paz circula silente la aventura

Alza la copa por cuanto aún sonríe

cobijo dan sus labios al gesto displicente

y en su garganta apura la ley de toda vida

y el beso que devuelve a su antes de haber sido

 








 








 







LVI

Nosotros los que nunca atravesamos el umbral de las murallas

cedemos el oído a lo que el héroe nos cuenta

El héroe duerme en casa y su cansancio reconcilia

Ningún discurso inútil como el de todo regreso

 








 








 







LVIb [1991]

Sabed que con la edad el sufrimiento se inhibe

y retráctil el dolor corre a esconderse

en las hospitalarias conchas del invierno

del pecho  No me vengáis ahora

con vuestras lágrimas o adolescencias

ni remováis la máquina de la emoción

que el corazón amurallado ha sido

 








 








 







LVIc [1991, 2011]

[Sancti Petri, 1985. Óleo]

Eres joven  Te convienen

la repetición del gesto esperanzado

la inocencia negligente y el oficio

gozoso de aprendiz, pero ay de ti

si al desahuciado niegas el alcohol

al creyente, la indulgencia,

                                        a tu salud

la geografía del olvido en Sancti Petri


(Pompeya con jaramago y lagartija)

 








LVII

El brillo recupera tu copa de plata

su pasado deleite tu ropa y tus pañuelos

Bajo tu pie se ablanda un perro dócil

un escabel inútil estos años  Tiendes

hacia atrás el puente de otros días

cartas y teléfonos, agendas de trabajo

Puntual el servicio levantará la mesa

y seguiremos durmiendo en habitaciones separadas

 








 








 








LVIII

Así fue, dirán las crónicas, tal era su mirada

De la oquedad llenar espacios ojos vírgenes

Tan sublime esculpido quién diría que ahora

mi buril titubea y hace frío en la acrópolis

 








 








 








LVIIIb [2011]

Asia Menor

Tan tibio ahora el edredón de invierno

el sol a mediodía, el vino en los cristales

y ya qué más

Siguen firmándose tratados vergonzosos

y los periódicos no traen nada

de aquel jinete persa en los naranjos

 








 








 








LIX

Murió el hombre en edad de ser cobarde como todos

y aun así conoció la emoción y la lejanía

y una borrasca de sangre salpicó su cabeza

Murió el hombre de los papeles secundarios

dudoso de una bala sin trucos ni doblajes

en la frente del malo, y la guapa

de la película lloró por él

 








 







LX

Silos cíclopes y las pené-lopes

y si el hombre de la cáma-ra hiel dólar

estas líneas, dios mío, seá de comerla tierra

Se per dieron di-rán que los co pistas, que

íntegrose conser vapor milagro un manus crito

por mil agros, dios mío, por mil argos

 








 








 







LXI

Díjose entonces Dios:

Hagamos al Hombre a Nuestra Imagen

y Semejanza; y el Hombre

Subiré sobre la cumbre de las nubes

y seré igual al Altísimo

 








 








 







LXII

Os di cuanto es preciso a mar sin prisas

que insólito crepúsculo recorre

Descanse aquí el guerrero si lo hubo

Disuélvase en lo azul amor de sal

 








 








 







LXIII

Así pues nosotros

príncipes de sal y de caricias

                                           contemplamos

la imprescindible cópula del Sol

             sticio de San Juan

Luz contra luZ

                       SILENCIO

Sabemos que Occidente dulcifica sus pasiones

y no se llevan ya las metáforas atlánticas

 








 








Segunda Parte del Libro

Virtuoso cadáver

 








 








 







1.

No hagáis caso a un borracho, pero creo

que los héroes futuros

pondrán el pie en la luna o darán vueltas

al ruedo o a las plazas

de mayo, qué dolor

 








 








2.

Amor es de Galatea con el hombre del mon óculo

Un óculo le basta y sobra para el punto de mira

y Sinaí Yuda desciende deum carro de combate

Es cariño sa con él cuando vuelve del ministerio

están-pale un ósculo erótico en el mayúsculo in sólito

y mi mosha le dize mimos ho Dayán querido

De noche crece el morbo y Noé seré ditario

 








 








3.

I.

Acierta edad y aciertas horas uno sabe

cuando la paz

después de un beso es ya imposible

II.

Su nombre no es Luzbel ni Vladimir Ilich

desconoce a ese tal Borges  Puede

pensar diluvios, y está solo

 








 








4.

Las heroínas hoy día tantas veces se resisten

Años de fiebre de asedio sobre ciudades en vano

Si el centinela se burla ha de morir aquí mismo

Total robar otro pliego o sobornar al cronista

 







5.

Ah divina Penélope Bacall adivina quién viene esta noche y acierta después del beso a ver

si en tus brazos se te duerme y por fin eres dueña del sueño de quien mata a un gigante

 








 







6.

En el doce Bernard de Chartres escribe los modernos son enanos encaramados en
 
hombros de gigantes escribes y regresas pretextas inocencias o trastornos mentales

transitorios escribes y regresas ciego con pistola cartero que llama dos veces criminal que

siempre vuelve al lugar del crimen escribes y regresas muy siglo veintidoce mental y 

transitorio

 








 







7.

Autores hablan del mirto y del laurel

usan del alhelí, de la mandrágora y de la albahaca

del jazmín y de la flor de almendro

hablan del júcaro y del almizcle

                                                 dicen

que viene de los bosques del Tíbet y del Tonquín


He amado esos nombres


He amado esos nombres y he inventado

su geografía como un ciego el rostro que acaricia

 








 







8.

He hurgado, ya se sabe, como un ladrón los viejos libros

y las páginas que faltan buscado codicioso

pues piensa el descreído que todo libro es sagrado

y toda obra, incompleta


Si no me interesó la conversación de los hombres

sí en cambio su escritura

                                      Perdí mi luz

por entre líneas de polvo de luminosa fábrica


Memoria confusa guardo de larga arqueología

a veces sólo un versículo, cuatro palabras, ruido


Nunca descifré los renglones del que Todo lo escribe

y hace tiempo que aprendí

la dulcísima piedad de la mentira

 








 








y 9.

Disputan las ciudades la patria de los héroes;

unas con otras pugnan, entre sí rivalizan

por demostrar que un héroe nació de sus entrañas

o, como bien menor, al menos que los huesos

del héroe yacen donde la ciudad les da culto

satisfecha. Y así, la leyenda se imprime,

se becan biografías o tesis doctorales:

todo será encontrar un parentesco sólido

entre el héroe y la historia de la ciudad, ya sea

de armas o de fe (palacio o catedral

que en la ciudad fundara), o de amores (si los tuvo

con hija ilustre) en fin. Pero a falta de idilio,

aún sobran ocasiones de mármol o de rótulo

dorado. Por ejemplo: “En esta casa, antigua cárcel

real, estuvo preso don Miguel de Cervantes

Saavedra”. (Es de buen gusto poner la fecha en letra;

el pueblo nada entiende de números romanos.)

 









 







    

Bajo el lema

He venido a matarte o a morir en tus manos,

de Luis Alberto de Cuenca, aquí finaliza

De quien mata a un gigante

de

Daniel Lebrato

 








 










Epílogo del autor. De quien mata a un gigante provocó las furias del presunto poeta y presunto crítico José Mateos (la presunción es de inocencia), quien nos puso a parir en la sec­ción Libros de Diario de Jerez del sábado 26 de marzo de aquel 1988 con un ácido artículo titulado Un premio más: «DQMG no hay por donde cogerlo. Los poe­mas, que en su ma­yoría care­cen de senti­do y se reducen a un jue­go vacuo de pala­bras, tra­tan de ocultar su falta de calidad e interés am­­pa­rándose en los viejos movimientos de van­guar­dia (su­­rre­alismo, dadaís­mo, etc.), reducidos a una ver­bo­rrea ile­gible y mal­so­nan­te con recursos literarios que hoy nos pa­re­cen de­ma­siado evi­dentes y artificio­sos (rup­tura de la sin­taxis, rup­tura de pa­la­bras, escritura au­tomática, etc.), todo un mues­tra­­rio de palabre­ría inconexa.» Mi réplica no se hizo es­­pe­­rar: «El señor Ma­teos no me descalifica por sus co­­­noci­mien­­tos de agui­lilla, sino desde la dis­paridad entre su poe­sía y la mía, lo que pone en duda su ob­jetividad co­mo crí­ti­co. A ver quién es­can­de este en­de­ca­sí­la­bo sin desper­di­cio: “En la som­bra un ni­ño juega a dioses” o este otro: “Sea eso: un roce y una causa”. O cómo él rima en consonante en un soneto dio­­ses con vo­ces, o cosas me­jor medi­das pero más huér­fanas de inventiva: “Pa­sa el tiem­po de­trás de los cris­tales”, “El tiem­po se ha parado en un ins­tante”, “Que la vida se extin­guirá”.  [*José Mateos, en Seis po­e­tas nuevos gadi­tanos, Cá­diz, 1987]. Va por el señor Mateos Un primo más, soneto con estram­bote.

A un crítico tan mordaz, que mordía sus propias sílabas.

No he de callar por más que un tal Mateos
-ya cargando las tintas, ya el cinismo-
me acuse de abusar del dadaísmo
y a dos columnas libre sus mosqueos.

Que cuide sus sonetos, patos feos
que a gritos piden isosilabismo
con once y no con diez, si no mil chismo-
rreos provocarán sus devaneos.

Mateos -polizón en el Parnaso;
de crítico, aprendiz-, ¿con qué plumilla
pudieras ofenderme...?, si, a este paso,
de balde he de leerte la cartilla:

por figurar frustrado concursante
o primo de quien no mató a un gigante,

cien veces por carilla:
«No tientes los rigores de las befas
sin antes licenciarte en sinalefas.»


Un primo más, Diario de Jerez, 12 de abril de 1988


 



De quien mata a un gigante se acabó de imprimir el 28 de enero de 1988, festividad de Santo Tomás de Aquino, en Gráficas Vi­lla­nueva y García de Jerez de la Fron­tera. El So­bre Hilado (letra L, por poesía) lo hizo Pilar Villalobos en Gráficas Ar­güelles el día 4 de abril de 1991, festividad de San Isidoro de Sevilla. De colofón, valga un episodio puente entre el Gi­gan­te y ¿Quién como yo?, libro que vendrá después. Cel­so, griego autor de un Discurso contra los cristianos :

 


Celso. Souvenirs. Año 178
Con la crisis, ahora me vienen
queriendo prótesis
para el hueco mutilado de sus cristos,
tetitas de santa Águeda, frescas como quesadas,
huesos de santo, reliquias de Sodoma
Yo guardo la ganga de las catacumbas
y el saldo de los oficios y de las sacristías:
lo mismo el prepucio de las circuncisiones
que leche entera de la de Onán;
palomas lubricantes, el amianto
de los justos y una rara
ecografía egipcia
de la Virgen

ISBN 84-86712-017. Depósito Legal CA-247/88. 110 páginas. El  sábado 24 de octubre de 1987 un jurado compuesto por Joaquín Caro Romero, Pablo del Barco, Miguel Ramos Camacho y Juvenal Soto Carratalá concedió a De quien mata a un gigante, de Daniel Lebrato, el Premio de Poesía Caja de Ahorros de Jerez. Con diseño de Buly y prólogo de Juan Cobos Wilkins, el libro se pre­sentó en las bodegas Garvey el viernes once de marzo de 1988, bajo el oficio de J.J. Díaz Trillo, quien terminó pre­gun­tando: ¿Y si el gigante fuera Dios? Se sirvió una copa de fino San PatricioPRÓLOGO de J.C.W.

DE QUIEN AMA A UN GIGANTE

«La prueba está en abril, cruel, que hace florecer a las li­las: el héroe acompañado, el exhibicionista, el co­bar­­de, el que se desconoce a sí mismo y al otro teme, mata. O, al menos, eso finge. En los espejos. El hé­roe solo, el perdedor, se desmaya en los bra­zos de su víc­tima. O, al menos, eso finge. En la es­critura. ¿Ma­tar y amar no riman como las mantis verdes con las gón­dolas en los tres días que pre­ceden al miérco­les de ceniza?

»Pero si fuese el gigante no más -¿no más?- que la propia escritura, quien le ofrece paraíso e infierno, paseo por el amor y la muerte, crimen y castigo, con­denado estará a establecer con él, con ella ‑en el her­mafrodita‑ una relación semejante a la de Sísifo con su piedra. Y desde ese instante y su re­lá­­m­pago, tam­bién, consigo mismo. Pues imposible habrá de resultarle ya mirar aquel silencio y luego contem­plarse aún en rumor latiendo. Quien ahí ve dos existencias bifurcadas, yerra. No lo son. Fa­tal­­mente no lo son. En uno y mismo se convierten vencedor y vencido y esencia y existencia confa­bú­lanse para engendrarse en un gigante herido, en la herida de un gigante, la escritura. Vencido y ven­cedor están en idéntica san­gre de palabra. Es el in­som­nio del escritor el sueño de la escritura, co­mo los sueños de la escritura generan la razón del dulce monstruo, del gigante. Destruimos lo que amamos para poder seguirlo amando en la perfec­ción de la nostalgia. Matarlo, sí, para ser de él de­fi­nitivamente el ave Fénix, su qui­mera. No amarlo, no, porque la inte­ligencia poética del corazón se mue­ve con argucias, planea su estrate­gia y ataca con pre­me­di­tación y ale­vosía pero nunca antes de conocer el resultado de su táctica triunfal: será de­rrotada y, por tanto, se instalará ya sin temor a nin­gún enemigo y por y para siempre en el corazón poético de la inteligencia de su verdugo. Camino de perfección tan misterioso... Ulises y el Cíclope tie­­nen un mismo y solo ojo. David y Goliat única e igual honda. Y así, quien ama a un gigante se sen­ti­rá extranjero entre los suyos, nombrará con in­sis­­tencia a los bárbaros, confundirá su norte con el Sur. Y acertará. Porque deslizándose en espadas y labios ‑y en dónde si no, cuando un libro es campo de batalla y a batallas de amor...-, igual que un ca­ba­­llero galante, baja el puente levadizo a prin­cesas y a pajes y no lo iza a la gleba que, tras bailar un tan­go oído en una de esas viejas radios cu­biertas por cortinillas de cretona estampada o con­­templar en un cine de barrio aquella inol­vi­da­ble escena, de­sea emo­cionada entrar. Que pa­sen... como el pú­bli­co de Lorca. Y entra la dama refi­nada y moder­nista y el ru­fián entra. Y se pro­duce la ós­mosis de va­sos ‑de vino- comunicantes. Igual que H. y K. en La reina de África. Ese amor cortés y en­­ca­­nallado, bíblico, sólo puede cantarse susu­rra­do con luna en la borda de un barco: la noche que me quie­ras. O gri­tarse a voces en un templo con eco: no sé cómo nom­brarte, diríase que un ángel te inventara de pron­to. Más: trasto­cando refranes po­pu­lares o bus­cando fronterizas ex­periencias sen­sua­­les en la mu­tilación inocente de las palabras pa­­ra que la am­bigüedad de sus miem­bros ampu­tados duplique el pla­cer de los sentidos. Len­guaje en creación. Ironía bur­lona y amarga del ar­quero que confunde Es­mir­na con Finisterre. Y lo sabe. Y nos guiña su re­ferencia / indiferencia cul­tu­ral an­tes de enco­men­dar su suerte (pues el error come­ti­do debe pa­gar­se, tiene un precio), ya su espí­ritu, en esa ora­ción de vida del poema XXIII. Resuci­tar re­sulta me­nos lí­rico que con­su­marse. El sacrificio pu­­ro es el del ad­­je­tivo, no el del verbo. Tal vez por eso cuan­do los im­puros, los se­cundarios, son pro­ta­­go­nistas llega, por fin, la luz solar ‑y tanta luz, in­­só­li­to crepúsculo- a los jazmi­nes lunares.

»Aunque únicamente sea por unas fugaces horas y el encantamiento se rompa a mediodía y retorne Ce­­ni­cienta a su burdel y el jazmín a su pureza. El nue­vo ser surgido de la derrota del encantamiento sabe que los molinos no son gigantes y quemará sus libros y salvará del incendio sólo el fuego: la es­cri­tura ardida, el humo de la palabra quemada: el qué­mame los labios para que mis palabras sean pu­ras: el amor al gi­gante, el amor del gigante. ¿Quién, li­bre de pecado, arroja la primera palabra de su boca a su boca y en ella lo ama si con ella lo mata? Yo he ma­tado a un gigante e incluso ha­bien­do to­mado la precaución de enterrarlo en la mis­ma torre de Babel, aún así, he te­nido luego que luchar todo el invierno con la vir­tuosa nieve que manaba sin cesar de su es­queleto. La palabra ama. Y yo he amado a un gi­gante y he visto cómo su sombra vio­leta permanecía en la nieve aún después de él mar­charse y olvidar yo su abrazo. La palabra mata. La palabra ama y mata como la mantis. Pero nunca resucitar será tan lírico como consu­mar­se.»

Juan Cobos Wilkins









 








 







© 
Daniel Lebrato De quien mata a un gigante

Jerez - 1988 / Sevilla - 2011