El Oráculo

Los oráculos en la Antigua Grecia eran lugares en que los seres humanos recibían información sobre cuestiones relativas al futuro de parte de la divinidad y a través de personas que actuaban como profetas (intermediarios).  Generalmente estas personas daban respuesta a cuestiones que un individuo, en su nombre o en el de una comunidad, les formulaba. Pero en otras ocasiones las profecías brotaban espontáneamente: por ejemplo, cuando la voz del dios se manifestaba en el sonido del viento silbando entre los árboles, como en los antiguos oráculos de Zeus. En estos casos, los sacerdotes tenían la responsabilidad de adscribir el fenómeno a la divinidad a la que servían e interpretar sus mensajes.

Una excepción fue el oráculo de Asclepio, donde se realizaban curaciones por la sugestión y la hipnosis. Pero en todo caso estas curaciones siempre se atribuían a los poderes divinos que confluían en el lugar. 

El intérprete de la respuesta divina es designado como προφήτης «el que habla en lugar de dios», o μάντις "adivino". El lugar del oráculo es el χρηστήριον. La mántica, adivinación, abarca solo las ciencias oraculares. Los adivinos, como Tiresias, son considerados personajes mitológicos. 

Durante más de mil años, los griegos consultaron los oráculos en busca de consejo, lo mismo para tomar importantes decisiones políticas que para dilemas de índole personal. Las preguntas y respuestas más conocidas son las formuladas a Apolo en Delfos o Dídima. Pero llegó a haber cientos de oráculos de menor importancia, a los que los ciudadanos particulares acudirían para resolver sus dudas diarias. En Dodona, al norte de Grecia, muchas de estas preguntas han llegado hasta nosotros, grabadas en placas de metal, preguntas referidas a asuntos cotidianos y domésticos, como el matrimonio, la esterilidad, la legitimidad de un hijo, viajes... no conservamos las respuestas, que muchas veces se limitarían a un sí o un no. La simplicidad caracterizaba a los más antiguos oráculos. 

Plutarco que cuenta cómo Agesilao II, rey de Esparta, preguntó sobre la oportunidad de lanzarse a una gran guerra contra los persas, o cómo los espartanos viajaron a Dodona para asesorarse antes de la batalla de Leuctra, en el año 371, contra Tebas. 

Egeo, mítico rey de Atenas, padre de Teseo, consultando a la Pitia. La inscripción en la copa identifica a al Pitia con la diosa Temis. Tondo de kílix ático de figuras rojas, del pintor Codros, c. 440-430 a. C., conservada en le Museo de Berlín (Berlin Mus. 2538). Ésta es la única imagen contemporanea de la Pitia. (imagen de Wikipedia).

Egeo no tuvo descendencia con sus dos primeras esposas. Pensando que la falta de hijos podía deberse a la enemistad de Afrodita, introdujo el culto a Afrodita Urania en Atenas y luego acudió al oráculo de Delfos en busca de ayuda. El oráculo le dio una respuesta que él no pudo descrifrar: "no abras la boca de tu repleto odre de vino, ¡oh el mejor de los hombres!, hasta que llegues al punto más alto de Atenas". Egeo volvió a Atenas, parando en Trecén. Allí contó a su amigo Piteo, rey de la ciudad, su perplejidad ante la enigmática contestación de la sibila. Sin embargo éste sí entendió la respuesta del oráculo y, emborrachando a Egeo, le incitó a yacer con su hija Etra. Ella quedaría embarazada de Teseo.

Cuentan las leyendas que el poder oracular de Delfos fue descubierto por un pastor al que extrañó el peculiar comportamiento de sus cabras cuando se aproximaban a una abertura en la roca. De ella brotaban efluvios misteriosos que, probados en una chica del lugar, provocaron alucinaciones, desvaríos y palabras sin sentido que se interpretaron como mensajes procedentes de los dioses. Puede ser cierto que esa grieta existiera en el pasado y de ella emanaran gases tóxicos o alucinógenos. 

El trance de la pitonisa puede haberse producido (o inducido) en realidad. Las noticias que tenemos de Delfos hacen pensar en serios sacerdotes que transcribían en perfectos hexámetros sus palabras sin sentido, pero poco se sabe del rito que se seguía cuando se realizaba una consulta, puesto que esta se realizaba en la parte oculta del santuario. Por supuesto, a fe y el romanticismo que rodeaba el lugar mágico hacía creer que era la pitonisa quien realmente daba las respuestas. Cuando Alejandro Magno acudió al lugar encontró las puertas cerradas (el oráculo se celebraba un día al mes, el día 7, que se consideraba como la fecha del nacimiento de Apolo), se irritó y golpeó a la pitonisa, que exclamó: “Joven hombre, nadie puede oponerte resistencia”. Era lo que él deseaba oír.

Las pitonisas fueron chicas jóvenes en un principio, pero fueron sustituidas por mujeres ancianas cuando una de ellas fue violada. Se sabe que en la elección de este personaje no influía la clase social de las candidatas, a las que solo se les pedía buena conducta. La elegida se comprometía a vivir para siempre en el santuario. Durante los siglos de apogeo del oráculo fue necesario nombrar hasta tres pitonisas para poder atender las consultas, demasiado numerosas. 

Se conserva una inscripción en Koropi, Tesalia, que describe el procedimiento de las consultas oraculares: se debía vestir ropa blanca, guardar cola, comportarse adecuadamente, entregar cuando llegara el turno la petición al oficiante, que la colocaría, junto a las demás, en una urna que él guardaría en el santuario al caer la noche. Y, por la mañana, cuando el dios hubiera dado sus respuestas, perfectamente ambiguas, la urna se abría y se repartían las preguntas acompañadas de sus correspondientes respuestas.

Ningún otro oráculo obtenía sus mensajes a partir de trances. En Dídima la sacerdotisa se purificaba y entraba en un estado de inspiración que nada tenía que ver con el éxtasis. La claridad de entendimiento le permitía componer de inmediato sus respuestas en verso.

La leyenda cuenta que en este lugar Leto había concebido a Apolo. Apolo se apareció mucho tiempo después a un pastor local y le habría dado el don de la clarividencia. Es de este pastor del que decían descender los sacerdotes y los donantes que administraron el santuario durante las Guerras Médicas. 

El oráculo fue muy famoso en el siglo VII a.C en todo el mundo griego y más allá: Heródoto informó de que varias ofrendas procedieron del faraón Necao II y de Creso, rey de Lidia. Según él, después de la revuelta jónica y la caída de Mileto en el 494 a. C., el rey persa Darío I saqueó y quemó el templo y el oráculo de Dídima. 

Dodona

El Oráculo de Dodona fue el más visitado de la Antigüedad, después del Oráculo de Delfos. Dodona es un lugar que se encuentra a 80 km al este de la isla de Corfú, en la región de Épiro. Este santuario estaba dedicado al dios Zeus y a la Diosa Madre, venerada bajo el nombre de Dione.

Homero habla de este lugar sagrado y de la importancia que tenía el árbol, el roble de Zeus. En Dodona pidió consejo Ulises para regresar a Ítaca. Cuenta también que los sacerdotes del oráculo no se lavaban los pies y que dormían en el suelo. Ellos interpretaban los murmullos que producía el viento en el gran roble sagrado.

Heródoto asegura que el oráculo de Dodona era el más antiguo de Grecia. Dice además que el oráculo de Dodona estaba relacionado con el de Tebas en Egipto:

En Tebas fueron raptadas por los fenicios dos sacerdotisas. A una de ellas la mandaron a Libia donde fue vendida y a la otra a Dodona. Se supone que estas dos sacerdotisas fueron las primeras que instituyeron oráculos en estos dos lugares: el oráculo de Amón en Egipto y el oráculo de Zeus en Dodona.

Sobre la ciudad de Tebas volaron dos palomas. Una se dirigió a Libia y otra a Dodona. La paloma de Dodona se posó sobre un roble y desde allí expresó con voz humana que era necesario fundar en ese mismo lugar un oráculo al dios Zeus.