La crisis de la sociedad feudal

 
 
 
En sus líneas esenciales la estructura de la sociedad vasca en la Baja Edad Media es muy similar a la de la época anterior, el famoso esquema tripartito clero, nobleza, campesinos, en el que se han ido haciendo un hueco los pobladores de los núcleos urbanos que forman la burguesía. Precisamente, uno de los datos nuevos que conviene destacar es el creciente protagonismo como grupo social dirigente que irán adquiriendo las clases burguesas a lo largo de los siglos XIV y XV. Durante este tiempo el conjunto de la sociedad vasca, al igual que toda la europea, se vio afectada por una profunda crisis o gran depresión, que la historiografía denomina como crisis bajomedieval o crisis del feudalismo , entre otras expresiones.

 

Causas y consecuencias de la crisis

 

Se pueden señalar algunos aspectos característicos de esa crisis como la paralización de las roturaciones, la caída de la productividad agrícola, crisis de subsistencia, hambrunas, incremento de la mortalidad, retroceso demográfico, etc. Sobre un panorama de por sí sombrío incidirá gravemente la peste, especialmente la Peste Negra de 1348, que fue el último eslabón de un cortejo de tragedias. Muchos campesinos sucumbieron entonces y entre los supervivientes no fueron pocos los que optaron por huir del campo y refugiarse en las villas, buscando un nuevo horizonte de vida. Este fenómeno afectó a las rentas que los señores recibían de los campesinos, que iniciaron un acusado descenso. Los esfuerzos por mantener el prestigio social y la fuerza de los linajes y la desesperada búsqueda de ingresos para frenar la caída de las rentas señoriales dará lugar en el territorio vasco a una interminable serie de guerras, por lo general de tipo privado y alcance muy limitado, especialmente frecuentes en el siglo XV, que se conocen como luchas de bandos o conflicto banderizo , y que son expresión de una acentuación grave de la conflictividad social.

 

Luchas de bandos en el País Vasco

 

Lope García describe en sus "Bienandanzas e fortunas" este complejo e interminable conflicto. Los principales bandos fueron los oñacinos y gamboínos , que actuaron en Álava, Vizcaya, Guipúzcoa y Lapurdi. Unas veces los nobles rurales se enfrentarán entre sí, otras lo harán con sus propios campesinos, a los que presionan cuanto pueden para tratar de contener la caída de las rentas señoriales, y otras, por último, se enfrentarán con los habitantes de las villas. El objetivo clave de los enfrentamientos es la pretensión de valer más , por utilizar la conocida expresión del cronista banderizo, que se traduce en un mayor poder, más rentas y más vasallos. La solución a esta conflictividad social tardará en producirse, y no llegará hasta finales del siglo XV, ya durante el reinado de los Reyes Católicos, que culminaban los esfuerzos pacificadores iniciados con anterioridad por Enrique IV. En este proceso pacificador jugaron un papel muy importante las Hermandades provinciales, asociaciones de villas que disponen de una fuerza armada, cuya eficacia fue decisiva para la sumisión de la nobleza rural banderiza, liderada por los llamados parientes mayores .

 

Luchas de bandos en Navarra

 

En el caso de Navarra los enfrentamientos banderizos corrieron a cargo de agramonteses y beamonteses , aunque en este caso los conflictos socioeconómicos quedaron subordinados de alguna forma a la confrontación político-dinástica, liderada por los linajes de Agramont y de Beaumont. En su disputa por el trono, los agramonteses, con el apoyo del bando gamboíno, defendieron la causa de Juan II, mientras que los beamonteses y sus aliados del bando oñacino se mostraron partidarios de su hijo Carlos de Viana. El enfrentamiento entre ambos bandos no desapareció tras la muerte del desdichado Príncipe Carlos de Viana en 1461. Durante tres cuartos de siglo Navarra fue escenario de incesantes luchas, y, aunque atenuadas, las rivalidades de los navarros alineados en uno u otro bando perdurarán hasta mucho tiempo después de la conquista del reino por Castilla en 1512.

 

Imagen de Vasconia en 1457 a través del cronista Alonso de Palencia, que acompañada a Enrique IV en su viaje pacificador a estas tierras

 

"Navarros, vizcaínos y vascos viven desgarrados por sangrientas banderías y eternas e implacables rivalidades en que consumen los de Vizcaya y Guipúzcoa las riquezas que sus expediciones marítimas les procuran, como los navarros y vascos los abundantes frutos que su tierra produce. Todos ellos se entregan al robo y tratan de engrosar las fuerzas de sus partidos en juntas y convites entre sus parciales, en que gastan la mayor parte de su tiempo. Ni obedecen las leyes ni son capaces de regular el gobierno; su idioma y sus costumbres con ningún otro pueblo tienen semejanza, sólo en la avaricia igualan, si no superan, a los más avaros, que aun entre padres e hijos es corriente la usura. A veces conceden amigable hospitalidad a los viajeros; pero siempre sedientos de su oro, asáltanlos con frecuencia en su penosa marcha por los bosques, y, como reclamando su compasión, pídenles un generoso donativo o su bondadosa liberalidad con humildes palabras, que truecan en amenazas de atravesarles con sus ballestas o saetas si no acceden a sus peticiones. Luego, satisfechos por lo general con unas cuantas monedas, no sólo se consagran a la seguridad del dadivoso, sino que además se ofrecen a acompañarle por un trecho del camino para que no caiga en manos de otros salteadores que, cuando son del mismo bando, préstanle segura escolta y le acompañan cortésmente. Llegados a su hospedaje, todos restauran las fuerzas en su mesa, y a falta de vino, que en el país tiene alto precio, el huésped viajero ha de cuidar de alimentarlos abundante y opíparamente con sidra y pan exquisito. Pero todas estas faltas las disimulan con el pretexto de su antiguo abolengo, del singular esfuerzo de su ánimo y de su consumada destreza".

 

 Imagen de País Vasco en 1525 a través del embajador veneciano Andrea Navagero
 
"Toda la tierra está muy poblada, no habiendo bosque ni montaña que no esté lleno de gente; además de los pueblos hay infinitos caseríos, en los cuales viven los más nobles, creyendo ellos, y así se tiene por cierto en toda España, que la verdadera nobleza está en este país; no se puede hacer mayor lisonja a un grande de Castilla que decirle que su casa tuvo origen en aquella tierra; esto lo creen la mayor parte de los grandes, y, en efecto, se ve en aquellos bosques el origen de las más nobles familias y casas de España. Son muy buena gente de guerra así por mar como por tierra y no creo que en toda España haya tantos hombres valerosos como en esta región, lo cual podrá ser por la aspereza de la región en que viven; navegan mucho, porque tienen muchos puertos y naves que hacen con poco gasto, por la abundancia de roble y de hierro de que disponen, y la estrechez del lugar y la abundacia de gentes les fuerza a buscar su medro fuera de su patria".