Prueba de turing

 

Introducción

Prueba o test de Turing, procedimiento desarrollado por Alan Turing para identificar la existencia de inteligencia en una máquina y comprobar que una máquina puede llegar a pensar al igual que una persona.

Este test fue expuesto en 1950 en un artículo (Computing machinery and intelligence) para la revista Mind que sigue siendo hoy día una de las cabezas de lanza de los defensores de la Inteligencia Artificial.

Está fundamentado en la hipótesis positivista de que, si una máquina se comporta en todos los aspectos de forma inteligente, entonces debe ser inteligente.

Básicamente la prueba consiste en un desafío en el cual la máquina debe hacerse pasar por humana en una conversación con un hombre a través de una comunicación de texto en modo chat. Al sujeto no se le avisa si está hablando con una máquina o una persona de modo que si el sujeto es incapaz de determinar si la otra parte de la comunicación es humana o máquina, entonces se considera que la máquina ha alcanzado un determinado nivel de madurez: es inteligente.

Existe una versión modificada, propuesta por John Searle y popularizada por Roger Penrose: la sala china. En esencia es igual, pero la ejecución del algoritmo la realizan personas encerradas en una habitación y se requiere que las personas de la habitación no conozcan el idioma en que se realiza la conversación.

Pese a la brillantez de Penrose, esta modificación no aporta nada al problema, puesto que si los operadores consiguen comprender la conversación, lo harían gracias a su propia inteligencia. Por otra parte, pese a lo aparentemente absurdo de la proposición, la sala podría pasar la prueba de Turing sin que los operadores hubieran comprendido nada de la conversación. Esta experiencia intenta cuestionar la veracidad de la prueba de Turing.

Fundamentos de la prueba de Turing

El origen de esta prueba surge de la pregunta ¿pueden pensar las máquinas?. Ante esta questión Turing propuso otra forma de verla a modo de un juego, al que llamó "juego de imitación" debido a los fundamentos en los que se basaba, los cuales son inicialmente un escenario constituido por tres personas, un hombre (al que llemaremos individuo A), una mujer (individuo B) y un interrogador que puede ser hombre o mujer.

El interrogador se sitúa en otra habitación separado de los otros dos participantes, y su objetivo principal será determinar cuál de los dos es el hombre y cuál la mujer a los que se referirá como individuos A y B.

Para evitar que el tono de voz pudiera delatar a alguno de los interrogados, las respuestas deberán ser ofrecidas al interrogador de forma escrita y mecanografiadas. Otra alternativa a para no dar a conocer los tonos de voz de los interrogados consiste en situar a un intermediario entre los interrogados (A y B) y el interrogador, cuya única función sería en comunicar las preguntas y respuestas entre ambos bandos.

Una vez establecido este escenario inicial, surge la pregunta de qué ocurriría si una máquina desempeñara el papel de A o de B, será el interlocutor capaz de averiguar que la persona interrogada no es una persona sino una máquina, es decir, llegamos a la pregunta planteada inicialmente ¿pueden pensar las máquinas?.

Uno de los principios de este problema se centra en establecer una línea que diferencie entre lo que son capacidades físicas y las intelectuales de un hombre. Este hecho se refleja por la incapacidad que presenta el interlocutor de tocar a los interrogados y poder oír sus voces.

Basar esta prueba en una metodología centrada en preguntas y respuestas parece la más adecuada para poder tratar un mayor número de campos posibles de la actividad humana y que sean considerados de mayor importancia con respecto a su capacidad intelectual. De este modo, resulta obvio que la mejor estrategia de la que va a disponer la máquina será tratar de dar las respuestas que de forma natural daría un hombre.

Cabe destacar, que mediante esta prueba Turing no se busca responder si todos los computadores darían un buen resultado, ni tampoco si los computadores disponibles en este momento lo harían, sino llegar a la conclusión de si hay computadores imaginables que utilizando de forma adecuada la estrategia anteriormente expuesta y nos permitan responder responder a la cuestión inicial de si una máquina puede o no pensar.

Procedimiento

La prueba consiste en un desafío. Se supone un juez situado en una habitación, una máquina y un ser humano en otras. El juez debe descubrir cuál es el ser humano y cuál es la máquina, estándoles a los dos permitido mentir al contestar por escrito las preguntas que el juez les hiciera. La tesis de Turing es que si ambos jugadores eran suficientemente hábiles, el juez no podría distinguir quién era el ser humano y quién la máquina. Todavía ninguna máquina puede pasar este examen en una experiencia con método científico.

En 1990 se inició un concurso, el Premio Loebner, una competición de carácter anual entre programas de ordenador que sigue el estándar establecido en la prueba de Turing. Un juez humano se enfrenta a dos pantallas de ordenador, una de ellas que se encuentra bajo el control de un ordenador, y la otra bajo el control de un humano. El juez plantea preguntas a las dos pantallas y recibe respuestas. El premio está dotado con 100.000 dólares estadounidenses para el programa que pase el test, y un premio de consolación para el mejor programa anual.

La primera y única vez que un juez confundió a una máquina con un humano fue en el año 2010, cuando el robot Suzette, de Bruce Wilcox, superó la prueba1 .

Pruebas paralelas

Existe otra prueba parecida, propuesta por John Searle y popularizada por Roger Penrose: la "sala china", para argumentar que la máquina no ha superado la Prueba de Turing.2 En esencia, es igual en la forma, pero se realiza con personas encerradas en una habitación y se requiere que estas no conozcan el idioma en que se realiza la conversación. Para ello se usa un diccionario que permite confeccionar una respuesta a una pregunta dada, sin entender los símbolos. Como consecuencia, se argumenta que por mucho que una persona sea capaz de enviar una cadena de símbolos en chino relacionada con otra cadena recibida, no quiere decir que sepa chino, sino que sabe aplicar un conjunto de reglas que le indican lo que ha de enviar. Falta la semántica en el proceso y por eso es muy cuestionada como inteligencia artificial, puesto que equipara una máquina pensante con una que parece que piensa. Ray Kurzweil predice que el ordenador pasará la prueba de Turing hacia el 2029, basado en el concepto de singularidad tecnológica.3

Aplicaciones

Una de las aplicaciones de la prueba de Turing es el control de spam. Dado el gran volumen de correos electrónicos enviados, el spam es, por lo general, enviado automáticamente por una máquina. Así la prueba de Turing puede usarse para distinguir si el correo electrónico era enviado por un remitente humano o por una máquina (por ejemplo por la prueba Captcha).

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