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Plantas medicinales en América

 

¿Es posible que fumar tenga su historia?

 

Bibliografía

No todo Perú como tampoco todo México, fue Inca o Azteca: en ambos mundos hubo variedad de reinos, etnias distintas, civilizaciones diferentes.

Pero en determinados aspectos unos estaban más avanzados que otros. En la medida que evolucionaron, con el tiempo cada una de estas culturas o se integró a otra o fue disolviéndose lentamente. A la entrada del europeo, tanto los aztecas como los incas resumían los pueblos que los precedieron.

Se estima que la antigüedad del hombre en estos territorios es de unos 25 000-20 000 años; que 8 000 años atrás en el Perú existían poblaciones sedentarias y agrícolas; que el cultivo del frijol era un hecho hace 6 000 años, y que hace 5 000 años fabricaban ya vestidos de algodón. Poco después, las tejedoras mejoraban su técnica textil, con lienzos muy buenos. Comenzaron a alzarse hace unos 4 000 años, estructuras de piedra, y antes que las vasijas de cerámica salieran de sus manos, conocían el maíz.

Hacia el 2500 emergió Chavín con esculturas de piedra y numerosos edificios.

En la parte costera aparecen entre el 6000-5000 a.C., pueblos agrícolas; los primeros tejidos de algodón pertenecen, según investigaciones (Pinturas del Perú Precolombino, Fernando de Szyslo, Rev. AMERICAS), a los siglos IV-III a.C.; entre los siglos XII-V, una agrupación andina desarrolló la cultura del maíz, cultivándose en alturas de 3 500-2 000 metros. En los valles costeros y en tiempos anteriores a Cristo, la evolución cultural ya era sólida en los establecimientos humanos conocidos allí.

Surge y avanza una de las culturas más antiguas del Perú, Chavín, adoradora del Jaguar, motivo felino que abunda en la ornamentada cerámica y que aparece también en los tejidos de algodón. Brilla Chavín con un desarrollo urbanismo; cuando emerge, ya poseía instrumentos de metal, aplicaban el riego artificial y aparece cierta especialización entre sus hombres, todo esto se debe, al parecer, a los intercambios de experiencias en poder de las culturas de la Costa, la Selva o la misma Sierra, por lo que adquirieron un alto nivel de desarrollo que se manifiesta en las construcciones urbanas: templos ceremoniales, palacios y viviendas, con la diferenciación de las ocupaciones del hombre, la construcción de canales de riego, y otras obras. La construcción del Templo de Chavín de Huántar, con el Lanzón y canales subterráneos, transmisores de la palabra del sacerdote o de sonidos especiales, demuestran la capacidad de idear recursos que al ser aplicados, dieron resultado en los objetivos que se habían propuesto. Además, aparentemente el Templo de Chavín de Huántar fue utilizado como observatorio celeste, al ser encontrado en ese recinto un grabado de la constelación de Orión.

Es interesante el Castillo, con plataformas escalonadas y escaleras que conducían a galerías subterráneas, de lo que se deduce que esta construcción pudo ser un santuario o lugar de peregrinación de los pueblos cercanos. La célebre estela Raimondi corresponde al Castillo. Chavín sobresale en los relieves de esta estela, que presentan un jaguar con la parte inferior del cuerpo humano, sosteniendo entre sus garras un cetro, temas y detalles muy bien logrados en esta significativa pieza antigua.

También se destaca Chavín en los Guerreros de Sechín, en Yauya, en el Obelisco. Puede decirse que la riqueza arqueológica de este pueblo es abundante, rica, permitiendo una ojeada a su desarrollo técnico además del artístico, visible en las muestras descubiertas, como piezas de madera, objetos, textiles, y adornos de plumas. Esta impresionante cultura aportó, además del culto al Jaguar y al Cóndor, templos decorados con frisos, una cerámica coloreada en rojo y en negro, un profundo conocimiento del telar y su orfebrería, dejando piezas de oro adornadas con turquesas, algunas aleaciones, y reiterando en las decoraciones el motivo felino.

Chavín de Huántar era una ciudad fortificada, con murallas de granito, palacios, castillos, plataformas y otras estructuras arquitectónicas. Al no descubrir restos de Necrópolis, pudo pensarse que era una ciudad dedicada al culto religioso, tal vez por que su obra más importante es el Castillo, edificio piramidal de tres pisos levantado sobre sillares de piedra, que aunque carece de ventanas, cuenta con pozos de ventilación y graderías interiores. Figuras felinas componen la decoración del Castillo, que tiene también un friso de cabezas humanas y zoomorfas; en otras piezas aparece el tema del puma; forma parte también de este Templo, el Lanzón, semejante a un puñal. La estela Raimondi, decorada a base de incisiones y grabados, es una obra excelente. Además del felino, los temas ornamentales aparecen a veces formados por espirales y líneas curvas; la cerámica une a formas sencillas motivos geométricos en negro, rojo y gris, incisos o en relieve.

La difusión cultural de Chavín se hace notar en otras culturas como en Cupisnique, que dejó obras muy destacadas. La corriente cultural de Chavín aparece en un descubrimiento realizado en 1991, en el departamento de la Libertad, en la caleta de Penope, provincia de Pucamayo, donde se encontraron muestras de este grupo humano.

Al parecer, en Chavín de Huántar buscaron otros pueblos bases para su progreso, de ahí el surgimiento de templos, palacios y la intensa influencia religiosa presente en diferentes obras y en piezas de la alfarería. La clase sacerdotal de esta civilización, ocupaba un importante lugar, tanto en el aspecto religioso o como dirigente, aplicando sus conocimientos y experiencias en sus obras religiosas, políticas y sociales.

Como creador de una cultura en ascenso, el hombre de Chavín dejó la impronta de su quehacer con obras y formas sorprendentes, como exponen sus construcciones, los bajos relieves o el arte textil, con piezas que lucen como acabadas de tejer. Sus obras influyeron sobre pueblos vecinos de los tiempos preincaicos. Como noticia adicional digamos que un día de 1972 fue descubierto el más antiguo edificio de Chavín de Huántar, algo que ayudará al esclarecimiento de los inicios de esta cultura, amplía nuestros conocimientos y abre nuevas expectativas referentes a nuestros pueblos lejanos.

Chavín va alejándose ante el surgimiento de nuevos centros culturales y religiosos, se desarrollan y afianzas con nombres propios Tiahuanaco, Nasca, Lima, Recuay, Moche, y muchos otros. La cerámica fina caracteriza a Vicus, dejan muestras muy peculiares Salinar y Paracas Cavernas. Se descubren signos visibles de un renacer en la búsqueda de diseños novedosos, válidos para el avance que se manifiesta en la gran cantidad y calidad de hallazgos de los nuevos reinos que dejaron una brillante obra artesanal, durante un período de técnicas más perfeccionadas. La explotación del oro dio lugar a la orfebrería, de arcilla aparecen cántaros y vasos, y el arte textil revela la maravilla de tejidos únicos.

Los mochicas encuentran un espacio como retratistas con vasijas preciosas. La cerámica nasca contribuyó con el colorido, un lujo de líneas y colores según Ciro Alegría; los instrumentos de metal mejoran la vida en la casa o el campo. Se descubren tallas en madera, adornos, pequeñas muestras del quehacer humano; por doquier presas, canales, sembrados, cuencos, alhajas, lienzos, mantos, en todo la imaginación creadora del hijo de América.

El hombre prosigue su andar, mejora el trabajo, el tiempo rinde para idear nuevas formas de expresar su avance, se crean ciudades, porque grandes poblaciones debieron surgir en Bolivia, Perú y Ecuador. Tiahuanaco se mantiene en distante misterio, lo que no interrumpe acercarse a otras gentes y mostrar lo que ha hecho; declinan culturas mientras que se asoman en el horizonte nuevas civilizaciones, nuevas formas de vida del hombre.

Descubrimos reinos como el chimú, se anuncia Chancay, Nasca, Recuay con despiertas culturas. Es época dinámica de cultura agraria, el riego domina con intensidad labores del campo. Prevalece lo urbano; aumentan los pobladores y con ellos los centros urbanos. Se estima que en un momento dado, estos territorios pudieron albergar unos 10 000 000 de habitantes en el apogeo de sus civilizaciones.

Las culturas costeras disfrutaban de pescado abundante; el abono natural estaba al alcance del agricultor y otras condiciones, como las climáticas, contribuían a mantener grupos humanos o influyendo notablemente en su instalación; dos milenios antes de Colón las condiciones de la Costa atrajeron algunos grupos, conocedores del maíz, desde unos 3 000-1 000 años a.C., como fuente nutricia, que se considera posterior al algodón.

La cerámica, los tejidos, la orfebrería, el riego, la arquitectura, debieron ser perfeccionadas entre los años 600-300 a.C.; se domestica la llama como animal de carga, construyendo terrazas con contenes de piedra, las judías aparecen en la huerta, se aplica el cobre en instrumentos, objetos diversos, armas y adornos. Los costeños avanzan, distinguiéndose su cerámica, los textiles y la metalurgia. No llegaron a conocer el bronce.

Terrazas bien cultivadas proporcionaban lo indispensable para la alimentación de todos, producían vegetales en regiones carentes de las condiciones esenciales propicias, pero el empeño e interés de sus hombres, sus necesidades para la supervivencia, lograron el engrandecimiento de sus pueblos y comunidades, creando culturas y civilizaciones no menos importantes que las de la lejana Europa.

En el horizonte se vislumbra los Incas, los que dominaron 2 000 0002 de kilómetros mediante un Estado cuyos planes debieron surgir de un claro e inteligente cerebro, programando la realidad de un país, sus habitantes, su existencia física, y su vida intelectual, afectiva y religiosa, además de moral, de toda su población.

Al Inca le tocó perder lo que construyó con estoica y reflexiva sabiduría; su vida fue breve, en la que no cabían los defectos ni debilidades, la desorganización ni la negligencia. Vivieron los últimos siglos libres de dolencias del hombre europeo: nuestros hombres fueron arrastrados por la colonización a un terrible final, abrieron sus tumbas con el trato inhumano, con la espada, con la enfermedad, las balas y males diezmaron las vidas de grandes y pequeñas agrupaciones humanas. Poco a poco callaron las voces, se perdieron sus obras, disolvieron sus triunfos, fue borrada su risa y sus cantos. Hoy yacen en cuerpos andinos las almas en pena, con la angustia de ayer y el dolor de este tiempo como gota de hiel. Acurrucados, sus almas, en clamor infinito de la América entera, buscan el vocablo con el cual vaciar de sus cuerpos una sola palabra: JUSTICIA!

Salimar. En el valle de Chicana aparece este pueblo, dueño de una cultura en la que se aprecian técnicas procedentes de la Costa y la Sierra, con una alfarería desarrollada, algunos tejidos, construyendo alguna arquitectura, trabaja metales, y va mejorando los métodos agrícolas con ayuda del riego artificial.

La antigua Necrópolis de Chicana dio motivo a una serie de hallazgos sobre el pasado de Salinar, encontrándose tumbas sencillas con cadáveres extendidos cubiertos con vigas o losas de piedra.

Los ceramistas de Salinar colorean sus piezas de blanco sobre rojo, sus vasijas toman formas variadas y asa de estribo, cuellos alargados y estrechos, o figuras esféricas, adornadas con temas antropomorfos o de animales, cuyo modelado anuncia una nueva cultura. Otras piezas de arcilla reproducen templos y casas además de otros asuntos, que permiten el conocimiento de sus construcciones antiguas.

En la Necrópolis de Salinar se aprecian fardos funerarios envueltos en telas.

Nasca. El período más brillante de Nasca corresponde al 300 d.C. según algunos especialistas. Se señala que ésta fue una era de perfeccionamiento técnico, lo que marca el clásico de las culturas de los Andes centrales.

Se considera que Nasca formó parte de la antigua ciudad de Cahuci, que estaba situada en la cuenca del río de ese nombre, en los primeros años de la Era Cristiana.

La fase clásica de Nasca comienza en los valles de los ríos Nasca e Ica, lugar donde se encuentran dos culturas, la de Paracas y la de Nasca, que al unirse forman una agrupación social; con los aportes de ambas, se enriquecen todos los conocimientos que cada una portaba, sobre todo en el arte textil, de donde procederán más tarde, tejidos de reconocido mérito por su belleza y desarrollada técnica, y de mucho valor en la actualidad.

Por su variedad, es muy rica la producción de tejidos que aparece en las tumbas, como los insuperables brocados, las telas pintadas, tanto los mantos bordados como los vivos colores que crearon para destacar las estilizadas siluetas humanas y zoomorfas.

Es la etapa de una cerámica pulida, con variados diseños y rica policromía en temas tomados de la Naturaleza, tales como aves, peces, insectos y con frecuencia, el jaguar. Si famosos son los tejidos de Nasca, no es menor el valor de los vasos y cántaros ni de su metalurgia.

Doscientos años antes de Cristo los ceramistas de Nasca crearon vasos globulares esmaltados y policromados, con temas decorativos coloreados de naranja, carmesí, amarillo y rosado, de frisos formados por rostros, pájaros y peces, o figuras frontales estilizadas o angulosas, además del felino. En el arte textil se repiten con frecuencia los dibujos de la alfarería.

Como cultura que nace en la Costa, la divinidad suprema de Nasca es el dios del Mar.

Las líneas de Nasca. En el altiplano andino, culturas desconocidas trazaron sobre el terreno formas geométricas, líneas rectas o en zigzag, aves, seres marinos y de otras especies, que pueden medir desde medio metro hasta 8 de longitud. La incógnita reside en el desconocimiento que se tiene del autor o autores de estos símbolos, con dimensiones tales como para sólo ser avistados por un observador aéreo, que posea la capacidad de interpretación o descifre del enorme conjunto de trazos que componen este ‘observatorio’.

Paul Kesok, arqueólogo norteamericano, sobrevolando este territorio hace más de medio siglo, descubrió las marcas de Nasca. Por su parte, María Reiche, profesora, astrónoma y matemática alemana, reside cerca de allí desde hace años.

Ella opina que estos dibujos representan ciertas constelaciones celestes, las que tal vez consideraron nuestros nativos, divinidades anunciadoras de la estación de las lluvias, con la consiguiente fertilización del suelo para la simiente, prometedora de las plantaciones, los esperados frutos y su recolección. Por lo tanto, es de creer que las marcas debían coincidir con la posición de las constelaciones, esperadas con ansia por los sacerdotes, que debido a su larga experiencia como observadores, desarrollaron dotes para predecir esta fecha. En el observatorio de Nasca ¿pudo esto suceder así? Los curiosos dibujos cubren una extensión cercana a 9502 km; los trazos sobre esta tierra han despertado múltiples conjeturas y provocado variadas hipótesis. Y es que al margen de esto caben muchas suposiciones, entre las que encontramos preguntas, como ¿a qué hombres y con qué fines, podemos atribuir estas líneas? Dedicando tiempo y esfuerzos, trazaron cuidadosamente esos geoglifos curiosos sobre tierra oscura que oculta debajo una blanca capa, dibujos solamente visibles desde el aire, en naves no dadas en lejanos siglos...?

Algunos consideran que estos dibujos están ahí desde 2 500 años a.C., cuyos simbólicos contornos no pueden detectarse desde el suelo.

En realidad, no todos los científicos que estudian este enigma coinciden con estas hipótesis; lo incógnito continúa señalando ese sitio en espera de que sea develado el misterio. Pero por sobre todas las cosas, estas líneas son reales, están sobre el altiplano andino. Para el mundo entero Nasca es una de las maravillas que trazó un ser del pasado para admiración futura.

De muy lejos llega su mensaje, su señal jeroglífica, su escritura; allí están las marcas indescifradas aún... ¿Qué revelarán? ¿Cuál será su mensaje?

Esas marcas no han sido borradas por los vientos de todos estos siglos, por el polvo estelar, o la huella del hombre que vino después... Allí están, permanecen, esperan, como signos de la humana presencia más atrás de los siglos, el que quiso sembrar en la tierra al trazar esos signos, el deseo, el ansia, la terrible angustia, de alcanzar los fantásticos focos titilantes en el firmamento nocturno, las complejas estrellas que estaban allá desde su nacimiento!

Si nos asomamos a la Prensa veremos que en 1985 fueron descubiertos 87 dibujos no conocidos en ese momento, por el aviador Eduardo Gómez de la Torre sobre el desierto de Nasca, después de tres años de exploración aérea. Los dibujos, las líneas y espirales recién descubiertos, se transforman en figuras geométricas difíciles de definir, además de formas parecidas al tupus o alfiler con que prenden los mantos, muy grandes, clavados sobre los cerros, además de un ‘hombrecillo’ sobre una colina, de figura muy especial. Este nuevo descubrimiento se extiende hasta el lago Titicaca, aunque se notan algunas diferencias de las formas. Con el tiempo transcurrido, debemos pensar que estas nuevas figuras o trazos deben de haber sido bastante estudiadas, aunque la carencia de datos al respecto nos impiden aclarar más este asunto que, como todos los enigmas que rodean a muchas de nuestras culturas son de nuestro mayor interés.

Las interrogantes suscitan y aumentan el interés de todos, entre éstas, la posibilidad de que sean descifrados en algún momento, y que su revelación signifique algún grato informe sobre su antigüedad... Si consisten en claves secretas, es posible que llegue el momento en que se interpreten todos estos trazos que han dejado a la posteridad seres muy lejanos de nosotros, pero que deseamos una hermosa respuesta que despierte al mundo con deseos de Paz y Hermandad...!

En el mismo Perú y otras partes del mundo se encuentran dibujos parecidos a éstos, aunque ninguno como los de Nasca. Se han localizado cerca de Lima en el valle de Moche, en parte del valle de Inca, y la posibilidad de alguno en suelo chileno. Al sudeste de California, EE UU, hay otro dibujo, aunque todos, hasta ahora, tienen menores dimensiones. En 1984 se publica el descubrimiento de una ciudadela con calles, edificios y una Necrópolis, en el valle de Camere, Moquegua, Perú; incluye el hallazgo de extraños dibujos geométricos, trazos de líneas rectilíneas y figuras grabadas en la tierra, comparables con las mundialmente figuras de Nasca, al Norte de Moquegua.

Paracas. En la Costa y hacia el Sur, encontramos a Paracas, una árida península del valle de Pisco, que aparentemente fue una Necrópolis de pueblos vecinos. La de Paracas, es cultura anterior a la de Nasca y cercana a Moche, surge en la Costa del Pacífico, dejando ricas piezas artesanales y un cementerio con unos dos mil años de antigüedad; las tumbas alcanzan hasta 8 metros de profundidad, cavadas en la roca. En esta Necrópolis aparece un pozo vertical que accede a una sala circular, con bóvedas que contienen restos humanos, que permiten suponer que son tumbas familiares, cuando se descubren varios cuerpos en cada panteón, conservados en perfecto estado. Los cadáveres se encuentran sentados, cubiertos con ricas vestiduras.

Algunas momias descubiertas durante excavaciones arqueológicas, revelan que tienen una antigüedad de 3 000 años. Restos encontrados en Paracas, cultura desaparecida que se desarrolló en una región azotada por los vientos conocidos bajo el nombre de Paraka, confirman que la momificación de Paracas es total, pero diferente a la realizada por los sacerdotes egipcios en los cuerpos de los faraones. En la árida región, los muertos se secaban sin descomponerse; por tal razón, han sido encontrados cuerpos completamente conservados, además de las telas que los envolvían, o las ofrendas, objetos y alimentos. Todos los cadáveres están momificados, y sólo se distingue la posición social de cada uno por las ropas que los envolvían.

Se han recuperado tejidos adornados con bordados preciosos con diseños de menudas figuras mitológicas o de aves, peces, temas geométricos y dibujos abstractos, de manera que estos textiles son los más hermosos de su tiempo, asombrosas piezas en las que emplearon una técnica tan avanzada que todavía resulta imposible de reproducir. Y pese a su permanencia en las tumbas, los tejidos extraídos de las bóvedas muestran sus vívidos colores del primer día, algo verdaderamente sorprendente es la calidad de los pigmentos utilizados, que han sobrevivido a la acción del tiempo sin pérdida alguna de coloración.

Fue el arte textil máxima expresión de Paracas, practicado desde unos 1 100 años antes de Cristo. Las piezas mantienen incólumes los matices primitivos de los mantos que envolvieron los cuerpos yacentes de seres antiguos, preservados debido a lo seco del ambiente de esa región; además, los dibujos en telas de lana, las gasas finísimas, las redes de pescar de algodón, los mates pintados, todo mantiene los antiguos colores. Son textiles valiosos, muy apreciados, tanto por lo complejo de sus motivos lo armónico de sus tintes como por la belleza de sus matices, como por la inigualable técnica de que fueron dueños.

Aparentemente, Paracas vivió dos etapas, la Cavernas y la que corresponde a Necrópolis, época que se considera que el cementerio estuvo a disposición de los pueblos vecinos. Vemos como la fase Cavernas se determina por las excavaciones de 7 y 8 metros de profundidad, llevadas a cabo alrededor de plantas circulares, donde se descubrieron escalinatas que conducían al interior de las cámaras funerarias. Las telas que envuelven los fardos funerarios carecen de la finura que se aprecia en la fase Necrópolis.

Los cuencos de cerámica, las vasijas con asas de puente y los platos, presentan pintados motivos felinos y cabezas modeladas. Otras piezas de arcilla color oscuro están ornamentadas con temas geométricos a un solo color, sobre el modelado o en aplicaciones, repitiéndose la figura del jaguar y otros temas.

En la fase Necrópolis las tumbas rectangulares carecen de cubiertas, en éstas, las momias adoptan la posición fetal, colocadas en cestas, y son de alta calidad los tejidos que envuelven los fardos funerarios. En ellos, los mantos, camisas, gorros y fajas muestran el colorido de los finos bordados que adornan las prendas.

La cerámica de la fase Necrópolis se parece a la de Cavernas, pero es más leve la arcilla, a un solo color que puede ser marrón o marfil.

Los especialistas no han determinado aún la antigüedad de Paracas; las opiniones difieren, pero se le ha asignado la fecha del 500 a.C.-300 d.C.

¿Alguna nueva noticia sobre esta cultura nos ofrece el arqueólogo actual?

Mochicas. El nombre de este grupo cultural se deriva del río conocido por Moche, que corre al Sur del Perú. Allí fue fundado un reino al mismo tiempo que Nasca desarrollaba el suyo, muy cercano. Aunque dice la leyenda que el reino mochica surgió cuando gentes de procedencia desconocida se instalaron en esa comarca, construyendo en el valle de Moche, además de edificios, acueductos. Se mantiene el recuerdo de un rey nombrado Ñaindop que acompañado de una comitiva arribó un día a las costas del valle. Al fundar el reino, enseñó con paciencia al nativo, los secretos de la agricultura y también de la arcilla, transformándola en cuencos y vasos, y también hablaba de una divinidad que él llamaba Yammalla.

Fue un pueblo compuesto por hombres vigirosos, productores y guerreros notables, capaces de dejar obras que revelan su capacidad creativa, y que hoy forman parte de la herencia sudamericana.

El mochica modeló vasijas de barro coloreadas con gusto, en las que aparecen las figuras del simio, las aves y ranas copiados en momentos diversos, y graciosos temas en las asas, o los vasos–retratos que muestran rostros muy hermosos, reales, como verdaderas copias de un rostro conocido.

Dejaron construcciones de adobe, plataformas cercanas al río Moche, decoradas con interesantes detalles, además de Templos, como el del Sol y el de la Luna, que aún pueden verse sus ruinas.

El mochica expresó gran habilidad y buen gusto modelando cántariso y piezas diferentes con decoraciones sólo opacadas por las de los valiosos tejidos de algodón, el arte plumario o la orfebrería. Dos mil años atrás moldearon vasijas con decoraciones que parecen crónicas de su vida, piezas que llevan diversos motivos pintados en los que aparecen diferentes seres de la naturaleza, tanto criaturas de los arenales como de la fauna marina, o danzas de guerreros y combinaciones geométricas. Al parecer, el artista mochica observó mucho la Naturaleza, recreando después en las pulidas superficies, formas y estampas cotidianas, apresadas para el porvenir. Aquí se encuentran piezas de color negro o gris, cocidas a bajas temperaturas, algunas para uso doméstico, otras dedicadas al ritual funerario, donde vasijas, botellas y cuencos revelan su procedencia mochica.

Emplearon en esta manifestación relieves y gravados en rojo sobre tonos claros o blanco sobre rojo, de la más fina arcilla y una variada gama de colores. La policromía o el bicolor son frecuentes en cuencos, vasos globulares o vasijas campaniformes con motivos del mito o religiosos.

Oro y plata emplearon los mochicas para la orfebrería, dejando alhajas, más caras funerarias y adornos muy destacados, dominando varias técnicas para lograr sus obras. Se dice que 200 años antes de Cristo-700 d.C., los mochicas superaron sus obras, por lo que se les considera como grandes ceramistas y orfebres.

Cuando en 1988 los arqueólogos localizaron en Huaca Rajada, Lima, en Sipán de Lambayeque una tumba, estaban descubriendo un entierro de un rey-guerrero mochica. El sarcófago fue encontrado en un conjunto arquitectónico donde una plataforma y dos pirámides truncadas señalaban el sitio, apareciendo casi en el centro el guerrero enterrado, al que se le calculan más de 1 500 años de antigüedad.

Trabajó la tierra que cubría el sepulcro un grupo arqueológico, de donde extrajeron el fardo funerario. Junto al cadáver encontraron los de un niño y un servidor, tal vez sacrificados al morir el monarca, así como recipientes domésticos, instrumentos ceremoniales y más de mil piezas de cerámica modelada, con ornamentaciones muy hermosas en formas y colorido, de motivos vegetales, guerreros y cacerías.

Las ofrendas estaban depositadas en un cuarto anexo, entre alimentos y bebidas había carne y osamenta de llama, coronas de cobre, joyas y otras piezas de oro calado con aplicaciones de turquesa, más adornos y orejeras, narigueras y montoneras. El hallazgo de un guerrero o monarca mochica reviste gran importancia para el estudio del pasado de estos pueblos nuestros.

Fue una cultura creadora de grandes obras hidráulicas, de acueductos que garantizaban el valioso líquido a la población. El Ascape fue su más grande obra en el valle de Chicana, allí cultivaban con la seguridad del riego, patatas, maíz, frijoles y otras plantas además de algodón, muy necesario para su tejido. Fue la sal, también, además de las gemas, partes de su riqueza.

Vemos en Moche una rica cultura de esa hora, revelado por las ruinas de los valles de Chicana, Moche y Virú, en la Costa Norte, pertenecientes a una sociedad en ascenso, con organizaciones políticas y religiosas. Las pirámides escalonadas muestran una arquitectura basada en el adobe, la piedra y la madera, que eran revestidas de arcilla y decoradas con relieves geométricos en colores. Erigían sus estructuras sobre bases amplias, de dimensiones que recuerdan construcciones de Mesoamérica.

Entre los mochicas, los grupos de Cajamarquilla y el de Nasca del Sur, diseñaron jarras y botellas globulares y lisas de barro, a color, sobre las que trazaron dibujos ya humanos, de animales o de vegetales; a veces temas alegóricos al mito o del diario vivir. Algunos de estos vasos llevan retratos de personas enfermas con huellas visibles de algún mal –tan reales son-, que han servido de estudio para algunos médicos, que pueden así conocer las dolencias que aquejaron a algunos nativos amerindios.

Tiahuanaco. Hombres de recio espíritu y cuerpos de igual condición, debieron de ser forjadores de esta civilización, la de los enigmáticos monumentos como recuerdo de su poderío espiritual y dominio de la construcción.

Tiahuanaco expandió su cultura desde la actual Bolivia hasta gran parte de los Andes centrales y más allá. Se considera que su período más brillante pudo estar entre 1300-1000 a.C., aunque se estima que cuenta con mayor de antigüedad. Su influencia y expansión cultural se reconoce en algunos dibujos que reproducen piezas de cerámica y tejidos, donde se encuentra la inspiración de algunos detalles de la Puerta del Sol, o las figuras del cóndor y el puma o la grada y el tridente, temas localizados en algunas regiones del Perú sobre piezas de cerámica, en vasijas de doble pico, en las asas de puente o doble cuerpo, en los keros –copas de madera talladas y decoradas- que repiten motivos de textiles, mantas o vestidos.

En el valle de Nasca y en el cementerio de Pacheco, se han encontrado reproducciones de vasijas en forma de llamas, urnas que semejan la vocal U, moldeadas en arcilla gruesa, cuyos decorados interiores fueron tomados de la Puerta del Sol; o a veces, las ornamentaciones vegetales.

Tres grandes culturas se desarrollan en la Sierra: Chavín, Recuay y Tiahuanaco. De éstas, la última se encuentra al Sudoeste del Titicaca, donde pueden contemplarse los llamados ingentes despojos de esta civilización. Se estima que los aymarás fueron sus constructores; algunas datan en unos 10 000 años de antigüedad a esta cultura. Se habla de que en ningún pueblo del pasado se fue capaz de mover esas ciclópeas masas formadas por piedras talladas, de Tiahuanaco. En verdad, resulta inexplicable que con un cuchillo de cobre se dividieran esas rocas durísimas. Todo es un enigma, y uno de ellos es el traslado desde la distancia de 70 km de bloques que pesan 50 000 kg, nadie puede entenderlo.

Algunos autores sostienen que Tiahuanaco inició su desarrollo a principios de nuestra Era, que entre los siglos IX-XI florecen los pueblos de la región. Además, que cuando el Inca Maita Capac llega hasta el Titicaca, quedó atónito junto con sus doce mil hombres, ante las construcciones que se alzaban en aquella comarca, dudando que hombres comunes hubiesen sido sus constructores, los que colocaron las talladas piedras de aquellos monumentos, imposible en realidad, porque en esa región no existían canteras a las cuales recurrir para obras tan enormes, que fueron trasladadas, ¿desde qué distancia...?, llamando la atención las lágrimas que vierten unos ojazos venidos de un pasado profundo..., quién es, por qué llora el dios de Tiahuanaco...? Algunas historias nos cuentan que tras la decadencia de Moche aparece, en las alturas de 4 000 metros, una cultura, un pueblo que no conocemos aún: Tiahuanaco. Sus restos, a unos 20 km del lago Titicaca, se alzan en diferentes y titánicas estructuras, con la Puerta del Sol que continúa mostrando la patética imagen de una divinidad desconocida. Se estima, que desde esas alturas y hacia el siglo X, fue expandiéndose una civilización que avanzaba hacia otros territorios, que fue desapareciendo dando lugar a otra, esta vez a la de Manco Capac.

Hombres de Tiahuanaco alcanzaron la Costa entre los siglos X-XII, llevando consigo varios conocimientos que entregó al poblador, quedando los testimonios como valioso material de estudio.

Las ruinas que se alzan al Sudoeste del lago, a 3 800 metros de altura, son muy antiguas, delatan su antiguo pasado, porque nadie es capaz de calcular sus años o de responder con el nombre del pueblo que las construyó. Los templos o edificios que se alzaron allí fueron hechos con bloques gigantescos: sobre esto, varían los cálculos, pues mientras algunos aseguran que cuentan con más años que Cisco, es opinión de otros las construcciones de esta comarca se datan con más de 10 000 años. La única palabra que puede expresar la monumentalidad de estas estructuras es la de colosales, al no existir idea alguna capaz de hacernos comprender la transportación y el alzamiento de piedras como esas, tan distantes del sitio donde fueron alzándolas para cobrar las formas que planificaron sus ingenieros.

Señalan que Tiahuanaco vivió dos épocas de su vida cultural: de la primera fase tenemos el Cerro Artificial o Ackapana, una colina geométrica. Al período segundo se le atribuyen el Templo de Kalasakaya, con la Puerta del Sol, considerada como la obra más importante de todas las culturas continentales. En la meseta del Titicaca quedan los monolitos o monumentos circulares conocidos como chullpas, porque a los antiguos habitantes de esa región se les aplicaba ese nombre o el de collas. Estas monolíticas esculturas constan de una sola pieza, a pesar de sus dimensiones. Quellanata y Sillustani fueron dos antiguos pueblos muy famosos por sus típicas chullpas, algunas de estas obras son conocidas por los nombres de El Fraile y Marido y Mujer, que muestran una factura sencilla, primitiva, logrados con pocas incisiones los rostros, única parte del monolito esculpida.

Varios objetos de arte han sido encontrados entre las ruinas de Tiahuanaco entre ellos una pieza de estilos cubista de una bella cabeza de puma.

Tiahuanaco funda una sociedad diferente, la de la serranía, la más impresionante y al mismo tiempo misteriosa de las culturas de este continente, donde se contemplan los bloques que formaron sus construcciones hace ya muchos siglos. Como hemos visto, sus monumentos conservan las carecterísticas de esa sociedad, como el Ackapana, un montículo de 25 metros de alto, rodeado de muros pétreos formando un perímetro cuadrado, y el Kalasakaya, de planta casi cuadrada, con una monumental escalinata en uno de sus frentes. El grabado de la Puerta del Sol, su llorosa figura, sostiene un cetro en cada mano y está rodeada de varias filas de fantásticos seres de menor tamaño.

No obstante pertenecer a la influencia cultural de Tiahuanaco, las piezas de cerámica que se encuentran en Perú y Bolivia difieren un poco entre sí, aunque las formas y colores son parecidos. Los trabajos en piedra del altiplano andino presentan terminaciones diferentes a las obras de la parte boliviana, aunque inspiradas por iguales modelos, o de un mismo patrón, los artesanos lograron imprimir diferencias notables, como si llevasen el sello de otro hombre de un medio distinto.

Al Sur de Lima se levanta Pachacamac, centro religioso del período clásico, posiblemente el más visitado por la población del Rémano, valle de la actual ciudad de Lima. Allí se construyeron grandes pirámides de adobe dedicadas a enterramientos, los cadáveres se encuentran acostados sobre cañas aunque envueltos en finísimas telas; a su lado, el ajuar funerario, compuesto por piezas de cerámica que reflejan la indudable influencia de Tiahuanaco, que con la difusión de su cultura, introdujo nuevas técnicas que fueron uniéndose a la del hombre andino...

Es el momento en que van haciendo su aparición grandes poblaciones que motivan la creación de centros urbanos protegidos por fortalezas.

Recuay. Es una cultura que tuvo su centro en el valle de Hayles, al Sur de Chavín. Sus extrañas construcciones llaman la atención, algunas se encuentran sobre la superficie terrestre, otras son subterráneas; estas, viviendas y templos fueron fabricados con grandes losas de piedra; algunas casas tenían dos o tres pisos, dotadas de espaciosos recintos y ornamentados dinteles con el tema felino.

Forman las tumbas galerías revestidas de piedra, con numerosas vasijas de modelos y formas diferentes, como copas, vasos ovalados y otras piezas, caracterizando en especial su cerámica con un tema central en lo decorativo, que va transformándose hasta alcanzar una figura emblemática. Las influencias de Chavín y la Costa son muy notables en Recuay.

Pueden verse de arcilla, figuritas de casas, guerreros, animales y otros asuntos, decorados en negro sobre blanco y rojo o siluetas de animales estilizados, con la figura felina en la mayoría de las decoraciones, aunque a veces éstas se reducen a figuraciones esquemáticas.

La cerámica de Recuay se considera separadamente en cuanto a su estilo, de los de otras agrupaciones humanas del Perú preincaico, y se señala que pertenecen a esta cultura ciertas estatuas de piedra que, sin presentar una técnica incisa perfecta, se encuentra en sus figuras humanas ciertas semejanzas con algunas de sus obras artesanales.

Chancay. Al Norte de Lima, en la Costa y en el valle de este nombre -Chancay-, se estableció un grupo de hombres creadores de una cultura. Aunque no bien conocida todavía, fueron ceramistas, dejando piezas sencillas entre las que se encuentran escudillas de dos asas, orzas con cuello, y decoraciones punteadas, triángulos y manchas, en dibujos en los que usaban el rojo y el blanco para destacarlos.

Como fecha posible de su desarrollo ha sido asignada a esta agrupación la data de 400 a.C.-400 D.C., que es anterior al período urbanístico que se ha situado entre 1400-1000 D.C.

La arcilla de este momento ofrece piezas de pasta porosa, no lisa, de color naranja, pintada de blanco-crema; aparecen escudillas con dibujos geométricos en negro y marrón, vasos ovalados con picos que reproducen una cabeza humana, en la que se destaca el relieve de la nariz, con el resto de las facciones pintadas.

Otras piezas de cerámica descubiertas en tumbas, se ven decoradas con rostros humanos, en los colores marrón y negro que aparentan ser tatuajes, acompañados de la deformación craneana frontal. Entre las obras más interesantes de este artesano, se encuentran los tejidos bordados y piezas de metal.

Muchos de los descubrimientos sobre la cultura Chancay se han realizado en la Necrópolis de Lauri; durante las investigaciones llevadas a cabo en 1976, por un grupo arqueológico entre los que se encontraba el Dr. Antonio Núñez. Jiménez, se encontraron figuras de cerámica, y otras piezas entre ellas los guerreros, además de una estela con un altorelieve de una figura antropomorfa con cabeza humana, siendo ésta la primera que se encuentra dejada por este cultura preincaica y que testimonia sus avances en esta expresión.

Además, se ven figurillas, ídolos, cuchimilcos para los ritos funerarios, cántaros o reinas, vasijas dobles y otras coronadas con papagayos, además de preciosos textiles bordados. A pesar de los robos de los ‘huaqueros’, el cementerio de Lauri reserva muchas sorpresas. Fue un pueblo constructor de pirámides y edificios.

El Gran Chimú. Dos zonas importantes dentro de las culturas preincaicas son la Costa y la Sierra; agrupando estos pueblos en quechuas, antis y yungas, con las regiones andina, la selvática y los costeños.

Por lo tanto, se estima que un milenio antes de que el Inca creara su establecimiento, existían en la Costa del Pacífico grandes agrupaciones poblacionales, conocidas como el Gran Chimú, al Norte; el Reino de Mala, al Centro, y el Gran Señor de Chincha, al Sur.

Veamos qué se dice del reino Chimor: Hay autores que sitúan los comienzos de este pueblo en el valle de Moche, aunque otras noticias nos dicen que el notable reino fue fundado en la Costa del Pacífico. Según las crónicas, el reino de Chimor aparece alrededor del siglo XIV, en la región Norte del Piura hasta Casma, un establecimiento que, al decir de algunos estudiosos, fue un renacimiento mochica, sobre todo en el aspecto social, pero bajo fuertes corrientes culturales de Tiahuanaco, lo que da origen a una sociedad muy peculiar, que progresaba en sus intentos de alcanzar un lugar en el plano cultural y técnico.

En la Costa, fundaron su ciudad principal, Chan-Chan centro religioso relevante además que capital, con el destacado Palacio y el Santuario de Pachacamac, Paramonga o La Fortaleza, con pinturas al fresco en algunas de sus dependencias, que es la construcción mejor conservada del chimú.

Sus fortificadas ciudades se encuentran en sitios estratégicos, fáciles de defender en caso de agresión. Además de lo arquitectónico se destacan las obras hidráulicas, como la construcción de la represa de Nepeña, con canales para la conducción del agua tan necesaria en la Costa, dado lo escaso de las lluvias; el riego artificial se hacía indispensable en la región, que unido al uso del guano (abono natural), muy abundante en la Costa, enriquecía los suelos, aumentando así la producción agrícola ante una población que iba creciendo hasta alcanzar, en algún momento, la cifra de unos 200 000 habitantes.

De muy valiosas se han señalado las tumbas chimús descubiertas, que revelan que fue una cultura continuadora de la civilización mochica. Ya no aparecen obras únicas, porque es usado el molde con frecuencia, al parecer en la industrialización de la producción, debido a la serie de vasijas descubiertas.

La cerámica chimú es color negro o gris plomizo de pasta no fina, pero a menudo brillante como metal, que se atribuye a su cocción. Se encuentran menor número de piezas pintadas y el color terroso no se observa en las mismas, es un claro amarrillo con detalles marrón oscuro en las inesperadas formas de los recipientes, con modelos globulares de base plana y asa de estribo que abunda, con la figura humana o animal apoyada en el vaso como punto de unión en el asa. Otras piezas tienen asas que simulan montañas, casas, frutas, vegetales, conchas, o peces, formando parte algunas escenas domésticas, religiosas o guerreras.

Entre las obras de este pueblo, se encuentran las vasijas silbadores, compuestas por dos cuerpos globulares que se comunican por medio de un puente o asa a la altura de los cuellos; en negro brillante las formas globulares, platos adornados con seres humanos o animales en decoraciones pintadas, que llegan más tarde al relieve y los cuellos modelados.

Los textiles chimús son de alta calidad producidos en grandes cantidades; las telas encontradas en los sepulcros aparecen con estampados en colores, los vestidos y mantos bordados con temas geométricos o estilizadas figuras animales formando listas, están coloreadas. Más, su especialidad serían los ornamentos y capas de plumas de variadas tonalidades combinadas, verdaderas obras de arte los vistosos plumajes transformados en mantos ceremoniales, repelentas al agua a la vez.

Los chimús llegaron a dominar la metalurgia produciendo variados objetos y piezas de oro, entre ellas máscaras funerarias, cuchillos ceremoniales, joyas, pectorales, auxiliados en algunas de estas obras con adornos de turquesas; lograron aleaciones mezclando el oro y el cobre. Se percibe la técnica que desarrollaron para lograr las alhajas de oro, plata y tumbaga que se manifiestan en el proceso del metal, que culmina en la producción de armaduras totalmente de oro o plata, collares, vasos cilíndricos que reproducen el rostro humano, otros vasos repujados o con incrustaciones de turquesas, o cuchillos rituales de bronce. En fundición, soldadura y martillado, en la técnica de la cera perdida y el repujado de una pieza, fueron los chimús maestros consumados.

Podemos darnos cuenta de que antes del descubrimiento, se constituyen grandes Estados en la Costa, con el reino Chimú y su ciudad de Chan-Chan, que medía 282 km. Esta ciudad llegó a ser el foco principal de esta cultura, que basó en el riego artificial y el cultivo agrícola en terrazas su economía.

Altos muros cercaban la gran ciudad; dentro, bellos jardines, calles, palacios y templos, mercados, baños públicos y estanques, formaban parte de su belleza y comodidades, abastecida de agua que era cunducida desde presas distantes, por obra de la hidráulica chimú.

Chan-Chan ha sido bautizada como la Ciudad de las Maravillas, ganada buena fama por todas las grandes obras que hemos referido antes; al borde de trazadas calles se alzaban los muros colmados de bellos dibujos que ornamentaban sus edificios, pero para el arqueólogo, lo más hermoso dentro de todas estas construcciones fue el momento del descubrimiento de El Patio de los Arabescos del Palacio Real. Entre las culturas costeñas aparece el Gran Chimú, con una metrópoli como centro cultural y religioso, de amplias calles, una plaza central de grandes dimensiones, con estructuras palaciegas adornados sus muros con relieves, además de residencias para los sacerdotes y la clase noble. Las casas del pueblo eran fabricadas con grava y arcilla, con un patio central.

Como reino basado en el cultivo agrícola estaba al servicio de la clase político-religiosa que lo dirigía, además del soldado y los artesanos, conformando así el Estado de Chimor. Sus avances técnicos adquieren gran relevancia con la regulación del caudal de los ríos en las diferentes obras hidráulicas, llevando este servicio hasta las poblaciones.

Con la creación de técnicas adecuadas, las tejedoras lograron ornamentaciones preciosas de temas geométricos o las estilizadas figuras zoomorfas.

Vestían los chimús una camisa de mangas cortas y un faldellín, pintándose el rostro, usando además orejeras, casquetes y algunas plumas como adorno. El guerrero vestía una túnica con cinturón, y como armas, el hacha y la macana, protegiendo el rostro con el yelmo, escudos y petos de algodón.

Además del uso del algodón, las llamas, las alpacas y las vicuñas ofrecían sus lanas, conociendo desde niñas las hábiles manos femeninas el suave secreto del telar, que ha revelado el antiguo sepulcro cuando entrega los mantos, las ricas telas, las alhajas, los vasos de arcilla decorados lujosamente para guardar el agua o las bebidas para el difunto, también las frutas aparecen en tumbas, o el ajuar marinero que consiste en anzuelos, arpones y redes de pescar. (En los cántaros aparecen repetidamente los temas marinos, sus balsas portaban en los mástiles velas de algodón tejido, mientras los hombres del mar llevaban sobre sus hombros, mantos de lana de vicuña o llama).

Todos los pueblos costeños fueron grandes alfareros, entre ellos el proto chimú, conocido por mochica. Por eso el Inca encontró la manera de engrosar su reino con el de Chimor, un territorio que ocupaba una extensión de 900 km.

La civilización chimú dejó el Palacio de Chan-Chan, templos como Pachacamac que culmina una pirámide de cinco plataformas, que fue centro ceremonial y de peregrinación de los pueblos vecinos. La fortaleza de Paramanga, de terrazas amuralladas, fortificación que se unía con la capital Chan-Chan por una muralla de 50 km de largo, riesgosa construcción sobre las accidentadas elevaciones que alcanzan 3 000-3 500 metros de altitud, casi imposibles de salvar en la difícil orografía del medio, que ha sido comparada su estructura con la Muralla China, célebre construcción asiática.

Además de las obras expuestas dejaron, como algo importante, construcciones viales como caminos y carreteras, al parecer como continuación de obras mochicas. Se repiten los templos sobre pirámides, algunas pirámides escalonadas talladas en colinas rocosas, como el Templo de Lurín, y las escalinatas monumentales.

La alfarería está regida por el mejor buen gusto, predominando el arte, logrando de la arcilla (la tierra de cántaros o pacha puijnupac), piezas de gran belleza, en los tonos gris, rosa, rojo o naranja, modelando preciosas vajillas.

Cuenta la leyenda que Tacanaymo fue el fundador del Reino Chimú, el que un día, quién sabe desde qué remotas playas, navegó, arribando a esta Costa en una balsa acompañado de su comitiva. Tacanaymo fue el constructor de la fortaleza de Paramanga para proteger el reino. El sucesor fue su hijo, que conquistó otros pueblos de la Costa, desde Pucamayo hasta Santa.

A partir de ese hijo se sucedieron varias dinastías, hasta llegar al monarca Minchanzaman, reinando este último en tiempos de Pachacútec Inca, el que sometió al chimú al reino Incaico. Al arribo del español al Perú, Minchanzaman gobernaba su ‘reino’ bajo el dominio de Pachacútec. Después, sus sucesores continuaron bajo dominación hispana. Luego que el Inca rindió al chimú y mientras que aquél adoraba a Inti como divinidad Solar, el chimor era orfebre, amaba la música, la danza y vestía lujosos atuendos adornados con plumas, mientras se educaba en una corte refinada que hacía uso del perfume y los maquillajes.

En el mundo chimú consideraban sagrados a la Luna, el Sol, a la Tierra, al Agua y a las Constelaciones, creían que seres invisibles habitaban en las cimas de las montañas o en las profundidades de las aguas de mares o ríos: dos ríos importantes corrían muy cerca de la capital Chan-Chan: Jequetepeque y el Casma.

El encuentro amerindio-hispano enfrenta a Pizarro (1533) y los pueblos del Sur, a los que ataca, traiciona y abate, el alma y la obra de miles de lunas junto con la última cultura de la Costa.

Ya los collares de chakira no se lucen, los polvos mágicos del rito, los cosméticos, no se preparan, los cántaros negros como la noche no son moldeados, los temas de la Selva, la Sierra y la Costa no serán pintados sobre la superficie de las vasijas, con alegres colores; las telas, las agujas, el hilo, los tintes, permanecen inertes dentro de los estuches de labores, junto con los telares y los husos, los juguetes de manos femeninas cuando hilaron el níveo algodón o los copos azules, los de tono violeta o los pardos, formando los preciosos lienzos para el lujoso atuendo en amplia gama de matices..., increíbles tejidos lograndos en lejanos tiempos por la raza nuestra!

En el gran territorio que es hoy el Perú, moraban los yungas en la parte tropical, a donde fue llevado el junco del gran Titicaca, cultivo que tomaron para construir las totoras o ‘caballitos’, barcas de un solo remero, -el navegante-, que lo impulsaba con su mano fuerte, algunas veces el remo solía lucir decoraciones muy lindas.

Arrodillado dentro del ‘caballito’, el piloto lo guía a su antojo, y llega a su destino. La totora es un junco color verde brillante, cultivable. Después de la cosecha, es atado en haces sobre todo, cuando de la construcción de una balsa se trata, que flotará sobre el Titicaca, seguro en su nave, el tripulante de ligera y hermosa barca, ha de recorrer los acuosos caminos del lago que ciñe a Bolivia y al Perú en abrazo amoroso...

Incas. Después de conocer algunos Señoríos preincaicos, llegamos finalmente a la Tierra de Tahuantinsuyu, el gran Reino, quedando atrás la influencia del wari y de otras lejanas culturas, evidentemente muy notables para la fundación del Estado Inca.

Cuentan que antes del Inca, en tiempos de leyenda, los sayris sometieron a los caras Purunhus; después, se sucedieron otros pueblos, culturas que se mantenían sin mezclarse o se unieron con otras, para de ese modo continuar escalando un sitio, hasta alcanzar el lugar a que aspiraban. También se dice que hacia el siglo X y desde el lago Titicaca, Tiahuanaco comenzó su expansión, avanzando hacia territorio del hoy Perú, despareciendo, dando lugar al surgimiento de otras civilizaciones, esta vez, entre ellas y según se narra, a la de Manco Capac, el fundador de Tahuantinsuyu.

El Inca consideró siempre que su reino era el centro, que el Ombligo del Mundo era Cuzco.

Las revelaciones de diversos científicos –y ramas-, revelan que la presencia del hombre en esta parte Sur del continente se ha situado desde unos 20 000-15 000 años a.Cristo, como cazador, recolector y pescador. Entre el 5000-1000 a.C. surge la agricultura, capaz de elevar la tasa de natalidad y por ello, el desarrollo y avance de nuevas técnicas con nuevos instrumentos para las nuevas necesidades. A partir de esa fecha y después de Cristo aparecen otros pueblos con parecidos a la vez que diferentes modos de vida, de producción artesanal, sirviendo de acicate para mejorar los cultivos de la tierra con tecnologías de riego y abasto hidráulico, hechos que llevó a significar los nombres de muchos reinos. La presencia del Inca logra avances culturales en grupos del Perú antiguo, culminando la obra del pasado remoto, con formas nuevas de encarar la vida y sus complejas situaciones.

Como en Tanochtitlán los mexicas, en Tahuantinsuyu los Incas se instalan en un gran territorio, fundando un Estado con avanzadas ideas sobre el trabajo, activando la producción los integrantes de un pueblo quechua y de diferentes etnias, desde el labriego hasta el artesano, el ganadero, el minero o el trazador de caminos o de presas, además del que preparó terrazas sobre las altas cumbres, valiéndose de puentes colgantes sobre el abismo o la impetuosa corriente de los ríos.

Muchos son los aspectos que tiene a su favor la presencia inca en este reino, basado en los conocimeitos, en las experiencias de los que los precedieron, de los que iniciaron la marcha a través de su historia, motivando el estupor del hispano ante las estructuras sólidas de defensa, por su riqueza agrícola y ganadera, la disciplina civil y militar o la importante expresión artesanal y otros triunfos logrados con el equilibrio político y económico, el desarrollo vial y los avances en un importante asunto para la comunidad como fueron y son los recursos hidráulicos bien aplicados y la literatura oral del pueblo de habla quechua. La presencia del Inca en esa región, fue la última de los pueblos precolombinos que descubre el español!

Es la Historia del Tahuantinsuyu la obra que ofrece la mejor información sobre las grandes migraciones humanas de lejanos tiempos, aunque se desconoce el motivo que las originaba, si cambios climáticos, si disenciones, guerras, hambrunas o la búsqueda de fértiles tierras donde establecerse, para los avances que requerían como grupos sedentarios ya.

En tiempos difíciles de precisar, el valle de Cusco acogía diferentes etnias que convivían unidas, aunque se ignoran los sitios exactos de sus establecimientos, practicando ya la división de los territorios, algo que se encontrará después en el reino del Inca.

Los cronistas difiern en cuanto a la posibilidad de que Tocay Capac y Pinahua Capac hayan sido los primeros incas: lo que se desprende de otras investigaciones es que éstos señores eran los ‘caciques’ de Ayarmaca. Otra crónica señala que estos reyes son anteriores al Inca: se aclara que los caciques citados más arriba eran en realidad los señores de Ayarmaca y Pinahua. Los ayarmacas lucharon contra los incas en tiempos más lejanos, anterior al desarrollo de Cusco, y sólo fueron derrotados cuando el Reino Inca tomó forma en el Tahuantunsuyu, siendo indudable la antigüedad y poderío de los reinos ayarmacas anteriores al Inca. Según los documentos estudiados por la señora Rostworowski, ...la cultura inca tiene raíces más importantes en las tradiciones de Ayacucho, Nasca y Tiahuanaco, y no en las culturas antiguas del valle...

Garcilazo de la Vega recogió el mito de Manco Capac y Mama Ocllo, su salida desde el lago Titicaca para iniciar un viaje en busca de un sitio donde instalarse, cultivar la tierra, desarrollar su vida como grupo social y fundar un Estado. Es a la vista del cerro Huanacauri –Cusco será fundada más tarde-, que Manco Capac lanza su vara, la que se hunde en el suelo, señalando así el sitio adecuado para establecerse, donde nacerá el reino en el que Mama Ocllo y Manco Capac instruyen sobre el orden, la cultura y las artes a los habitantes, como si el mismo Sol infundiera calor y poder a sus hijos.

Este mito trocado en versión oficial pudo tener visos de realidad o de ser, a la vez, una explicación para uso del conquistador, o la ignorancia de una verdad encerrada en este hecho. Por otra parte, otro mito sobre el origen del primer Inca lo encontramos en el de los hermanos Ayar, los que, salidos de una cueva (Pacaritambe), conocida por tres nombres diferentes, en el cerro Tambotoco, surgieron de tres ventanas Maras Toco y el grupo maras; de la ventana Sutic procedían los tampus, y de la tercera ventana o Capac Toco salieron los cuatro hermanos Ayar Uchu, Ayar Cachi, Ayar Mango y Ayar Auce, y las cuatro hermanas Mama Ocllo, Mama Huaco, Mama Ipacura y Mama Raua, todos juntos iban en busca de un suelo ideal para sus propósitos. Durante la perigranación se desembarazaron de Ayar Cachi por temor a sus poderes mágicos. Según la tradición, durante este recorrido trabajaban la tierra el tiempo debido para la recolección de los frutos; luego proseguían su viaje, siempre adelante, durante varios años. Por fin, arriban a Cusco, ya poblado por numerosos habitantes, finalizando la búsqueda ansiosa de tierra cultivable, lo requerido para la instalación apropiada que como seres humanos en busca de horizontes nuevos debían merecer.

En el largo camino que fue recorrido por los hermanos y hermanas Ayar, fue destacada la presencia de Mama Huaco, mujer famosa por su firme y fuerte carácter que, según la tradición, llegó a capitana, el tipo opuesto de la femenina Mama Ocllo, segunda esposa de Manco Capac. Otra mujer, la curaca Chañan Curi Coca, llegó a dirigir un ejército en la guerra contra los chancas.

Historia del Tahuantinsuyu presenta una nueva visión sobre la creación del Estado incaico, esta vez clara y lúcida, reino concebido con sabiduría por sus fundadores. Naturalmente, era de esperar que la visión andina no coincidiese con las ideas hispanas; cada uno –nativos y peninsulares-, diferían en las básicas ideas sobre la existencia y las costumbres, que eran muy distintas, entre las milenarias tradiciones de ambos mundos. Por lo tanto, las ‘contradicciones y confusiones’ pululan en los registros dejados por los cronistas españoles. La tradición oral y el quipus dan fe de hechos que contradicen o verifican los escribas del conquistador, sobre todo, lo que revelan las pinturas de Poquen Cancha o refiere la poesía oral, que plasman y reflejan hechos históricos realizados por el Inca y su pueblo, en cuadros sobre madera o lienzo que exponen la verdad de aquel momento.

Coincidimos respetuosamente con la autora, señora Rostworowski, en que ...el mundo andino era demasiado original, distinto y diferente para ser comprendido por hombres venidos de ultramar..., a los que preocupaba enriquecerse, conseguir honores o evangelizar por la fuerza a los naturales...; ...Un abismo debía formarse entre el pensamiento andino y el criterio español, abismo que hasta la fecha continúa separando a los miembros de una misma nación...

Es una realidad histórica que Tahuantinsuyu existió como Estado, como también los Incas, los Orejones y los pueblos del altiplano, además de los de la Selva, la Sierra y la Costa, culturas que hemos conocido a través de las investigaciones arqueológicas, sociológicas, la lingüística, de la tradición oral, los mitos, las leyendas y los cantos. Tahuantinsuyu significó la unión de las cuatro regiones!

Pero también, el origen del Inca es un enigma; Viracocha recuerda la leyenda de Quetzalcoatl: dioses los dos, compartieron con las poblaciones que encontraron los conocimientos y experiencias, su sabiduría toda, para que tomaran el sendero que les conduciría a una vida más plena, en mejores condiciones para avanzar. El mito presenta a dos divinidades en el nacimiento de grandes culturas amerindias Viracocha retorna ¿a su lugar de origen?, por el Occidente; Quetzalcoatl parte desde la Costa Oriental del actual México. Ambos dioses prometen el regreso, de ahí surgen las actitudes pacíficas del mexica y del rey del Tahuantinsuyu ante la irrupción del europeo... Todos sabemos ya de sus destinos...

Según una narración, el reino Inca comienza con Mama Ocllo y Manco Capac, el peregrinaje los llevó a la fundación de un Estado civilizando, en nombre del divino padre solar, con los quechuas, los pueblos que correspondía al reino que intentaban fundar.

¿En qué siglo, exactamente, fundó el Inca Manco Capac ese Estado? No es fácil demostrarlo. La leyenda habla de la creación efectuada por el dios Sol de los hermanos ya citados, Manco Capac y Mama Ocllo, portadores de un báculo debía clavarse en el sitio exacto donde sería fundada la capital del reino; el dorado bastón cumplió con lo esperado.

Para proseguir esta historia –sin dudar de la leyenda- preferimos una fuente más reciente, procedente del Perú y de una de sus hijas que indaga enamorada de su pasado hermoso. Digamos además que para la realización de estas historias nos basamos en bibliografías no recientes. Por lo tanto, la obra de María Rostworowski, Historia del Tahuantinsuyu, merece todo nuestro respeto, ante el análisis profundo y serio después de consultar la obra de diferentes Cronistas de la época de la conquista.

Inca es la palabra que designa al rey o soberano fundador y gobernante del Estado del Tahuantinsuyu, aunque la palabra ‘inca’ luego tomó un sentido general, y se aplicó al poblador de habla quechua y otros residentes de ese reino.

Doce fueron los incas que rigieron los destinos de ese Estado, siendo Huascar el décimo tercero, el que no llegó a reinar mucho tiempo, cayendo, como su medio hermano Atahualpa, después del descubrimiento del español.

Las panacas, según las crónicas, las formaban los familiares del Inca; al éste fallecer, se le momificaba, lo que no impedía que siguiese siendo el dueño de sus bienes, por lo que percibía el tributo normalmente, como en vida.

La panaca tenía el deber de conservar la momia real, los recuerdos del soberano y la historia y hazañas de su vida, que aparecen volcadas en el mito o en la literatura oral, también en los quipus y pinturas que eternizaban su figura. Durante ciertas fechas religiosas, las momias reales eran exhibidas y el pueblo las contemplaba con respeto, honrando con su presencia a sus reyes.

Pero así como rendían homenaje póstumo a sus pasados gobernantes, también al recoger la historia omitían algunas veces el nombre del monarca fallecido, evitando de esta manera ofender al nuevo soberano por algún suceso del anterior gobierno, aparentando la inexistencia del asunto con el ‘olvido’ de algún hecho capaz de herir o dañar al nuevo Inca.

Tahuantinsuyu fue un reino Inca dividido en cuatro regiones; cada uno de estos departamentos llevaba un nombre, apropiado a la región. Así, Antisuyo corresponde a la Selva; Cuantinsuyo a la Cordillera; Collasuyo es el Altiplano y Chinchasuyo es la Costa o litoral. Cada una de estas “provincias’ o comunidades resume las características de la geografía andina, como expresa muy bien Jorge Guillermo Llosa en estas palabras: ...estas regiones geográficas señalan principalmente una mentalidad y un tipo humano que varía notablemente desde el salvaje de la Amazonia, el civilizado quechua de la Cordillera, desde el mítico y belicoso Colla del Lago, al artístico y sensible habitante del litoral... Y prosigue: ...Cuatro regiones, pues, que corresponden a cuatro tipos humanos, a cuatro paisajes bien definidos. Ellos han dejado en sus obras de arte las características que las define como humana de cada una de las cuatro parte del mundo. Lo selvático, misterioso y desconocido, perdura en su vida primitiva de cazador y pescador, sumergido entre las potencias buenas y maléficas de la inmensa selva. El quechua, ha dado el agricultor paciente y tenaz, creador de una flora, de un sistema de cultivo en terrazas y de un maravilloso reino cuya organización social se exhibe en fortalezas, caminos, palacios, canales, que aún asombran. El Colla, el hombre del altiplano, se esconde tras un pasado enigmático del cual han quedado los recuerdos de Tiahuanaco, como joyas olvidadas en medio del páramo helado. El costeño, el hombre del litoral, pescador y agricultor, tejedor y alfarero, ha dejado las expresiones más altas del arte peruano en sus maravillosas telas bordadas, como los mantos de Paracas, o su cerámica de formas realistas en coloreados dibujos abstractos o estilizados, los que revelaron una indecible potencia creadora...

Fue en el siglo XII, según los entendidos, que se funda el Estado Inca, junto al Sacsahuamán (3 500 metros de altitud), con Cusco en su centro. En el siglo XIII en Inca Sinchi Roca confirmó a su pueblo su procedencia divina, y revela que es Hijo del Sol.

Fuertes guerreros componían el ejército Incaico, y bajo la dirección de los soberanos, en distintos momentos de su historia, utilizando la diplomacia o el asalto guerrero, el Inca y sus hombres crearon un Estado constituído por cuatro hermosas regiones, extensas y pobladas áreas, habitadas por diferentes poblaciones, que se dedicaban a distintos trabajos y especialidades. Como agricultor, gran parte de la población manifestó siempre un espíritu de cooperación, celebrando el inicio de las siembras con espléndidas fiestas en las que no faltaba nunca su Señor y los altos dignatarios del gobierno. Los grandes, variados, ricos y desconocidos cultivos cautivó sorprendiendo al hispano, que nunca contó que una ignorada cultura transoceánica fuese capaz de exhibir sobre sus campos el muestrario que lucían las terrazas cubiertas del color esmeralda en diferentes plantaciones agrícolas.

La del Inca fue una cultura creada con el ánimo de elevar al Hombre sobre sí mismo, en un Estado metódico que obedecía a estrictas leyes concebidas para regularlo todo, que fue capaz de una serie de mejoras y avances, desarrollando las comunicaciones y asegurando la alimentación de todo el pueblo. Y como otras culturas anteriores al ‘descubrimiento’, el reino incaico impulsó las construcciones civiles y militares, los tejidos y sus decoraciones, la preciosa orfebrería además de otras expresiones de su genio. Sinchi Roca preparó a su pueblo y supo infundirle ánimos para la conquista de otros territorios, en sus propósitos de expansión. Toqui Yupanqui continuó los planes de su antecesor y llega hasta el lago Titicaca. Mayta Capac subió al trono en el siglo XIV, en sus planes estaba avanzar hasta Argentina; Capac Yupanqui dejó atrás el Apurimac donde resistieron los yungas, -los grandes constructores del Gran Chimú-, además de los chancas. Junto a Bachacútec Yupanqui la población inca alcanzó la plenitud, reformador del mundo, le llamaba su padre; son famosas sus Sentencias. Es Pachacútec, según sus leyes y regulaciones, el verdadero fundador del reino Incaico: con él se suceden reformas de gran importancia y se le considera el ‘más genial de los gobernantes’ de los pueblos precolombinos. Bajo su dirección, conquistan sus ejércitos la Bahía de Pisco, tomando dos reinos, Cusamancú y Chimor.

Tupac Yupanqui y Huayna Capac alcanzaron el actual territorio de Chile mientras otra parte de sus fuerzas tomaban Quito por el Norte. Así, y con acciones no menos importantes para sus propósitos, fue conformándose Tahuantinsuyu, con formas políticas y técnicas militares que les condujeron a las conquistas. Cuando la extensión del reino ocupaba, tomando los países actuales, todo Perú, Ecuador, parte de Bolivia, Norte de Chile y Tucumán, Argentina, toda esta inmensa extensión, aparecen, sobre los mares, las carabelas que conducían los españoles!

Si bien es cierto que el Inca conquistó otros pueblos, debemos añadir que se señala que respetó las costumbres y creencias de las etnias conquistadas, aunque sí que extendió su organización política y social sobre las mismas.

Pero hay autores que señalan que introdujeron su religión solar: es posible que así fuese, pero los creyentes de todos los tiempos han gozado de la facultad oculta, de trasladar a las creencias impuestas, sus propios dioses bien queridos.

El Perú que conocemos fue un gran reino, como lo acreditan los descubrimientos arqueológicos actuales, ofreciendo nuevos aspectos sobre la importancia de sus culturas diversas. Además, narra la historia que desde las postrimerías del siglo XIII hasta mediados del XIV, los gobernantes del reino Inca decidieron ampliar su territorio, dando forma a un dominio o Estado con la sumisión de reinos vecinos hasta alcanzar los más alejados confines. Se conoce que los chancas y otros grupos, motivados por el asedio o los ataques de los incas, repelían sus fuerzas, pero muchos fueron derrotados o se rindieron ante los ejércitos, obteniendo el incario un éxito total, con lo que engrandecieron a Tahuantinsuyu, como tanto deseaban.

Aparentemente el Inca, después de sus victorias, quiso siempre quedar en buenas relaciones con los vencidos o conquistados pueblos; estimándose que la fortaleza de Sacsahuamán fue el monumento que señaló el triunfo inca de diferentes señoríos. Algunos de estos señoríos eran pacíficos, como el de Chincha, el de Chanchayauyu, etc., el de Guarco, los Colla, Chimú, y otros que se rebelaban, peleaban y derrotados, rendidos o sojuzgados, aceptaban a la postre al Inca y colaboraban en funciones gubernamentales.

Pese a que el Inca fue un Estado rígido, estricto, dejó tras de sí un pasado muy rico y un buen recuerdo de su preocupación constante; de esta manera sus descendientes conservan la capacidad de crear, aunque desde hace casi medio milenio lloran la gloria perdida y sueñan con su pasado como todos los pueblos sobre este continente, que a su vez todo lo perdieron el día del ‘descubrimiento’.

Tahuantinsuyu se caracterizó por lo utilitario y dicen, que no conocieron las finas, delicadas piezas de otras culturas regionales. Esto no quiere decir que faltaran obras de valor, sobre todo artesanales, de la orfebrería o los tejidos, con vistosos diseños y admirables colores.

Los conocimientos acumulados por las culturas anteriores, fueron recogidas por los Incas, aumentando el caudal de experiencias de Tahuantinsuyu, que se difundieron, entre estas la técnica del cobre, con el que fabricaban instrumentos y armas, y al conocer el bronce, el cuchillo-hacha plano y trapezoidal y el tumi o cuchillo ritual, aparecen de ese metal obtenido por una aleación, sirviendo el cobre para objetos decorativos y ceremoniales, reservando para el soberano y los nobles, el oro y la plata en forma de alhajas y adornos.

El mundo incaico obtuvo notables avances en la organización social, dictándose leyes que eran cumplidas tanto en esa esfera como en la educación, muy estricta siempre en cuanto a la ética y la moral, con advertencias tales como: ‘No seas ladrón’ o Ama sun; ‘no seas ocioso’o ama kjella; ‘no seas mentiroso; o ama llulla, pudiéndose apreciar cómo esta organización social tuvo en cuenta vitales aspectos del individuo y la sociedad, con sólo tres sentencias que garantizaban el buen funcionamiento del cuerpo social, si lo consideramos como un organismo vivo, pero regulado y limpio.

El reino de las cuatro regiones –o Tahuantinsuyu- estaba compuesto por una selecta aristocracia, además de los Orejones o nobles que rodeaban al Inca, muy conocidos por los adornos de pesadas joyas en los lóbulos de sus orejas. Los altos jefes del gobierno elegían a los curacas, a los recaudadores de impuestos, a los jefes militares, a los sacerdotes, y seleccionaban a las Hijas del Sol. Los sabios sacerdotes oficiaban en los servicios religiosos y ayudaban  a su soberano en algunos deberes.

No obstante, con todo lo que de positivo forjó el Estado inca, faltó un aspecto importantísimo para su avance total, puesto que esta sociedad desconoció los signos de una escritura, o un sistema pictográfico o jeroglífico -que ignoramos si existió-, que permitiera registrar todo lo concerniente a su historia.

Aparentemente carecían de algún tipo o forma de escritura, dificultando así un conocimiento mayor sobre esta sociedad, al no poder basar en inscripciones ninguna investigación que informe sobre su pasado.

Se estudian sus monumentos, se escuchan las tradiciones orales, se leen y estudian profundamente las crónicas y documentos de la colonización, se analizan las leyendas de la época. Por desdicha, no todo lo que ofrecen los cronistas, enriquecen las informaciones del ‘encuentro’; el mito o el relato también adolecen de vacíos, de lagunas o se interpretan con visión europea; ninguna de estas fuentes ofrecen la realidad de estas civilizaciones que si bien ignoraban la escritura, muchas de sus obras nos comunican con bastante claridad, parte de su pasado. La organización social incaica nos trasmite un mensaje, y éste es el de que fue una de las más importantes y transcendentes culturas del Nuevo Mundo, como agrupación humana organizada. Y si el hispano hubiese tocado a sus puertas con mesura y en paz, Tahuantinsuyu hubiese adquirido tan alto avance que aún existiría, aún desconociendo los registros escritos, con un sistema de signos inventado por ellos.

Pero los que estudian esta cultura andina manifiestan que la clase noble poseía una escritura. En cierto modo han sido considerados como signos gráficos los killkas o dibujos encontrados sobre piedras, muros, en tejidos, piezas de cerámica y sobre otras materias. A través de Fernando Montesinos conocemos que en 1629 un sacerdote andaluz, residente en Lima, refería que ‘los Incas tuvieron una forma de escritura en hojas vegetales y en piedra, que se perdió y entonces surgieron los quipus’. Otra versión, esta vez del mestizo Cristóbal de Molina, nacido en Cusco, declara que los Incas no usaron escritura, ya que mandaban pintar en tablas y paños la vida de cada uno de los soberanos, además de los mitos y leyendas que para él (Molina), ‘eran como fábulas’.

Otros autores se han referido a una escritura formada por dibujos pintados como la mixteca y la maya. Por su parte, Sarmiento de Gamboa dejó dicho que Pachacútec el Inca mandó a pintar sus historias en grandes tabletas, que luego guardó en la Casa del Sol, salvándose las que el virrey de Toledo remitió a Felipe II: todas las demás pinturas, las que recogieron los hechos de todos los monarcas, sufrieron el mismo destino que los códices mayas, mixtecas, tenochcas...: la terrible condena del fuego, el triste exterminio total de su obra!

En 1979 la investigadora Victoria de la Jara descubrió en los keros –vasos de madera tallados y pintados con varios colores-, una forma de escritura, de la que descifró varias palabras. Luego, en 1987, despertaron el interés de algunos especialistas, unas pictografías o killkas halladas en distintas regiones del Perú, renaciendo otra vez la esperanza de que aquella civilización pudo poseer una escritura y dejar muestras de algo que fue creado o perfeccionado, de otra cultura conocida. Porque no deja de extrañar que un pueblo que alcanzó tan alto grado de conocimientos, desconociese alguna fórmula escriptoria o sistema de signos. No olvidemos que fue un reino que heredó la sabiduría de sus antepasados, que supo desarrollar múltiples ideas grandemente valiosas para su progreso, y tuvo condiciones para inventar un sistema de registro más avanzado que el quipus, algo imprescindible y preciado para una sociedad fundada con esas aspiraciones, y no que los más relevantes hechos de la misma se extinguieran o permanecieran ignorados, algo muy distinto en este caso, como es, el recordatorio escrito de un Estado poseedor de muchos valores desconocidos aún.

Los amautas. Este grupo social está considerado como el de los filósofos y sabios o intelectuales del reino, los conservadores de la lengua quechua, el idioma oficial del Estado. Tanto Garcilaso como Cieza de León recogieron en sus crónicas la tradición de que Tupac Yupanqui, el quinto rey, descubrió al pueblo de habla quecha, adoptando esa lengua que dejó su riqueza expresiva en las piezas orales de su literatura. Sus composiciones se trasmitieron de una a otra generación, manteniendo vivos géneros diversos de dichas obras. Inicialmente, los cantos estaban dirigidos a diferentes dioses, especialmente a Viracocha, que no es el octavo Inca de ese nombre, es una divinidad antigua, considerada como padre de todo lo que existe sobre la tierra, que recibía un culto mayor por su importancia. Para Viracocha fue erigido el templo de Curicancha, por orden del Inca Roca, en el valle de Lurín, lugar donde se celebraban periódicamente grandes ceremonias religiosas en las que se sacrificaban llamas. Se asegura que en el Templo del Sol o Curicancha estaban guardados los escritos secretos incaicos, que desaparecieron con la entrada hispana en el Templo.

El himno sagrado o jailli sería la plegaria que implora la protección de la divinidad y a la vez, agradece sus bondades al escucharle. Arawi es en quechua poesía profana, género que canta el amor feliz, el sentimiento amoroso, la alegría y la belleza. En el taki se expresaba cualquier sentimiento o emoción; en las fiestas, el shashwa es el canto que manifestaba la alegría juvenil, de compartir y disfrutar la más bella música, con el wankar o tambor y la zampoña.

Así como el canto, el género humorístico fue expresado en quechua en el aranway; apareció la fábula, y en la elegía o wanka, el poeta se dirigía al monarca... En idéntica queja elevó su canto al extinguirse el universo incaico, la libertad y todos los dones que significaron para el hombre andino, la plenitud de su hora en el destino. Y tal vez, por la caída de Atahualpa, cuando su mundo se precipitaba hacia el abismo, la palabra gimiente de la wanka resononaría con el eco doloroso de su raza!

Las fiestas o taquis agradaban a la concurrencia; las diversas salidas del poeta, acompañado de la flauta y el tambor, despertaban entusiasta acogida entre el público presente, que apreciaba la música, como también lo hacían durante las representaciones de Ollantay y Uscar Pucar, dos obras conmovedoras de aquel mundo lejano. Amantes de la danza, en la naciente primavera, la fiesta de Inti, o ante las proezas del guerrero, se celebraban con bailes y cantares, comicidades, fábulas o dramas, honrando de esta forma a los dioses de la Agricultura, al Sol, al Inca y a los héroes.

Es sabido el valor que tuvo la danza en las expresiones religiosas o culturales en Tahuantinsuyu. El pueblo del Sol sabía distinguir ambas manifestaciones, y se ayudaba en los ritos por medio de instrumentos musicales o de los movimientos corporales para honrar a Inti. Estas ceremonias y fiestas estaban acompañadas del batir de tambores y los tinyas o pequeños tamborcitos; diferentes clases de flautas, y la pequeña flauta de seis notas que iba acompañada de un también pequeño, tambor.

Entre las flautas más grandes usaban la quena, construída de madera apropiada, que emitía cuatro fuertes notas, cuya dimensión alcanzaba muchas veces la altura de un hombre. Y las trompetas, que anunciaban al rey, al gobernador u otro dignatario del reino.

Podemos comprender que el pueblo quechua era poseedor de una rica literatura oral, con los géneros épico y lírico muy destacados. Aunque los cronistas no dieron mucho valor a estas obras –si las llegaron a conocer-, hoy sabemos que son muy importantes el mito, las leyendas y los temas históricos, géneros que se han mantenido en la memoria de ese pueblo, como lazo de unión con su pasado. Los amautas, los poetas y los quipucamayoc conservaron y transmitieron una inolvidable cultura que ha transcendido, con manifestaciones festivas en honor a Inti, que duraban más de una semana, en ellas, el pueblo compartía con el Inca su júbilo, culminando frente al Templo de Curicancha, el de los resplandecientes muros de oro, donde adoraban al Sol y a la Luna, y se elegían entre una multitud de jovencitas bellas, a las que integrarían la Casa de las Vírgenes del Sol.

La lengua quechua: runa-simi o idioma de los hombres al decir del Inca, se hablaba en este reino, Según Crónicas, el Inca Pachacutec estableció su uso en el reino. A la vez, otro señala que Manco Capac expresó que esa era el habla de la población anterior a los incas. De esa forma, el pueblo poseía una lengua, los reyes y sus nobles empleaban otro idioma para comunicarse entre ellos, al que consideraban divino, y que no conoció el quechua de la población común, lenguaje que, con la destrucción del reino, también desapareció en el olvido. Thor Heyerdhal nos ha informado, que las crónicas grabadas o pintadas pertenecientes a la cultura Inca y por supuesto, que contenían gran parte del heredado pasado, fueron quemadas una vez que las descubrieron los conquistadores, en la Casa del Sol, como hemos dicho.

Muchas más lenguas se hablaron en la inmensa Sudamérica, y como el quechua, se conoció el chanca, el chimú, muchos más... El runa-simi como idiomas, era rico, expresivo, flexible, de notable belleza nos han dicho...

Los quipus. Como hemos visto, los incas carecían de una escritura, e inventaron, adquirieron o adoptaron un cómodo registro que aceptaba información y que además de conservarla era transmisible a los demás lectores. Se trata de una cuerda principal de la que penden o cuelgan otras cuerdas de menores dimensiones y colores diferentes, que se anudaban señalando cada nudo, las unidades registradas en cada una desde el valor de l0 hasta alcanzar el de 100, de todo lo que componía el reino y el Estado, desde una llama, un cesto de maíz o de patatas o 1 000 recién nacidos. Quiere decir que el conteo de los habitantes, de las llamas, o de lo cosechado, se llevaba registrado según el territorio al cual correspondía computar. Además, el quipus ayudaba a recordar la información deseada, como fechas históricas, religiosas o calendáricas, pero también podía recibir otras informaciones importantes. La palabra quipus significa ‘nudos’.

Los nudos, simples, dobles o triples, de diferentes colores, recogían, señalaban y conservaron todo su valor para el quipucamayoc, que sólo requería de una gran memoria a la hora de interpretar el contenido de los nudos consultados. En cuanto a los colores de las cuerdas, recordemos que todavía mantenemos algunos para simbolizar especialmente condiciones en que podemos encontrarnos, que se pueden transmitir a otras personas; los colores y su significado acompañan al hombre desde la antigüedad, sobre todo, entre los pueblos antiguos de Norteamérica, el negro significa, muerte; el rojo, la guerra, sangre; el amarillo, oro, dinero, comercio, y el blanco, la paz. Claro que entre los quipucamayoc pudieron tener otros valores, pero no hay que dudar que éstos fuesen iguales a los ya citados.

Para alcanzar el puesto de lector o intérprete de los quipus, o quipucamayoc, el aspirante debía asistir a una escuela especial, donde desarrollaba la memoria y también aprendía la lectura y la interpretación de los datos almacenados, responsabilizándose con el cuidado, registro y la lectura del contenido de los nudos. Una sola cuerda podía registrar altas cifras o recibir datos históricos. Pero los quipus no sólo fueron útiles en el Perú y Bolivia: informaciones procedentes del siglo XIX revelan que este registro era usado por molineros alemanes para llevar la cuenta de la harina entregada al panadero. Los monjes tibetanos los usan actualmente en el control numérico. Desde hace miles de años diferentes pueblos del mundo han hecho uso de las cuerdas anudadas para contar, y continúa su uso. Trenzadas con fibras vegetales, los nudos de las cuerdas hacen las veces de los numerales, registrando recursos materiales y humanos.

Este registro fácil y sencillo fue desarrollado como sistema numérico durante la dominación incaica, recogiendo en las cuerdas también, los sucesos cronológicos y litúrgicos. Entre sus funciones estaba la de servir de calendario, y sumamente prácticos para la contabilidad, eran cuidadosamente conservados por el valor del contenido de este sistema de cuerdecillas anudadas. Muy fácil a la hora de ‘leerlo’, el quipucamayoc podía realizar el inventario de su contenido con mucha rapidez.

Bolivia, Ecuador y Perú usaron una variante del quipus hasta hace pocos lustros; actualmente poseen modificaciones de este equipo singular, que lleva como nombre el chimú perfeccionado. Según Georges Ifrag, el sistema de llevar cuentas en cuerdas anudadas no fue del uso exclusivo de estas latitudes. Desde antes de Cristo ya Herodoto cita su uso; en la Palestina del siglo II dominada por los romanos; lo encontramos; y en China, las islas Okinawa, las Carolinas, Hawai, África Occidental, se usaban normalmente. Entre las poblaciones nativas del Norte de América eran conocidas. De manera que diferentes pueblos del mundo, a través del tiempo, han utilizado las cuerdas anudadas para registrar diferentes acciones o asuntos, como algo tan importante como es conservar la memoria de su desarrollo.

Cualquier información sobre descubrimientos arqueológicos precolombinos, pocas horas después puede ser opacado por nuevos aportes, como sucede a diario sobre todo en las costas desérticas donde llueve cada cuarto de centuria. Allá, las Necrópolis mantienen intactas las momias, los mantos, los vasos, el maíz, como si procedieran de la semana anterior. Así se han conservado las telas pintadas, las piezas de algodón tan antiguas como del siglo II a.Cristo, que muestran dibujos con el dominio de temas y colores, en tonalidades gris y naranja combinados con amarillo, los que se destacan sobre lienzos de color natural blanco-amarillento. Expertos señalan que la expresión de esos dibujos semejan diseños de Jean Miró o Paul Klee: formas nuevas del arte del siglo XX, semejantes a los producidos por las tejedoras de la antigüedad americana, sobre maravillosas telas, que no pueden ser reproducidas en los modernos telares mecánicos...

En Desfile de civilizaciones Betty J. Moggers señala que ...en la época de la conquista española los tapices peruanos eran muy superiores a los que se hacían en Europa, mientras que la tapicería europea contemporánea rara vez empleaba más de 85 hilos por pulgada de trama, la del antiguo Perú usaba a menudo más de doscientos...

En el cementerio de Ancón, Perú, unos cuarenta años atrás se descubrieron cinco civilizaciones distintas en cinco diferentes capas superpuestas, de tumbas correspondientes a distintas culturas. Los restos incaicos aparecen en la superficie, debajo, los restos momificados de Chancay y Haura; en la capa inferior, Chavín, tres milenio más antiguo, a unos 7 metros de profundidad.

Dentro de las tumbas y para el largo viaje, cestos de mediano y pequeño tamaño, con pájaros envuelto en algodón, el maíz con fresca apariencia, alfileres de metal, palillos (agujas) de tejer, cerámica Chavín, más telas, tapices, ornamentos ceremoniales, tan brillantes como acabados de pulir. Las huacas del chimú y joyas y filigranas tan modernos como los de ahora.

De la más antigua civilización pesquera y agrícola conocida, fueron descubiertas piezas de cerámica, jarras, platos, vasos, cestas tejidas, madera tallada. Entre amuletos y collares se encontraron instrumentos musicales fabricados con cañas o huesos, balanzas pequeñitas, gasas muy finas, juguetes para niños como carritos, adornos de plata, oro y turquesas. Huacas de estilos diferentes.

Muy hermosos tejidos dejó este pueblo, en un arte que desciende de un milenario pasado: añadieron lana de llama o guanaco al algodón, que al tejer le llamaban abasca. El combi fue una combinación de lana de vicuña y algodón para el atuendo de la clase alta. Una de las más altas expresiones del arte textil fueron las telas bordadas, de una belleza que aumenta su valor.

También los tejidos aparecen teñidos con diferentes colores, a veces intensos y otras de menor gradación; estos tintes se extraían de vegetales, insectos y minerales; vemos que el amarillo procedía de la chilca; el gris suave del molle; el verde profundo de la muña, para el negro usaron la lana de ese color de la alpaca; el rojo de la cochinilla, y el azul del añil, una planta nativa. Las niñas y las mujeres tejieron en un bastidor de madera, las preciosas piezas que hoy admiran al mundo, a las que añadían dibujos fantásticos o del mito en las ornamentaciones, o los temas geométricos y los estilizados que predominaban, realzándolos.

De esta manera se distinguen las mujeres de estos pueblos con los bellos tejidos que llevaron a cabo, donde utilizaron tintes indelebles de hermosos colores con los que realzaban las decoraciones. Las obras textiles alcanzaron la más justa fama, en las que los bordados u otras formas de adorno presentan anverso y reverso exactamente idénticos. Son las obras expuestas en los Museos peruanos la representación de pueblos que los conquistadores no pudieron borrar, ni tampoco restar los bien ganados méritos en la excelencia de inigualables tejidos.

En el segundo viaje de Pizarro para explorar la Costa, su piloto Bartolomé Ruiz apresó una balsa chinchana capaz de llevar una veintena de hombres: la carga estaba compuesta por varias mercancías, entre ellas mantos de lana y algodón, objetos de oro y plata, joyas, adornos, piezas y vasijas de cerámica, conchas de Mullu color rojo y otros artículos. Según se infiere, los trueques estaban sujetos a las necesidades suntuarias más que a las económicas de la clase alta, y obedecía a ciertas formas de poder y por supuesto, a la posesión de ciertos artículos de lujo y no por carencia de éstos. Sea por lo que fuere, eran gentes capaces de lanzarse al mar sobre una balsa cargada con valiosas piezas, muy deseadas por una élite muy diferente a la población humilde.

El trueque fue muy practicado localmente o con grupos alejados que por uno u otro motivo no habían desarrollado una producción agrícola, artesanal o de orfebrería. Los cronistas citan ‘mercaderes’ a los que acostumbraban dirigirse hacia el Norte sobre las balsas, como los chinchanos. Según referencias, estos ‘comerciantes’ hacían uso de una ‘moneda’ de cobre, al realizar el cambio o ‘venta’ de sus productos. Durante algunos trabajos de arqueología han sido descubiertas hachas-monedas o ‘naipes’, los sitios de fundición y los equipos para producirlas, en talleres adecuados para ello.

En tiempos prehispánicos empleaban el cobre en diferentes aleaciones lo que permitió la fabricación de utensilios, objetos y armas, lo que afirma que el conocimiento del cobre aleado propiciaba nuevas piezas más convenientes para la diversidad de usos que requerían. Por lo tanto, no es una sorpresa que en 1984 descubrieran en Batán Grande distintas ‘piezas’ de cobre que según opiniones, se utilizaron como ‘monedas’ de pago; muchas de estas piezas estaban envueltas en paños de algodón, atadas con tiras vegetales. El hallazgo tuvo lugar en Sicán, y se ha datado entre 1100-800 a.C.

Según Albornoz, aquellos ‘mercaderes’ adoraban como una diosa a la estrella Cundri, astro que al parecer, los orientaba durante la navegación.

En Historia del Tahuantinsuyu se expresa que si se llevaran a cabo investigaciones más rigurosas sobre la región de Chincha, éstas arrojarían más luz sobre ese pasado no esclarecido todavía. Ahora se sabe algo sobre los comerciantes que operaban en la Costa Norte, y es que además de lo señalado antes, intercambiaban otras mercancías, como pescado seco, frijoles, chakira, algodón, lana y hasta troncos de árboles eran objeto de trueques entre esos pueblos, que también fue muy practicado localmente y no sólo con grupos alejados necesitados de artículos diversos.

Existen leyendas muy interesantes sobre el inicio de algunos de estos reinos de la Costa, entre ellas la que se refiere a unos hombres que en una flotilla de balsas, arribaron a ciertos valles del Perú en épocas lejanas. Una de las narraciones cuenta que Naimlop, después de su arribo, se dirigió a Lambayeque; otra leyenda refiere que Tacainamo arribó a Trujillo, instalándose en esa comarca, donde se inicia una nueva era, por lo que se deduce que algo así pudo ocurrir en Chincha, comenzando el desarrollo cultural de varios grupos humanos dirigidos por un hombre que arribó a sus playas y desarrolló con los nativos, una sociedad de alguna importancia, comenzando así el desarrollo de varios pueblos hacia etapas superiores.

También contó esta fase cultural incaica con hombres dedicados al estudio de algunas materias de interés, como la geometría, las matemáticas, la cartografía y la observación de los cielos, contando con un calendario lunar ceremonial, que constaba de 12 meses, que regulaba distintas fechas basadas en las fases de la Luna. Cada mes llevaba un nombre y tenía su ritual; el duodécimo mes tenía señaladas varias fiestas, celebraciones que se hacían con motivo del Año Nuevo. Creían que la Luna era la esposa del Sol.

Al año le llamaban huata; conocían los solsticios y los equinoccios; las Pléyades, observaban los movimientos del Sol y de la Luna, los eclipses. Creían que las estrellas cuidaban de las pequeñas plantas que brotaban sobre la Tierra.

Además del Sol como supremo dios, adoraban a Illapa –el Trueno-, y a Mamakilya, la muy amada diosa Lunar.

El culto al Sol ganó en importancia desde Viracocha el Inca; los oráculos de la región andina predecían el futuro, vaticinio muy esperado por los creyentes. Entre los oráculos más destacados estaban el de Pachacamac, el de Apurimac, el Chinchac-camac de Chincua, el Mullipampa de Quito, el Catequil en Huanachuco y otros.

Para el mundo religioso se construyeron grandes templos, adoratorios y santuarios, destinados a rendir culto a los dioses de una población creyente, con ceremonias y ritos especialmente dirigidos a sus divinidades, que formaron parte de un mundo espiritual que los conquistadores no tuvieron en cuenta, destruyendo huacas, ídolos, templos, santuarios y adoratorios, ahuyentando a los sacerdotes con la acusación de brujos, los que se ocultaron o desaparecieron, practicando secretamente su religión. Para el europeo el Diablo o Satanás rondaba por el país, lo que corrobora nuestra apreciación de que los cronistas ignoraron ‘voluntariamente’ registrar aspecto tan importante de la vida espiritual de un pueblo, prefiriendo guardar silencio cerrando los ojos, para no ser testigos de la destrucción que se llevaba a cabo, ordenada por los nuevos ‘amos’ de la Tierra Nueva!

Adivinos, sacerdotes o guacarimachic sí los hubo; los sacerdotes especiales conversaban con las huacas, y los ayatapuc podían comunicarse con los muertos. Según se refiere, la princesa Cacillara fue una sacerdotisa, profetizaba en uno de los santuarios principales.

Las grandes peregrinaciones a los adoratorios y oráculos de mayor fama, se llevaban a cabo para honrar a Pachacamac, uno de los dioses principales; desde lejos, viajaban los fieles hacia el sitio elegido, contando con casas adecuadas para descansar, donde se albergaban los viajeros que deseaban permanecer en el santuario los días que durasen los festejos. Además, en otros adoratorios, también se rendía culto a Pachacamac, dios conocido como de la Costa y los terremotos.

Otro interesante centro ceremonial fue el de Ñoquip-Chárrepe, zona dedicada a cerros-huacas, sitio pantanoso, poco poblado, aunque durante las fechas religiosas se daban cita gentes de toda clase, desde la más humilde hasta la encumbrada. Una cita sobre un tercer centro ceremonial es del extirpador de la idolatría (1650), Felipe Medina, sobre una huaca muy antigua llamada Choque Ispana, bordeando el mar cerca de las salinas de Huacho; por su descripción debió de pertenecer a la época Chavín. Era un santuario para costeños y serranos.

Los religiosos indican la regularidad de estas reuniones entre los pobladores de la Sierra y la Costa, durante las peregrinaciones al culto ancestral en las fechas señaladas; pero también estas reuniones pudieron ser aprovechadas para tratar entre ellos –los asistentes- sobre las necesidades cotidianas, con lo que podían concertar trueques o cambios de piezas o artículos muy necesitados para uno u otro grupo.

Así mismo, los registros indican que el Templo de Pachacamac recibía los tributos de los pueblos de la Costa; y que como el Santuario del Sol del lago Titicaca, fueron los dos templos más reputados del Tahuantinsuyu. El oráculo de Pachacamac poseyó, durante mucho tiempo, una gran influencia sobre las poblaciones del vasto territorio.

La cerámica fue sencilla, su belleza estriba en las formas de los vasos globulares que carecen de pie, con cuellos airosos y dos asitas colocadas muy abajo, también se ven formas cilíndricas o de cálices, de lisas y pulidas superficies brillantes, con estilizadas decoraciones floreles muy bien logradas. Además, la cerámica de esta época ofrece pequeños relieves en forma de cabezas. Por lo abundante de la madera, tallaron muchas piezas, entre ellas los keros, de forma troncónica, hermosos recipientes ceremoniales con ornamentaciones coloreadas.

Se encuentra también una alfarería de alta calidad, con detalles incisos, donde la repetición no disminuye las proporciones y la técnica muestra los tonos amarillos, rojo, blanco y negro en los ornamentados vasos con pie, platos con asas, y el aríbalo (semejante al aryballos griego), alcanza hasta 1½ metro de alto, casi siempre su decoración serán los temas geométricos.

De piedra no se conocen esculturas humanas ni de animales en la cultura incaica, hasta ahora sólo aparecen estatuillas del hombre o la mujer, y de llamas, trabajadas en ricos metales, algunas en láminas de oro martilladas. En las tumbas aparecen orejeras, pectorales, objetos de culto y adornos personales. Pero incontables son las piezas de metales preciosos que fueron fundidas para que en lingotes surcaran el mar rumbo a Hispania, y que hoy forman parte de los fondos oceánicos al naufragar las naves casi al partir... Por lo tanto, la pérdida de la valiosa orfebrería peruana no podrá ser restituída jamás al patrimonio artístico de la nación.

El chasqui. Precursor del correo en la época incaica, el chasqui era portador de noticias como mensajero, entre una y otra región. Por el reino viajaba, corría, salvaba los ríos, por los caminos y las carreteras, sobre el altiplano, las montañas y bajo la lluvia, azotado por la nieve o ardido de sol: nada detuvo al chasqui, portador del mensaje de su Señor y los funcionarios; conductor de órdenes, corredor del reino, llegaba hasta el rincón más alejado del país. Incansable, el correo andino carecía de vehículo en el cual transportar su preciosa y urgentísima carta. A pie, bajo el granizo o la gélida lluvia, bajo el tronar del cielo, cruzando todos los senderos, marcó las calzadas con su leve pie, cumpliendo con prontitud y arrojo con su deber sagrado, con el amor al trabajo, dentro de su corazón como todos los hombres. Como hijo de un sistema que no sería ideal por lo rígido y austero, el chasqui fue siempre, cumplidor leal de lo sagrado de una palabra, como hombre forjado en una sociedad de leyes, presto a servir con honradez y valentía el compromiso de su cometido..., chasqui lejano ya!

Cumpliste con tu juramento, chasqui distante, con la historia, tu conciencia y el Estado, en una sociedad basada en la jerarquía, con sólida administración y un idioma oficial, rico y poético: el quechua.

Por su importancia de ayer y de hoy en suelo andino, traemos a estas cuartillas la presencia de cuatro interesantes habitantes de esas regiones del Perú, los Camélidos andinos:

En estas regiones habitan cuatro útiles animales que forman parte del entorno: La llama, la vicuña, la alpaca, y el guanaco. Veamos sus características:

La llama camina con calma, es segura, de linda presencia, con cuello y orejas sedosas y largas, piernas delgadas y agudas pezuñas. Puede tener blanca toda su piel, también color negro o café. Es tímida y bella. Soporta los intensos fríos de las alturas donde vive; es el camello de las cimas heladas y de la Patagonia. Su lana es finísima y suave al tacto; se usa como bestia de carga. Musgo, líquenes y hierbas forman parte de su alimentación; si las plantas son jugosas, en unos cuantos días no padece sed. Es mamífero rumiante, este manso animal de preciosa, esbelta estampa.

La vicuña se parece a la llama, y es también rumiante. Su sedosa lana estaba destinada a las regias vestiduras del Inca y los suyos, de telas tejidas y confeccionadas prendas por las Vírgenes del Sol.

La alpaca, cubierta con un largo, fino y rojizo pelo, es asimismo, animal rumiante. Su lanoso pelo es usado como fibra textil. La alpaca es usada como animal de carga.

El guanaco, por lo general de color oscuro, habita también en los Andes, y como los anteriores, es rumiante y animal de carga.

Estos son, por lo tanto, cuatro animalitos que denominamos ‘bestias’, domesticados por el hombre andino hace muchísimos siglos. Su presencia adorna los picachos del Ande, y en cualquier parte que se encuentran alegran y llenan de gozo a sus criadores que los quieren bien, como un reconocimiento a los que desde lejanos tiempos comparten sus vidas, transitando los senderos nevados, expuestos al frío en la búsqueda de las hierbas que crecen solo sobre altos picachos, al viento, a la nieve, mientras arrancan las plantas que están allá arriba...

La arquitectura incaica difiere de otras similares del continente, por la singularidad de sus construcciones, de plantas rectangulares y esquinas redondeadas, de sus palacios con salones cubiertos que daban sobre patios y jardines con su correspondiente encanto; o las murallas que rodean sus ciudades protegiéndolas.

Los que estudian la arquitectura inca se abisman ante la magnitud de esas estructuras de defensa y protección, como Sacsahuamán y Machu-Picchu y otras fortalezas que exponen sillares hasta de 27 pies de largo, cortados, pulidos y colocados unos sobre otros por los hombres antiguos ¿con qué máquinas serían izados...?, porque parece obra de seres gigantescos.

La fortaleza de Sacsahuamán es extraordinaria, con los sillares de caliza azul, y es considerada como una de las mayores construcciones defensivas del Orbe. Sacsahuamán fue concebida con el propósito de que, en caso de peligro, sirviese de refugio al Inca y a la familia real. En esa obra se refleja la experiencia de los ingenieros, y entre la importancia de su trazado militar están los varios subterráneos que comunicaban la monumental obra con el Palacio Real y con el Templo del Sol.

Por otra parte, Machu-Picchu, ciudad-fortaleza descubierta en 1911, se ha descrito como la más típica construcción militar de esa época. Allí, las casas y edificios públicos se alzan sobre terrazas distribuídas sobre la escarpada montaña, que se comunican por entre las diversas rocas talladas, semejando un laberinto sobre el abismo andino.

Una de las construcciones de Machu-Picchu cuenta con más de 1 000 escalones labrados en la dura roca. Machu-Picchu son los restos de una ciudad sagrada que los españoles no llegaron a conocer... Pero su estructura, el sitio en donde se alzan aquellos bloques pétros que sintieron circular la sangre de los que en ella colocaron piedras o residieron dentro de sus muros, alza todavía a los cielos y lanza a todo el mundo, el soberbio esplendor del sueño que plasmaron sus creadores, pieza tras pieza, en un lejano y glorioso pasado del precolombino.

Además de las ya citadas, otras fortalezas como Calcampata, Kenco, Ollantaytambo, Pisac, pueden ser admiradas aún en ruinas, junto con otras edificaciones de aquél momento, además de las interesantes estructuras del Palacio del Inca o el Convento de las Vírgenes del Sol.

Porque Tahuantinsuyu impulsó la construcción de residencias reales, de templos, santuarios, adoratorios, calzadas, tambos, puentes colgantes y otras obras, fundando ciudades siguiendo un plan urbanístico al estilo de Cusco, la capital centro del Mundo (el Ombligo del Mundo).

La planta de algunas construcciones civiles o religiosas es circular o poligonal, con columna central o no, como aparece en algunos edificios cercanos a Lima o en la parte Oeste del lago Titicaca. Las piedras eran unidas sin cemento alguno; ciclópeos bloques y diferentes formas de colocación eran usuales en algunas construcciones, como también la forma trapezoidal de las puertas y ventanas, elemento que caracteriza esta era; las aberturas simuladas o la bóveda falsa que aparece en algunas obras funerarias; aunque falta en sus estructuras arquitectónicas el elemento decorativo, se aprecia en todo su funcionalidad, emiten los especialistas.

Las pucaras o fortalezas incas pertenecen a una serie de obras monumentales que existen en algunas partes del Planeta, con torres circulares de 2 metros de alto, y que en algunas pucaras llegan hasta siete el número de estos sistemas defensivos, en verdaderas obras militares. Algunas de estas estructuras alcanzan los 12 metros de altura, sus cubiertas son techumbres de maderas bien atados, colocándole encima una capa, de más de 6 pies de espesor, de pajas, que podía tener una duración de hasta un siglo ...tan bien trabajadas estaban, asegura Cieza de León.

La Casa de Oro Coricancha o el Templo del Sol, fue lo más hermoso en cuanto a muestras arquitectónicas de este reino; las cornisas y paredes chapadas de oro, los objetos de culto eran de ese metal, además de la imagen del Sol, una figura humana en un gran disco de oro bruñido, con los rayos simulando al dios Febo.

Este maravilloso santuario dedicado a Inti ofrecía durante la celebración de sus ritos, días de fiestas amenizados con música de flautas o el tamtam de tambores, donde los disfrazados danzarines imitaban los cóndores, las llamas o los monos en las celebraciones del Sol y del Inca.

En honor de ese día se escogían las más bellas niñas para la Casa del Sol; las Vírgenes o Ñustas eran educadas en esa escuela o Aclla-Wasi, Casa donde recibían varias enseñanzas, entre ellas a conocer su religión solar y a Viracocha, dios supremo, creador de todo lo viviente, con Inti como servidor de Viracocha. Estas Ñustas eran adiestradas en el tejido de lana de vicuña para el atuendo real, en el arte plumario para el manto del Inca, y en la preparación de bebidas y platos selectos para su Señor y los sacerdotes del Sol. Las lindas Vírgenes del Sol vivían retiradas en su hermoso palacio de Cusco. Y era un gran honor el de ser elegida algún día y llegar a ser Colla.

Cusco, la ciudad capital, estaba dividida en cuatro amplias avenidas que partían de una gran plaza central. Una parte de la ciudad estaba situada sobre el Valle Sagrado, en colinas escalonadas. Era una importante metrópoli con bien trazadas avenidas, adornada de palacios y jardines, edificios públicos y templos y una fortaleza. Algunas estructuras alcanzaron hasta una docena de metros de altura. Como una grandiosa ciudad, Cusco cuenta con los restos de catorce residencias reales: cada Inca erigió una Nueva Casa Real. La Casa de los Amautas estaba junto al Palacio del Inca.

Como el Templo del Sol de Cusco, en un islote del lago Titicaca fue erigida Inti Huasi o Casa del Sol, de planta rectangular y un patio orientado hacia varias capillas y santuarios dedicados a divinidades menores, en lo que lucía el relieve del divino Inti, y las momias de cada Inca imperando sobre sus áureos tronos. Los resvestimientos de oro de este Templo serían tomados por los perseguidores del metal dorado para trasladarlos a tierras lejanas, sin previo permiso de los dioses o los hombres a quiénes correspondían todos los tesoros...

Otras construcciones de valor fueron algunos templos y centros administrativos atribuídos a Tupac Yupanqui, como el Santuario del Sol en la Isla del lago Titicaca y el Templo de la Luna en la isla Costa.

Dividían el valle de Pachacamac cinco caminos, según una versión, señalando que el cuarto sendero estaba designado para los pescadores, y el número quinto era el de los chasquis. Diseminados y a cierta distancia, se encontraban los tambos, especie de albergues sobre diferentes vías, en todo el territorio, en ellos se alojaban no solamente el correo o chasqui, los había destinados especialmente a hospedar al Inca y los Orejones, durante los larguísimos viajes que solían emprender por el Tahuantinsuyu.

Tomando como referencia la rica fuente de Historia del Tahuantinsuyu, ofrecemos una visión más reciente de algunos estudios basados en viejos pergaminos, en los que se descubren otros aspectos del pasado Inca, una sociedad que aún continúa viva dentro del recuerdo de sus hijos. Aquí se recrea una visión de la experiencia al desentrañar los viejos libros, crónicas de hombres en su mayoría españoles, que nunca supieron comprender cómo era el corazón y el alma de los pueblos que llamó ‘salvajes...’

Por lo tanto, pedimos a la autora de esta obra y al lector que algún día se asome a estas páginas, el consentimiento de unir a sus frases las de esta autora, envueltas y mezcladas con los sentimientos que inspiran todas las verdades que emanan de su estudio, y que desde siempre habíamos comprendido esa realidad: de que fueron mirados desde lejos, con vista de pocos alcances, para valorar lo que componía todo lo encerrado en cada uno de los grupos humanos encontrados aquí.

La presencia del Inca en la región no posee la antigüedad de otras culturas descubiertas, pero fue la última que encontraría el hispano... y no por ello en desventaja con las anteriores. Esta obra deja ver nuevos detalles del antiguo reino, que reveló a la pupila del conquistador la realidad de un Estado bien constituído, con estructuras de defensa de magnífica construcción, y a la vez, otros valores no menos importantes.

La cultura incaica es el resultado de la suma de miles de años de conocimientos acumulados, y ha sido considerada como una refinada civilización. Al parecer, nada de lo que logró pudo mantenerse igual o superarse, la destrucción iría borrando lo creado, lo acrecentado durante miles de años a través de conceptos nuevos, reformas o enfoques originales, y de las ricas cosechas obtenidas que mantuvieron al pueblo bien nutrido, después cesaran de llenar los graneros.

Tanto hombres como bestias, estructuras arquitectónicas o ingenieriles, desaparecieron sin explicación, fue el ansia de algunos de esos hombres de acabar con el pasado ‘salvaje’, construído, demoliendo piedras e ideas religiosas con el ánimo de imponer otro sistema, destruyendo los valores morales y del espíritu con que contaban nuestros nativos, como costumbres heredadas a través de las edades.

Resulta aún increíble que hombres procedentes de una Europa ‘avanzada’ se mostrasen implacables con los habitantes de esta parte del Planeta: pudieron ser compasivos, por medio de la simpatía y comprensión humana, acercarse a ellos si daban muestras de rechazo, rebeldía o violencia; debieron comprender que los nativos estaban aquí, fueron ‘descubiertos’ por casualidad, y juzgarlos desde otro ángulo, no desde el enfoque de ‘indios salvajes’, desgraciada expresión no apropiada en boca de los aparentemente civilizados españoles!

Se calcula que hace unos 25 000 años vivían estos hombres sobre las altas mesetas andinas; que cazadores o no, avanzaron trabajosamente hasta su establecimiento definitivo, fundando aldeas y caceríos al alcanzar una floreciente agricultura. Los cálculos señalan que 3 000 años a.C., el cultivo del maíz ocupaba el primer lugar, aumentando los habitantes, creciendo las ciudades, al mejorar muchos aspectos de la existencia de estas comunidades.

Al arribo español a Tahuantinsuyu, ya no existía el Inca Huayna Capac; a pesar de ello, el reino se mantenía en movimiento aunque la rivalidad entre Atahualpa y Huáscar era algo que conspiraba para el sostenimiento de un Estado tranquilo y normal como siempre lo había sido.

Juan de Betanzos fue el segundo esposo de la princesa Añas Kolke, hermana de Atahualpa; es de suponer que este hombre debió tener acceso a las tradiciones y leyendas de la panaca o familia de Pachacutec, más que ningún otro cronista de la colonización. La obra de Betanzos estuvo extraviada en parte, localizando la crónica completa en Palma de Mallorca, Mari Carmen Rubio, en la Biblioteca de Bartolomé March.

Huáscar y Atahualpa, príncipes los dos, eran hijos de Huayna Capac, el Inca número 13. Atahualpa nació en Cusco y su madre, según crónica de Cieza de León fue Tupa Palla o Tocto Ocllo Cuca. Huáscar a su vez nació de Rayra Collo. No se asegura que Huayna Capac dividiese el reino entre sus dos hijos ya señalados. A la vez, se dice que el Inca Huayna Capac se había casado con la última descendiente de los sayris; y que esa princesa era la madre de Atahualpa. Pero otros cronistas reportan que ni Atahualpa ni Huáscar fueron los hijos escogidos para sucederle en el trono. Huayna Capac esperaba la respuesta del adivino consultado por él, y deseaba que favoreciese su deseo de que otro de sus hijos, Ninancuyuchi fuese el elegido como su heredero. Según este oráculo coincidiera con los deseos del monarca, ésta enviaría un grupo de altos dignatarios portando ese mensaje al príncipe suyo. La decisión favorable nunca la conoció el príncipe Ninancuyuchi; a la llegada de los embajadores éstos recibieron la triste noticia de que el príncipe había fallecido: de este modo, el futuro Inca no pudo recibir el mensaje de su monarca y padre con la afirmación del arúspice. Cuando a su retorno los mensajeros reales fueron a informar a Huayna Capac de lo acontecido al príncipe elegido, su hijo Ninancuyuchi, se encontraron la terrible nueva de que el Inca Huayna Capac también había muerto...

El señor de Tahuantinsuyu ya nunca sabría la verdad: la muerte, el deceso del hijo favorecido por los dioses para ocupar la silla de soberano del reino, tampoco existía ya. Ninguno de los dos estaba ya en el mundo de los vivos, ambos, padre e hijo, rey y príncipe del Tahuantinsuyu, habían caído víctimas de las viruelas, enfermedad introducida por los españoles, que precipitó la muerte de los dos más importantes personajes del reino, hecho que conduciría a la destrucción del Estado, que fuera construído con el esfuerzo de todos los individuos que formaban su inmensa población... En esta Historia quedan solos Atahualpa y su medio hermano Huascar.

Antes de proseguir este relato, permítenos el lector que lo remitamos a la localización de Historia del Tahuantinsuyu de María Rostworowski de Díaz Canseco, para mayor conocimiento de los estudios realizados por esta autora sobre el pasado de una cultura y unos hombres, que la tocan muy de cerca por ser de nacionalidad peruana. Por su prestigiosa trayectoria como investigadora, es merecedora de un profundo agradecimiento por parte nuestra, al hacer posible una fuente fidedigna y amorosa de la antigüedad de su nación al mundo entero.

Cuando por el deceso de su padre como soberano del Tahuantinsuyu, Huascar toma la borla que lo designa Inca, este acto lo pone frente a su hermano –o mejor dicho-, medio hermano, Atahualpa. El nuevo Inca tiene bajo su mando un grande y renovable ejército. Atahualpa cuenta con la fidelidad de los militares de su padre, de sus deudos y amigos, de sus seguidores.

Debemos conocer que entre aquellas culturas las enemistades se resolvían de manera diferente a los procedimientos ‘civilizados’ del hispano, y que entre dos educaciones, costumbres, ideas y creencias diferentes, no existe ninguna resolución que iguale a ambos pensamientos a la hora de los enfrentaciones. También estas diferencias surgen entre los hermanos, con la consiguiente pérdida de algunos seguidores de los dos. Huascar mandó a matar a los que creyó contrarios, quemó sitios donde había tropas de su medio hermano con un saldo terrible. Pero llega el minuto en que los hombres de Atahualpa derrotan a las gentes de este Inca, que cae prisionero de su hermano.

Ahora bien, las versiones contempladas con mirada europea, no son las verdaderas ni tan fieles desde el punto de vista de este pueblo americano, que desarrolló su pensamiento y sus propias ideas, sin influencia alguna de otro hombre del Planeta. Por lo tanto, no pueden ser iguales las impresiones del hispano en cuanto a la conducta de los hombres del Tahuantinsuyu; ni siquiera los derechos hereditarios de estos príncipes tuvieron parecido bajo las leyes del incario y las del peninsular.

Todo parece indicar que al ser dominio de todos, los fallecimientos de Hauyna Capac y su hijo Ninancuyuchi, grupos de simpatizantes de los príncipes entran en acción, y elige cada parte al príncipe suyo como sucesor por derecho al trono del reino. De este paso se derivan muchas acciones en que se ven todos envueltos, apoyados por agrupaciones importantes. Si bien se explica que disenciones y odios fueron favorecidos por los criterios del colonizador a los que resultaban muy útiles las rivalidades entre Atahualpa y Huascar, o la división entre dos herederos, con el enfrentamiento o tal vez la muerte de ambos, y entonces, la posible disolución, en este caso, de todo el reino, producido también por un levantamiento que podía prosperar en las distintas regiones del Tahuantinsuyu ante el deceso de Huayna Capac.

En conjunto, el enfoque español ‘ordeno’ muchas piezas en el tablero de su entendimiento, para colocarlas según sus razonamientos y no desde el ángulo contrario –el de los nativos-.

De ahí las diferencias que se observan entre los escritos consultados, firmados por cronistas de aquí y de allá, que no pueden reflejar en ningún momento todos los hechos y los pormenores que se acumularon e influyeron en el desenlace entre los dos medio hermanos príncipes.

Los españoles y la colonización jugaron su papel en el triste epílogo de un Estado constituído y construído por el pueblo quechua, bajo la dirección de sucesivos soberanos, que se vino abajo, con todo el esplendor del reino y la sabiduría de sus hijos de habla quechua.

Existen documentos que confirman la negatriva actitud de Huascar hacia su medio hermano al fallecimiento de su padre y del hermano Ninancuyuchi. En ningún momento Huascar estuvo muy favorecido por la simpatía de todos sus seguidores como en el caso de Atahualpa: aquél adolecía de un difícil carácter –señalado como cruel, cobarde, arrebatado e irracional-, mientras que su hermano Atahualpa contaba con el respeto de la jefatura de su ejército, de muchos compañeros y amigos de su padre que lo seguían.

En la larga sucesión de hechos, confrontaciones y acontecimientos entre los medio-hermanos y su destino, así como del fin del Tahuantinsuyu, bordearemos ciertos aspectos y nos ceñiremos al asunto esencial como es, en este caso, el desmembramiento del reino Inca, debido al fallecimiento de sus sucesivos monarcas, la no continuidad de un Estado que, aunque presentara dificultades debido a insatisfacción de sus diferentes moradores, mantuvo un grande y estable período de vida que sirvió para que pasara a la Historia como ejemplar sistema de gobierno, entre todas las culturas precolombinas.

Ante estas circunstancias, para la conquista fue presa fácil el reino del Inca; vivo Atahualpa, nunca ordenó atacarlos, ni después tuvo lugar ninguna rebelión lo suficientemente fuerte y firme para despojar al hispano de lo que se habían robado... Ninguna lucha fue capaz de aniquilarlos o de expulsarlos del territorio incaico. Al quedar acéfalos, sin rey alguno al cual obedecer ni respetar, todos los pueblos aceptaron la terrible afrenta que aún hoy es vibrante herida en el corazón de los andinos.

Después, el español usó de la codicia, la astucia, la osadía y el aprovechamiento de todos los factores que de una u otra manera contribuyeron al engrandecimiento de este reino, ayudado y secundado por religiosos reales o disfrazados de inquisidores, además de la diplomacia ‘obligada’, y obtuvieron todos los frutos deseados de las riquezas limpias de este pueblo, propias de los hijos de este reino perdido, desconocedores del poder oculto dentro de las mentes de esos ‘dioses blancos...‘

Entre los hechos reportados existen algunas diferencias en el fechado de distintos cronistas, más lo esencial es ahora referir esos sucesos para que engrosen los conocimientos de los que hurgan el pasado de nuestros nativos, los mal llamados ‘indios o indígenas’, por incontables autores. Creemos a nuestro modesto modo de pensar y valorar con el juicio del siglo XXI, que deben ser, para el futuro, erradicar esas expresiones, que bien dejan sentada la seguridad que fue el criterio del extraño el que predominó y ha formulado, desde entonces que no eran seres humanos nuestros hombres, si no ‘salvajes’ en la más amplia acepción de la palabra. Y pueden ser usados los vocablos ‘atrasados’, ‘ignorantes’, más, son salvajes los que civilizados y adinerados, pululan por la faz de este Planeta pisoteando a los pobres y a los niños, ignorando a los viejos y a los negros, no escuchando los gritos del dolor, la enfermedad y la miseria de los pobres... Esos no se conceptúan como bárbaros... y son salvajes, más salvajes que las fieras...

Después de la derrota del hermano Huascar, la alarmada población de Yavira ante algunos hechos, vio a los generales de Atahualpa que llegaban a esa población, allí sería venerada una estatua o doble de Atahualpa, llamada Ticsi Capac, donde se habían reunido panacas y linajes importantes por sus ayllus.

Algunos de los jefes militares de Huascar fueron aprisionados, también dos sacerdotes que otorgaron la borla de Manco Capac a Huascar...

De esta manera, el nuevo Inca es Atahualpa; luego, como un monarca en funciones, juzga y condena a los que de alguno u otro modo le dañaron en el transcurso de la guerra, entre ellos se encontraban hombres pertenecientes a dos etnias que apoyaron a su medio hermano. Su venganza alcanzó a la panaca de Huascar, lo que evidencia la rivalidad existente entre las familias reales que causaban odios y venganzas crueles.

Vemos al Inca Atahualpa en Huamachuco, los festejos y las órdenes de marchar a Cusco. Pero en medio de los preparativos es informado ...de la llegada de unos extraños personajes que habitaban casas flotantes y montaban unos enormes animales..., los que habían sido vistos en tiempos en que todavía reinaba Huayna Capac, se marcharon no volviendo hasta ahora. Tal vez el soberano quiso tener un encuentro con estos hombres no conocidos, y no fue a Cusco, enviando Huascar para Cajamarca como prisionero, con parte de sus tropas, donde se reuniría él, Atahualpa, con todos más tarde.

Mientras, los españoles no perdieron tiempo, fundaron al pueblo de San Miguel de Tangarará, y en esa demora Pizarro pudo recibir la noticia de la lucha entre los dos herederos del trono Inca, conociendo así de la existencia de Atahualpa.

Cuando los allegados del nuevo rey descubren a los extranjeros, uno de sus oficiales le propone a su Señor que se batiera con los recién llegados, idea que estaba en la mente de Atahualpa, pero en Cajamarca, lugar a donde se dirigía y adonde también llegarían los españoles. En San Miguel de Tangarará dejó Pizarro algunas de sus gentes, pero siguió hasta Piura donde se encontraba su hermano Hernando. Desde allí se dirigen a Caxas, encontrando dentro de las destruídas construcciones que habían quedado después de que Atahualpa atacó la ciudad, maíz y lana, también algunas mamacona, las tejedoras que también sabían como preparar refrescos y bebidas -¿la chicha?-. En Caxas, un mensajero de Atahualpa llevó a los españoles algunos obsequios enviados por él, no aptos para ingerir. Soto, junto al enviado de Atahualpa, salió al encuentro de Pizarro, el que entregó regalos para su Señor. Al cabo de dos días, Pizarro decide viajar hasta la plaza donde se encuentra el soberano. En el transcurso del mismo se encontraron con enviados de Atahualpa portando unas llamas como presente para Pizarro, que devolvió la atención entregándoles algunos objetos.

Durante cinco días iba Pizarro por la Sierra en busca del sitio de Atahualpa recibiendo alimentos y bebidas de parte de este rey que todavía estaba muy lejos (mientras sus mensajeros vigilaban muy estrechamente a los que, montados sobre unos animales desconocidos, deseaban encontrarse con Atahualpa...). Al concluir el largo camino, a un enviado de Pizarro no se le permitió la entrada... en el real de Atahualpa; al atardecer llegaron al real... del Inca, en momentos, dice la crónica, que unos 500 hombres del rey fueron avistados por los visitantes; Hernando Pizarro y Soto piden permiso para dirigirse al real, acompañados por media docena de ¿soldados? españoles, y observaron los distintos grupos del cuerpo del ejército del incario, que portaban diferentes armas, soldados que no hicieron ...el menor gesto para estorbarles el paso... –Grave fue el error- de Atahualpa al conocer de cerca a los hispanos y no ahondar dentro de ellos su doble intención; con la actitud del príncipe Inca intuyeron el débil momento del monarca, tal vez vacilante al enfrentamiento con las nuevas gentes, que lo condenarían de antemano... Mientras este monarca enviaba sus presentes a Pizarro y los suyos, éstos iban tras él, corriendo tras los días y las horas hasta que llega ese atardecer.

En un asiento o tiana, a la puerta de su casa estaba sentado el noble Jefe, dentro del campamento, sus capitanes, amistades y las mujeres que servían. Tanto Soto como Pizarro se acercaron al soberano mostrándose bastante inrrespetuosos, que mantuvo su cabeza baja, como en un gesto de ignorar quién se acercaba... contestándoles sólo por medio de los suyos.

Los cronistas difieren acerca de si Atahualpa demoró o no en presentarse a los hispanos, señalándose que en un brindis que el Inca hizo a Pizarro, le ofreció a éste un vaso de oro lleno de chicha, mientras que al brindarle esta bebida a Soto, usó para invitarlo un vaso, esta vez de plata, por lo que protestaría Pizarro un poco, ya que ambos tenían la misma graduación como militares.

Tres versiones recogen, refiere la señora Rostworowski, el encuentro histórico entre Atahualpa, Pizarro y Soto, existiendo diferencias entre estas crónicas. Es Diego Trujillo el que narra que a Pizarro le pareció mucho el tiempo que Soto había empleado para entrevistarse con el rey, que se debió a esa inquietud el envió de Hernando Pizarro, para que cerciorarse de lo que había pasado: esa demora se debió a que Atahualpa no se presentó ante los visitantes, y al indagar los por qués de la ausencia real le respondieron que esperara. Pasó más tiempo, el Inca no se presentaba y Hernando manifestaba su viva impaciencia alzando la voz. Puede decirse que los hispanos pasaron la noche en vela ante el temor de que las tropas del Inca los atacaran, sin embargo, nadie los molestó en ningún momento.

Impacientes los de Europa, desde temprano, al otro día, enviaron sus mensajes al real del Inca, deseosos de entrevistarse con el rey, soberano de un reino desconocido para ellos. Pero Atahualpa no quiso apresurarse para el encuentro tan deseado por Pizarro. Sólo, casi anocheciendo, es que el monarca sale rumbo al lugar donde los ‘dioses’ lo esperan, impacientes por la real presencia.

Precedido por casi cuatrocientos de sus fieles que limpiaban el camino de su Señor, iba Atahualpa... a un encuentro con su cruel Destino.

Pizarro dividió sus fuerzas en tres grupos que se apostaron en distintos sitios sin dejarse ver; ...lenta y pausadamente... el Inca Atahualpa entró en la plaza. Sorprendido al ver que nadie lo esperaba preguntó por ellos y recibió como respuesta ¡que estaban escondidos por el miedo que sentían de encontrarse con su real persona y toda su escolta!

Son éstos los momentos en que el dominico Valverde entra en escena, con mucha gravedad porta la cruz y avanza hacia el Inca acompañado por el ‘lengua’ o intérprete, Martinillo, requiriendo formalmente al soberano para que acepte como religión a la católica, para que así pueda servir mejor al rey de España, al mismo tiempo que le hacía entrega de los Sagrados Libros.

Lo que siguió a estas horas no fue muy fácil de recoger por los Cronistas; la confusión, las voces, la violencia, tampoco puede comprenderse hoy por los que estamos a casi medio milenio de distancia! No podemos desentrañar casi nada de lo ocurrido ese anochecer, las distintas reacciones de los presentes, testigos de ideas diferentes, durante la angustiosa tragedia que comenzaba con ese enfrentamiento...

Entre Atahualpa y el Señor de Chincha, sobre andas los dos, ¿cuál era el Inca? se preguntaban los hispanos, que trataban de hacer caer al último de su silla de mano. El curaca de Chincha cayó en manos de Juan Pizarro al irrumpir en la plaza los conquistadores, donde las trompetas y las armas avisaban a los soldados su salida a caballo, lo que dio paso a la confusión, al terror, a la huída, propiciando que los españoles atacaran y mataran sorpresivamente a los servidores y soldados de Atahualpa, mientras Francisco Pizarro y los suyos ...masacraban a los que sostenían las andas del Inca, que si bien iban cayendo, eran sustituídos. Mientras, un español frente a Pizarro, trató con una cuchillada de matar a Atahualpa, lo que impidió Pizarro, recibiendo por eso una herida en una mano mientras ordenaba que nadie tocara al Inca. Pero los españoles lograron lo que se habían propuesto, que era ladear el anda del monarca para atrapar al Inca, hecho acaecido la noche del 10 de noviembre de 1532 día en que al desaparecer Tahuantinsuyu ante la voracidad hispana caía a la vez que el solio la persona del Señor del Reino. Con el Sapa Inca cautivo, finalizaba el mundo incaico ante la traicionera emboscada urdida, que puso fin al trabajo, las conquistas, a las riquezas culturales, religiosas y agrícolas que había realizado una comunidad de nativos, dueños de su mundo y de su suelo. Es inaudito, increíble, que tropas llegadas de ultramar, sin que mediara amenaza alguna, tuviesen el valor de cometer un delito de tal magnitud, sin derecho alguno a posesión material o del espíritu de todo aquel admirable y desconocido mundo precolombino.

Tanto Montezuma como Atahualpa estuvieron engañados si esperaron ahondar en el pensamiento o el espíritu de aquellos europeos, maleados ya por los rejuegos y ruindades del Viejo Continente, ávidos de riquezas para vivir como señores a costa de otros seres que no habían dañado jamás tierras lejanas... Prisionero Atahualpa, ofreció un rescate: todo se transformó en las semanas que siguieron, y el oro y la plata alcanzaron el total marcado por el Inca, piezas hermosas trabajadas por los hijos del Tahuantinsuyu engrosaron los montones de joyas en los cuartos. Este fue el precio a la libertad del rey, que no colmó el codicioso empeño del extraño, inconforme con la promesa del monarca que el escribano confirmó.

Oro, plata, piedras preciosas, hasta patatas, serían enviadas sobre la montaña rutilante... Ya la persona del rey no es del interés del español, pero no lo liberan como se comprometieron. Tamían de su gran prestigio entre los suyos, que entrañaba un peligro para sus carceleros, decidiendo matenerlo en la prisión, Pedro Pizarro temía que los ejércitos incaicos quisiesen liberar a su Señor, y entonces Francisco Pizarro y sus oficiales decidieron someter, al real prisionero a un juicio, acusado de crear un ejército en contra ellos, los conquistadores, además de imputarle la muerte de Huascar, su medio hermano. Solamente Hernando de Soto mantuvo relaciones amistosas con el rey durante su prisión, al que defendió ante sus compañeros de armas, remitiéndolo a Caxas como investigador de unos rumores vagos, que después confirmarían que eran falsos: era un ardid.

Pizarro había informado al Inca Atahualpa de la prisión de Huáscar; además de decirle que sus deseos de conocerle, y le pidió que ‘ordenase traerlo a Cajamarca’, lo que no quiso hacer el encarcelado príncipe, si no todo lo contrario, al enviar un emisario suyo hasta los altos jefes de su ejército con el mensaje de que dieran muerte en Antamarca a su hermano rival.

Entre las continuas denuncias y rumores del hispano, de que los seguidores de Atahualpa planeaban un ataque al español, éste dicta sentencia y es la de dar muerte, -de ser quemado vivo en una hoguera, el Sapa Inca. Pena que podía ser conmutada por el garrote vil ¡si aceptaba la religión de los extraños...!

¿Cómo acogió Atahualpa ese designio...? La historia nada dice. Sólo que aceptó la última forma –sin más culpa que la de ser el rey de un pueblo en este Nuevo Mundo que España recién había conocido-, además del bautismo, ya que muriendo de esta última manera podía ser momificado como todos sus antepasados lo habían sido durante muchos siglos, y no en el caso de morir en una hoguera.

Terrible crimen!: fue ajusticiado entre el 8 de junio y antes del 29 de julio de 1533. En una iglesia fue sepultado al día siguiente temprano, pero desapareció misteriosamente su cadáver días después, suponiéndose que fue obra de sus fieles súbditos, los que ...ocultaron su cuerpo... guardando su momia en algún lugar de las serranías, donde sigue custodiando sus dominios y sus pueblos... Sobre su histórica vida y su muerte real se tejieron muchos mitos, tomando parte su nombre en las leyendas de su gente, que lo recuerda –y también lo espere-, aún, pueblo que sabe que la momia de su soberano está guardada entre los altos picachos de la cordillera andina...

Cuando el informe de Pizarro llega a las manos del rey, narrando todo lo sucedido y el fin de Atahualpa, Felipe II responde a Pizarro su disgusto como soberano, ante lo que determinó aquel enviado suyo, manifestando con estas patas palabras su desacuerdo con medida tal; ...que atentaba contra la institución de la monarquía..., el trágico fin del soberano Inca.

Después, Pizarro escogió los hombres que sucederían al sacrificado rey, y señala a Tupic, que cae envenenado al poco tiempo. De nuevo otro nombre, esta vez Manco, medio hermano de Atahualpa, ocupa su lugar, pero le fue imposible hacer prevalecer sus ideas como gobernante, debido a que las órdenes de Pizarro no coincidían con sus ideas, de manera que huyó de los hispanos, iniciando así lo que sería una lucha contra el invasor peninsular.

Sólo por que las macroetnias andinas fueron recuperándose del cruento fin del príncipe de Tahuantinsuyu, plegándose a las órdenes del español, es que éstos pisan ‘tierra firme’, ya que dichos pueblos buscaban independizarse de Cusco, y tomando otra actitud, proporcionaban víveres, soldados y cargadores a los conquistadores que, gracias a esta ayuda triunfaron, sin mostrar temor en ningún momento acerca del futuro, que vislumbraban luminoso para sus ambiciones de riquezas, siempre en primer lugar. Hay que ver que para Hernando de Soto fue más importante informar a la Real Audiencia de Santo Domingo el envío de ...otro bohío de oro, como el que Atahualpa mandó..., que hacer referencia sobre el Santuario de Pachacamac, del que era señor principal Tarrichumbi.

La familia del Inca estaba compuesta por el soberano de ese nombre, el Inca, en primer lugar seguido de su familia real, los Orejones o grandes señores y otros subalternos. Pero en ningún momento su organización ni sus ideas y determinaciones ni estructura social o política, tuvo parecido alguno o semejanza con la composición de la sociedad europea, muy distante, como podemos apreciar de estar basada en ideales semejantes. Por lo tanto, el punto de vista del conquistador jamás fue capaz de parecerse al del andino, que si erró en muchos aspectos o facetas de sus determinaciones, tampoco fue un solo momento comprendido por los hombres, que por su trato con otras nacionalidades, ya gozaban o debían tener en sus conciencias, cierta comprensión hacia otros hombres considerados desde el primer momento ‘atrasados...’

Con el gobierno Inca se avanzó en la unificación cultural y política de los pueblos que componían el reino, las vías de comunicación y el desarrollo agrícola, las construcciones, la aplicación de la justicia, aparte de otros logros, aumentaron, hasta hacer del incaico uno de los más notables pueblos amerindios. La agricultura, base fundamental de sus proyectos, alcanzó rendimientos tan notables que siempre excedió a lo esperado; los camélidos domesticados, además de la lana como textil, daban su carne; Tahuantinsuyu fue un reino minero, conocedor de los metales exceptuando el hierro. Se calculan en miles los hornos que usaron en el proceso de la metalurgia conocida, en lo que puede ser llamada una verdadera industria precolombina; los orfebres producían maravillas en oro y plata, joyas que se perdieron durante la colonización cuando, fundidas, tomaron por la ruta de la Hispania..., además del algodón y la lana que usaban en preciosos trabajos textiles.

Alfred Métraux, al escribir sobre los Incas, expresa que no hay civilización que muera completamente, que aunque desaparezcan los que la han creado, siempre transmite a sus sucesores alguna parcela de su experiencia. Y esto es precisamente lo que acontece con los pueblos nuestros: dentro de ellos late lo que colmaba los espíritus de los desaparecidos hombres. Los anhelos, las esperanzas, los conocimientos, esperan intactos el gran día en que algún dios impulse a trabajar, a crear, con los restos de sus remotas culturas y parte de lo bueno de las nuestras, un Mundo Nuevo, como el deseado, en el que revivirán las viejas tradiciones que no han muerto, las experiencias adquiridas a través de los esfuerzos de milenios...

La herencia cultural del hombre de estas tierras es suficiente abono para un renacimiento sin violencias. Pueblos considerados como atrasados e incultos, sólo por pertenecer a un continente desconocido, marcaron pautas más ambiciosas que las del hispano, al ser capaces de desarrollar sistemas hidráulicos grandiosos, dirigiendo reinos y estados tan dignos aunque diferentes, como los que establecieron los europeos durante los siglos anteriores –y después- del ‘descubrimiento’. Pero además, fuesen como lo que ellos imaginaron, el sólo hecho de ser humanos los hacían dignos del respeto de otros hombres, como hijos del Dios que ellos alzaban, creador del Universo nuestro e infinito, de la Humanidad entera...!

Mil años antes de Cristo y en las altas tierras que rodean el lago Titicaca, a 3 803 m.s.n.m., la población agrícola establecida allí creó los ‘camellones’o waru-waru, sobre una extensión de 82 056 hectáreas, en variedad de impresionantes y elevados campos, considerando el origen antiguo de las culturas que los forjaron, señala María Rostworiwski. Este sistema propició el cultivo de tubérculos y otras plantaciones, además como sitio de pastoreo de sus animales de carga, lo que contribuyó al avance de las sociedades de ese pasado. Además, tema de imperiosa necesidad para el hombre ha sido el agua; los requerimientos del transparente líquido para la supervivencia de todo ser de este planeta, es el agua, todos dependemos de la clara linfa. El desarrollo hidráulico alcanzado en la Costa permitió cultivos agrícolas en los valles y partes desérticas mucho más que en otros sitios. La utilización de las hoyas por la afluencia del agua, logró algún avance, pero hay que contar que pueblos que carecían de instrumentos y técnicas adecuadas produjeron abundantes cosechas por el  uso del riego artificial, de manera que los españoles encontraron que estos pueblos resolvieron sus dificultades aparentemente insuperables, con los embalses de agua, logro extraordinario para los habitantes de regiones secas, donde el agua era indispensable para continuar el camino como ser humano.

Se crearon una serie de embalses para el riego de las plantaciones, que cubría las necesidades alimentarias de la población, surgiendo un desarrollo sostenido ignorado por muchas personas todavía.

La agricultura practicada en la Costa, los Andes y otros sitios, fue lograda por comunidades que obedecían a planes bien definidos por expertos en materia hidráulica, sobre todo, con la aparición del maíz como base para la alimentación, planta que necesita y requiere abundancia de agua para su crecimiento y producción del grano.

Pero las obras hidráulicas no sólo estaban al servicio del agricultor o las ciudades, complejas y sofisticadas redes conductoras estaban en función de santuarios como el de Pachacamac, dotado con canales que conducían el transparente líquido desde lugares alejados. La arqueología muestra el desarrollo hidráulico en ciertos reinos del Perú, e informan sobre sistemas y modelos propios, ya que no siempre podía prevalecer un patrón estable en las intalaciones que debían ser sometidos a las necesidades de la geografia y el clima, que bajo el criterio de los ingenieros superó siempre los accidentes del terreno en cada localidad, comarca o compleja instalación humana.

El agua, por su importancia, fue motivo de disputa entre grupos diferentes y su búsqueda y aseguramiento revelan el valor dado a ese don de la naturaleza, cuidando de no perder tan valioso servicio, muy ansiado por todos los seres del Planeta, con la vigilancia de las fuentes proveedoras de agua; sobre todo, en la Costa hubo reclamos, cuando los yungas se vieron forzados a emigrar de la Sierra ante la presión de un grupo más fuerte -que adoraba al dios Pariacaca-.

Un mito nos transmite que el dios Gurri enseñó a los pobladores de la Sierra a construir andenes y canales de riego, por lo que ésta fue una divinidad adorada en toda la comarca norcentral, aunque se considera muy significativo que una deidad costeña instruyese sobre la técnica hidráulica a la población serrana.

Aprovechando las cochas o depresiones en terrenos altos (3 883 m), para cultivos, con sus correspondientes canales de desagüe, los sistemas hidráulicos de la Costa proporcionaron el riego ...a los deltas de los valles y parte de los desiertos adyacentes..., que se tornaron en tierras ricas para el agricultor con la aplicación de técnicas donde aprovechaban las hoyas que mantenían la humedad necesaria para el desarrollo de las plantaciones.

El andino además del costeño fueron pueblos que volcaron experiencias en las necesidades más apremiantes, dedicándose al desarrollo hidráulico con vista a una mayor producción agrícola que permitiría, cuando el español aparece, a que no encontrase pueblos hambrientos, todo lo contrario, labradores capaces de mantener a todo trance una alta producción alimentaria para la distribución entre los grupos diversos de sus reinos.

La especialización aparece en la Costa, donde la pesca y la agricultura se desarrollan a la par, produciendo sobre todo, pescado seco, como artículo primero en los trueques acostumbrados. Al evolucionar, esta sociedad libera muchas horas, en las que emergen nuevas actividades, como la metalurgia, la cerámica, los textiles, y otras expresiones de su creatividad, cada una con sus operarios especialistas que aumentan la producción con piezas cada vez más perfeccionadas.

Cinco fueron las cuencas que unieron para la construcción del complejo hidráulico de Lambayeque; el canal de Combe conducía el agua hasta Chan-Chan que distaba 84 kilómetros, proyecto considerado como... el más prodigioso de la América precolombina...

Se han comparado los sistemas de riego de Lambayeque con el de Nasca, aunque el primero se desarrolla durante el apogeo de Chavín. Pero los canles de Nasca son diferentes, consisten en una gran red subterránea horizontal, revestida en algunas partes con lajas de piedra y en otras, cubierta con vigas de guarango. En el sistema hidráulico de Nasca, pozos verticales conducen hasta los canales para cuidar la obra, la que todavía suministra agua para el riego del valle por medio de galerías filtrantes y túneles subterráneos que se alimentan del agua del subsuelo y la conducen a la superficie, sistema que continúa favoreciendo la agricultura de la región.

Si analizamos los sistemas de riego de los pueblos del pasado, no nos quedará ninguna duda de sus dotes inventivas, constatando que en realidad una poderosa voluntad, aliada con sus dotes inventivas, los instaba a vencer dificultades, e incitaba a proseguir creando, inventando, descubriendo, adoptando, técnicas nuevas para sus complejos hidráulicos, no despreciables a la mirada del especialista de finales del siglo XX.

Desde Chavín hasta los Incas, constructores, artesanos y los artistas, disponían de materiales diversos para plasmar las piezas de su rica imaginación o inspiración: la piedra sería para Chavín parte integrante de sus obras, como también para Tiahuanaco; el algodón y la lana ofrecieron sus suaves y delicadas fibras para los preciosos textiles; que a veces ha presentado la Costa o los Andes; una hermosa cerámica pertenece a Moche y Nasca, y el Chimú la orfebrería, que Juan de Torquemada valoró como una orfebrería superior a la de las piezas de la España. Todo lo que en Inca llevó a la expresión suprema aunque se haya señalado a su arte como ...un arte de Estado..., donde se dan cita todas las expresiones, entre ellas las del arte plumario o el metalúrgico... Todos estos hombres y muchos más, incorporan y funden todo el saber de las antiguas culturas de esta tierra, que de su antigüedad no existen muchas dudas, porque hay evidencias en las alturas de los Andes y en Paracas, de que unos 4 000 años antes de Cristo, eran conocidos los caméñidos, al encontrarse pellejos de estos rumiantes, quien sabe si utilizados como envases para algunos productos, tan usuales en otros continentes en que guardaban en las odres los óleos y los vinos...

Sesenta y ocho años atrás el escritor y profesor peruano Francisco A. Leayes publicó una obra titulada Manco Capac: refiere en este libro que el personaje que aparece en el volumen, Manco Capac, era un náufrago japonés que al mismo tiempo, llegó a ser el fundador del Tahuantinsuyu. Basa Leayes sus conclusiones en el estudio de las muchas evidencias que se localizan actualmente en los vocablos no pertenecientes a las lenguas quechua ni a la aymará, pero que sí tienen una explicación cuando son aplicados al idioma nipón, y que tienen que ver con la aparición en época muy remota, de un dios que además de vestir ropajes no conocidos por el pueblo que lo vio llegar, era portador de un halcón en una de sus manos y las orejas adornadas con pendientes; junto al dios, con un lindo atuendo, una figura femenina apareció.

Según dice la leyenda, la población que recibió esta visita los tomó por hijos del Sol y de la Luna, obedeciéndoles como si fuesen dioses, en todo los mandatos. Lo más significativo es que muchos nombres de poblados y otros más, sólo tienen explicación en lengua nipona, y carecen de significado en habla quechua ni en aymará. Este mito se parece mucho a otro conocido en el Japón, y es el de que el imperio japonés fue fundado por los hermanos Isanamí y Isanagui.

Otro mito nos presenta al octavo Inca Viracocha como un hombre blanco, barbado, de facciones caucásicas y elevada estatura. Por otro lado, el hallazgo en un cementerio antiguo de Lauri y Pinquillo de varias jóvenes rubias, descubiertas por una misión alemana, han llevado a determinar que esas momias pertenecen a miembros de la raza blanca, separadas por unos 225 años del llamado ‘descubrimiento’ del Nuevo Mundo por Cristóbal Colón. ¿Quién, por lo tanto, descifra las incógnitas que envuelven el pasado de muchos pueblos de la América nuestra?

En los últimos años se han realizado muchos descubrimientos arqueológicos, como los de cimientos de piedra, tumbas, cuchillos de pizarra, utensilios de hueso, vasijas de barro color marrón, con decoraciones geométricas en negro o rojo, y cadáveres momificados...

Muchas son las investigaciones, numerosos los hallazgos, estudios, hipótesis o ideas sobre nuestro pasado. Desde hace años se viene buscando y también informando, sobre las obras dejadas por nuestros antepasados. Una de esas investigaciones nos viene desde 1949, cuando José Luis Bustamante i Rivero realiza un estudio sobre el tradicional arte textil peruano. La relevancia de esta investigación interesó al gobierno de su país que tomó la decisión de mantener vigente este arcaico trabajo artesanal, vivo entre esas poblaciones desde hace miles de años.

El precolombino arte del tejido ha dejado piezas únicas de maravillosa concepción, algunas irrealizables hoy; obras del arte, la destreza, la dedicación y recreación viva y constante que avanzaba a medida que la experiencia demandaba nuevas expresiones, que muy dignamente afrecen los Museos del Perú actual.

El Gran Pajatén es una ciudadela descubierta en 1964, localizada en el departamento de San Martín, dentro de la selva, escondida a la mirada del hombre actual, a unos    1 000 km al Nordeste de Lima. No fue una cultura como Nasca o Chan-Chan, sus restos son menos importantes pero, llaman la atención los hallazgos que se han sucedido cerca de ese territorio. Tanto en la Selva amazónica como en San Martín, las costumbres y las tradiciones se han mantenido como en otros tiempos; leyendas no confirmadas y nuevas historias sobre el misterioso lugar, surgen, sobre el asiento de pueblos desconocidos y raras civilizaciones, que dejaron estructuras arquitectónicas como Santuarios y viviendas, construídas sobre una meseta cuya altura media es de 2 850 m.s.n.m. Allí se construyeron edificios, muros, plataformas, andenes, escalinatas y se tallaron ídolos, además de representaciones humanas y zoomorfas de piedra, temas geométricos en alto relieve, dioses colgando de los muros, adornados con orejeras circulares y con la mirada dirigida hacia el grandioso y selvático paisaje.

Entre las leyendas que en torno a Pajatén circulan, se escucha la de que en lo que hoy son ruinas, habitaban hombres gigantescos; en otro momento circuló la versión de que había sido encontrada una mujer en ese lugar, surgiendo especulaciones motivadas por los enormes ojazos de algunas cabezas que adornan las paredes, señalándose que pertenecen a seres de otros planetas. Los monolitos de Pajatén recuerdan los de Chavín, la gran cultura del antiguo Perú y que como aquél, este parece haber sido un lugar dedicado al culto ceremonial. Alguna vez se estimó que en Pajatén había existido una raza de hombres que dominaban las ciencias, aunque acerca de esta suposición no existe hasta ahora, información alguna que la corrobore.

En Arequipa, Perú, en 1972, se descubrieron en una gruta de 11 metros de profundidad, pinturas rupestres y restos líticos que se han datado con más de 6 000 años de antigüedad. La existencia de una época precerámica no se conoció en Perú hasta 1974, cuando al aplicarse el método del radiocarbono a restos arqueológicos locales, que se descubrieron en las ruinas de Huaca Prieta, Valle del Virú, al Norte del país, éstas databan 2 500 años antes de Cristo, descubrimiento que al parecer puede dejar atrás la fecha en que se consideraba a Chavín como la más antigua cultura del Perú.

En la selva Madre de Dios fue descubierta, en 1975, una ciudad pétrea mayor que Machu-Picchu, pero no se asegura un origen incaico a Mosaj Llajta o La Ciudad Vieja.

En el Departamento de Huancal, Perú, fueron descubiertos en 1976 los restos de una antigua ciudad, de un kilómetro de extensión y 200 metros de ancho, a 4 000 metros de altitud. Las casas, de dos plantas, son semicirculares, de piedra, además de un templo y una muralla de piedra, que perteneció a Lauricocha, Vilcabamba, la última capital del Inca. Esta ciudad, entre las selvas del sudeste peruano, es la que en 1792 tomaron los españoles, cuando era la sede del monarca inca. Ese mismo año fue descubierta una fortaleza amurallada, precolombina, construída con piedras y adobe; tiene una extensión de más de 100 km, en una región topográficamente intrincada, con una altura de 5 metros y 2 de ancho, y alrededor de 2 000 petroglifos que han sido datados con 4 800 años de antigüedad. Los petroglifos representan seres humanos, zoomorfos, y figuras geométricas. En Trujillo, en 1978, fue descubierto un camino incaico.

Finalizando 1977 una expedición italiana descubrió ‘un fascinante complejo de ciudades’, que pueden contribuir a la comprensión de Machu Picchu. El imponente sitio se encuentra al Norte de Lima y sobre los Andes, a una altura de 4 000 metros. Otra información se refiere al descubrimiento de una ciudadela, la de San Isidro, que ha sido datada con 2 500 años de antigüedad. Esta zona se señala como muy rica arqueológicamente.

En 1980 fue descubierta en la selva peruana un cementerio preincaico, con aportes nuevos sobre Pajatén y la posibilidad de encontrar Paititi, lo que estimula la búsqueda de los arqueólogos. Se señalan a ese cementerio unos 1 500 años a.Cristo, y tiene como característica el enterramiento en tinajas empotradas en forma vertical sobre el suelo. Se estima que este hallazgo puede ofrecer una valiosa información sobre la vida del hombre que habitó en estos parajes del Amazonas. La Necrópolis se encuentra a orillas del río Corriente, en una región húmeda. Y también se cree en la posibilidad de que en descubrimientos futuros esté el de la ciudad de Paititi, que se encuentra al Este de Lima, en medio de la selva.

La ciudad Inca de Paititi o Pai Kim Oesco (en quechua, el mismo Cusco), fue localizada en la meseta de Pantiaqolla, en las inmediaciones de Cusco y Madre de Dios. En ella se encuentran petroglifos, cerámica, y evidencias de alimentos sumergidos en la laguna de Pumacocha, durante la época reinante del Inca.

Durante una conferencia médica, celebrada en Perú en 1980, el Dr. Fernando Cabioses señaló las posibilidades de que en los quipus antiguos se encuentran los secretos de la curación del cáncer, según el contenido de una crónica de Antonio de la Calancha, un agustino, redactada en 1638, en la que aparece el nombre de un lugar llamado Cruz de Caillama, ‘donde curaban llagas envejecidas y atajaban el cáncer’, con ‘un género de conchuela y una yerba de la cual no refiere el nombre’.

La civilización chimú contó con instrumentos de cirugía para la práctica de intervenciones quirúrgicas, descubiertos en las Necrópolis de Chan-Chan, Trujillo y Pativilca, el tumiak se usaba en la trepanación del cráneo, pero hay pinzas, placas para contener la hemorragia umbilical y ventosas, así como amuletos, lo que muestra la dependencia de los conceptos mágicos en la práctica médica, como una asociación de conocimientos proyectados hacia un mismo fin, despertando mucho interés el tumiak y las lancetas usadas por los antiguos cirujanos de culturas como la Chimor y la Inca.

Con 7 700 años se han datado los restos humanos descubiertos en La Paloma, zona central costera del Perú, en 1985. La arqueología considera que entre esos restos se encontraban tres períodos culturales por lo menos. Otro descubrimiento es el de una antigua ciudad situada en la cordillera de los Andes peruanos, a la que se le señalan unas cinco centurias antes de Cristo. La aldea más antigua de América fue descubierta en 1986 en Perú, dando la idea de haber albergado una gran población humana. Se ha señalado que pertenece al 5700 antes de Cristo, y se informa como el más lejano asentamiento continental; se encuentra al Sur de Lima.

En Chilca, a poco más de 700 km de Lima, han sido hallados numerosos restos de viviendas, depósitos para agua, de piedra, abundantes conchas marinas y basurales, correspondientes a la época preincaica.

Una conocida revista cubana publicó, en 1986, un comentario sobre El Infierno de los dioses griegos, estudio comparativo suscrito por Enrico Mattievich, sobre algunas tradiciones y muestras arqueológicas de Grecia y Perú, después de haber consultado a Homero y Hesíodo. El resultado de lo investigado fue publicado con el título señalado anteriormente, mostrando el estrecho parecido existente entre los mitos griegos y las leyendas de la Selva del Amazonas.

Mattievich muestra el caso de Cadmo el fenicio, introductor del alfabeto en Grecia, supuesto navegante hasta el Perú, donde descubrió el caudaloso Amazonas, remontando su curso para encontrar como en el mito heleno, las enormes serpientes que enfrentó para luchar contra ellas, tal como en las leyendas narradas por los nativos sudamericanos a los españoles durante la colonización. Además, entre otras cosas, el autor muestra que el Infierno de Tántalo se encontraba también en el Perú, señalando las notables semejanzas que existen entre la destrucción de su vivienda hasta la hija convertida en estatua de piedra, que no es otra que la Niobe de la mitología griega...

En otra parte de su obra Mattievich habla de unas islas que semejan las figuras de una mujer y su hijo que se arrojan al mar, tal como lo cuenta la leyenda peruana, que en este caso retrata a Ino y su hijo Malicartes, transformados en islas al lanzarse al mar. En algunos documentos existentes en Lima aparece registrada esta narración: los habitantes de Pachacamac aseguran que ellos descienden de Atamos..., ¡en la mitología griega era el esposo de Ino! (¿Qué hay de cierto entre tanto parecido...? El mundo es muy pequeño. Muchas cosas pudieron suceder hace miles de años...)

Restos de monarcas del Tahuantinsuyu fueron descubiertos fortuitamente en 1988, sepultados a dos metros de profundidad, y rodeados de sepulcros de guerreros y súbditos, en Cusco. La posición de los cadáveres es sentada, en tumbas circulares, con objetos y prendas de uso personal rodeando las momias, por lo que se considera un afortunado hallazgo este hecho, que permitirá ampliar los estudios que aumentarán los conocimientos sobre la última civilización peruana.

Otros hallazgos, éstos en 1974, reportan un acueducto del Perú precolombino, de 10 kilómetros de extensión, bien conservado, a más de 3 000 metros sobre el nivel del mar, en los Andes, además de restos de viviendas en Laris Viejo.

En 1994 fue descubierto un mural preincaico, en el que fue usada la arcilla para los muros policromados, que pertenece a unos 400 años a.Cristo, cerca de Trujillo, ciudad que dista unos 500 km al Norte de Lima. El mural mide cerca de 5 metros de largo y pertenece a la cultura mochica-chimú.

En junio de 1995 un antropólogo peruano y un arqueólogo estadounidense, encontraron en Machu-Picchu lo que parece haber sido un observatorio astronómico, dadas las características de algunas de sus construcciones.

La cultura mochica dejó una muralla, descubierta en la ciudad de Chimbote, Costa Norte del Perú antiguo, durante 1986, obra de ingenieria militar, construída varios siglos antes de Cristo; como también el descubrimiento de la ciudadela preincaica de San Isidro, que ha sido datada con 2 500 años de antigüedad.

Otro descubrimiento arqueológico se refiere a la tumba de un jefe militar, vestido de guerrero, y de un asistente sacerdotal, encontrados en un mausoleo real, donde hace once años reposaba el Señor de Sipán, uno de los más importantes descubrimientos del antiguo Perú. Las tumbas pertenecen a la cultutra preincaica mochica, que floreció en la Costa Norte hacia el siglo VII.

En 1997 aparece un fascinante complejo de ciudades fortificadas preincaicas, posible eslabón –dice la Prensa- para la comprensión de la creación del complejo Machu-Picchu, construcción que corresponde al incario. El descubrimiento del complejo citado, al Norte de Lima, y a 4 000 m de altura sobre los Andes, fue realizado por una expedición arqueológica italiana, dirigida por la profesora Laura Laurencich de la Universidad de Bolonia.

La Pampa de Toro Muerto es uno de los sitios más interesantes del Perú, con los miles de rocas diseminadas por el lugar, en forma de bloques, cubiertos de petroglifos diversos, aparentemente realizados durante un extenso período de tiempo; en ellos se encuentran figuras humanas, de animales, plantas y motivos geométricos. Se destacan figuras danzantes y músicos entre ellos.

Algunos de los temas de los petroglifos son realistas, otros son como esquemas o símbolos. Los estudios revelan que este sitio pudo ser un importante centro aunque de difícil acceso, tal vez religioso. Los cálculos revelan unos 5 000 bloques con las representaciones señaladas ya, y en otros se ven peces, aves, flores, o líneas y puntos con lo que lograban figuras geométricas.

Puede verse en todo lo expuesto y lo que arrojan las excavaciones arqueológicas, cuán avanzada civilización salió al encuentro del conquistador, cuando en el siglo XVI avistaron el reino del Tahuantinsuyu, con palacios y calzadas, sistemas de riego o pétreas construcciones como Ollantaytambo y otras no menos importantes, erigidas con técnicas perfectas en las que, sin cemento alguno, no importan sus inmensas dimensiones, quedaron perfectamente unidas entre sí.

Por ello, los investigadores hoy tratan de explicarnos los medios con que lograron la limpia ejecución de las colosales construcciones, que de modo extraordinario fueron creadas por los ingenieros que no contaban con los precisos instrumentos que actualmente maneja cada uno de los nuestros para trazar, cortar y construir con un determinado material, alguna vivienda o un elevado edificio sin muchas pretensiones, en una ciudad cualquiera de este mundo....

En junio/1999/ un hallazgo arqueológico revela, después que un grupo de arqueólogos trabajara, el descubrimiento de los restos de 34 integrantes de la cultura preincaica Vicús, enterrados junto a vasijas de cerámica hace unos 2 000 años, en la provincia peruana de Casma, según informes del director del Museo regional Max Uhle, Juan Yarlequé.

El descubrimiento se produjo durante los trabajos de exploración que se realizan en las proximidades del templo ceremonial de Sechín y contiene los restos óseos de ocho niños y 26 adultos.