Mexico

Civilizaciones y culturas precolombinas

Se considera que el Hombre del Paleolítico habitó México hace unos 25 mil años, después de viajar en grupos errantes para lograr alimentos, usando trampas, lanzas y flechas. A fines del último período glacial, en Tepexpan habitaba una criatura dolicocéfala, era el cazador del Elephas primigenius, que trabajaba el hueso y la piedra. Unos 15 000 años datan a otros pobladores del país; y a las pinturas rupestres de Atlihuetzi se le consideran más de 12 000 años. Así mismo, en el Estado de Chiapas se descubrieron en 1993, restos óseos humanos, viviendas, tierra quemada y semillas de maíz y frijoles que se remontan al 3 300 a. de Cristo.

Entre 1500-1100 a.C. se señalan los sitios más antiguos del valle de México y toda Mesoamérica, como el Arbolillo, Tlatilco y Zacatenco, con moradores que ya dependían del maíz además de la pesca, la caza y la recolección. Eran alfareros y aprovechaban las plantas textiles; ligaban el culto a la fertilidad con el de la agricultura, mientras practicaban los ritos funerarios y creían en un más allá. Usaban pieles y materias vegetales como atuendo, a las que adornaban, llevando sus rostros y cuerpos pintados aunque hacían uso ya de pendientes y adornos en el lóbulo de las orejas y pared de las fosas nasales, además de collares, brazaletes y pectorales. Aunque no abundantes, se encuentran ciertos instrumentos de trabajo y prendas de vestir. Los ceramitas habían logrado jarras para uso doméstico en las que predomina la monocromía y las decoraciones de temas geométricos o figuras aplicadas como adorno para las vasijas.

Del 1100-600 a.C. aparecen aldeas en centros dedicados a la agricultura; aumenta la población y nuevos materiales hacen su aparición, lo que permite conocer el ascenso cultural, con más obras artesanales, y el jade, la serpentina, amatista, cuarzo, turquesa y el caolín se verían transformados en aves, peces, reptiles y otras curiosas figuras, tallando la piedra sin importar la dureza, apareciendo también objetos de lujo.

Aumenta la habilidad del ceramista así como su creatividad; se intercambian productos con otras culturas sin importar las distancias. De olmecas y del Golfo llegan influencias para estas culturas, que han hecho más viva y animada la coloración de rostros y cuerpos, usando sellos de distintos diseños para imprimirlos sobre la piel, textiles y otras materias. Continúan usando los pectorales, máscaras y fabrican bellos mosaicos, aunque siguen mutilando sus dientes y deformando sus cráneos.

La cerámica de Tlatilco ofrece figuras humanas en escenas y costumbres; el dios del fuego hace su aparición como un jorobado que lleva sobre la cabeza un brasero: es Huehueteotl; también Tláloc el dios de la lluvia señala su presencia cargando vasijas. Las culturas del Este influyen en la cerámica con vasos, jarros y otras vasijas con asas decoradas con varios colores. El comercio y la industria han progresado, así como la organización social, política, económica y religiosa comienzan. El trabajo se diversifica y se fundan nuevos poblados, surgiendo de ellos más tarde las ciudades y centros religiosos tan importantes para el desarrollo de las civilizaciones.

El cultivo en terrazas, la aparición de cinceles de piedra, pulidores de roca volcánica y otros instrumentos, hicieron el trabajo más fácil al hombre a medida que ascendía la escala de su desarrollo. Al parecer, ya existe la especialización del trabajo donde cada hombre ejecuta su labor a conciencia y a medida de su preparación y experiencia.

Las ceremonias y los ritos se celebran en los centros cívico-religiosos; ahora el sacerdote se comunica con el pueblo ya que el mago es árbitro en esa materia y el religioso obrará como guía con su poder casi divino; los dioses ya están presentes en toda ceremonia; el culto a los muertos continúa con ricas ofrendas. El paisaje comienza a poblarse y aparecen plataformas bajas, los templos, construcciones que se yerguen como pirámides no escalonadas; así la de Tlapacoya que indica con su estructura lo que sería la pirámide del Sol de Teotihuacán y la de Cuicuilco (sepultada además de su población, por la lava del volcán Xitle, tres siglos a.C.), de base circular. Las condiciones desarrolladas desde tiempos inmemoriales, motivaron el surgimiento de grandes civilizaciones y centros urbanos, siguiendo el cauce trazado por anteriores culturas que marchaban adelante en su historia.

En tiempos de la Roma Imperial ya sobre estas tierras el hombre se manifestaba culturalmente reflejando su habilidad como ser pensante en estructuras arquitectónicas, la talla de madera, la escultura, los estudios astronómicos y los conocimientos agrícolas. Fundaron ciudades urbanísticamente bien trazadas, de ahí las capitales proyectadas fielmente con hermosas avenidas, calzadas, santuarios, palacios... La existencia comenzada de manera primitiva y modesta, dio paso transformándose en otra, elevándose el Hombre sobre sí mismo y sus sueños, asombrado de haber crecido tanto en medio de su soledad. Su pensamiento le condujo hasta límites inesperados. Después, los navegantes que engañosamente creyeron enviados por Quetzalcoatl, muy pronto las supuestas ‘divinidades’ hendían el acero en los vientres nativos, y el relincho del ‘ciervo’ o el chasquido del arma, se alzaron con violencia denigrante, arrasando estirpes, cruzando los rostros con látigo infame, destruyendo palmo a palmo y guijarro a guijarro todo lo creado con tesón y amor. Los que quedaron, sellaron sus labios y almas ante el nuevo señor, y en su sangre está vivo el recuerdo doloroso de los progenitores disueltos ya en polvo pero que continúan susurrando en secreto el dolor de su raza agraviada.

Cómo transcurría la vida en Tlatilco nos informan las figurillas de esa región prehistórica, de personajes diferentes plasmados en arcilla, facilitando así el estudio y comprensión de un pasado con costumbres y hechos cotidianos y la organización de su cultura.

Olmecas.

Baña el Golfo de México las costas desde Tamaulipas hasta las fronteras de Veracruz y Tabasco, donde surgieron distintas civilizaciones en una región tropical y fértil, verdadero mosaico de pueblos con estilos de vida propios, como los Huastecas, El Tajín y La Venta, de Norte a Sur.

Olmeca es voz que quiere decir ‘habitantes del país del hule’, árbol de la región. En La Venta y otros sitios los olmecas se establecieron, mejor dicho, es aquí donde aparece su cultura, que dejó ricos y variados vestigios de su desarrollo, civilización que ha sido considerada como la primera del territorio mexicano en usar los signos de una escritura, el calendario y los numerales, perfeccionados luego por los mayas. Muy avanzadas muestras revela la cultura olmeca en los descubrimientos arqueológicos efectuados, dejando la figurilla de Tuxtla con una inscripción que parece señalar el año 162 maya, o sea, el 97 antes de Cristo con la aplicación del Carbono 14, además de una estela en la que aparece el año 290 de n.Era. A partir del 500 a.C. es que en La Venta comienza un gran avance: el grupo cultural olmeca evoluciona rápidamente entre uno y otro lugar en que aparece, aunque es aquí donde presenta un considerable desarrollo, de formas superiores que culminarían entre los mayas y otros pueblos de la meseta. Otros grupos olmecas se instalan en Morelos, Puebla, Guerrero, Oaxaca y Chiapas; no obstante, es en la primera región –La Venta- donde se encuentra la mayor riqueza arqueológica, reflejando en sus obras su señalado estilo. Se considera que mayas y otros pueblos tomaron de la olmeca notables ideas que luego utilizaron desarrollándolas, por lo que se ha reputado como la primera de las grandes civilizaciones clásicas que contribuyó al posterior avance Mesoemericano. Más, no solamente en las regiones referidas se encuentran restos olmecas; en Guatemala y El Salvador han aparecido sus huellas, hecho que manifiesta hasta dónde se extendió culturalmente, este pueblo considerado enigmático, ya que cuando aparece en La Venta contaba con un par de milenios de desarrollo y entre sus obras se encuentran monumentales esculturas, bajorrelieves, mosaicos, figurillas de jade, hachas pulidas, ladrillos. Típicas del olmeca son las representaciones humanas, entre las que se destacan las asombrosas cabezas algunos con más de 2½ metros de alto, por lo tanto, se considera grandiosa la estatuaria de este pueblo, aunque existen muestras de dimensiones menores que son, como las anteriores, talladas en piedras duras muy pulimentadas. Pero siempre, la figura humana es lo más representativo en los hallazgos. Las cabezas imponen por sus dimensiones y expresiones, misteriosas figuras escultóricas talladas por desconocidos artistas, además de grandes altares, altos y bajos relieves, estelas, máscaras, esferas, sarcófagos. El jaguar y otros felinos son frecuentes en las obras de este pueblo. Pero no todas las titánicas estatuas pertenecen a un estilo: algunas presagian a El Tajín con sus cabecitas burlonas

Crearon los olmecas, hacia el preclásico intermedio una cerámica de bellos y estilizados motivos felinos, además de máscaras, hachas y piezas de arcilla de color grisáseo. Entre el 600-100 a.C. se desarrollan varios núcleos, apareciendo diferentes obras que en La Venta están presentes, con seres deformes o rechonchos, niños que lloran, demasiado gordos, jorobados y otras figuras que reflejan lo observado por el artista, que copia a los seres que llaman su atención por sus deformaciones físicas. Según indicios, estas figurillas originaron los Tepoyolotl o ‘duendes’ aztecas. Investigadores como Michael D. Coe, profundo estudioso de esta cultura, señala que el olmeca construye una sociedad que aparece con un arte y un sistema político definidos, y que guarda un misterioso origen en su formación y avances.

Entre la selva de La Venta (1925), una expedición arqueológica descubrió gigantescas estatuas talladas en piedra, parcialmente enterradas, a las que tomaron fotografías. Quince años más tarde, la Sociedad Geográfica Nacional y la Institución Smithsoniana con Matew Stirling como arqueólogo, se dirigieron al sitio de las parcialmente enterradas cabezas, donde había desde urnas y altares hasta otras obras ocultas a la mirada del hombre desde hacía ¿cuántos siglos? ¿qué representan? ¿Quiénes serían los escultores de las monumentales cabezas; qué pueblo, que raza las produjo y cuándo...? Porque los olmecas además de en La Venta, dejaron sus vestigios en otros sitios de México y Centroamérica, atribuyéndoles más de 3 000 años (a.C.) Al conocer el gran progreso alcanzado por esta civilización, llama la atención su origen y su habla de los que hasta hace pocos años no se conocía nada. Fue un pueblo con creaciones e ideas tan avanzadas, que toda Mesoamérica heredaría esas condiciones, además de los centros ceremoniales, de su arte religioso y el predominio de la escultura, del cincelado de piedras, los grandes altares, además de tener en su haber la creación del primer sistema pictográfico del continente, y de lograr que una figura representando una cabeza humana de erizados cabellos, simbolizase el Sol.

Después de sus extraordinarias expresiones de arte, su organización e inventos, la cultura olmeca fue declinando, pese a su influencia persistente en otros pueblos y al parecer, sobre toltecas. Luego, su presencia en el itsmo, además de Cholula donde fueron arrojados de un templo, acaece su desaparición en 1168, llegando a su fin una de las más singulares a la vez que enigmática civilización: la Olmeca.

Puede decirse que todo el territorio mexicano fue testigo de la presencia de diferentes y antiquísimos pueblos, hecho revelado por los restos de cerámica descubiertos en Chiapas, el más meridional Estado del país. Existe en la parte central de Chiapas una depresión; excavaciones arqueológicas efectuadas en el sitio hacia los años 60, alejaron la fecha de los poblamientos hacia el 6500 a.C. Varias cuencas de ríos se encuentran en esa región que fue, en ignoto pasado, ruta para diferentes grupos humanos que viajaban de Norte a Sur y de Sur a Norte. Tal vez sedentarios, algunos emigrantes, podían viajar con el ánimo de comerciar productos excedentes o manufacturados ya, o en busca de mejor establecimiento amigo, afín al suyo, para instalarse en él. Se conoce que mayas y zapotecas estaban instalados en las cercanías de estos caminos, que podemos considerarlos internacionales ya. Al concluir las investigaciones en Chiapa de Corzo, se le consideró el sitio arqueológico más antiguo del Sur de México. La fragmentada cerámica descubierta dio lugar a la conclusión de que más de una docena de etapas culturales humanas, habían existido en aquel lugar con estilos similares a los de algunas sociedades alejadas tanto como Chavín, Victoria del Pacífico, Guatemala, y la de la Costa de Guayas, Ecuador, además de los olmecas, y se señala que algunas de las piezas son anteriores a Monta Albán. Jean y Tugrul Uke nos señalan en su obra Caminos de la Prehistoria que los arqueólogos inspeccionaron más de doscientos lugares de interés en una región aproximadamente con la misma superficie de Suiza, investigación que demuestra lo densamente poblada que estaba unos mil años a.C., y que por lo tanto, esos pueblos fueron contemporáneos de los asirios y más tarde de los fenicios.

Las primeras tumbas excavadas en Chiapa de Corzo carecían de ricas ofrendas mientras la tumba del Túmulo 1, que databa de comienzos de la Era Cristiana, contenía los restos de una persona, y con ellos ofrendas de piedra, cerámica y huesos tallados de forma muy bella y extraña, que merece ser incluida entre las más perfectas obras maestras del arte de la América primitiva y una de las más antiguas encontradas en México. Los huesos tallados eran fémures humanos; y entre las ofrendas había la punta de una lanza de obsidiana, que mide 30 cm de largo, con un corte perfecto, la más larga que se encontró en Mesoamérica hasta entonces, maravillando cómo los antiguos lapidarios que no poseían herramientas de metal, fueron capaces de cortar con tres golpes maestros esa gran hoja de obsidiana y lograr la punta de una lanza.

Era sustentada la opinión de que otras civilizaciones, ante este descubrimiento, entre ellas la maya, aparecieron más tarde, al considerar que este hallazgo pertenece a pueblos muy remotos, expresando las conclusiones la tendencia a creer que debe de haber existido una cultura formativa sobre la que se basaron las civilizaciones posteriores, entre ellas La Venta y Teotihuacán.

Hasta hace poco tiempo, expresa Frederick A. Peterson, los arqueólogos concentraron su atención en los olmecas como cultura madre, pero en los últimos años numerosas fechas establecidas mediante el Carbono 14, no sólo en Chiapa de Corzo sino en distintas ruinas arqueológicas de otras regiones, indican una cultura homogénea que se extendía del Valle de México hasta el centro del Perú... Frederick A. Paterson es autor de la obra Antiguo México, y ante estos hallazgos cabe la interrogación: ¿Qué de nuevo pueden aportar los arqueólogos en este caso...?

Las Pintaderas. Hacemos un aparte para traer a estas páginas estos objetos que han sido descubiertos entre nuestras culturas, denominados sellos, patrones o pintaderas; unos cuantos cientos de estas piezas autóctonas planas o cilíndricas, datadas con una antigüedad de 3 000 años, han sido encontradas en México, Colombia, Centroamérica y las Antillas, hechas de barro cocido o de hueso, que dejaban impresiones o marcas sobre el material seleccionado. Algunos de estos patrones poseen agarraderas, otros presentan depresiones como para acomodar los dedos y a algunos modelos se le colocaba un eje.

Una de las caras de las pintaderas llevaba un dibujo en negativo, por lo general temas geométricos o de la naturaleza, que podían imprimir después de entintados, sobre diferentes superficies, fueses éstas telas, papel o piel humana, usando colores, para el motivo escogido, que variaban entre el rojo, el negro, blanco, azul o amarillo.

La diversidad de temas de las pintaderas o sellos varían como ya vimos, y tanto los dibujos geométricos como los de la fauna, la flora y figuras humanas presentan gran variedad, encontrándose algunos que se presentan como signos de identificación posiblemente para dignatarios o embajadores, apareciendo otros como protectores contra maleficios. Así mismo se encuentran entre estos motivos los que han evolucionado simplificándose a medida que se utilizaban, constituyendo así una serie de marcas estilizadas, derivadas de los dibujos originales, con el objeto, tal vez, de identificar o de transmitir a la sociedad o a otros hombres, algún mensaje o conocimiento importante, o hasta como credencial ante otros gobiernos y pueblos.

Estas piezas, consideradas como precursoras de la imprenta en nuestro continente, tan curiosas como significativas en su origen, permanecen en las colecciones desconociéndose el verdadero propósito que guiaba a los creadores y usuarios de los sellos o sistema de impresión precolombino. Pero estamos conscientes de considerar a las pintaderas como un aporte más y muy significativo, de la inteligencia aplicada de nuestros antecesores, en la creación de una máquina o instrumento capaz de ayudarle a resolver algunos problemas de memoria, identificación o mensajes... 

Huastecas.

Desde el 500 a.C. la cultura huasteca comienza a desarrollarse en la Costa del Golfo, instalada en grandes regiones llanas y muy fértiles, disfrutando de la abundancia de frutos de las tierras escogidas y de bienestar, con un carácter más alegre que otros moradores de la región, gustando del lujo, de ricos tejidos, con una cultura de costumbres desenvueltas, no bien vistas por pueblos vecinos.

La lengua y la etnia huastecas se enlazan con los mayas, siendo el parecer un desprendimiento del núcleo principal maya que recibió, de parte de otros grupos, diferentes corrientes culturales.

De tipo centralizado fue su gobierno, con funcionarios o representantes en diversas regiones del país. Ideas religiosas y dioses originales de la Costa del Golfo pasaron a las culturas del altiplano, como la deidad lunar Tlazolteotl, diosa de las cosechas y del maíz maduro, a la que rendían cultos semejantes a los de la Artemisa griega. Los huastecas adoraron como divinidad del viento y símbolo de Venus, a Quetzalcoatl, dios de los pueblos del Golfo.

Los ornamentos personales eran muy importantes para huastecas, tatuándose la piel y mutilando sus dientes que pintaban con chapapote, adornándose con plumas, oro, jade, turquesa y nácar, del que se pueden admirar preciosas obras.

Para un mejor estudio, su cerámica se ha dividido en seis grupos; durante los dos primeros períodos la alfarería produce figuras y vasijas de colores rojo y negro en su decoración. En la tercera y cuarta fase la cerámica tiene finas y delicadas figuras en las que influye Teotihuacán; en la época histórica o quinto y sexto períodos, son los aztecas los que inspiran sus temas, como a casi todas las culturas de ese tiempo. Los hallazgos ofrecen piezas de cerámicas con vasos de color marfil pintados al fresco en negro. Temas de esta cerámica son parecidos a los de otros pueblos del altiplano aunque desarrollaron su propio estilo. En estas obras artesanales encontramos figuras humanas o vegetales en rojo sobre blanco o color crema, en una arcilla de tono verdoso.

Fue este pueblo el que dejó la pirámide de Tantoc, un poco más elevada y voluminosa que la del Sol de Teotihuacán; altares sobre plataformas, que recuerdan el culto a Quetzalcoatl. La escultura se manifiesta en estelas de piedra talladas con bajorrelieves de sus mitos, destacándose la de Xoloti, dedicada al divino gemelo de Quetzalcoatl. La más notable de sus obras en la estatuaria es El adolescente. Otras esculturas recuerdan más la estela al presentar dos dimensiones. Se han encontrado figuritas muy hermosas modeladas manualmente.

La música, la danza, los cantos y el juego de pelota estaban presentes en sus fiestas y ceremonias religiosas celebradas con frecuencia. El juego El Volador ha llegado hasta nuestros días, celebrándose en las regiones montañosas de Puebla y Papantla, donde aún existen poblaciones que lo practican como herencia de lejanos antecesores...

Del Norte bajaban las gentes que los asediaban; luego, serían conquistados a medias por los aztecas, aunque influyeron en su religión.

En 1994 arqueólogos mexicanos descubrieron nuevos vestigios huastecas en el Estado de Hidalgo, encontrando entre los mismos restos de centros ceremoniales, canchas de juegos de pelota, estatuillas de piedra, figurillas diversas y montículos arqueológicos.

TOTONACAS: En el Tajín, Veracruz, surge este pueblo, una cultura con una arquitectura desarrollada en una pirámide truncada de siete plataformas, muros rectangulares y diagonales y cornisas, en la que aparecen 365 nichos, aparentemente uno por cada día del año, en los que no se encontraron objetos de culto ni representaciones de deidades; una grandiosa escalinata decorada con motivos de la Serpiente Emplumada, y combinaciones de cenefas, bajorrelieves y juegos de luz y sombra dispuestos tal vez, con el ánimo de simular el día y la noche. El conjunto es único y hace del mismo uno de los más significativos del México antiguo. Además, son numerosas las construcciones que indican un desarrollo arquitectónico diferente, evidenciado por los restos arqueológicos, dejando a la vez, juegos de Pelota.

La de El Tajín es la cultura de los yugos, las palmas y las hachas, atributos usados en los juegos de pelota característicos de este grupo que es, en otros aspectos, semejante a la huasteca en sus costumbres. Los juegos de pelota tenían entre totonacas un sentido mágico, representativo del Universo; estaban orientados de Norte a Sur; los aros de piedra por donde pasaba la pelota señalaban el Este y el Oeste; la pelota simbolizaba el Sol. Los ganadores de esta porfía deportivo-religiosa, eran sacrificados, significando su muerte su restitución a la vida universal.

Son pocos los conocimientos que se tienen sobre su religión; Tajín era su dios supremo, del que se tomó el nombre para esta cultura. Otras son sus divinidades: Cihueteteo, diosa de las mujeres fallecidas; Xochipilli, dios de la música, la danza y el maíz nuevo; Xipe, deidad de la fertilidad.

El Tajín era una ciudad sagrada, y se estima que se originó bajo las corrientes de las civilizaciones olmeca, teotihuacana y maya. Quedaron, además de esta ciudad, Misantla, Zempoala, Quiahiztlan y otras.

Un verdadero arte fue su cerámica, dejando policromados jarrones en La Remojada y en la Isla de los Sacrificios, con figuras de divinidades, animales estilizados, cacerías, tratados con trazos delicados. Los jarrones de tecali se reputan como únicos en su género, trabajados con el alabastro de la región; su pulida superficie aparece con diseños de frutas y otros temas que los hacen aún más atractivos. Las moldeadas cabecitas sonrientes de mujeres o ancianos, jóvenes o niños, nos ofrecen la sonrisa y la alegría de una sociedad capaz de crearlas. Otras obras de cerámica serían vasos y piezas con figuras de dioses, bailarines, rostros animados, subrayando sus creaciones con betún negro. Técnica y artísticamente la escultura y las obras de cerámica son muy hermosas.

La cultura totonaca o de El Tajín floreció entre los siglos VII-XIV; actualmente existen grupos de esta cultura, que mantienen viva su etnia, su idioma y las tradicionales costumbres, habitando la misma región que marcaron sus antepasados...

COSTA DEL PACÍFICO: Los pueblos que aparecen hacia el Pacífico, mueren con la conquista. Ocupaban desde Sinaloa hasta Guerrero, Nayarit, Jalisco, Colima y Michoacán. Las costumbres funerarias de estos grupos han permitido conocer aspectos importantes de sus vidas, por las numerosas ofrendas que aparecen en las tumbas. El estilo artístico muestra realismo, fuerza y movimiento, siendo las mejor logradas las obras de los tarascos. Son culturas afines pero independientes y dejaron diferentes manifestaciones en la cerámica al disfrutar un alto grado de desarrollo artesanal.

NAYARIT: La cultura de este nombre nos dejó vajillas y esculturas humanas de barro cocido, en grupos que representan escenas cotidianas, bailarines, juegos y otros asuntos.

JALISCO: Aunque la cerámica de Jalisco puede parecerse a otras de la Costa del Pacífico, existen diferencias estéticas al usar para trabajos de alfarería una arcilla color grisáseo, siendo el tema femenino el más frecuente, que lograban con un estilo severo a la vez que sencillo.

COLIMA: Se observa, en la cerámica extraída de las tumbas, que la coloración varía del crema al marrón. Los temas aparecen pintados de rojo brillante, representando escenas familiares, músicos, acróbatas, guerreros, mujeres en sus tareas hogareñas, animales.

MICHOACAN: Es hacía el siglo X que se establecen los tarascos en Michoacán, Guanajuato y Querétaro. De dudoso origen, su lengua no pertenece a ninguna familia lingüística de Mesoamérica; en ella abundan las vocales y es muy armoniosa; se asemeja a las hablas peruanas.

Hombres de condición pacífica, amantes del progreso, construyeron sus viviendas agrupándolas en aldeas. Fue agrícola esta civilización que dejó bellas muestras de su cerámica además de tejidos notables. Hacia el siglo XIII fundaron el reino de Michoacán, perteneciendo al llamado horizonte histórico de nuestro continente. Los tarascos o porhepechas dieron a su capital el nombre de Tzintzuntzan.

La cerámica, la plata, el cobre y el oro fueron trabajados por los tarascos de forma exquisita, distinguiéndose los artesanos de Michoacán en la orfebrería, con peces de plata con escamas de oro, tortugas-cascabeles adornadas con filigranas, tallando la obsidiana y el cristal de roca; además, los hermosos mosaicos de plumas tejidas.

El testamento de los tarascos se encuentran en la famosa Relación de Michoacán, en la que unos hombres, una raza, un reino, tan dignos de una vida de paz como los que llegaron, entre los suyos y en sus tierras, se despiden de una existencia ganada a través de cientos o miles de años, por obra de los que vinieron en busca del excremento del Sol...

La Relación de Michoacán presenta al Cazonci con el título real de soberano de los porhepechas: petamuri, el sacerdote de este pueblo desaparecido ya. El reino de los tarascos fue fundado por Tariacuri y los hermanos chichimecas Uapeani y Pauacumi.

Cuando el Cazonci de Michoacán estuvo frente a ellos, creyéndoles dioses se dirigió de esta manera: ¿De dónde pueden venir los que llegan si no es del cielo? De donde el cielo se junta con el mar, de allí es de donde vienen con esos venados (caballos) que tren con ellos, según dicen, ¿quiénes son, pues? El Cazonci y sus hombres acogen a los extranjeros con ofrendas de oro, de pieles. Pero ya han destruído a los aztecas y el Cazonci siente que estos “dioses” han llegado a cumplir profecías falsas; han destruído templos, han demolido ídolos. Negativa es la respuesta de los españoles, cruel, ambiciosa.

Cuando Montaño llega ante el Cazonci éste pregunta una y otra vez: ¿Quiénes sois? ¿De dónde venís? ¿Qué buscáis? Porque de hombres como vosotros jamás habíamos oído hablar hasta ahora, jamás habíamos visto hasta ahora.

¿Por qué venís de tan lejos? ¿Es que en vuestro país natal ya no hay nada que comer ni que hacer para que hayáis venido a conocer pueblos extranjeros? ¿Y qué habían hecho los mexicanos para que, estando ellos en su ciudad, los hayáis destruído?

Ellos vienen, ¿debemos desaparecer nosotros?, grita el monarca en el ocaso de su mundo. Timas, capitán del Cazonci, espera la respuesta cuando pide: Señor, has traer el cobre; nosotros lo cargaremos en nuestros hombros y nos hundiremos en el lago. Así llegaremos más pronto a reunirnos con los que ya han muerto.

Destruídos por los hispanos los dioses y los templos de Campoala, de Tlaxcala, de México-Tenochtitlán, comprenden que su imperio, el de los tarascos, habrá de caer con el polvo de las demoliciones. E interroga: Por qué nuestros dioses no se encolerizan? ¿Por qué no los maldicen?

Nuño de Guzmán derrocó al Cazonci Tangaxoan Tzinticha que representaba al dios Caricaueri ante su pueblo, lo convirtió en esclavo, lo torturó asesinándolo después... No combatieron: fueron vencidos! Todos los que sobrevivieron alejáronse de sus casas, tierras y santuarios para hundirse en los lugares misteriosos de su origen..., los volcanes, los lagos, las selvas, que guardan entre sus honduras sus espíritus tutelares, torturados por el ultraje de que fueron víctimas, cuando en 1530 Nuño de Guzmán simula un proceso, martiriza y asesina al último Cazonci...! Con él se extinguen el glorioso linaje de los Cacusecha, las Águilas que habían construído aquel reino, y el imperio del dios Curicaueri, del cual era la última encarnación terrenal..., se lamenta la Relación de Michoacán.

Después, el primer obispo de Michoacán, don Vasco de Quiroga, reunió los tarascos que quedaban, refugiados en sierras y selvas perseguidos por las gentes de Hernán Cortés. Pero Michoacán, que en el recuerdo de los náhuatl era el lugar de los peces, ya no sería el mismo que cuando el último Cazonci era su rey... Aunque monseñor Quiroga usó su gran sentido humano y unió a su inteligencia su conocimiento de los hombres, el reino, los que componían ese pequeño mundo tan grande donde no cabía la maldad, fueron perdiéndose llenos de dolor entre las soledades de la nada...

De los tarascos o porhepechas se conoce una cerámica cocida, en la que se admiran figuras y vajillas. De su brillante época se encuentran sus obras policromadas, en las que usaron resinas y aceites vegetales unidos a elementos minerales logrando resultados magníficos en piezas muy hermosas, dejando además, esculturas de piedra, y aunque para los tarascos no fue muy importante esta expresión artística, dejaron impresa en su historia la bondad profunda de sus corazones, el vació de su desaparición como grupo humano y étnico de gran valor cultural y humano. Los porhepehas dominaron la técnica metalúrgica forjando el cobre y trabajando la obsidiana, además de su habilidad como alfareros, dejando vasos decorados con estilizaciones del ser humano preciosas.

MEZCALA. Entre las cordilleras de la Sierra Madre del Sur surge un pueblo creador de curiosas figuras que hoy denominamos de Mezcala, de estilo simple y vigoroso tendiendo a lo ideal o abstracto, que proceden de un grupo aparentemente del Paleolítico que, con los más simples instrumentos lograron finas obras de acabado perfecto que dan la impresión de que hombres sedentarios dados a la creación artística ya, las producen, comparables a las encontradas en las Islas Cícladas o a las contemporáneas de Brancuso o Henry Moore. Estas formas de un remoto arte mexicano se han agrupado en cinco clases, 1, figuras planas, estilizadas, talladas en una sola cara; 2, rostros humanos en forma de máscaras pero que podían haber sido pectorales; 3, diferentes figuras humanas muy raras que al parecer forman parte de collares; formas espirales que recuerdan las conchas del Pacífico; variedad de figuras zoomorfas; 4, tallados en piedra caliza lo que al parecer son templos con columnas en reproducciones pequeñas; 5, collares y cuentas perforadas de diversos materiales desde piedra hasta jade, con un peso de hasta 9 libras! Estas obras, a las que se les han calculado unos 3 000 años de antigüedad han sido descubiertas en cantidades considerables, y la variedad de los materiales empleados van desde la pizarra, la diorita, serpentina, alabastro, piedra caliza, jaspe, algunas clases de jade, granito, micasquisto y otras, predominando el tono verdoso y demostrando la curiosa habilidad de los artistas que utilizaron piedras diferentes para lograr esculturas distintas, todas con asombroso acabado, entre las que predominan la estilización aunque las hay extraordinariamente realistas.

Mezcala y su experimentado arte es una de las glorias de México; aquí se destacan pequeñas reproducciones humanas y zoomorfas, máscaras y otras obras de diversas coloraciones.

Cerca del río de las Balsas o Mezcala donde se descubrieron estas creaciones, han aparecido numerosos objetos olmecas muy antiguos, en lo que se ha considerado un establecimiento humano anterior a La Venta. Además, se estima que en la cultura Mezcala influyeron civilizaciones como la de Teotihuacán y otras, además de los olmecas, dando como resultado un artístico estilo tan interesante en su sencilla y sorprendente belleza...

TEOTIHUACAN. Los restos de esta asombrosa cultura del altiplano se encuentran en la parte central de México. Mucho antes de la Era Cristiana, Teotihuacán, en las esferas cultural y religiosa, se manifestó como centro importante del preclásico, siendo foco fundamental del mundo precolombino, donde el Valle de este nombre se extiende suavemente hacia el Este desde una altura de 2 280 m sobre el nivel del mar. Hacia el siglo III a.C. se instalaron algunos grupos que dejaron sencillas figuritas: era Teotihuacán I. Hubo, en Teotihuacán II una cultura que además de simbólica, dejó un arte geométrico, con el Jaguar-serpiente como símbolo, y una población más desarrollada que dominó al hombre sedentario establecido allí, quedó, como grupo predominante, estimándose que procedían del Golfo.

En su fase inicial adoraban los fenómenos naturales: el fuego, la lluvia, el trueno y otros. Luego, rendirían culto a Huehueteotl o dios del Fuego, a Tláloc divinidad de la lluvia, a Chilchiuitlicue la diosa del agua, a Xipe dios de la fertilidad. Pero el más reverenciado de los dioses era Tláloc, por su valor para la siembra y cosecha, seguridad alimentaria para la población. Los frescos dedicados a esta deidad son admirables por los juegos que las coloraciones azules, turquesa y verdes semejan el líquido vital que derramaba Tláloc sobre los ampos.

Fue una sociedad teocrática y eminentemente religiosa; representaciones de Quetzalcoatl y Tláloc aparecen en distintas estructuras erigidas en este centro grandioso, el mayor de Mesoamérica, que supo mantener un desarrollo digno de una avanzada capital que contó con un sistema de cañerías de desagüe, velando por la salud de la población, lo que no impedía que se la considerase una Ciudad Sagrada!

Teotihuacán III fue el apogeo de este grandioso centro urbano, siglos IV-VII, época en que esta civilización se extendió por Mesoamérica, pero a la vez la hora en que los bárbaros invaden la ciudad e incendian templos destruyendo obras de gran valor cultural. En la fase IV, siglos VII-IX, Teotihuacán ha reconstruído lo dañado, que no llegó a ser igual antes este resurgimiento. Vuelve, una nueva e inhumana horda que se abate sobre aquel faro cultural: es el siglo IX: lo destruye todo, su arte y sus obras religiosas, no quedando nada, todo destruído, abandonado, sola Teotihuacán con sus escombros, sin sus hijos, la maravillosa capital sagrada de las divinidades!

Las pirámides caracterizan a esta gran urbe, con ella comienza verdaderamente la creación de centros urbanos y culturales. Una escultura monumental, una arquitectura que impone formas, muros donde aparecen frescos impresionantes, donde se produce una cerámica en moldes y va conociéndose el complejo ceremonial religioso. Se construyen la Pirámide del Sol y la pirámide de la Luna; se erige un admirable Templo a Quetzalcoatl.

Los artistas utilizan un sinnúmero de materias para sus obras, como andesita, madera, mica, granito, pórfido, piedra volcánica, pirita, conchas marinas, pizarra, cuarzo, serpentina, basalto, obsidiana, hueso, jade, copal, cuerno, arcilla, fibras vegetales..., dejando los orfebres collares, pectorales, brazaletes, máscaras, espejos, ornamentos para los labios y la nariz, anillos y otros adornos. Diestros en los tejidos, con fibras de algodón, yuca y maguey lograron telas que teñían con tintes vegetales y minerales, para sus atuendos.

La diferencia social entre los habitantes de la gran ciudad podía señalarse por trajes, peinados, calzado y joyas. Aquí, las mujeres vestían una camisa sin mangas y una manta del mismo tejido de algodón; los hombres llevaban una túnica, un faldelín y un manto. Como protección en la guerra, colocaban sobre su cuerpo una armadura de algodón acolchado.

En las costumbres funerarias se aprecian dos: de una parte se ve la incineración y de otro el enterramiento del cadáver, depositado algunas veces sobre un lecho de nácar y otras en un piso de mica. El ajuar hallado en las tumbas es refinado, apareciendo vasijas de largo cuello, recipientes de fondo plano, algunos con tapas cónicas y decoraciones florales, o montañas, divinidades o figuras zoomorfas.

Sobre un eje longitudinal construyeron Teotihuacán, gigantesca capital, con la Calle de los Muertos, las numerosas pirámides-templos de distintos estilos: pirámides con escalinata; pirámides de cuerpos superpuestos como plataformas (las pirámides del Sol y la de la Luna), pirámides con muros rectangulares en juego de líneas verticales y diagonales.

Teotihuacán presenta el desarrollo de una civilización simultánea con la clásica maya. Tanto esta ciudad como Monte Albán y El Tajín, son centros urbanos teocráticos, religiosos, administrativos y políticos, que poseían un calendario, grandes construcciones y el cultivo del maíz como sistema de riego. Esta ciudad floreciente, bien pudo albergar unos 85 000 habitantes en una superficie de 142 km2, según las últimas investigaciones. Cuando Teotihuacán termina su ciclo de gran cultura, las ciudades mayas van extinguiendo su gran arquitectura quedando Xochicalco con magníficos bajorrelieves y jeroglíficos al estilo de Monte Albán. En la meseta de Puebla, cerca de los volcanes, se encuentran los frescos de Cacaxtla. Atrás va quedando una civilización llena de maravillas, Teotihuacán, constructora de una cultura cuando Hispania no soñaba ser descubridora de un inédito mundo!

Fue esta una civilización que influyó desde el Norte hasta el Sur: desde Sonora a Guatemala. Realmente asombrosa es la Ciudad Sagrada, estimándose que en este centro cultural es donde surge el culto a Quetzalcoatl y a Tláloc. Cuando los aztecas descubren los restos de este fascinante mundo mostraron su ignorancia sobre qué pueblo, qué hombres, construyeron la hermosa capital: sólo los dioses, exclamaban, pudieron crear esas colosales estructuras, y que a la vez que construyeron, esculpían y eran maestros del pincel.

Aquí los dioses, aparecen en relieves, esculturas o en los murales, en un arte sagrado, con los sacerdotes, las ceremonias grandiosas y los altos personajes. Y mientras los olmecas tallaban gigantescas cabezas, en Teotihuacán aparecen máscaras de piedra adornadas de nácar, de jade o turquesa.

Hasta hace breves años se desconocían los orígenes, la época y los creadores de la urbe con las grandiosas pirámides que conocieron los aztecas. Los numerosos edificios de la ciudad dividida por una vía de Norte a Sur, que se prolongaba hasta la pirámide de la Luna. Hacia el Este, la pirámide del Sol, y templos, estructuras y una gran plaza; la pirámide de Quetzalcoatl aparece adornada con máscaras de Tláloc y cabezas de serpientes talladas en piedra. Los frescos de la pirámide más pequeña ofrecen motivos simbólicos estilizados, vivaces, expresivos. Hoy se calcula que la pirámide del Sol la erigieron los toltecas y que su antigüedad alcanza 2 000 años a.C.

Desde antes de Cristo comenzó el período preclásico en Teotihuacán, que surge como el núcleo cultural y religioso más importante de la región, con formas peculiares, y que llegó a alcanzar gran influencia en los pueblos vecinos de aquella era. El período clásico está lleno de religiosidad; hay avances técnicos en la alfarería; se rinde culto a las divinidades: Quetzalcoatl y Tláloc, los dioses del Jaguar y del Fuego; Chalchiuticlue hermana de Tláloc y diosa del agua que corre, conocida como la deidad dela saya de esmeraldas..., que aparece esculpida en piedra de lava, además de representaciones escultóricas de los dioses del Fuego y el de la Lluvia.

De cerámica aparecen figuras cocidas, vajillas decoradas con temas geométricos grabados o pintados. También aparece una fina cerámica, copas entre otras piezas con dibujos incisos bien realizados. Máscaras típicas por su belleza, de piedra, otras recubiertas de conchas o turquesas. La técnica y el diseño de los frescos guardan parecido con las pinturas murales de las casas reales, en las que usaron colores variados como los verdes, rosados, el blanco, el turquesa, el gris en combinaciones hermosas.

La Prensa de octubre/1997 nos ofrece la noticia del hallazgo arqueológico de una civilización anterior a Teotihuacán, que muestra seis extrañas estatuas de arcilla carentes de cabezas y miembros: sólo torsos humanos esculpidos en piedra revela este descubrimiento.

La siguiente leyenda fue relatada por los hombres del Nuevo Continente a los españoles, que habla sobre la creación del Sol y de la Luna por antiguos dioses de Teotihuacán.

Tecuciztecatl poseía riquezas; Nanautzin era muy pobre, pero los dos dioses deseaban crear el Sol y la Luna y decidieron hacer penitencias y ofrendas para lograrlo, manteniendo el fuego durante cuatro días, para tirarse entre las llamas y arder hasta crear los astros tan necesarios.

Así lo hizo el dios pobre y ardió, pero Tecuciztecatl titubeaba, e hizo varios intentos y no se arrojaba al gran fuego que ardía y esperaba; el día quinto se llenó de valor lanzándose en la hoguera. Mientras tanto, otras divinidades observaban que en el cielo ya brillaba el Sol, creado por Nanautzin la divinidad pobre, mientras el rico Tecuciztecatl se había transformado en la Luna. Aunque los dos astros tenían igual brillo, esto no debía de haber ocurrido, por lo que otro de los dioses, al advertirlo buscó un conejo y lo arrojó contra la cara de la Luna de manera que ésta quedó manchada para siempre y con luz cenicienta.

Pero ambos astros permanecían fijos en la altura, no rotaban como los demás cuerpos celestes, por lo que los dioses que los contemplaban desde abajo decidieron inmolarse al Viento que les produciría la muerte, y así lo hicieron: consumada su muerte, comenzó a soplar furiosamente un ventarrón que impulsó al Sol a girar mientras detrás la Luna comenzó a moverse también... movimiento que han mantenido desde tiempos que se pierden entre millones de años... y continúan girando todos los días y todas las noches mientras exista el llamativo, deslumbrante y brillante fulgor del Universo.

TOLTECAS. La tolteca fue una cultura que se desarrolló en los Estados de Tlaxcala, Hidalgo, Morelos y Puebla, en Sinaloa, y en las zonas mayas de Yucatán y Chiapas. Durante muchos años se consideró a los toltecas como los fundadores de Teotihuacán, más las investigaciones realizadas en pasadas décadas han mantenido que su aparición fue posterior a dicha civilización, y también diferente, por lo que no resulta fácil determinar el surgimiento del tolteca, su desarrollo, hasta llegar a su decadencia. Su historia, leyendas y mitología están íntimamente unidas a su grande y antigua divinidad, Quetzalcoatl, conocida por diversos pueblos de Mesoamérica como sumo sacerdote, aunque entre los toltecas existió un monarca de ese nombre que, luego de impartir diversos conocimientos y de atravesar vicisitudes y dificultades, se encaminó hacia Yucatán prometiendo retornar para inaugurar otra era: el Año 1 Acatl que le habían consagrado, que sería el 1519, por cosas del Destino escogería Hernán Cortés para su arribo a las costas de México! Y así, la historia de los toltecas se enlaza profundamente con la del dios Quetzalcoatl, legendaria figura adorada como divinidad tanto entre estos hombres como antes, y posteriormente, por otros grupos de esa gran región, que además lo identificaban con el planeta Venus. ¿Fue éste un personaje que existió históricamente para ser deificado después? Según las leyendas y las tradiciones Quetzalcoatl enseñó a su pueblo el cultivo del maíz, a trabajar los metales, las artes y la escritura además del calendario, predicando doctrinas basadas en el amor y la paciencia. El nombre de Serpiente Emplumada corresponde a este hombre que según el mito, fue consumido por el fuego, elevándose hasta el cielo hasta convertirse en la estrella matutina, el que describen de raza blanca, barbado y de larga cabellera, que dejaba una cruz de cinco puntas –o quincuz- por donde pasaba, representando así los cuatro puntos cardinales y la parte central de la Tierra.

Según la Historia, Quetzalcoatl era hijo del Jefe de los Toltecas, Ce Acatl Mixcóatl, que casó con la sacerdotisa Chimalmá, naciendo el príncipe Ce Acatl Topiltzin-Quetzalcoatl, que se instaló como rey de Tula donde un poderoso guerrero-mago, Tezcatlipoca, su opositor, lo llevó a una guerra civil y religiosa, viéndose obligado a huir buscando refugio junto a sus seguidores en Yucatán.

Tula como reino y bajo el cetro de Quetzalcoatl gozó de una brillante era de prosperidad: de esa época de esplendor surge el concepto de tolteca como sinónimo de artista, en oposición al chichimeca bárbaro. Tula, para entonces, conoció la instalación de ‘tuberías’ de piedra ocultas en las construcciones, que hacían posible la circulación de agua potable fresca y permitía los desagües de los residuos de las viviendas mediante esas instalaciones. Los restos de esa célebre ciudad –Tula- se encuentran al nordeste del Distrito Federal de México, donde aparecen templos como el dedicado a Quetzalcoatl que tantos beneficios brindó a ese pueblo y en donde renació el culto al antiguo dios teotihuacano.

La cultura tolteca heredó lo genial de la civilización de Teotihuacán. Tula dejaría la más importante manifestación arquitectónica y el mayor de sus centros culturales, quedando el Palacio de las Columnas y otras espléndidas y distintas construcciones en las que se aprecia su notable desarrollo. El tolteca creó las cariátides o guerreros que sostienen los techos a modo de columnas en las fachadas de los edificios, en los templos y palacios: éste fue un elemento nuevo en la arquitectura mesoamericana, como los atlantes donde se mantienen los frisos con relieves esculpidos, los portaestandartes y los tronos para conducir a los sacerdotes y a los héroes, siendo a la vez notables sus esculturas de aves y animales. Se señala que estos hombres a más de hermosos en el aspecto físico se distinguían por su alta estatura. Parte de su historia aparece en el Libro de los Toltecas y según las narraciones este pueblo procedía de un sitio entre los ríos Colorado y Gila, de donde bajaron para establecerse en la meseta central de México, en la que formaron un reino con aportes culturales inspiradas en Teotihuacán, desarrollando una sociedad donde crearon el culto a Quetzalcoatl, haciendo de Tula el foco cultural más importante. Su desarrollo data de hacia el 586 y su fin acaecería cerca de 1250, después de alcanzar el Sur de México en su expansión y junto a ellos el mito de su dios.

Las obras de cerámica tolteca han sido divididas en tres fases: el tolteca-chichimeca o mazapa, con tazas y platos decorados con ondulaciones rojas sobre arcilla de color natural; vasijas trípodes donde se ven dioses como Tláloc, Tótec, Xipe y otros. La cerámica coyotlatelca creó tazones con dibujos ondulados, espirales y líneas paralelas en rojo, trípodes, con incisiones o franjas rojas; botellas y figuras muy pequeñas y planas fabricadas en moldes. La influencia azteca, por su parte, se enuncia con copas y trípodes de arcilla color anaranjado con estilizadas cabezas de serpientes en las decoraciones interiores. Las piezas de esmalte vitrificado forman parte de otra manifestación cerámica denominada plúmbea, con exquisitas obras en las que las superficies lucen las brillantes tonalidades tornasoladas. En esta época el alfarero hace uso de la mejor arcilla, al crear vasos reconocidos por su sonoridad, resistencia y brillo metálico, empleando técnicas no usadas en el Viejo Mundo, las resinas vegetales y la cera de abejas. Aparecen caladas algunas piezas ya cocidas, con dibujos variados, rellenando esas partes con pastas coloreadas que una vez pulidas ofrecían una superficie uniforme y lustrosa de bella apariencia.

Los matices en esta cerámica que observamos se asemejan a los de los frescos. Se encuentran además, relieves del disco solar, signos significando astros y las volutas o espirales que representan las palabras...

La más conocida de las esculturas toltecas es la de Chac-Mool, representando un hombre joven semirecostado; la del Coyote, pieza decorada con conchas de nácar, admirable y exquisita joya en juego de hermosura y fortaleza.

Aportes

Algunos autores consideran que el artista tolteca cultivó el cubismo dado el estilo de sus obras, y al referirse a sus frescos se señalan los más bellos de todos los conocidos hasta ahora, los del Templo de la Agricultura y los de la Casa del Alfarero, predominando en los mismos la suntuosidad y una rica ornamentación en que se advierte un sentido de la vida más en armonía con el humano y terrenal vivir que con lo religioso.

Luego, los chichimecas invaden el valle y una casta militar gobierna al tolteca después de la destrucción de Tula en 1186; después es atacado el establecimiento constituído en Culhuacán, y conquistado por los bárbaros; será en 1246 que desaparece la civilización de Tula bajo la destrucción del invasor, quedando entre las ruinas de la ciudad el Templo del Lucero del Alba.

Hacia el siglo X los toltecas alcanzan Yucatán: Chichén-Itzá era un notable centro cultural donde se instalaron los toltecas, surgiendo lo que se denominaría después una civilización maya-tolteca que floreció, sobre todo arquitectónicamente, con obras que recuerdan las construcciones de Tula, fundando Uxmal, ciudad donde aparece el estilo de los conquistadores de Tula en diferentes estructuras religiosas o reales. Chichén-Itzá, foco ceremonial maya muy antiguo, fue cubriéndose de construcciones que llevan el sello tolteca.

Es en Tula donde se crearon los atlantes, donde aparece la Serpiente Emplumada como representación de su divinidad y así, en todo territorio que sirvió a los toltecas de base para su desarrollo cultural, atesora los restos de este grupo humano que creó una cultura significativa, encontrándose entre ellos Xochicalco o Lugar de las Flores.

En 1974 se descubrieron en Tula más de un centenar de sitios arqueológicos sumamente valiosos, situados alrededor de la antigua ciudad, una de las urbes prehispánicas más destacadas del altiplano, donde aparecieron nuevas plazas, monumentos, juegos de pelota y áreas de población.

Podemos encontrar así que cada cultura de nuestro continente dejó sus obras y en ellas impresa su personalidad: los toltecas por su parte, dejaron muy claras las huellas de su espíritu y su dedicación al cultivo de los dones materiales de la vida.

Tula, ciudad célebre tolteca, contó en su edad brillante con un sistema monetario establecido en tiempos de Ce Acatl Quetzalcoatl, dejando sus templos y demás obras como un signo de la presencia de su vigoroso ingenio.

ZAPOTECAS: Semejando una fortaleza, Monte Albán se distingue sobre las montañas que velan la coincidencia de tres valles, ignorándose a qué pueblo debe su fundación, ya que las primeras construcciones de esa gran ciudad corresponden al siglo VII a.Cristo. Sobre el Valle de Oaxaca la extraordinaria ciudad llegó a ser un importante foco de esta cultura, alzado entre las cumbres de una cadena montañosa, digno espectáculo que impera en las alturas, con templos, palacios y edificios comparables con los de los mayas e incas, por lo impresionante de sus estructuras, donde lucen plazas y juegos de pelota sus amplias proporciones. Unos 2 000 años a.C., hombres ya sedentarios, tal vez de origen olmeca o maya, fueron acogidos en Yanhuitlán, donde avanzaron culturalmente. Edouard Seler ha dedicado su vida al estudio de nuestras culturas, considera que los zapotecas ocupan el tercer lugar entre los pueblos civilizados de este continente, con los mayas y los toltecas. Entre los Valles de Oaxaca, todavía viven los sucesores de aquél zapoteca que un día dejara su impronta en esta tierra.

En Monta Albán construyeron monumentos funerarios con bóveda triangular y urnas dedicadas a sus muertos, apareciendo en la Necrópolis miles de sepulcros con pequeñas capillas y cámaras pintadas al fresco, donde pueden verse escenas de la vida anterior del difunto.

En las grandes ceremonias religiosas y en las fiestas, hacían música, juegos y sacrificios. Mitla es la Necrópolis de los reyes y altos dignatarios, lugar sagrado donde el Sumo Sacerdote residía. Cuatro edificios hacia el exterior cerrados, rodeaban el patio que compone el sitio, donde se alzaba, en el silencio del mundo de los muertos, el Templo de las Columnas, en un imponente paraje de la antiquísima Mitla o Lioboa, parte también del legado zapoteca, tan sensible a la belleza y al arte. En lengua zapoteca Mitla es Lugar del reposo eterno o Lioboa, donde dormían para siempre los monarcas y grandes sacerdotes. “Casa de la felicidad o del reposo” se ha llamado también, Mitla, lugar sagrado donde impera la serenidad; fue la morada del Gran Vidente zapoteca. En alguno de los muros de Mitla colocaron, según la leyenda, el corazón del mundo, reliquia famosa de aquella civilización: al parecer, ésta consistía en una piedra de jade transparente de alrededor de una docena de centímetros de altura, en la que aparecían tallados un pájaro y una serpiente. Según la historia del lugar, se atribuye a un monje franciscano la destrucción de la piedra, tan amada por los zapotecas...

Este pueblo basaba sus creencias religiosas en los espíritus que moraban en los árboles, piedras, cavernas y fuerzas naturales, fuesen tutelares o maléficos. Con el surgimiento de los dioses nacen los sacerdotes: así encontramos a Cocijo o dios de la lluvia; Huehueteotl o viejo dios del Fuego y de la luz; Xochipilli dios de la alegría, la música y la danza y príncipe de las flores; y otras divinidades que formaron parte de una compleja religión.

Sobre esta cultura influyeron los mixtecas, que hacia el siglo X comenzaron a penetrar gradualmente en el reino zapoteca, uniéndose ambas sociedades durante centurias: los mixtecas un tanto belicosos, conviviendo con los pacíficos zapotecas. Cuando los aztecas atacaron, ambos pueblos unieron sus fuerzas luchando contra el invasor, aunque fueron vencidos.

Hacia el siglo II a.Cristo aparecen bellas urnas de arcilla con figuras de dioses o seres humanos coronados de plumas y las manos apoyadas sobre las rodillas, ejerciendo grande influencia en la alfarería los mayas y teotihuacanos. También aparece en Monte Albán una cerámica gris o café, crema o negra manchada de blanco o rojo oscuro, o blanco sobre fondo rojo; en la época primera comienzan los frescos y cierto tipo de pinturas, abundando la decoración grabada con motivos geométricos, aunque aparecen temas del dios de la lluvia y algunas estatuillas, ranas, caracoles y aves, nadadores y bailarines. En Monta Albán II aparecen huellas de los mayas que se establecen entre ellos e influyen en la cerámica con vasos y platos de borde grueso, recipientes trípodes, vasos de terracota con tapaderas y asas decoradas al fresco. Más tarde se encuentran vasos dobles y jarras con bases dentadas que corresponden a Loma Larga, situándose entre los años 250-300. Monte Albán recibe, en este sentido, la influencia de Teotihuacán con recipientes de gran tamaño con decoraciones estucadas, vasijas con rostros humanos en sus bases y murciélagos y seres irreales, así como urnas. Además de estas manifestaciones, en la arquitectura religiosa y funeraria se destacan los relieves de las tumbas, además de las estelas muy bien trabajadas.

La sensibilidad artística del zapoteca se manifiesta sobre todo en la arquitectura, como se advierte en el centro ceremonial erigido sobre el agreste paisaje, donde deben haberse dificultado las construcciones por lo escabroso del medio que las rodeaba. Iniciada como una pequeña población, Monte Albán muy pronto creció, desarrollando en la decoración de los edificios incrustaciones con escenas de danzas y natación o reptiles. Allí, sobre las alturas, usaban el ladrillo y la mampostería, donde aparecen frisos decorados con círculos, logrando que el conjunto de la ciudad fuese admirable en su ordenada situación, que se ha definido como la unidad de un organismo vivo y el equilibrio de una construcción geométrica, siendo, al parecer, un observatorio el Montículo marcado con la inicial J.

Los zapotecas, establecidos largo tiempo en la Ciudad Santa, hacia el año 1000 habían avanzado notablemente difundiendo su cultura, con una alfarería de pequeñas figuras, vajillas bien ornamentadas y avances técnicos en la cerámica y en el tallado de piedras. Las urnas funerarias son sencillas o modeladas con rostros humanos. De jade, bien acabadas, hay máscaras compuestas por varias piezas, muy pulidas y hermosas.

En las construcciones fúnebres los frescos que decoran las tumbas exhiben a dioses y sacerdotes; las urnas varían en dimensiones, algunas de formas exquisitas, en las que se ven personajes, temas zoomorfos o el jaguar y el murciélago con mayor frecuencia. Hay pocas esculturas de piedra; las obras del ceramista poseen ricos estilos y formas logrados a base de moldes.

En el período decadente de Monte Albán las obras pierden belleza y vida; la ciudad es abandonada quedando sus restos guardando la incógnita que se repite en este continente; ignorándose el nombre de los fundadores de hermosas ciudades, y de los creadores de culturas como la de Monte Albán y otros bellos centros culturales y ceremoniales, lleno de recuerdos, de épocas lejanas... Pero nos legaron sus conocimientos sobre astronomía y la creación de un calendario muy exacto, además de una escritura jeroglífica de la que marcaron los signos sobre piedras y pergaminos, y con ellos sus historia y los nombres de los dioses que adoraron en sus días..., así como a Quetzalcóatl y a Taandoco o el Sol como divinidades principales.

Al igual que otros pueblos, deformaron el cráneo del recién nacido y luego, ya mayores, limaban sus dentaduras incrustándole turquesas y otras piedras semipreciosas.

LOS MIXTECAS: Habitantes del país de las nubes, en lo alto de la sierra de Oaxaca, serían los mixtecas fundadores de una civilización, que en el año 1000 se infiltraran en el territorio de los zapotecas, uniéndose ambos pueblos para luego guerrear contra el mexicano.

Los mixtecas creíanse descendientes de ciertos árboles de la región de Apoala, de los que nacerían los jefes, las mujeres y hombres que al multiplicarse aumentarían la población gradualmente, llegando a crear un reino bastante extenso, aunque se mezclaron con los zapotecas. Se estima que pertenecían a la familia náhuatl.

Usaban adornos en labios, nariz, orejas, brazos y tobillos; pintábanse el rostro y el cuerpo de diversos colores o se tatuaban de rojo. Vestían las mujeres blusas y faldas de algodón teñido; los hombres usaban una larga capa o xicolli y un maxtlatl o capa de algodón anudado sobre un hombro. El supremo sacerdote vestía un manto sobre una camisa sin mangas e iba tocado con un gorro parecido a una mitra. Los sacerdotes ayudantes coloreaban su rostro de negro.

Como zapotecas y mixtecas se unieron en la misma civilización, la arquitectura de los primeros presenta gran influencia mixteca, que se aprecia en Mitla y Yagul, en las hermosas ornamentaciones geométricas de los edificios. En Monta Albán se encuentran elementos que aparecen en Yagul, en los mosaicos de piedra, en los altares, tumbas y salas donde se descubren muestras de pinturas en preciosos decorados de distintos estilos.

El Templo de las Columnas deja ver que éstas fueron talladas en un solo bloque, que ofrecen la grandiosa sensación de lo eterno al contemplarlos. Las construcciones muestran sus adornos y frisos de mosaicos con temas geométricos. Crearon una cerámica policromada con ornamentos hermosos, destacando brillantes formas artísticas.

Los orfebres ofrecieron delicadas joyas; otros trabajos en madera, hueso y alabastro testimonian el dominio perfecto a que llegaron los artistas.

Una nueva cerámica orlada en gris y negro aparece; copas trípodes bicromas semejan los preciosos temas de los Códices. En Cholula y de los mixteco-puebla se encuentran ricas muestras de jarras cilíndricas, platos, braseros, incensarios y vasos-retratos. Hábil y bellamente trabajados son los vasos de alabastro y ónix donde los recipientes semejan cuerpos de animales con cabezas y ojos en alto relieve. Las joyas son de jade, amatista, ópalo, ágata; surgen las calaveras como parte del tema de la muerte, algunas de cristal de roca admirablemente talladas.

Se advierte el desarrollo de la cerámica al encontrar recipientes del primer milenio, negros o grises, o de arcilla policromada en vasijas de la época final mixteca. Es el momento de la alfarería con decoraciones que semejan los temas de Mitla, coloreadas en rojo, negro y café oscuro sobre lo blanco del fondo. Se descubren jarras y platos con la temática del reptil, vasijas zoomorfas y braseros de variados colores. Aparece loza policromada, la cerámica de Tlantongo y Yacunco guardan parecido con la de Monte Albán I, la de Yucuñudahui con la de Monte Albán II.

Las joyas que se conocen son aretes fundidos adornados de turquesas, o reproduciendo flores como la orquídea. Las obras talladas en hueso de jaguar revelan preciosas miniaturas de animalitos, aves, flores, hombres, flechas calendáricas, los signos de los días, pendientes, idolitos o penates, trabajos que se consideran tan valiosos como los de marfil.

En las tumbas de Monte Albán se han descubierto ornamentos para los labios, collares, anillos, aretes, vaso de jade, copas de cristal de roca... como ofrendas.

Tanto en la cerámica como en los Códices, los mixtecas usaban la policromía; fabricaron un papel para sus manuscritos aunque también pintaron los signos de su escritura sobre tejidos de algodón o piel de ciervo, representando valiosos testimonios de su civilización, al informar sobre su vida, los acontecimientos y hechos históricos, mitos, religión, sus dioses, con detalles ricamente dibujados, minuciosos y admirables en su colorido donde predominan matices como el amarillo claro, el rojo, el turquesa, verdes, grises y otros, para dejarnos un sistema ideográfico en hermosos códices o manuscritos, ilustrados con figuras humanas y divinidades estilizadas, de la fauna animal, la flora, montes, nubes, objetos...

Son estos códices largas tiras de papel plegadas como un abanico, fáciles de extender, cubiertos de madera protegiendo el precioso contenido, llevando en el frente como decorando, un pequeño disco de jade, que indica el inicio del libro. Muy pocos son los códices que se salvaron de la destrucción ordenada por la conquista, que historiaban linajes, relataban sus dioses, sus conquistas.

El Códice Fejervary-Mayer fue escrito sobre piel de ciervo; en el se muestran las direcciones del Universo según la concepción autóctona del espacio de los mixtecas: situaban en la parte superior el Este o lado de la luz; hacia abajo el Oeste o lado de las mujeres; a la derecha el Norte o lado de los muertos, a la izquierda el Sur o lado de las espinas; en el centro el dios del Fuego.

El códice Groslier pertenece a una colección privada, y fue descubierto en Nueva York por Michael Coe especialista estadounidense en cultura maya.

Cholula fue capital de los mixtecas; cuentan que Quetzalcoatl fue el que dirigió la obra para la construcción de la más alta pirámide-templo de México, además de un juego de pelota y las reglas para su juego, y un sistema de escritura pictográfico. Su lengua era náhuatl.

Numerosos son los dioses mixtecas de los que se conservan nombres: Zacatzontli el dios de los caminos; Hituayuta el dios de la vida; Yozotoyua, divinidad de los comerciantes; Taandoco o dios del Sol; Cohuy, divinidad del maíz, Quay, dios de los cazadores; Tláloc, el señor de las lluvias; Mictlantecuhtli dios de la noche y de la muerte; Xipe-Tótec o Nuestro Señor Desollado y Quetzalcoatl su dios principal.

Los hombres que hemos conocido fueron además, magníficos tejedores de algodón, con el que confeccionaban sus atuendos; dejando también canastos y esteras, redes para pescar de fibras de palma, tallando madera para los arcos de sus flechas a la vez que tambores y embarcaciones las obtenían de troncos de árboles.

Los sistemas del calendario, la numeración vigesimal y la astronomía fueron para los mixtacas muy parecidos a los usados por otras culturas instaladas en el altiplano. Y como otras, esta civilización corresponde a una fase del progreso humano muy significativa para nosotros, destacándose en su momento vital como brillantes artistas.

LOS MAYAS. Una familia de este nombre se estableció 5-4 milenios a.C. en América Central; durante muchos siglos fue desarrollando una de las culturas más importantes del continente. De origen oscuro, se estima que procedían del Norte y que, de los pueblos que invadieron el Sur formaron parte, viajando en las oleadas migratorias humanas que se sucedieron tras la caza, otros climas y tierras mejores. Formaban porte de la familia maya las que se establecieron en Guatemala, Belice, Honduras, parte de El Salvador y en Tabasco, Chiapas y Yucatán, fundando focos culturales muy peculiares que estaban constituídos por grupos con diversos nombres unidos por una lengua común. Algunas investigaciones revelan que 4 500 años a.C. nuevos pobladores se instalaron en estas regiones ésta vez con una cultura más avanzada...

Partiendo de ahí surge un significativo desarrollo, provocado tal vez por la influencia de otros pueblos como los del Golfo de México o los del Valle de Oaxaca, pues muy pronto aparece el maíz cultivado a la vez que fabrican una rústica pero útil cerámica y levantan viviendas techadas de palmas. Estos grupos culturales formados étnica y lingüísticamente por mayas, tuvieron extraordinarias características, quedando su idioma en varios países de Centroamérica confirmando su importancia la validez actual.

El pueblo maya era según informes, gente de baja estatura pero fuertes, de cutis cobrizo o color claro; las mujeres solían vestir el kub; los hombres ex o bragas; ella, generalmente, andaba descalza pero el hombre llevaba sandalias. La mujer tuvo tiempo al concluir sus labores casera, de dedicarse a la alfarería y el tejido. La ceramista usó sus manos para modelar cuencos y vasos pues desconocía el uso del torno, decorando sus obras con dibujos tallados o incisos, en relieve o pinturas. Mientras tanto, el hombre labraba la tierra o ayudaba a construir los templos de la comunidad donde residían.

Fue ésta una civilización creadora de una escritura que algunos reconocen como la primera ideada entre los pueblos nuestros y se la considera ya en la fase inicial de la fonética, al descubrimiento. Tallaron inscripciones sobre los muros de sus construcciones o en los códices, donde aparecen los jeroglíficos coloreados con diversos tintes para significarlos más, conteniendo diversos e interesantes asuntos. Los plegaban en forma de abanicos. Estímase la aparición de esta escritura hacia el 350 a.C.; que para el 300 a.C. comienzan los registros calendáricos y que hacia el 890 de n.Era es que inscriben signos sobre un papel que inventaron, con sus mitos y su religión, sus leyendas e historias, y sobre todo, las observaciones estelares a las que dedicaron en forma absorbente y profunda, sus enormes capacidades de estudio.

Al parecer, entre los mayas, todos los sacerdotes poseían libros antes del arribo hispano, usándolos como guías durante las ceremonias religiosas, posiblemente interpretando los diversos códices ante la multitud congregada en los templos. Los centros urbanos, las ciudades, tenían casas dedicadas a la custodia de los Códices almacenados en ellas. Mediando el siglo XVI, Diego de Landa los mandó a quemar: de está forma, todo libro que el europeo consideró pagano fue incinerado, como los de la plaza de la ciudad de Mani en tierra yucateca. Ese obispo cumplió la orden de destruir todos los manuscritos de estos pueblos, dejando a la posteridad como testimonios, el siguiente relato: 'Usaba también esta gente de ciertos caracteres y letras con los cuales escribían en sus libros sus cosas antiguas y sus ciencias. Hallámosle gran número de libros de éstos sus letras y porque no tenían cosa que no hubiese superstición y falsedades, se los quemamos todos, lo cual sintieron a maravilla, y les dio mucha pena...’

Así el español, con la obsesión del dominio y la avaricia, no pudo o no supo reconocer el valor contenido en aquellas obras que habían escrito sabios hombres de otra raza dedicados a los estudios de los cielos, registrando de esta manera las épocas propicias para las siembras del maíz y de otras plantas.

Culturas de México y América Central dejaron inscripciones jeroglíficas o pictográficas, ideográficas o fonéticas sobre rocas y pieles, sobre textiles o papeles, coloreadas vivamente sobre las dos últimas materias escriptorias, o tallando sobre las piedras o el estucado de los muros. Se tiene por muy antigua la fecha grabada sobre la famosa placa de Leyden, una piedra de jade que corresponde al año 320 d.C., estimándose su procedencia de Tikal. En 1989 se descubrió en una antigua aldea maya, lo que parecían fragmentos de escritos precolombinos archivados, sepultados por una erupción volcánica mil años atrás. Los documentos, pertenecientes a esta cultura, pueden ser los más antiguos hallados hasta ese momento, según los arqueólogos de la Universidad Norteamericana de Colorado.

El especialista soviético Yuri Knovozov es un investigador en busca del desciframiento de la escritura maya contenida en sus libros, trazadas por escribas antes del descubrimiento, con sus historias y sus creaciones, sus dioses y sus ritos, sus descubrimientos y cálculos, sus hombres y sus vidas. Esta civilización poseía una rica literatura oral transmitida de una a otra generación. Algunas de sus obras, muy notables, fueron recogidas por sus descendientes, como rica herencia contenida en obras poéticas, mágicas y religiosas, conociéndose fragmentos de crónicas además de otros escritos. El Popol Vuh y Chilam Balam presentan aspectos religiosos, también profecías y enigmas, quedando otros como Anales de los Cakchiqueles, el Título de los Señores de Totonicapán y Rabinal Achí, una interesante y dramática obra que ha llegado hasta nuestros días causando gran impresión.

Pero Landa, el célebre obispo que ordenó la destrucción de los Códices, también incluyó en su relación de las cosas de Yucatán, un alfabeto basado en las pictografías mayas que estudió Knovozov, al buscar apoyo para sus investigaciones. La dificultad del descifre estriba en lo complicado de los jeroglíficos, porque según se aclara, existen tres clases de signos que son los ideográficos para las raíces de las palabras; los fonéticos que expresan un sonido o una sílaba, y los diacríticos que son los símbolos determinantes en la escritura. Analizando la estructura matemática de las leyes gramaticales de la lengua maya se obtuvo, después de diversos estudios, la lectura de algunos textos dejados por esa antigua y extraordinaria civilización.

Ahora bien, en 1988 Manfred Gockel arqueólogo alemán, dio al mundo la noticia del descifre de la escritura de aquel pueblo, objeto de tantos análisis y estudios debido a la particularidad de su estructura. Hasta el momento en que se redactan estas páginas, no ha sido fácil conocer la confirmación de un total desciframiento de este sistema gráfico que en Palenque está datado con una antigüedad de 1 300 años.

La lengua maya, según los especialistas, es más fácil de dominar que el habla de Castilla, un idioma del Nuevo Mundo que aportó distintas y numerosas voces al castellano, enriqueciéndolo. Hasta hace una veintena de años no era conocido todavía el origen de la familia lingüística maya, dividida en tres troncos o familias: la proto-Guatemala-Yucatán; la proto-Chiapas-Tabasco y la proto-huasteca.

Después de basar sus creencias religiosas en la adoración de la Naturaleza los mayas crearon sus dioses y una religión que fue evolucionando, con divinidades como Itzanmá, Kukulkán, Hunab Ku o dios único, Ixchel, diosa de la Luna, Chac el dios de la lluvia, la Estrella Polar o Xaman Ek y otras divinidades a las que rendían culto. Los centros religiosos ocupaban grandes espacios de terrenos, en los que Ahau-kan era el gran sacerdote que oficiaba en los ritos y ceremonias. Era complicada la religión maya, manteniendo la creencia de que el alma es inmortal y en la existencia del infierno, dirigiendo las oraciones a sus dioses con súplicas y peticiones o para agradecer los favores recibidos o solicitar el perdón por las faltas cometidas, celebrando la fiesta del Fuego con grandes ceremonias.

Desde el nacimiento, la vida de todo maya estaba regida por el sacerdote; de joven, asistía a las ceremonias de iniciación; al arribar a la edad de elegir esposa, esa persona sancionaba el matrimonio: en la sociedad maya también existía el divorcio.

La vida del pueblo estaba dirigida por los dioses a través de los sacerdotes, hasta la muerte. La jerarquía sacerdotal impulsó el desarrollo de la sociedad maya con avances increíbles, y aunque la religión predominó sobre la vida del individuo, hubo una era de ascenso en casi todos los órdenes, apareciendo en uno y otro sitio ciudades, centros urbanos y religiosos que se destacaron en diferentes estudios y observaciones. El dominio y la custodia del calendario y la escritura estaban reservados a los sacerdotes, que observaban eclipses, los movimientos de los planetas, especialmente de Venus así como del Sol y de la Luna, conocimientos que ignoraba el pueblo en su mayoría al ser guardados celosamente entre los escogidos miembros de la élite sacerdotal, que con su sabiduría, los aplicaban a la vida del hombre y la comunidad. Estos estudios condujeron a calcular la aparición, situación y movimientos de las constelaciones y otros cuerpos celestes: conocían las Pléyades, el Zodíaco y determinaban los solsticios, ideando dos calendarios, el del Año Lunar que constaba de 260 días usado en toda Mesoamérica, y el Año Solar de 360, más cinco días suplementarios, considerados días vacíos, sin nombres, durante los cuales el tiempo podía detenerse como creían los astrónomos mayas.

El año constaba de 18 meses con los siguientes nombres cada uno de los mismos: Pop, Uo, Zip, Zotz, Tzce, Xul, Yaxkan, Mol, Chen, Yax, Zac, Coh, Mac, Kankin, Muan, Pax, Kayab, Cumhu, y Uayeb o mes de los días nefastos. En el cómputo del tiempo acumularon un error de 0.08 de día por cada 481 años pasados, que viene a ser 1 día cada 6 mil años. En nuestra astronomía actual el año cuenta con 365.2422 días, siendo en la astronomía maya de 365.2420 días. Podemos decir que ellos computaron el tiempo tan dilatadamente que se han descubierto cálculos que abarcan 90 millones de años, aunque en otro de sus calendarios se remontan estos estudios a 400 000 000 de años...

¿Quién nos dice cuántos siglos de estudio llevaron a cabo esos astrónomos para medir el tiempo y crear un calendario casi exacto al que hoy tenemos en uso...? En resumen, el almanaque maya es superior a los demás conocidos y puede ser comparado con el sistema usado actualmente en cuanto a la computación del tiempo se refiere. Para ellos, la rueda del tiempo era algo cíclico, circular; cada katun –20 años-, erigían estelas grabadas con símbolos astronómicos o calendáricos, donde informaban los acontecimientos producidos en el mundo celeste. Quiriguá fue un centro de intensos estudios logrando importantes avances, sorprendiendo a científicos actuales dado lo increíble de esas observaciones, sin poseer los equipos adecuados que actualmente se encuentran al alcance de todos los hombres de ciencia. Las estelas estaban fechadas: estas lajas de piedra labradas llevaban consignadas las fechas; se estima que la Placa de Leyden es contemporánea de la estela que tiene inscriptos estos números: 8.14.3.1.1 del calendario maya que correspondería al 320 del almanaque cristiano.

Designaban los días con la palabra kin; el mes, uinal; al año, tun; katun equivalía a 20 años; baktun, 400, y tunes a los años. Katun ahu significaba cambio y lucha, como ocurrió en 1696, año en que cesaron de luchar contra los españoles los mayas de Tayasol! El katun se repetía cada 260 años, período en que el dios correspondiente gobernaba a los hombres. Por oculta razón la Estrella Matutina, muestra Venus, poderosamente les llamaba la atención, y han sido hallados estudios muy exactos de sus movimientos alrededor del Sol. Fueron los mayas los que señalaron una fecha a su cronología del tiempo dándole la cifra que corresponde al año 3113 antes de Cristo como comienzo de su Historia.

En tres épocas se han dividido las crónicas de este pueblo: un período indeterminado que toma desde unos 1 000 años antes de Cristo hasta el siglo IV d.C. El Antiguo Imperio, de 300-987, y el Nuevo Imperio que han datado desde el 987 a 1697. El Período Preclásico toma desde el siglo X a.C. hasta el III; el Clásico corresponde a los siglos IV-X d.C., época del desarrollo del calendario y la escritura, y su más espléndida fase comprende los siglos IV-VI. Representan el Período Clásico Copán, Tikal, Palenque, Bonampak, Yaxchilán, Quiriguá. Posteriores serían Sayil, Kabah, Chichén-Itzá, Uxmal, Labná y otras...

Esta alta cultura vivió períodos muy importantes de su desarrollo como civilización creadora: los siglos IV-VI se consideran los cimeros de la estética y la ciencia prehispánica, con estilos vigorosos, precisos, presentes en Los Esclavos, en el Templo de las Inscripciones, en el Sarcófago del Palenque, las estelas de Copán, Tikal y Yaxchilán, en los dinteles y bajorrelieves y en la infinita cantidad y variedad de objetos preciosos aparecidos en tumbas, como los huesos grabados, las joyas de jade, las inscripciones preciosas como arabescos, las figuras de dioses, sacerdotes y escenas de los ritos, los hechos históricos esculpidos en columnas, los sucesos dinásticos de reinos, como en Bonampak, las obras de los mayas. Aún Uxmal conserva en ruinas las construcciones de piedra revestidas de adornos y bajorrelieves. Quince kilómetros separan Uxmal de Kabah, con una carretera que conduce al Palacio de las Máscaras y otros interesantes monumentos como el Palacio del Gobernador y el Cuadrilátero de las Monjas.

Los mayas conocieron y practicaron una buena agricultura, cultivando en sus cálidas tierras diversos frutos para lograr los copiosos dones de la Naturaleza, aún desconociendo el arado y usando para estas labores de campo el xui o madero puntiagudo para remover el suelo y hachas de piedra y obsidiana para la tala de árboles, sembrando el maíz de acuerdo con las indicaciones del calendario, que señalaba los momentos propicios para regar la simiente y la fecha de recolección. Por su significado económico, la base de la organización social era la agrícola. Los mayas poseían experiencia en el aspecto agrícola y es bueno recordar qué frutos cultivaban, siendo el maíz el principal, además de frijoles, calabazas, boniatos o camote; axi o ají; cacao; aguacate; papaya o fruta bombre; vainilla, extraída de una orquídea para aromatizar el cacao; memey o zapote; níspero o chicozapote; algodón como textil, tejido en bastidores verticales que teñían con tintes vegetales, para sus atuendos y las preciosas mantas y otras prendas de vestir. Utilizaron el henequén para tejer cestas, esteras, canastos y otros útiles necesarios en la vida diaria. Este pueblo desarrolló un fructífero comercio intercambiando productos con otros pueblos a veces bastante alejanos, donde exponían manufactura artesanal, joyas, tejidos, excedentes agrícolas, miel de abejas.

Al avanzar, su organización social, política y religiosa fue creada en ciudades urbanas; más tarde, aparecieron las ciudades-estados unidas a veces en confederaciones para su defensa.

Los mayas lograron un gran desarrollo en la arquitectura, la astronomía, los numerales y la escritura; sus meditaciones deben de alcanzar más de un milenio para llegar al grado de sabiduría que requerían para ello. Bastan las extraordinarias construcciones de templos y palacios. Las pirámides erigidas sobre grandes bloques de piedras que tallaron, dedicándose a desarrollar técnicas para estucar, decorar y ornamentar estructuras, creando relieves, pinturas y esculturas además de molduras que daban al edificio el acabado final del estilo maya.

Unos mil años a.C. comienza la construcción de bajas plataformas anunciadoras de los templos, de las que hay muestras en Uaxactún, logrando gran avance como constructores.  Con nuestra riqueza científica y tecnológica, a menos de un año del   2000, durante esta centuria ¿hemos alcanzado los triunfos de aquel pueblo que carecía de todos los elementos que poseemos ahora? Creo firmemente que aún faltan algunas cosas para compararnos con aquella civilización, dueña de un avanzado estado cultural y de una estructura política que, según un autor, estaba muy adelantada para su tiempo, comparada con el resto del mundo...

Diseñaron muy bien sus ciudades, contando con comodidades asombrosas para la época; basamento rectangular para las plantas del edificio, escalinatas muy inclinadas donde la grandiosidad de la estructura sorprende al investigador por las proporciones y dimensiones que indican no sólo el interés de construir sino la inagotable facultad de crear, trabajar, esculpir, decorar y pintar de que estaban dotados sus artistas, que no sólo pirámides-templos, o palacios, sino que dejaron además, graderías, juegos de pelota y plazas, patios columnados como en Palenque, Copán y Tikal, que muestran las obras del Antiguo Imperio, y Uxmal, Labná y Mayapán poseen los restos del Imperio Nuevo. Las pirámides erigidas.

Mucha importancia tenían Copán y Quiriguá, centros intelectuales y de observaciones celestes: Palenque, Piedras Negras, Uaxactún, Chichén-Itzá y tantas otras ciudades fundadas hace ya muchos siglos...

Algunos arqueólogos no aceptaban la denominación de ciudades dado a las grandes urbes que emergían de la pala exploradora: sin embargo, las excavaciones realizadas en Dzibilchaltún confirman que sí eran centros urbanos al confirmar un alto número de viviendas que rodeaban las grandes poblaciones. Más de un centenar de focos culturales eran también núcleos políticos y religiosos como las polis helenas. Los mayas han sido considerados como los griegos de América siendo Palenque uno de los más antiguos centros de esta raza, con un conjunto de estructuras como El Palacio, unión admirable por su disposición, con la torre que lo remata y los subterráneos con que cuenta; una pirámide funeraria, el Templo de las Inscripciones donde las mesas muestran grabados numerosos jeroglíficos que originaron el nombre que lleva, acrecentando su fama el descubrimiento del sarcófago que ostenta en su losa una figura que a más del renombre adquirido, ha despertado el interés de muchos hombres, y es el simbólico tema del Universo, los signos astronómicos y las divinidades, emarcando una silueta humana muy sugestiva, presta a echar a volar todas las imaginaciones...

En el siglo IV en El Petén, aparece una ciudad con grandes plazas rodeadas de monumentales estructuras; Tikal, que hace 2 mil años surgió en las tierras bajas de Guatemala, entre el boscaje húmedo del trópico, tomando forma y desarrollando una cultura que alzó sobre esas regiones la más grande de las ciudades del Hemisferio Occidental. Tikal, la metrópoli, llegó a ser un centro cultural de esta civilización, en su más brillante época de los siglos comprendidos entre el 300-900 d.C.

Luego de descubierta la ciudad de Tikal no sería hasta 1958 que los arqueólogos se impusieron la tarea de investigar e inventariar todo el alcance físico de la urbe, y de entre la enmarañada selva aparecieron los más increíbles edificios, restos visibles de una raza y una era que supo enaltecer una forma de vida diferente a la conocida, plena y de formas exquisitas.

Tikal fue un centro abandonado increíblemente por sus hijos: y la interrogación golpea ¿qué motivo los impulsó a llevar a cabo esa determinación incomprensible para nosotros hoy...? Las dudas continúan flotando entre los gloriosos restos de Tikal y, aunque las hermosas estructuras continuaban en pie, fachadas, cornisas, hasta los cimientos de piedra habían sido invadidos por la viva, densa y poderosa red vegetal de árboles, zarzas y plantas trepadoras. Algunos trataron de explorar la ciudad desconocida y el siglo pasado vio hombres que buscaban la gloria del renacimiento de la antigua metrópoli. Hacia 1957 el museo de la Universidad de Pensilvania y el Gobierno de Guatemala, iniciaron un programa de restauración de la ciudad, que además de ser parque nacional sirviese como centro de estudios sobre la América precolombina. Los científicos, con sabiduría y paciencia, fueron capaces de penetrar hasta el corazón de Tikal y comenzar la obra que pondría ante la mirada asombrada de este siglo, toda la imponente belleza contenida en la maravillosa población del pasado, mientras millones de insectos, escorpiones, serpientes y otras alimañas los rodeaban, logrando con el transcurso de las semanas el triunfo que esperaban: sacar a la luz sin estorbos vegetales toda la magnífica belleza y riqueza cultural de esta urbe maya que formó su civilización en Guatemala: Tikal, el centro milenario.

La pavimentada Plaza Mayor apareció con el Templo del Jaguar Gigante, el Templo de las Máscaras, los santuarios menores, un campo de pelota, estelas esculpidas, monumentales estructuras de piedra caliza revestidas de estuco, donde empinadas escalinatas conducían a cámaras sagradas de techados vivamente coloreados, donde el copal, su incienso conocido, dejaba escapar al arder, durante las ceremonias, su peculiar aroma.

No fue Tikal ciudad para los reyes y los gobernantes; hoy se conoce que la dedicaron a centro religioso de la teocracia maya. Su pueblo, alejado del corazón de la metrópoli, vivía rodeado de maizales, en viviendas de madera con hojas de palmera como cubierta .

Por las anchas, blancas y lisas calles desfilaban las procesiones con la pomposidad marcada de sus ritos, mientras en los templos se llevaban a cabo todos los preparativos para el culto, donde el sumo sacerdote, pintado de rojo, llevaba un peto y un tocado de plumas de quetzal mientras se prepara para formular una señal con el cetro que lleva entre sus manos.

En Tikal se encuentran cámaras abovedadas apoyadas en vigas de la dura madera del zapote. Allí, a pesar de lo difícil de las excavaciones, se usaron equipos y herramientas capaces de limpiar el terreno sin dañar en lo absoluto las grandiosas estructuras de templos y edificios. Los descubrimientos permitieron conocer que la ciudad contaba con estanques para recoger el agua de la lluvia, ya que ni los arroyos ni los manantiales podían ofrecer ese precioso líquido a los que moraban en el centro aquel, también se ha comprobado que conocían el uso de ventanas y tragaluces para la ventilación de los edificios, como está demostrado en muchas construcciones.

Al parecer, cada templo estuvo dedicado a la determinado dios, y se considera que a la vez que santuarios servían de criptas funerarias: una de las estelas descubierta presenta parte de lo esculpido sobre ella, o sea, los pies, las sandalias, las plumas del tocado del dios y algunos jeroglíficos formados por cabezas humanas, de jaguares o pecaríes. Este monumento fue descubierto bajo un altar situado en la cima de una pequeña pirámide; se calcula que los signos de la escritura maya significaban el pronóstico de las dichas y desventuras de la generación siguiente, porque cada 20 años erigían una columna donde esculpían lo acontecido y lo que sobrevendría a la generación futura.

Los mayas fueron adoradores del tiempo: para ellos cada día era un dios vivo que llevaba una carga sobre sus espaldas y la pasaba al siguiente dios. El orden de los divinos portadores determinaba los buenos y malos acontecimientos que se producirían, y éstos se vinculaban con las posiciones del Sol, la Luna y los planetas. Como la secuencia de los dioses del calendario se repetía cíclicamente, los mayas creían que la historia se repetía también. Con cálculos sobre el calendario predecían el futuro, pues los sacerdotes eran excelentes astrónomos así como matemáticos, perfeccionando, acaso en Tikal, el primer almanaque de este continente, creando una tabla para predecir con precisión los eclipses solares además de crear el concepto matemático del cero. En Tikal entre los miles de fragmentos y de objetos los arqueólogos encontraron respuestas para muchas inquietantes interrogaciones. El rescate y la clasificación de los artefactos estuvieron a cargo de verdaderos expertos en la materia. Mientras continuaban las excavaciones, apareció una suntuosa tumba, perteneciente a un sumo sacerdote o a un alto personaje que falleció en la cuarta centuria d.C., sepultado sobre una litera de madera, con una tiara funeraria que constaba de 3 mil piezas de jade, madreperla y cuarzo incrustadas; cerca, los restos de siete jovencitos sacrificados para acompañar al cadáver hasta el reino del silencio. Como alimentos se encontraron aves, tortugas y cocodrilos, urnas conteniendo semillas de calabaza y lo que fuera hace muchos siglos una mezcla de miel y maíz transformados en un amarillento polvo; también se encontró en esta tumba el ‘Viejo Dios’ barbudo y desdentado, sentado sobre un trípode, su forma de incensario fragmentado en muchas partes fue restaurada: por la boca del dios brotaba el humo al encender aquel objeto.

Tikal contaba con cinco pirámides-templos alrededor de la gran Plaza Central, y templos menores donde patios y plazas aumentaban la belleza del conjunto. Sabiamente, el arquitecto maya supo construir sobre terrazas superpuestas los santuarios de poca altura tan profusa y ricamente decorados en sus exteriores, considerados como los precursores del barroco! Además de los notables templos, las talladas estelas serían sorprendentes hallazgos para el explorador siempre en busca de nuevas y hermosas evidencias, donde inscribían los acontecimientos conmemorativos más importantes y dioses, hombres y glifos de su interesante escritura nos ofrecen sus relieves. Las estelas señalaban el paso de uno a otro período de tiempo, recordando eclipses y conjunciones de Lejún Chaan y otros fenómenos celestes, inscripciones que después de descifradas han permitido conocer un ciclo que alcanza 600 años de cultura maya, cuando sus hombres perfeccionaron algunas de las creaciones olmecas como la escritura, la astronomía y las matemáticas, demostrando la utilidad del cero y el valor que adquirían las cifras por su colocación: los mayas añadieron el cero a los numerales, mil años antes que los indostanos, facilitando así con el nuevo signo, las operaciones matemáticas de su numeración vigesimal.

Copán fue otro centro de difusión cultural maya, ciudad que aparece en el extremo Occidental de Honduras, siendo la cuna de otro de los importantes focos de esta familia, que cuenta entre sus restos arqueológicos con imágenes de dioses, pirámides, templos, todo obra de un pueblo al que se le consideran dos épocas distintas con una duración de unos 1 400 años. Su cultura era diferente a las conocidas; dedicados a las artes, la estética fue su objetivo. Contando con la unidad de su lengua, costumbres, ideas y religión, los mayas alcanzaron una etapa superior con una cultura creadora, con un arte único presente en los focos donde se desarrolló, difundiéndolo desde el Norte de Centroamérica, el Sur de México y la Península de Yucatán...

En el Antiguo Imperio Copán era centro de labor científica pese a todas las dudas que entrañan estas palabras. Allí, en el altar Q aparecen representados 16 astrónomos mayas en un congreso celebrado, cada uno de los personajes está sentado sobre un glifo y grabada sobre el altar hay una fecha que volcándola sobre nuestro calendario nos remite al año 776 d.C. Casi se tiene la certeza de que Copán era un gran centro religioso y su importancia radica en la antigüedad de las fechas que aparecen, correspondientes a los años 616 y 782 d.C., manifestándose aquí la extraordinaria pasión de los sacedortes mayas por medir o calcular el tiempo, usando los apasionantes numerales que dominaban hábilmente. La última inscripción corresponde al año 800 tallada en una estela de Copán... ¿Por qué el tiempo los obsesionó de esa manera...?

Estímase que el nombre de esta ciudad correspondía a uno de sus hijos, el destacado Jefe Copán Calel, capital que él defendió en 1530 del asedio español. Las impresionantes ruinas de Copán consisten en un grupo de estructuras interesantes, como plazas, corredores, la necrópolis, canchas de juego, una tribuna para revistas, altares esculpidos, estatuas.

‘... En ese lugar los mayas trabajaron, jugaron y crearon una civilización que nació tan misteriosamente como desapareció: en el valle hay vestigios de pueblos más remotos aún en el tiempo. Los mayas fueron sin dudas un pueblo de escultores que trabajaba con primor el jade y el basalto; que evitó en sus obras los temas de la guerra y la violencia, y que concentró en la figura humana y en las de animales y pájaros sus intereses, y que grabó su historia en símbolos tallados que aparecen en templos y en estelas. Los mayas gustaban de perfumes, y sus atavíos eran admirables por los lujosos tocados de oro y jade que realzaban con plumas de quetzal o guacamayo. Adoraban sus dioses en fastuosas ceremonias, como a Kukulkán, el Quetzalcoatl’.

‘Fueron hábiles matemáticos que desarrollaron el concepto del cero; espléndidos atletas que inventaron la bola de caucho y un juego que fue precursor del moderno basketboll. Pero lo que más importaba es que en Copán cultivaron el maíz, y fueron brillantes astrónomos, dos ocupaciones relacionadas entre sí’.

‘Como su economía se basaba en el maíz que dependía necesariamente de las condiciones del tiempo y del cambio de estaciones, los sacerdotes formularon en sus observaciones astronómicas un almanaque más exacto que el usado en Europa en tiempos de Colón. Por desgracia los mayas, aparentemente, ignoraban todo lo que se relacionaba con la conservación de los suelos, y ésta pudo haber sido la razón principal de que con el tiempo se hubiesen visto obligados a abandonar Copán y trasladarse a otro lugar...’ ‘W. B. A.’, Rev. Américas/195?/

En 1576 se comunicó al rey Felipe II de España el descubrimiento de la ciudad de Copán; no obstante, hasta 1834 no comienzan las investigaciones del sitio; las efectuadas más tarde consideraron a Copán como zona de gran importancia, y esto luego dio oportunidad a que el Museo Peabody, dedicado a la Arqueología y Etnología Americanas de la Universidad de Harvard, iniciase una serie de expediciones para valorar los restos descubiertos. Posteriormente Sylvanus G. Morley, el más destacado especialista en cultura maya, dedicará gran parte de su vida al estudio de este pueblo, o mejor, de todos los focos culturales que fundaron los mayas, además de la Institución Carnegie de Washington y el Gobierno de Honduras, organizando trabajos, estudios y proporcionando fondos para la restauración de Copán, comenzados en 1936 y que culminaron en 1950.

Por los alrededores de la antigua ciudad existen pobladores descendientes de los lejanos constructores mayas, de aquellos que erigieron una de las capitales del Antiguo Imperio de esta tan interesante cultura nuestra. Y si Tikal dejó pirámides y templos, dinteles esculpidos de madera, Copán a su vez difundió su cultura, y Honduras se enorgullece de haberlos acogido en su amoroso seno donde avanzaron notablemente un día...

Si Palenque es una de las más célebres muestras del Imperio Antiguo, Bonampak, el muro pintado en lengua maya, cuenta con el Templo de las Pinturas, pirámide con el exterior ricamente cubierto de altos relieves donde aparecen personajes, y dentro, los valiosos frescos, que cubren una serie de salas, apreciándose en sus muros una de las más ricas obras documentales del pasado de esta raza. Descubiertos en 1946 estos frescos, de estilo realista, fueron realizados con un brillante colorido. Piedras Negras, en el Valle del Usumacinta ofrece sus esculturas; Uaxactún también de aquel período, tiene una estela con la más remota fecha de esta ciudad: 327 d.C.

Las ciudades yucatecas rivalizan entre sí con sus monumentos, como Chichén-Itzá que recuerda que los itzás se consideraban como una rama de los toltecas. El nombre de este centro cultural sugiere que fue ocupada por éstos en algún momento, y que dejaron su señal tanto en las construcciones como en las ideas religiosas y el estilo cultural y artístico. Otros autores informan que los itzás pertenecían a la familia maya, y suponen que fundaron la célebre urbe donde quedaron notables obras mayas-toltecas como el Castillo, el Templo de los Guerreros, el Caracol y otros.

En Uxmal pueden verse la Casa del Adivino y la del Gobernador, quedando en Labná, Mayapán, Cobá, Yaxchilán, Kahah hermosas obras y valiosos centros de la eterna cultura maya que nos precedió!

Distintas civilizaciones han conocido diferentes sistemas numéricos desde unos cinco mil años a.Cristo, cuando los hombres comenzaron a crear ciertos signos con sus correspondientes valores para comerciar. De esta manera los egipcios dibujaron rayas verticales hasta el número 9, añadiendo otros para lograr valores de 10, 100 y  1 000. En Mesopotamia se escogió la cuña o sistema cuneiforme para trazar los numerales: sus posiciones verticales repetían los valores que comenzaban del uno (1) hasta el 9, variando su disposición para señalar el 10, el 60 y el 600. Los hombres del Medio Oriente según se refiere, usaron piedrecillas dentro de pequeñas canales para contar su mercancía, por lo que se ha dicho que el ábaco nació en Babilonia, atribuído casi siempre a los chinos que también, trazaron sus cifras con pinceles, delicadas figuras que sugieren las de su escritura hermosa.

Los mayas, por el contrario constituyeron sus números puntos, rayas y un trazo ovalado, logrando operaciones aritméticas hasta más allá de lo que podemos concebir, siendo éste uno de los más notables entre los sistemas de guarismos practicado por un pueblo que vivía alejado de todo contacto con otras civilizaciones, pero escribiendo cualquier cifra usando esos tres signos entre los que aparece el cero. Su sistema numérico era vigesimal: éste fue uno de los métodos más sencillos usando puntos para los primeros cuatro numerales, el número 5 consistía en dos barras horizontales con un punto encima. Por su parte los romanos idearon otros sistema que todavía podemos observar en las esferas de algunos relojes, y los hindúes inventaron símbolos diferentes, que los árabes se encargaron de introducir en Europa, desde se difundieron por todo el mundo.

La arquitectura maya fue una de las más elevadas creaciones de su cultura, con templos y adoratorios, palacios y pirámides, juegos de pelota y hermosas plazas, esculturas y frescos y murales magníficos como en Bonampak, documentos de incalculable valor, que reflejan aspectos importantes de la vida de nobles damas y príncipes de aquel mundo, donde aparecen en las ceremonias guerreros coronados de plumas y vestidos con pieles de jaguar, los músicos y sus instrumentos y las damas a su compás, retrato precolombino de una civilización ya desaparecida conservado por el tiempo inexplicablemente... Sobre su inicial arquitectura no existen elementos suficientes; su estilo es propio y se fundamenta en la pirámide con un templo en lo alto adornado de cresterías. La pirámide no alcanza proporciones muy grandes, las escalinatas son esculpidas ricamente; en los templos se han creado salones dedicados al culto religioso y aposentos para los sacerdotes. Suele encontrarse la bóveda falsa semejante a la de Micenas. Se ha estudiado la arquitectura maya por lo interesante que resulta, estimándose que fue concebida con un sabio espíritu matemático. Estas y otras consideraciones han motivado que algunos especialistas crearan tres órdenes dadas las características de algunas estructuras, con los interesantes ejemplos de las construcciones de Uxmal, Mayapán y Labmá. Pera determinar estos órdenes son necesarios cálculos y mediciones no tan fáciles de efectuar como cuando de los órdenes griego se trata. Los arquitectos mayas llevaron a cabo todos sus proyectos utilizando instrumentos aparentemente primitivos, ya que no poseían herramientas de metal ni era por ellos conocida la utilidad de la rueda, usando mezclas de cal y de arena para las construcciones de los edificios, además de diferentes tipos y dimensiones de piedras. Sus ingenieron canalizaron las aguas y construyeron cisternas para almacenar las aguas, drenando hábilmente los residuos desechados de los edificios y viviendas mediante diversas conducciones de los mismos.

De los Juegos de Pelota conocidos hoy, existe uno con dimensiones tales que puede albergar 50 000 espectadores, midiendo una longitud de 150 por 35 metros, y se encuentra en Chichén-Itzá. Este juego guarda parecido con el basketboll: le llamaban tachtli; según se opina este ‘deporte’ era de carácter religioso, utilizando la rodilla y la cadera como impulsores de la pelota o esfera de caucho que debían pasar por entre unos ‘aros’ situados en lo alto de la edificación.

La época de máximo esplendor del arte decorativo maya fue hacia la octava centuria d.C., además de la escultura.

¿Dónde surgió la civilización maya: en Tikal, Copán, Bonampak, Yucatán...? Esta gran familia desarrolló importantes centros culturales, políticos y religiosos en Guatemala, Honduras, Belice, parte de El Salvador, Quintana Roo, Campeche, Tabasco y otros sitios donde alcanzó la impetuosa corriente humana que descendía buscando instalarse en estas regiones, para fundar esta peculiar civilización. Hay citas que sitúan 3 00 años a.C. la ocupación maya de los territorios señalados, que siglos después las ciudades serían abandonadas para dirigirse hacia otros lugares donde fundaron centros y metrópolis culturales. Unas centurias después éstas serían abandonadas, dejando atrás las nuevas ciudades arribando a Campeche donde fundan Chacamputum, destruyendo un incendio la nueva población, retornando a Chichén-Itzá y fundando Uxmal y Mayapám. Dos siglos duró la Edad de Oro de los fundadores de la Liga de Mayapám, Uxmal y Chichén-Itzá. Mientras, muchos pueblos van decayendo y se abandonan las ciudades o son destruídos algunos centros urbanos. Nuevas gentes dedicadas a la caza bajan del Norte, ocupando la altiplanicie mexicana: los chichimecas, raza guerrera, que muy pronto imponen sus costumbres a las de los pueblos vencidos. Es hacia el siglo II que comenzará la conquista del territorio maya donde aparecería con el correr del tiempo la cultura maya-tolteca, dominada por una casta militar: los toltecas, que invaden Yucatán y el Norte de Guatemala, originando nuevos estilos artísticos y costumbres al mezclarse con la tradicional civilización maya.

La región donde el crepúsculo maya ocurre recibe poca lluvia anualmente, carece de ríos y sus tierras no son tan fértiles como las de otras zonas donde instalaron muchas de sus ciudades. Ahora no son los sacerdotes los que ostentan el cetro: una jerarquía guerrera se adueña del mando e introduce cambios en el gobierno, la religión y sus ritos, las artes y la arquitectura, como en Chichén-Itzá, Uxmal y Mayapán, centros culturales importantísimos, que entonces presenta un renacimiento y aparecen los motivos mayas, donde lo tolteca imprime su estilo, a pesar de conservar las características de la extraordinaria civilización anterior, surge un toque diferente aunque conserve las formas eminentemente mayas.

Las tendencias toltecas se inclinan hacia los atlantes, los techos planos, las bases circulares de los edificios. Lo geométrico forma parte del adorno; aparece Chac el dios de la lluvia presidiendo estructuras monumentales. Los observatorios y los fenómenos celestes llenan las horas de los sacerdotes: todo está dirigido por los astros y hasta los palacios y las pirámides-templos se orientan según lo ordenan las constelaciones.

Chichén-Itzá contaba como centro religioso, con el Gran Caracol además del Observatorio astronómico de 22,5 m de alto y una terraza rectangular con una altura 9,5 m, una cámara de observación y otros puntos en las paredes en forma de ventanas. El Templo de Kukulkán además de otros santuarios tan importantes como el de los Guerreros, se orientaron hacia el Sol, así como distintas construcciones erigidas hacia esa época.

Hacia el siglo X se funda Mayapán, dirigida por hombres belicosos no acordes con la pacífica condición del pueblo maya. La influencia tolteca se adivierte como lo revelan los descubrimientos arqueológicos; se perciben en el desarrollo de Chichén-Itzá, formas y estilos de la Tula original, tanto en construcciones civiles como religiosas. Como una transmutación del arte clásico que había conocido, aparecen los elementos toltecas con la Serpiente Emplumada, el Jaguar, Tláloc como dios de la lluvia, guerreros, atlantes, portaestandartes, Chac-Mool, contemplándose en los restos de la ciudad la magnificencia de la época, la más brillante de la unión maya-tolteca, sorprendente para los amantes de la arqueología cuando la descubrieron en 1841.

Las columnas decoradas con el tema de Quetzalcoatl corresponden a este período que alcanza el siglo XV; aparece en la arquitectura la Serpiente Emplumada; se construye la Casa de las Monjas, y estructuras similares al Templo que en Tula erigió el tolteca a Quetzalcoatl, como las decoraciones del Templo de los Guerreros. También se levanta una pirámide de cinco plantas, baja y ancha, mientras el Templo de Chac-Mool es de menores dimensiones, con columnas esculpidas y pintadas en tonos vivos. La Sala de las Columnas es eminentemente tolteca, mientras los frisos del exterior dieron nombre al Templo de los Jaguares, con una celda dentro con pinturas al fresco que representan las batallas que dieron el triunfo al tolteca contra los mayas.

Es este el santuario que posee el arquitrabe de madera en el que aparece en grandes dimensiones el disco Solar, dentro del cual hay una figura humana luchando contra un guerrero entre los anillos de la Serpiente Emplumada. Los Templos de la gran Plaza están encerrados por el Patio de las Mil Columnas, fabuloso conjunto que se yergue en el centro religioso. El Templo de Venus también lo encontramos aquí, en Chichén-Itzá, con una base cuadrada de 25 m de lado, en las paredes, bajorrelieves del planeta Venus, mientras el santuario está dedicado a Kukulkán, su divinidad, al que creían encarnación de Noh Ek, la Gran Estrella a la que denominaban también Estrella Avispa o Xic Ek.

Ciudades sagradas surgen en el apogeo de los mayas, con templos y edificios colmados de altares, relieves y pinturas. Fue entonces que modelaban figurillas como las de Jaina, muy hermosas. La escultura aparece en la etapa más brillante de este pueblo, y pueden admirarse obras en madera, barro y piedra arenisca con reproducciones humanas y de la fauna animal de formas realistas, esculpiendo en madera figuras muy bien logradas que luego encontraríamos en los relieves de los dinteles, en pilares, frisos, estelas de piedra, trabajados profusamente y ofreciendo las magníficas obras de este arte amerindio.

El Cenote Sagrado no estaba distante de Chichén-Itzá, desde allí se trazaron calzadas, sacbé, caminos blancos, que llegaban hasta los cercanos templos. El Pozo de los Sacrificios o Cenote Sagrado es un gran pozo natural de la región Norte de la ciudad citada, y fue explorado entre los años 1904 y 1907 por Edward H. Thompson, cónsul de EE UU A en México en esos años, en una investigación subacuática proyectada para tratar de extraer cuerpos y objetos preciosos echados como ofrendas a los dioses adorados por los mayas.

¿Dónde están y qué son los Cenotes Sagrados? Pues bien, en la península de Yucatán se encuentran varios cenotes, algunos considerados sagrados y los más son reservas de agua para suplir las necesidades de las poblaciones, dado que esta parte del país carece de ríos o lagos, y es muy pobre la lluvia que recibe cada año. En los primeros Pozos o Cenotes, el de Chichén-Itzá fue dedicado a los sacrificios o Chac el dios de la lluvia, dejando caer en sus aguas ofrendas humanas de varias edades y diversos objetos de culto.

La boca o borde del Cenote Sagrado alcanza un diámetro de 60 m; un difícil descenso ofrecen sus inclinadas paredes interiores, contando con 27 metros desde el borde del pozo hasta el nivel del agua, y de ese nivel unos 16-18 m de turbias aguas, que por debajo contiene unos 10 m de cieno que llega hasta las profundidades del pozo. Thompson, provisto del equipo indispensable se sumergió, extrayendo diferentes piezas, algunas de origen azteca que demuestran lo extenso de las actividades comerciales de los mayas. Innumerables figuritas esculpidas en jade o piedra de temas religiosos, dioses de oro o cobre, huesos humanos, puntas de flechas, restos de tejidos, pendientes simulando campanillas o pequeños monitos de oro o tumbaga, o repujados en oro.

Durante los años 1954, 1960, 1961 y 1967 continuaron las investigaciones del Cenote Sagrado de Chichén-Itzá iniciadas cerca de medio siglo antes por Thompson. Una serie de dificultades obligaron a suspender los buceos, reanudados entre 1960-1961 y dirigidos por el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México y la National Geographic Society de E.U. A. como colaboradores, exploración reiniciada en 1967 con la extracción y clarificación del agua contaminada, por medio de productos químicos y la filtración, tratando de eliminar impurezas y aclarar el agua para que finalmente el Cenote Sagrado entregase parte de su contenido: esta vez hubo taburetes tallados magnificamente, baldes de madera, cántaros y vasos de formas, dimensiones y épocas distintas, tejidos, objetos de oro, campanillas, figuras de jade, de cristal de roca, copal, caucho, coral, hueso, madreperla, cuerno, ámbar, cobre, cuarzo, pirita, ónix, huesos humanos y de animales, piedras de afilar, jaguares y serpientes tallados en piedra. Al ser estudiados los restos humanos éstos revelaron el hecho de que se sacrificaban más infantes que personas adultas!

De otros Cenotes Sagrados como el de Azibilchaltún y Zlaclala (1956-1965) se extrajeron interesantes ofrendas de una profundidad de 35 m, numerosas piezas de cerámica y grandes cantidades de pequeños objetos exquisitamente labrados.

A un centenar de kilómetros de Ciudad México, cerca de Tolula o Toluca, en la cumbre del volcán Xenandácatl se encuentran el Lago de la Luna y el Mayor Lago del Sol, a una altitud de 4 215 m sobre el nivel del mar éste último; en los buceos efectuados se extrajeron, entre 1971 y 1972, numerosas piezas de copal, algunas representando pequeños volcanes, manteniéndose hacia esos años la creencia de que en las profundidades del Lago Mayor se encuentra escondido un valioso tesoro de la cultura azteca.

En 1994 desde Los Angeles, California, se difundió la noticia de que la ciudad maya de Xunantunich, Belice, sobrevivió y prosperó más de 200 años al colapso del Imperio, revelado por las investigaciones arqueológicas realizadas en ese país centroamericano a lo largo de 1993, por investigaciones de la Universidad de California. Richard Leventhal, director del Instituto de Arqueología de dicha Institución, menciona entre las evidencias, las que confirman la larga estabilidad y prosperidad de la ciudad el hallazgo de un espectacular friso de 30 pies de largo por 9 de alto, que aparece al lado de una pirámide de 130 pies, además de varios utensilios y objetos de cerámica: ‘Basados en su diseño, forma y composición y comparándolos con objetos de otros sitios es posible ubicar la fabricación de estos materiales entre el año 900 y 1000 a.Cristo’, explicó Leventhal y agregó que ...es necesario dejar de pensar en el colapso del Imperio Maya como algo absoluto que sucedió entre el año 800 y 900 a.C.

¿Cuál es el origen de los mayas...? ¿De dónde procedían los hombres que hicieron posible una cultura con un espíritu diferente al de los demás pueblos del continente? Tal vez, mientras se escriben estas palabras algún científico dedicado a los estudios mayas responda las inquietas preguntas acerca de quiénes eran, de dónde venían, cuál fue la misión encomendada a esta enigmática civilización! Ellos no conocieron la bestia de carga ni los carros rodantes, y al parecer, los metales carecían de importancia para su desarrollo. Aunque aparentemente alejados de toda otra cultura, sin probados contactos con pueblos lejanos más allá de los mares, nombraron sus dioses, erigieron santuarios y estelas creando una cerámica de gran imaginación, siendo muy llamativas sus vajillas con frescos temas en vasos y escudillas, algunas con tapas y pequeños soportes en la base a modo de pie, con decoraciones diversas incisas o en relieve, aplicadas y con bellas terminaciones que recuerdan un poco el barroco posterior.

Se ven cuencos policromados en rojo, amarillo, siena, ocre, negro, blanco y es poco frecuente el azul o el verde. Vasos y cantimploras, figurillas humanas, zoomorfas o de reptiles, todas formas admirables por la preciosa paciencia del artesano que recreó en arcilla lo que circundaba su medio...

También se ven los signos numéricos, los glifos y tablas astronómicas que señalaban los aconteceres de su mundo anímico, de estirpes y reinos, mostrándoles las estrellas sus misterios, llevando a los códices y templos parte de la historia que estaban haciendo y la que ya habían hecho, dejando los numerales en racional posición y añadiendo un pequeño símbolo que tomó el lugar del elemento tan necesitado por la Humanidad cuando se trataba de operaciones matemáticas, que hemos designado con el nombre de cero.

Consideramos a la maya como una superior civilización de este continente, con formas culturales, políticas y religiosas y hasta científicas tomadas entre el verdor de las intrincadas selvas –si selvas podían rodear sus ciudades- que inspiraron sus altos ideales. Uxmal, la ciudad donde han quedado importantes muestras del antiguo esplendor, como es el Palacio del Gobernador y la Pirámide del Adivino, obras de antepasados de una emperatriz conocida, Eduarda Xiu.

¿Quién era esa soberana...?: en la década de los 50 ya contaba con 80 años y reclamaba ...una rara distinción: la de ser la emperatriz de un pueblo maya... Los relatos de Eduarda revelan que los antepasados Xiu de su esposo, reinaron durante cientos de años en Uxmal, una de las poderosas y más adelantadas ciudades fundadas por su pueblo en la península de Yucatán. Los Xiu encabezaron un éxodo en 1441, sublevados contra el reino que los oprimía, abandonando palacios y pirámides para fundar en otra parte una nueva población, Mani, que significa He terminado. En la nueva capital Eduarda y Nemesio se casaron: descendiente él de reyes, era un monarca sin reino. Los años transcurrieron, la esposa del heredero del antiguo linaje vivía en una humilde choza en Ticul, pueblito cercano al reino de los Xiu: Uxmal. Un día, Edurda llevó a su hijo Antonio a visitar el sitio donde residieron sus antepasados decenas y decenas de años...

Altiva y señorial, la emperatria Eduarda concedía sus audiencias frente a su casita, sentada en su trono de madera. En ese escenario de sus últimos años era la lavandera de su propia ropa, usando para ello una piedra ahuecada en el centro, donde golpeaba sus vestidos hasta dejarlos limpios.

¿Su lecho...? Una hamaca colgada en sus habitaciones reales, conservando el árbol genealógico de la familia Xiu que se remonta a 2 000 años de antigüedad. Una cruz pendía sobre un altar en un rincón de su alcoba, donde invocaba tal vez a nuestro Dios o quizás a sus divinidades ancestrales inconscientemente... Y cuando ella interpolaba a sus súbditos reunidos era cuando sus visitantes podían dirigirle la palabra, un momento importante para ellos...


 

El rostro de Eduarda conservaba los clásicos rasgos mayas tal como aparece en la fotografía, surcado de arrugas pero iluminado con la leve sonrisa de una reina sin solio!

Mayas-quichés: Hemos conocido que los mayas ocuparon ciertos estados de Yucatán. Campeche y Chiapas, y quichés y cakchiqueles extendieron sus dominios hacia el Sur de Guatemala alcanzando un alto grado su cultura. Entre ellos hubo una legendaria Confederación formada por Nachán Colhuacán, ciudad de la Serpiente o Xibalba que, según la tradición fundó un mitológico semidiós nombrado Votan, durante sus peregrinaciones. A través del Popol Vuh, en los Anales de los Cakchiqueles y Libros de Chilam Balam, puede conocerse gran parte de los mitos y tradiciones de este grupo de la familia maya.

En el Popol Vuh así como en el Chilam Balan, la rana aparece como mensajera de los dioses; en la península de Yucatán celebraban ceremonias mágicas agrícolas hasta hace unas cuatro décadas, donde hombres imitando batracios gritaban ‘Ch’ Achac’, voz maya que quiere decir ‘crear o tomar lluvia...’

Robert L. Brunhouse, autor de En Busca de los Mayas, presenta en su obra los nombres de los que de una u otra forma buscaban descubrir el enigma de esta cultura, respondiendo algunas interrogantes acerca de la misma; así hemos podido conocer que los mexicanos-toltecas procedentes de la Altiplanicie Central, conquistaron y sojuzgaron ciudades yucatecas e introdujeron cambios entre los habitantes de la civilización maya.

Los itzás, últimos invasores trascendentes que penetraron en Yucatán, son considerados de origen dudoso, aunque existen autores que los emparentan con la familia maya, mientras éstos los consideraron siempre extraños a ellos. A raíz de la decadencia tolteca, los itzás, que se habían nutrido de su cultura, ocasionaron aún más cambios entre los mayas, apareciendo entonces el culto al Cenote Sagrado*, con los sacrificios humanos conocidos ya. Por lo tanto, los itzás fundan Mayapán como su capital, donde imperaron en el Norte de la península desde el siglo XIII hasta el XV, y es entonces cuando algunos grupos mayas se rebelan y hacen huir a los itzás que se refugiaron en una isla que se encuentra en el lago Petén Itzá, Norte de Guatemala. Desde entonces, las poblaciones y ciudades se transformaron en pequeños Estados, encontrándolos así el descubridor.

En diciembre de 1994 se anunció el hallazgo de una tumba maya en Calakmul, aparentemente de un gobernante, por el embalsamiento de los restos, a los que se atribuyen 1 200 años de antigüedad.

Ciertos estudios realizados por paleoclimatólogos de EE UU revelan que analizando los sedimentos del fondo del Lago Chinchancanob, centro de la Península de Yucatán, han revelado que las altas proporciones de oxígeno 18 y sulfato de calcio hacen suponer que esa región se vio asolada por una devastadora sequía, provocando la carencia de las cosechas esperadas, hambre, enfermedades y el abandono de las ciudades más importantes de la región, esta información dada en septiembre/97 nos inclina a seguir las conclusiones de muchos historiadores de la civilización maya que señalaban la continuada falta de lluvia hacia los siglos 800-900 d.C. como el motivo central que condujo a un éxodo inmotivado a esos pueblos, según muchos mayistas. ¿Sería ese caso como el de Point-of-Pines, ciudad fundada por los anasazis, que de la noche a la mañana en época no fácil de precisar, huyeron de sus casas todos los habitantes, abandonando sus pertenencias sin dejar señal alguna hacía dónde se dirigían? ¿Será otra terrible sequía como la de tierras de Arizona el motivo fundamental de su partida...?

LOS MAYAS EN GUATEMALA. El hombre existe en Guatemala desde 2 000 años a.Cristo. En estas tierras y sobre regiones mexicanas crecía el teocintle, una planta silvestre; mil años a.C. comunidades mayas ya cultivaban el maíz, cereal muy importante para su alimentación, propagándose entre las numerosas poblaciones mesoamericanas. Al asentarse como agricultor el hombre maya fue prosperando por los vericuetes de su Historia, fundando poblaciones que luego se tornarían en centros urbanos, logrando lo que hemos denominado como Imperio Maya, una brillante civilización continental. México, Guatemala, Honduras y otros países de América Central conocieron esta cultura quedando algunas obras para gloria y prestigio de los pueblos de hoy, dignos de tan meritísimo ancestro. Toda Guatemala o el país de los Mayas, conoció y practicó su religión, viviendo en sus maravillosas ciudades conociendo de su saber estelar y agrícola, de su dedicación a las artes y a una ciencia inicial, de su amor por la música y la danza, estas dos últimas expresiones integradas a las ceremonias religiosas y civiles. Fue un pueblo que dejó su impronta en los motivos pictóricos de vasos, muros y escritura...

Los diferentes pueblos que habitaban Guatemala, aparte del idioma, tenían rasgos comunes con los mayas, como es el caso de los quichés, que dejaron algunas construcciones en Santa Cruz de Quiché; los Cakchiqueles de Chimaltenango, y el Señorío de Tzutuhil en el Lago Atlitán.

Varios grupos nativos poblaban el territorio desde mucho antes de la llegada del español, siendo el maya el más importante de todos al lograr un alto nivel de desarrollo.

Debemos conocer que los mayas no constituyeron nunca un imerio: su unidad estaba basada desde el principio por lengua, costumbres y religión, luego constituirían ciudades con un jefe o halach uinic que a su vez nombraba los jefes locales y magistrados entre la casta noble. La clase sacerdotal o hakinoob gozaba de privilegios especiales; mientras, integraban al pueblo los agricultores, artesanos y esclavos.

Un elevado grado de perfeccionamiento alcanzaron los mayas en las artes; su cerámica, tejidos, pinturas, astronomía y matemáticas son indiscutibles; extensos fueron sus estudios; su sistema de escritura avanzaba; su concepción religiosa era elevada, ya no era el culto primitivo a la Naturaleza.

Las pictografías dejadas por cakchiqueles, quichés y mayas son simbólicas; los códices conocidos contienen una escritura realizada utilizando pictografías, realzadas con brillantes colores sobre papel de maguey, piel de cérvido o tejidos de algodón. Los códices mixtecas contienen iluminados jeroglíficos que recogieron sus creencias y ritos, la historia de sus héroes, apareciendo el mismo sistema simbólico e iluminando en el calendario ritual y en las pinturas murales. La civilización mixteca influyó notablemente sobre centros culturales como Tulum, Yucatán, Corozal y otros.

Los mayas se establecieron en la parte Norte de Guatemala y Belice, en regiones boscosas y se estima que emigraron hacia Yucatán hacia el siglo VII, aunque la causa de su partida no ha sido aclarada todavía, al abandonar El Petén e instalarse en la península yucateca se fortalece esta cultura fundado distintas ciudades: debe aclararse que la familia maya estaba constituída por hombres inteligentes y laboriosos, que dejaron obras grandiosas y manifestaciones artísticas soberbias además de notables adelantos en su sistema de escritura y los signos aritméticos, así como otros aspectos importantes del progreso humano.

Tikal, ciudad de las voces, floreció 700 años a.Cristo. Tikal o la inmensa metrópoli maya, fue descubierta en 1853, y ha sido considerada como uno de los centros más asombrosos de la brillante civilización. Esta ciudad fue asiento de un grupo de ese misterioso pueblo, y en Tikal su fundador logró construir más de tres mil edificios entre los que se encuentran juegos de pelota, residencias, arcos, observatorios, columnatas y templos-pirámides con alturas desde 47 hasta 70 metros. En las selvas de El Petén se encuentra Uaxactún, allí en el interior de una tumba apareció un plato del siglo II con una decoración en la que aparece un bailarín.

Los alfareros modelaban variadas piezas en las que representaban divinidades, seres humanos, aves, reptiles, en grabado, relieves o pintados a color.

Muchas piezas y objetos fueron depositados en tumbas, perforados en el centro, cumpliendo así la ceremonia acostumbrada en la ofrenda que acompañaba al difunto. Algunas exploraciones realizadas en lagos de Guatemala han logrado la extracción de objetos mayas; otras investigaciones arqueológicas se llevarían a cabo en uno de los pozos de Chinculta, Chiapas, México.

Los mayas se inspiraron en su religión para dedicar sus monumentales construcciones a sus dioses, templos con una estética y estilo severo, exceptuando durante la influencia tolteca en Chichén-Itzá. En Uaxactún fue construída una de las más antiguas pirámides de tierra revestida de estuco, con talladas escalinatas en sus cuatro caras, se cree que en lo alto hubo una construcción de madera, con decoraciones al estilo olmeca que consisten en serpientes y el dios de la lluvia, Tláloc.

El ámbito de acción de este pueblo fue el Altiplano central del Sur y zonas norteñas y bajas donde aparecen, del Preclásico, figuras y vasos de cerámica. Antes de Cristo, El Petén fue asiento de un grupo sedentario que dejó diversos trabajos de arcilla secados al fuego, perteneciente a la fase Mamon. Se señalan intercambios con otras culturas por los objetos de obsidiana y jade dejados allí. Los vasos de la época Chicanel de formas variadas, presentan decoraciones incisas, aplicadas o pintadas de fino aspecto. En la fase Chicanel guatemalteca se crea una escritura jeroglífica y un calendario, comenzando la arquitectura religiosa. Hacia el Pacífico se encuentran Miraflores, Charcas, Mamón y Chicanel.

El Clásico es el período en que varias culturas como las de la Costa del Golfo, del Altiplano y de la meseta intercambian manufacturas, productos agrícolas, conocimientos y avances culturales, y es cuando aparecen centros culturales como Tzakol, que tiene grandiosas estructuras, Uaxactún, con una estela fechada en 328; la falsa bóveda o lo más típico de la arquitectura maya, se encuentra con frecuencia en esta fase además de su antigua pintura mural y una cerámica que presenta tonos naranja, rojo y negro en diseños geométricos y otros motivos. El período Tepeuh o Clásico tardío finaliza hacia los siglos IX-X: ahora las obras aparecen decoradas con exhuberancia que algunos expertos señalan que anuncia su decadencia.

El tiempo fue un tema fascinante para este pueblo: el calendario solar creado por ellos es uno de los más completos que ha conocido el hombre, a la vez que no nos asombre otros calendarios basados no solo en el Sol, también en la Luna, Venus y sus estudios sobre este planeta. Todavía grupos pertenecientes a la familia maya establecidos en México y Guatemala, hacen perdurar el brillante pasado de su raza al utilizar el tzolkin o calendario ritual que tantas veces rigió, hace ya muchos siglos, a los sacerdotes mayas para observar la hora del maíz o los eclipses...

Todos los aspectos de esta cultura incluyendo su lengua, han sido considerados por un autor como un misterio oculto ante la visión de la antigua y rica arqueología descubierta entre las espesas y tropicales selvas, su a medias descifrada escritura, que aumentan los atractivos de esta inesperada civilización tan nuestra, en la que canciones y poesías, cuentos y leyendas y otros géneros componen su literatura oral.

Los mayas, pese a su gran desarrollo abandonan las grandes ciudades inexplicable y misteriosamente; así, lo que fuera una gran cultura, fue disolviéndose lenta e inexorablemente en el tiempo y desaparece para angustia nuestra, luego de un maravilloso avance que anunciaba una dilatada existencia. A pesar de ello nos quedan muchas de sus inolvidables obras, y la esplendidez del ala del Quetzal, ave de los bosques centroamericanos, que simboliza la Libertad; ave sagrada entre los creyentes de Quetzalcoatl, origen de mitos y leyendas, símbolo del poder de reyes, de su alta estirpe cuando paseaban coronados con los brillantes y suntuosos plumajes verde y rojo escogidas cuidadosamente por mayas y quichés, toltecas y tenochcas.

Ave sagrada, coronada por un penacho tornasol, con largas plumas en la cola, que pasa su vida entre las altas ramas de los árboles y que, aparentemente, no se posa jamás sobre la tierra.

Con plumas de quetzal eran tejidos bellísimos mosaicos y tapices, mitras y capas para reyes y altos dignatarios. Desde antiquísimas edades la caza del ave de que hablamos está prohibida, hecho que se pagaba con la muerte del captor, ley que rige porque aún hoy no se puede dar caza a ninguna de estas aladas joyas símbolo nacional guatemalteco, donde hasta la moneda lleva su hermoso e inmortal y eterno símbolo!

Altar Maya. Una noticia publicada en la prensa de abril/23/99 anuncia que: Científicos mexicanos descubrieron en la zona de Palenque, Chiapas, un altar de la cultura maya –que data del siglo VIII-, considerado el último y más importante hallazgo arqueológico de finales de la centuria. El arqueólogo Arnoldo González destacó que en el altar existen dos paredes bellamente talladas en las cuales se describen fechas del 10 de marzo del 309 (antes de nuestra era), 200 años anterior a la que se tenía como el inicio de Palenque, mientras también se proporciona información del período entre el 731 y 764 (después de nuestra era), una etapa que no se tenía registrada. (PL).

HONDURAS Y LOS MAYAS. En esta parte del continente carecían del desarrollo requerido sus habitantes precolombinos que eran los jicaques, pipilos, payas y lencas, su dios era el Sol al cual ofrecían sacrificios, pero delitos como el incendio, el robo y el homicidio los castigaban con la muerte.

Desde remota edad y antes de que los mayas construyeran sus magníficos templos, hubo pueblos instalados en el valle, cuyos vestigios se han localizado hace años. Los mayas se establecieron en la parte Norte y Oeste del país y durante más de un milenio desarrollaron un arte opulento y fino del que han sido encontrados estelas esculpidas con efigies de sacerdotes o altos jefes que reflejan en sus rostros el sosiego y la paz. Ellos dejaron la gran urbe de Copán, con sus ruinas proclamando la grandeza del centro, donde los ídolos recuerdan la desaparecida civilización que crearon antes de perderse en el tiempo. Tikal está situada en el extremo Occidental de Honduras y a pocos kilómetros de Guatemala, donde fue creada una sociedad de carácter cultural en la que predominaba su sensibilidad por la belleza entre todas las peculiaridades que la componen, desde el idioma y una ideología, las costumbres y su religión sentaron las bases de la unidad de la familia maya, inspirando un arte asombrosamente rico y expresivo, adorando a Kukulkán con espléndidas ceremonias en las magnificamente decoradas pirámides.

Muy importante fue su escultura como expresión artística, donde en obras de jade o basalto reflejan su buen gusto en el tema del hombre o la naturaleza, arte en el que no tuvo lugar los conflictos ni las guerras, grabando con símbolos en estelas y los muros de sus templos sus dioses y su historia, y que para señalar el paso del tiempo expresaban ...Toda luna, todo año, todo día, todo viento camina y pasa también...

Los mayas construyeron en Honduras otras ciudades y tanto el país como la capital llevaban el nombre de Cuscatlán. Fue una sociedad de castas donde se lucían ricos atavíos, relucientes tocados de oro y jade, adornados con plumas de quetzal y guacamayo, dos hermosas aves de los bosques del Trópico.

Mucho relieve alcanzó Copán fundado a más de 500 metros sobre el nivel del mar, teniéndose por más antiguo de lo que señalan las fechas de las columnas, alcanzando gran prestigio como centro ceremonial y de estudios, lugar donde fue logrado un nuevo cálculo lunar.

Numerosas esculturas del Clásico posterior han aparecido durante las investigaciones arqueológicas, mostrando el núcleo de la ciudad numerosas estructuras religiosas y públicas además de viviendas.

Pirámides, asientos de piedra, altares, estelas, una escalinata con más de 60 peldaños que conduce a un templo, recubierta de glifos y esculturas, nos dicen de los estilos y la técnica que los artistas de esta gran familia desplegaron en sus obras.

Dicen que la cultura maya se distinguió de la azteca y la inca por el fervoroso entusiasmo que siempre la animó al estudio, inspiró, motivándoles, a exaltar el prodigioso invento del calendario por encima del culto a la guerra. Por eso el Dr. A. V. Kidder considera que: Sólo en tres lugares del mundo existen supremos ejemplos de la fuerza y magnificencia del desarrollo del arte religioso: Luxor en Egipto; Ankor Vat en Indochina, y las ruinas de Copán en Honduras.

Copán guarda en este suelo las obras de los mayas que reflejan su brillante esplendor, dando la medida de sus avances y su  amor al arte: las estructuras arquitectónicas, los altares, los ídolos coloreados aún de rojo, el color sagrado del artista maya, junto a su invisible presencia, forman un conjunto admirable con los héroes y las divinidades de sus mitos, sus animales simbólicos y sagrados y los signos de su escritura que guardan el secreto de su historia.

Todos los monumentos de Copán o Copantl, nombre de la antigua capital del reino de Haytlato, decoran el famoso parque de la Concordia cercano a Tegucigalpa, capital de Honduras.

Siempre, en cualquier país, hay un hombre que se alza contra las injusticias del opresor, y es el que conduce a su grupo humano a buscar la libertad luchando contra ese tirano, extraño o nativo: así Honduras conoció su cacique, su héroe, su Lempira!

Cuando en 1525 Hernán Cortés amenaza a Honduras, Pempira preparó 30 000 hombres, pertenecientes a doscientos pueblos, con los que lucharía al anuncio de la ocupación de su territorio. No lo pensó un segundo: dejó atrás las diferencias que entre ellos hubo, puso a su tierra por encima de todo y salió con sus hombres a enfrentarse al conquistador de pueblos, Cáceres, capitán del gobernador Francisco de Montejo.

Desde Cerquín, la cresta de un picacho, lanzaba Lempira sus ataques contra los españoles, lo que impedía la conquista y colonización que tanto ansiaban los hispanos. Sitiado por Cáceres, entre las montañas donde el hondureño tenía su fuerte instalación guerrera, con su astucia de hombre hijo de una Naturaleza libre, le sabía todos los secretos a esa vida arrojada y valiente.

Lempira, intrépido y luchador, tuvo seis meses bajo su ataque a los españoles que sufrían derrota tras derrota. Jamás aceptó la paz que le propuso el conquistador. Un NO rotundo y viril brotaba de sus labios que se hacían eco de la negativa de sus treinta mil soldados nativos. Más, traicionero fue Cáceres el día en que anunció a Lempira el envío de un heraldo; Lempira, alma sin doblez, aceptó recibir al portavoz aquella tardecita. Acercó su caballo el enviado hasta el heroico defensor para decirle su mensaje: el Jefe indio, Lempira, rodeado de sus hombres lo escuchaba, pero a la grupa de la bestia del mensajero iba un soldado armado dispuesto a disparar contra Lempira. El hondureño rechazó el pedido de rendición que formulaba el español, sonó un disparo y el cuerpo del valiente cayó hacia las profundidades de un abismo. Es, el 22 de julio de 1537, día en que asesinan a Lempira, víctima de la traición del conquistador, que cuerpo a cuerpo no fue capaz de enfrentar la valentía y el derecho que animaba el corazón del Jefe nativo y sus soldados. Sus hombres, horrorizados, vieron desaparecer a su ídolo, a su Jefe, y a su país perderse entre las manos del extraño que invadió su tierra...

EL SALVADOR. Poblaban el extremo Occidental del país los mayas, en el centro estaban instalados los pipilos, y los lencas se habían establecido en la parte oriental, siendo su principal ocupación la agricultura, cosechando algunos frutos, entre ellos el maíz, cacao, tabaco; los mayas fundaron algunas ciudades mientras otras culturas integraban poblados, en los que se han hallado influencias mesoamericanas, como demuestran algunas piedras trabajadas con temas olmecas en forma de incisiones, a la vez que producían figuritas de barro en negro y blanco con decoraciones onduladas.

El contacto con los mayas se aprecia en la cerámica cocida a altas temperaturas en las que se observa un buen trabajo, sobre todo en las piezas que muestran divinidades o dibujos zoomorfos. La estatua de Chac-Mool presenta la influencia tolteca; para esa fecha conocían un sistema de escritura jeroglífica.

La civilización maya en el Antiguo Imperio, se extendió desde Palenque hasta Copán y El Petén, es cuando alcanza un período de brillantez, con espléndidas esculturas de estilo realista modeladas minuciosa y delicadamente, dejando en El Salvador verdaderas obras maestras como es la obra de una cabeza de guerrero dentro del pico de un ave (águila). Entre sus esculturas, los mayas crearon diversas representaciones y entre ellas numerosos ejemplares de hongos, se presume que alucinógenos, que utilizaban en los ritos religiosos por los efectos que producían sobre las esferas psíquica y física durante los ritos religiosos.

La cultura maya se extendió por diferentes territorios de Centroamérica y México: en todas las fases de su civilización y en cualquier circunstancia supieron dejar su señal como arquitectos y artistas y sus creencias como pueblo diferente que sin fomentar la matanza de sus hijos en guerras innecesarias, fundó una cultura basada en las formas bellas, en el culto a los dioses y en el intenso estudio de los astros, que desde lo insondable animaban sus días haciéndolos capaces de crear almanaques que señalaban fechas precisas para la existencia de su pueblo, como familia civilizada y capaz de avanzar, que no fueron capaces de entender los que llegaron desde más allá de los mares un día, que se tornaron destructores muy pronto

BELICE.

Bajo la civilización maya la población artesana de la Honduras británica produjo diferentes y numerosos artículos, y obras importantes, entre las que aparecen para el ajuar doméstico, vajillas, piedras de moler maíz, puntas de lanza, figuras de arcilla cocida, todo lo cual ha pasado a formar parte del acervo cultural de esta pequeña nación que un día estuvo inspirada por el trabajo y el arte de aquél enigmático pueblo precolombino, los mayas...

LACANDONES.

Descendiente de los antiguos mayas, este grupo se instaló en el Sur de Yucatán, y una de sus características es la de conservar la lengua de sus antepasados sorprendentemente pura, lo que atribuyen algunos estudiosos al aislamiento debido a la geografía del lugar y por ende cultural, que los ha mantenido separados de otras poblaciones. Hacia 1983 estaban constituídos por medio centenar de personas, que -habían sido descubiertas- a principios de este siglo, siendo muy interesante la conservación del habla maya en tan óptimas condiciones, pues de esta lengua se conocen más de dos decenas de dialectos diferentes entre sí, alrededor de un millón de habitantes de Guatemala, Sur de México, Belice y regiones de Honduras practican esta habla, aunque aparezcan variantes de la misma.

Hoy quisiéramos tener la certeza de que estos hombres y sus correspondientes idiomas no se extinguen como otros, desaparecidos del planeta azul, ya que ellos son como las plantas, las flores, como cualquier grupo biológico que debe perpetuarse y no cesar de existir en esta Tierra!

Al Sur de Yucatán se encuentran los lacandones que descienden de pobladores de América Central provenientes de un sitio que lleva su nombre: Lacandón, una zona que desde El Petén se extiende hasta Chiapas y Tabasco. Y no sólo ese grupo humano que pertenece a la etnia maya lleva ese nombre: hay en Chiapas un río y en Guatemala un volcán con ese apelativo, lo que nos hace presumir que el Lacandón no fue una pequeña y sin importancia rama, se deduce que gozó su momento de esplendor como otro de esa familia maya.

El lacandón adoraba a K’ak como su dios del fuego y la calentura, habitante de una caverna sagrada de la región de Chiapas; muy cerca, en las altas y blancas paredes de la orilla de la laguna, encontraron unos dibujos de color rojo: siempre, al preguntarle a los moradores del sitio sobre el significado del dibujo estas responden: ...allí vive el dios Sibancá hermano de Metzabeck, el demonio...

Estos lacandones descendientes de los mayas y como sus ancestros correctos y educados, según cita de Bartolomé Colón/1502, llevan una existencia similar a la de sus antepasados, practican la religión de sus mayores y sus costumbres, y hacen uso de armas muy antiguas. Según informan algunos, tanto en Chiapas como en Yucatán hacia 1960 quedaban construcciones escondidas a la vista del hombre, algunos templos entre espesos bosques: ¿habrán sido descubiertos ya...? Como antaño, en esos años el lacandón continuaba transmitiendo en forma oral sus creencias religiosas a sus descendientes; para este pueblo el creador del cielo y de la tierra es Hachakyum, que vive en las ruinas Yaxchilán sobre las riberas del Usamacinta. El dios Akinchop protege al mundo de las alimañas, Palikium, hijo de Hachakium, es dios del bosque y se le encuentra en una laguna.

Durante las fiestas continuaban en uso distintos instrumentos musicales conocidos desde antaño, como el sut, especie de maraca; el kayum o tambor; el silbato de arcilla; el kun o kul, flauta de junco, y únicamente durante las ceremonias religiosas, la caracola.

Con todas las diferencias que la música de nuestros antiguos pueblos mostraban al oído europeo, hoy se ha realizado una valoración diferente de esa manifestación artística, cultural y religiosa, por músicos como Carlos Chávez, por el pintor Diego Rivera, por compositores como Satravinsky y Prokófiev, que, en inspiradas obras, han expresado una comprensión profunda de las creaciones musicales de nuestros nativos, sobre todo las del azteca, que no porque respondían a otra formación cultural diferente, -pero valiosa en su esencia- a las de los hombres del Viejo continente de esa época, no menos meritorias a la hora de consagrar evaluaciones acerca del arte del sonido y la sensibilidad de los pueblos que lo han creado.

Al recordar etnias olvidadas por ciertos estratos sociales, que se conservan vivas todavía, cabe preguntarnos cuál será el destino de los descendientes de los mayas, los lacandones, desde este umbral en que nos encontramos hoy!

*Chichén-Itzá significa Boca del Pozo de los Itzás.