Los Aztecas

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Bibliografía

Con este nombre conocemos a los mexicas o tenochcas que nómadas aún, formaron un grupo aguerrido que integraría posteriormente el llamado Imperio Azteca, que adiestraba a los jóvenes desde niños en el manejo de las armas: guerrear era para ellos necesario, al requerir víctimas para sus dioses y territorios para su dominio... ¿Sus armas...? Lanzas, flechas, jabalinas y escudos protectores para sus cuerpos. La guerra era el signo del azteca; la Guerra Florida se llevaba a cabo para lograr los prisioneros que requerían las ansias de sus dioses.

Según se estima, hacia el siglo XIII los aztecas aparecen en el Valle de México, al parecer procedentes de Arizona, agrupándose para formar una nación en el punto donde actualmente se encuentra la Ciudad de México: Tenochtitlán.

Desde las montañas de Tula-Jilotepec se inicia el éxodo de gentes de habla náhuatl, entre las que se encuentran los mexicas, alcanzando el Lago Salado de Texcoco, fundando en un islote su capital. Aunque predominaba en esta familia el espíritu guerrero, muy pronto levantaron una población, creando una sociedad gobernada por una ‘monarquía’ dividida en clases, con los nobles, los sacerdotes, los mercaderes, los artesanos y los labradores, los cargadores y esclavos, destinando a los sacrificios a los prisioneros de guerra.

Narra la leyenda que los mexicas buscaban en el Anahuac tierras donde instalarse, siguiendo las indicaciones de su dios, deteniéndose en el sitio donde divisaron un águila posada sobre un nopal devorando una culebra, decidiendo detenerse allí, y muy pronto en las casas, en las tierras, con armas y guerras, serían los aztecas los que llevarían la voz.

La isla fue pobládonse con viviendas y templos, palacios y baños, y otras estructuras adornadas con relieves, pinturas y estatuas, predominando el rojo, el azul turquí, el verde esmeralda y otros colores no menos brillantes.

Además, construyeron calzadas para unir su ciudad con la tierra firme; trabajan y con el tiempo que les deja libre la guerra, cultivan las milpas, tejen, taladran o tallan la piedra, construyen pirámides, comercian, en chinampas aparece el melón, el maíz, calabazas, chiles y tomates, cacao además de otras plantas, crecen sobre las aguas del lago, cosechando frutos y flores que adornaban mercados y plazas con su colorido e intenso perfume floral.

Produjeron una cerámica de finas paredes con diseños en negro o gris sobre fondo naranja, figuritas para el altar casero, pintaderas, instrumentos musicales y otros objetos. Piedras y obsidiana dejaron sus secretos en manos de tenochcas tallando puntas de flechas, cuchillos de anchas hojas, cajas rituales para los sacrificios, espejos y vasos, decorando con mosaicos de turquesa sus edificios. Como expertos, tallaron madera, dejando tambores, máscaras, muebles, canoas; el metate donde trituraban los granos; la confección de atuendos y de mantos, el atlatl o lanzadera ¿la tiradera de nuestros chicuelos...?

Y cuando el español los conoció comenzaban a trabajar el cobre que batían en frío, o fundían al calor del carbón vegetal.

El azteca es el último pueblo que desciende al Valle procedente del Norte, encontrando el hispano una cultura histórica: La leyenda señala que hacia el siglo XII se encontraban más allá del río Grande, guiándolos Nexi en su marcha para localizar el territorio que el dios Huitzilopochtli había vaticinado, indicando las señales, los lagos, el nopal y la culebra. Cuando divisan las aguas del Texcoco, Xochimilco y el Chalco, con un islote en el centro, saben que se encuentran frente a la profecía de la deidad y deciden hacer alto, instalarse y nombrar a Acamapichtli como su primer rey.

Cuadradas, de una sola habitación y techo inclinado son sus primeras viviendas, construídas junto a los palacios y edificios públicos y templos, con calzadas para la comunicación entre el islote y la tierra firme, erigiendo un templo al dios de la Guerra y luego santuarios a sus divinidades y a las de los pueblos que iban conquistando. Una muralla de piedra decorada con cabezas de serpientes rodeaba Tenochtitlán, que fue embellecida con una mansión principesca, de más de 1 km de longitud por 800 m de ancho, y trescientos salones sobre sus jardines, mientras el arte plumario decoraba paredes y murallas, de tal modo, que cuando Hernán Cortés se enfrentó con las blancas maravillas de sus estructuras, se pasmó de asombro no dando crédito a lo que admiraba. Porque Tenochtitlán, como ciudad principal, estaba poblada de majestuosas construcciones y blancas viviendas entre hermosos jardines, baños públicos, canales navegables y las grandes plazas de Tlatelolco, centro religioso del azteca.

Los dioses mexicas exigían sacrificios, deseaban la sangre de los prisioneros, motivando a los artistas las escenas de muerte, los que dejaron obras inspiradas en esas matanzas. Muchos cuentan de la terrible atracción de esos ritos: Augusto Rodín expresó su impresión ante las muestras aztecas expuestas en Europa. Esculturas de ese estilo aparecen con frecuencia en la estatuaria de este pueblo, además de la diosa de la tierra y de la muerte, Coatlicue; Coyolxaqui, deidad tallada en diorita verde; el Caballero Águila en nefrita azul, de severa mirada. Célebre es la Piedra del Sol o Calendario Azteca descubierta en 1790, con un peso de 2 400 kilos, una pieza cilíndrica con la cara del Sol grabada en su centro, los signos de los días, las estaciones del año señaladas, y más soles, serpientes y motivos diversos que han logrado que la pétrea escultura sea una de las más significativas del arte mexicano, y se la admira no solamente como monumento al Astro Rey o calendario, a la vez puede ser un cuauhxicalli, el recipiente donde se recogían los corazones de los prisioneros inmolados a los dioses.

La Piedra del Sol fue descubierta en el interior del Templo principal de Tenochtitlán, y se la considera por todos los que la han conocido, el más importante documento que sobre el mito solar dejaron los aztecas. Los jeroglíficos tallados sobre el disco son símbolos que expresan la existencia de un Universo divino y terrenal, de una divinidad predominante sobre el tiempo y el espacio, sobre el pasado y el presente en la imagen del Sol.

Supremo dios y representación del Sol es Huitzilopochtli, cuyo alimento es la sangre humana; Tonatiuh también es divinidad solar. Quetzalcóatl es incorporado al panteón azteca, pero Tezcatlipoca es deidad de la guerra y Cavalxanqui diosa lunar, mientras Ehecatl lo es del viento y Tláloc dios de la lluvia, y Mitelantecutli es deidad que rige los infiernos, esta es parte del panteón politeísta donde el Sol, dios principal, imperaba sobre todos los dioses que adoraban, aunque dentro de sus creencias religiosas hubo lugar para las antiquísimas deidades de la vegetación y la fertilidad. (Ver c. #120-IX)

Prevaleció el culto a los muertos y siempre se inspiraron en sus dioses para expresar su arte magistralmente.

Fundado ya México Tenochtitlán e instalados allí los mexicas, durante varios lustros se mantuvieron como en antiguos tiempos; y aunque desde los límites del reino tolteca eran asediados, continuaron extendiendo sus dominios desde el Norte chichimeca y el Golfo hasta el Océano Pacífico en Occidente, ocupando la jefatura suprema el soberano, seguido por los caballeros guerreros, cima de la jerarquía, los asuntos de Estado estaban a cargo de los sacerdotes, seguidos por otros hombres como los mercaderes y artesanos con sus notables obras, conformando una sociedad que, aunque tomaron algo de los toltecas, establecieron estilos y formas para su arquitectura, creando sus propios moldes, donde dejaron impresa la fuerza espiritual que los animaba.

El México actual cuenta con diversas herencias culturales, fuente de riqueza en diferentes aspectos vitales, que llena de satisfacción a sus hijos. De todos los pueblos amerindios puede hablarse: pero de los tenochcas hay más que contar por estar históricamente más cerca de nosotros, al conocer su migración y mitológica fundación; dejando ese reino breves pero intensas muestras de su vigorosa existencia, al tomar las experiencias de otros pueblos y crear expresiones artísticas marcadamente diferentes a las pasadas, y usar técnicas perfeccionadas y novedosas. En la joyería y la estatuaria se observan algunas influencias, entre ellas la mixteca, fuente sugeridora de inspiradas obras en Tenochtitlán.

Si en las islas Hawai confeccionaban mosaicos de plumas, que entre los toltecas alcanzaría tanto prestigio como entre los tarascos; arte que encontramos entre los mexicas, con la perfección de hermosas obras. Para preparar esta preciosa expresión del arte plumario, escogían las más bellas plumas de aves autóctonas, que iban fijando en un soporte de malla los artistas de Amantla.

Al conocerlas, los europeos no pudieron ocultar su sorpresa, deslumbrados por el precioso colorido: Moctezuma obsequió a Hernán Cortés algunas muestras que éste enviaría al rey de España, que a su vez las cedió al archiduque Fernando. Mosaicos y mitras fueron prendas que desaparecieron un día, y luego encontradas en el Castillo de Ambras de donde pasaron al Museo de Viena.

Para Felipe II y para Sixto V fue sorprendente la visión de estas fantásticas obras creadas con las plumas de intensos y bellos colores de quetzales y guacamayos nativos... En el Palazo Pitti de Florencia se conserva una mitra de plumas que tejieron artistas mexicanos al inicio de la conquista de Tenochtitlán...

Además de las joyas, los brillantes y variados colores de la cerámica azteca en airosos jarros y la decoración de platos, pueden verse en los restos de radiantes matices en los que se adivina la influencia de otros pueblos como el tolteca y el tlaxalteca. Es grandiosa, severa e imponente la arquitectura azteca, en la que hacían uso de la piedra volcánica, de ladrillos de arcilla, del mortero y la madera; frecuente el uso de columnas, pisos enlosados, puertas, dinteles, escalinatas, frisos, cornisas, cortinas. Los techos podían ser inclinados o planos. Más, el volumen soberbio del templo se destaca con la majestuosa amplitud de las graderías, con pasamanos realzados con hermosos tallados, luciendo en el paisaje su imponente belleza en la que aparecen distintas esculturas de la Serpiente Emplumada, en el santuario donde el sacerdote celebraba sus ritos y las inmolaciones.

Son innumerables las esculturas, formas monumentales de un arte que a la vez dejó figurillas de jade esculpidas, donde siempre primaba el motivo bélico-religioso. La diosa de la tierra, Coatlicue, deja ver en su concepción esa amalgama que señala todas las manifestaciones, incluída, la del azteca, desde divinidades hasta representaciones humanas de todas las edades, testas de hombres o seres zoomorfos, son formas diferentes esculpidas por plásticis tenochcas, donde los bajorrelieves se trazaron con esmero, el monolito del Templo de Tenochtitlán, o Piedra de Tizac, como obra conmemorativa, es el ejemplar que reproduce las efigies de los primeros reyes aztecas y sus conquistas. En cambio, la pintura está casi ausente y no se muestra como en otras culturas mesoamericanas, pareciendo algunos frescos no ser ejecutadas por este pueblo.

Aunque algunos códices son de procedencia mixteca, estos manuscritos con sus pictografías informan sobre aspectos históricos de sus culturas, teniendo casi todos el desafortunado destino de ser destruídos implacablemente por el conquistador. Esos libros mayas, mixtecas o aztecas están considerados como joyas del ingenio humano que permiten afirmar que estos hombres poseían verdaderas culturas, practicando un sistema de escritura con el cual registraron sus mitos, leyendas, religión, estudios estelares y su aplicación a la agricultura.

A los códices, en lengua hahuatl los llamaron amahte, y los españoles dirán que eran manuscritos por su parecido con los medievales libros de los monjes pacientes. Raros y preciosos códices, gráficas constancias de pasajes gloriosos, intento apasionado y esfuerzo infinito de plasmar sus recuerdos del pedazo de tierra donde estaban viviendo... Raras y ricas prendas del pasado del entendimiento humano de nuestro continente, que se salvaron y se encuentran en diferentes Museos del mundo contemporáneo: así, el Museo Nacional de México, en el Vaticano, en París, en Oxford: son los Códices Vaticanus, Talleriano, Remense, Mendocino... obras de Mesoamérica, memorias pintadas sobre pieles, papel de maguey o telas de algodón, confeccionados en tiras de diversas dimensiones, plegadas a modo de acordeón después del dibujo, a la vez que estaban protegidas con cubiertas especiales.

Los aztecas preparaban un papel con fibras de maguey o izote, una planta del país, obteniendo un papel sedoso o amatlenotzi, de lustrosa apariencia, que llamó la atención del barón Alejandro de Humboldt que, interesado, realizó un viaje exploratorio dedicado a nuestras culturas. (veáse c. # 120 X)

El papel de seda azteca era admirable por su blancura y nitidez; en cuanto a las pictografías, pintadas de vivos colores, guardan parecido con los delicados rollos japoneses y se consideran valiosos instrumentos de información sobre las antiguas culturas amerindias. De estos Códices podemos decir que el Codex Trocortesiano fue conformado con los manuscritos Troano y Cortesiano logrando una notable e interesante unión que a más de las ilustraciones, su extensión ocupa 112 páginas.

México-Tenochtitlán fue cuna de poetas que cultivaron formas literarias distintas entre las que se encuentran un poema cosmológico y mitológico, poesías líricas, fábulas, pantomimas y obras cómicas que acompañaban con flautas y tambores, los bardos o cuicupiques. El rey de Texcoco del siglo XV, Nezahualcoyotl, fue autor de hermosos cantos recogidos por uno de sus descendientes, Fernando de Alva Ixtelxochtle.- Los hallazgos revelan cuán importante fue para los aztecas la música en distintas actividades religiosas o culturales, con la aparición de instrumentos de percusión, el teponaztli o tambor; el huehueteotl, los cascabeles de bronce o madera, los pequeños tambores de barro; las flautas de distintas clases, las ocarinas y silbatos, las conchas convertidas en auxiliares musicales.

La Cuicacalli o ‘Casa de canto’ era mantenida en los templos quizá como si fuese un conservatorio actual. Los españoles, al parecer, no esperaban entre los nativos estas manifestaciones del arte de los sonidos, pues varios eran los instrumentos utilizados por los mexicas, y por deficiente que hubiese sido el desarrollo técnico musical de su cultura, contaban con instrumentos capaces de ofrecerles lo que demandaban sus inclinaciones.

El tambor o teponaztli era tallado en el tronco de un árbol que ahuecaban, colocando en sus extremos parches aparentemente de piel, que golpeaban con las manos o con palillos (olmectl), con sus extremos cubiertos de hule. El tambor vertical o huehueteotl, las sonajas o ayacaxtli, las trompetas de caracol o atacalli, también formaban parte de los instrumentos musicales tenochcas que se ven de arcilla, y las siringas o flautas, tlapitzalli. Sorprendidos los hispanos, nunca esperaron que los pobladores recién descubiertos hubiesen inventado o copiado los ingeniosos y hermosos instrumentos que sonaban tan bien, las inesperadas obras de arte son los tambores tallados que dejó ese pueblo. Más, los instrumentos de percusión prestaban otros servicios por medio de su rítmico tam tam, que no solamente guiaban sus danzas, alertaban además de los peligros salvando su retumbar grandes distancias al transmitir noticias importantes de uno a otro pueblo de su raza.

El calendario entre los mexicas marcaba las fiestas que animaban con música y danzas, cantos, poesías, juegos de adivinación, piezas oratorias y teatro, además de los inevitables sacrificios humanos.

La música era pentagonal con una escala de sonido corta y monótona (¿?) a nuestros oídos. Las danzas acompañadas de canciones eran en grupo, en que la población entera, puede decirse, participaba de estas diversiones, expresión de recreo del México de ayer..., que fue un pueblo además de guerrero, creyente, amante de los alegres cantos y las comicidades, llegando hasta nosotros algunas de las obras con que alegraban sus días.

Patrimonio común de nuestro continente es la herencia de miles de años de experiencias, inventos y desarrollo. A medida que la conquista avanzaba dentro de lo extraño europeo y africano, se encuentra el grande, inmenso y viejo tesoro de la raza nuestra. Así los mexicas: a medida que progresaban dejaban sus huellas en obras y creaciones que son parte de su patrimonio; de su paso encontramos distintos tipos de cerámica desde su establecimiento en Tenochtitlán, distinguiéndose cuatro fases en sus trabajos de barro, que son el de Colhuacán con motivos florales y zoomorfos en los ornamentos; Tenayma, con dibujos geométricos en los que se ven franjas y líneas paralelas gruesas; Texcoco con motivos como los anteriores pero realizados con mayor fineza; Tenochtitlán, que ofrece flores y variadas plantas, aves, peces, reptiles en decoraciones de platos, copas cónicas, urnas, sellos, pipas, estatuillas de dioses, templos y otras piezas. Pero lo que revela las concepciones religiosas, los sentimientos del azteca es la estatuaria, comenzada en madera y desarrollada en piedra, expresión de su mundo interior, logrando un arte de elementos, símbolos y significados. Se ha dicho que el arte de esta cultura ...no es la culminación de las épocas anteriores, ni crea formas originales: el arte azteca recoge todas las expresiones antiguas y significa el último período de su evolución, puesto que el descubrimiento pone fin bruscamente a ésta y a otras civilizaciones no menos importantes. Tal vez por ello las principales estructuras arquitectónicas eran los templos, los teocallis de Xochimilco y Tezplatán, el primero tallado en una colina de basalto, el otro una pirámide en pórfido rojo; también los palacios y los Juegos de pelota formaron parte de grandiosas construcciones. Entre los objetos de culto se encuentran los altares, ruedas religiosas, vasos de sacrificios, cuchillos de obsidiana y objetos auxiliares de uso ritual. Los temas ornamentales representan divinidades como la Serpiente Emplumada, seres humanos y animales; el exterior de los Templos de Tenayulia y Malinales fueron decorados con pinturas.

Se han considerado las deidades aztecas como exigentes, vengativas y crueles, inspiradoras de guerras, luchas, violencia y sangre: los que hicieron la Historia así nos las describen más, ¿cómo llegar a la verdad del caso si nos separa de ellos el tiempo, la destrucción total de su cultura...?

Ver c 120-3x

Con la decadencia de los toltecas los pequeños reinos del Valle vivían en discordia: así encontraron los aztecas el centro del Altiplano y, hombres ambiciosos de poder y belicosos, en pocas centurias lograron dominar a todos los pueblos que les fue posible, integrándolos con sus principios culturales, artísticos y religiosos imprescindibles para comenzar su ascenso, ya que los náhuatl procedentes del Norte, después de los primeros caciques y una unidad colectiva, divididos en clanes, cultivaban maíz, organizaron juegos de pelota, mantenían un calendario sagrado de 260 días, altos conceptos cosmogónicos y hacían uso de los numerales, se sintieron capaces de una serie de medidas inteligentes, audaces, y en poco tiempo la conquista y dominio de diversos vecinos les trajo como saldo favorable para su civilización el ser los señores de la última cultura Mesoaméricana.

Socialmente, los aztecas mantenían buenas relaciones entre sí, con manifestaciones de bondad frecuentes e ideales éticos elevados sobre el ser humano, siendo la familia la célula social principal de la unión del azteca. La educación era impartida por los padres a los hijos, luego ésta continuaba en la escuela de la comunidad o telpuchcalli o en la sacerdotal o calmecac.

Con un comercio creciente lograron que los mercaderes, en sus extensos viajes, fungieran como embajadores y espías, de esta forma la cultura mexicana difundió costumbres, arte, ideas, modas, su artesanía y excedentes de su producción agrícola alcanzando los confines del Imperio. Estos comerciantes recibían a su vez informes, conocimientos varios, artículos de consumo, noticias en los contactos que tenían lugar frecuentemente en los mercados celebrados en las ciudades, donde intercambiaban y adquirían granos, bebidas, tejidos, utensilios, ornamentos, cerámica y otras mercancías. Según algunos autores los mexicas usaron ciertas piezas de oro o estaño como moneda de cambio, contaban con jueces que imponían sanciones a las personas que violaban normas establecidas en los mercados, cometiendo injusticias, encareciendo los artículos o productos expuestos o presentando los de baja calidad como de primera clase.

Persona relevante era en esta sociedad, el artesano: los hombres, dedicados a labores como estas, trabajando metales, gemas, el arte plumario y otros, eran muy estimados, reconociéndose por su gusto y habilidad el valor de cada persona dedicada a la creación artística. Más, con las artes, las obras arquitectónicas, hay otros que merecen ser divulgadas, los que junto a ellas aparecen, las presas, calzadas, acueductos, baños o otros trabajos propios de sociedades posteriores pero que pertenecen el apogeo de su cultura, por las que Tenochtitlán impactó a los españoles: la ciudad sobre un lago, los diques de piedra, las chinampas, las plantas y las flores y todo lo creado por estos hombres para aumentar la producción y garantizar alimentos para el pueblo.

Todo esto y Xochimilco con sus jardines y las barcas surcando los canales y la hermosura hiriendo la pupila hispana con la celeridad del rayo!

Se han revivido las chinampas desde hace varios años, que utilizó un pueblo prehispano con magníficos resultados cuando necesitó producir para beneficio del país abundancia de frutos.

La voz chinampa quiere decir ‘nido de ramas’ y la usaron en épocas anteriores a Colón, como las terrazas y regadíos en Perú que vuelven a tener vigencia otra vez. Tanto para una como para la otra civilización, aquél mundo acusado de atraso y salvajismo dejó aportes muy valiosos para nuestro tiempo, que a pesar de los innegables avances en algunos aspectos, cada día la población mundial que crece aceleradamente, carece de los productos que garantizan la vida y la salud a los habitantes del planeta. Todos los países necesitamos asegurar la dieta de hoy y de mañana -¡crecemos tanto cada día, que con cada lloro que escuchamos está naciendo una boquita más!-

Sede de la cultura y la economía, centro militar y religioso, Tenochtitlán protagoniza el fin de un período de importancia capital para el Hombre Mesoaméricano, creador de un Estado guerrero, de estrategas y conquistadores, y de artistas, proyectando su poder las huestes del azteca más allá de sus fronteras...

Los dueños de una rica y permanente agricultura del cereal dorado, de gusjolotes y plantas nutritivas y medicinales, dejaron para hoy los mismos usos del pasado, los platillos favoritos, el cacao con la dulce miel de abejas y la vainilla, el pulque, la chicha, el tequila, bebidas fermentadas para brindar al amigo en las fiestas de antaño y de la actualidad. La vida de México, la de cualquier país del continente, está condicionada y matizada con parte del antiguo esplendor de su pasado, parte de los días coloniales y otra porción de un tiempo que finaliza ya en el siglo y el milenio, donde tal vez recuerden todavía a los adoradores del dios Tláloc danzantes ellos a su alrededor en ritos propiciatorios de la lluvia, ante una imagen colocada en un estanque y rodeada de batracios. Para ese pueblo, el don de la lluvia llenaba de júbilo sus corazones, y cuando está faltaba una y otra vez tornaban a danzar implorando a la divinidad los torrentes caídos del cielo para en la blandura de la tierra poder regar las simientes necesarias. Tiempos aquéllos de hilar y tejer el algodón de las hermosas telas, de las pieles curtidas para múltiples usos, de los sagrados peyotes para los ritos, de los orfebres que sin mayores pretensiones cincelaban ricas alhajas, de los que lograron imponentes estructuras arquitectónicas y practicaron el urbanismo en ciudades bien trazadas, esculpiendo las piedras sin poseer instrumentos adecuados. La cerámica, las pictografías, los códices, mapas, almanaques, anales históricos, son realizaciones culturales de esta época. Su visión del mundo inmersa en su religión era la fuente universal donde todo estaba incluído: existencia y sentimientos, sueños y acciones, penas y deseos, alegrías y angustias, todo contenido en esta perspectiva; su fe no sería superada jamás por ningún otro pueblo. Esta fue y así es a grandes rasgos, la última de las civilizaciones desarrollada en estas tierras, conquistada en el 1 Coatl del año 3: para el español sería el 13 de agosto de 1521, hace exactamente 478 del cruento final...!

Moctezuma: Como muchos jóvenes aztecas, Moctezuma fue enviado al calmecac o escuela para sacerdotes, donde dominó muy pronto tanto el arte de dibujar los jeroglíficos como el de su lectura e interpretación. Le atraían el titilar de los astros en las noches, el calendario, las predicciones de los magos, los hombres que sanaban los enfermos. Para él fue tan natural delinear las pictografías como desempolvar los muebles o servir la cena en su escuela. Por sus méritos, el Consejo de Ancianos le eligió Gran Tlatoani, derecho ganado a fuerza de estudios y méritos por los hombres de esta sociedad.

Moctezuma II era el Jefe que encontraron los españoles en 1519 cuando se detuvieron frente a Tenochtitlán. Su hermosa esposa le dio varios hijos. Su pueblo le creyó su rey y su dios.

Su vajilla, formada por piezas maravillosas, era de oro o plata; las tejedoras confeccionaron sus hermosas vestiduras; de oro sus sandalias, y su litera lucía jade, perlas y oro a más de preciosas plumas de quetzal. Pero también Moctezuma madrugaba y sus jueves se caracterizaron por lo justo que procedían los tribunales contra los que habían delinquido. Bajo su mandato su país llegó a ser más importante que nunca antes y más rico además. Se calcula que Tenochtitlán albergaba 300 mil habitantes, que sus viviendas ascendían a 60 000, con mercados, acueductos, puentes, carreteras, mientras Moctezuma gozaba, aparentemente, de las atribuciones de un rey: su regia presencia, su indumentaria, su calzado, así lo hacían presumir. Los templos, edificios, jardines y plazas que constituían la ciudad, llenaron las ambiciosas ideas de los desconocidos sufriendo Moctezuma el error de creerlos unos dioses tal como era esperado Quetzalcoatl... Al fondo de la ciudad se levantaban las montañas y la vegetación asombrosa que colmaron la codicia de los que llegaban en nombre de Dios. ¿Error? ¿Maldad? Nadie lo sabe, porque quedarán ignorados los móviles que impulsaron a los que representaban la cultura europea a proceder de un modo inhumano con los indefensos recién conocidos.

Hora es de recordar que aquella raza nueva no pensó jamás que sus costumbres e ideas, sus creencias y culturas dañaban a nadie. Y aunque las noticias que llegaban hasta la cámara de Moctezuma lo ensombrecían, al anunciar la presencia de hombres blancos y barbados quiso creer que eran enviados del gran Quetzalcoatl, porque la Serpiente Emplumada anunció su retorno y todo coincidía: esa era, efectivamente, la fecha!

Los extraños recibieron del monarca azteca ricos presentes, un derroche de plumas, de oro, de jade, de plata... pero el desengaño muy pronto hirió sus corazones, porque los recién llegados no eran divinidades ni tampoco emisarios de Quetzalcoatl, porque además de ser mortales atacaron ciudades sagradas como Cholula, y sus truenos dejaban sin vida a los inocentes mixtecas. Había comenzado una horrenda carnicería humana dirigida por Hernán Cortés... Y luego ¿Cómo tratar de reconstruir el pasado de estos pueblos? ¿Cómo tratar que los descendientes de los que cayeron perdonen, olviden los males sufridos...? Ningún pueblo de los que nos quedan ¡tan pocos!, debe de perder su identidad aunque acojan algunos de los positivos avances de esta civilización: las experiencias antiguas son sobradamente conocidas para hacer nuevos pueblos, reinos o imperios con carácter espiritual, culturas rebosantes de saberes mientras la rueda del tiempo inexorablemente presigue sus vueltas en el transcurso de la eternidad...

Cuauhtemoc: Figura legendaria y amada del azteca, que pertenecía a la familia de Moctezuma, y es el último guerrero sacrificado por los conquistadores; luchó en la meseta del Anáhuac por mantener libre a su tierra de gentes extrañas, de los que llegaron, por encima de todas las cosas, en pos de riquezas materiales, despojando al nativo de sus pertenencias fuesen éstas espirituales o físicas.

Cuauhtémoc héroe no olvidado, sufrió junto al señor de Tlacopán las torturas, los dos resistiendo estoicamente las llamas que ardían bajo sus desnudas plantas... para después morir decapitados. Los últimos señores de México –Tenocjtitlán,


 

Cuauhtémoc, Conacoch y Tetlepanquetzal fueron colgados por los pies después de muertos, de las ramas de la sagrada ceiba, el ixminche, árbol venerado de los mayas!

De los defensores del nativo suelo del azteca son conocidos algunos de sus nombres, pero otros fueron borrados en el anonimato de la sangre, muy doloroso para los que ignoramos quiénes eran, aunque formen parte de la tierra que adoraban. A modo de oración ante sus dioses y el Dios nuestro, que quede en estas líneas el recuerdo de la Autora que los considera por su talla moral como Gigantes!, divinos restos de un pasado destruído, con tanto o más derecho a la existencia que los de la otra parte del planeta: Cuauhtémoc, aún vives, aún te recuerda el corazón del Continente!

Al concluir este capítulo sobre los mexicas o aztecas, apuntemos algunos aspectos de sus conocimientos, de su cultura, muy importante y significativa para los que estudiamos las peculiaridades de todos nuestros pueblos precolombinos

La base de la alimentación azteca era el maíz, cuando ya la plantita alcanzaba una altura conveniente, plantaban el fríjol y más adelante, una siembra de calabazas alfombraba el maizal, para de esta manera de una sola vez, lograr tres cosechas, tres diferentes frutos para aumentar su dieta. Al mismo tiempo, preparaban del maíz las famosas tlaxcalli o tortillas consumidas todavía, y aunque han pasado los siglos, estamos seguras de que Xilonen, la diosa del maíz, aún yergue su figura como antaño en el terreno que escogían para esa siembra, donde depositaban sus ofrendas y le pedían una buena cosecha.

El mercado estaba colmado de flores y frutos, joyas y lienzos, pájaros y espejos, todo lo que se cultivaba, todo lo que creaban los hombres; los tianguis o mercados eran atendidos por los pochtecas o mercaderes. Allí deslumbraban los finos tejidos, las producciones de maguey, sus espinas preparadas como agujas para las costuras... Los tintes de origen vegetal o animal propios para la coloración de telas, códices, producción alfarera, etc.* También estaban presentes las bebidas, entre ellas la fermentación del líquido azucarado que contiene el tallo del maguey, transformado en una bebida semejante a la cerveza, denominada octli, muy apreciada por aquel pueblo.

Los aztecas demostraron su habilidad en la fabricación de espejos de obsidiana, roca fundida de origen volcánico color verde oscuro o negra, que cortaban puliendo con arena gruesa su superficie para luego con el más fino grano pulir hasta bruñirlo, donde podía verse reflejada la imagen de una persona, obra de arte en la que su destreza se iba enseñando de padres a hijos, en sucesivas generaciones, quedando muchas muestras de esta especialidad mexica.

En su inicio, el azteca consideró cada uno de los elementos de la Naturaleza como una divinidad; observando, llegaron al conocimiento de los secretos del cielo, por el estudio o las experiencias adquiridas de otras culturas, y de las realizadas por ellos, creyendo que por medio de aquéllas podían trazar el destino y la conducta del hombre, como además, la predicción de acontecimientos celestes y humanos. El año mexica costaba de 360 días de 18 meses de 20 días que totalizaban esa cifra, además de cinco días ‘vacíos’ o nementemi, considerados ‘días desgraciados’ o ‘de mala suerte’, no señalados por ningún signo, componían el calendario solar, registrando en el almanaque lo que observaban en planetas y estrellas. Contaban también con un almanaque lunar sagrado, que bajo el nombre de tonalpohualli es conocido.

Uno de los meses del año estaba dedicado a Toci, madre de todos los dioses, deidad que solía barrer toda la Tierra, por lo tanto, las mujeres se esmeraban en mantener sus viviendas bien barridas para honrar a Toci, una importante divinidad doméstica.

No olvidamos que dos de las divinidades más importantes de Teotihuacán son Huehuetectl y Tláloc, dios del fuego y deidad de la lluvia respectivamente. Entre los zapotecas aparece Tláloc dios de la lluvia, Huehueteotl como viejo dios del fuego y de la luz; Cocijo, divinidad de la lluvia; Xochipilli, príncipe de las flores, dios de la alegría, de la música y la danza.

Entre los mixteco-puebla se adoraban deidades como Tláloc, dios de la lluvia, Mictlencuhtl o dios de la muerte y de la noche; Xipe-Tótec o Nuestro Señor Desollado; entre los totonacas encontramos a Cihueteotl, diosa de las mujeres que mueren de parto. Xochipilli, Xipe, Tajín, como deidad del trueno y de la lluvia, Tláloc, divinidad de la lluvia. Y entre los aztecas encontramos a Hitzilopochtli como divinidad del Sol y de la guerra; Quetzalcoatl, considerado el dios colibrí y la Serpiente Emplumada; Mono es deidad de la danza; Xilonen como joven dios del maíz; Ehacatl –Quetzalcoatl, dios del viento; Tláloc, de la lluvia; Texpatlipoca, señor de las tinieblas; Cihuecoatl o diosa de la tierra; Chiconecoatl, deidad de la vegatación; Xachiquetzal, diosa del amor y la belleza, y Xipe, joven divinidad de la primavera y los joyeros. Ver C 115-3X

Los hombres entrenados para la lectura de los caracteres que contenían los códices, se conocían como tlacuilos; el papel que contenía tal escritura se llamaba amatle, invención mexica.

Los médicos o curanderos o ticitl conocían y hacían uso de variedad de plantas medicinales; existe un Códice que registra esas plantas, aunque no detalla sus propiedades curativas más, es seguro que los magos mexicas sí estaban al tanto de las propiedades curativas de cada una de las mismas.

LOS HUICHOLES: En los Estados de Jalisco y Nayarit, México, viven todavía en algunas partes de la Sierra Madre Occidental, los huicholes, que proceden de un pueblo anterior a los aztecas, y son poseedores de una cultura sin mayores vínculos con la actual civilización mexicana.

Alrededor de 8 000 seres humanos continúan existiendo entre las ‘abruptas y casi inaccesibles serranías’, conservando sus místico-religiosas creencias en un grupo étnico-cultural y sus manifestaciones artísticas, con toda la fuerza, intensidad y originalidad del pasado.

Su corazón, iyori; su alma, capuri, los han conservado puros e íntegros, preservando sus inmemoriales tradiciones. Los Dioses y los antepasados son personalizados por los fieles reunidos en ceremonias durante varios días con sus noches, en la que una sugestionante música acompaña los ayunos, vigilias y danzas, donde el ‘cantador’o maraacate invoca los antepasados con libaciones y sacrificios de animales, para pedir la fortaleza de los iyari o corazones de los presentes.

Así, los diversos ritos de estas ceremonias permiten al huichol recibir las fuerzas que emanan de sus antepasados y de sus dioses, para proseguir su vida en pos de la perfección anhelada.

Para los huicholes el Fuego, el Mar, son Nuestro Abuelo y Nuestra Madre; el Sol, Nuestro Padre Creador, y Nuestra Madre, el maíz, en la que lo más señalado es el baile de Nuestra Madre, en el que se implora su perdón porque ‘nos lo comimos’. Para este pueblo, los animales que nacieron primero fueron personas, que hicieron sacrificio de su corazón físico para otorgarles la vida a los hombres o poder de la visión.

La vida de los huicholes está consagrada a sus creencias religiosas, y a un arte colectivo y sagrado, expresión plástica del pasado y del actual sentimiento de sus hombres. Sus vidas se encuentran inmersas en su fe religiosa, y en el centro ceremonial o Tukipa se efectúa el drama, la tragedia prodigiosa o drama sobrenatural que recrea y revive la vitalidad de cada uno como si fuese un renacimiento. (El sentido ecológico del huichol está mostrado en esta frase: todo se sacrifica por nosotros).

Sus costumbres, creencias, hábitos, sabiduría, responsabilidades, van transmitiéndose cotidianamente, así como el sentido religioso de la vida lo va conociendo el hijo desde que nace, con la enseñanza constante de los mitos, en el bordado y tejido, que son las formas prácticas de llevar sus sagradas escrituras o tablas encerradas, bordadas con hilos y cuentas pequeñas en las que confeccionan las “tablas de estambre”, que se han hecho famosas así como sus artistas, además de la talla de piedras.

Sí. En las altas montañas de la Sierra Madre Occidental, México posee un pueblo antiguo, el huichol, donde sus hombres buscaron acomodo en las altas serranías mucho antes de que Tenochtitlán surgiera en la Historia.

México preserva este pueblo como testimonio vivo del auténtico habitante de estas tierras; y pensándolo un poco, ¡cuánto bien haría a la humanidad continental, permitir que renazcan ritos y costumbres, artes, mitos, lenguas y sonrisas, de aquéllos que legaron templos y poesías, códices y dioses, quipus y dibujos como los del altiplano andino!

Diferencias lingüísticas y culturales hay entre los tres grupos de huicholes, para ellos su lengua pertenece a la rama uto, náhuatl.

Los Yaqui, otro grupo étnico precolombino, habita hacia el Noroeste del país, conservando su independencia y su entereza contra todo intento de sojuzgarlos o someterlos.

Sus mujeres y hombres que se han mantenido en su asentamiento, por el grande y celoso amor hacia su tierra, cuidadosos de sus tradicionales costumbres y creencias, que bien merecen el respeto y admiración de todo el mundo. Reviven sus antiguos ritos mezclados con los de la religión cristiana, que en forma vívida y significativa han sabido enlazar, uniendo sus divinidades ancestrales con las figuras santas de otra creencia religiosa.

El otomí es otro pueblo mexicano: hacia 1951 se extendía unos 23 000 km2 su territorio, entre el desierto del Mezquital y las montañas; en esa inmensa soledad se establecieron los otomíes. Hacia esa fecha el Gobierno del Presidente Miguel Alemán creó el Patrimonio del Valle del Mexquital, donde estaban instalados 75 000 habitantes de esa etnia, las gentes más pobres de México, si no de todo el Continente, según el Profesor Luis Chávez Orozco: los otomíes.

¿Qué ha sido, desde entonces, del otomí? ¿Formará parte de los grupos mexicanos que reclaman sus derechos a una vida digna? Como descendientes de los antiguos moradores de este país, este grupo es tan humano e importante como cualquier otro hombre de allí o del mundo, -que habita hoy entre las soledades del Valle del Mezquital!

¿A cuántos ascienden sus habitantes hoy? ¿Qué hacen, hacia qué vertiente avanzan y cual es el destino del otomí? Un viejo pueblo, valeroso y trabajador, amante de sus montañas, de su desértico terruño y de sus hermanos?

FESTEJOS

Los festejos o diversiones populares, en los que se han unido ritos amerindios y la devoción hispana; es una fiesta plena de originalidad, que se celebra en México: la Fiesta de los Muertos.

En el décimo mes del año, el maíz madura sobre los campos, meciendo sus tallos sobre la tierra que albergó innumerables generaciones precolombinas. Finaliza una época del ciclo y con ella las siembras del rico cereal, perfilándose a medida que caen las hojas del calendario, las fechas iniciales de noviembre con el Día de los Muertos...

Fiesta en la que el pueblo expresa tanto sentimientos y creencias ancestrales como las de una religión que les dejó el ‘descubrimiento’. Aparte de los ritos religiosos y del culto a los difuntos bien amados, el mexicano celebra entre burlón y respetuoso esta fecha, reviviendo el recuerdo de los desaparecidos, mofándose, asimismo, de la que aparece inesperadamente en los caminos de la vida. De esta manera, los camposantos destellan con las pequeñas llamas de los cirios, las voces susurrando oraciones mientras voltean en el aire las campanas, desgranando sus notas melancólicas... Pero también, las vidrieras adornadas con golosinas y temas alegóricos a estos días, enredan en los hilos del recuerdo las risas de los niños inocentes y bulliciosos, hasta la lágrima escondida y el suspiro de edades desengañadas ya...

Más, ¿cuándo y cómo se originaron los inusuales festejos del Día de los Fieles Difuntos? ¿Será que viene descendiendo esa conmemoración junto al Gran Quetzalcóatl desde Mitla? ¿De aquel dios benévolo y sapiente, impulsor del Hombre de estas tierras, desde su esotérico mundo no visible? Para conmemorar están presente los concheros, que tienen la misión de encarnar el mito eterno de la vida y la muerte, cogidos de la mano, pasando de la alegría al llanto de lo azul resplandeciente y vivo a la densa oscuridad; de la cuna a la tumba, destino de todo lo creado...

Sobre la albura del mantel se yerguen las copas con bebidas; las flores se desmayan, las frutas languidecen sobre las bandejas; la espera de los platos con los cubiertos al lado ofrecerán manjares a los muertos además de a los que viven, mientras asciende la espiral humeante desde la copa del cacao batido, el vaso de agua y todo lo que amaban en sus días, los que se fueron ya camino del silencio..., todo, bajo las flores bien queridas...

Hay ahora, expuestas, las esculturas de las calaveras de pasados siglos, talladas en cristal de roca; las actuales de materiales diferentes, se han creado con cartones como piedras, duros, totalmente cubiertos de dibujos donde los colores subrayan expresiones; que contemplan la vida y la muerte desde el prisma incoloro de lo inerte en su eterna mudez....

Así los hombres lloran sus difuntos y ríen con la Muerte, cara a cara, mientras nos preguntamos ¿de qué mundo incógnito y bravío ha llegado esta fuerza espiritual en la que las carcajadas son burlonas aunque viertan el llanto a cataratas...? Mexicanos, ¿de cuál país ignoto sois herederos de la fortaleza que colma vuestros cuerpos y almas, para haceros hombres tan cercanos a los dioses que adorábais ayer...? ¿De qué fuente invisible estáis bebiendo ese licor celeste y calcinante, con el que reís y sollozáis ante el Día de los Fieles Difuntos...? Realmente, hay que creer que cabalgáis el potro del más profundo Misterio de Hombre, cuando reir y sollozar es para vosotros algo más sencillo que el pan de cada día...?

Pero en fin, si la divinidad de Quetzalcóatl está detrás de todas estas cosas que los caracterizan, de las lágrimas que fluyen de los ojos cansados de esperar, si la deidad aquélla que marchara un día hacia el Oriente donde apunta el Sol restituyera todo lo pasado, ¡entonces, mexicanos, desde el primero que se alzó a los vientos, allá en la penumbra de la Prehistoria hasta el último que vibra hoy en estas fiestas, seguiréis esperando ya confiados, que en no lejano día disfrutaréis de todo lo anhelado, y cada casta, cada etnia, todas las estirpes, seréis felices porque el que es valiente recibirá los dones del pasado y del futuro...!

LA MODA MEXICANA. Una muestra de la moda mexicana antes de Cristo, se encuentra expuesta en el Museo de Valdiosera, en la Ciudad de México, creador de una colección de figuras del lejano pasado de sus pueblos para su exhibición, permitiendo que se admiren las siluetas de féminas vestidas donde modelan pequeñas figuritas sus atuendos y sus adornos, logrados con pequeños retazos de tejidos, faldas a media pierna o largas, la estela o manto sobre los hombros redondeados.

Collares, brazaletes y adornos entre la negrura de suaves cabellos completaban el conjunto, compitiendo con el calzado que ofrecían los ‘modistos’creadores de bellos modelos amerindios.

Además de las figuritas auténticas coleccionadas por Valdiosera, en las vidrieras del Museo aparecen las creadas a partir de la plastilina, la cera y la brea, reproduciendo valiosas obras plásticas adornadas y elegantes con ropajes precolombinos...

*Cuidado de la cabellera y peluquería, eran servicios prestados en los octlis, sitio en el que lavaban la cabeza además de perfumarla con raíces y flores.