Las palabras, los idiomas y las escrituras

Civilizaciones y culturas precolombinas

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La palabra, los idiomas y las escrituras

 

Los defensores de los nativos

 

Las armas de nuestros nativos

El deporte en Mesoamérica

 

Geografía humana de la Sierra Nevada de San Marta

 

Frutas

 

Plantas medicinales en América

 

¿Es posible que fumar tenga su historia?

 

Bibliografía

Es la palabra nuestra más antigua herencia, declara W. White, añadiendo que las más usuales se remontan a varios miles de años de antigüedad, que de acuerdo con los estudios filológicos efectuados, nuestras lenguas descienden de un idioma primitivo que se le designa bajo el nombre de indoeuropeo, del cual se derivaron diferentes ramas como la latina, la germana, la céltica, la eslava y otras, así como en la India unas dos docenas de dialectos.

Hasta varios años atrás era desconocido el sitio donde estuvo establecido la inicial familia indoeuropea que desarrolló esta lengua. Rastreando los pasos de este ‘pueblo olvidado’ que conoció la rueda, el perro y el cerdo, el caballo y la oveja, que tejió la lana para sus vestidos, se ha llegado a determinar su medio geográfico: sedentarios ya, eran agricultores, araban sus tierras donde cosecharon granos con qué alimentarse, y al moler el trigo fabricaban pan –pan casero de gentes instaladas con seguridad. Su gobierno estaba en manos de un rey,- y además de palabras nos dejaron los nombres de los numerales.

Era un país de nieve, de abedules y hayas, de animales y aves norteñas, y aunque ya tenían las palabras para designar el pez y los lagos, al parecer desconocían el mar. Se estima, por lo tanto, que la Europa Central fue el territorio donde se estableció esta familia lejana, que creó y desarrolló hace varios miles de años, como antecesora de nuestras palabras, vocablos que produjeron culturas que, dispersadas por la faz de Europa se extendieron y dispersaron de uno a otro confín alcanzando a la India.

Más, aquí en el Nuevo Mundo, hace ya medio milenio, que arribaron forasteros descubriendo a otros seres humanos que no hablaban lenguas indoeuropeas, que usaban lenguajes propios, diferentes a los de otros pueblos y culturas conocidas ya por los españoles. De una parte los hombres nativos y de la otra los hispanos, se enfrentaron por primera vez intercambiando palabras que enriquecieron la lengua invasora.

“Las lenguas indoamericanas, alerta Rubén Bareiro Seguier, van extinguiéndose en el continente”, como ocurriera con el último de los ‘indios’ yana y con el postrer lamento de los yaganes, grupo chileno establecido en la Tierra del Fuego!’, recordamos nosotros.

De las 1 500 lenguas con que contaba el Continente Nuevo, quedarán poco más de 500 en las postrimerías del siglo XX: Ha bastado medio milenio para que desaparezca un millar de idiomas, ricas expresiones étnicas y culturales de un mundo que aportó las representaciones físicas de su modo de vivir y su medio geográfico en la palabra oral, para llevarla, como algunos, a un sistema de signos para perpetuarlas.

Muchas interrogantes se ciernen sobre la identidad del pueblo que originó estas hablas o lenguas continentales, que no han sido resueltas todavía en forma convincente; continúa investigándose, tratando de encontrar la lengua madre de los idiomas y dialectos del Nuevo Mundo o el origen común de todas ellas.

La tradición oral fue el vehículo utilizado por los pueblos antiguos debido la permanencia de las lenguas, manteniendo los mitos o las historias para fijar en sus memorias su pasado, de manera que aún muchos grupos humanos la mantienen así. Ahí están los lacandones (mayas), habitantes del Sur de Yucatán, con el habla purísima de sus antepasados. El quechua, el náhualt y otros muchos, que todavía existen entre las grandes o pequeñas agrupaciones poblacionales de la América, continúan la tradición oral para permanencia y proyección de sus idiomas.

El descubrimiento interrumpió el desarrollo de todos los pueblos nuestros, sus lenguas así como las escrituras de algunos de ellos, a partir de la conquista y la colonización. La constante fue imponer el castellano, o el uso del habla amerindia para catequizar los pobladores, o tornar a imponer la lengua hispánica de manera que con estos cambios se perdieron pueblos y palabras, voces y costumbres, como se pierden los puntos de un cañamazo en el bordado de la no inciada en esos menesteres: y fue una pérdida incomparable para la Historia: se volvió dominante el castellano como lengua oficial, entre tantas comunidades poseedoras de sus propios idiomas en esta porción de tierra americana!

En vías de extinción van muchos pueblos y con ellos las lenguas vernáculas que componían millares de almas en 1492. Este dominio en pocas centurias ha exterminado muchas formas de vida y muchos seres humanos que, de tener libre acceso a la existencia y peso propio en las actuales sociedades, a más de enriquecer conocimientos –algunos ya perdidos- prestarían su aporte para continuar ascendiendo, a lo cual tienen derecho todos los hombres y como es lógico, los pueblos del Planeta.

La identidad cultural que encontrara el Almirante, vívida en los descendientes de aquéllos hombres, debió de prevalecer sobre todas las cosas así como sus lenguas y dialectos respetados, sus libros y sus quipus por igual.

Fueron y son, de hecho y de derecho, símbolos de naciones, de razas, de grupos e individuos. Y tienen, los que han quedado, la necesidad de proseguir viviendo por encima de todas las ideas que deseamos imponerles.

Paul Zumther, en su trabajo Permanencia de la Voz, aclara que: Bien es cierto –o por lo menos eso se dice- que hubo culturas que ignoraban la escritura. Pero seguramente fueron menos numerosas de lo que parece, porque ¿qué es la escritura? Las marcas simbólicas, las máscaras, los tatuajes, los emblemas sociales diversos... eran o no escrituras?

María Stella González Pérez en su obra Trayectoria de los estudios de la Lengua Chibcha o Muisca, examina ampliamente a una lengua que dominó en la Sabana de Bogotá y su relación con otras lenguas precolombinas; desde hace varios años surgió la idea de un origen común de todas las hablas de la América; se estima que las mismas están interrelacionadas unas con otras y lo ha llegado a establecer Esther Matteson, despertando el interés de los filólogos que realizan estudios comparativos, una búsqueda con el fin de localizar el idioma original protoamerindio. Estas apreciaciones y las semejanzas existentes entre los distintos lenguajes del continente, son estudiados y se analizan con mucho interés, por lo que los especialistas tratan de esclarecer los vínculos que unen a todas las lenguas o idiomas nativos, que confirmará nuestro origen y hermandad como pueblos creadores de una realidad: la de que en el continente se dominaron un millar y medio de lenguas con un origen común, único!

En cuanto a los sistemas de escritura nativos tenemos que en distintos puntos de nuestro continente hubo focos culturales de importancia o pueblos que desarrollaron ya uno u otro sistema de signos pictográficos o jeroglíficos, con el objetivo de registrar hechos o comunicarse con otros grupos, también, o con el ánimo de que sus historias y mitos perdurasen hasta más allá de su extinción como humanos. Por lo tanto señalamos que hubo diferentes modos y maneras de registros escritos, comenzando con las conchas, los nudos y las escrituras, en diversas fases y etapas de sus existencias, señalando los hechos más relevantes de su historia, religión o hazañas bélicas.

Por ejemplo, los iroqueses utilizaban pequeños trozos de conchas marinas de diversos colores, para ensartarlas por el centro con una cuerda formando con ellas anchas fajas o wampum; este pueblo reunía a los jóvenes de sus distintos grupos anualmente dos veces en el bosque, donde los ancianos los iniciaban en la interpretación de los signos del Wampum construídos con trocitos coloreados de conchas, donde se leían los mensajes. También los que habitaban cerca del Lago Superior se comunicaban con sus semejantes dibujando las noticias sobre la corteza de los árboles, en lo que M. Ilin denomina Cartas-imágenes. Además, entre estos grupos o etnias se mantuvo la costumbre de atribuirle a los colores un significado a la hora de enviar los mensajes, usando el color negro como el de muerte, el rojo anunciaba la guerra, el amarillo el tributo y el blanco señalaba la paz.

En México, mayas, mixtecas y aztecas pintaron en imágenes o figuras sus historias, sus vidas, coloreadas con brillantes tonalidades. Existen informaciones de que los mayas desarrollaron la astronomía e inventaron el calendario y la escritura unos 350 años antes de Cristo, dejando tallados registros calendáricos en estelas de piedra; y que luego, escribieron sus códices.

Según indican algunos registros, el obispo Landa dejó copia de los signos de la escritura maya en su libro, pero que estos no fueron de utilidad para la interpretación o descifre de las inscripciones, lo que indicaría que el sistema maya es pictográfico y no fonético; más, sea considerado ideográfico, jeroglífico o fonético, lo que sí es indudable es que el maya fue un pueblo dotado de gran capacidad creadora, cuando desarrollaron aspectos tan importante, de tan alto nivel intelectual, como lo revelado por las tallas de estelas y muros o en sus códices o libros de los que se salvaron sólo tres. El más importante de estos Códices es el Dresdensis, copia realizada entre los siglos XII y XIII, de un original muy antiguo perteneciente a los mayas de Guatemala. Costa de 39 hojas escritas por ambas caras, sobre un papel en cuya elaboración se encuentran fibras vegetales, y plegado como un abanico. Al ser descifrado este manuscrito en el Instituto Matemático de Novosibirsk, reveló que su contenido es una colección de calendarios rituales de índole mitológico, con datos exactos sobre eclipses lunares y solares, las órbitas de Venus y otros planetas y los períodos de rotación de la Tierra, además de algunas constelaciones celestes.

Humm y Amatl, y Amathé denominaron mayas y aztecas al papel fabricado para escribir sus Códices, -y a su Códice, el mexica-, sobre los que los sacerdotes trazaron los jeroglíficos, deseosos de preservar y transmitir los hechos y acontecimientos, señalando fechas e historias.

Según la religión de los mayas cada día está regido por una deidad de buen o mal augurio, abundando el nombre de Chac el dios de la lluvia. Una de las páginas del Códice Dresdensis muestra el fin del mundo por una inundación. Los mayas desconocían la rueda, el torno del alfarero, la metalurgia..., pero ante todo, fueron grandes astrónomos no cabe duda. Existe la posibilidad de que heredasen de la olmeca alguna forma de escritura, que influyese sobre su civilización, y que esos signos permitieron desarrollar el sistema jeroglífico o pictográfico que hoy conocemos; lo cierto es que por lo general, se sostiene que los mayas iniciaron o crearon desarrollando, una interesante escritura en aquéllas eras. Pudieron inventarla, o bajo la influencia del olmeca, recomenzar a trabajar para lograr un sistema escriptorio con el que quedasen fijados en el soporte elegido, sus acontecimientos vitales.

Diego de Landa aclara que esta cultura poseía libros pintados, conservados en distintos pueblos y ciudades, más, el obispo Landa consideró que aquellos manuscritos eran obra del demonio, ordenando que fuesen pasto de las llamas, a la vez que afirmaba que hallaron grandes cantidades de estos códices, lo que no lo motivó a preservarlos, al contrario, los consumieron las hogueras irremediablemente. No es asombroso comprender que Landa encontrase que aquellas gentes se apenaran por el daño que se les infligía al destruir sus valiosas obras, pero nada detuvo la mano destructora que tornó en cenizas las escrituras de generaciones enteras, movidas por intereses pacíficos y constructivos entre los que encontramos la medicina, los numerales, su arquitectura, la astronomía y la escritura compleja, profusa y complicada a la vez.

Al iniciarse la conquista española del continente recién encontrado, pronto muchos de sus hombres, religiosos o no, descubrieron que los sacerdotes mayas poseían libros que usaban en el ejercicio de sus actividades religiosas, manuscritos que mantenían en casas especiales (¿acaso bibliotecas...?), que existían en sus ciudades. Fue una verdadera desdicha que cierto tipo de mentalidades considerasen escritos paganos a la inmensa producción de un mundo de hombres dedicados al estudio y a las observaciones, y que no se les considerase en su verdadera grandeza y magnitud.

Fue en Viena, Austria, donde el Códice Dresdensis fue descubierto por un bibliotecario alemán cuyo nombre desconocemos, permaneciendo en ese centro cultural tan extraordinaria obra. Este manuscrito maya mide 3.50 metros.

El Códice Tro-Cortesiano mide 1.75 metros; fue encontrado en España en la segunda mitad del siglo XIX. Su nombre se deriva de la supuesta idea de que fue Hernán Cortés quien lo introdujo en la península en uno de sus viajes. El Códice Peresiano aparece en la Biblioteca Nacional de París en 1860. Se le denomina así porque estaba envuelto en un pedazo de papel que llevaba como rótulo el apellido Pérez. Permanece en la misma Biblioteca; mide 1.45 metros.

Varios son los Museos del mundo que cuentan en sus colecciones con algún Códice procedente de nuestras culturas antiguas, entre ellos y bien merecidos, el Museo Nacional de México; y el Museo Vaticano, el Museo de Bolonia, el Museo de Berlín y el Museo de París.

Sobre el papel o soporte escriptorio se pintaban los signos pictográficos con colores brillantes, ya que los tintes eran de mucha importancia para interpretar la variedad de dibujos contenidos en los manuscritos. El escriba azteca disponía de una extensa gama de colores, y de éstos dependían los significados de la escritura, como es apreciable en algunos de los Códices que se salvaron, entre ellos el de Tlaxcala, la historia ilustrada del fin del Reino Azteca causado por los conquistadores.

Hay que exaltar las ilustraciones de los hermosos códices, en muchos casos semejantes a los murales de sus estructuras religiosas en cuanto a belleza y significado.

La escritura de los manuscritos del pueblo mexicano fueron realizadas por tlacuilos o pintores aztecas, todos, en posesión de mentes ricas en conocimientos cosmogónicos, relatos, fábulas, la historia de sus reyes, de sus mitos, las leyendas, los festejos, que vertían al papel o a la piel de cérvidos como los mixtecas, plasmando el pasado y la presente existencia anterior al hispano así como las experiencias que pudieran alcanzar.

Los escribas colorearon los hermosos manuscritos extendiendo los distintos matices dentro del dibujo perfilado en negro. Carecerían de perspectivas, más lograron el mensaje deseado en una decoración donde prevalece la armonía bien distribuída. De la etapa colonial se conocen varios códices, aunque presentan ya la huella de una cultura foránea y otra creencia religiosa.

Mayas, mixtecos y aztecas dejaron Códices ilustrados con verdadero arte y amoroso cuidado, que encuadernaban y protegían con cubiertas de madera o de un papel más fuerte y lustroso, adquiriendo así mucho parecido con los libros que manejamos hoy.

Algunas de las obras fundamentales de los mayas se salvaron de la destrucción debido, según algunos informes, al interés de varios sacerdotes y frailes que aprendieron a dominar las lenguas nativas y pudieron recoger las tradiciones orales llevándolas a la escritura castellana, llegando así hasta nosotros joyas como el Popol Vuh, obra muy antigua que había sido pasada a la lengua del conquistador de un original mucho más arcaico todavía, copiado una y otra vez. Después, sería redactado en quiché pero con caracteres latinos por Diego Reinoso, un nativo, hacia 1557, en Chichicatenango, región central del reino quiché, y mantenido como libro secreto, oculto por los sacerdotes, al que no tenía acceso el pueblo. Otras obras, como Anales de los Cakchiqueles, Los Libros de Chilam Balam, El Título de los Señores de Totocanipán, el drama Rabinal Achí y otros, son libros que revelan el grado de madurez intelectual que había alcanzado este pueblo ya perdido...

El manucristo del Popol Vuh guardado o escondido por sus herederos, sería descubierto por Francisco Ximénez, sacerdote andaluz que lo tradujo al castellano, señalando que dicho códice había permanecido en poder de sus sucesores, los antiguos sacerdotes. Ximénez comprendió el alto valor del manuscrito tan pronto tuvo ocasión de revisar la obra en su totalidad. Este sacerdote, que había llagado a Guatemala en 1687, aprendió y dominó el quiché, el cakchiquel y el zutujil, tres hablas nuevas para él; investigó las costumbres y creencias de los nativos y logró inspirarles confianza suficiente hasta que aquellos le ofrecieron el sagrado manuscrito de sus mayores, que habían sabido mantener reservado desde hacía muchos años.

Francisco Ximénez tuvo tiempo de escribir la Historia de la Provincia de San Vicente de Chiapas y Guatemala, incluyendo el texto del Popol Vuh en su trabajo, que dejó inconcluso hacia 1720. A su muerte, su Historia y con ella el Popol Vuh, quedó en poder del grupo de frailes dominicos que él conocía. De allí y en 1830, fue llevado el manuscrito a la Biblioteca de la Universidad de Guatemala.

Charles Etienne Brasseur de Bourghourg, un sacerdote francés, a mediados del siglo XIX e indagando, localizó entre los documentos de esta Biblioteca obras del pasado de los pueblos mayas, descubriendo la señalada Historia de Ximénez que, al revisarla, le entregó el Popol Vuh, el más importante de los libros de esa civilización conocido hasta hoy, que viera la luz bien lejos de las regiones donde fuera escrito bajo el dictado de ancianos sacerdotes y mantenido oculto durante ¿cuántos siglos...?

Se ignora como un día, el original escrito en lengua quiché que se encontraba en poder de Brasseur, apareció en la Biblioteca de Newberry, Chicago, donde permanece aún.

Entre las culturas precolombinas de Guatemala, Honduras y Yucatán, así como en Mesoamérica, aparecen distintos sistemas de escritura, como la calendárica, la ideográfica, la jeroglífica, la fonética y la numeral, representadas sobre diversas materias, permaneciendo muchas y dadas a conocer al público, además de haber sido estudiadas detenidamente por especialistas de diferentes países. Las escrituras mayas y mixtecas son consideradas jeroglíficas a la vez que pictográficas, comparadas a veces con los rollos japoneses, debido a la belleza de sus ilustraciones, las que permitan conocer los sucesos acaecidos a los pobladores y sus hechos. El plano de Tenochtitlán, la peregrinación de los aztecas, las reproducciones gráficas de monumentos ya demolidos, han clasificado a esas obras de sumamente valiosas para el conocimiento del pasado, ilustrativas de la existencia de varios pueblos, como el Códice Borbón; el Códice Badiano, redactado en lengua azteca por Martín de la Cruz, fue traducido al latín por Juan Badiano de Xochimilco e ilustrado profusamente con motivos florales (o de la flora) del país.

La escritura maya estaba al servicio del poder, de la religión, del calendario, pero además, unida a la arquitectura y la escultura. Se considera que toda la población maya sabía leer dado que materialmente, las inscripciones sagradas aparecían en todas sus construcciones.

Según la leyenda, Zamma o Itzamma, el principal dios maya, inventó los signos de la escritura de ese pueblo, dio nombre a los lugares, pueblos y montañas, por lo que tal vez, como un homenaje al bien otorgado por esa divinidad, cubrían con la escritura creada por Itzamma, muros, paredes, estelas, que dedicaban a su Señor!

La irrupción de los conquistadores muy pronto dio a conocer que el habla náhuatl poseía una escritura, un conjunto de símbolos entre los que ya se manifestaban caracteres fonéticos, progreso que se inicia desde las inscripciones del pasado hasta alcanzar las coloreadas pictografías de los últimos códices, entre los que se aprecia la evolución propicia del avance cultural que logró la sociedad azteca.

Más, al ser interrumpido ese proceso, el ritmo normal y natural de una civilización y el curso que debió seguir ese sistema gráfico fue detenido: la aparición de modelos diferentes a los ya establecidos, hirió la pupila del escriba y rompieron el compás ascendente del desarrollo, y los hombres y los cascos, armaduras y vestidos, el desconocido animal y los arreos correspondientes a la bestia, las armas, los objetos y artículos diversos además de las naves fondeadas en la bahía, fueron capaces de infundir la confusión y todo se detiene..., lo que sería más que suficiente para retardar e impedir un procesos que ya no podría continuar, llevarse a cabo nunca más...

La historia no tiene retorno, nada regresa, no se cierra el círculo y torna a comenzar como la gota de agua o el péndulo de un reloj de pared... Todo se fue borrando, desapareciendo, los colores que animaban los dibujos de antaño, palidecían cada día más hasta que se borraron bajo los caracteres y trazos diferentes de una escritura no conocida hasta 1492, por nuestros antepasados del Nuevo Continente.

Los Incas no conocieron alfabeto alguno o sistema de escritura; algunos cronistas de la conquista se refieren a la existencia de un sistema gráfico de registro escrito en uso en el reino andino. Las investigaciones de Victoria de la Jara acerca de ideogramas aparecidos en los keros, en algunos tejidos y en las killkas, considerados como temas decorativos sobre piezas de cerámica, a su juicio pertenecen a una escritura y son signos de un sistema gráfico de registro. Se asegura que la nobleza incaica poseía una escritura y un idioma para su uso exclusivo, hecho que podría corroborar la posesión de signos para una escritura. Las muestras del citado sistema de registro fueron incineradas en la Casa del Sol, narra Thor Heyerdhal, investigador acucioso de culturas como la peruana y la de la Isla de Pascua. Ahora bien, quedan los quipus, enigmas para los especialistas. Su uso por un pueblo dotado, que había alcanzado una tan avanzada civilización, se hace notable por la falta aparente de signos o jeroglíficos, pictogramas o algún otro medio de expresión recogido en soportes, en los que pudo escribir su historia, sus mitos, leyendas y las creencias religiosas a más de la extensa producción de géneros literarios muy hermosos.

En este sistema de cuerdas anudadas los incas llevaron cierto tipo de registro informativo: ¿o pudo ser posible que absolutamente todas las actividades de la nación fuesen recogidas en estas cuerdas anudadas de colores diferentes? Al carecer de documentos, al no existir ningún registro escrito ni de esa cultura ni de cronista alguno, dudamos: ¿estamos acaso, frente a un pueblo mudo, con el enigma inmenso respecto a las informaciones que nos deben y que ignoramos si están ocultas en los nudos del quipus que ha quedado? ¿No será posible que en la era de la computación nos sea permitido leer todos los mensajes que contienen las cuerdas repetidas de esas piezas...?

Un científico sueco, Nordenskiol, afirmó después de algunos años de estudio, que algunas tumbas contenían ciertos quipus calendáricos, en los que se encuentran múltiplos de 365 e indicaciones del período de rotación de la Tierra, Venus y Mercurio, información que aparece también en un manuscrito anónimo del siglo XVI, dirigido a Felipe II de España, en el que se afirma que la cultura de los Incas mantenía en los nudos de los quipus las fechas señaladas, como festividades, los días de la semana, las semanas y los meses del año...

Aunque estas informaciones son muy gratas, para dilucidar todos los enigmas, los secretos todos del incaico reino, queda mucho camino por recorrer hasta aproximarnos... a una verdad absoluta, algo deseable por todos los que nos interesamos por esta antigua cultura nuestra.

En el reino Inca los amautas transmitían la tradición oral en su doble aspecto de eruditos y filósofos lo que los igualaba casi a los famosos mentores de la antigüedad; así también los poetas o haranicus cantaban en sus versos las epopeyas, los mitos, las leyendas y las historias del pueblo andino. La función de los amautas debió ser la de ofrecer al pueblo una información enciclopédica, y los cantores, durante los festejos, en sus poemas ante el público espectante, declamaban sobre las hazañas del guerrero, la belleza de su amada, el respeto para el rey y el encanto del entorno de su tierra. ¿Es posible que entonces Ollantay y Usca Paucar formaron parte de las obras allí representadas en los felices días anteriores al ‘descubrimiento’...? Por que es muy rica y sentida la literatura oral de esta civilización: es rica y muy sentida, repetimos, porque en ella está presente el alma de este pueblo, sus hondos sentimientos que no pudo vencer el extranjero. Entre los poemas admirables se encuentran otros géneros entre éticos y morales, las Sentencias del Inca Pachacútec, recogidas en los Comentarios Reales de los Incas.

Ahora, que conocemos y valoramos en su justa apreciación todo lo que hemos señalado antes, las infinitas producciones de todos los nuestros, estamos en condiciones de comprender el asombro, la sorpresa del hispano, cuando descubrieron las expresiones artísticas representadas por las variadas civilizaciones y culturas encontradas: bien concebidas y terminadas en su perfección o fines, poseedoras del encanto, de la belleza, del vívido mensaje de cada estatua, o en las estructuras arquitectónicas, así como en el desarrollo de la cerámica, la orfebrería, la poesía o las observaciones celestes, además de su profunda religiosidad que enmarcaba toda su existencia, expresada en variedad de formas y matices, de donde partía la intensa unión que los mantuvo, así como las hablas, ricas en voces y en todas las posibles expresiones, hasta llegar el terrible momento en que otros hombres venidos de la Europa, hollaron los suelos donde habían nacido y crecido tan libres como el viento y el cielo!

Antes de finalizar digamos que la más indescifrable de las escrituras corresponde a la de las tablillas o rongo-rongos pascuences, ‘las maderas que hablan: ko-han-rongo-rongo’, que se creen recordatorios de cantos ceremoniales, o de ritos religiosos según otros, mientras algunos se inclinan a pensar que estamos en presencia de una antigua escritura jeroglífica, obra de un pueblo de alto nivel cultural. En 1993 se dio a conocer la sorprende noticia de que un científico estadounidense, Barry Fell, había logrado descifrar las difíciles escrituras tan estudiadas, -en soportes de madera, los rongo-rongos dejaron su enigma para ser traducidos para todos nosotros.

Y por último, digamos que en Panamá, es pictográfica la escritura de los cunas, que han trazado de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, o bustrófedon, (como aran los bueyes). Estas pictografías son usadas como recordatorios para la interpretación de las danzas rituales.

Entre las culturas y civilizaciones precolombinas se cultivó la oralidad o sea, las composiciones poéticas y otros géneros no podían ser llevadas a una escritura puesto que muy pocas poseían ese sistema de registro. Por lo tanto, volcaban sus emociones en diversas composiciones muy hermosas, quedando diferentes muestras a lo largo de los tiempos, que han llegado hasta nosotros por la tradición oral.

Diferentes géneros cultivaron en los que aparecen cuentos, fábulas, relatos, el drama, la lírica y otras formas no menos hermosas y sentidas. Así, la riqueza oral se transforma en algunos grupos, de modo sensible, en oleadas de llanto o retazos de alegría, en la belleza de un amanecer y la melancolía de un lento crepúsculo. Nuestros pueblos liberaban sus sentires con estas composiciones en las que recreaban sus espíritus con el contenido sentido de sus cantos, con la gracia y la sensibilidad y el amor que volcaron, en bellos poemas donde exprimen su dolor terrible al perder el reino...

El alma poética no se extinguió bajo la planta del conquistador; vivió la agonía de esas horas, aún vibra y existe en las conciencias y los sueños de los hombres y mujeres que inundan este mundo en que vivimos, con una y mil sutiles diferencias por la mezcla de razas, pero que concretan sus ansias en los deseos de integrar en una raza nueva, todo lo que llevan dentro del pasado amerindio, en un nuevo e inmenso país como el de antaño...

Se dice que el sentido de lo bello está latente en nuestros hombres de hoy, que se reconoce en la literatura que nos muestran en estos tiempos tan caóticos, difíciles, tal como permaneció desde el pasado, durante muchos siglos; lo que no se discute, porque el Hombre es uno solo a pesar de las diferencias que existen entre la total Humanidad. Pero sea cual fuere el grado de desarrollo cultural, todos llevamos dentro los mismos ideales e idénticos anhelos en todas sus formas y matices, profundamente arraigados como el amor a la Madre o a la Patria!

Y siempre será así, porque en maya, aymará, náhuatl o en araucano o quechua, en todas las hablas anteriores a Colón, los humildes hijos o los príncipes ‘indios’, cantaban al amor, a los dioses, a las flores, a los héroes. Tanto a la vida como el dolor que roía sus entrañas, con las voces vibrantes del momento en que soñaban con la plenitud de toda estirpe, o en el que pierdan reyes y tierras, y a toda la familia en la espantosa hora del colono!

J. M. Clezio ha expresado sobre este ardiente palpitar del alma del nativo, que formó con palabras sus lágrimas sintetizada la emoción o en radiante, jubilosa hora feliz,... que esta poesía, con todo el esplendor simbólico del náhuatl, con ese ritmo musical y aliterado que hizo de esa lengua la más creadora y melodiosa de la América india, resuena en nosotros con la profundidad inquietante de una profecía...

VOCABULARIO: Algunas de las voces correspondientes adistintas lenguas de los pobladores amerindios, incorporadas al idioma castellano. 

 

Aguacate

cotara

Ombú

almiquí

cuisa

Pampa

alpaca

chinchilla

patata

amauta

chirimoya

poncho

ananás

Duho o dujo

Sabana

anón

Guanábana

Tiburón

araucaria

guamo

tiza

areíto

guanaco

tomate

Batata

guayo

totem

bija

Hamaca

tuna

bohío

hule

Yagua

búcaro

huracán

yuca

burón

Iglú

Vicuña

Cacahuete

iguana

 

cacao

ipecacuana

 

cacique

Jaba o haba

 

caney

jícara

 

canoa

Macana

 

carey

maíz (del caribe manis)

 

catauro

mamey

 

cayo

manatí

 

cemí

maní

 

ciboney

maraca

 

cibucán

marañón

 

coa

mate

 

cobo

mayohuacán

 

cojoba

Nagua

 

cóndor

nopal

 

conuco

Ñandú