Geografía humana de la Sierra nevada de Santa Marta

Civilizaciones y culturas precolombinas

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Geografía humana de la Sierra Nevada de San Marta

 

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Plantas medicinales en América

 

¿Es posible que fumar tenga su historia?

 

Bibliografía

Este periplo a través del pasado de nuestro Continente, nos ha llevado a conocer distintos pueblos que existieron y también a sus descendientes que aún viven. Acabamos, por lo tanto, de leer un estudio sobre las etnias establecidas en la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia, que conservan casi totalmente sus costumbres y las tradiciones. Sobre la Sierra han instalados sus viviendas, depositando sus esperanzas sufriendo mil vicisitudes en la búsqueda de un asentamiento conveniente, no para ellos, si no para los colonos, los Hermanitos Menores y muchas otras veces para los que arriban de otros sitios o continentes, que hacen todo lo posible por apropiarse de sus tierras –las de los nativos-, obligándolos a cambiar una y otra vez sus casas y sus rosas, para acomodo del extraño que, con gusto, sacan ricas ventajas de lo que han tomado, mientras sus dueños tropiezan con los inconvenientes que suponen los desalojos de cada uno de los espacios de su propiedad, donde pierden lo heredado de los ancestrales padres

Geografía Humana de Colombia, Noroeste Indígena, que publica la Universidad de los Andes, Departamento de Antropología, ofrece los nombres de los grupos humanos de la Sierra Nevada de Santa Marta y las Tierras Bajas Adyacentes, que dá a conocer a los Chimila, los Kogui, los Wiwa, los Wayuu, los Tuko-Yukpa, los Bari. Es un estudio realizado por antropólogos que ofrece a los actuales moradores de ese punto, los que heredaron y conservaron las tierras de los antepasados, las costumbres y los mitos, en una de las investigaciones más valiosas sobre estos grupos nuestros. Una dedicación absoluta digna de aplauso, también inapreciable al ofrecernos una visión del estado en que se encuentran estas pequeñas comunidades de Hermanos Mayores que hoy conforman una exigua parte de la antigua población autóctona, por obra y gracia de seres carentes de conciencia humana!

Geografia Humana de Colombia es, para los que elevamos la voz en favor de nuestros hermanos y sus culturas, un descubrimiento muy valioso y una lección muy poderosa y muy profunda para todos: es una llamada de auxilio dirigida al Mundo a favor de los que sufren penalidades e injusticias en una Tierra que los vio nacer y les pertenece por derecho propio.

Esta viva y palpitante advertencia llena de amor, simpatía e inquietud está dirigida a la Conciencia Humana... Más, ¿a quién remitir esta obra? ¿A los Jefes de todos los Gobiernos, a los que explotan esas tierras en busca de petróleo o de gemas? ¿Al que traza una carretera y al que ‘cerca’ su finca a sabiendas de que esos territorios no le pertenecen? ¿Al criador de ganado, al maderero talador de bosques ajenos, pulmones del Planeta?, para que los Gobiernos, incluyendo a la Humanidad entera, y a todos los que desde aquí desconozco, que se asomen a la gran ventana que en la América cada una de sus etnias marginadas, atropelladas, para probar un sorbo del acíbar que ellos beben en contra de su voluntad, vaso entregado desde el mismo momento del ‘encuentro’, éstos nuestros hermanos de un Continente Nuevo. Nuestra VOZ ha de alcanzar conciencias y nobles corazones como primer trinchera, por las Penas del Hijo de estas Tierras que no era salvaje, era otro Hombre, menos cruel y ambicioso que el hispano!

No estaban, los pobladores de este Nuevo Mundo, necesitados de pacificación como decían, ni había por qué redimirlos: Ellos conocían la vida, la existencia, sabían de la muerte y del nacer, crecían, cultivaban, creaban, exploraban espacios y vigilaban las estrellas, conocían cada planta y cada ave para nutrir el cuerpo tanto como para sanarlo de los males. Trabajando crearon dioses y sus mitos, sus rituales y ceremonias. Cultivaban sus rosas donde espigaba el Zea mays; techaban sus casas, tejían sus mantos y cestas, moldeaban cazuelas y nació la alfarería, desarrollando artes asombrosas para nosotros hoy. Existían pacíficamente bajo este cielo tan azul...

Si de pacificación se habla ¿quién es el inocente que replique la belicosidad de que hacían gala, si en todos los países del Mundo, en todas las latitudes de esta esfera hubo riñas, si todos los seres del Orbe continúan guerreando, envueltos en problemas que existen en todas las capas de las sociedades, de la civilización y todos los rincones de este Globo, ahora mismo, en estos momentos en que se extinguen un siglo y un milenio, que concluyen, para cruzar las fronteras hacia una Era incógnita, espectante, llena de desconcierto y de promesas, de decepciones traicioneras y de sangre, dolor y muerte, de lo desconocido y temeroso forjado por las mentes enfermizas y espantosamente crueles de ambiciosos asesinos, en los umbrales ya del sigloXXI!!!

Hay razones, existen motivos para defender a estos seres humanos, nativos que descienden de los ancestrales habitantes de la Sierra Nevada de Santa Marta, y también, de tantos territorios de este continente, que alzan sus voces para clamar Justicia! Por todos les pedimos, ¡tan pobres y tan pocos!, que mal viven en ‘reservas’ –perdónenme los que las concedieron-, marginados de sus sitios de origen; reservas propiciadas por algunos gobiernos ‘amigos’ pero apartados de su verdadero suelo, de su cuna, de su mundo real heredado desde el inicio del poblamiento continental. Terrenos originales de los que han sido privadas nuestras etnias, sin meditar el delito de lesa Humanidad que se comete aquí! Por que estos Hombres, estos Pueblos, son los verdaderos dueños de la América, y no los descendientes de los descubridores y colonizadores que un día se acercaron a nuestras playas y se instalaron con palabras engañosas, por medio de la fuerza y el exterminio. Es crimen que tienen que pagar, el haber marginado y excluído a estos seres como si fuesen fieras que aniquilar por obra de la desmedida ambición del hombre blanco procedente de otras latitudes...

Geografía Humana de la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia, habla por sus hijos –por los brasileños, los de Honduras, Guatemala, Chiapas-: por todos ellos, por todos los nativos de nuestro continente.

Hacia los investigadores que retrataron una escena de este cuadro familiar de hermanos, van los mejores sentimientos de la autora, con el deseo de un futuro mejor en el marco del Tercer Milenio que a las puertas ya está... del otro lado...

El aspecto físico de nuestros antepasados amerindios ¿cómo era...? Si nos atenemos a las informaciones de los cronistas nos dirán que su buena presencia y alta estatura predominó entre muchos grupos, entre los que se encuentran los mayas de la península yucateca, los pobladores de Chiapas, los del Norte de Panamá, de Escaria y Paria, los de Darién, los habitantes de Cartagena y Santa Marta, entre los que tenemos a los caonaos, a los establecidos en Curazao y otras islas, -las llamadas de los Gigantes-, por la estatura de sus moradores; también los chachapoyas que además de la talla que alcanzaban eran admirados, hombres y mujeres, por la blancura de su tez, por lo que contamos con una buena cantidad de comunidades que se caracterizaban por su alta talla, además de otras características como las ya apuntadas.

De gran capacidad toráxica son los habitantes de los Andes, a consecuencia de la baja presión atmosférica a que están sometidos los que viven en la cordillera, lo que les lleva a desarrollar los pulmones que buscan el oxígeno, acentuando una u otra región geográfica las diferencias físicas de sus habitantes, que se percibe en la piel, con una pigmentación más clara o más oscura según el clima predominante en el establecimiento humano.

Las deformaciones físicas o la demencia son excepcionales en esta parte del mundo; los casos conocidos en Las Antillas y Sudamérica así lo demuestran.

Disfrutaban de buena salud y muchos casos de longevidad, atribuídos –si se toma en cuenta- a la magnífica higiene corporal y de la vivienda, una dieta sin excesos y a la actividad regida por el medio y la época que les tocó vivir. En la mayoría de los casos la belleza femenina fue destacada; cuidadosas de su hermosura, la mantenían con los cabellos largos y lacios perfumados como su cuerpo, con plantas aromáticas y flores, además del aliento.

Casi la totalidad de los amerindios cuidaban a la futura mamá así como al hijo que nacía, comenzando con la cura umbilical, el baño en el arroyo o río para la madre y el nene recién nacido. Otros grupos envolvían al niño entre hojas de bijao, y algunos llevaban a cabo prácticas mágicas para proteger al bebé, durante el período de lactancia unos cuatro años, como acostumbraban los mayas y otros pueblos.

Usaban técnicas para que el pequeño creciera con el cuerpo erecto, el baño diario era una costumbre establecida. Desde los primeros meses iniciaban la educación del hijo, e iban adiestrándolo a medida que crecía, en todas las actividades necesarias para su existencia adulta. Entre los 4-5 años se escogía el nombre que iban a imponer al hijo, algo que estaba entre las atribuciones del sacerdote o mago.

En Guatemala y México hubo escuelas para los niños desde los 4 hasta los 12 años, donde los preparaban para su vida futura. En la Guayana, a los varones se les enseñaban las artes de la caza y de la guerra; a las niñas, todos los oficios femeninos: los padres se encargaban de adiestrarlos en los trabajos u oficios que desempeñarían más adelante fuese una niña o un varón.

En general, en las comunidades de la América prehispana se tuvo preocupación en aspectos vitales para la existencia y desarrollo de sus hijos. Se han publicado estudios sobre la puericultura practicada en las tres grandes civilizaciones precolombinas: mayas, aztecas e incas.

En cuanto a las expresiones de amor que manifestaban a sus hijos existe la seguridad de que ese sentimiento abundaba aún entre los menos dotados culturalmente. Amaban a sus hijos, se preocupaban por ellos; la libertad más absoluta, sin reprimendas ni golpizas, la gozaba el niño, así como la obediencia era natural entre los pequeños. Padres condescendientes fueron conocidos entre muchas etnias: ni regaños ni castigos se aplicaban; solamente son conocidos pocos pueblos que hacían uso del castigo cuando el pequeño no respondía a los métodos educativos tradicionales y, a veces, los azotaban, aunque no fue frecuente entre tantos e incontables pueblos.

Algunas enfermedades padeció la población infantil, combatidas con los remedios reconocidos por la tradición, como son los ofrecidos por las plantas medicinales; asombra conocer lo que escogían para alimentar a los infantes, en los primeros meses ofrecían al bebé mogos de yuca, boniato o calabaza o harina de maíz –Los Pieles Rojas alimentaban con maicena la población infantil como nutriente; Atole entre los náhuatl, alimento de los primeros años, dado que entre estas culturas desconocían la leche de vaca u otro rumiante, supliendo con el maíz esta deficiencia alimentaría. Algunos establecimientos humanos practicó la geofagia unida a vegetales, sin dudas para suplir los elementos minerales necesarios para la nutrición.

En casi todas las comunidades estuvo establecido el lavado de las manos antes de comer, sirviendo los alimentos en cuencos de barro, madera o juncos, sentados los jefes en dujos mientras sus acompañantes lo hacían en el suelo. Aunque en apariencia pobre, lo ingerido en carnes, pescados y aves, legumbres, vegetales, frutas y nueces, además de la chicha, proporcionaba esta dieta los elementos necesarios para mantener fuerte y saludable al nativo, que añadía como sazonadores el ají, la sal, el chiro, la pimienta nativa, el bejuco de ajo, y la bija como colorante.

La Yuca: tubérculo muy extendido en el territorio sudamericano que, a la vez que se ingería hervida, se elaboraba el casabe, el pan autóctono, que actualmente en Cuba, sobre todo en las provincias orientales, se consume tradicionalmente en las fiestas de Nochebuena y Año Nuevo, acompañando al lechón asado..., también en la isla de Mampós y otras regiones del Sur del continente, continúa presentándose en la mesa casi a diario.

La fabricación del casabe, al parecer, se originó en Brasil y Paraguay; viajó con los arawaks a las Antillas Mayores antes del descubrimiento; después, tanto Diego Colón como Bartolomé de las Casa, cultivaron esta planta con fines industriales mientras colonizaban el territorio del Nuevo Mundo. ¿Serían los españoles los que ‘descubrieron’ la exquisitez de la yuca frita después de hervida y fría?, algo frecuente en la cocina cubana de hoy.

Cita Oviedo que en el Tamo, Llanos Orientales, usaban otros sistema para procesar la yuca, logrando una harina con la que fabricaban un pan semejante al de harina de trigo. También cultivaban el boniato o camote, que a más de ser hervido o asado para llevar a la mesa, fue asimilado como postre, que hoy paladeamos como boniatillo...

En la cuenca del Orinoco se cultivó el sagú, que pasó a las Antillas como un tubérculo productor de almidón, considerado a través del tiempo como alimento nutritivo y energético para niños, enfermos y ancianos. Otro almidon, el de achira se usa en la producción de bizcochos en Colombia, Perú y Bolivia. La papa o patata, descubierta en Perú, se consumía por unos cuantos pueblos; al ser introducidas en Europa ganó la confianza de todos, y hoy forman parte de la dieta de casi todo el mundo. Fue en Francia donde se redujo a puré este tubérculo con la consiguiente aceptación, y hasta pedimos papas fritas bajo el nombre de una Reina holandesa, debido a la forma de picarlas.

El chayote es nativo de América Central; pasó a Colombia durante la colonia. Una inmensa variedad de plantas comestibles, nutritivas, existen en nuestras tierras; hojas de muchas de ellas enriquecieron las fuentes alimentarias de los pobladores, más tarde echadas al olvido con la implantación del régimen dietético español y a su desprecio por lo autóctono. La Achira, el palmito, la hoja de tuna, la del boniato, los retoños de yuca, complementaban la dieta nativa. Mezclaban con miel la leche vegetal, y la leche coagulada del zapotillo o níspero era usada por los mayas como masticatorio, hoy convertido en el chicle comercial...

Frutas, semillas, nueces, forman una relación de 44 clases cultivadas en aquellos tiempos; 24 protocultivadas y 122 silvestres con un total de 190 clases de frutas, existiendo otra lista con cerca de 300 especies de frutos comestibles en la América toda.

Como cereal, el Zea mays desde el ayer lejano, continúa como principal y más importante producto agrícola continental; con sus variadas formas de servirlo tanto en atoles para los vivos como en masato para el difunto y los ritos funerarios, formó parte de la mesa en toda nuestra América. Hervido, tostado, en arepas, pinol, tortas, es consumido habitualmente desde tiempos inmemoriales. El arroz nativo u Oriza latifolia, era consumido sobre todo en el alto Paraguey; la quínoa, muy nutritiva, también sus hojas, se ingieren como las espinacas y la semilla produce una bebida fermentada agradable y sana.

La técnica para la obtención del aceite vegetal a partir del maní y otras nueces ricas en la sustancia oleosa, era desconocida en nuestros pueblos: de ahí que la ingestión de grasas era mediante el consumo de esas semillas, como además, las abundantes nueces de la parte Sur del continente.

Bebidas refrescantes, alimenticias, fermentadas o no, fue predilección en nuestros pueblos, logradas a partir del jugo de frutas, palmas, yuca, maíz, que destinaban para diversos usos, como la chicha del maní como bebida ceremonial.

Del maíz, base de la alimentación, además del atole y el masato estaban las gachas o la harina de maíz blanda a la que añadían cacao, conocida como chucula. Bebidas fermentadas conoció Cristóbal Colón entre estos pueblos: el cacique Guaramental del Unare venezolano poseía ‘bodegas’ llenas de vino de piña, envasado en recipientes adecuados. Los yurumanguíes, los borucas, guatoses y otros pueblos, utilizaban frutas de palmas, la savia del tronco y el cogollo para proporcionarse bebidas. De ciruelas o marañón hacían vino los molle. Las coloraciones diferentes del maíz daban vino blanco, negro o rojo: Colón bebió en Paria vino tinto brindado por los nativos. La quínoa fermentada es tónica y estimulante. La miel de abejas proporcionaba una bebida exquisita.

Los mayas fueron apicultores en Chitamal, así como pobladores de las vertientes de la Sierra Nevada y Norte de Venezuela. Entonces usaban la cera de abejas para terminar figuras de madera, modelando el rostro con cera, además de su utilización en la técnica de la cera perdida que estaba muy difundida en la Colombia precolombina. La brea o canturrón producida por las abejas, lo utilizó en el Oeste colombiano el grupo étnico chocoano, para el alumbrado de sus viviendas.

La carne la proporcionaba la caza de animales, y diversos las clases de peces que formaron parte de la dieta, además de moluscos, crustáceos, iguanas, tortugas y otros especies marinas. La abundancia de peces motivó que el cacique Pete tributase, en la región de Cali ¡con pescados! Muchas veces los Jefes tenían rozamientos por motivos varios, como en al caso de la cacica Arcupón con Guaramental: ella se apropió de una rica laguna donde abundaban los peces... Estos pobladores a la hora de escoger pescaban tanto los de agua dulce como los del mar, según fuesen cercanas las fuentes proveedoras de pescado. A su vez, la avifauna ofrecía ganzones y patos, gansos, paujíes, pavos, perdices, gallinetas, palomas y otras aves.

Tulpa es la palabra quechua que designa las piedras del fogón: sobre las tulpas colocaban la cazuela de barro para hervir los alimentos. En regiones carentes de piedras, las tulpas se sustituían con pedazos de arcilla endurecida, o la olla se colgaba del techo, de la rama de un árbol o de algún otro asidero adecuado para ello.

Los recipientes, inicialmente, los fabricados de piedra como los metates; la cerámica desplazó a ese material con variedad de formas, dimensiones y estilos; entre las vasijas que dejó este alfarero aparecen ollas de tres pies y otras carentes de ese apoyo: las primeras corresponden a pueblos nómadas, las segundas pertenecen ya a grupos establecidos o sedentarios. El ceramista crea cuencos, escudillas, orzas, jarras, cántaros, bandejas, budares, frascos; aparecen piezas vidriadas, la loza común y la de la isla de Chiro, Nicaragua, loza vidriada color negro logrado a base de resinas vegetales.

La tecnología metalúrgica se desarrolló en algunos pueblos; frecuente entre los pacabueyes, de los que se conoce una totuma (forma de guiro) y una piedra de moler con su mano, totalmente de oro macizo, procedentes del adoratorio de Iguaque, donde fueron depositados como ofrendas ambas piezas. Según informes de Cieza, los carrapas trabajaban muy lindos vasos de oro y otras obras del mismo metal. Por su parte, los quimbayas además de alhajas, podían servir el vino en áureos y grandes vasos, como el del cacique Tuturumbi que ofreció al capitán Jorge Robledo, obsequiando otro mayor y más rico a Migual Núñez.

La población precolombina se valió de la propia Naturaleza para la fabricación de los utensilios, como en el casos de batir el chocolate y otras bebidas, usando raíces de palma para ello, también fabricaron pilones de maderas apropiadas, canoas para fermentar la chicha, bateas para la yuca rallada; contando con maderas fáciles de tallar y pulir como el aliso, el cedro y el higuerón. Los keros o vasos peruanos son de madera del toray, arbusto que crece a orillas de los ríos. Para los cuencos la madera del yarumo era especial. De los tallos solían tallar accesorios y algún utensilio o recipientes, varios grupos del Orinoco, casi siempre la cañabrava, y la güira, además de utilizar el cuero para la construcción de balsas; fabricaban instrumentos a partir de conchas de tortuga y picos de tucán.

En las grandes Antillas las viviendas recibían el nombre de caneyes, de planta circular o rectangular, las de mayores dimensiones, oraxa. En guaraní, cabañas es oca, u oga, casa colectiva, maloca; en náhuatl, vivienda es calli; en maya, otoch o yotech; en chibcha, güe; en la Sierra del Ecuador, casa es huasi o wasi.

El hombre se estableció en diversos sitios, en busca de refugio como los abrigos rocosos, cuevas, cavernas o grutas, sin exceptuar a los habitantes de nuestro continente. En El Abra, entre Tocancipá y Zipaquirá, los restos humanos descubiertos se han datado en 12 500 años, y en la Sabana de Bogotá, en el sitio de Zipacón I, vivió el premuisca, un ser humano que dejó una cerámica y otros restos, 3 270 años antes de Cristo. Los refugios eran transitorios mientras algunos grupos usaron reparos contra el viento, el sol y la lluvia, otros buscaron las cavernas, y algunos, más adelante, fabricaban viviendas de distintas materias. Pero llegó el día en que el hombre construye casas estacionarias individuales o colectivas, con o sin divisiones internas, palafitos, o viviendas adornadas y cercadas como la del cacique de Bogotá, con techos y paredes pintadas de blanco, llamando la atención del español.

Se acostumbraba a abrir una o dos puertas en la casa, aunque muy pocas ventanas; las de las viviendas peruanas muy características, por su forma trapezoidal. Según Cristóbal Cólon, las viviendas de los caciques antillanos eran de grandes dimensiones. La de Tezoateaga el Viejo, de Nicaragua, quedó plasmada en un plano que dibujó el historiador Oviedo, donde se destaca la estructura y emplazamiento de las viviendas que correspondían al Jefe, a la familia, servidores y soldados.

Por lo general la cocina, por el fuego, se mantenía dentro de la casa. La del cacique Guaramental, según las crónicas, era una imponente construcción junto a la cuenca del río Unare, Venezuela. La vivienda del cacique Comagre, costa Norte del istmo de Panamá, era amplia, con techos y pavimentos primorosamente labrados, relata Anglería. El cacique de Tubanamá poseía en el istmo de Panamá dos grandes construcciones. Las del cacique de Tairona, en la cuenca del río San Diego, fue construída con plazas enlosadas, dando la impresión de que es un complejo semiurbano.

Los hispanos no cesaban de elogiar las viviendas de los Señores de la Sabana de Bogotá, que a su juicio parecían alcázares. Las casas de la Cordillera Oriental de Bogotá, bien construídas y adornadas, contaban con tres cercados protectores. La belleza de la población del Zaque de Tunja no era mucho menor que la del Señor de Bogotá. La del cacique de Cali, las de los señores de la provincia de Azogue en los Andes ecuatorianos, las viviendas de jefes y curacas de los cayapas de Esmeraldas, las construídas sobre barbacoas en esta región. Las casas de los caciques de Collaguas, Arequipa, se distinguían por sus dimensiones, adornos, cercados y techos. En fin, donde quiera que se podía levantar un refugio, se construyó, y así fue como el cacique Abibeide escogió entre las ramas de un árbol, el sitio para su casa, debido a las lagunas que formaban su territorio...

En Cuba, Puerto Rico, golfo de Paria, lago de Maracaibo, Valledupar y otros lugares de este continente, se construyeron viviendas lacustres o palafitos, también en el delta del rió Orinoco, en el Amazonas, parte del Pacífico de Costa Rica, y se usan actualmente en la Ciénaga Grande de Santa Marta y en la Laguna Sinamarca de la Guayana venezolana. También fueron conocidas las casas flotantes, en la comarca del lago Tinjacá, los miúscos, y los uros del lago Titicaca; estos pueblos viven en casas flotantes de madera, reunidas casi siempre al borde del río a modo de aldeas, desarrollando una vida similar a la de cualquier otra comunidad humana de tierra firme, criando animales domésticos en sus correspondientes corrales! Parece que actualmente han desaparecido estos típicos caseríos, a partir de la construcción de muelles en esta región fluvial. Colón relata que sus exploradores observaron en la costa Norte de Cuba como medio centenar de casas de grandes dimensiones, techadas de pajas. Se señala que las viviendas en Puerto rico, La Española y Jamaica eran semejantes a las de Cuba.

En Centroamérica y resto del continente se vieron construcciones de madera, yagua y pencas de palmas, para las paredes y la construcción de los techados. En el cacicazgo de Tubanamá, en el istmo, construían casas de madera y techo de pajas; en Valledupar y en la Palma de las Colimas, la gente vivía en pequeñas chozas de pajas, otros, en casas de vara en tierra.

El poblado de los pijaos fue destruído en los primeros años de 1600 cuando los españoles arrasaron con el fuego 970 sembrados de maíz reduciendo a la vez a cenizas las bien construídas viviendas de barro y madera, pintadas de blanco sus altas paredes: aquí fueron exterminados los pijaos en 1606 -¡los que quedaban!- por órdenes de Juan de Borja.

Aunque el techo fuese de pajas, los leches fabricaron en Pamplona sus viviendas de piedra. En Cali, las casas eran de madera y pajas, muy bonitas en su interior. Grandes y circulares las hacían los gorrones. En las Montañas de la Cordillera Oriental las casas eran pequeñas, cobijadas con hojas de palma con paredes de altos y gruesos troncos. En Popayán construyeron grandes viviendas habitadas por una veintena de personas, con un poste dividiendo las habitaciones donde cada uno armaba su hamaca, acomodaba su telar y mantenía el fuego. Los quimbayas habitaban pequeñas casitas techadas de hojas de una planta nativa.

De madera techadas con pajas, hacían sus casas los pobladores de los Andes ecuatoriales, de dimensiones variables; los cañaris las construían de piedra y techos de paja; en la Sierra del Ecuador se veían casas muy hermosas. Hacia la Hoya amazónica pintaban las pequeñas casas de blanco, mientras que otras, cuadradas, eran de menor tamaño. Los guayupos de la cuenca del Ariri vivían en casas de vara en tierra, largas, propias para varios matrimonios a la vez. Las viviendas de los peruanos tenían planta rectangular y sus habitaciones se comunicaban por el exterior.

En muchos de los pueblos nuestros se crearon escuelas: en algunas preparaban escribas, en otras al mago o hechicero, los ritos de iniciación y otras enseñanzas como en el Perú Las hijas del Sol, y los mayas y aztecas como vimos anteriolmente.

Los puestos de vigilancia o torrecillas, estaban creados, la del cacique de la Isla Rica del Golfo de Panamá; las casetas o reparos funerarios o ranchos para estos finescomo los cunas de la Isla de Pinos, Este de Panamá. Los nativos de Guanante, Cartagena, enterraban a sus jefes en locales separados de la vivienda. Entre los macusis, caribes y guacamayos, habitantes guyanenses, los enterramientos familiare se llevaban a cabo en la cabaña donde pasó su vida el fallecido, también solían preparar un reparo techado sobre el túmulo para defenderlo de la interperie. En el Chocó practicaron esta constumbre hasta el siglo XVIII.

Las maderas más fuertes, como la córbana y el guayacán* eran preferidas por los moradores de las Antillas Mayores para la construcción; el cedro y el zapote en Yucatán fueron muy usados, debido a que el último es una de las maderas de mayor duración que se conocen, al descubrirse dinteles en perfecto estado de conservación, en Campeche y Tikal, muy antiguos.

Fueron éstas y otras maderas preciosas, las elegidas por los europeos, cuando en 1639 comerciaban con araucos y caribes de las Guayanas, los holandeses.

Bejucos de majagua muy usados en Cuba, así como el arique de la yagua, como cuerdas, sogas o cordeles; en Ares, Venezuela, utilizaban con iguales fines el bejuco piragua. Cada pueblo tuvo a su disposición el material conveniente para las necesidades presentadas. Los hombres, en todos los tiempos, han buscado soluciones ingeniosas ante los problemas que se le han presentado, como vemos en el uso del mucílago o pegamento vegetal, que mezclado con tierra blanca o cal lo usaron algunos pueblos para pintar sus viviendas en algunas regiones sudamericanas.

La tierra, la piedra y la cal fueron las materias utilizadas con mayor frecuencia en estas latitudes, con fines constructivos. En la Sierra de Mérida fue la piedra para bases rocosas que usaban los timotes; en la Sierra Nevada de Santa Marta fue utilizada en cimientos, caminos y terrazas; en San Agustín y Chavín los cantos rodados les eran muy útiles. La fortaleza de Sacsahuamán ostenta lo pulido de sus piedras; en Nicaragua y Costa Rica tallaban estatuas y esferas de piedra, estas últimas aparentemente para contener la tierra de los montículos del río Diquis. En el Norte Ecuatorial, en la fortaleza de Pambamarca y en Pichincha, se usó toba volcánica en diferentes construcciones; mientras, en otros sitios, pisos y fogones eran rellenados con tierra, a la vez que el adobe lo secaban al sol y más tarde por medio del fuego. Y como sabemos, el uso de la arcilla produjo la cerámica, que alcanza la más bella expresión en la piezas vidriadas de Chira, Nicoya, bajo Orinoco, costa Norte del Perú.

En náhuatl, adobe es xanutl: la pirámide de Cholula fue construída con adobes; en Chan-Chan, adobes rectangulares sirvieron para construir la fortaleza de Paramonga. Además, en varias partes del continente aparecen ladrillos secados al aire para levantar paredes o muros, construir escalinatas, altares y bancos, como en Tlaxcala, Tizatlán y Tula. En Comacalco, Tabasco, se recurría al ladrillo crudo para bóvedas voladizas; pero vemos que ladrillos moldeados aparecen en el valle de Virú, costa Norte peruana, en las construcciones en Gallinazo.

En México la cal se aplicó en edificios, torres, cercados; en Teotihuacán el revoque era con cal quemada, como se acostumbró en Yucatán y Guatemala, de donde procede el uso de este encalado que pasó a Mesoamérica. Los peruanos desconocían la mezcla de cal y arena, más una mezcla de cal y greda la utilizaron pueblos nativos de la parte equinoccial de América.

Centros ceremoniales, adoratorios y templos, erigidos por nuestros pueblos como parte de su vida espiritual, fueron despreciados y destruídos por los hispanos a causa de sus manifestaciones religiosas. Las creencias de estos pueblos llevó al colonizador a ignorarlas, y bajo el epíteto de idolatría y barbarie prefirieron no darse por enterados de sus religiones, santuarios y centros ceremoniales y de culto, no registrando en las crónicas más que leves menciones o de condenación, ante aspectos tan importantes para estas comunidades, que no por desconocidas y diferentes eran menos interesantes y valiosas, con importantes puntos de vista que es de desear inspiren al hombre actual, como son las de otras culturas ya conocidas por todos. Los tucanos y desanas contaban con una rica y compleja vida espiritual, y sin embargo, aparentemente carecían de templos y lugares de culto.

Sacerdotes y misioneros conocieron grupos étnicos que rendían culto a divinidades en cavernas, altos montes y lagunas, depositando en esos adoratorios ofrendas en alhajas a sus dioses, acto que consideraban deplorable, pero no tanto, cuando fueron capaces de saquear las huacas apropiándose de los votos depositados por los creyentes en esos templos, y se conoce que los religiosos precedieron, en territorios muisca y en el Ecuador, a tomar las joyas y todo lo que poseía algún valor de las ofrendas, destruyendo los templos acto seguido.

Los mexicanos influyeron en los estilos y costumbres de los pobladores de Nicaragua y Costa Rica, que levantaron montículos a modo de pirámides, mientras en Nicoya y Orosí erigían grandes templos para sus dioses; los santuarios para los penates serían de menores dimensiones.

En Zomico, Hoya del Magdalena, el templo sería el bohío mayor, colgando de sus puertas mantos pintados. En Sierra Nevada de Santa Marta área cundiboyense de adoratorios muiscas, así como Popayán, Llanos, Amazonas y Andes equinocciales, Costa ecuatoriana y Perú, todo lo que estaba dedicado a las divinidades fue destruído sin la menor consideración por parte del colonizador.

Instalaciones con fines defensivos eran las fortalezas, los palenques, las estacadas, palizadas y otras construcciones adecuadas para el confinamiento humano o para limitar espacio o propiedad: desde el alba, el hombre las levantó en este continente: a veces eran plantas vivas como el maíz (para aislar la casa de Tubanamá), palmas, guayacán y otros árboles (como en el cercado de Guaramental, jefe de los aruacos, Este de Venezuela y de su vecino Güeregüere); tres cercados de fuertes maderos atados con bejucos rodeaban el palenque de los hermanos Goroguarey y Guaxcarex.

Sobre formas rocosas naturales levantaron los chibchas y otros grupos sus fortalezas. La piedra sería usada en primer lugar como acostumbraron los incas y cañaris, al Norte de la fortaleza de Rumichaca, para sus campamentos; también en las ciudades mayas y luego en Machu-Picchu y Vilcabamba. Otros pueblos lo demostraron a orillas del Carchi, además de las ruinas de Concagua, en Coyamba, gigantesca población precolombina.

En Cuba, La Española, Jamaica, Puerto Rico y las Lucayas, según Las Casas, varias viviendas cercanas constituían una población, con una plaza rectangular delante de la casa del cacique, llana y bien barrida, donde se jugaba a la pelota o batos. Estas aldeas estaban divididas por cuatro calles en forma de cruz; en poblaciones mayores existían más bateyes o plazas además de la central. Se señala que mayores dimensiones que Granada tenía la ciudad de Tlaxcala, y que Sevilla y Córdoba no eran más grandes que Tenochtitlán. Cholutecatl contaba con unas 20 000 casas en el centro de la ciudad, y otras tantas viviendas a su alrededor Champotón tenía 8 000 viviendas de piedra, y Cempoala también se enorgullecía de sus pétreos edificios. Podemos decir que nuestros hombres desarrollaron sus ciudades a tono con sus épocas de avance, dejando grandiosas y pequeñas construcciones en la medida que sus fuerzas y desarrollo cultural se lo permitieron, dejando ese legado al porvenir. Podemos en realidad, sentirnos orgullosos de nuestros antepasados!

Todos los seres humanos han mantenido el fuego del hogar, después de conquistarlo, como algo sagrado. Al conocerlo y dominarlo después de poseerlo, adivinaron los servicios que podía ofrecerles; era luz y calor al mismo tiempo, para sobrevivir, ahuyentando los terrores y progresar al mismo tiempo.

En las Antillas los antiguos usaban la madera de la guásima para producir el fuego necesario, por la técnica de la frotación de los palos secos, mientras en otros lugares del continente se valían de otras maderas o de pajas. Tanto en América como en el Viejo Mundo, se utilizó el horno subterráneo, generalmente usado para baños de vapor. Entre los mexicas, las mujeres de la casa de Moctezuma tenían a su disposición cien o más baños: el baño de vapor era un ritual de purificación.

Grandes y pequeños sahumadores estaban en uso en Teotihuacán III; los cunas les llamarían cianala y en Venezuela incensarios. Los braseros o sahumadores los utilizaron en algunas comunidades para auemar copal o maderas aromáticas durante las ceremonias religiosas. En Manabí los chibchas, quimbayas y cunas usaron piedras ahuecadas o incensarios, donde quemaban resinas y perfumes. En muchos pueblos se acostumbró a colocar braseros bajo la hamaca para mantener el calor en el tiempo frío o ahuyentar los insectos durante la noche. Para el alumbrado interior e iluminación de las habitaciones, en pueblos acuatorianos usaban teas de pino o ciprés, maderas resinosas o no, encontrado también en México y Centroamérica, donde quemaban maderas especiales. En el Checó, la brea de abeja mezclada con carbón proporcionaba el alumbrado.

Para el descanso o como ofrenda a los dioses, inventaron los duhos o dujos de madera, asientos con o sin espaldar, de origen sudamericano oriental, o introducido por los arawaks en todas las regiones donde se instalaban al emigrar de la Guayana a Cuba. En el istmo de Panamá y sierras del Perú usaban el dujo; en la Isla de Cuba fue donde Colón los vio por primera vez. El uso de este mueble casi siempre ricamente tallado y construído con buenas maderas, se extendió hasta la corte de Moctezuma en México.

Algunos autores informan sobre la hamaca y el chinchoro: la primera, el lecho colgante de nuestros pobladores; el Almirante pudo conocerlas en la isla Fernandina, luego en Cuba y la isla Guadalupe. Américo Vespucio, por su parte, dio noticias de las redes de algodón colgadas al aire donde dormían los naturales de las costas de Paria, predominando su uso en el área circuncaribe. A la hora de confeccionar hamacas, se distinguían las caribes por ser las mujeres las encargadas de tejerlas, duranto su confección hasta un año... El nombre dado a la hamaca era ácat o o’kera. Las hamacas de algodón o de otras fibras eran frescas, agradables y prácticas, y fueron escogidas por Navarrete como ‘logro tecnológico’ de nuestros antepasados, y adoptadas por los europeos como invención cómoda y útil, siendo aceptadas por la corona española. Para la expedición de Pedrarías-Dávila, entre 1512-1513, hacia Castilla de Oro, se dispuso que llevaran de las Islas (Antillas), mil hamacas!

El ‘chinchorro’ fue también un ‘lecho’ similar a la hamaca, que suspendían en el aire por medio de cuerdas, par dormir o descansar. Para tejer estas ‘camas’ colgantes usaban diferentes fibras, teniendo el chinchorro mucho parecido con la red de pescar por sus amplias mallas. Su invención no es caribe aunque lo usaron ellos.

Colchones: En el Perú prehispánico, el Inca dormía sobre colchones rellenos de algodón; los habitantes de los Llanos también, y los de la Sierra rellenaban los suyos con lana, mientras que la fibra de ceiba a juicio de los habitantes de Coaque, bastaba para preparar los suyos. Además, contaban con mantas sábanas y cobijas, en casi todo el continente. Mantas confeccionadas con plumas de ánades domésticos para el lecho del monarca azteca. Los yurumanguíes del área amazónica, los del Canal Medio y otros pueblos, gentes de la Costa ecuatorial, incas, tunjas o del altiplano, usaban cobijas tejidas del líber de algunos árboles. De lana de llama y alpaca confeccionaban las mantas del lecho del Inca y de los Jefes de Tunja.

La almohada: Nuestros hombres inventaron el nuquero, pequeña almohada para sostén de la región cervical, que pudo ser como el que usaba Tezoatega, cacique de Nicaragua, espacie de pequeño banquito. Otros que han sido descubiertos, de madera o de piedra, están labrados para colocar el cuello: el portanucas.

Hubo tejedoras de toldos, mosquiteros, como protección contra insectos nocturnos y murciélagos. Es comprensible que el español se sorprendiera al comprobar la inteligencia aplicada ante cualquier situación, por los nuestros, que gozaban de una existencia bastante cómoda y sabían protegerse durante el sueño.

Otras piezas tejidas gozaron de la aceptación de aquellos pueblos, accesorios necesarios para guardar algún artículo u objeto: la hava, que aparece en Darién; la jaba o cesta tejida de una palma silvestre o yarey o de un junco. En Cuba el uso de la jaba ha rebasado los siglos y continúa sirviendo como bolsa para toda clase de artículos. Su uso se mantiene como útil complemento doméstico, tejido tal vez como antaño. También los tarascos confeccionaban una especia de arca o cofre, con tapa, forrado con esmero con piel de venado. Otros pueblos tejían cestas tan útiles y hermosos como los cofres de los porhepechas. Sentado sobre una hermosa estera el Zaque de Tunja recibió al hispano. En el Alto Orinoco esta especie de alfombra se tejía con hojas de palma. Los paraujeros de Maracaibo dormían sobre esteras, mientras los malibús del Medio Magdalena las confeccionaban de palma chingalá. En Quito las gentes descansaban sobre petates tejidos con junquillos.

Al usar la escoba, nuestros antepasados mantenían limpios los pisos de las viviendas y las plazas del pueblo; este auxiliar doméstico logró que el extraño admirase aún más sus limpias y adornadas viviendas donde los pajarillos alegraban con sus cantos tanto al alba como en el crepúsculo.

Como en el Mundo Antiguo, entre nuestros pueblos se conoció el espejo, que fabricaban de plata, cobre, bronce, piritas o mosaicos de Coclé. Algunos eran circulares, otros cuadrangulares. Casi siempre de origen mexicano son los grandes espejos de obsidiana. Los incas los labraban de cobre. En Manabí y Esmeraldas los tallaban de obsidiana del Altiplano. Entre los quimbayas el espejo era finamente pulido. Preferidos por los Señores de México serían los trabajados a partir de piritas, materia prima procedente del Sur del área maya o de las alturas de Guatemala, y cosa curiosa ¡los varones eran los únicos en utilizarlos! En Colima se han descubierto espejos enmarcados.

Colón pudo ver, en manos de un nativo, un espejo de oro. Tezoatega dio a combio de un barato reloj de Sol a Oviedo, un espejo trabajado con conchas de perlas y engaste de jaspe o pórfido verde. Así como hacían uso del espejo, también el peine fue necesario para estos pueblos, eligiendo distintos materiales para fabricarlos, como el hueso de venado o la madera, aplicando los 9 dientes con resinas o adhesivos. También de distintas plantas o palos espinosos lograban los peines para alisar sus negras y largas cabelleras.

Bestias de carga: Cuando el español pisó estas tierras, serían los nativos lo escogido como bestias de carga, lo más adecuado para sus deseos dominantes. Parece increíble que los europeos tomaran a estos hombres como seres irracionales! Las filas de los desgraciados hijos del Nuevo Mundo, llevaron colleras de hierro en las largas y duras jornadas en que deficientemente alimentados, cargaban excesivos pesos sobre sus espaldas. Con los cuerpos de los ‘indios cargueros’ se esculpieron valles y serranías, montañas y cauces de ríos, sabanas y praderas color de esmeraldas, después del ‘encuentro’, para transformarse en las huellas infinitas de sus propietarios, sus hijos!

Una dieta inadecuada, el abusivo trabajo, el maltrato y la violencia física y mental, sufrieron los nuestros que cruzaron sus tierras como en un Vía Crucis abonándolas con su sangre y dolor, fastasmas en sus propios países, para ‘ayudar’ a su ‘colonización’! Cargados con pesos excesivos, sin costumbre de tan rudos trabajos, morían estos seres junto a sus mujeres, no importando que estuviesen a punto de ser madres!, ni así se libraban, cuenta el padre las Casas, de ser las bestias de carga en función del conquistador...

Lo que sucedió sobre la América, hiela la sangre en las venas!: sólo saber que Hernán Cortés ‘arriaba’ a 80 000 nativos –mientras otros autores elevan esa cifra a 180 000...!, en una fila de dos lenguas de largo, cargando partes desmontadas de los bergantines desde Tlaxcala hasta el lago de México, llevando las piezas con que logró destruir a la hermosa Tenochtitlán... Y éste no será el único episodio en que miles de los despreciados ‘indios’ dejaron sus cuerpos sangrantes y sus almas en pena, libres de maldad, sobre todos los caminos, entrecruzados con telar gigantesco, la trama y urdimbre de esta Historia nuestra, razas que sucumbren al azote de un extraño látigo ajeno a la misericordia humana y divina.

Puede decirse que los hombres de estas edémicas tierras sería el ‘animal’ predilecto para la carga que al extranjero se le antojase trasladar. La muerte física y moral fueron sembradas en todos los senderos y rincones de este continente como en ninguna otra región del Globo ni antes ni después. Esa cosecha que hoy brota sobre los suelos amerindios, proclama su derecho a VIVIR como los seres humanos con derechos sobre su terráquea cuna... Si las almas de nuestros hermanos de la América, hablasen algún día por medio de alguna extraordinaria invención que las captase, el Universo estallará indignado ante la ignominiosa esclavitud a que fueron sometidos, creada por una cultura que esgrimía el emblema del Cristo, -a quien los musulmanes no mancillaron ni los cuerpos ni las almas los siglos en que estuvieron dominados por Islam-, y que al arribo a nuestras playas, donde moraban gentes puras y sencillas, fueron capaces de pasar sus armas, la munición y los cañones y hasta ciertas personas que no quisieron enlodar sandalias o tocar con la punta del calzado ricamente adornado, las aguas del más risueño de nuestros arroyos..., sobre los hombros de los nuestros. Fue tal la destrucción de seres humanos en estas ‘Indias’ que, según el oidor Guillén Chaparro, funcionario de moderado juicio, de los 40 000 magdalenienses que encontraron al inicio de la ‘conquista’, sólo quedaban, en 1580, MIL ALMAS: habían desaparecido TREINTA MIL...

Muchos de nuestros pueblos eran dados a la navegación, medio de traslado fácil por diversos motivos comprensible, encontrando en varias lenguas amerindias los nombres que les daban a sus naves. Así, en Venezuela, la palabra piraua, de la que procede ‘piragua’, es una barca usada por varios grupos de esta región. Para el caribe, su nave se llamaría culiota, que procede del náhuatl acatl. En las Antillas le dieron como nombre el de canoa; el inuit llamó kayak al suyo, de manera, que todos tuvieron un hombre para pilotear su ‘vehículo’ acuático, con remos o velas, y salir en busca de otros seres como él, o la ansiada pesca perseguida todos los días.

Las primeras naves procedían de troncos de árboles o de su corteza; de pieles son la del esquimal. En la parte equinoccial del continente, la totora del lago Titicaca ofrece su junco para los ‘caballitos’; o las balsas de troncos –copiada por la expedición de la Kon-Tiki hacia la Polinesia, -las balsas de güiras secas, las de múcuras o tinajas de arcilla, usadas por distintos pueblos del Sur de América.

Existen referencias sobre el uso del cedro, la cuaba, el guayacán y otras maderas duras, preferidas a la hora de tallar la canoa. Luego, los hispanos tomarían esas maderas para sus carabelas, que además del oro, llevaban en sus vientres el rico maderamen de los montes y selvas de América hasta la Península.

Puede decirse que utilizando la navegación por distintas vías, el oro tributado por los nicaraos a Tenochtitlán, corría por el San Juan de Nicaragua a bordo de alguna nave, hasta ser entregado en alguna de las costas mexicanas. De esta manera se comprende que los naturales del lago Maracaibo y sus tributarios fueron además de hábiles constructores de barcas, diestros navegantes sobre el Mar de las Antillas, capaces de llevar a bordo a un centenar de hombres, en naves con velas de algodón y remos. Los caribes y los arawaks están considerados como los más diestros marinos de las aguas caribeñas.

Las balsas fueron muy utilizadas en Ecuador y Norte del Perú. Los cuevas de Panamá sabían que en el país de los Incas usaban balsas como medio de transporte y comunicación, además de la existencia de un bello animal, la llama. El cacique Panquiano dio a Vasco Núñez de Balboa (1513), noticias del Océano Pacífico, confirmada más tarde por otro jefe, Penea, que narró ...que a ciertas jornadas de allí, se encontraba otro pecheyy, voz que en lengua cueva quiere decir mar... Así fue como Balboa fue guiado y acompañado por nativos nuestros, pasando al otro lado, hacia Occidente, donde descubrió otro Océano. El tema naviero es interminable en nuestras culturas; Samana-Jerez narra el encuentro con un navío de velas más abajo de la línea equinoccial, tripulado por varios hombres desarmados, al parecer comerciantes, que llevaban a bordo joyas, telas, adornos, balanzas para pesar el oro y conchas marinas.

Distintos pueblos usaron diferentes nombres para señalar los caminos o calzadas; así en lengua maya, ‘calzada’ era sacbé; en el incario, la gran calzada era bello camino. En tupí el trillo lleva el nombre de caá-popena, que se hace quebrando las ramas y arrancando matas. Se plantea que el hombre, originalmente, siguió las huellas de los animales dejadas a través de la espesura de los bosques o sobre los accidentes topográficos, -que así se iniciaron las rutas que lo condujeron a distintas regiones y territorios, llevándolo a extender su radio de acción como humano, tras la recolección, la caza o la pesca, con los consiguientes descubrimientos de sitios o comarcas distintos a los conocidos.

En la parte ecuatorial del continente los caminos no son fáciles de mantener en buen estado, debido a las frecuentes lluvias y a lo húmedo del clima, que hacen brotar constantemente la vegetación sobre senderos y las vías dejadas por el hombre. Al parecer, lo que propició la apertura de vías para la comunicación pudo deberse a factores económicos más que a los culturales, manteniendo relaciones así con los vecinos pueblos. Es posible que el comercio o trueque consistente en el intercambio de artículos diferentes, como conchas marinas, sal, algodón, oro y otros metales y piedras semipreciosas, plumas de aves de colores diversos y otros productos, fuesen transportados desde distantes regiones, propiciando el establecimiento de redes de comunicación entre los diferentes pueblos aledaños, de manera que los hombres desarrollaron poco a poco sus capacidades de intercambio entre unos y otros, comercio facilitado por el acceso permitido por los trillos iniciales de su pasado.

Además de sabanas, selvática era la vegetación que cubría grandes espacios, de modo que tenían que servirse los hombres de instrumentos rudimentarios para la tala de árboles que estorbaban su paso, tales como hachas de piedra, las que evolucionaron en proporción mayor cuando las forjaron de cobre y luego del bronce. Así, los viajeros seguían su sendero a través de bosques o montañas, derribando lo que le salía al paso, y cuando pudo transitar por una caretera libre de obstáculos y alcanzar el sitio deseado o entrevisto en sueños, debió de sentirse capaz de iniciar otra aventura con riesgos mayores.

México y Guatemala contaron con senderos bien trazados, necesarios para sus actividades comerciales que pasaron hasta más allá de Nicaragua, encontrándose señales de esos contactos no sólo en Panamá si no hasta la América del Sur, donde son evidentes las huellas aztecas.

La calzada maya de Cobá a Yaxará medía cerca de 100 km de extensión, y se estima su construcción del año 613. En Yucatán se conocen unos diez y seis ‘caminos blancos’ y media docena de los otros. En cinco regiones sudamericanas se encuentran restos de calzadas precolombinas, como en Barinas, Antioquía, Magdalena, Ecuador y Venezuela.

Puentes: Las carreteras o caminos interrumpidos por cursos de agua como ríos, arroyos, lagos y otros, se pasaban, si el vado era bajo, a pie o a nado, fácilmente, como los pijaos el río Magdalena. Al Sur del Ecuador y en el río Huamobamba, viajaba el coreo con todos sus mensajes, nadando vigorosamente o flotando entre dos aguas.

A nado pasaban el Cauca, el Cañaribamba, el Balsas y otras vías fluviales los nativos. Pero también inventaron puentes para cruzar seguros los anchos y difíciles cursos de agua que corren al Sur del continente. Esos inmensos caudales de agua conocieron los puentes que inventaron con bejucos, algunos medían hasta 150 brazas de largo, fabricados con una o varias cuerdas trenzadas. Algunos puentes llevaban aros colgantes donde asirse; en otros colocaban unas canastillas o asientos que permitieron seguridad al pasar sobre la ancha e impetuosa corriente. El paso de peatones era asegurado cuando algunos de estos puentes tenían como ‘piso’ varias cuerdas unidas con una red o tablado encima para soportar el peso y asegurarlo de una caída. Con cuerdas de guadua crearon puentes colgantes sobre muy difíles pasos sobre grandes ríos del Sur de América. Puentes de piedra, utilizando grandes rocas como bases, para trazar sobre las mismas calzadas seguras. En algunas oportunidades las balsas sirvieron como puentes; las lajas de piedra sostenidas sobre pilares de rocas, como en el Perú.

Desde los inicios del ser pensante, la comunicación indirecta fue usada: el humo, las llamas de una candela, el tambor, eran los medios utilizados para la comunicación con el hermano o vecino. Las señales directas se llevaba a cabo con mensajeros o con comerciantes o mercaderes, si se hacía necesaria en algunos momentos, ante el propósito de concertar una alianza o de algún intercambio, fuese éste de índole comercial, político o militar. Asímismo, las señales dejadas en los árboles, las ramas rotas, o piedras en los senderos, eran los avisos o mensajes dejados por un hombre a su paso. Se sabe que las aves señalan algo: como en el caso del Zipa de Bogotá, cuando los zamuros condujeron hasta su cadáver a los bogotanos.

Señales son los dibujos y otros signos, si nos referimos a la escritura de alguno de nuestros pueblos. Hernán Cortés recibió ante su proyectado viaje a Honduras, sobre una tela de algodón los dibujos pintados de la escritura azteca, que señalaba los nombres y las rutas de pueblos y lugares hasta que arribara a ese país. Oviedo refiere que en Nicaragua se utilizaba un sistema jeroglífico, señalando que este pueblo poseía libros y casas donde conservaban sus registros, los que quemaría casi totalmente en la Plaza de Managua, el padre Bobadilla, en 1524. Mensajes que desaparecieron desdichadamente.

Mientras peruanos y guaranís hacían uso del quipus, los caribes de Cayena enviaban mensajes en cuerdas anudadas. Las marcas y pinturas corporales servían para evitar ser atacados por enemigos o deconocidos, pues podía ‘leerse’ en los dibujos de la piel, al grupo o al pueblo a que pertenecía el portador de los estampados dibujos.

Pueblos de las selvas del Amazonas y del Orinoco desarrollaron el sistema de aviso más avanzado de su tiempo; que consistía en el manguaré o tambor del Amazonas, que en aquel enorme territorio podía ser percibido por el oído humano en un radio de 20 millas. Puestos en cadena con otros tambores eran escuchados los toques a una distancia mucho mayor. También fue frecuente el uso de cuernos, caracolas, trompetas y ocarinas.

En su avance cultural algunos pueblos crearon mensajeros como el chasqui incaico y el paynani azteca, viajeros del reino, que con sus veloces pasos cruzaron de uno a otro confín. El paynani se preparaba en una escuela o telpacalli, para un trabajo que requería vigor y resistencia física, para la activa vida al servicio de sus señores; contaba con estaciones de relevo donde siempre era esperado. El paynani entregaba en Tenochtitlán los mensajes recogidos en diferentes ciudades y a veces era portador de manjares para la mesa de su rey. Por su parte, el chasqui fue creado por el Inca Yupanqui, según algunos autores, organización que realizaba sus servicios utilizando las hermosas calzadas que unían los importantes núcleos humanos del Tahuantinsuyu. Las marcas o casas para deternerse las llamaban topos.

Chasky en quechua quiere decir ‘el que recibe’; éste joven valiente y cumplidor llevaba como distintivo de su trabajo una pluma blanca en su cabeza anunciando su paso con una trompeta de caracol, y como armas una macana y una honda para su defensa personal.

Como el paynani azteca, el chasky del Inaca fue adoptado por los españoles para su servicio, después de la conquista. Los chibchas se servían a la vez del quemo o queno, como mensajero en el mundo colombiano.

 

* El guayacán es apreciado por su dureza y lo resistente que resulta al ataque de los insectos.