Fumar
Civilizaciones y culturas precolombinas

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¿Es posible que fumar tenga su historia?

 

Bibliografía

 ¿Es posible que fumar tenga su historia?

O la fabulosa leyenda del tabaco

 

Una página, arrancada de una vieja publicación, sin título, fecha o año de publicación, ni siquiera la firma del autor, aparece como una tentación para introducirla en estas cuartillas que se escriben como jugando un poco con el tiempo de que ya disponemos, de una larga vida... Y ahí vamos, a copiar textualmente todo lo que nos dicen esas páginas sobre la leyenda y la historia de la precolombina cohiba...

... La introducción y divulgación del hábito de fumar constituye un capítulo muy importante de la historia de la humanidad. Desde los tiempos más remotos, en que estaba restringido a ciertas ceremonias simbólicas y aún religiosas, como entre los indígeneas del hemisferio occidental (¡nuestros nativos!), hasta nuestros días, en que la costumbre de fumar es la más difundida en la superficie del globo, su popularidad ha ido en aumento.

Aunque algunos historiadores dicen que mucho antes del ‘descubrimiento’ de América se fumaba en China, en Occidente su historia empieza en América. Cuando Colón descubrió las Antillas, vio fumar por primera vez. Las tribus indígenas fumaban todas desde la cuenca del Mississippi hasta el Norte de Brasil. En 1559, Jean Nicot, embajador de Francia en Portugal, recibió de América semillas de tabaco, de las que envió algunas a la Corte de Francia, siendo así el primero que introdujo la planta en Europa; de allí que de su nombre derive el vocablo ‘Nicotina’. En 1585, Sir Francis Drake la llevó a Inglaterra y Sir Walter Raleigh puso en boga el fumar entre los cortesanos de la corte inglesa. Se cuenta que hasta la reina Isabel aprendió a fumar.

La ‘costumbre bárbara’, según se denominó al principio, se difundió con rapidez increíble en Inglaterra. De allí se extendió por toda Europa y más tarde hasta las naciones de Oriente. Al principio se recomendaba el tabaco por sus cualidades medicinales. En Holanda, por ejemplo, cuando el país fue azotado por la peste en 1636, todo el mundo se dedicó a fumar, creyendo que el humo era un poderoso desinfectante.

A principios del siglo XVIII, el mundo se había entregado al placer de fumar. Decididamente había dejado de ser bárbaro o antiséptico. Era, sin lugar a dudas, un deleite y un lujo. Las clases bajas fumaban en pipas de barro fabricadas en Holanda; las clases altas fumaban en verdaderos objetos de arte importados de China.

En Francia, Luis XIV aborecía el tabaco y no permitía que se fumara en su presencia, pero el resto de la familia real no compartía su aversión y aun sus hijas gustaban de fumar en compañía de las otras damas de la corte.

Casi todas las señoras de la aristocracia de Francia fumaban; no así la burguesía que consideraba que era abominable que las mujeres fumaran. En la América Latina, por el contrario, donde las mujeres estaban sometidas a grandes restricciones sociales, se les permitía fumar y aún se consideraba elegante que lo hicieran.

Al principio se fumaba el tabaco en pipas. A mediados del siglo XVIII aparecieron los puros y las guerras napoleónicas los diseminaron por toda Europa. En cuanto a los cigarrillos, en la América del Sur se conocían por esa fecha con el nombre de ‘papelitos’; luego pasaron a España donde la sociedad los acogió con estusiasmo. Casanova, el primer ‘extranjero’ que se sabe fumó cigarrillos, habla de ellos en sus memorias. Pero en realidad no fue hasta después de la guerra de Crimea que el cigarrillo se divulgó ampliamente por Europa.

El fumar tuvo su época de lucha. Algunos mandatarios y los papas Urbano VIII e Inocente IX le hicieron gran oposición. En Turquía había pena de muerte por fumar. En Berna, ‘no fumar’ se colocó entre los diez mandamientos inmediatamente después del que prohibe el adulterio. El rey James I de Inglaterra escribió su famosa denuncia. Pero a pesar de todas las prohibiciones, la popularidad del fumar no pudo detenerse. Hoy es igualmente popular entre ricos y pobres, conservadores y liberales, y beatos y laicos...

(Y como cosa nuestra anotemos, que Winston Churchill, el célebre estadista británico, ha sido uno de los más grandes fumadores del siglo que se extingue ya: el XX!, pero al cual le prohibiera su médico, su inseparable y eterno habano durante los años de la última conflagración...)