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¿Es posible que fumar tenga su historia?

 

Bibliografía

La riqueza de la Flora de estas tierras no fue menor que la que contaba en pueblos y etnias –así tampoco faltaría en la fauna una serie de animales desconocidos en otras partes del mundo. Por ello, las flores y las frutas son innumerables, así como las plantas medicinales y las preciosas maderas. Nos referimos aquí a algunas frutas, que algún otro autor señalará las flores y el inmenso zoológico que el universo prehispánico mostró a otros hombres en sú día...

FRUTAS DE AMÉRICA: La colombiana Clara Inés Olayaha ha publicado un libro precioso que tituló FRUTAS DE AMÉRICA. Del resumen publicado por una revista mexicana de julio/1993, extraemos las siguientes:

AGUACATE: Para los españoles el aguacate sería una manteca de suave sabor. Fue el fruto que los nativos de Nueva Castilla llamaban cura; en Perú, palta, siendo los mayas los que le llamaban ahuacacuahuitl de donde procede nuestro ‘aguacate’. Su valor alimenticio sobrepasa a todas las frutas, ya que contiene 17 minerales y 11 vitaminas, siendo las A, B1 y C las principales.

ANANAS O PIÑA: Cristóbal Colón la encontró en la isla Guadalupe en 1493. Presentada en los banquetes palaciegos de Europa, fue bocado exquisito para el rey Luis XIV. Se cree que los araucos introdujeron en Las Antillas la ‘flor de las frutas’ como se le dice en arawak. –Perfumada y rica copa de dulzuras que la Naturaleza regaló a los hombres, en guaraní y en su sitio de origen la que designaban ananás que quiere decir ‘fruta exquisita’. Los españoles al encontrarle semejanza con la bellota, le dieron el nombre de piña, como la conocemos hoy.

Uno de los piratas de Sir Francis Drake observó que los nativos ingerían ananás con sal para aliviar los dolores de estómago. Y ha sido confirmada por la ciencia actual la sabiduría de nuestros antepasados, ya que hoy sabemos que la piña contiene a más de las vitaminas A, B y C, carbohidratos, fibras, minerales y pocas calorías, y una enzima, la bromelia, que facilita la digestión.

Honorato de Balzac, célebre escritor galo, se sintió enamorado del ananás y quiso cultivarlo en su Villa d’Avray sin lograrlo. Y surge la pregunta, si estas frutas que vamos señalando son oriundas del suelo americano, ¿no pudo por designio del Hado o por Azar surgir el Hombre aquí, en nuestro continente...?

ANONES: La fruta más gustada del taíno fue el anón, surgido en las laderas pedregosas de los Andes donde también creció la chirimoya, que junto a la guanábana son frutas suaves, tiernas y cremosas cuando están maduras. La blanda y saludable frescura del anón es deliciosamente azucarada.

GUANABANA. Guanábana es voz taína, fruta de los sorbetes, las champolas y de helados deliciosos; se sirve como postre sin adicionarle dulce, más cuando lleva un rocío de blanco azúcar es incomparable su sabor!

GUAYABA. El aroma de la guayaba ante el olfato español les hizo creer que se encontraban en el Paraíso Terrenal: tan aromática fruta se había extendido por el continente, no así en otras tierras del planeta. Su enorme difusión se debió a que los pájaros la hicieron su predilecta y, como es natural, sirvieron los alados portadores como inocentes fuentes de semillas que muy pronto germinarían en otros terrenos de manera tal, que la guayaba, la fruta deliciosa, fue conocida por grandes poblaciones nativas del Nuevo Mundo.

Su poder nutritivo fue estudiado durante la Segunda Guerra Mundial: así se ha conocido su contenido en carbohidratos, grasas, proteínas, vitaminas A, B1 y B2, y cinco veces más vitamina C que la naranja. De la guayaba, una rica fruta nuestra, los científicos han aislado una sustancia que protege a cualquier persona del escorbuto.

MARAÑON. Los portugueses le decían cajú a una fruta que crecía en la Amazonia y que los nativos la llamaban acaiu, que hoy conocemos como marañón, porque los portugueses encontraron enormes plantaciones de esta fruta en la región del río Marañón.

En realidad, lo que para nosotros es la fruta o parte roja o amarilla, llena de un zumo aromático, es el pedúnculo o pie muy hinchado y rico en vitamina C, de donde cuelga la verdadera fruta, parecida a una nuez y que tiene la forma de un riñón, transformándose su color verde en ceniciento al madurar.

A partir de la Segunada conflagración mundial, y después de distintas investigaciones, comenzó a utilizarse el cáustico aceite de esta almendra muy rico en proteínas, grasas y fósforo, asegurándose que puede reemplazar al aceite de oliva. La almendra tostada, es exquisita en repostería y el aceite posee cualidades protectoras y aislantes.

PAPAYA. Fruta del Nuevo Mundo, para todos es saludable y exquisito bocado; se la considera la luz del Sol apresada en el jugo de su pulpa dulce. Es rica en vitaminas A y C, además de poseer una sustancia que se aplica en medicina y culinaria, la renombrada papaína o papayina. En el siglo pasado científicos alemanes comenzaron las investigaciones del lechoso líquido de la papaya; luego, franceses, ingleses y norteamericanos así como japoneses, analizaron la sustancia hasta descubrir la presencia de una enzima con propiedades disolventes de alimentos, mejor que la saliva o los jugos gástricos humanos. La papayina posee la propiedad de ablandar las carnes, obteniendo así jugosos bistecs.

A la papaya se le dice en Cuba fruta bomba, en la República Dominicana, Puerto Rico y Venezuela, lechosa, en México, melón zapote y en Brasil mamdo.

ZAPOTE O MAMEY: Dicen que los zapotes son tan antiguos como el hombre americano, y preferido por los señores mayas en la época del ayuno, por sus bondades. Los mexicas llamaron tzapotli a todas las frutas carnosas de sabor dulce; el nombre de esta fruta se encuentra hasta en los de algunas poblaciones como Zapotitlán.

Para los hombres de las civilizaciones mexicanas el níspero se conocía bajo el nombre de chico zapote; el mamey colorado o mamey zapote, que fue el el verdadero zapote que conocieron los mayas, este último.

La voz níspero o chicozapote se deriva de chictzapotl. Además, antiguas poblaciones de este territorio extraían del árbol del níspero el chictli –hoy chicle-, conocido por millones de consumidores del mundo: esa planta segrega una sustancia blanca, gomosa, que las mujeres de aquella época, en especial entre las mayas, masticaban como golosina, transformándose después en la materia básica para la industria del chicle, las gomosas y atractivas pastillas masticadas en el mundo entero. Y estas son algunas de las frutas del Nuevo Continente, que gustaron a nuestros antepasados tal como las disfrutamos hoy nosotros...

Más, falta en esta relación una fruta que fue aureolada como venenosa por algún conquistador, y hasta ofrecida a un personaje opositor en busca de la libertad; ese rojo fruto carnoso se condensa en esta historia que copiamos textualmente...:

EL TOMATE: Cuando en cierta ocasión, a la hora de almorzar le sirvieron a George Washington una riquísima carne frita, guarnecida con provocativos tomates rojos, el futuro primer Presidente de EE UU estaba muy lejos de pensar que se trataba de un atentado a su vida, de un intento de envenenarlo. Ocurrió en 1776, en plena lucha de las colonias británicas y las norteamericanas por su libertad e independencia.

El autor de ese modo tan refinado de despachar al Comandante en Jefe de los insurrectos fue James Bestly, cocinero personal de Washington, quién, segurísimo de la potencia mortífera del tomate, de antemano informó al Comandante en Jefe de las tropas inglesas que la faena estaba hecha.

Después de aquel histórico almuerzo, George Washington viviría 23 años más, muy fructíferos. En lo que respecta al parte apresurado de Bestly, el destino dispuso que tampoco funcionara. Este singular documento quedaría en un escondrijo por más de 40 años, de modo que solo en 1820 el mundo se enteraría del funesto papel que se destinaba al simpático fruto colorado de la solanácea Lycopérsicum esculéntum.

Washington carecía de prejuicios gastronómicos, pero la mayoría de sus contemporáneos, que habían visto el tomate, no vacilaban en considerarlo venenoso. El Manual completo de Jardinería y Horticultura, editado en Dinamarca en 1774, señalaba que ‘sus frutos son sumamente dañinos, pues quienes lo comen se vuelven locos’.

Durante siglos los europeos ilustrados cultivaron esta bella planta, traída de México en el siglo XVI, en tiestos y jardines, adornando glorietas y orlando senderos, sin que se le ocurriera a nadie aprovechar con fines gastronómicos los jugosos frutos.

A Rusia el tomate –con el nombre de pomidor, del italiano pomodoro- llegó en la segunda mitad del siglo XVIII. Nuestros antepasados los llamaron también ‘bayas perrunas’, ‘frutos del pecado’ y ‘bayas rabiosas’. Los comentarios huelgan, pero ¡véase el poder de los prejuicios!

Al fin y al cabo, arriesgando terriblemente nuestras vidas, nos atrevimos a probar ese don de la naturaleza... para, ya en nuestros días, ponernos a gruñir cuando escasean en las verdulerías o cuesta demasiado para la temporada.

Nuestras vírgenes tierras ofrecieron una infinita variedad de árboles y de plantas difundidas después por todo el mundo, así como heredamos las de diferentes regiones o latitudes, adaptándose unas y otras a distintos suelos regalando al paladar del hombre suculentos manjares vegetales y recreo y sombra deliciosa en estivales días. De todas las que adornaban nuestra tierra ofrecemos algunas, de los árboles, frutas y flores que adornaban el desconocido continente en 1492. Hélas aquí:

Achiote (bija)

Loto americano

algarrobo

Maguey

almácigo

mamey colorado

anacahuita

mamey de Santo Domingo

árbol cardenal

mamoncillo

Balsa

manajú

Bálsamo del Perú

Níspero

Caimito

nogal del país

canistel

nuez de Cohune

capulín

nuez del Paraíso

cedro del Brasil

Ocuje

cedro del Perú

Palma de marfil

ceiba

palma Real

cereza del país

palo Campeche

Dagame

pimienta de Jamaica

Guásima

Quebracho o Quiebra-hachas

güira

Roble plateado

guayabita fresa

Sabicú

guayacán

sabima

Henequén

senecio

Jaboticaba

Vainilla

jacaranda

Yaba

jazmín de árbol

Zeas Mays

jiquí

 

júcaro

 

Hemos señalado algunas plantas y su utilidad a través de los siglos, que gozaban de respeto y veneración por parte de los pueblos del pasado y continúan todas con la confianza del presente. Estas son el achiote o bija, el almácigo, la ceiba, la güira, el manajú, la vainilla y Zea Mays.

El achiote o bija es un pequeño árbol nativio de la América tropical, de hojas alternas y flores rosadas y blancas. Los frutos aparecen en los extremos de las ramas, como racimos color pardo o púrpura oscuro, cuya forma redonda-acorazonada contiene las semillas que están recubiertas con una pasta color carmesí brillante, que el comercio vendía bajo el nombre de Anoto.

Además de colorear algunas comidas, la bija era usada en distintas industrias, y entre ellas tenemos la mantequilla, el queso amarrillo, creyones de labios, telas, jabones y pinturas. Pero no sólo el achiote, tan usado por los nativos cubanos para pintar sus rostros y sus cuerpos, tiene esas solas aplicaciones: de la corteza puede obtenerse una fibra que puede ser utilizada para fabricar cuerdas, y de las ramas extraerse una goma semejante a la arábiga. Si este arbolito se ha plantado con fines ornamentales, ¿por qué no cultivarlo como productor de tintes, de una útil fibra y de un mucílago tan necesario como pegamento...?

El almácigo. Es árbol de corteza roja muy lustrosa. En el ayer lejano nuestras comunidades nativas lo aplicaron en los males digestivos, como la diarrea. Luego, la madera blanca y blanda del almácigo no era apta para el ebanista, pero sirvió, durante años, para construir cajas para el envase de la pasta de guayaba, además de huacales para transportar frutos diversos.

La ceiba. De la familia de las bombáceas, este árbol es nativo de América; se encuentra, por lo general, en lugares abiertos y casi nunca formando grupos. Su tronco cilíndrico y de gruesos estribos, alcanza una altura de 80 a 100 pies y su copa puede tener hasta 150 pies de diámetro.

Algunos pueblos han venerado la ceiba por su significado religioso, entre ellos los mayas que la consideraban sagrada. En Cuba la tradición protege a la ceiba estando prohibida su tala. No se comercia su fibra, el Kapok, de hebras sedosas, propias para relleno de almohadas, cojines, y otros artículos. Viejas tradiciones cubanas nos recuerdan que bajo su frondosa copa se reunían las almas de nuestros desgraciados antepasados.

La güira. Puede ser de tamaño mediano este arbusto de muchas ramas, corteza gris moteada y pequeñas hojas ovales. Las flores son color amarillento con manchas purpúreas; los frutos son redondos o alargados, su diámetro es de 5 a 12 pulgadas y su color varía de verde para amarillento y ennegrece al secar. Los frutos ya secos, se han usado para hacer utensilos domésticos y vasijas para beber a más de las maracas. Pero en Cuba y México se usa en un medicamento popular o tradicional, siendo la pulpa de la güira la que proporciona un jarabe muy renombrado entre la población.

El mamajú. Este pequeño árbol semeja una pirámide. Nativo de las Antillas, sus hojas perennee de color verde oscuro son rígidas y brillantes, y rematan su ápice en un mucrón. Para las heridas, en medicina doméstica, tuvo siempre una gran confianza en la aplicación de su resina el campesino, así como en otros usos. Su dura madera se ha utilizado en construcción y para fabricar bastones.

Vainilla. Esta orquidácea es una planta americana, que produce un perfume muy apreciado en la cocina y la repostería. La vainilla se cultiva en Las Antillas.

En esta forma nos presentan a esta planta aromática. Veamos esta descripción: La Vainilla planifolia es una orquídea, es una planta de la cual provienen las vainas de vainilla, de hojas grandes y flores amarillo-verdosas y largos y delgados frutos de color amarillo (o vainas de vainilla), nativa de Centroamérica. Desde la época prehispánica fue usada para aromatizar el cacao o chocolate, tan gustado por mayas y otros grupos humanos de esas regiones, así como todos los pueblos que convivieron en esa área antes de la llegada del español, como bebida favorita.

Esta orquídea se cultiva preferentemente en clima cálido y lluvioso; los frutos se recolectan antes de su maduración y requieren de un tratamiento especial para que libere la sustancia aromatizante o vainilla, responsable de su tan grato sabor y aroma.

Zea mays. Es el maíz uno de los más importantes alimentos del hombre, un antiguo cereal de este continente, que contribuyó a la agricultura del planeta. Crece pues, tanto en tierras bajas como en elevaciones de hasta 12 mil pies de altura. En estado silvestre no se le ha encontrado, pero se ha descubierto en los terrenos altos de Colombia, Guatemala y México, donde formó la base agrícola –como en otras partes del Nuevo Mundo-, de las independientes civilizaciones nativas, esta gramínea.

Cuando en 1492 Cristóbal Colón envió a varios de sus hombres al reconocimiento del interior de la Isla de Cuba, le informaron que el maíz era el cereal cultivado por los taínos. Después de esto, el Zea Mays se extendió fuera de las fronteras de estas tierras e invadió otros continentes, esta vez muy ajenos a nuestro mundo americano. ...La curiosa apariencia, las distintas formas de aparecer las semillas y su adaptabilidad y productividad, conquistaron el ánimo de todos los hombres, fuese cual fuere la latitud de sus entornos en aquella época de los siglos XVI-XVII. Por que varios son los colores del maíz, que pueden verse desde el blanco pasando al amarrillo pálido o al amarillo fuerte, o al púrpura con que se conoce en algunas partes de México.

Es uno de los granos más consumidos en el mundo por las variadas formas de apetitosos platos que nos brinda, no solamente con la harina del cereal ya seco, del grano tierno se conocen postres y platos deliciosos.

Otros árboles y plantas han sido introducidas en la Isla a partir de la etapa colonial, como el mango, cuando sus primeros frutos se vendieron en monedas de oro; el café, que a veces nos creemos que es cubano; la canela, deliciosa para aromatizar natillas y otros postres; la discutida nuez moscada de los traficantes de otros tiempos, el jenjibre y sus múltiples aplicaciones que van desde bebidas hasta dulces y embutidos; la caña de azúcar, que vino de tan lejos y hoy es tan criolla por su valor en nuestra tierra!, algunas no se siembran en los suelos de la Gran Antilla, pero quién sabe si algún día podamos verlas, junto con las doradas espigas de trigales...