El Caribe

Civilizaciones y culturas precolombinas

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¿Es posible que fumar tenga su historia?

 

Bibliografía

Por costumbre, en los estudios sobre Las Antillas y sus moradores, se han incluído las cuatro Islas generalmente. No es menos cierto que en cada una de ellas existen parecidos y también diferencias en sus manifestaciones culturales. Regularmente las publicaciones son parcas cuando de informaciones sobre pueblos menos desarrollados se trata, sobre todo, del hombre precolombino o de alguna etnia que exista bajo los cielos del planeta. Es necesario que no sean olvidados a la hora de publicar los resultados de investigaciones arqueológicas, refiriendo todo lo concerniente a la existencia de esos grupos, sobre todo los nuestros, menos conocidos. Porque la omisión reiterada se ha convertido en lagunas insalvables para el que ansía conocer parte de la prehistoria de los que nos precedieron a veces imposibles de rehacer. Y estas palabras no están dedicadas especialmente a la prensa plana, tienen su aplicación también para las enciclopedias y otras obras dedicadas a las culturas amerindias: adolecen de esos defectos insuperables salvo raras excepciones.

Por lo tanto y para menor esfuerzo se acostumbra a incluirlas como si en todas se hubiesen dado los mismos resultados en cuanto a desarrollo cultural se refiere: y no eran similares, pues aunque paralelamente se encuentren parecidos en creencias y obras, su existencia misma no pudo nunca ser exactamente iguales ni en estilo, acabado y técnicas. Así, los que buscamos en las páginas de un libro o tratamos de escribir desentrañando lo intricado de esas historias, nos vemos precisados a recibir informaciones sobre nuestros antillanos, agotando los aspectos esenciales e interesantes de sus existencias y creaciones culturales e intelectuales. Porque gran esfuerzo supone investigar para verter sobre unas páginas los informes de un descubrimiento, su desarrollo y las conclusiones a que han llegado después de estudios, análisis y comparaciones del hallazgo, sean en nuestra ínsula o en alguna de las otras islas o sobre la tierra firme de nuestro continente.

Contamos con un pasado interesante y enigmático, pasado que hay que escudriñar hasta encontrar las raíces de nuestro verdadero origen, porque pruebas deben de existir bajo la superficie de nuestros terruños y hay que dar con ellas de una manera científica y rigurosa para así alcanzar la preciosa seguridad acerca de lo nuestro, de los valores que nos pertenecen, de ese ignote pasado desconocido todavía que no podemos contribuir que se ignore siempre... Si bien es cierto que en cuanto a objetos prehistóricos debemos mantener un espíritu conservador, a la hora de evaluar lo descubierto debe regir un sentido liberal acerca de la influencia recibida por lo extraído, su procedencia, pues, porque procediendo así estamos en condiciones de conocer exactamente los orígenes verdaderos de nuestra Raza Cósmica... puesto que estimamos que es injusto aislar culturalmente etnias antiguas y valiosas desde el punto de vista de la Humanidad!

CULTURAS DEL CARIBE: La Isla o Archipiélago de Cuba fue descubierta por Cristóbal Colón el 27 de octubre de 1492, creyendo que formaba parte del continente asiático. No fue hasta 1508 que se descubrió su condición de ínsula, habitada por ciboneyes y taínos de la familia arawak que tal vez procedían de Colombia; los guanahatabeyes instalados en el extremo Occidental de Cuba, que recibió, al descubrirla el genovés, el nombre de Juana, honrando así al Infante Don Juan primogénito de los Reyes de España. Más tarde llevó el nombre de Fernandina pero el de Cuba, dado por sus primeros hijos, prevaleció y seguirá con ese glorioso nombre hasta el final de la Historia del Planeta...

Nómadas eran los guanahatabeyes; los ciboneyes se dedicaban a la recolección, la pesca y la cacería para completar sus nutrientes. Los taínos, más avanzados culturalmente, además de cultivar la tierra poseían una cerámica y una organización social bastante adelantada. Estos nativos, en fase ya agrícola, utilizaron la coa como instrumento para llevar a cabo las siembras de maíz, yuca, boniato, haciendo uso del ají picante como condimento en las comidas; del tabaco para inhalar su humo en los ritos religiosos; del achiote por su color rojo anaranjado, y el color negro de la jagua como tintes para pintar rostros y cuerpos como acostumbraban. Los ciboneyes dejaron gubias, raspadores, picos de mano, adornos y amuletos fabricados con las conchas de caracoles marinos como el Strombus gigas. En los residuarios se han descubierto percutores de piedra, morteros, objetos de hueso o de espinas de pescado, para servirse de ellos como anzuelos, y piezas para collares. Desde tiempos muy lejanos conocieron el fuego, y la sal no faltaba en sus alimentos.

Es el taíno el más bello ejemplar de estos pueblos, por su estatura proporcionada y hermosas facciones, abundante y negras cabelleras lacias. Cuba era entonces un paraíso, con sus bosques, aves, mariposas, flores, frutas, y animales como la jutía, el almiquí, la foca tropical de la que se han descubierto huesos en Farallones de Seboruco, Mayarí, además de restos humanos que datan con 6 000 años de antigüedad. Algunos quelonios y saurios formaron parte de las proteínas necesarias.

Muy pulcros eran nuestros nativos con sus personas: acostumbraban a tomar el baño varias veces al día, no siendo este hábito del agrado del monarca de la metrópoli, que veía en el mismo daño para la salud! Por supuesto que nuestros hombres a escondidas buscarían en las aguas de los ríos la limpia frescura que deseaban cada día, manteniendo el hermoso color cobrizo tan celebrado por algunos cronistas, de sus cuerpos, destacando así sus lacios cabellos tan negros y sus oscuros y vivaces ojos.

Las viviendas y caneyes que conocieron los descubridores, estaban adornadas y según anota Colón en su Diario, los pisos y los patios bien barridos.

(Existen actualmente en la Isla, sobre todo en regiones orientales, algunos pobladores que descienden de los antecesores nuestros, cuyos rasgos faciales acusan notable parecido con los de los ancestrales hijos de la Gran Antilla).

Por lo tanto, valiosos son los restos descubiertos en los sitios donde se establecieron en el lejano ayer, en ellos aparecen restos de su dieta, instrumentos de hueso, agujas, útiles de pesca, ídolos, collares, trozos de madera pirograbada, burenes, dujos, huesos de mamíferos y de aves, espinas de pescados.

De piedra o de barro cocido nuestro hombre creó uno de los más útiles fogones: el burén, consistente en unas piedras como base para la plancha de piedra plana que debe colocarse encima, que recoge el calor que irradian los leños encendidos debajo, suficiente para cocinar y dorar el casabe, especie de pan producido por los nativos de la Isla. Estas tortas se elaboraban a partir de la yuca agria o amarga, tubérculo cultivado en estas regiones, al que despojaban de la cáscara, la rallaban en un guayo, y la masa resultante o cativía, era depositada en un catauro de yagua, que después se exprimía en el cibucán o saco tejido con alguna fibra –algodón u otras- para que perdiera el agua tóxica contenida en la yuca. Cuando la cativía está a punto de ser regada sobre el burén, es cernida en un jibe de yarey, para esparcirla sobre el burén que, ya caliente, dorará las tortas que serán volteadas con la cuisa, ‘paleta’ hecha de yagua.

Las hachas petaloides de piedra, talladas y pulidas, de diferentes dimensiones y muy hermosas, son obras del antiguo poblador de Cuba; morteros con sus manos para uso doméstico y ritual; también de piedra o de arcilla son pequeñas piezas que semejan somergidores de redes para pescar; ídolos o comíes que corresponden a expresiones religiosas de estos pueblos. De madera tallaron los dujos o duhos, asientos ceremoniales de guayacán, madera muy dura, algunos decorados con temas simbólicos, y utilizados como sillas por los caciques y altos personajes de la comunidad, durante los juegos de pelota y las ceremonias religiosas. Las canoas de nuestros antepasados se construían de madera fuerte y de una sola pieza. La del cacique estaba pintada, y se asegura que su capacidad en algunos casos, permitía cien personas.

En la actividad cerámica crearon variedad de vasijas para uso doméstico y ritual, destinadas a cultos y ceremonias religiosas, apareciendo variedad de formas y dimensiones diferentes, decoradas con temas antropomorfos o de animales, que se encuentran en escudillas, ellas, potes para el ajuar casero, con formas curvas, alargadas y rectangulares, de bordes y asas decoradas con figuras geométricas incisas.

Tanto la alfarería como el tejido, la cestería, el cuidado de los niños y la atención del conuco, parecen haber estado a cargo de las mujeres, mientras los hombres se dedicaban a otros menesteres, como la preparación de lanzas, flechas y otras armas para la cacería y la pesca o la recolección.

Se ha estimado que el arte como tal era desconocido entre nuestros pueblos, y que sólo los ceramistas dejaron muestras en piezas decoradas, con estilos que corresponden a sus culturas, así como accesorios y adornos de uso personal. Pero sus manifestaciones inspiradas por el deseo de lo hermoso o bonito, sí aparece entre las obras que aportaron, y eso, aunque naciente, es arte.

El grupo agricultor no poseía conucos extensos; el cultivo del maíz, y la yuca parecen ser los priorizados aquí. Los copos de algodón –silvestre o cultivado- los utilizaron para tejer las telas necesarias, las prendas de vestir, hamacas, redes de pescar, el cibucán y otros artículos imprescindibles.

En cuanto a sus creencias religiosas se considera que practicaban el animismo, el semiísmo, el culto a los antepasados, el totemismo y el chamanismo: se consideran animistas los grupos que creían en la supervivencia del espíritu; el semiísmo está considerado como la adoración del cemí o ídolo, que representaba algún dios muy venerado; se cree que practicaban el culto a los antepasados por el informe que rindió Cristóbal Colón a los Reyes de España, en el que relata que nuestros antepasados guardaban, en comíes de madera, los restos óseos de ‘sus padres, y los llamaban con el nombre de la persona cuyos huesos allí enterraban’. También se cree que practicaban el totemismo, mientras que el chamanismo o behiquismo era la creencia en los poderes mágicos del chamán o sacerdote, su comunicación con los dioses y la facultad de sanar a los enfermos mediante fórmulas de hechicería.

Los tainos celebraban areítos, fiestas con bailes y cantos o durante las ceremonias religiosas. Un coro de voces acompañaba las danzas al compás del tambor o mayohuacán, cascabeles, trompetas (de caracolas) y sonajas. Esta fiesta duraba hasta tres días según refieren los cronistas, que por su parte, no dejaron anotaciones de la música de los areítos: a ello se debe que contemos con breves informaciones sobre un aspecto tan importante de las expresiones del hombre nativo: su estilo musical, aunque se asegura que éste era más dulce que el de la música haitiana. La única notación de un areíto y se estima como no absolutamente fiel, es la del areíto de Anacaona, la cacica legendaria, mujer conocida por su belleza e inteligencia.

Algunos historiadores sostienen que el canto coreado es característico de los pueblos de América. Y es Francis Densmore quien lo ha observado mejor, señalando como caso semejante el valerse de flautas como los nativos de Bolivia y Perú. Se agrega que bien pudieron tomar la marimba para amenizar los areítos ya que ese instrumento musical es original de Haití. Se reconoce la creación de varios instrumentos musicales como flautas, el caramillo, la trompeta de la caracola, los tambores y otros más.

En Historia de la Música en Cuba señala María Jones de Castro, que, Las Casas recoge en su obra lo agradable y grata que era la música de los ciboneyes, mucho más que la haitiana. Algunos autores refieren que se acompañaban de la güira ahuecada, con guijarros pequeños dentro, que al agitar este instrumento marcaba el ritmo de la danza: es la maraca, voz guaraní nos dice el Dr. Fernando Ortiz, lo que equivale a decir que tanto el instrumento como la palabra con que se le designa, pertenecen a nuestro mundo prehispánico.

Oviedo, el cronista, relata que el tequina era el guía o maestro del coro en estas ceremonias, coro compuesto por voces de mujer y de varones durante el baile, y era el que elegía para las recitaciones los mitos y las tradiciones culturales, mientras que otros se inclinan a informar que en estas fiestas llevaban sus participantes máscaras sobre sus rostros. Finalizando el areíto tal vez era brindado algún jugo de fruta fermentado, como acostumbraban estos pueblos, según los Cronistas españoles. (Las Casas recoge en su obra la abundancia de uva cimarrona que pudo admirar en esta Isla, hasta el punto de exclamar que ‘la viña era tan grande que duraba 300 leguas...’).

Sobre los juegos de pelota o juego de batos, hay quien se inclina a ver en éste un acto ceremonial y hasta un rito agrícola. Era un juego practicado con una pelota fabricada con resinas, en el que utilizaban la mano y el hombro para ejecutarlo, tomando parte unas veinte o treinta personas que podían ser mujeres y hombres, solos o mezclados entre sí. No se ha comprobado que los mexicanos influyeran en este juego, el que presenciaban sentados en sus dujos el Cacique y los más importantes Jefes de la comunidad.

En cuanto a los adornos corporales siempre presentes en los festejos y ceremonias, lo decorativo se destaca en las cuentas de collares, en pendientes, o en olivas talladas y otros adornos que dicen del desarrollo y gusto del cubano, al contemplar los idolillos decorados del taíno.

En varias ocasiones los cubanos, amantes de la libertad como hijos de tierra independiente, se agruparon rebeldes y enfrentaron el poderío español que invadió su territorio utilizando lo más crueles y crudos métodos para pacificarlos, aunque no solamente en Cuba se actuó así, surgiendo en La Española un líder que volvió la mirada a nuestra Isla cuando se vio amenazado por los extranjeros. Era Hatuey, legendaria figura que con coraje llegó hasta aquí para luchar; apresado por el europeo después de perseguirlo, fue condenado a muerte atado a un poste para hacerle sufrir el suplicio de la hoguera. El tormento de ser quemado vivo quedó como uno de los más bárbaros actos del hispano en nuestro país. De Ricardo V. Rousset, Historial de Cuba/1918/, transcribimos esta parte inolvidable.

En este Término Municipal se halla enclavado el histórico pueblo de Yara, el que por artículo 86 de la antigua Ley Municipal, conservó su administración propia, aunque formara con otros términos, teniendo en territorio suyo agua, pastos, y montes, y en el cual el 10 de Octubre de 1868 Carlos Manuel de Céspedes dio el grito de Independencia.

Este pueblo era la Capital del cacicato de Macaca, en cuyo lugar fue quemado vivo por los conquistadores el cacique Hatuey, el 10 de octubre de 1513, con cuyo motivo fundaron los conquistadores un pueblo en el lugar que llamaban Las Ovejas, que titularon El Salvador, el 5 de Noviembre de 1513, por haberse salvado la Conquista, trasladándolo en 1514 al pueblo indio de Bayamo, que distaba 5 leguas de Las Ovejas. (t.3, pp 226-227).

Hatuey, Guamá, Baconao, Caguax y otros hijos de Cuba, dirigieron a sus hombres en su lucha contra los españoles: la Historia recoge algunos nombres, de los que refugiados en las montañas de Baracoa, bajo las órdenes de Hatuey procedente de La Española, o desde otros puntos intrincados de la Isla, iban agrupándose contando con su amor y su valiente decisión; más, el cacique de Guahabá, conocedor de los métodos empleados contra los nativos, reunió cubanos que, aunque no estaban en condiciones de igualdad ante las armas extrañas, le seguían ansiosos y decididos a pelear; al no igualar en armas al invasor, Hatuey fue perseguido y apresado con sus seguidores, por gentes de Velázquez, juzgando al cacique quisqueyano de rebelde y hereje, siendo sentenciado a morir entre las llamas donde dejó su vida el valeroso Yahatuey no sin antes condenar a los que lo mataban por su crueldad estrema, después de rechazar el ofrecimiento del sacerdote hispano. Otros, como Guamá y Caguax fueron también sacrificados despiadadamente, aunque Guamá incendió la Villa de Baracoa haciendo huir a los conquistadores, asaltó a Puerto Príncipe y un tiro del arma que portaba Manuel de Rojas le segó la vida... Muy pronto, recién iniciada la conquista nuestros hombres comienzan a caer víctimas del colonizador sin alma alzándose contra él y lo que representaban: la triste condición de ser esclavos! Sacrificaron sus vidas, muchos más morirán por esa misma causa, sin dejar sus nombres para recordarlos... además de suicidios y malos tratos agravados por los males importantos...

Mientras tanto, la arqueología descubre huellas de nuestros antiguos pobladores en los petroglifos que destacan sus contornos enriqueciendo así nuestro patrimonio nacional. Pinturas que aparecen en el interior de cuevas en diferentes sitios del país, revelando que los hijos de la Gran Antilla tenían la tendencia muy humana de señalar los mágicos y sagrados recintos de su grupo. Ahí están los dibujos en paredes rocosas de cavernas, como los de la Cueva de Punta del Este (Isla de Pinos), donde los indios pintaron el cielo, o la Cueva de Ramos, (Punta de Caguamas, Las Villas).

La Cueva del Este tiene su entrada hacia el Naciente Sol: conocida también como Cueva de Isla –por el extraño personaje que habitó en ella varios lustros, apellidado Isla-, es un recinto natural donde manos desconocidas grabaron en sus paredes a colores, círculos concéntricos y complejas cruces, además de símbolos al parecer jeroglíficos. Las figuras aparecen coloreadas en rojo y en negro, siendo el motivo principal una pictografía que mide 1,54 m de diámetro, creyendo observar el ilustre cubano Dr. Fernando Ortiz, un calendario lunar, por los 28 círculos color rojo y los otros 28 en color negro, alternando estos colores, que en ese caso, representarían los días y las noches, lo claro y la oscuridad o luz y sombra. Además de éstas, otras interesantes pinturas se destacan en la Cueva del Este que describe el Dr. Ortiz, quien dedicó muchas horas de estudio al posible significado de esa importante muestra del pasado. Cerca de la Cueva del Este se descubrieron dos cavernas más con parecidas pictografías, y la de Caleta Grande, Costa Sur de la Isla pinera.

Las pinturas rupestres de la Cueva María Teresa, (Sierra de Cubitas, Camagüey) son mencionadas por Gertrudis Gómez de Avellaneda (1841) en SAB, su famosa novela; nuestra escritora cita las pinturas como obras de nuestros nativos, que eran conocidas desde antes de que fueran descubiertas las célebres galerías rupestres de Altamira, (España) y Lacaux (Francia), considerándose que en las grutas de María Teresa los pobladores de un pasado lejano celebraban ceremonias religiosas.

En 1984 arqueólogos aficionados descubrieron en la región de Baracoa otras pictografías pertenecientes a una cultura agroalfarera. También en Isla de la Juventud cerca de Nueva Gerona, en el Cerro de los Murciélagos, aparecen muestras pictográficas, así como en la Cueva de Santa Isabel, usando aparentemente carbón para los trazos de una figura humana.

En 1982, en una caverna en Punta de Hicacos (Matanzas) tuvo lugar el hallazgo de los restos de un hombre que habitó Cuba así como huesos y uñas de un cuadrúpedo ya extinguido, el Megalocnus, que formó parte del sustento diario de nuestros antepasados, suponiendo que la extinción de este animal se debió a la caza por parte de la población autóctona, señalándose la presencia de dibujos rupestres semejantes a los de la Cueva del Este. El descubrimiento en la caverna de Hicacos de caracoles, conchas, cenizas y trozos de cerámica abre una fuente de información incalculable acerca de la población precolombina de Cuba.

Entre otros hallazgos en distintos sitios de la Isla, en Imías (Guantánamo/1985) se anunció el de un hacha petaloide extraída de metro y medio de profundidad durante excavaciones arqueológicas. En Cabo Cruz y Belic (Manzanillo/1976) en sitios correspondientes a grupos agroalfareros se encontraron vasijas y fragmentos de cerámica, un mortero de piedra y collares de vértebras de pescado. En 1977, durante trabajos arqueológicos en Yuraguana (Niquero) se descubre un ídolo, hachas petaloides, olivas sonoras, fragmentos de cerámica y otros objetos.

En el camino de San Ulpiano (Holguín), existe un antiguo asentamiento de nativos nuestros, con piezas similares a las de Farallones de Seboruco, datadas con más de 5 mil años de antigüedad (1979). Cerca del río Arimao (Cienfuegos/1981) fue descubierto un pendiente antropomorfo de cuarzo que perteneció a un grupo agroalfarero.

Investigadores como el Dr. José M. Guarch, Milton Pino, el Dr. Jan Trzectakowski y otros, en exploraciones efectuadas entre 1979-1980 descubrieron más de 2 000 muestras del más antiguo hombre que habitó Cuba hasta ese momento, con piezas líticas diferentes a las conocidas, pertenecientes a grupos humanos de la precolombina Gran Antilla, que plantea la hipótesis que el morador de esa región habitó viviendas, dejando muestras de una cultura desconocida en Cuba, en el resto de Las Antillas y en América Central. En Simposio celebrado en La Habana en febrero de 1980 el Dr. Antonio Núñez Jiménez dio a conocer la data de 6 000 años a los restos humanos descubiertos en Cueva de Seborucu, hecho de gran importancia para todo cubano. Otro gran descubrimiento en 1980, en la Cueva de Jagüey Grande, revela que allí habitó un hombre hace unos 10 000 años, que dejó instrumentos de sílex trabajados con una técnica muy antigua.

Banes, (Holguín) posee un ídolo de concha de Strombus gigas símbolo de la ciudad. El primer Museo Indocubano fue fundado en esta ciudad: ahí se encuentra una figura de oro descubierta cerca de la playa de Guardalavaca que se estima procedente de otro país. Banes, en el ayer precolombino era el cacicazgo de Baní, contando con unas 120 poblaciones nativas, conservándose las muestras de su desarrollo en esta institución que honra nuestro pasado: el Museo de Banes.

Aquellos nativos calificados como salvajes dejaron obras de madera, hueso, conchas, arcilla, piedra. Vasijas, dujos, bandejas, cemíes, burenes, hachas petaloides lisas y labradas, silbatos, gubias, adornos para ídolos y personales en los que utilizaban partes del caracol, piedra para las hachas y el cuchillo de sílex para diferentes trabajos.

En la playa Menéndez (Matanzas) un jovencito descubrió (1985) una de las más inesperadas muestras de nuestros antiguos hombres: los restos de una canoa que permaneció en el fango, con una capacidad para unos veinte hombres. En Providencia (Minas), cerca de la Sierra de Cubitas, existe un sitio de valor arqueológico, compuesto por seis cuevas, donde han sido encontrados fragmentos de cerámica, restos óseos de animales, un majadero y aparentemente un montón de cenizas. En este sitio enigmático se cree que alguna vez habitaron esclavos que huían de sus amos, aunque no se han encontrado señales que confirmen la presencia africana en las cavernas.

En el pueblito de Cantel, entre la ciudad de Matanzas y Cárdenas se descubrió (1989), una cueva, sitio funerario utilizado por nuestros hombres, con 65 cuerpos humanos -osamentas- unos en posición fetal y otros extendidos, que estímase pertenecientes a siboneyes, con una edad que se calcula entre 2 000 y cuatro mil años, apareciendo además, restos de los animales consumidos, algunos extinguidos ya. Al estudiar la Cueva de la Calera se ha considerado como el sitio funerario mayor del país.

El Cerro de Yaguajay (Banes, Holguín) cuenta con un establecimiento nativo: nuestros hombres en fase agrícola. Irving Rouse, arqueólogo norteamericano, visitó este sitio hace años. El Dr. José M. Guarch dirige, en 1979 un grupo de arqueólogos que comienza el trabajo investigativo. Durante las excavaciones (1986) se conoció que vecinos del lugar en sus trabajos en el campo, habían encontrado y extraído huesos humanos, y es en este año que se descubre el cementerio Chorro de Maíta, señalado hoy como la mayor Necrópolis de una cultura desarrollada en Cuba anterior al ‘descubrimiento’ genovés.

La evidencia cultural cerámica aparece con colores pardo claro y pardo oscuro, generalmente en superficies pulidas y de grano fino, aunque se encuentran vasijas de grano grueso, de tamaño mediano, con asas decoradas con motivos diferentes logrados con punteados en líneas oblícuas, líneas paralelas etc.; numerosos burenes fragmentados, mayólica española en los primeros niveles de la excavación, en lo que pudo haber sido un contacto entre los pobladores nativos y los hispanos; además, raspadores de conchas marinas, idolillos, olivas sonoras, dos percutores de cantos rodados, fragmentos de coral, cuentas de cuarcita, muy abundantes de formas y tamaños variados. Restos de la dieta, entre los que se encuentran huesos de jutía, espinas de pescado, iguanas, almiquíes, crustáceos, moluscos... El cultivo agrícola es evidente por la presencia de numerosos burenes, señal de que fabricaban grandes cantidades de casabe. Entre los restos humanos aparecen pendientes de cobre, un disco ceremonial también de cobre, un hueso de fémur con tres marcas aparentemente hechas después de la muerte, como se han encontrado otros en Cuba y en las demás Antillas; en el cementerio de Yaguajay se descubrieron muestras de oro, cobre y aleaciones, el guanín antillano.

Ciento ocho cuerpos contiene la Necrópolis indocubana; los enterramientos aparecen en distintas posiciones, algunos orientados hacia el Este, entre ellos el cuerpo de una muchacha de una veintena de años (conocida como Mary Pickford famosa actriz estadounidense, La novia de América), rodeada de adornos y ofrendas; entre las diversas piezas hay una que parece de oro nativo, pequeño ídolo con cabeza de ave trabajado con la técnica de forja y batido; pendientes de oro nativo con aleación de plata, dos cuentas de hilo de oro martillado, cuentas de cuarcita para collares, una cuenta de oro de pocos kilates y 3 perlas del mar cubano, 18 cuentas de conchas rosadas, y 23 de nácar adornando a la muchacha, conocida también, como La Novia.

En 1990 se consideró que en el asentamiento vivían unas 20 000 personas pertenecientes al grupo arauco que poblaban el Norte de Sudamérica, emigrando a nuestra Isla hacia el siglo VIII de nuestra Era. La posibilidad de que un hispano conviviese con estos pobladores como parece indicar un cuerpo, permite suponer que nuestros hombres se mantuvieron en ese establecimiento hasta los siglos XIV-XV.

Aquí se encuentran los restos de El Cacique, un hombre que medía 1.75 de alto... Solamente en República Dominicana existe un cementerio con mayor número de esqueletos, el de la Caleta, que cuenta con 171 restos humanos. El de la Cueva de Calero, (Cantel, Matanzas), contiene 66; en el de Chorro de Maíta hasta 1990 se contaba con 108 esqueletos completos, pertenecientes a la población nuestra con una cultura agrícola y ceramista.

En Alcalá (Báguanos) existe un sitio de establecimiento del hombre precolombino cubano, el que después de casi medio siglo de búsqueda, fue descubierto en 1986 el lugar exacto de su emplazamiento que entregó su mensaje intocado del ayer lejano. Hasta 1990 habían sido obtenidas 8 mil muestras del trabajo de nuestros antecesores, en los que se destacan un ídolo tallado en hueso de manatí, cerámica, cuchillos, una tijera procedente del hispano, restos de caza, osamentas de cerdo, algo que permite afirmar que entre los que arribaron en son de conquista venía el que se decidió por convivencia pacífica entre los nuestros, como lo evidencian la tijera y los huesos de cerdos.

En la Loma de Ochile, (Holguín) sitio conocido desde los años 30, han sido descubiertos raspadores, pendientes y otras piezas fabricadas a partir de la concha marina, instrumentos para el proceso de la yuca al fabricar casabe y otros objetos dedicados al adorno personal o al culto religioso.

Las piezas trabajadas por nuestros agroalfareros ofrecen las formas alcanzadas a través de experiencias reiteradas en el quehacer, entre las que se encuentran representaciones humanas y zoomorfas, puntas de lanza, buriles, raspadores, percutores, pulidores, sumergidores de redes, escofinas de coral, cuentas cilíndricas de cuarcita tal vez para collares, que demuestra el avance obtenido, en el acabado de las piezas de la Loma de Ochile. En la cerámica vemos los colores que varían del pardo oscuro al pardo claro y pardo anaranjado, con paredes finas o gruesas. Ollas, cuencos y escudillas de formas diferentes: se observan más naviculares que redondeadas con pocas decoraciones que son motivos incisos punteados, líneas paralelas u oblícuas, iguales motivos en otras posiciones logran efectos diferentes (algo que encontramos más arriba), pero a la vez aparece el tema geométrico y zoomorfo en asas decorados, modeladas o aplicadas al borde de las vasijas. Restos de burenes, ídolos de cerámica cocida, seres antropomorfos, peces, perros y otros animales forman parte de estos hallazgos tan importantes sobre nuestro pasado.

Se ha considerado que este grupo también practicaba la pesca de moluscos y del entorno natural recolectaba frutos que unidos a la caza aumentaba los víveres imprescindibles para su dieta, aunque nuestros nativos se caracterizaban por su moderación a la hora de ingerir los manjares. Los restos del perro mudo que aparecen en el sitio han hecho pensar en su domesticación.

Las Tunas, provincia que debe su nombre a la presencia de extensos campos de tuna brava o espinosa, Tuna silvestre (Opuntia dillenii; Opuntua opuntia, Lin) al descubrimiento, cuando esta parte de la Isla contaba con tres cacicazgos: el de Cueybá, el cacicato de Maniabón y el de Boyucá, Manatí. Del ayer lejano nos quedan los nombres de establecimientos humanos en poblados actuales, como Caisimú, Cuaba, Curana, Jobabo, Manatí, Maniabón y otros que se mantienen en diferentes provincias del país.

Ciertas noticias difíciles de verificar pero que no dejan de ser interesantes que tal vez algún curioso escudriñando viejos libros sacará a la luz la verdadera información, se insertan en estas páginas quizá como una curiosidad, aunque alguna de ellas debe de ser realmente cierta: Una crónica atribuída a Las Casas, recoge que en el segundo viaje de Colón –julio/1494/- fue emplazada en Cueybá lo que llamaron Ermita de Colón. Por otra parte, Alonso de Ojeda, en noviembre de 1509 regresaba de San Sebastián de Urabá rumbo a La Española cuando fue sorprendido por un huracán; los nativos de Puerto Jagua (Cienfuegos), rechazaron fieramente a los navegantes, y tras sortear los peligros del mar embravecido, azotados por los vientos, logró la nave arribar a las costas de Cueybá, donde fuera atendido junto con sus acompañantes por el cacique de la región.

Agradecido Ojeda por el gesto de aquel Jefe nativo, después de arrodillarse ante la imagen de la Virgen –para asombro de nuestros pobladores-, le entregó al cacique el español, la estampa de Nuestra Señora, obsequio del obispo don Juan Rodríguez Fonseca, había sido pintada en Flandes. De ser ciertas estas afirmaciones, a Cueybá le serían dadas dos ermitas antes del primer siglo del descubrimiento de la Isla de Cuba.

Por su parte, Ricardo V. Rousset en Historial de Cuba nos informa que en 1603 don Alonso de Ojeda encontró un pueblo de ‘indios’ denominado Cueybá, a cuyo cacique regaló una estampa de la Virgen María demostrando por ella tal veneración que le hicieron un altar para adorarla, lo que la hace ‘la primera ermita católica de Cuba’.

Diego Velázquez, colonizador de la Isla de Cuba, pasó por la región de Cueybá y pudo ver como nuestros antiguos hermanos adoraban a Nuestra Señora la Virgen María, en la primera ermita de Cuba. De RAZON/Tunas de ayer y de hoy/Edición Especial/Las Tunas/febrero/1951/!

Cuando en 1510 Sebastián de Ocampo llevó a cabo el bojeo de la Isla, ordenado por el gobernador de La Española Don Nicolás de Ovando, arribó al cacicazgo de Macaca donde fue bien recibido por su cacique, fundando una capilla y nombrando Comendador al cacique de Macaca.

En la provincia de Las Tunas han sido descubiertos diferentes establecimientos de nativos nuestros, como las Cuevas de San Martín, municipio de Colombia, donde aficionados a la arqueología y la espeolología descubrieron en 1985 restos humanos anteriores a Colón; entre los hallazgos se encuentran una mandíbula de un insectívero ya extinguido, el Nesophontes-major, que al parecer convivió con grupos tempranos de la Isla, existiendo huellas de agroalfareros en el mismo sitio, huesos de una jutía ya desaparecida y restos de agroalfareros habitantes de las cuevas.

En el Tabaco, en las márgenes del río Sevilla, municipio de Amancio Rodríguez, fue descubierto en 1987 un establecimiento de nuestros pobladores muy interesante, con restos de dieta, lascas y núcleos de sílex, entre las señales de proagroalfareros se destaca, además de conchas, huesos de pescado y restos de jutía, la presencia del Megalognus rodons, con huesos mezclados con restos de la dieta, estimándose que es la primera evidencia en la provincia del Megalognus rodens que vivió en Cuba en la época que existieron los más antiguos habitantes de la Isla. El asentamiento nativo cuenta con unos 300 m de extensión; una pequeña parte es utilizada por los agricultores y el resto de la zona en el momento del hallazgo no había sido alterada por la mano del hombre.

En nuestra provincia se encuentra Pedrera-2 (Puerto Padre) sitio cercano a las márgenes del Chorrillo, río cercano al mar, con fértiles tierra boscosas.

Pedrera-2 estaba llamado a ser parte del Patrimonio Nacional, también de esta provincia de Las Tunas en particular: era un establecimiento con riquezas arqueológicas inimaginables, considerado como el más evolucionado de la cultura sub-taína y uno de los mayores del país, señala Ramón Garrido, especialista del Museo de Puerto Padre.

La excavación preliminar de 1.30 m de profundidad reveló un paraje habitado por nuestros nativos durante largo tiempo. Fogones y cenizas a diferentes niveles, restos de jutías extinguidas ya, quelonios y moluscos y crustácios, con abundancia de buerenes que señalan una agricultura desarrollada con extensos cultivos de yuca.

Raspadores de conchas aparecen en todos los niveles; la cerámica presenta obras con decoraciones estilizadas y expresiones estéticas que superan al sub-taíno que dio paso a la cultura taína más avanzada.

Pero este rico sitio arqueológico fue objeto de criminal maltrato pese a todas las advertencias que se habían elevado para que se respetara aquel antiguo establecimiento: un día se olvidaron de su protección y un bulldózer ‘asesinó’ a casi la totalidad de las muestras que habían permanecido nadie sabe cuántos siglos bajo el manto protector de nuestra tierra. Y vasijas de barro, limas, raspadores e infinidad de utensilios y piezas ricas en informaciones, fue destrozado despiadadamente junto con burenes, fogones, carbones y otras importantes partes o restos del ayer cubano. Siempre, en estos casos, la pérdida es un capítulo de historia, donde faltan trozos de la trama del intrincado pasado de la antigua población cubana! Y aparecen lagunas imposibles de vadear ante las ruinas, aquél era el recuerdo, la constancia física más importante de un mundo que desconocemos, su producción de siglos... o de mayor tiempo. Ahora, cuando se castigue al culpable del hecho no se recupera lo perdido, lo convertido en tristes pedazos para desaparecer una parte del ayer lejano: la inconsciencia humana no valora los sagrados restos de una cultura desaparecida que ya no existe, civilizada o no, porque es destruir un monumento antiguo, un recuerdo de nuestros antepasados. Es nuestro mundo lejano, el amanecer cubano, construído por un ser que aquí vivía, respiró nuestra brisa y contemplaba el Sol... El verdadero cubano porque, aunque no llevemos su sangre en nuestras venas, sí sentimos como él, lo respetamos puesto que es nuestro hermano, nativo de esta ínsula, sintiéndonos heridos ante el irreparable daño que le han hecho!

Otro territorio nuestro, Cayo Puerco, pedacito de tierra donde se instaló nuestro poblador, ha tenido mejor suerte que Pedrera-2. Desde hace muchos años, Cayo Puerco no estaba habitado, servía solo para mantener manadas de cerdos, de ahí su nombre.

Este Cayo se encuentra entre dos bahías: la de Puerto Padre y Chaparra, ofreciendo una rica flora, plantas endémicas, formaciones monticulares y once (11) sitios de valor arqueológico localizados, aparentando las culturas descubiertas pertenecer a pre-alfareros y agro-alfareros. Las primeras excavaciones (1988) dejaron al descubierto restos de los pobladores del Cayo, observándose muestras de dos culturas, la de Baní y la de Cuacanayabo. Hacia el interior, percutores, hachas petaloides, conchas, casimbas, montículos y un cementerio de inmigrantes asiáticos. Todo incógnitas a descubrir...!

Soñaban los investigadores con un Museo, un Centro de Documentación y un Jardín Botánico como pasos importantes para proseguir los estudios, porque plantas, aves, el casi extinguido manatí, iguanas, jutías están ahí, como en un pequeño paraíso a las puertas del mar norteño de Las Tunas.

Dos poetas cubanos, uno bayamés otro tunero, vieron la luz en los años 1827 y 1829; ya mayores, cultivaron una tendencia poética denominada siboneísmo, basada en tradiciones, leyendas e historias sobre los pueblos que nos precedieron en la Isla. El primero de estos bardos, José Fornaris, nos dejó MUERTE DE DORAYA, CANCIÓN DEL CACIQUE Y LOS ÚLTIMOS SIBONEYES. Por su parte, Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, conocido mundialmente como EL CUCALAMBE, se destacó en este movimiento poético dejando décimas que no solamente serían cantadas por los mambises, también recuerdan las penas y alegrías de los desdichados hijos de la Gran Antilla. Entre sus cánticos se encuentran títulos como los siguientes: El Cacique de Maniabón, El Behique de Yuriguá, Hatuey y Guarina, Nerey y Caolina y Los Indios de Cueybá.

Para recordar al célebre cantor tunero es ya tradicional la Fiesta Cucalambeana, Jornada que desde los días finales de Junio celebra concursos de décimas que culminan el 1 de Julio, natalicio del gran bardo cubano. Cada dos años estos festejos se convocan internacionalmente y decimistas de diferentes países se dan cita en la ciudad de Las Tunas para recordar de esta manera al genial rápsoda de los Indios y del campesinado nacional.

Con fervoroso entusiasmo y para celebrar dignamente el primero de Julio de cada año, las Jornadas Cucalambeanas se engalanan con las Flores de Virama, bello desfile de muchachas que concursan para elegir la Flor y su Corte anual, como una forma hermosa de honrar al trovador tunero, a El Cucalambé!

En la búsqueda de información sobre nuestros antiguos hermanos, hemos localizado un reciente e importante descubrimiento arqueológico en el Valle de Yumurí /nov/1997/ donde aparecieron microcuentas de collar, instrumentos de concha y sílex, un incisivo de un niño, un sumergidor de red. En Ciénaga de Zapata /junio/1998/, descubren evidencias de una nueva cultura, esta vez agricultores ceramistas, y en el sitio media docena de hachas petaloides además de una cuenta de collar tallada en cuarcita. Entre las hachas se encuentra una de gran belleza, y fueron confeccionadas en peridotita verde, una roca ígnea que se encuentra a grandes distancias del asentamiento descubierto.

En agosto/1998/ se descubre un mensaje de siglos en la Gran Caverna de Santo Tomás, Sierra de los Órganos (Pinar del Río) en la que aparecen símbolos solares, serpientes, cruces y rombos, que dejó el cubano que vivió en ella antes que el hispano entrase en esta tierra, y el importante hallazgo de un esqueleto femenino del grupo algroalfarero, que fue datado en 3 420 años de antigüedad. La Gran Caverna de Santo Tomás tiene una extensión de 45 km, una de las mayores de América Latina y la más importante de Cuba.

En El Cantel (Matanzas) fueron descubiertos en una caverna 35 esqueletos humanos que llevan la data de 2 000-4 000 años de antigüedad, enterramiento atribuído a un grupo agroalfarero.

En noviembre/1998/ se publica que en Los Buchilones (Ciego de Avila) descubrieron un residuario de los agroalfareros, con objetos en su mayoría de madera, siendo el más importante y voluminoso reportado en Cuba y a nivel de Las Antillas. Se considera que este sitio existe desde el año 1220 a.Cristo, y la continuación de las investigaciones arqueológicas ofrecerán nuevos descubrimientos que inriquecerán nuestro acervo cultural antiguo, pasado que continuarán investigando -/mayo/1999/-, durante unos 15 o 20 años más, dada la riqueza que ofrece la laguna que resguarda tan preciosas muestras nativas, que merecen la atención de especialistas cubanos y extranjeros.

En septiembre/1998 se presenta una interrogación en nuestra antropología, y es la siguiente: ¿Hubo un Neanderthal en Cuba?, por las evidencias sugeridoras de la pregunta, presentes en El Charcón (Villa Clara), en donde la mano de un ser definido ya como creador de hachas de sílex estaba establecido en esta región de nuestra ínsula... ¿desde cuándo...?

Jibacoa (Villa Clara) contiene osamentas de pobladores siboneyes coloreadas de rojo, así como fragmentos de cerámica e instrumentos de sílex, datadas con más de   2 000 años. De una a otra Isla antillana sus obras se envían al Viejo Continente y expuestas en las Salas de antiguas capitales atraen al visitante por el tallado que presentan, como la espátula vómica, que en el estío de 1994 contempló París, en que un hueso de manatí terminó en pieza arqueológica valiosísima de los quisqueyanos. Los nuestros contaban con condiciones para la creación como sus semejantes europeos o de otras latitudes: un poco de visión y buena voluntad debió de ser la premisa del descubridor al enfrentarse con los Hombres nuestros, puesto que no sólo el Caribe cuenta con mitos, creencias y leyendas, aquí existe un clima soleado donde aún se perciben en los acordes del mar tumultuoso, las notas susurrantes del alma de sus hijos, donde el sueño del compositor está inspirado en la espuma que muere en las playas y los airosos vaivenes del penacho de la palma real, altiva como el alma valiente y sensitiva de los nuestros, cruelmente acabados por los extranjeros...

Para este capítulo sobre la Gran Antilla son muy valiosas las informaciones recibidas de Marcos E. Rodríguez Matamoros, arqueólogo de Cienfuegos, que agradecemos profundamente, que se refieren a la posibilidad de que siglos anteriores al encuentro colombino, fue visitada nuestra Isla por navegantes presumiblemente normandos, dado que en Remedios (Las Villas) han sido descubierto un pendiente con inscripciones rúnicas, además de otros sitios en los que se encontraron epigrafías semejantes a las meditarráneas y vikingas así como objetos y cerámica parecida a las de esos pueblos tan distantes en el tiempo y el espacio, evidencias que se tornan en enigmáticas si tomamos en cuenta el significado de esa visita que pudo realizarse en tiempos muy lejanos. Más, no olvidemos que los vikingos visitaron el Norte de este continente hacia el año 1000, descendiendo hasta adentrarse a las regiones pertenecientes a los Pieles Rojas que no los aceptaron. Además, las interrogaciones aumentan cuando en Taguasco aparece un dolmen, y epigrafías celtíberas en el centro-sur cubano, con el importante descubrimiento de una serie de piedras con inscripciones ibero-fenicias, que permanecían en el almacén del Museo Provincial Palacio de Junco (Matanzas).

Estas son informaciones públicas en la prensa cubana, altamente prometedoras de futuros hallazgos con los consiguientes estudios de los especialistas de diversas ramas, que indicarán hasta dónde pudo un visitante de otras latitudes, tener contacto cultural con pueblos nuestros, antes del ‘descubrimiento’ de América.

Por otra parte, Pedro Martyr de Anglería en Décadas del Nuevo Mundo, recoge esta noticia sobre hombres blancos que se acompañaban de ‘indios’, que vestían albas túnicas hasta las rodillas mientras en otros personajes llegaban a los tobillos. En Excerta de una Isla Mágica, Filiberto Ramírez Corría indica que Cristóbal Colón permaneció tres semanas en Isla de Pinos, quién sabe si con el ánimo de conocer a los hombres vestidos de blanco avistados allí.

Ante todo, nuestro deber es el de ofrecer un libro rigurasamente serio, más, a pesar de todo estas noticias hacen flotar ideas ante los hallazgos que se encadenan y abren la imaginación de chicos y mayores con celtíberos, fenicios o normandos acercándose a las costas antillanas, no para instalarse aquí, si no para seguir más lejos todavía, hacia sudamericanas tierras...

Bien es cierto que las tres culturas conocían los cereales, el vidrio y el hierro, que todas poseían experiencias no menos importantes para poblaciones carentes de contactos con culturas más adelantadas. Hasta la fecha, ningún descubrimiento nos confirma lo señalado antes, sin embargo, ahí están las epigrafías y no en un solo sitio, como huellas gráficas y materiales que corresponden a culturas alejadas de nosotros, aunque confiamos que en algún momento se descubran piezas que completen el tablero prehistórico de Cuba. Aunque no resulta imposible deducir que los hombres de albas vestiduras podían ser descendientes de antiguos visitantes procedentes del Mediterráneo o de Escandinavia: porque cada día nuestra Tierra cubana muestra sus secretos y señala alguna obra entre sus restos antiguos, lo que puede ocurrir inesperadamente, como una señal o una voz del ayer nuestro...

La Isla del Tesoro, Isla de Pinos o de La Juventud, era la Camarcó de sus primitivos habitantes, descubierta por Cristóbal Colón en 1494, imponiéndole el nombre de Fernandina. Pero los españoles no le prestaron mucha atención a esta pequeña y bella Isla, su interés fue muy vago tal vez porque ignoraban que esta parte de Cuba es rica en metales y minerales.

En la época de José Martí desterrado, funcionaba una fábrica de almidón de yuca, y una variada gama de sus mármoles rivalizaban con el oro, el zinc, la plata, el tungsteno, el caolín, y el hierro, riquezas que formaban parte de nuestra Isla, donde las palmas barrigonas y el yarey crecen libremente en las campiñas, aparte de las aguas de sus manantiales descubiertos.

En algunas comarcas de nuestro archipiélago puede observarse en diversos rostros los que retratan los de antiguos moradores de esta tierra, rasgos que acusan su filiación con el pasado, con facciones cubanas verdaderas, aunque desconozcan que son los verdaderos hijos de la Cuba nuestra!

Entre las aves de la Gran Antilla se encontraba el papagayo de los colores muy vistosos, según Las Casas, muy abundantes, pudiendo contemplar grandes bandadas del pájaro precioso de los bosques nuestros. También las preciosas y aladas joyas, el colibrí y el zunzún; la pequeña cartacuba; el bello tocororo, ave originaria de la Isla que habita los húmedos y sombríos bosques de su tierra. El flamenco, la llamativa zancuda que anida en muchos sitios de la costa, adornando el entorno su color rosado, que contrasta con la masa azul del mar y vegetación que la circunda.

El carpintero real, ave que se estima ya extinguida, aunque nuestros especialistas, buscan por los rincones de la Sierra Maestra algún indicio de la existencia de este ejemplar cubano, ave muy vistosa entre las numerosas de nuestro país. Estos y muchos más, son los pájaros que anidaban entre las arboledas y los bosques de nuestra Patria, revoloteando bajo la comba azul, figuras encantadoras que dibujaban invisibles arabescos, como saludo su trinar en cada aurora o en los crepúsculos al volar hacia sus nidos...

En este año 2000, Jovellanos, pueblo matancero, se hace eco de un descubrimiento arqueológico muy relevante, el de un asentamiento de nuestros nativos, donde se han encontrado nujerosos majaderos cónicos y campaniformes, lugar que se convierte en ‘uno de los mayores residuarios en Cuba y las Antillas’. Esta instalación antigua se encuentra en La Candelaria, muy cerca de la comunidad de Manolito, en este municipio yumurino.

Las obras de nuestros antecesores están trabajadas en piedra ‘con simetría y belleza’. En las excavaciones, a unos 80 cm de profundidad, fueron encontrados dos entierros de adultos, ambos pintados de rojo, rodeados de vasijas de caracoles marinos, así como restos de almiquí. El asentamiento peretenece al mesolítico medio y tiene una extensión de unos 500 metros.

QUISQUEYA. La Isla que lleva el nombre de Santo Domingo-Haití, llamábanla sus pobladores primitivos Quisqueya; éstos eran los lucayos, procedentes de las Islas Lucayas, que se dedicaban a la pesca y la navegación, considerándose que fueron los primeros pobladores de esa Isla, además de taínos y ciguayos de la familia arawak, dedicados a la agricultura, la pesca y la caza, de condición pacífica, con ídolos a los que adoraban; los caribes llevaban una vida nómada, siempre en lucha con pueblos vecinos como fieros guerreros que eran. –Quisqueya, para sus hijos, significaba Madre de todas las tierras. Su pueblo, su población, fueron repartidos a partir del 14 de agosto de 1509, al primer grupo de españoles como fuerza de trabajo. No obstante la alta población con que contaba Haití, Ovando trasladó más de 40 000 indios procedentes de las Lucayas para que realizaran el trabajo necesario para la colonia en calidad de esclavos.

El cacique Enriquillo fue el primero que opuso tenaz resistencia frente al español.

El 5 de diciembre de 1492 Cristóbal Colón descubre la Isla de Quisqueya y toma posesión de la misma en nombre de los Reyes Católicos de España. El 27 de noviembre de 1493 se funda la ciudad de la Isabela al Este de la actual Monte Cristi, de donde se envió una expedición hacia el interior del país en busca del rico metal. La población nativa se rebelaba no pagando su tributo en oro, pero fueron vencidos. A raíz de varias sublevaciones Colón implantó el régimen de los repartimientos, entregando a los españoles las tierras para que se establecieran además de ‘Indios’ como fuerza de trabajo, cuyos desastrosos resultados para la población autóctona no necesita descripción. Ante esas dificultades, España envió a Francisco de Bobadilla para que resolviera la situación creada, tomando como medida reducir a prisión al descubridor, a su hijo Don Diego y a su hermano Bartolomé, remitiéndolos a España. En 1502 Nicolás de Ovando reemplaza a Bobadilla, y entre sus acompañantes se encuentra Bartolomé de Las Casas, que luego se hizo fraile y después obispo, que más tarde todos conocerían como el Protector de los Indios por sus esfuerzos ante la corona y los gobernadores en beneficio de la población nativa.

Ya como colonia, la primera Audiencia del continente fue establecida en La Española; también, el primer hospital que llevó el nombre de San Nicolás de Bari; el primer convento franciscano, el primer obispado y la primera Universidad. En el segundo viaje de Colón (1508) introdujo en La Española la caña de azúcar, época en que Enriquillo el héroe quisqueyano, luchó contra el hispano, pugna que cesó cuando en una carta, Carlos V lo reconoce como cacique de la Isla.

Corsarios y piratas atacaban e incendiaban algunas ciudades de Haití y la Isla Tortuga, de donde franceses, holandeses e ingleses comenzaron a penetrar por el Oeste de la Insula hasta que, en 1697, España cede a Francia parte de la Isla y en 1795, todo el territorio; los haitianos se independizan en 1804 pero la región Este quedó en poder de los galos hasta que en 1809 fueron derrotados y pasó de nuevo a poder de España. En 1821 un grupo de dominicanos dirigidos por el rector de la Universidad de Santo Domingo, sin derramamientos de sangre proclamaron la Independencia de la nación. Núñez de Cáceres solicitó a Bolívar la incorporación de Santo Domingo a la Gran Colombia, proyecto que no llegó a efectuarse. Un año más tarde, el territorio dominicano que invadido por Haití, durande la anexión y dominación haitianas 22 años. Se fundaron sociedades secretas para luchar en la clandestinidad a favor de la deseada independencia: el 27 de octubre fue proclamada, por segunda vez, la libertad del país, estableciéndose entonces la República Dominicana. Mientras tanto, la parte Occidental continuaba en poder de los franceses, donde galos, ingleses, piratas y aventureros de diferentes nacionalidades se instalaron en la Isla Tortuga. Los franceses, desde ese punto y los restantes europeos, comerciaban con colonos españoles de las demás Antillas. El tiempo corrió y España cedió ese territorio a Francia mediante el tratado de Ryawick.

Saint Domingue, nombre francés de la colonia dominicana, llegó a ser la más próspera de Las Antillas mayores: producía abundantemente el azúcar, el índigo (añil), café, algodón; todos los cultivos estaban a cargo tanto de los nativos como de esclavos africanos, compartiendo el trabajo bajo el látigo brutal. Los oprimidos africanos llegaron inicialmente con los españoles, en lo que se tornaría luego la infame Trata de Esclavos, que ingleses, franceses, portugueses y holandeses transformaron en un gran negocio, beneficiándose los negreros, secuestrando esa pobre gente que sería vendida como una mercancía más... Tantos esclavos adquirió Francia que llegó un momento en que los negros superaban en número a los blancos de la colonia. Las cifras dadas en el siglo XVIII arrojaban cerca de 30 000 blancos, 40 000 mulatos y negros libertos y 400 000 esclavos! Fue entonces que España y Francia en 1776 fijaron el límite de sus posesiones en la Isla Dominicana.

1789 fue el año de la Revolución Francesa: Los principios proclamados en París de Libertad, Igualdad y Fraternidad recorrieron el mundo y llegaron hasta las Islas Antillanas, iniciándose un movimiento de lucha y rebeldía contra la esclavitud; la abolición de la esclavitud como antihumana opresión y el reconocimiento de los derechos de esos hombres una vez libres, oponiéndose los colonos y al no concederlas, se produjo una sublevación de esclavos, y los africanos atacaron plantaciones matando a sus amos, obligando así a los franceses a abolir la esclavitud el día 4 de febrero de 1794.

Un antiguo esclavo, Toussaint L’Ouverture que era general del ejército francés, gobernaba la colonia de Saint Domingue, convocó una asamblea en 1801 en la que los miembros elegidos promulgaron una Constitución que le eligió gobernador vitalicio, algo que no pasó inadvertido a Napoleón Bonaparte, primer cónsul de Francia en aquel momento, que envió a Victor Manuel Leclerc, su cuñado, con       25 000 soldados y 70 barcos de guerra para someter al gobernador L’Ouverture. Batallas, sangre, la derrtota del general negro, su prisión y remisión a Francia, su muerte en aquel país... Las luchas continuaron: dos generales haitianos, Jacques Dessalines y Alexandre Pétion prosiguieron la guerra, con nuevos derramamientos de sangre hasta que los franceses fueron vencidos y expulsados de la Isla. Entonces Dessalines proclamó la Independencia y Haití, nombre dado por sus primeros habitantes, fue adoptado oficialmente naciendo así la República Haitiana en Enero 1 de 1804.

Por considerarlo necesario, hemos incluído este recuento de hechos acaecidos en una Isla hermana, dividida en este caso por dos reinos europeos, donde se produjeron discusiones y luchas encontradas entre las ideas que surgieron inspirados por la Revolución Francesa y el patriotismo del haitiano, contra la ambiciosa ocupación francesa y el afán de enriquecimiento de piratas incapaces de una buena acción hacia nativos y africanos. Por lo tanto, los hijos de esta tierra en unión con los africanos pudieron crear una raza diferente inspirados en los sucesos entre revolucionarios y monárquicos de la antigua Galia, que hizo brotar la chispa de rebeldía hasta tener la ansiada libertad soñada. Esta es la historia difícil, movida, apasionante en que a un pedazo del Nuevo Mundo dos potencias del pasado colonial lo dividieron, derivándose de tal acción lágrimas y dolor, sangre, sufrimientos y muertes, indescriptibles para sus hijos.

Como en todo el continente, los primeros pobladores dejaron diversos testimonios de sus culturas, como hombres de distintas etnias que se dieron cita en este suelo desde edades remotas. Hay quien considera que los primeros en establecerse en una de las grandes Antillas fue un grupo maya-quiché que emigraba hacia Yucatán; su vencidad con otras islas hizo posible que viajaran de una a otra Antilla algunos nativos, donde dejaron una cerámica con decoraciones similares a los de otras ínsulas y pictografías taínas en las Cuevas de las Maravillas en La Española. Han sido atríbuidas también a los taínos ciertas piedras denominadas trigonolitos o piedras de tres picos, con figuras antropomorfas. Se cree que siboneyes y taínos presentes en Cuba procedían de Quisqueya, al mantenerse parecidos culturales y una cerámica semejante en cuanto a formas y decoraciones. Refiere Las Casas que estas poblaciones tenían un solo dios inmortal e indivisible; autores dignos de crédito sostienen que los habitantes del continente mantenían esa creencia aunque rindieran culto a otras divinidades como Atabex, dios bondadoso, y Mabuya o espíritu maligno. Existen leyendas sobre la creación del mundo y los dioses nativos.

Haití quiere decir tierra montañosa.

Como los cubanos, los nativos quisqueyanos inhalaban el humo del tabaco o cojoba, descubriéndose en Haití un objeto en forma de Y griega que por sus dimensiones y características se adaptaba a los orificios nasales con la finalidad de inhalar el humo para propiciar un estado mágico durante los ritos religiosos.

Curiosamente, nuestras Antillas forman un arco sobre el Mar Caribe y son el archipiélago que geólogos y geógrafos revelan que forman parte de una cadena montañosa, señalando que su altura máxima se encuentra en Santo Domingo. Las Grandes Antillas son Islas hermanas que en épocas remotas formaban una sola siendo ese tal vez el parecido que se encuentra en sus hermosos paisajes siempre rientes.

Una crónica de la conquista revela que en La Española vivía el cacique Caramatex, el que mantuvo en la laguna Guanabo durante más de un cuarto de siglo un ejemplar domesticado desde muy joven, de un manatí, que respondía al nombre de Matum.

JAMAICA. De Las Antillas, Jamaica es la Isla más cercana a Cuba, donde también taínos y caribes aparecen con características semejantes a las ya descritas, encontrando aquí hábiles tallados de los taínos en andesita negra, pulidas esculturas, con una muestra de esta manifestación cultural en el Museo del Hombre de París.

El nombre de Antillas, fue dado al conjunto de Islas del Mar Caribe, por el de Antiglia, fantástica creación geográfica aparecida en mapas asiáticos y portugueses desde 1367, ciento veinticinco años antes del descubrimiento de Colón, nombre que aparece por primera vez en la obra Oceánidas de Pedro Martyr de Anglería, con referencia al grupo antillano nuestro.

Xamayca o Jamaica es voz que significa país de bosques y aguas, que el 3 de mayo conoció el genovés. En Xamayca como en sus hermanas Antillas, existían pueblos vernáculos que fueron desapareciendo debido al mal trato, las enfermedades, la deportación del sitio de su nacimiento, para engrosar las filas de trabajadores agrícolas y mineros, que tratarían como a bestias...

Port-Royal, Jamaica: Exactamente el mediodía del 7 de junio de 1692 sintió tres temblores de tierra a los que seguiría un maremoto. Una docena de años antes, dos ciudades de dos islas cercanas se hundieron después de temblar la tierra, en las aguas del Caribe el 30 de abril de 1680. Pero la grande e importante Port-Royal, que había llegado a ser el centro comercial más activo del Caribe, esta ciudad fue tragada por las olas aquella mañana, con un saldo de 2 000 víctimas y casi la totalidad de los edificios perdidos. Eran las 11:40 de una mañana cuando se produjo el terrible terremoto avisado por un trueno proveniente del Norte, seguido por violentos sacudimientos con derrumbamientos de casas; tres espantosos movimientos, el último tan en extremo intenso que arrasó partes de la ciudad. El mar retrocedió levantando olas inmensamente altas arrastrando innumerables personas, luego devueltas por el mismo mar. Al día siguiente continuaron los movimientos telúricos, aunque menos intensos, desapareciendo para siempre gran parte de aquella floreciente y hermosa ciudad de Port-Royal, orgullo caribeño. La tumba del pirata Henry Morgan fue tragada por aquel mar embravecido y terrible.

La campana de la iglesia hundida con el resto de las construcciones, solía, según la leyenda, tañer bajo las aguas con los movimientos de las olas; luego esa célebre campana fue extraída del fondo del mar y hoy se exhibe al público que visita el Museo de la guarda. Port-Royal pues, permanece bajo las azules ondas del Mar Caribe como una espeluznante realidad para la población del vecino país.

PUERTO RICO. Los primeros pobladores de esta isla parece que eran los guanacahabibes que habitaban en cavernas, los siguieron los araucos procedentes de Venezuela, y los taínos que se instalaron en el centro del país. En los siglos XIV-XV los caribes toman posesión de la parte Oriental, mezclándose con los taínos y originando los ciguayos, que avanzaron hasta las islas Lucayas o Bahamas.

La Isla de Borinquen no fue poblada hasta 1508 por los españoles, en que comenzó a colonizarla Juan Ponce de León, a partir del reconocimiento del territorio, que llegó hasta el cacicazgo de Agüaynaba quien recibió y atendió a Ponce de León durante el tiempo que duró su recorrido por la Isla.

Después de colonizada y de hacer los repartimientos que tanto acostumbraban los españoles, se sublevaron los nativos ante el repartimiento que de ellos se llevaba a cabo, donde eran tratados como seres irracionales, dando muerte a los españoles, quemándoles las ciudades que habían fundado, con encuentros armados donde unos y otros perdían sus hombres más valientes.

Por último, los europeos atacaron los 600 guerreros del cacique Mabadamaca matándole cerca de 200 hombres, continuando los encuentros hasta que lograron matar al cacique, que puso término a la larga lucha y constantes encuentros sangrientos.

Se dice de los puertorriqueños que eran los más bravos y aguerridos soldados de todo el archipiélago, y que en sus tierras fértiles y cálidas abundaban las frutas, el pasto y la pesca, y además el oro...