Ecuador

Civilizaciones y culturas precolombinas

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Plantas medicinales en América

 

¿Es posible que fumar tenga su historia?

 

Bibliografía

Se desarrolló en Ecuador lo que se considera la más antigua cultura del país, cuando tribus del Amazonas, posiblemente emparentadas con el hombre de Lagoa Santa, arribaron a su suelo, usando adornos nasales, y pectorales de oro. Otro grupo, esta vez portador del maíz y los vasos trípodos de cerámica, se unío a los anteriores habitantes, levantando pirámides de cantos rodados que unían con barro: se indica su procedencia de México. Una nueva invasión alcanzó tierras ecuatorianas, esta vez procedía de Tiahuanaco; más tarde, los Incas arribaron en una cuarta oleada. Esta mezcla de razas y culturas dejaron además, tambores y adornos, recipientes y máscaras como improntas.

¿Sus viviendas? Fueron construcciones de madera techadas con hojas de palmeras...

Ecuador, Perú y Bolivia formaron el corazón de la milenaria cultura andina; y serían los asientos del hombre de hace unos 20 000 años, con diversos triunfos en la agricultura, la cerámica, los textiles. Desde muy atrás conocían el fuego que aplicaban a las variadas necesidades del diario vivir.

Transcurrieron unos cuantos milenios para llegar hasta Cristóbal Colón; durante los mismos, surgieron y desaparecieron varios reinos con diversos tipos culturales que se distinguieron en diferntes aspectos del arte, además de las técnicas, que aplicaron en sus creaciones y bregar cotidianos.

Una trilogía de reinos con interesantes estilos culturales aparecen en esta región: son Ecuador con Chavín, Bolivia con Tiahuanaco y Perú con los Incas. Claro está que no estaban delimitados como actualmente, pero es muy significativo que cada uno poseía diferentes características y un fondo geográfico especial: porque Chavín es costero, Tiahuanaco su inmenso lago, y el Inca era el Señor de la región andina.

La contribución de las lenguas poblacionales es muy interesante, casi la totalidad de la toponimia geográfica proviene de los idiomas arcaicos. Los hombres que hoy viven en esos lugares mantienen costumbres antiguas en cuanto a los aspectos sociales y económicos se refiere. Continúan como en el pasado, cultivando los productos torronos que consumieron en los lejanos tiempos. En las artes, la religión y el pensamiento, el hombre andino permanece con los recuerdos del pasado ancestral. Lo arcaico está latente en sus mentes y en sus venas late como el fluido vital.

Tres mil años antes que los Incas, habitaron estos territorios Chibchas y Chinús, yungas y quitus, puruacos y paltas, sargas y caras, agrupados en medio centenar de reinos pequeños, dedicados a labores agrícolas, la pesca y la navegación. Quito era el reino principal, dominado por los caras procedentes del mar, que se extendieron hacia el Norte y el Sur.

En 1478 Túpac Yupanqui inició la conquista que culminó Huayna Cápac por medio de su matrimonio con la princesa Paccha, convertida así en colla (esposa) hija del último soberano de los caras en el reino de Quito. Atahualpa nació de esta unión.

Huayna Cápac tuvo otro hijo, Huáscar, con la colla imperial de Cuzco; dividió el reino antes de morir, entre sus dos herederos, dejando el de Quito a Atahualpa y el de Tahuantinsuyu a Huáscar, surgiendo discrepancias entre los dos hermanos y llevándolos a tal punto de enemistad que estalló una guerra entre ellos en la que Atahualpa venció a Huáscar en la llanuras de Quipaipán, hecho que debilitó al Imperio que fue así presa fácil del conquistador. Innumerables descendientes de aquéllos pueblos encontramos hoy, algunos se han acogido a la civilización, otros han permanecido fieles a su pasado, manteniendo las costumbres y creencias que estudian especialistas en diversas ramas, respetando sus formas de vida actual con sus religiones.

El hombre que se instaló en la línea del Ecuador es de baja estatura, de blanca piel, con diversidad de lenguas heredadas de etapas anteriores, algo notado por los españoles a su llegada. Aquí habitaban los considerados cazadores de cabezas del Alto Amazonas, hasta los que construían viviendas forradas y techadas, con una sola puerta de entrada cubierta con una estera de junco a modo de puerta. Su mobiliario estaba compuesto por cestos, una rústica vajilla de cerámica y una plancha de piedra o arcilla donde doraban las tortas de maíz. Los hombres llevaban vestidos de algodón, se adornaban con collares y pulseras, pintándose con colores negro y rojo en los días festivos, luciendo sobre sus cabezas plumas de alegres colores.

No están bien definidas sus creencias religiosas; las fuerzas de la naturaleza y los espíritus les inspiraban temor. Hoy continúan adorando los dioses de Chavín y a Viracocha, rindiendo culto desde hace unos 4 mil años a ese dios: aún se escuchan las notas de la quena y la zampoña dispersas en la brisa nocturena llevando la melancolía a los corazones.

Varios miles de años lleva el hombre instalado en tierras ecuatorianas, encontrándose restos arqueológicos en la Sierra y zonas del Pacífico, desconociéndose casi totalmente los orígenes y procedencia de estas poblaciones; nómada debió de ser su primera etapa con actividades como la caza, la pesca y recolección, estableciéndose en la Sierra y en la Costa ya sedentarios, avanzando hacia medios de vida diferentes como el cultivo de la tierra en las serranías, y los de la región marítima e islas como pescadores. Otros grupos, en la parte Oriental de la cordillera andina, prosiguieron su vida como nómadas. Hacia el año 1000 de n.Era dos grupos, entre ellos los caras, se asentaron en la costa Pacífica, se extienden hacia el interior y se integran a otros grupos ya instalados, donde se organizan y alcanzan el dominio de la mitad sureña de la región interandina. Más al Sur habitaban otros hombres de bastante importancia, hacia el golfo de Guayaquil, resistiendo posteriormente el avance incaico en sus movimientos en busca de expandir su reino.

Se ha dicho que en la choza en que vive se sepulta a su dueño el día que fallece; la familia abandona la casa e implora con danzas, cantos y libaciones al dios Cromantie Gade. El gran Jefe del grupo rocía el local con jugo de frutas e invoca a los antepasados ya fallecidos del muerto. Es este el mismo Jefe que reúne a su pueblo cuando surgen problemas entre sus vecinos, al concluir la reunión todos los asistentes prueban el jugo sin fermentar como expresión de que aceptan lo que allí se trató.

El fuego, entre estas poblaciones, permanecía encendido dentro de la vivienda: de día para cocinar, de noche para ahuyentar insectos y animales salvajes.

A pesar de distintos estudios y diversas hipótesis, aún rodea el origen del hombre americano cierta oscuridad, confiando sea aclarada en venideros años con la ayuda de la arqueología y otras especialidades, para conocer tan importante aspecto de nuestro pasado. Se sabe que en algunas regiones se establecieron grupos humanos desde fecha tan alejada como lo es 40 mil años a.C., haciendo posible el surgimiento de culturas como las de Valdivia y Manabí, la primera en las costas de Guayas y otros sitios de gran influencia cultural vecina. La unión de grupos culturales fuertes hizo posible la formación de una comunidad social en zonas como las hoyas de la Sierra y las cuencas de los ríos que vierten sus aguas en la costa. Entre las etnias que integraban el territorio se encontraban los huancalvicas, ribereños del Guayas, y en la parte Sur de la región interandina, los cañarisy caras, fundadores de Quito. Si bien es cierto que sometieron distintas poblaciones que fueron unidas en confederaciones, no lo es menos que cierta porción de tierra entre Colombia y el Chimborazo estuvo bajo su dominio durante algún tiempo. Al descubrimiento, los incas habían logrado unir distintas etnias que, tanto en el aspecto de su habitat como en el de las artes, nos muestran diversidad de facetas. Numerosas comunidades ecuatorianas dominan el quechua, lengua no olvidada por los descendientes de antiguas poblaciones.

En Carchi han sido descubiertas tumbas en forma de pozos que conducen a habitaciones centrales rodeadas de nichos, donde colocaban sus muertos con el ajuar funerario, consistente en pequeñas hachas de piedra pulida, vasos de cerámica de distintos estilos, abombados y globulares, copas y platos con decoraciones geométricas coloreadas de rojo sobre crema o en negativo, o negro sobre rojo o crema.

Imbadura es provincia sureña: allí se encuentran las tolas o colinas artificiales que se cree son bases de templos o túmulos funerarios. Cañar y Azuay pertenecen al Altiplano y quedan al Sur, aquí, tanto los ornamentos como las joyas recuerdan la proximidad del Inca, como lo revelan los pectorales, discos, narigueras, pendientes, hachas ceremoniales de oro o cobre dorado. De un rojo brillante es la cerámica aunque se ven vasijas con ornamentaciones bicolor en las que suele aparecer el tema geométrico o seres humanos, logrado con incisiones o el modelado. Con el barro, otras formas semejan tambores o sillas, tal vez de uso ritual. En la Costa y regiones del Oeste de Guayas se localizó la cultura Valdivia; también Manabí muestra interesantes obras, entre ellas altas plataformas cubiertas de piedra, muros, recintos, tumbas excavadas en las rocas

La escultura está presente en columnas y lápidas con tallados estilizados y decoraciones antropomorfas rodeadas de dibujos geométricos esculpidos; además, aparecen grandes asientos sobre soportes en forma de seres humanos o de animales, también se ven diversas figuras de arcilla de grandes dimensiones, algunas inconclusas, y su estilo es semejante al que se encuentra en Esmeraldas.

En el aspecto arqueológico, Manabí contiene los restos de la más rica cultura que se desarrolló en la Costa del Ecuador. Las toles, agrupadas como tumbas ó viviendas entregan objetos de arcilla, con notable técnica en su elaboración, semejantes a vasijas dejadas por pueblos centroamericanos, de México y Perú, como copas trípodes o vasijas troncónicas. En las numerosas figurillas de barro aparecen rostros muy lindos que parecen retratos.

Las pintaderas -moldes circulares, cilíndricos o rectangulares– abundan en Manabí y otras partes del continente, usadas para marcas en el cuerpo o estampaciones sobre tejidos de algodón. Según una fuente, éstos se consideran como los más bellos de América, que recuerdan el estilo Chavín...

Las tolas, además, han ofrecido objetos de oro, verdadera orfebrería en pequeñísimas joyas o collares, pectorales con repujados mitológicos en los que se encuentran parecidos con algunas obras de los panameños; las campanillas de cobre o gongas tienen motivos antropomorfos y de animales en relieves: artífices de Esmeraldas solían usar el platino, hecho que no aparece confirmado en ningún otro grupo humano precolombino.

Hacia el siglo XV los Incas trataron de conquistar el territorio ecuatoriano, y sin lograr sus propósitos Tupac Yupanqui fue obligado a retirarse. Con posterioridad, Huayna Cápac pudo vencer la resistencia de la población, tomando gran parte del país y haciendo de Quito sede de la administración del Tahuantinsuyu.

Betty J. Meggers dedicó un artículo a esta sugestiva interrogación: ¿Llevaron los pescadores japoneses el arte de la alfarería a Sudamérica hace unos 5 000 años? El Correo de la UNESCO publicó en 1967 ese trabajo suyo, por cierto muy interesante, que comentamos aquí. La alfarería de Valdivia (Ecuador) y la Jomón (japonesa) ofrecen similitudes tan extraordinarias que hacen casi imposible creer que nuestras culturas se desarrollaran aisladas, sin el aporte de hombres y pueblos del otro lado del mar. Porque hace 3 000 años que en Valdivia fue creada una alfarería que corresponde a los diseños de un pueblo japonés de hace 8 000 años!: la cultura Jomón se desarrolló en una población de pescadores y no solamente las decoraciones de las vasijas de cerámica, existen otros elementos entre los que se encuentran objetos de uso ceremonial que poseen rasgos comunes con los del Japón, entre ellos, los soportes usados a modo de almohadas o los pequeños juguetes en forma de casitas cuyas líneas arquitectónicas son asiáticas, el caramillo o flauta de Pan, pudo muy bien haber sido introducido desde Malasia. (Entre los mayas el arte fue una manifestación social muy avanzada y en su arquitectura, astrología, calendario, mitología, simbolismo y rituales, se encuentran inmensa cantidad de características semejantes a las asiáticas).

La alfarería de Valdivia desarrollada en la costa del Ecuador sobre el Pacífico hacia el 3 200 a.C., se considera como el elemento principal de esta civilización. La hechura, la decoración, demuestran habilidad y buen gusto a pesar del grosor de las paredes, de anchas y redondeadas jarras y recipientes cuya parte superior es más estrecha y de mayor tamaño. Entre las muchas vasijas se ven superficies desde las rugosas, hasta las semipulidas y las brillantes, gran cantidad de ellas pintadas de rojo. Con el dedo o con un palillo puntiagudo, tal vez un pedazo de concha, hacían las decoraciones antes de que la pieza de arcilla se hubiese secado. Las formas y dibujos son sencillos, y se advierte ya una evolución que partió de las formas primitivas y alcanza la perfección y belleza propias del avance cultural y técnico.

Alrededor de 3 000 años a.Cristo aparece en la isla de Kiuku, al otro lado del Pacífico (para ellos la parte Oriental), una alfarería cuyas características las hacen muy semejantes a la de Valdivia: la primitiva japonesa de Jomón. De esta manera podemos imaginar los caminos que pudieron seguir ya de una forma racional o simplemente impulsada por los vientos una ligera barca con algunos hombres, se dirigió hacia alta mar para la habitual pesquería y con lo imponderable, ese viaje se tornó transoceánico y toca un día las playas de otro mundo desconocido y hermosamente exuberante que cegaría los ojos con su brillante esplendidez, atontando los sentidos los intensos perfumes de la selva...

¿Puede ser real esta hipótesis para la historia americana? No lo dudaría, los que se han sumergido en las honduras del pasado de nuestros pueblos lo han llegado a pensar muchas veces. Ambas culturas, la de Valdivia y la Jomón tienen las mismas señales de su evolución, muy semejantes su nivel de desarrollo cultural y social: el grupo de la costa era recolector de moluscos además de pescador, como lo eran los hombres de Valdivia. Sólo que la alfarería japonesa comenzó sus primeros pasos en la lejanía de los tiempos, ya que están datados en 7 000 años antes de Cristo.

Además de coincidir las semejanzas, el habitat y las costumbres, son las fechas en que se manifiestan estas obras artesanales del Pacífico americano que coinciden con las creaciones japonesas. ¿Pudo ser todo esto obra de la casualidad en tan distantes lugares de la Tierra? Es posible. Lo que no es imposible es que de una manera u otra los contactos se llevaron a cabo desde tan lejanos días. Recordemos los cambios geológicos efectuados a través de millones de años y que el hombre desde temprano aprendió a viajar sin importarle los accidentes geográficos, a pie o en transportes diferentes, porque conoció la vida errante debió de aguzar su ingenio e inventiva para tomar lo que intuía al otro lado de la montaña, del mar o de los ríos...

El Hombre, como los niños, aprendió a salvar los obstáculos si consideramos como etapa primitiva la infancia de la Humanidad: en realidad lo es, si nos detenemos a meditar un poco. El ser nace dotado del conocimiento de que necesita encontrar el alimento y hacia allí se dirige, sea el pecho materno, la ubre del reumiante, la fruta madura, el pez que brilla, el venado que salta...

Si posee una canoa, una balsa, que bailen sobre las ondas del mar, y el viento las impulse, seguro es que llegará a otra playa, remanso claro o erizadas rocas, que siempre hay una ribera al concluir el viaje. Si. La travesía del Japón al Ecuador es larga, difícil y riesgosa. Tal vez viajaron de una a otra isla, o desde tierra firme dirigieron su barca hasta arribar un día a una orrilla donde podían sembrar algún conocimiento aprendido allá lejos, en su tierra; queriendo compartir lo que adquirió con otros seres que se le antojaron que debía querer, como a su hermano.

Las invasiones, que a través de milenios han nutrido los países con nuevos habitantes, en oleadas sucesivas e inimaginables, no han sido más que eso, el deseo de encontrar lo que deseaban y soñaban, el ansia de aventura y además, el de compartir con otras razas y en otros mundos la adquirida sabiduría y la experiencia, y enseñarlas: al igual que nosotros esperamos un encuentro con habitantes de algún otro planeta, así latiría en la hondura de sus almas la necesidad de conocer sus vidas, de estar seguros de que existen otros seres en galaxias alejadas o muy cerca, que no estamos solos, solos en la inmensidad del Universo en expansión, teniendo compañeros con los cuales contar aunque estuviesen alejados miles de millas o millones de parseks..., no importa, estamos acompañados en la Tierra y en el Cosmo...: así debió de ser, mirándolo bien, el gran azar de salir en busca del Hermano!

No es fácil de determinar pero creemos, que ningún pueblo pudo existir sin confirmar la existencia de otros hombres; los viajes deben haber tenido una sucesión no cronológica, pero algo debe de haber sucedido desde los aurorales días de la raza humana; no en balde tuvo acceso a los ríos y a los mares, a la pesca; a los bosques otras el ciervo, con anzuelos y con flechas junto a sus companeros. De uno a otro bosque, traspasando montañas y vadeando lagos, de isla en isla, sobre el mar dueño ya de aracaica barca, se adentró en los profundos misterios oceánicos, surcando en barquicuelos frágiles la inmensa mole azul, hasta encontrar lo que buscaba en sus delirios: otros hombres! Se fueron y vinieron, como los de aquí, salieron en busca de otros hermanos y se encontraron...!

Dice Betty J. Maggers que …aunque todavía estamos lejos de comprender la naturaleza y el alcance de los contactos culturales transpacíficos, puede afirmarse que el surgimiento de la civilización en el Viejo y en el Nuevo Mundo no constituyen un fenómeno independiente, y que las teorías sobre la inevitable evolución cultural del estado salvaje a la civilización debe tener presente esos factores...

Esmeraldas, provincia de la costa del extremo noroeste del Ecuador nos da noticias: desde antiguos tiempos fue un sitio muy atrayente para los navegantes; actualmente una población afroecuatoriana tiene su asiento allí, a causa de un accidente ocurrido en esos mares cuando finalizaba el siglo XVIII (18): un barco con destino a Perú naufragó en esa costa. ¿Cargamento? Esclavos procedentes de tierras africanas. De éstos náufragos, varias mujeres y algunos hombres ganaron la orilla, no así los europeos de los que no se tuvo jamás noticia alguna. La región que sirvió de abrigo a los esclavos les resultó ideal. Como todo el continente, correspondía a España, pero en ella brillaban por su ausencia las autoridades que representaban la Corona y los pocos pobladores eran pacíficos, tal vez chibchas, que más bien se alejaron ante el terror que les produjeron los extranjeros de otra raza. Porque antiguas culturas se habían desarrollado y extinguido en Esmeraldas, con sus perdidas huellas bajo las olas, la playa y la selva. Casi cien años resistieron los náufragos africanos el dominio español: ¿su oficio? Se tornaron piratas, y el agua potable y las mercancías las proporcionaban los barcos procedentes de la Metrópoli, cuando se dirigían a las costas esmeraldinas... Casi a fines del siguiente siglo los descendientes de los africanos aceptaron tanto el dominio como la religión católica del hombre hispano. Luego, cuando Ecuador obtuvo su independencia se integró a este Estado toda la región con sus habitantes. Pero todo el mundo ignoraba el contenido en riquezas arqueológicas de la parte comprendida desde lo alto de la provincia de Manabí hacia el Norte, hasta la parte baja de Nariño en Colombia.

Theodor Wolf, geógrafo y geólogo alemán, quiso recorrer esta parte desconocida de la historia precolombina y lo logró en 1877. Pero no fue hasta la década de los 50 de este siglo que todavía se desconocía mucho del pasado cultural de los pueblos de esta región del planeta, creadores de un sistema de vida, un arte y creencias religiosas con características propias.

Basados en el trabajo de Lillian Robinson Pérez se escriben estas líneas, para llevar al conocimiento de los lectores las múltiples civilizaciones autóctonas que se desarrollaron aquí, desconocidas para muchos cosa que, en mi concepto se asemeja a un acto de desprecio, porque los que nos precedieron tienen derecho a ser conocidos y admirados exhibiendo sus valiosas obras como las de los pueblos de la antigüedad clásica. Ellos contribuyeron a crear las bases de culturas singulares, únicas en el mundo. Diferentes.

Lillian Robinson Pérez aclara que no es arqueóloga pero sí sentía una gran curiosidad sobre Manabí y Esmeraldas que avivó una visita al Museo de la Universidad de Quito; sobre todo, le llamó la atención un ídolo de barro al parecer perteneciente a los adoradores de la serpiente que, aparte de los detalles que la recuerdan, la figura lleva, al contrario de otros rostros varoniles no barbados, una perilla en el mentón partida al medio. Algunos historiadores y arqueólogos han sostenido que existe la posibilidad de que entre los mayas y los esmeraldino-manabíes hubo algún contacto, por la marcada afinidad que se encuentra en algunas obras descubiertas. Estas hipótesis pueden ponerse en duda, más si los antiguos moradores de nuestra tierra vivieron sobre ella durante milenios, cercanos unos de los otros pueblos, y con ciertos medios de navegación y vías terrestres a su disposición, muy bien podían comunicarse por medio de embajadores o comerciantes tal vez?

En un antiguo y famoso oratorio en Cerro de Hojas, Manabí, se hallaron grandes asientos en forma de U, que se apoyaban sobre figuras humanas o de jaguar reclinadas, piedras cuadrangulares también con tallas de seres humanos, identificando un ídolo de nariz de pico de ave como Hub-Ab-Ku, nombre que significa Uno-Siendo-Dios, considerado como el creador maya del mundo. Los símbolos que circundan la figura son un doble anzuelo, una espiral sobre un disco en la mano de la deidad, una anguila y un perrito o pequeña hiena, representando estas figuras los cuatro elementos, el aire, el fuego, el agua y la tierra.

A veces se encuentran en Esmeraldas, sobre la tierra, objetos antiguos, tal es la abundancia que de ellos existe, sin llegar a excavar en su búsqueda, además de representaciones zoomorfas, nueces de marfil vegetal, resinas aromáticas, fibras vegetales, piezas de oro y de arcilla, todas con valor arqueológico.

Las tolas o montículos funerarios abundan en Esmeraldas: de ahí surge el nombre de Tolita dado a lo que pudo ser una Necrópolis por sus numerosos montículos, o una ciudad prehistórica por la abundancia de objetos de oro, cobre, aleación, barro, piedras.

Al cristianizar a sus habitantes, muchos ídolos y con ellos sus creencias religiosas y los ritos, desaparecieron o fueron destruídos, al creerse en aquellos momentos que los cultos estaban inspirados por espíritus diabólicos. Así finalizaron o se mantuvieron en secreto, las religiones y los rituales que conocieron los pueblos del pasado amerindio.

Los metates de piedra, los sellos cilíndricos o rodillos para estampar hermosos diseños en tejidos o en la piel humana, los husos, las ruecas, las urnas funerarias antropomorfas, los vasos zoomorfos, los diversos tipos de vasijas y platos, algunos trípodos; las figuritas humanas que aparecen en el conjunto familiar del padre, la madre, el hijo; las piezas de oro, como pectorales de diseños diferentes, collares y cuentas de distintos estilos, tarugos trabajados como carreteles para los lóbulos perforados de las orejas, narigueras, zarcillos, alfileres con cabezas decoradas, pinzas, anzuelos, cucharillas microscópicas que se suponen para limpiar el conducto auditivo o para medir mínimas dosis de venenos; mena áurea en vasijas de barro, han sido desenterrados!

‘El hecho de que es una cultura costeña, sin relación conocida hasta hoy con las otras tribus ecuatorianas de tierra adentro o del altiplano, nos lleva a la conclusión lógica de que Esmeraldas fue una colonia marítima’.

Estas figuras de gran similitud con las halladas en el Sur de México, especialmente en la isla de Jaina, es sorprendente hasta para el ojo inexperto, lo que lleva a creer que hubo algún eslabón entre la América Central y la del Sur. Esta suposición no es absurda, aunque se ignore todavía cómo y cuándo pudo ocurrir. El origen, desarrollo y desaparición de las culturas prehispanas y su interrelación son parte de los misterios apasionantes de nuestro continente, donde la historia escrita abarca un período relativamente corto. Los cronistas españoles relataron descubrimientos y conquistas, describiendo el mundo ‘índigena’ con enfoque peninsular. Sus hechos históricos están impregnados de la mitología indígena-hispana, usando la imaginación para llenar vacíos. Una aficionada sin pretensiones científicas como yo –expresa la Robinson Pérez-, puede hacerlo también y lanzar preguntas locas, como: ¿Por qué el dios maya del maíz de Copán parece un Buda cambodiano? ¿Por qué los frescos chimús del Perú recuerdan los mayas de Yucatán? ¿Por qué las figurillas de Esmeraldas se parecen a las mayas de la isla de Jaina? Estas palabras muestran lo que conoció y vislumbró la autora en Esmeraldas y lo que le sugirieron, llenando su mente tal como tenemos la nuestra ante las incógnitas que surgen acerca de nuestras culturas precolombinas.

El sombrero de JIPIJAPA fabricado por tejedores ecuatorianos, es famosísimo en el mundo. Confeccionado con la paja o ‘toquilla’ producida por una especie de palma más o menos silvestre, de las regiones tropicales de Sudamérica, de hojas dispuestas en abanico, largas y sedosas, es la materia prima de que se valen los ecuatorianos para tejer los maravillosos sombreros: de esas hojas procede la toquilla.

Son los humildes ecuatorianos, tal vez los pobres ‘indios’, los que han tejido la toquilla en sus viviendas-fábricas de bambú. De la provincia de Manabí procede esta fibra: crece en Jipijapa y en Montecristi, donde la mayor parte de la población se dedica al tejido de sombreros, algunos no conocen otro trabajo en toda su vida. Hace unas cinco décadas esta industria sombrerera era la mejor de Ecuador.

Durante muchos años a este tocado masculino se designó como sombrero de Panamá y no de Jipijapa: ocurría que ciertos comerciantes acaparaban tan valioso producto y la mercancía era vendida en otros mercados, sobre todo el de Panamá. La realidad es que el sombrero es un producto básicamente tejido con materia prima y artesanos netamente ecuatorianos. Los hombres seleccionan y lavan la paja cuidadosamente para que en la misma impere el color blanco; seguidamente se seca hasta cierto punto pues debe mantener alguna humedad. Partiendo de ahí, se le dan unas horas de calor y vapor de azufre que blanqueará más la toquilla, hasta que pueda exponerse al aire. Otra operación consiste en tomar las hebras y seleccionarlas haciendo a la vez los manojos, vigilando el grueso, se eliminan las venas y se igualan los extremos mientras van pasando la paja por agua corriente. Se libra de la pelusa y se alisa la fibra utilizando un paño como quien quiere secar algo con un trapo en la mano. Las finísimas hebras se conservan en lugares húmedos pues al secarse totalmente se oscurece el tono adquirido con estos cuidados y a la vez se tornarian frágiles y quebradizas.

El tejido se comienza de noche cuando ya no se sienten los rigores del calor tropical, a la luz de una vela y con la vivienda cerrada para que el aire no penetre y dañe la toquilla. Tejen las familias sentadas en rústicos bancos u otros asientos; delante y de madera de balsa han colocado las hormas y pequeñas vasijas con agua. Las hormas o moldes se usan para darle forma al tejido, el agua, para humedecer los dedos que comienzan a moverse agiles y ordenados. La coronilla de la cabeza es lo primero que se teje del sombrero, se coloca en la horma sosteniéndolo con objetos de poco peso. Rítmico y sin interrupción es el movimiento de las manos y dedos de los tejedores durante largas horas, para lograr un apretado y casi invisible tejido, mientras se derrama alrededor una cascada de hebras doradas, abundantes, semejantes a una melena rubia.

Los sombreros de Jipijapa se cotizan con diferentes precios; tejidos por mujeres están los extrafinos, verdaderas artistas que dedican hasta tres meses desde que comienzan hasta concluir esta prenda, mientras que otros modelos se tejen en tiempo menor. Los sombreros de Jipijapa y Montecristi poseen una notable característica que los hacen inconfundibles: las expertas y humildes personas que trabajan en esto, tienen –según sus palabras- un procedemiento que es el de comenzar y terminar el tejido sin dejar huella ni extremos visibles.

Flexibes, sedosos, livianos e impermeables, no tienen revés: es posible lograr que un sombrero enrollado en forma de tubo pase por un anillo... Muchas personas han querido conocer el secreto de los tejedores de Manabí, su habilidad y destreza además de limpieza en esta obra artesal, más, estos amables y tranquilos obreros ecuatorianos siempre responderán con una sonrisa mitad complaciente y mitad irónica: -Señor, no lo sé; los dedos no pueden hablar...

Al Sur del Ecuador, provincia de Toja, fue descubierta (1976) una tumba que data más de medio milenio, en una altura de 2 600 m, conteniendo numerosos restos humanos. Por su forma piramidal se considera obra de los caras. El terreno donde apareció el túmulo presenta dificultades para la construcción de la tumba, por el trabajoso acceso para fabricar a esa altura.

En la costa ecuatoriana de Tolita y unos 500 años a.Cristo, soldaban el oro y la plata sus joyeros. Sabido es que el platino necesita para su fundición una temperatura de   1 775oC. Los orfebres de entonces sabían qué medios usar, de qué podían valerse, para lograr la soldadura de una pieza de platino sin alcanzar tan alto grado de calor.

Aucas y Misioneros. Una publicación de diciembre/1958/ difundió al mundo lo acontecido a unos misioneros con el grupo nativo de los aucas. Todo comenzó cuando cinco extranjeros fueron conducidos (1955) por vía aérea hasta la playa de un río cercano al establecimiento auca, pueblo que se encontraba aun muy atrasado. No obstante las tentativas amistosas de los recién llegados, hacia los aucas, un día del siguiente año las lanzas arrojadas por los aucas costaron la vida a los cinco misioneros. Una viuda y su pequeña Valerie, y la hermana de uno de los muertos, decidieron en 1957, trasladarse hacia aquel territorio y recomenzar la obra iniciada por los desaparecidos.

Esta decision valerosa, junto con su fe, las impulsó a buscar la manera de redimir las muertes conquistando las almas de esos hombres. Beyyt Elliot y Rachel Sanint fueron a vivir muy cerca de los nativos, fortalecidas por la oración y decididas a aprender la lengua de ese grupo como único camino para llegar a sus almas y comunicarles el mensaje. Imaginaron todos los riesgos e inconvenientes que podían presentarse, más, se decidieron a quedarse entre los aucas aunque comprendian que la hospitalidad podía cesar en cualquier momento, sólo bastaba que los moradores de río abajo los atacaran inesperadamente. A estas mujeres animosas las separaba de aquel mundo primitivo algo de mayor magnitud que los inmensos ríos y las selvas unidas: eran dos culturas, dos formas de vida muy distintas y alejadas entre sí, de una parte los aucas, dueños de su tierra y de su soledad y dos mujeres y una criaturita nacida en otra sociedad y otras costumbres.

Betty y Valerie se instalaron en una choza; un día dos mujeres aucas se acercaron muy curiosas, visitaron a Betty; visitas que se repitieron motivando una comprensión amistosa entre las dos muchachas, la niña y su mamá. El papel que jugo la niña de 3½ añitos fue muy importante, la nena no tuvo inconvenientes y se hizo querer jugando con las ‘indias’. En ese sitio solitario, temerosas, fueron comprendiendo Betty y su amiga el habla de los aucas; la casita de Betty estaba junto al río Tihuson, al lado, los vecinos eran dos aucas de los que lancearon a los misioneros.

Este hecho acaecido e impulsado por temor o error, al creer enemigos a los blancos, las hacia temblar por mucha fe que tuviesen las almas de las dos mujeres.

Jamás ha aparecido ninguna referencia a este caso después de 1959, los aucas, Valerie, su mamá y Rachel, no aparecieron con posterioridad en ninguna publicación del país. Los medios de prensa dejaron atrás aquél asunto en el que un grupo humano en primario estado cultural, atacó a unos religiosos por temor o alarma. Los aucas, nativos de este continente y unos misioneros que cumplían su cristiano ministerio los involucrados en el caso. El sendero para encontrar a Dios quedaría interrumpido por obra de la incomprensión y el camino de la fe fue señalado por unas lanzas dirigidas por los ágiles brazos que acabarían con ellos.

Hemos nacido en una era que desconoce las creencias de esos nativos, mientras creemos en otro Dios con ritos diferentes; no dejamos de meditar sobre las reacciones de los que imaginaron enemigos a esos misioneros. Situándonos en su lugar ¿cuál seria nuestra actitud si religiosos de otra procedencia, portadores de un culto y una cultura desconocidos por nuestra comunidad, hubiesen tratado de algún modo de conquistar nuestra conciencia en nombre de divinidades ajenas, imponernos por la persuación esa creencia, de la que lo ignoramos todo, sin escuchar el nombre, los cánticos, plegarias, ritos, cuyas ceremonias son asombrosas para nuestra comprensión? Una actitud de rechazo, rebeldía, sorpresa y temor nos invadiría tomando posesión de nuestros sentimientos, reaccionariamos contra una imposición disimulada... Hay que imaginar el entendimiento y los corazones del nativo que sólo conoció en el pasado látigo y violencia tan brutales: la respuesta del Cacique Hatuey es sobradamente conocida y muy explícita!

La meditación es necesaria en estos casos, sobre todo cuando, es la conciencia lo que está en juego en ellos, o en nosotros. Cada sociedad humana es digna de consideración sean cual fuesen sus convicciones religiosas. Los que conocemos el origen del cristianismo, las vidas que costó esa nueva fe, debemos comprender a los creyentes de otras religiones que ignoramos. Todos son merecedores de admiración y simpatía porque buscan al Ser desconocido a través de ideas no equivocadas totalmente. Por muy grande que sea la fe en otros dioses, para nosotros son completamente ajenos sus credos incomprensibles, pero los respetamos por las conciencias de los creyentes, de sus fieles. Reconozcamos que esos hombres han de sentirse extraños ante una cruz, plena de significados para nosotros, tan familiar desde la cuna, aunque para la condición humana de los aucas fue un latigazo, un alerta entre esos hombres con palabras nuevas: ¿temor de que tocasen su intimidad casi infantil, su sentir primitivo, su fe sencilla, desconocedores de las nuevas voces que los llamaban a sus filas?

El acto cometido por gentes de este grupo es explicable y comprensible a la vez si nos situamos en su contexto cultural –casi el Neolítico-; recordemos que existen otros países con autoridades que golpean, vejan, matan, asesinan, a algunos inmigrantes que penetran en su suelo que no es del Tercer Mundo, o que asolan desde el aire países enteros con la mortífera carga de cohetes. En busca vamos de mejores condiciones para llevar una existencia un poco digna como humanos, pero se ejecutan actos criminales por el solo hecho de que no pertenecen ni a su raza ni a su fe ni a su nación, los infelices!

El auca no pudo ripostar con palabras el verbo de los misioneros, y fueron confundidos con otros que atacaban; tratan de defenderse con las lanzas cuando se sintió amenazado por un poder mayor, el del blanco, superior para su conciencia en ese instante de su plano cultural muy primitivo.

Nada debe tomarnos por sorpresa. Si abrimos la conciencia hacia una comprensión ilimitada más justa ante otro ser humano, se encuentra éste en cualquier estado –viejo, pobre, inútil-, desposeído y desgraciado, carentes de una sociedad y de hombres justos. Los ignorantes por la impiedad de los poderosos, pertenezcan a una isla perdida entre los mares o a la mayor de nuestras civilizaciones, debemos recordar los sentimientos, necesidades y la dignidad de sus habitantes... como seres humanos pertenecientes a una raza igual; no lo olvidemos.

No los conoceremos por sus dioses benévolos o perversos ni por sus pensamientos; sólo por sus acciones y su bondad de corazón, porque existe un mandamiento dentro de todo ser humano y racional, y es el de propugnar la tolerancia hacia la Humanidad y no ofenderla...! Recordemos que hasta los grandes criminales poseen aunque pequena, su dignidad.

Cada cultura tiene sus propias concepciones cosmológicas, sus mitos. Dejémosle en libertad de practicarlas por mucho que deseemos convertirlos!

Valerie, Batty, Rachel, los aucas ¿qué fue de ellos? ¿Lograrían las esforzadas señoras su objetivo de cristianizar aquellos seres, y entre ellos a los matadores de los misioneros...? Reconocerían éstos en algún momento la magnitud del hecho, por más explicable que éste fuese...?