Colombia

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Bibliografía

Huellas de permanencia humana en cavernas colombianas alcanzan 12 500 años de antigüedad, hacia la parte central del país están los establecimientos del Abra y Tequendama, con la data de 10 500 años. Allí el entorno propició el desarrollo de sus culturas con sus gustos y características peculiares; esta parte del Nuevo Mundo fue poblándose, evolucionando independiente de otras, dejándonos obras en numerosos sitios de la actual Colombia. Las zonas donde se desarrollaron esos grupos se encuentran cerca de los ríos como el Magdalena y el Cauca, con puntos tan relevantes como San Agustín, Tierradentro, Alto Cauca, Nariño, Sinú y otros, donde avanzaron pueblos como los quimbayas, chibchas, y taironas, existiendo actualmente alrededor de una decena de etnias en el vasto territorio colombiano.

Encontramos la cultura de San Agustín desde el Ecuador hasta Tierradentro, la zona arqueológica más rica se encuentra en el nacimiento del Magdalena, entre el bosque y los manantiales. San Agustín ofrece una variada colección de obras trabajadas en piedra: templos, tumbas subterráneas, estatuas humanas y zoomorfas, monolitos pétreos de gran tamaño y representaciones que aparentemente corresponden a dioses, además de estelas y cariátides. Grandes túmulos subterráneos se estiman recintos sagrados; galerías bajo tierra revestidas de piedra, tumbas abovedadas... La reunión de santuarios y estatuas en una amplia zona selvática parece destinada al culto, donde varios pueblos de igual creencia se daban cita para su adoración.

Idolos misteriosos, enigmáticas esculturas de dimensiones colosales, señaladas en varios siglos anteriores a Cristo; en las laderas montañosas se ven los monolitos, figuras humanas y las que semejan seres custodios, guerreros situados en el vallecito o divinidades que velan el lugar, tal vez pleno del encantamiento de los hechiceros de San Agustín...

Los hombres asentados aquí dejaron vestigios que revelan cuán importante era para ellos la escultura, ligada profundamente a sus creencias religiosas y el culto a los muertos, dejando montículos artificiales, tumbas y estatuas que fueron descubiertas hacia 1700, cuando un misionero nativo de Palma de Mallorca, Fray Juan de Santa Gertrudis, publicó en su Maravillas de la Naturaleza, lo que vislumbró en su visita a la región, permaneciendo inédita esta obra más de dos centurias, y fue en 1956 que en Colombia se recibe una copia del manuscrito de Fray Juan que fue publicada muy pronto.

Diversos investigadores en diferentes oportunidades han explorado San Agustín, reconociendo que este sitio arqueológico se remonta a 3 300 años A.C. Era un pueblo de grandes agricultores que recogían copiosas cosechas de maíz, frijol y papas, aunque además cazaban venados, conejos y otros roedores.

Reichel-Delmatoff es un arqueólogo que considera la escultura de San Agustín naturalista, expresionista, abstracta, siendo la cabeza la parte más señalada, con rasgos simples y gran desproporción entre la cabeza y el cuerpo, además de tallados geométricos. Entre el boscaje pueden admirarse centros ceremoniales y funerarios, numerosas estatuas; los centros funerarios se conocen o distinguen con el nombre de Mesitas: la Mesita B es muy interesante ya que está acompañada de grandes montículos artificiales, una tumba de gran tamaño, una cabeza triangular de rasgos antropomorfos, un águila con una serpiente entre sus garras, protegiendo el templete hay varios guerreros, otros sarcófagos se ven detrás rodeados de grandes lajas de piedra. Otras tumbas que pertenecen a esta Mesita se encuentran protegidas por cariátides, entre ellas El Obispo, que tiene una altura de 4 metros. Entre las estatuas de hermoso acabado aparece la de los siameses en la Mesita C. A la salida de esta parte se encuentra una rana tallada en la Fuente Ceremonial de Lavapatas, obra en la que se adivina que el sitio estaba dedicado al reposo, un lugar muy valioso para los hombres del pasado; aquí se alcanzan a ver serpientes, lagartos, salamandras con siluetas y rostros humanos, todo en alto relieve.

Numerosos canales rodean las figuras en una combinación de piedra y agua que dan a la obra un singular atractivo y una serenidad con lo armónico de la construcción, dedicada tal vez a baños rituales y ceremonias religiosas las tres piletas, quién sabe si como hidroterapia física y espiritual...

En el Alto de Lavapatas se encuentran los más antiguos vestigios arqueológicos de San Agustín con casi 3 500 años de antigüedad, donde hay un montículo funerario, estatuas antropomorfas y entre ellas el doble-yo.

Uno de los centros ceremoniales mayores del Parque corresponde a la Mesita A, con estructuras funerarias, dólmenes que sostienen estatuas gemelas con una gran escultura central terminadas cuidadosamente. Sarcófagos de piedra aparecen en algunas tumbas que tienen una cámara lateral con el ajuar funerario. Las voluminosas e imponentes estatuas que se ven son restos de estructuras diferentes a las conocidas en Colombia; se tiene por seguro que en épocas muy lejanas San Agustín llegó a ser un centro ceremonial muy importante: a poca distancia de los monolitos existe una pequeña población que lleva ese mismo nombre, con un templo antiguo, dos esculturas y lo que semeja las constelaciones de un mapa estelar, entre ellas se señala la Cruz del Sur, la plaza del poblado correspondió a San Agustín en tiempos lejanos.

En San Agustín y zonas aledañas encontramos dioses que espantan por las expresiones de sus rostros, una figura femenina que espera un hijo, formas quietas quién sabe desde cuántas centurias donde vivió un hombre que no conocimos, legándonos muestras de una civilización enigmática, pero que conoció las comodidades del acueducto que construyó con cañerías de piedra!

A las afueras de San Agustín se encuentra El Tablón con grandes estatuas agrupadas, destacándose una figura femenina que lleva entre sus manos un objeto y luce un hermoso tocado su cabeza.

En los cerros de La Pelota y El Putural se ven algunas esculturas antropomorfas, se reitera el tema del águila con la serpiente entre sus garras. En El Putural estas figuras conservan sus colores, hecho que no ocurre con frecuencia, como dos figuras humanas con puntos rojos, negros y amarrillos.

La cerámica de San Agustín es sencilla, bien cocida y el color oscuro predomina en copas tazones y otras piezas, notando así que el mundo precolombino reserva aún secretos en su seno de arcaicas culturas rodeadas de misterios, como el de su nacimiento y el de su desaparición...

Al adentrarse entre los ríos Magdalena y el Cauca, está Tierradentro, donde se percibe la influencia de otros pueblos que, aunque alejados, se adivina su presencia en tumbas subterráneas excavadas en las rocas, con escaleras descendentes en forma de caracol, la base circular y el techo abovedado sostenido por columnas; en ese recinto se encuentran nichos y pinturas murales coloreadas en negro, rojo y anaranjado los estilizados temas geométricos y las siluetas humanas que lo componen. La cerámica de Tierradentro es parecida a la de San Agustín pero con una técnica más avanzada, notable en los vasos globulares, los cuencos, las copas con pie y bordes externos curvados suavemente. Vemos que la cultura que se desarrolló aquí guarda similitud con la de San Agustín, sobre todo en lo referente al culto funerario y las creencias religiosas. En el valle que rodea el poblado de San Andrés de Pisimbalá se encuentran las huellas de un antiguo establecimiento humano con la marca de una cultura que supo crear ‘una de las más hermosas manifestaciones de la arquitectura funeraria que existen’. La influencia de San Agustín se advierte en los trabajos en piedra y en la cerámica, más, lo que no tiene igual entre todas nuestras culturas son los hipogeos ‘máxima representación artística en tumbas subterráneas’. En la arquitectura funeraria los hipogeos será lo más notable, superior a otras construcciones importantes. La vivienda era de planta circular –algunas hasta de 6 m de diámetro- sobre terrazas artificiales en las laderas de las montañas; en la zona de Patacue se han descubierto vasijas fragmentadas parecidas a las usadas en entierros primarios y en los hipogeos. Los hipogeos semejan viviendas con techos adornados con dibujos geométricos o rectilíneos en rojo y negro sobre fondo blanco, rematando el extremo superior de las columnas rostros geométricos de ancha nariz, y pequeñas incisiones forman los ojos y la boca, con líneas verticales de color negro.

El Nevado de Huila y el Volcán Pucaré sostienen la región de Tierradentro: como los andaquíes, los hijos de esta tierra fueron tenaces opositores del español. Estos pobladores alcanzaron un gran desarrollo en el cultivo del maíz y otros cultivos vegetales; expertos en la evaporación del agua salada obtenían la sal que moldearían en forma de panes para los traslados y trueques.

En la Loma de Segovia las tumbas están numeradas: la número 9 conserva las figuras, columnas y divisiones de manera tan nítida que parecen de recién hechura. La tumba número 8 es la más grande y a la vez la más profunda de las descubiertas en Tierradentro en la Loma de Segovia, donde las columnas fueron decoradas con formas humanas cuyos cuerpos se encuentran en posición fetal, como símbolo del pasado de una vida a otra. La tumba del Alto de San Andrés tiene distintas decoraciones; en La Loma del Aguacate la tumba de las Sálamandras tiene en sus paredes grandes figuras humanas pintadas, en la segunda se ven siete medias lunas, una franja semicircular pintada como en el caso anterior en negro y rojo, y de iguales colores lagartos o salamandras. En El Tablón, las estatuas de piedra se asemejan a lasde San Agustín. Actualmente habitan unos 50 000 descendientes de los páez en esa región.

Cerca de Bogotá en la región del Tequendama, se encuentran los sitios arqueológicos más antiguos del país, calculándose que datan de unos 12 430 años, donde se han descubierto osamentas humanas y zoomorfas, objetos de cerámica, cenizas de fogones, enterramientos y pictografías en dos enormes rocas areniscas, que dejaron los antiguos precolombinos. ‘Piedra pintada’ es una roca con pictografías, en Piedras del Callejón se ven grabados semejantes a mapas o signos de orientación, quedando muy cerca del río Magdalena en su ribera izquierda. La cultura mosquito aparece encia el curso medio del Magdalena y los bosques ecuatoriales; en su ajuar funerario hay urnas que semejan jarras, con una figura humana sentada en la cubierta.

Los quimbayas se establecieron en Antioquía, en el curso medio del Cauca, importante grupo que dejó su estilo en los objetos funerarios, en tumbas de pozo profundas o superficiales, colocando el cadáver en el piso y a su lado figuras de piedra, cerámica y adornos de oro, ofreciendo la alfarería objetos diversos como grandes jarrones, cuencos, pequeñas figuras humanas decoradas en negro, en negativo inciso o a relieve, parecidas a los cuencos peruanos que semejan pájaros o animales.

La técnica metalúrgica es conocida por los quimbayas desde el 500 AC., desarrollando la orfebrería*creando joyas y adornos muy hermosos; esta técnica se difundió hacia Centro y Sudamérica, época en que aplicaban las experiencias adquiridas como pueblo creador. Sus trabajos han sido imitados y su conocimiento del áureo metal estuvo presente en todas las obras de este grupo humano, desde la fundición perfecta o la creación de cetros, divinidades, retratos humanos, botellas, pendientes, collares, brazaletes, broches, diademas, diseños ornamentales y adornos donde manifestó su exquisito gusto y conocimiento técnico el orfebre.

Por su parte, la cultura tayrona se desarrolló en Sierra Nevada de Santa Marta, Noroeste de Colombia, sitio donde trazó calles, enlosó gradas, construyendo plantas circulares de viviendas y pétreos bloques de gran tamaño. La cerámica de este grupo presenta urnas de variadas formas, de arcilla negra y roja, frecuentemente de cuerpo globular, usando una mezcla de barro espeso y grueso. Piezas más pequeñas aparecen de barro negro más fino, en vasos de estribo simple y doble cuerpo, parecidas a algunas obras del Norte peruano. Abundan los silbatos con finos tallados decorativos, representando seres humanos y animales. La orfebrería tayronalogró obras de oro y tumbaga muy bellas, ahí están los anillo, los pendientes con cierto parecido a los de pueblos caribeños cesteros o a los producidos por artífices del Sinú en sencillos objetos, y una cerámica con copas y otras vasijas decoradas en relieve, se conoce muy poco la cultura Sinú, que toma su nombre de un río*.

La región de Nariño, al Sudoeste del país, dio cabida a un grupo cultural, cercano a tierras ecuatorianas; hasta el momento las obras más conocidas consisten en una abundante alfarería: una cerámica sencilla con vasijas de formas diferentas entre las que hay copas altas con base o sin ella, para el ritual funerario, platos de estilo cercano al de la cultura Carchi, no apareciendo representaciones humanas ni de la fauna animal. En negativo y a tres colores es la decoración de Nariño, usando el blanco, el negro y el rojo; las ocarinas se encuentran en crema y rojo; es frecuente la figura de una monita en la ornamentación de este pueblo que no ha sido debidamente situado en la escala cronológica que le corresponde y es una lástima que sea así. Entre sus trabajos se encuentran utensilios y adornos de piedra.

En la meseta de Cundinamarca y entre hondonadas, lechos de antiguos lagos y altos picachos aparece el muisca o chibcha, el hombre que fabrica cabañas circulares o de base rectangular, con troncos las paredes, y techo de dos aguas. Teje el algodón la mujer que lo ha teñido con anterioridad de alegres colores. Muele el maíz a la vez que realiza otras faenas domésticas. Viste y envuelve a su niño con mantas de algodón, educan al hijo a base de ejemplos y desde pequeño se le inculca que es mala persona la que roba o mata a sus semejantes; hay que ser valiente evitando violencias que el grupo condena. Con solemne ceremonia se inicia en la vida; al crecer, buscará esposa y como su padre, trabajará la tierra. Pero no todos pasan por este momento: no inician al que ha sido escogido para suceder al cacique, al futuro sacerdote o al que sacrificarán en el ritual de los dioses...

Hacia el 3000 a.C. en las feraces tierras, de la Cordillera Oriental el grupo humano chibcha funda lo que se considera la primera organización social anterior a Colón en este territorio (hoy Colombia), aunque no alcanzaron a crear un verdadero Estado por estar constituído por sociedades autónomas. A mediados del siglo XV el Gran Jefe o Zaque de Hansá, Tunja, logró imponerse, venciendo al Zipa o Gran Jefe de Bacatá

(al que sucedieron Sagunmachaca y Nemequere), sometiendo a los pueblos vecinos que deseaba unificar en un solo reino: es en esa oportunidad que irrumpen los españoles poniendo término al deseo de integrar en un gran Estado a los pequeños reinos que se habían desarrollado en los contornos del territorio chibcha.

La estructura social del muisca o chibcha era matrilineal, así, el hijo de la hermana era el sucesor del trono, es decir, los cargos se heredaban por la línea materna, la corona y el dujo también. Los jóvenes buscaban esposas en los grupos vecinos, pagando el valor de la novia para efectuar el matrimonio, llevando los hijos al llegar, el apellido materno, perteneciendo a su grupo familiar.

Rodea la Casa del Jefe varias empalizadas; las gentes; las gentes se acercan a ella atraídas por los adornos que indican cuán importante es; allí reside el guía del pueblo, el que va delante en todo momento...

Chiminagua, en su religión, es el dios creador del Astro Rey y de todas las cosas que componen al mundo; Bachna es la diosa que emergió de las aguas del lago, creadora del género humano. Bochica será el Hombre-dios, el tradicional civilizador, pacífico y austero guía que predica la paz mientras instruye a los pobladores en las artes y los oficios. Chio es la divinidad de los bebedores. Pero siempre para estos hombres el Sol, el arco-iris, los ríos, serían las deidades que invocaban en los tristes trances de sus existencias. Todos nuestros países guardan incógnitas sorprendentes; cada región de nuestro continente conserva insospechados tesoros que aguardan, y hubo algunas en donde el metal dorado deslumbró la codicia hispana ante las inéditas joyas encontradas...

Así El Dorado, fantástico sueño de oro y pedrerías donde naufragaron la avaricia y la ambición de los hombres, además de las vidas. Todos ignoran dónde surgió este mito, o si lo originó el envío a España de esos tesoros del recién descubierto Nuevo Continente.¿Quién conoce el nombre del primer soldado que soñó con esmeraldas engarzadas en el oro, enrolado en un barco con el ánimo de ser el primero en llegar hasta el sitio exacto en el que un impetuoso torrente derramaba fundidos destellos esplendorosos del ambicionado oro, entrevisto en alucinantes y locos desvaríos del conquistador...? Lo cierto es que El Dorado era la meta del codicioso conquistador de la Amerindia, gentes de la Vieja Europa, sobre todo después que los Incas entregaron sus maravillosas obras como rescate de su rey Atahualpa. La leyenda fabulosa creció, las mentes se alimentaban con edénicos parajes cubiertos de oro salpicado de piedras preciosas... Oro, plata, esmeraldas, joyas, orfebrería, todo conducía al País del Oro o El Dorado. Todas o casi todas las nacionalidades europeas participaron en esta cruzada tras el oro nativo!

Sería Gonzalo Jiménez de Quesada el que descubrió el país de los Muiscas, los que habían soñado con fundar un Estado que reuniera los reinos pequeños, para avanzar trabajando, además que por sus creaciones y perseverancia, unidos. El Valle de los Alcázares vio caer a sus hijos y a sus construcciones, dejando Quesada su nombre en esta desoladora hora en que los chibchas se habían dividido: Bogotá con el Zipa Tisquesusa, el Zaque Quemiunchatecha en Tunja.

La laguna de Guatavita se encuentra en las cercanías de Bogotá, en ella la diosa Furatena residía; esta deidad confirmaba la elección del Jefe o Cacique, rodeada de ritos y ceremonias religiosas. Ese día, un público entusiasta y fervoroso se situaba al borde de las aguas, en las márgenes del lago, cantando jubiloso entre las flores que adornaban el escenario, para esperar la entrada del aspirante, conducido por sus guerreros en parihuelas, con máscaras y pectorales de oro, hasta la balsa construída con cañas sagradas, lujosamente adornada en su honor como futuro príncipe.

El cuerpo del elegido estaba bañado con resinas aromáticas por los sacerdotes, para esparcirle encima polvo de oro; ya en medio de la balsa, se le conducía al centro del lago y desde allí se lanzaba al agua, mientras la diosa Furatena aprobaba al aspirante si de su cuerpo desaparecía todo el polvo dorado en su contacto con las aguas, momento que era esperado por los del séquito real, que arrojaban en la laguna de Guatavita alhajas de oro y esmeraldas de su preciosa y prodigiosa producción...

El Dorado, el país de la leyenda, fue considerado por los españoles como un imperio por la incalculable riqueza de su oro. Buscado con afán por diferentes conquistadores en esta tierra americana, jamás lo encontrarían. Al parecer esta leyenda se originó por los relatos escuchados a los nativos, al narrar los ritos ceremoniales para la consagración del Zipa, que consistía en el baño ritual de la laguna de Guatavita, con el cuerpo desnudo cubierto totalmente de polvo de oro, que sumergía en las aguas con unción como un bautismo que le confería el poder para desde ese momento dirigir a su pueblo como un nuevo Zipa o rey.

Esta leyenda y otras más, motivaron que el mito aumentara en la ambiciosa fantasía del europeo, hasta límites inverosímiles, entre ellos Jiménez de Quesada y Benalcázar, que veían en su ilusión el mítico país, persiguiendo a El Dorado incansablemente por todos los caminos, para posesionarse del dorado esplendor inapreciable.

Guatavita y Bogotá eran, según Juan Rodríguez Freyle en El Carnero contrarios en las lides políticas (aunque Guatavita entronizó a Bogotá). Sí guiamos nuestros pasos por Rodríguez Freyle podemos referir que en tiempos de estos personajes se conocían en aquel territorio cinco adoratorios o altares, distribuídos de la siguiente manera: cerca de la laguna de Guatavita, donde tenía lugar la elección y coronación de los reyes o Jefes, estaba el primero; en la laguna de Guasca se alzaba otro altar; así como en Siecha, Teusacá, Ubaque y Carriega. En estas lagunas y adoratorios los españoles encontraron gran cantidad de adornos y joyas que aumentaron su codicia, dejados como ofrendas por las muchedumbres que frecuentaban los santuarios durante los festejos celebrados para la elección del Cacique, fiestas que duraban hasta una veintena de días, con fogatas alrededor de las lagunas, balsas adornadas de oro y plata, las ofrendas a los dioses, y una población numerosa reunida, escuchando música, contemplando la balsa, para así honrar a su príncipe ungido que los guiaría durante muchos años.

El Hombre de Oro de El Dorado no fue un mito. En una publicación colombiana se refiere que: una balsa de oro fue descubierta cerca de Bogotá por dos campesinos en 1969, balsa que se encuentra expuesta en el Museo del Oro de la capital y que es una representación o reproducción en pequeña escala, de la barca que conducía al Cacique de Guatavita, bañado con el óleo de trementina su cuerpo desnudo y el polvo de oro cubriéndole de la cabeza a los pies, compitiendo con el brillo del Sol como otro Sol naciente, que al apuntar la aurora dirigiría su balsa hasta el centro de la laguna de Guatavita; ya en el sitio indicado tiraba al fondo de las aguas las ricas ofrendas, para lavar después su cuerpo dorado con esencias de hierbas mientras el dorado polvo se desprendía de su piel como un brillante velo que se confundía con el cristalino lago en ese amanecer.

Nadie llegó jamás a descubrir El Dorado, pero el afán de encontrarlo sirvió para promover e impulsar la conquista y colonización del continente, con todo el sacrificio de vidas, con el dolor y el extermino de esos pueblos!

En El Carnero vemos que el Cacique de Bogotá, temeroso de los españoles, busca refugio entre los maizales de un poblado; se mantuvo escondido varios días hasta que un grupo de hispanos en busca de tesoros, registrando el caserío, llegaron hasta el sitio escogido por Bogotá. Los soldados no lo conocían, pero el Cacique quiso huir de ellos, recibiendo un golpe con el mocho de un arcabuz, señala Rodríguez Freyle, que le causó la muerte. Pero el hombre que le privó de la vida ignoraba la identidad de la víctima, el cadáver demora varios días en ser descubierto, y después, a solicitud del heredero se mantiene en secreto la desaparición del Jefe Bogotano.

Cuando el adelantado recibió la noticia de la fuga de Bogotá, salió en busca del Cercado del Señor, y como es natural, tras el oro que podía encontrar allí. Llegados al Cercado se instalaron en el mismo, acomodados en las viviendas, sustentándose con el contenido de su abundante despensa, se abrigaban con las mantas del Jefe y vestían las prendas que encontraban confeccionadas para Bogotá. Más, otra de sus residencias no la pudieron encontrar.

Al Cacique de Bogotá le sucedió su sobrino don Juan. Después, la ciudad de Santa Fe de Bogotá la fundaron los hispanos en el mismo sitio donde se entraba el Cercado del Cacique de ese nombre.

Por su parte, Guatavita hizo llevar su tesoro por un centenar de sus hombres hasta la última cordillera de los Chíos..., escondiéndola en sitio tan seguro que no fue localizado en mucho tiempo, ignoramos aún hoy si fue encontrado alguna vez todo ese oro del pueblo.

Era Guatavita Señor más importante que Bogotá, contando con varios poblados su dominio, demostrado por la versión que era él como Señor de Guatavita, el que investía al futuro Cacique de una población perteneciente a su territorio: al parecer, Bogotá no pertenecía a ningun pueblo de la Sabana, siendo Guatavita el que le confirió el Señorío de Bogotá.

El Carnero fue redactado en la época de la conquista de Nueva Granada; además de lo historico que acontecía en su momento, recogió en sus páginas una creencia sobre el posible origen de las poblaciones continentales y los sitúa como descendientes de fenicios, cartegineses y de aquella tribu bíblica perdida...

Un solo texto épico se salvó del caudal literario oral de aquella cultura hoy colombiana: Yarupay, nombre de una divinidad; finalizaba el siglo XIX cuando fue pasado a la lengua negatú por José Roberto, un nativo del Amazonas, considerándose esta obra tan valiosa como el Popol-Vuh de los mayas-quichés, partes muy importantes de la literatura oral precolombina. Pueblos ágrafos, carentes de un sistema de signos para registrar sus historias sus pensamientos y poesías, mantenidos a través de la tradición oral familiar, de generación en generación, preservaron así los sentimientos y los hechos relevantes de la comunidad, ya que el recurso de la oralidad mantiene vivos los vínculos con el pasado remoto de la humanidad.

Según estudios, el muisca fue un pueblo que no alcanzó, un nivel cultural tan alto como los mayas, aztecas e incas; aunque no se les conoce escritura alguna utilizaban, como los andinos, las cuerdas anudadas como soporte para sus registros.

El chibcha fue un pueblo religioso, económicamente bien organizado, de orfebres magníficos y el comercio como actividad básica. Ni arquitectura religiosa ni civil se han descubierto, y aunque trabajaron los metales no aparece el hierro en su metalurgia. Los hábiles artistas poseían técnicas, y el martillado, el repujado y la cera perdida los señalan como maestros orfebres en el mundo precolombino. El oro de ley y la plata, y aleaciones muy bien logradas, hacen suponer que algunas joyas son de oro puro.

Entre las notables alhajas y piezas del noble metal se encuentran pectorales, colgantes, pendientes, narigueras, fíbulas, recipientes, cetros, diademas, estatuillas de dioses y humanas, y adornos que ha fundido en el crisol, martillado o soldado hasta dejar su obra de inconfundible factura nativa. Por que el chibcha fue un pueblo que además de orfebre trabajó la madera, dominó el tejido y tiño las telas con vistosos colores, dejando una cerámica con piezas muy lindas y cestos de fibras o bejucos trenzados con gracia.

Chibchas, quimbayas y otros grupos humanos en el mundo entero, usaron el oro antes que otra materia para sus trabajos metálicos, en frío, martillado, fundidas o cinceladas, dejando los más acabados objetos y las más bellas piezas que podemos soñar. La Historia del Arte de nuestros pueblos fue enriquecida con las preciosas creaciones de un ser que lejanos días instaló su tienda en este vasto territorio, y al descubrir el noble metal brotaron de sus manos las más bellas joyas que hoy pertenecen al patrimonio del país, a pesar de las muchas que fueron fundidas, con el único afán de enriquecer la Corona de España. Miles de joyas y objetos preciosos, en número infinito, forman parte de ese tesoro, deleitando al visitante que absorto, fija sus miradas en las vitrinas del Museo del Oro, donde se exponen las obras de quimbayas, muiscas, y otros pueblos que desde tiempos muy lejanos nos ofrecen piezas maravillosas, creadas en sociedades anteriores al ‘descubrimiemnto’, admiradas hoy medio milenio después de Cristóbal Colón. 1. Véase apéndice C. 309-311.

Y este era el Hombre que se servía de un palo puntiagudo para preparar la tierra que recibiría los granos de maíz y de otros frutos para asegurar su continuidad sobre estas tierras, compartiendo sus manjares con toda la familia, muchas veces enriquecido con la carne, obtenida por los cazadores, que solía acompañar con bebidas fermentadas, y que en sus viajes tras la sal o la esmeralda, usaba un poncho y un bonete para cubrirse contra el frío...

Y este ser desconocido que conoció el hispano y lo tildó de salvaje, pudo dejar sus piezas como orfebre donde brillaba el oro que enloqueció al extraño...

En su artículo Patrimonio de Oro, Jane Warson señala que cuando el emperador Carlos V tuvo ante sí las obras y los objetos de oro del rescate del Inca Atahualpa, cuidadosamente seleccionados para el soberano, los apartó a la vez que ordenaba su fundición para así convertirlos en moneda sonante. Mucha de esta orfebrería se había elaborado para dedicarla a su rey y las divinidades que adoraban, muy pocas como adorno personal de los artistas, trabajadas con técnicas precisas, exactas, delicadas en todos los detalles en un arte denominado comúnmente primitivo!

El Arte en todas sus manifestaciones se considera el instrumento más adecuado y efectivo para que pueblos y naciones se entiendan mutuamente en el plano mundial. Por lo tanto, unir el pasado y el presente mediante las obras producidas durante cientos y miles de años, aumenta el acervo cultural y de los sentimientos de la Humanidad y del Hombre en particular, sintiéndose más pleno espiritualmente, enriquecido de manera particular, con puros y elevados pensamientos que le harán alcanzar la perfección de Ser Humano.

Por medio de las artes se entienden mucho mejor los pueblos, cuando éstas penetran profundamente en sus conciencias para vivir así por siempre, compartiendo la paz la Humanidad entera!

En el mundo de la orfebrería, Colombia ocupa un lugar importante en el arte de los metales en América. La originalidad de los trabajos del oro, lo abundante de su producción, son características de esta civilización precolombina. Para reunir y sobre todo, para preservar esta muestra de orfebrería, Colombia a creado, desde 1939, varios Museos del Oro, comenzando tal vez con el del Banco de la República, adquiriendo y rescatando miles de piezas de los antiguos artistas del territorio. No parrece probable que estos pobladores desarrollaran una arquitectura comparable con las de los vecinos del Norte o del Sur: en cambio, el arte de la metalurgia no tiene rival, y en consecuencia, muy fácil de comprender que el oro del que pudieron disponer entonces, originase el mito de El Dorado, fabuloso país que la imaginación ávida de los conquistadores, situaban en las fuentes del Amazonas o del Orinoco...

Aparte otras consideraciones, las joyas recogidas en las Necrópolis y otros sitios, tienen, por sus cualidades formales y técnicas, un valor superior a las de las restantes civilizaciones que se desarrollaron en la misma época en América Austral. (de ARTE. Aurelio Torres Silva)

En el Museo del Banco de Bogotá se han logrado reunir las hermosas alhajas de los muiscas y sus filigranas, los ornamentos corporales de los tayronas, piezas de orfebrería y máscras de Colima, objetos de la cultura Sinú, logrados con la técnica de la cera perdida, los cascos, los pectorales y otras obras de los quimbayas, además de piezas y fragmentos de las obras de culturas arcaicas, descubiertas en diferentes sitios de esta tierra precolombina.

De los pueblos establecidos en este territorio distinguiéronse los caribes por ser belicosos, los panches y los pijaos –exterminados éstos por los hispanos-, los muiscas o chibchas, establecidos en la altiplanicie de la Cordillera Oriental, cuando estaban a punto de formar un Estado, buscando la prosperidad, regido por los Zipas. Su capital era Bacatá. La ciudad sagrada de los chibchas era Sogamoso, con el Templo del Sol como residencia del gran sacerdote Suemox, dedicado al dios chibcha Reminchinchagagua.

Hoy, en Colombia, los días 16 y 17 del mes de mayo tienen lugar las fiestas en honor de San Pascual Bailón, con distintas ceremonias en las que se solicitan buenas cosechas mientras se recuerda a Nencatacos, dios muisca que, según las tradiciones, acompañaba a los nativos en sus bailes –y como signo- de su presencia, el viento soplaba las llamas de las fogatas.

Los chibchas utilizaron la madera aplicándola en distintas obras y se distinguieron en la minería, explotando el oro, la plata, el cobre y la sal gema.

Entre sus cultivos, aparecen las plantas medicinales.

Retornando a El Dorado podemos señalar que el mito o leyenda que envolvía los sueños del extraño se desprende además, del brillo áureo de las joyas encontradas, haciéndoles creer en una región de ricas montañas de oro, que buscaban desde México, Centroamérica, Colombia y llegaba al Perú, donde los artífices nativos crearon maravillosas alhajas para sus divinidades o para adorno personal, forjadas con el más puro oro que solían obtener...

Hacia el Orinoco y por el Amazonas buscaron en vano la región dorada, definitiva meta, explorada con verdadera ansiedad en busca del metal valioso que, según los nativos, unía la tierra con el cielo...

Otro tanto pasó con la Fuente de la Juventud, manantial tras el cual fue Ponce de León, que marchó hacia la península de la Florida. Ni El Dorado, ni el milagroso manantial serían encontrados jamás. Por su ambición desmedida, ni las riquezas ni la juventud eterna alcanzaron los españoles en su búsqueda infructuosa, siempre en busca de milagros en las tierras de lo prodigioso, de las sorpresas inéditas!

Aunque nadie debe de dudar que en cualquier momento surja, inesperadamente, desde las entrañas sureñas, un infinito y dorado torrente, para dar la riqueza a los pobres y no como lo avistaron Quesada y Benalcázar...

Al Norte de Colombia, hacia el Atlántico, fueron descubiertas (1974) las ruinas de más de un centenar de poblaciones, de unos 3 000 años antes de Cristo. Se consideran ciudades con alrededor de 150 000 habitantes, que disfrutaban de obras ingenieriles importantes, revelándose en 1976 el impresionante desarrollo de esas poblaciones, construídas a 1 200 metros sobre el nivel del mar, en un área de unas    1 000 hectáreas aproximadamente, con muros de contención, terrazas, una cantera, tumbas y objetos numerosos, considerando el hallazgo tan importante como el de San Agustín.

En el Valle de Tolima fue descubierta en 1977, una pirámide escalonada que mide 70 metros de alto, calculándose su construcción del siglo X de nuestra Era, y consagrada a los ritos religiosos. Además, y datadas con más de 8 000 años, son las piezas descubiertas en Caldas, Colombia, trabajadas en piedras, entre las que se encuentran una gran variedad de utensilios.

Cartagena de Indias. Santa Marta y la Ruta del Oro.

Como en la antigua China con la Ruta de la Seda, pueblos nuestros mantenían en el pasado una Ruta de Oro, metal que fue capaz de forjar aquél orfebre y que hoy, admiradas como piezas únicas, están expuestas en distintas ciudades de Colombia en los Museos del Oro, con el encanto visible de leyendas enlazadas con la grave severidad de la historia que confirma los tradicionales mitos que la oralidad ha transmitido, lo que motivó al hispano a una fabril y ansiosa búsqueda, naciendo así El Dorado, de falguranta y preciosas piedras y del oro, sembrados en las conquistadoras mentes del extraño.

Al parecer, el español procedente de la zona caribeña, deslumbrados ojos y entendimiento por la brillantez del oro y esmeraldas, cultivó en su cerebro la incitante idea de que pisaba el umbral de incógnito país o la Ciudad del Oro, sólo localizable por los hombres nuevos de una Nueva Tierra. Desde El Dorado, brotarían cascadas, áureas cataratas que orfebres del Zenú moldearían a su gusto y antojo para dejar las piezas como jamás pudo soñar el primer visitante en 1515.

En 1534 Pedro de Heredia arribó al sitio donde se fundía y moldeaba todo lo que creaba aquel joyero: remates de bastones, orejeras circulares, águilas, colgantes, adornos, joyas únicas, diferentes, con temas y de estilos nunca vistos en la España de entonces. Para el conquistador eran visibles los tesoros de oro, las ofrendas, que las tumbas zenú podían guardar sobre sabanas, en las colinas artificiales que señalaban a sus muertos, serían los puntos de interés para los integrantes de la expedición. Como a la vez las campanillas que lucían su esplendor entre las ramas de los árboles, cercanos al templo de Fingenú, que hirieron pupilas ansiosas por el metal dorado.

Hoy sabemos que el más importante yacimiento aurífero de Sudamérica, explotado desde tiempos muy remotos, se encuentra en la región compuesta por un extenso conjunto de bancos de arena o placeres, formados por las avenidas de los ríos Cauca y Magdalena. Uno de los hombres de Heredia relata la toma de un ‘indio’, encargado de conservar el oro del cacique, que tuvo que mostrar al español ese tesoro, valorado en más de 20 000 pesos, encontrando en otra de las casas, 15 000 pesos más, que seguramente pasarían a engrosar la bolsa del hispano.

La cultura sinú es anterior al siglo VIII a.C., se estableció en las llanuras caribeñas, al Oeste de Cartagena de Indias; cultura denominada anfibia, que desarrolló una preciosa orfebrería con el culto a la naturaleza.

Las tierras inundables del Zenú llevó a sus moradores a canalizar 600 000 hectáreas de terreno, sistema que funcionó dos mil años. Se considera que entre los siglos V y X es que alcanza todo su esplendor la sociedad sinú.

La construcción de una extensa red de canales, -riego artificial- que recogía las aguas de los desbordados rios San Jorge, Sinú, Cauca y Magdalena, controlando por este medio las inundaciones provocadas por lluvias torrenciales, y la salida de sus cauces de los grandes ríos, que dejaban sedimentos muy apreciados por los labradores, además de conservar como posibles vías, las redes fluviales necesarias. Todavía desde el aire se distinguen esos canales en toda su extensión, dejados por un pueblo desconocido e impropiamente señalado como ‘primitivo’.

La sociedad zenú estaba dividida políticamente en tres regiones dominadas por tres hermanos; los hispanos encontraron que Finzenú, una de las tres regiones, lo dirigía una mujer, nombre asociado a la leyenda, que llamaban Toto, hermana de los también gobernantes de Zenufana y Panzenú. Estos hermanos habían ordenado que a sus muertes, los sepultaran en las tierras de su hermano Toto como símbolo de admiración por su reinante hermana, que fue muy respetada como gobernante por su pueblo. Claro está que estos hermanos dirigirían algunos años estas poblaciones del Zenú, tal vez los más importantes para el desarrollo cultural. Los españoles reportaron (Simón, 1625) templos grandiosos como el de Finzenú, amplio y hermoso, donde podían permanecer hasta 2 000 personas, contando con dos docenas de gigantescos ídolos tallados en madera, cubiertos de la cabeza a los pies con planchas de oro fino...

La seducción de la naturaleza.

En el Museo del Oro de Cartagena puede observarse en las piezas del orfebre y del ceramista, la admiración que les inspiraba la naturaleza presente en lo real de los seres de diferentes tamaños, con atuendos y adornos o tocados tejidos para cubrir la cabeza, portando objetos en sus manos como representación del rango o la ocupación; además de aves de vistosos colores y aves acuáticas, felinos, caimanes, caracoles, animales bicéfalos y otras representaciones zoológicas siempre interesantes.

Las características obras de la orfebrería descubiertas distribuídas ampliamente en las llanuras caribeñas, son los remates de bastón, las orejeras de filigranas fundidas, las narigueras con prolongaciones horizontales y los pectorales mamiformes.

Patrimonio histórico de los Museos de Cartagena.

En Colombia, los departamentos de Bolívar, Sucre, Córdoba y parte de Antioquía, componían al gran Sinú o Zenú. El Museo del Oro Sinú cuenta con maquetas de esa cultura, fotografías aéreas de los antiguos sistemas de canalización, cerámica y orfebrería, que son parte de la colección que posee. El Museo participa en los proyectos de reconstrucción de parte del sistema hidráulico prehispánico sinú, para el aprovechamiento de esa tecnología, en la recuperación de las tierras inundables en ciertas épocas del año, en la búaqueda de su aplicación, puesta en práctica hace más de 2 000 años, provechosamente, en el siglo XXI.

La Ruta del Oro. La búsqueda de un enlace entre el mundo humano y el divino a través de las representaciones en piezas del metal dorado.

Los Tayronas. El Museo del Oro de Santa Marta, Colombia, la más antigua ciudad hispánica sobre el Caribe, presenta, en el Museo Arqueológico, su colección perteneciente a los tayronas, exhibiendo su cerámica además de collares, maquetas de ciudades y paneles fotográficos mostrando los ritos que sobreviven de su pasado, que continúan formando parte de las actividades religiosas de los descendientes amerindios de la Sierra de Santa Marta.

Piezas de oro se encuentran en una cámara especial, debido a su excepcional valor, en una sala en penumbra, iluminada tenuemente por las luces de las vitrinas, creando un aura misteriosa que revela y fortalece el valor espiritual que emana de estas obras.

Copio la descripción siguiente: La Sierra Nevada de Santa Marta constituye el macizo montañoso más alto del mundo junto al mar. Arranca desde la orilla del Caribe y alcanza alturas de 6 000 metros con nieves perpetuas. Los antiguos nativos se establecieron en los diversos pisos térmicos, desde el nivel del mar hasta los 2 800 metros de altitud, mientras que en los fríos páramos y elevados lagos de origen glacial tuvieron sus lugares de culto.

Más de 200 establecimientos tayronas ha logrado localizar la arqueología, el más notable es, hasta 1999, Pueblito, que tiene sólo a tres días de marcha... la impresionante Ciudad Perdida...

La ingeniería urbanística y la orfebrería se consideran como máximos exponentes de esta cultura, constructora de grandes poblaciones cimentando sus casas sobre las rocas sin emplear material adherente alguno entre los bloques que usaban, además de canalizar las aguas para evitar la erosión de ...los perfiles montañosos empinados... para utilizarlas en el riego de terrazas de cultivo, dejando además ...un sistema de caminos empedrados...

Rodrigo de Bastida fundó esta ciudad en 1525, iniciando la colonización que no fue fácil, pues tanto el medio como los pobladores eran hostiles. Algunos grupos sobrevivieron a la conquista, buscando refugio en lo alto de la Sierra, donde acutalmente siguen establecidos los aruacos, los wawis y los koguis, que conservan algunas de sus antiguas costumbres y creencias.

Donde el puente con el otro mundo fue el Oro.

Para los tayronas y otros pueblos de estos territorios, las alhajas y objetos de oro tenían un doble significado, por una parte servían de enlace con el mundo terrenal (o de abajo), por el otro con el mundo de arriba o de los dioses ...que a su vez era el mundo original antes de que el tiempo apareciera y con él la muerte... Todos los seres humano o no, o la unión de un ser humano y un animal (un cuerpo de bestia con rostro de un hombre), era un intento de recobrar el ...momento anterior a la muerte, cuando todos los seres estaban hechos de oro... Así se ven adornos que representan esa fusión quién sabe si para la identificación de su totem o es un intento de apropiarse de los poderes animales representados, como hombre-jaguar, hombre-murciélago y hombre-ave, que se encuentran en todas las mitologías amerindias que como es evidente, quiere decir que al principio no había diferencia entre los hombres y los animales.

La técnica del orfebre, nos hace saber que los tayronas trabajaban con moldes de cera su orfebrería.

El proceso que llamamos de la cera perdida para la fundición de las piezas de oro, fue el seguido por los tayronas durante muchos siglos; esta fundición permite elaborar objetos muy detallados sin trabajar directamente sobre el metal. Para llevar a cabo este proceso utilizaban para moldear cera de abejas con el objetivo de reproducir el modelo concebido por el joyero, añadiéndole a ese molde cera, los canales necesarios para la entrada del metal en fusión, que luego sería cubierto con sucesivas capas de arcilla; después del secado se le ponía al fuego para derretir la cera, que dejaba el hueco creado en su interior por los anteriores moldes de cera de abejas. Ya listo el proceso inicial, el metal fundido era vertido en el molde de barro y una vez enfriado, éste se rompía para extraer la pieza de oro a la que se le eliminaban los canales de entrada, y se corregían los defectos que pudiesen presentar. Cada molde era original, muy elaborado y no podía, en este caso, ser utilizado nuevamente: eran piezas únicas. Esta técnica de la cera perdida sirvió para la fabricación de infinita variedad de temas y asuntos, las figuras fueron perfeccionándose hasta tal punto, que fueron capaces de observar y descubrir los más mínimos detalles de error. Las querían perfectas.

Podemos así comprender que nuestros pueblos nativos no carecían de ingeniosidad ni las ideas creadoras faltaron, si valoramos por su orfebrería y la canalización de las aguas de ríos y desbordamientos. No podemos imaginar lo que sería este continente si hubiesen sido respetados esos pueblos como bien lo merecían, permitiéndoles seguir adelante junto al ‘descubridor’, como debió suceder para bien de todos los que ayer y hoy, habitamos este Mundo Nuevo que encontró Colón...

EL RIO AMAZONAS. Un aparte se hace necesario para dedicarlo a este río en cuyas márgenes han morado diferentes grupos humanos que encontraron su sitio en sus contornos. Fue el español Francisco de Orellana el descubridor del Amazonas, río sudamericano de grandioso caudal de aguas, estremecedor por su fuerza y magnitud, que se adentra en el Océano Atlántico más de 300 kilómetros, mezclando sus dulces aguas con el mar salado. Y no es para menos, ya que más de mil afluentes hacen del Amazonas la mayor cuenca del planeta al abrazar nueve países para ir a derramar esta inmensa corriente en el océano: Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Guayanas y Brasil, con casi un centenar de tributarios navegables.

Nace el Amazonas en el río Marañon, Andes peruanos, la longitud del río es de        6 280 kilómetros, su caudal medio es de 180 000 metros cúbicos por segundo; la superficie de la cuenca se extiende 6 915 000 km cuadrados; se calcula que el caudal del Amazonas representa la quinta parte de todas las corrientes de agua de la superficie terrestre. Desde la desembocadura hasta unos 160 kilómetros, el agua pasa de salada a salobre por el efecto de las mezcla de las dulces aguas del río con las aguas oceánicas. En el río Amazonas pueden verse islas dentro de sus masa líquida, peces, aves, reptiles y en torno la más rica flora de ese territorio, que cuenta con miles de especies que alcanzan la cifra de casi 23 mil!

Manaos es una gran ciudad, que dista 1 600 kilómetros del punto donde este grandioso río derrama su caudal valioso en el mar.

El gran río, el rey de las aguas, el Amazonas, continúa manso o impetuoso a través del ancho mundo sudamericano, como una gran arteria del organismo viviente de la Tierra. Sobre el Amazonas, cerca de su curso, viven actualmente herederos de nuestro pasado en familias pequeñas o numerosas y fuertes que se sostienen gracias a las aguas: existen con los ritos, costumbres e idiomas del pasado, donde habitaban más de dos docenas de grupos, merecedores de una existencia mejor dentro de sus tierras: son los cocamas, creyentes en el espíritu de los ríos y de los árboles; los cocamillas; los mucahuranos y omuranos; los secoyas; muratos; chicacos; quechuas; pinchis; jíbaros; záparos; omaguas; iquitos; viracochas; orejones; yaguas; witotos; ticumas; arabalos; mayas; pinahuas; marubos y otros, a los que deseamos el disfrute de sus vidas, medios, destinos, tal y como comenzaron en la lejanía los antepasados. Adaptados a su entorno con todas las diferencias y vicisitudes, alejados de la civilización o insertados en ella, no los separemos de su medio, de su mundo; por experiencia se conoce que significa tristeza, enfermedades, exterminio, soledad. Dejémosle allí, en su viejo universo primitivo tal y como lo han querido desde los albores de su nacimiento... Son dignos de permanecer junto a nosotros, pero manteniendo las viejas tradiciones de sus padres.

Dejémoles sus selvas, sus ríos, sus sabanas, sierras y costas, todo el paraíso que conocen desde su amanecer sobre su tierra, su pedazo llamado continente!

Aquí nacieron, justo es que los dejemos quietos desarrollando sus existencias al borde del siglo XXI!