Argentina

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Bibliografía

Desde el Norte de Argentina se extendió el reino incaico ocupando los Andes hasta la región fronteriza con Tucumán. Entonces, los pobladores serían los tupí y guaraníes procedentes del Chaco, los abipenas, puelches y pampas, nómadas, caracterizados por un espíritu fuertemente guerrero. Los cazadores habitaban la región central, igual que los araucanos igualmente nómadas y como cazadores y pescadores no alcanzaban el estadio de los habitantes de esa etnia establecidos en suelo chileno en cuanto a las faenas agrícolas.

Los yaganes y onas se asentaron en la Tierra del Fuego, y los tehuelches de las pampas patagónicas –a quienes los españoles llamaron ‘patagones’ debido al gran tamaño de sus pies-, que en realidad no fue una afirmación exacta, porque estas gentes usaban un zapatón que les permitiera caminar por sobre los hielos de aquella inhóspida y congelada región del Sur.

De este país sudamericano los amerindios prácticamente han desaparecido. Cinco siglos atrás los guaranís, quechuas y otros grupos humanos, estuviesen o no en estado nómada, estaban establecidos en las zonas fluviales del Paraguay y Uruguay; en las regiones al Norte de los Andes; en la Pampa y estepas de Patagonia, algunos todavía cazaban, manteniéndose libres. Pero ¡qué horror!, en el siglo XIX un general argentino exterminó poblaciones nativas, nómadas que vagaban sin que grandes o escondidos formaciones geográficas o cavernas naturales les protegiera en las ‘cacerías’, inhumanas matanzas irracionales sobre hombres nativos. Por supuesto, no se han localizado muchas muestras correspondientes a la producción artesanal de estos grupos.

Aparecen los diaguitos, establecidos en los valles de Catamarca y Tucumán, que contaban con una cultura más desarrollada, comparable a la peruana; practicaban una agricultura de riego artificial, fabricaban sus propios instrumentos de trabajo, y como tejedores aplicaron técnicas propias al proceso textil de la lana. Los querandíes y puelches o pampas, se establecieron en la Pampa, y los guaranís en la llanura de Mesopotamia. Altos y musculosos, los puelches usaron como armas el arco, la flecha y la boleadora. Expertos cazadores, hacían sus tiendas con pieles de animales. También los tehuelches cazaban, habitando en la Patagonia Oriental y al Sur de la Pampa.

Es doloroso confirmar que las poblaciones que integraban los diversos grupos de distintas culturas, hayan desaparecido de la faz de esta tierra donde nacieron sus mayores, donde radicaban sus antepasados. Los diaguitos desaparecidos; los puelches, tehuelches y araucanos se perdieron en las horas sombrías en que otros hombres dominaban su suelo natal. (Existe la opinión de que los onas descienden de los tehuelchees).

Entre el Paraná y Uruguay se instalaron varios grupos guaranís, mientras los matacos y los guayumós quedaban en el Chaco, en las boscosas planicies. Los incas ocuparon parte de la Argentina actual durante su reinado, en la parte Norte y noroccidental del país. Los diaguitos por su parte, ocupaban casi siete provincias actuales de Argentina, dejando muy variados testimonios de su presencia en aquellas regiones, en símbolos pictográficos, urnas funerarias, ídolos, morteros, cerámica y objetos de metal, demostrando su alto desarrollo metalúrgico. Los diaguitos usaban el oro, la plata y el cobre que combinaban con estaño, transformándose en bronce, cosa muy importante para la fabricación de instrumentos y utensilios caseros y de la agricultura y objetos de culto, dejando también anillos, brazaletes, pectorales, discos, etc. La madera tallada, la cerámica, la pintura y la escultura forman parte de las realizaciones de los diaguito-calchequíes.

La lengua nativa y el desarrollo cultural constante, mantuvo la unidad étnica de estas comunidades, considerándose su procedencia del Altiplano peruano-boliviano. Son los creadores de vasos de arcilla color gris oscuro, casi negro, bautizados con el nombre de ‘barreales’, que llevaban decoraciones incisas, de líneas paralelas, de color blanco, enmarcadas con temas geométricos con la presencia del felino en forma simbólica.

La policromía se encuentra en piezas fabricadas con pasta más fina, coloreadas de marrón y violeta sobre fondo amarrillo pálido. Con frecuencia se encuentra el aríbalo incaico que confirma las relaciones de intercambio sostenidas entre estos pueblos. Las urnas funerarias infantiles están modeladas con relieves y pintadas: son piezas muy hermosas. Entre sus obras de cerámica pueden encontrarse pipas y representaciones de animales.

El ajuar funerario está constituído por divinidades llorosas, pequeñas alpacas, guanacos y otros animales, amuletos, collares de turquesas, ruecas de hilar, morteros, vasos y otras vasijas domésticas, cinceles, pinzas, tejidos de lana, cestería, trabajos en madera.

En las excavaciones llevadas a cabo en 1975 en la región noroccidental argentina, fueron halladas diversas y ricas piezas, como las famosas urnas funerarias de cuello alto y ancha boca, base de menor dimensión y un par de pequeñas y planas asas en la parte inferior; estas urnas estaban destinadas a cadáveres infantiles. La decoración del cuello se caracteriza por la representación de un estilizado rostro humano, realizado con los relieves y pinturas en negro o rojo, sobre blanco o crema. La parte inferior del recipiente funerario está cubierta de temas geométricos, entre los que se destacan líneas, espirales, puntos, cruces. Las urnas dedicadas a fallecidos adultos llevan el tema felino en su ornamentación. La Aguada, como Chavín y San Agustín, ofrece la representación felina en instrumentos, armas, adornos, objetos de culto y domésticos o de guerra.

Entre los diaguito-calchequíes la metalurgia alcanzó un alto desarrollo, con la producción de instrumentos y objetos de culto y domésticos; se ha encontrado un hacha con el motivo felino en el mango. Estos grupos nativos dejaron muestras de diferentes creaciones, entre las que se encuentran las pinturas y grabados en paredes rocosas, en las que se ven escenas de batallas, huellas de animales, manos, como las curiosas siluetas de la Cueva de las Manos en la Patagonia.

Los Diaguito-calchequíes: Son designados bajo este nombre un conjunto de culturas muy semejantes entre sí, que se desarrollaron en territorio hoy argentino, que aportaron como manifestación de importancia la alfarería, por lo que se consideran los mejores ceramistas de la América amerindia, legando la más bella y peculiar de sus obras en piezas decoradas con gusto exquisito. Se ha dividido la cerámica diaguita en tres grupos, conocidos bajo los títulos de estilo draconiano, el preincaico y el de influencia peruana.

Las piezas del primer grupo logró vasos panzudos y anchos, de cuello corto y color avellana, y el dragón como figura decorativa o en su defecto, el puma o el jaguar, aplicando pinturas en negro y rojo o negro solamente sobre los motivos, encontrándose formas muy bellas como es el caso de las urnas funerarias infantiles.

El período más típico fue el preincaico, las piezas de esta etapa se han considerado rivales de las cretenses, debido a la elegante temática elegida, la minuciosa decoración y el cretenses colorido brillante de las mismas. Cada grupo empleó los colores de acuerdo con la ornamentación y gusto; persiste el negro y el rojo, con amarillo o negro en lo monocromo, policromías y otras combinaciones. Variaban las formas pero también, crearon modelos cilíndricos y globulares con cuellos vueltos, anchos o pequeños, y horizontales asas bajas.

Algunos grupos dejaron pictografías y petroglifos trazados sobre rocas con colores variados; algunos grabados sobre piedras oscuras. Para marcar los petroglifos usaban percutores, también tallaron pequeñas figuras de dioses, como Pacha-Mama o Madre Tierra; algunos grandes monolitos con círculos o esquemas de difícil interpretación, o figuras antropomorfas, al parecer del alba de nuestras culturas.

Como diaguito-calchequíes los arqueólogos reúnen a varios pueblos y culturas que proporcionaron una brillante contribución a nuestro pasado con formas y acabados muy hermosos en su alfarería; se les considera así, como los mejores ceramistas de América, no tan bien conocidos como es de desear, que supieron vivir independientes desde sus días iniciales, aunque luego cayeran bajo la tutela del Inca.

Aparentemente, la diaguito-calchequí era una población poco desarrollada, constructora de viviendas de plantas redondeadas, techadas con maderos o pajas, pero con una rica cerámica de hermosas decoraciones, sólo comparables a las obras del artista cretense, además de innegables avances técnicos y artísticos.

El Gaucho. Este es el romántico personaje de las tierras llanas, caballero de leyenda y artista del lazo, que forma parte de la nación Argentina como el experto jinete y el típico cantor durante su recorrido por las ilimitadas praderas, donde se sentía como grande Señor... Formado está el gaucho por la Pampa en su sensibilidad, mezcla de soledad de ‘indio’ y arrestos hispanos en su figura emblemática de las soledades de las dilatadas planicies sureñas...

La Patagonia y la Tierra del Fuego. Al extremo Sur del continente encontramos la Patagonia y la Tierra del Fuego, partes de América, territorios sin límites y solitarios en los que las poblaciones semi-nómadas existían hasta hace poco tiempo, con un jefe para mantener el orden entre los grupos de familias que tenían como viviendas pieles de animales, donde cada una de ellas posee su tienda o su toldo, a donde nadie osará entrar violentamente so pena de muerte, plantando sus campamentos en los mejores sitios o comarcas, no importa si hay o no un lago, o un río a su lado, allí se establecen y viven allí... Pero ¿qué clase de vida? Dicen que los patagones son violentos, belicosos, que roban niños e incendian casas, pero que hay otros grupos pacíficos, instalados en la ribera Oeste del Río Negro, que llevan por nombre el de pampas, de elevada estatura, hábiles sobre el caballo, cazadores y pescadores, que gustan de la carne de ballena. Hasta hace pocos años mantenían intercambio mercantil con barcos europeos que viajaban por aquellas alejadas costas sureñas.

Sobre la Patagonia y la región chileno-peruana se establecieron hombres cuyos trabajos de piedra son semejantes a los de los chelenses de Europa, albergando las cuevas de la región a seres dolicocéfalos que cazaban perezosos con dardos de hueso.

Las altas planicies del Este de Patagonia se extienden desde el Sur del Río Colorado hasta el Estrecho de Magallanes, entre el Atlántico y los Andes, región de mesetas llanas. Desde los contrafuertes andinos hasta el océano, las terrazas van descendiendo con altas costas, golfos semicirculares grandes, donde se producen mareas tan notables como las de la parte Norte de la Tierra del Fuego. Hacia el Sur y después del Estrecho de Magallanes, aparecen altas montañas modeladas por los glaciares y numerosos fiordos en sus costas.

Con un clima desértico, un frío oceánico, duro invierno y lluvias escasas, es esta tierra de temperaturas variables, violentos y helados vientos que desde el Oeste azotan a la Patagonia, con similares características en la Tierra del Fuego, más bajas temperaturas y lluvias, granizo, nieve. Vientos fuertes y frecuentes y violentas tempestades soplan del Nordeste al Sudeste. Glaciares y vegetación de una a otra parte, hacen de estos territorios puntos de sumo interés para el hombre de ciencia y para los pueblos precursores y sus descendientes que continúan habitándolo.

Patagonia, parte del continente amerindio, en la zona meridional del mismo, es una prolongación de la Argentina, con límites imprecisos: tiene al Norte el Río Colorado, de Este a Oeste el litoral Atlántico y los contrafuertes andinos, con la Tierra del Fuego hacia el Sur. Fueron los tehuelches o patagones los que le dieron nombre a este territorio. Las mesetas, terrazas y altiplanos, descienden de Oeste a Este en forma escalonada, desde los 1 500-1 000 metros, hasta los acantilados de la costa.

Los ríos que surcan la meseta son de corto curso y paralelos unos a otros, desembocando en la costa, estos río son el Colorado, Negro, Chubut, Deseado, Chico, Gallegos y otros. El Colhué y el Mustera son dos lagos que reciben las aguas del Senguerr, además de varias cuencas que no tienen desagüe como las del arroyo Valchota y Cañadones. El suelo árido y seco en gran parte cubierto con cantos rodados y rocas basálticas, va hacia el Oeste. También en esa misma dirección son los fuertes e intensas nevadas. Una pobre vegetación, no así en los valles y cañones cercanos a la cordillera, donde puede contemplarse, lo que más tarde se torna en bosques de pinos y araucarias ya en plena cordillera. Hoy se crían en la Patagonia los carneros, raza adaptada a los intensos fríos de esta región del globo, en estancias o fincas de gran extensión. Aquí, en tan difícil territorio para la raza humana, la población se establece en las mejores zonas o en los oasis que se encuentran en los valles del Río Negro inferior y superior, Río Chubut, oasis minero de Comodoro Rivadavia, Río Turbio y otros.

Tierra del Fuego. Cuentan los que conocen esta parte del globo, que es una de las regiones más fantásticas de nuestro planeta. De un lado, altas montañas contra un cielo ceniciento... Una Naturaleza cambiante de hora en hora, cubriendo la nieve la Isla de la Desolación con relámpagos, truenos y granizos, surgiendo de nuevo la calma bajo un toldo gris blanquecino a modo de cielo!

Araucana es la población de ásperos cabellos, redondo el rostro, tez color rojo oscuro, nariz aplastada y pómulos salientes, rasgos éstos de un pueblo insertado al final de un continente. ¿Sus vestidos? Mescolanza de telas, de modelos, de procedencias..., realizando sus faenas con antiquísimos instrumentos y usando lanzas tan arcaicas como aquéllos, y piraguas de troncos de los árboles... ¿Cómo fueron, en el transcurso de milenios, a morar estos seres a esas increíbles latitudes? ¿Escogieron su destino o son pueblos marginados que encallaron definitivamente en aquellos suelos y bajo cielos que llenaron de sorpresa ilimitada a Darwin, que fue a visitarlos y que escribió extrañado: ‘Me bastó una ojeada al paisaje para darme cuenta de lo diferente que era de cuanto había visto hasta entonces’! Era diciembre de 1832 que el Beagle, un bergantín, pudo atracar a las costas de la Tierra del Fuego, donde apenas el hombre blanco había dejado huellas –Magallanes fue su descubridor en 1520- dándole el nombre de Tierra del Fuego a este archipiélago, debido a las hogueras que mantenían los pobladores de la costa para mantener iluminada esa parte, por la oscuridad de aquellas regiones, de la Isla de la Desolación, el cabo del Engaño, el puerto del Hambre, la bahía Inútil, el cabo de Hornos, hosco promontorio según el sabio visitante, envuelto en niebla, contorno borrascoso que azote el viento y el agua, donde negros nubarrones cruzan el cielo y las ráfagas caen cargadas de agua y de granizo... Pero más que la Naturaleza con sus sombríos colores, la vista de los pobladores impresionó al científico al contemplarlos en ese medio hostil y primitivo, pareciendo no estar dotados de las habilidades propias de los seres humanos, como si se hubiesen habituado a una existencia ruda, inhóspita, casi inhumana, que conoció el hombre de ciencia inglés lleno de asombro.

Aunque según párece, las condiciones de vida del fueguino han cambiando a medida que los hombres blancos se han acercado a él, más ¿a qué precio...? Sus ropas, sus atuendos, confeccionados con piel de nutria o de guanaco no siempre alcanzaba las dimensiones adecuadas para ir bien abrigado, ya que solamente le cubrían pecho y espalda, con el resto del cuerpo desnudo, azotado por el frío y la nieve. Y así, se cobijaban en tiendas techadas con juncos, ramas y pieles, sin abrigo, sobre los suelos húmedos y fríos, solían dormir o descansar un poco...! Las donaciones recibidas –prendas de vestir, abrigos-, procedentes de países europeos, transmitieron muchas enfermedades que los llevaban a las tumbas, agravadas por las glaciales temperaturas. La otra parte de la destrucción del hombre de estas latitudes tan heladas, se debió a razones económicas. Nadie se condolió de ellos: eran salvajes, según razonaban los de fuera.

Cuando Darwin conoció los alcalufes u hombres de la Tierra del Fuego, instalados en los canales Occidentales, la población alcanzaba los 10 000 individuos. De los onas, pertenecientes a las islas del archipiélago, quedaban siete de los 4 000 que conoció el siglo XIX: diezmados por los ganaderos sin misericordia!

En años pasados, desde las islas Meridionales hasta el Cabo de Hornos, habitaban los yaganes: de los 5 000 restaban solamente 9 descendientes, hará unas cuatro décadas... El grupo humano nativo que mejor conociera Darwin fue el de los yaganes. En sus estudios sobre el Hombre y la Naturaleza del fueguino, declaró que eran muy resistentes a las crudas condiciones climáticas, pero actualmente se encuentran en vías de extinción total, lo que será una seria pérdida entre las muchas que han ocurrido en este continente desde unos 507 años.. Lo que gobiernos y asociaciones caritativas les enviaban ¿sería suficiente, para mantenerlos vivos y capaces de reproducirse en condiciones favorables, de la extinción definitiva...? Los yaganes habitan la porción más meridional del planeta, la isla Navarino en el canal de Beagle. Algunos trabajaban pastoreando corderos de los colonos blancos o cortando leña para la base de la Marina chilena. Allí vivía una anciana, la vieja Julie, centenaria y sin memoria, con el rostro surcado de miles de arrugas y sus canos cabellos recogidos con dos vueltas de una tela de color oscuro.

La primera expedición del Beagle (1826-1830) tomó como rehenes a cuatro fueguinos acusados de la pérdida de un bote ballenero. El comandante de la nave, Robert Fitzrey, capitán de navío, decidió llevarlos a Inglaterra para educarlos en la religión cristiana, y que a su retorno, contribuyesen con sus conocimientos y experiencias adquiridos allá, a mejorar la vida de la comunidad, familiares y amigos que dejaban atrás.

El capitán Fitzrey escogió dos hombres, un muchacho y una niña yaganos a los que dio los nombres de Boat Memory, al más inteligente, York Minster a un muchacho en la veintena de su vida huraña, el jovencito de 14 años era Jemmy Button, y a la niña de 9 años la llamó Fuegia Basket. Boat Memory falleció de viruelas a poco de llegar a Gran Bretaña, pero como el capitán se había hecho cargo de todos los muchachos, continuaba atendiéndolos y los mantenía alojados en la casa de un religioso, e iban a la escuela de horticultura y trabajaban la madera, mientras comenzaban a dominar la lengua inglesa.

El rey Guillermo IV y la reina Adelaida, recibieron en el palacio real de Saint James a los bien vestidos y peinados muchachos, que bien pronto se encontraron frente a Sus Majestades, comportándose como personas bien educadas, siendo objeto de varias preguntas por parte del monarca, y mientras la soberana obsequió a Fuegia con su gorro de encajes, el rey le regaló un anillo y dinero para su ajuar.

Dos años después los tres hijos de la Tierra del Fuego regresaban a su mundo cargados de numerosos obsequios. En el viaje del Beagle los acompañaba Darwin y un joven religioso que se encargaría de la misión, a la vez que de continuar la preparación de los jóvenes para la nueva etapa de sus vidas, con los consiguientos ‘saberes’ adquiridos en un país civilizado.

Cada uno de estos jóvenes australes tenía un carácter definido y una forma de ser muy propias. Los varones, de baja estatura y gorditos; pero mientras Minster era taciturno, hosco y callado, Button era alegre, risueño y compasivo, y Fuegia era muy bondadosa, modesta y recatada. Todos conocían que la chica se convertiría en esposa de Minster al llegar a su tierra, de manera que muy pronto construirían sus casitas, sembrarían sus huertos y el joven matrimonio se instalaría en la suya, en otra vivienda Button y el misionero en la tercera casita.

Pero el curso de la vida de estos fueguinos no fue trazada por el capitán del Beagle: cada uno retornó a su medio anterior, y años después se tuvo noticias de que York Minster había fallecido y su viuda Fuegia había contraído nuevas nupcias con otro compatriota. Jemmy Button prefirió quedarse en su tierra a volver a las Islas Británicas. Más tarde protagonizó un acto de rebeldía contra los misioneros que trataban de cambiar el rumbo de estas vidas tan trabajosamente llevadas. No obstante, hubo quien logró llegar hasta ellos... al dominar su difícil lengua y comunicarles que había otro modo de existir sin hacer dejación de su mundo, el difícil pero espectacular medio en el que nacieron y crecieron todos!

Como en un marco, la Naturaleza sirvió de fondo a los afanes de los hijos de la Tierra del Fuego establecidos allí quién sabe desde cuántos siglos, siguiendo inalterable a la vez que variable como las horas, su existencia, mientras unos morían y otros veían la luz por vez primera, continuando el glaciar Marinelli descendiendo de las montañas, el río de nieve que se desliza hacia los canales y estuarios del océano de la Antártida, algo desolador pero sublime también para Darwin. El otro glaciar, el de Agostini, descarga su helada corriente por el estrecho de Magallanes... que para el sabio sería ....soledades, la muerte, no la vida, parece ser el espíritu reinante..., pero cuando aclaraba el cielo y las montañas se dejaban ver ...cubiertos los picos por un ancho sudario de nieve perpetua, y numerosas cascadas vierten sus aguas en los angostos canales, a sus pies. En muchas partes, magníficos glaciares cubren las cuestas hasta el borde mismo del agua. Apenas puede concebirse algo más bello que el azul berilo de estos glaciares, especialmente cuando éste contrasta con el blanco puro de las cumbres nevadas... –En realidad, estos glaciares son los causantes de las bajas temperaturas que reinan en la Tierra del Fuego.

La Cordillera de los Andes, conocida como el pétreo espinazo del continente, se extiende a lo largo de la América del Sur y posee una fauna propia de las alturas, variando en latitudes que desde el Ecuador hasta la Antártica descienden, pero que en clima frío, desértico y estéril al decir de algunos, se desarrollan vidas, existen seres, que de una u otra manera buscan y encuentran su alimento, bajo los vientos de las alturas, en las escasas plantas o insectos que allí se desarrollan y entre los lagos de la cordillera a lo largo del espinazo de montañas. Allí está el guanaco, el nombrado camello del Nuevo Mundo, primo de la vicuña y hermano de la llama y la alpaca, que sirven como bestias de carga y de reserva, de alimento y de pieles. El guanaco es colérico y desconfiado, lucha a coces y dentelladas en defensa de sus hembras. Pero hay algo hermoso en contemplar los cisnes de cuello negro que al nacer son albos como la nieve y cuando mayores toma su cuello el color que los distingue de otros de su raza; viven muy al Sur y en el verano anidan los ríos y los estuarios de la Tierra del Fuego y de la Patagonia, emigrando hacia el Norte en el invierno. El cóndor, la más grande de las aves voladoras del mundo, mide casi cuatro metros de la punta de un ala a la otra; ave de rapiña, a veces hace presa de una llama o de un cordero, maravillando a Darwin con su vuelo planeado, observando que salvo cuando levanta el vuelo, no recordaba haber visto al cóndor batir las alas una sola vez.

También se encuentra allí el picho de Patagonia, el armadillo de las tierras tropicales, que duerme todo el día y se alimenta por las noches; el gato de las pampas, mayor que el gato doméstico, habita en la región costera hasta el pie de los Andes; la nutria de agua dulce que tanto apreciaban los nativos por su carne y su piel.

Ya en viaje de vuelta, desde la Tierra del Fuego, Darwin sobre el Beagle navega junto a las costas chilenas, ancla en Valdivia en el verano de 1834, a 1 930 km al Norte de Cabo de Hornos, donde el sabio encontró una tierra diferente a la dejada atrás, con un bosque interior lluvioso y nublado, descubriendo una rana que lleva nombre por su notable y larga nariz, y un periquito adaptado al frío, habituado a las alturas andinas, que anida entre los árboles enanos y se alimenta con semillas que caen en el suelo.

En la selva de Valdivia, encontró el naturalista inglés grandes helechos, árboles musgosos, alerces y otras plantas no menos bellas con sus flores rojas.

Informes de la prensa nos indican que: En abril/1976/ fue hallada una momia de unos mil años de antigüedad, en la zona de Antofagasta de la Sierra, 1 000 km al noroeste de Buenos Aires: el cuerpo de un hombre joven, de aproximadamente 1 metro 80 de estatura, en un estado asombroso de conservación, hasta el punto de distinguir perfectamente los rasgos faciales y una dentadura casi intacta. Ese mismo año también se descubrieron vasijas de cerámica pintadas y grabadas, cuchillos de piedra, cuentas de collar de malaquita, restos de moluscos, cerámica diaguita chilena, trozos de cobre, jarrones y adornos para el cabello femenino, con unos 1 000 años de antigüedad, trabajando en el hallazgo un grupo de arqueólogos de San Juan, Argentina.

En el Norte de la Patagonia aparecieron /1977/, algunos grabados rupestres que se presumen pertenecen a los cazadores protohuelches, en la Sierra de la Ventana, a unos 500 km al sudoeste de Buenos Aires, localizados en tres grutas, con signos grabados en color rojo, con pintura preparada con grasa de guanaco, tierra roja y el líquido gomoso que resulta de hervir las raíces de la zarzaparrilla.

Misteriosos planchones de roca grabados con una escritura jeroglífica que no había sido desentrañada en 1985, fueron descubiertos en la provincia de San Juan, a 1 200 km de Buenos Aires, considerándose de gran importancia arqueológica los dos frisos rupestres, que requiere sean datados en cuanto a su antigüedad.

La momia de una niña inca de entre 10-12 años, sacrificada a los dioses hace cinco siglos, fue hallada por una expedición del Instituto de Arqueología de la Universidad Nacional de Argentina, a unos 5 000 m de altura en las laderas del Aconcagua. El profesor Juan Schobinger destaca como dato sorprendente el hecho de que además de los objetos de oro y plata, fue encontrada allí una valva de un tipo de molusco que solo se encuentra en la costa ecuatorial, a varios miles de kilómetros de distancia. El hallazgo ocurrió en 1985.

En diciembre de 1991 se dio a conocer el hallazgo de un santuario Inca en los Andes argentinos, por un grupo de exploradores, en el cerro Incahuast, a 6 500 m.s.e.n.m., en la provincia noroccidental de Catamarca, cerca de la frontera chilena. El santuario al parecer, formaba parte de otros centros ceremoniales que existían en Argentina y Chile antes del ‘descubrimiento’ de estas tierras, que fueron utilizados desde el siglo XV hasta el XVI, bajo el dominio Inca todavía.

Digamos que los yaganes eran nómadas, sus viviendas muy pobres; las canoas los trasladaban de una isla o canal hasta otro. Estos habitantes de la Tierra del Fuego sufrieron en carne propia el dolor de la colonización.

La última mujer yagana de que se tiene noticia es Rosa –1887-1983-: su testimonio es bien doloroso, helo aquí: Es la última de la raza de Wollastan, formada por cuatro grupos instalados en diferentes comarcas, pero con una lengua común. Su madre, muy pequeñita ella, de brazos, la llevó a Cabo de Hornos, ‘amarrada a su espalda’. Los religiosos británicos la llamaban Rosa, más, su verdadero nombre era Lakutaia le Kipa: explica que Lakuta se nombra un pájaro, y la palabra Kipa quiere decir mujer. El nombre del lugar donde nacía era el que llevaba el yagán. Como ella nació en la bahía de Lakuta, su mamá le dio ese nombre, que es ‘el de la tierra que los recibe...’

En esa época eran muy numerosos los araucanos, pero los que habitaban en la Isla de Chiloé y Cabo de Hornos casi se han extinguido.

Es conocido que los españoles y los ingleses variaron los nombres de muchos sitios del continente, como los antiguos que llevaban ciertos puntos señalados entre Cabo de Hornos y la isla grande de la Tierra del Fuego... aunque entre ellos aparecen las nominaciones de alcalufes y yaganes, como la bahía de Tekenikka, Canasaca, Wulaia. O también un nombre puede estar escondido por otro, el nombre yagán del canal de Beagle era Onashaga, y el del canal Murray en el Atlántico del estrecho de Magallanes, el de Yakashaka.

El cabo Pilares –que se ha comparado con Stonehenge o un antiguo teatro en ruinas, era el cabo Pilares. Hoy lleva el de Espíritu Santo.