America

Civilizaciones y culturas precolombinas

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La autora

Correspondencia

 

Agradecimiento
Introducción
Un viaje al pasado
Presentación


Islandia
Groenlandia
America
Inuits o esquimales
Estados Unidos de Norteamerica
Mexico
Los Aztecas
Centroamerica
El Caribe
Colombia
Venezuela
Ecuador
Peru
Chile
Brasil
Guyanas
Uruguay
Paraguay
Argentina

 

La palabra, los idiomas y las escrituras

 

Los defensores de los nativos

 

Las armas de nuestros nativos

 

El deporte en Mesoamérica

 

Geografía humana de la Sierra Nevada de San Marta

 

Frutas

 

Plantas medicinales en América

 

¿Es posible que fumar tenga su historia?

 

Bibliografía

Aceptamos que en épocas lejanas hombres de otras regiones del Orbe penetraran en este territorio instalándose en diferentes zonas, dejando sus características más acusadas en los restos de estructuras arquitectónicas, el arte o la religión -aunque señala Paul Rivet que al arribo de Colón estos pueblos se encontraban en la etapa Neolítica, al desconocer la metalurgia, la rueda, el torno, el vidrio y la escritura era ignorada por la mayoría de los grupos humanos. El trigo y otros cereales no menos importantes no fueron conocidos, estimando que ninguna de nuestras culturas pudo tener contacto con civilizaciones avanzadas del Mundo Antiguo, ya que es inadmisible que estando aquéllas en posesión de avances técnicos y conocimientos varios, no hubiesen compartido éstos con pobladores más atrasados.

La diversidad de tipos físicos, lenguas, costumbres, creencias, ritos y otros importantes aspectos de nuestros habitantes, han de ser aclarados algún día: La Prehistoria nuestra no difiere mucho de la de otros pueblos del Planeta. Los hombres, en las diversas etapas de sus vidas y desarrollo, inventaron instrumentos de trabajo y de defensa, ajuares domésticos y vestidos, tallaron y pulimentaron piedras, dibujaron y pintaron sobre rocas, construyeron sus casas y escogieron su alimentación, creando adornos para su cuerpo y su choza.

Investigaciones efectuadas en todo el mundo revelan que el hombre desconoció muchas cosas en su infancia precivilizada. Y todos los útiles o instrumentos fueron inventados a medida que eran necesarios para progresar, sirviéndose de ellos en su vivir cotidiano. Y así como cada región tiene sus propias plantas, un cereal o su fauna, aquí se conoció el maíz -Zea mays- el de las tortas y atoles, y la yuca, que proporcionaba el casabe, renombrado el pan de los ‘indios...’

En Cuba contamos con la antigüedad de los hombres establecidos en Mayarí y Levisa; así, según hipótesis sostenida por el prestigioso Dr. Jorge Febles, arqueólogo de experiencia, puede contarse con la entrada de grupos humanos procedentes del Norte continental, que datan de 10 000 años aproximadamente (cazadores protoarcaicos), como también unos 5 siglos a.C. la migración procedente del Valle del Mississippi y Oeste de la costa floridana de protoagricultores.

Nuestro hombre no es joven, existen fechas más lejanas de su estancia aquí, sólo que falta el dato que aclare los motivos que inspiraron a algunos de estos pueblos a no alcanzar su avance un grado más alto de desarrollo, cuando en otros sorprende su adelanto a medida que se les conoce mejor. Tal vez algunos grupos se utilizaron para realizar obras, templos, canales, palacios; otros hombres talaron bosques, o mantenían organizada la distribución de las oleadas humanas, luchando con los hielos hasta que el Sol de nuevo calentó la Tierra. La instalación en diversos sitios o regiones diferentes, no permitieron al recién llegado mantenerse sedentario, propicio estado para la invención de instrumentos que permitirían alcanzar otro plano cultural. Además de que el descubrimiento no dio tiempo al despertar de muchos grupos, no sólo en nuestra Isla, en todo el continente.

Los fines de este libro son los de realizar un ‘viaje’ a través del pasado de esta Humanidad, tratando de conocer la vida y obras de esos seres que al instalarse en distintos sitios de estas tierras inventaron y descubrieron lo necesario para llegar a la civilización.

Así, el que vivió en cavernas, plantó su iglú o alzó una tienda de cuero, recibirá la admiración ante su lucha tenaz a través de los avatares de la existencia, dolida por los hermanos perdidos, por los desaparecidos códices, los libros y las voces de otras sociedades, las joyas creadas por los artífices, sus concepciones arquitectónicas, los dioses no imaginados por otros. Más, esta no es hora de lamentos y sí de búsquedas. Investigar con rigor y amor para rehacer, si se puede, a retazos, el rico tejido de las civilizaciones y culturas que nos pertenecen.

Con ese intento iniciamos esta parte de la obra, con un libro que refleje la presencia de esos pueblos en el Nuevo Mundo, confiando en que despierte los corazones que buscan la Verdad histórica de nuestro extenso territorio.