3432 días hasta
el VI Centenario del Privilegio de la Unión de Pamplona

GRACIAS POR TU VISITA

VISITANTES

VOCABULARIO‎ > ‎

Diccionario Pamplonés

          Seco en el tono, parco en la frase y entreverado de algunos localismos tanto romances como euskéricos: poco más se podría decir del castellano hablado en Pamplona, escasamente marcado. El cruce histórico de dos lenguas (vasca y castellana) ha dejado mayor número de huellas en la toponimia y la onomástica que en el habla común. Pero tampoco es exacta la referencia a una sola habla, pues dos orígenes distintos (el de influencia vascona y el navarro-aragonés) se funden en una población que en gran parte proviene del mundo rural. Ese carácter fronterizo de Pamplona da lugar a contrastes acusados. Por la misma razón, es casi imposible ofrecer un registro de voces específicas de la ciudad.

                SE ARRASTRAN LAS ESES

                El viajero observador se percatará de la tendencia fonética a arrastrar las “eses”, bastante común no sólo en la conversación sino también en situaciones más formalizadas.

                DIMINUTIVOS EN “-ICO”

                Asimismo, son pocos los pamploneses que no mantienen los diminutivos en “-ico” o “-ica”, que en otros lugares de España perviven como rurales y aquí se convierten en la más clara y usada marca de afectividad.

                SALUDOS FAMILIARES INTERROGATIVOS

                La  misma  tendencia  expresiva  explica  la  preferencia  por saludos  familiares  interrogativos      como ¿Qué hay?, ¿Qué vida? o, más coloquialmente, ¿Qué pasa?. Y no debe extrañar que, al formular las preguntas, el pamplonés refuerce su débil entonación con un “pues” o un “o qué” finales que pueden, equívocamente, tomarse por ásperos o insolentes: ¿Qué pasa, pues?, ¿A dónde vamos, pues?, ¿Has terminado, o qué?.

                USO ERRÓNEO DEL CONDICIONAL

                Como en otras zonas españolas, se conserva el erróneo condicional en sustitución del subjuntivo (Si habrías venido antes..., Si haría menos frío...), con tendencia al desuso.

                ¿LO QUÉ?

                Llamativa resulta también la fórmula ¿Lo qué? (por ¿qué?) en preguntas aclaratorias: ¿Lo qué has dicho?, ¿Lo qué quieres? o, simplemente, ¿Lo qué?. Este abuso del pronombre contrasta con la frecuente tendencia a su omisión: “Ya lo he comprado” o “Trae eso aquí” se convierten en Ya he comprado o Trae aquí.

                TUTEO Y ABUNDANCIA DE “TACOS”

                La creciente tendencia al tuteo es muy acusada en todo tipo de relaciones, cosa que no por extendida en el resto de España deja de producir cierta sensación de brusquedad, casi tanta como el abusivo recurso a las palabras y giros malsonantes que salpican la conversación de buena parte de los pamploneses. En su descargo debe advertirse que, por lo común, el taco es más proferido como cliché de interjección que como fórmula hiriente o imprecatoria. 

                INSULTOS CASTIZOS

                Castizos son también algunos insultos: berrozpe (tonto, rústico, patán), berzas o berzotas (necio, atontado), falso (miedoso, cobarde, pusilánime). Para el insulto y el elogio no faltan en Pamplona los usuales ponderativos más... que...; de entre ellos, son particularmente preferidos el “más tonto que manda Dios”, el “más tonto que pa qué” y el “más canso (pesado, latoso) que ni sé”. Es costumbre asimismo preceder los adjetivos de cacho (pedazo), pero omitiendo la preposición de, a modo de prefijo: cachotonto, cachoberzas.  Pero no ha de confundirse esta acepción de cacho con otro significado, muy distinto, de la misma palabra: zurdo. Cachos o zurdos son algunos jugadores de pelota; a los campeones de este deporte se les premia con una txapela: es el nombre más habitual de la clásica prenda de cabeza conocida comúnmente como boina.

                VERBOS MUY PAMPLONESES

                Entre los verbos, los hay de significados particulares y llamativos. Extremar es limpiar la casa (y, por extensión, son extremadoras las empleadas de limpieza); chirriarse es mojarse abundantemente, empaparse; escachar es aplastar una cosa (si bien estar escachado es estar desmoralizado o abatido); fardar es presumir; jalar es uno de los muchos verbos empleados para comer, de donde sale la jala (la comida); coger, además de sus usos ordinarios, conoce en Pamplona uno más peculiar: atropellar un vehículo a una persona (le cogió un coche, le cogió el tren).

                LOCALISMOS GASTRONÓMICOS

                Además de las peculiaridades gramaticales encontramos los localismos léxicos, muchos de ellos provenientes de cruces con el euskera o vascuence. Abundan en el campo de la alimentación. Reproducimos algunos de ellos:

                - Cordero en chilindrón:   cierto guiso de cordero con pimientos choriceros, en Pamplona llamados simplemente secos.

                - Zurracapote:   bebida similar a la sangría, elaborada con vino tinto y frutas o zumos de éstas.

                - Chufas:   cacahuetes (a la chufa se le llama “chufa de leche”).

                - Chistorra o txistorra:   longaniza fina y fresca.

                - Chandríos:   pastas de harina y azúcar fritas en aceite.

                - Chanchigorri o txantxigorri:   residuo de la pella del cerdo después de frita la manteca.

                - Banderilla:   aperitivo cuyas piezas se ensartan en un palillo.

                - Calderete:   guiso de carne hecho en el campo.

                - Laminero:   persona golosa en materia de dulces.

                Los ritos de la bebida también abundan en casticismos. La costumbre de transitar de bar en bar, sobre todo si se hace en grupo (en cuadrilla), se conoce como ir de potes o de poteo. Menos frecuente resulta ya el clásico chiquiteo. Y los vasos de vino no se beben, sino que se echan (echar unos potes, echar unos vinos). El verbo echar adquiere en Pamplona una polisemia inusitada, más amplia que la ya abundante de su uso general: sirve por igual para echar una partida (de naipes, de pelota), echar un paseo (dícese también un garbeo) o echar el rato (pasar el tiempo). Si lo que se echa es una siesta corta, probablemente se hablará de echar una coscada (cabezada). Y si se hacen horas extras en el trabajo (curro, currelo, tajo), también se habrán echado.

                PARA SABER MÁS

                Pero si el visitante quiere conocer mejor los usos conversacionales del pamplonés de libro, conviene que trabe amistad con un rocero o jatorra (persona de trato fácil y amistoso), o, mejor, con un casta (tipo festivo, conocedor y fiel practicante de las costumbres típicas del lugar) que le pondrá al corriente con más detalle.