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el VI Centenario del Privilegio de la Unión de Pamplona

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- La Taconera


                El topónimo “Taconera” aparece por primera vez en el Poema de Aneliers (1276), el cual trata a cerca de la guerra de la Navarrería. Arazuri lo interpreta como una palabra de origen vascuence a la que le da el significado “de puertas afuera”, es decir, los campos situados al sur y oeste del recinto amurallado en la Edad Media. Martinena limita el topónimo al actual Paseo de Sarasate y a la calle Navas de Tolosa; por el contrario, el Bosquecillo lo considera como mercado del burgo de San Cernin, y, la zona del borde de la meseta sobre el río la identifica como el Campo del Arenal. Para Martín Ugarte, la palabra se compone de “ateak” (puerta), “eri” (de) y “arat” (hacia allí, fuera de).              

                HISTORIA

                LAS PRIMERAS NOTICIAS

                En 1245 se construye el Convento de los Franciscanos y el de Mercedarios (Santa Eulalia) en la actual Taconera. En 1524 se traslada el convento de San Francisco al interior de las murallas. A fines del s. XVI, la Taconera queda dentro del nuevo recinto defensivo; a partir de ahora el topónimo se aplicará a los campos situados entre los antiguos burgos de San Nicolás y San Cernin y la nueva línea de fortificaciones. En 1666 termina la construcción del Portal de Taconera, y en 1670 se acaba de hacer el Portal Nuevo y los Baluartes de la Reina, San Nicolás y Tejería. A finales del s. XVII se construye el Baluarte de Gonzaga, terminándose de hacer el flanco oeste de las murallas, con lo que la Taconera queda definitivamente englobada por éstas. El municipio sigue conservando los campos de la Taconera como lugar de esparcimiento.              

                EL PLANO DE “DE FER” (1719)

                Según este plano, había alamedas en la zona de la Capilla de San Ignacio y en el lado oeste del actual Paseo de Sarasate. El actual bosquecillo aparece con un denso arbolado y más cercano a San Lorenzo que hoy en día. Se ven nítidamente los caminos flanqueados por árboles que unían la Puerta de la Taconera con San Lorenzo y San Antón, y, el actual Paseo de Sarasate con el Portal Nuevo. También había un Vía Crucis iniciado frente a San Nicolás y que pasaba por San Ignacio, rodeaba “La Meca” (desde 1706 en el actual inicio de la calle García Castañón), atravesaba la arboleda del Bosquecillo por un camino central y terminaba frente a San Lorenzo; se representan: 1) el templete final del Vía Crucis, que fue demolido en 1808 por ser “utilizado para otros fines que los propios”; y, 2) otras pequeñas construcciones entre las que pudiera estar la antigua Fuente del León, alimentada por el manantial de Iturrama. En 1823, la antigua Fuente del León es destruida en el bombardeo de Pamplona por las tropas de los Cien Mil Hijos de San Luis (guerra realista).

                PLANO DE CÍA (1886)

                Hacia 1860, el Paseo de Sarasate se va configurando como tal y se va diferenciandodel resto de la Taconera. En 1862 se construye en su lado sur la Casa del Vínculo del Pan (institución creada en 1527 para suplir la carestía de harina y combatir la especulación).

                Según el plano de Cía, el Bosquecillo es una simple zona arbolada. La actual Taconera presenta un trazado de grandes paseos que básicamente coinciden con el actual, y en los espacios intermedios se representan parterres y caminos que no se corresponden con los actuales y que parecen responder a un tratamiento “pintoresco” de los jardines. Aparece la Fuente del León. El mirador se halla en el límite norte de los jardines sobre el baluarte de Gonzaga, junto al camino que comunicaba el nivel de la Taconera con el Portal Nuevo. Aparece también el “Salón Viejo de la Taconera”, alameda situada en el extremo oeste del Paseo de Valencia y que iba desde el emplazamiento actual de la antigua Audiencia (hoy Parlamento de Navarra) hasta la Plaza del Vínculo.

                EL PRIMER ENSANCHE

                En 1890 se produce el derribo de los Baluartes de San Antón y de la Victoria, y, la construcción de los primeros edificios del Primer Ensanche (la antigua Audiencia, hoy Parlamento, se terminó en 1898). Todo ello supone la ocupación de una gran parte de la Taconera, espacio libre intramuros desde el s. XVI. La Taconera queda reducida al espacio comprendido entre las calle Navas de Tolosa, la Bajada de la Estación y las murallas. En 1906 se derriban los antiguos portales de la Taconera y Nuevo, y se construyen nuevas entradas a la ciudad en los lugares de estos, según proyectos de Arteaga; desde el Portal Nuevo aparece una pasarela que comunica la Taconera y la actual Plaza de la O, a la cual se accedía descendiendo por un camino desde el Mirador de la Taconera. Por estos años hubo un Proyecto de Ensanche por el que pensaban rellenar totalmente los fosos de la Taconera y construir manzanas de viviendas (el Bosquecillo también quedaba edificado); afortunadamente no se aprobó el proyecto.

                SIGLO XX

                En 1918 se instalan el Monumento a Sarasate (de Carlos Guerra; sustituido en 1964 su busto por el de Hilarión Eslava) y el Monumento a Navarro Villoslada (de Muguruza). En 1927 se instala la Estatua de la Beneficencia (la “Mariblanca”) que coronaba la fuente de Luis Paret situada en la Plaza del Castillo. En 1931 se realiza la ampliación de los jardines según la idea de Esparza, rellenando el baluarte de Gonzaga y los fosos hasta el borde exterior de la muralla. En 1933 se instala el Monumento al Doctor Huarte de San Juan. De 1939 a 1943, el arquitecto municipal Víctor Eusa tiene muchos proyectos (algunos de los cuales son ejecutados por sus sucesores) para las zonas aún sin acondicionar, quedando la configuración casi como la actual. En 1946 se traslada desde el cementerio municipal hasta su primitivo emplazamiento (el actual) la Cruz de la Taconera (en 1520 se instaló aquí mismo la entonces llamada “Cruz del Mercado”). En 1949 intentaron convertir el foso en lago. En 1950 se instala el Monumento a Julián Gayarre en el remate del andén central de la Taconera (seguro que en ese momento aprovecharon para trasladar la fuente allí situada anteriormente a su emplazamiento actual en la zona de ampliación de los jardines). En 1961 se construye el Hotel de los Tres Reyes en los jardines de la Taconera, lo que supuso la destrucción y degradación del espacio del Bosquecillo que quedó libre, reducido desde entonces a una situación marginal. Se inicia la realización del Parque de Antoniutti, dedicado al Nuncio de Su Santidad (en el parque se colocó un plinto con una placa dedicatoria al titular del parque y un elemento de piedra con un escudo y una lápida del Portal de la Taconera). En 1962 se realiza la Avenida de Bayona; más tarde, al abrirse la Avenida del Ejército, el fragmento de aquélla comprendido entre las Navas de Tolosa y Circunvalación se cerraría al tráfico y se convertiría en patinódromo. A fines de los años 60, el Ejército deja el antiguo Club Mola (junto a la actual Avenida del Ejercito) para instalar uno nuevo junto a los fosos de la Taconera (entre Antoniutti y Larraina). Desde entonces se han llevado a cabo las siguientes actuaciones de importancia: creación del pequeño zoológico en los fosos, y, la instalación del parque infantil.

                LA TACONERA VISTA POR VIAJEROS QUE VISITARON PAMPLONA      

                - “Todas las tardes el Paseo de la Taconera estaba animadísimo de paseantes. Me dijeron que las señoras más bellas habían abandonado la ciudad, pero tendrían que ser extraordinariamente hermosas, pues las que se quedaron eran bellísimas” (un inglés desconocido, 1845).

                - “Pamplona era en Navarra nuestra población favorita... los oficiales vestidos con sus mejores uniformes llenaban los cafés y el lindo Paseo de la Taconera, ...” (Fernando Fernández de Córdoba, 1866).

                - “El Paseo de la Taconera, Campos Elíseos de los pamploneses, recortado, podado y regado como un jardín real, hace el doble papel, a ejemplo de todos los Prados de España, de bolsa y de lugar de reunión”. (J. Cenac-Moncaut, 1857).

                - “Lleno de hermosísimas mujeres, lujosa y elegantemente ataviadas, que hablan con ingenio y gracia de teatros, de modas, de literatura, de artes y de viajes”. (Julio Nombela, 1868).

                CURIOSIDADES DE LA TACONERA

                - El “árbol del cuco”: frente a San Lorenzo. Ya no existe.

                - Estación del Irati: estuvo en el Rincón de la Aduana, antes de trasladarse en 1950 a la actual Avenida del Conde Oliveto.

                - “Palomar” del Bosquecillo: destruido.

                - Palomar de la Taconera: la caseta de madera oculta un transformador de electricidad.

                - Antiguo “mirador”: sobre la zona del Portal Nuevo.

                - Antigua caseta de las bicis o “Chinoiserie”: pequeño pabellón, interpretación decimonónica de la pagoda china (hoy desaparecida). Frente a ella queda hoy un árbol (sófora japónica) cuya estampa de pintura china refuerza más todavía el exotismo del conjunto. En el lugar donde antaño estuvo la caseta de “bicis” hoy se encuentra el Café Vienés (lugar muy concurrido por estudiantes y poetas).

                - Enfermedad de los olmos: la “grafiosis”, tuvo como consecuencia la tala de los olmos centenarios, quedando la Taconera “desnuda”.

                - Zoológico de los fosos: gamos, ciervos, pavo real, patos, ánades, gallina de Guinea, gansos, cisnes, cabras, tortugas, etc. La barandilla  o mirador que se abre  desde la calle Navas de Tolosa es uno de los puntos de la ciudad más solicitado por los niños. Alrededor del estanque principal, en Navidad, se instalan las figuras del Belén municipal, de tamaño natural.

                JARDINES DE LA TACONERA

    En la 1ª mitad del s. XIX se inició la construcción de los jardines actuales. La Taconera, situada junto al Casco Viejo de la ciudad, es el más antiguo y hermoso de todos los parques pamploneses. Recorrerlo es un placer para los sentidos. Distintas especies de flores y árboles, un pequeño y particular zoo, un tranquilo café, senderos, bancos y fuentes hacen de este enorme jardín, de inspiración versallesca (obra de Víctor Eusa), una de las zonas más románticas y exóticas de la ciudad.

                En los antiguos jardines, lo fundamental son los paseos, bordeados por grandes olmos (hoy ya no están); lo importante es el ir y venir, el ver y ser visto. El trazado básico desde el s. XVIII resistió todos los intentos de transformación. Los parterres, definidos por setos, son herencia quizá del jardín árabe. El trazado lleno de sinuosidades presenta pequeñas sendas entre la vegetación y rincones recoletos. Hay especies autóctonas y exóticas. Existen rincones con una leve influencia del jardín francés (arbustos convertidos en formas geométricas, plazoletas ocultas detrás de setos recortados que sin ser laberintos sirven para ocultarse de los que pasan).  El sector más cercano a la muralla es quizá propio del jardín latino (los olmos pierden importancia en favor de enormes coníferas y el trazado se pierde en múltiples espacios encerrados en sí mismos que, en conjunto, son el laberinto que falta en el jardín; también está aquí el emparrado y una pérgola de ladrillos con su fuente.

                MONUMENTOS

               - Estatua de la Beneficencia:   o de la abundancia; popularmente conocida como la “Mariblanca”; tiene vocación itinerante, ya que  primero estuvo en la fuente neoclásica de Luis Paret en la Plaza del Castillo (desde 1790 hasta 1912), luego fue al centro de la Plaza de San Francisco, y, finalmente en 1927 se trasladó a los jardines de la Taconera (donde , por ahora, sigue).

               - Francisco Navarro Villoslada:   en el Bosquecillo de la Taconera. Obra del arquitecto Muguruza y del escultor Coullaut Valera. Amaya y García Jiménez, que sostienen el escudo de Navarra, protegen el pedestal en que se apoya el busto del homenajeado. Se inauguró en 1918, con motivo del centenario del literato vianés. El monumento se colocó en aquel lugar como final del paseo, culminando una zona muy nostálgica, pero con la construcción del hotel quedó fuera de contexto, desplazado y en un lugar de paso. Recientemente fue restaurado por el escultor pamplonés Alberto José Orella. Últimamente, las obras efectuadas en la calle han terminado por aislar este monumento dentro en una rotonda, como si se tratase de una isla, a la vez que la entrada del hotel se veía reducida por las mismas obras.

                - Huarte de San Juan:   lauda en bronce, con bajorrelieve. Obra de Fructuoso Orduña, erigida en 1934 con motivo de actividades del Ateneo navarro en recuerdo del famoso médico y filósofo bajonavarro.

                - Julián Gayarre:   la labor escultórica, estatuas y relieves, se deben al roncalés Fructuoso Orduña. Representa a Gayarre en “El Pescador de Perlas”; debajo circundan la base una serie de relieves que representan la gloria y el dolor. El monumento fue costeado por la Diputación de Navarra y fue solemnemente entregado al Ayuntamiento de Pamplona el 5 de julio de 1950.

                - Hilarión Eslava:   su basamento sirvió como soporte de un busto de Sarasate hasta enero de 1964 (el busto realizado por Barrenechea en 1918 pasó a la fachada del Conservatorio que lleva su nombre), fecha en que fue sustituido por el actual retrato del compositor burladés, obra de Juan Quevedo. El mentado pedestal es obra del arquitecto Carlos Guerra; la gradería y la matrona de Pamplona con el escudo son de mármol de Escobedo. En este monumento aparece una matrona con el escudo de Pamplona, una mujer arrodillada , un violinista, dos tenantes con las manos enlazadas y un violín, más dos mujeres con arpa y dos pentagramas y el busto de Hilarión Eslava.

                - Arquería gótica:   es una réplica del Monasterio de Marcilla, en la que aparece un escudo con las armas de los Teobaldos y una inscripción del VII Centenario de Teobaldo I de Champaña, más un escudo de Navarra. Está dedicado por el Consejo de Cultura de Navarra en 1934.

                - Portal Nuevo:   llamado antiguamente de Santa Engracia (s XVI), sufrió la destrucción tras el bombardeo de 1823. Fue desmontado en 1906 para facilitar el paso de vehículos. Se reedificó en 1950, tratando de conjugar funcionalidad y monumentalidad. Consta de un gran arco de ½ punto, flanqueado por dos torres almenadas de piedra (su acústica es muy particular, ya que si uno se coloca en el centro de las bóvedas de ambas torres puede escuchar sus propias palabras en las cuatro esquinas). En el exterior de una de las torres está colocado un escudo imperial de Carlos V, procedente del antiguo Portal de Rochapea. En el puente del portal están también los escudos de Pamplona y de las Cinco Llagas, más el escudo entre dos columnas con el águila bicéfala. Por debajo del arco del portal pasa la Cuesta de la Estación o Avenida de Guipúzcoa, lugar por el que en su día pasó la primera línea de ferrocarril navarra.

                - Portal de San Nicolás:   erigido en 1666, reinando Carlos II y siendo virrey el duque de San Germán. Tiene una vistosa fachada barroca de sillares almohadillados con tres escudos labrados y una lápida con su inscripción. Se trata de una recreación barroca de un arco del triunfo. Fue en el pasado uno de los seis puntos de entrada a la ciudad amurallada y estuvo colocado, hasta 1915, en las proximidades de la actual iglesia de San Ignacio.  Fue trasladado al inicio del andén central de los jardines de la Taconera, a los cuales sirve de entrada, en 1929, tras el derribo de las murallas de la ciudad.

                - Portal de Taconera:   era gemelo del de San Nicolás y fue desmontado en 1906 para facilitar el paso de vehículos. Sufrió una reforma total en 1954 para ensanchar la calzada. La lápida que tenía se conserva en los jardines de Antoniutti colocada a modo de monumento. Está rodeado de fosos y antiguos baluartes. El Ángel de Aralar, en primavera, abandona su sede y recorre los pueblos bendiciendo los campos en flor. A Pamplona entra por la Taconera (aquí donde estuvo el Portal de Taconera), donde es recibido por miles de personas, y sale días después por el puente de Miluce.

                - Cruz de la Taconera:   en el remate aparece la cruz con Cristo crucificado, y, la Virgen rezando y mirando al cielo, y debajo un ángel; en el capitel hay ocho figuras (entre ellas San Lorenzo con la parrilla, San Sebastián y dos obispos); en la columna hay una inscripción gótica y un escudo y unas flores de lis invertidas. La cruz está situada frente al Bosquecillo. La mandó construir el carnicero Martín de Espinal y fue colocada en su lugar el día 12 de abril de 1521.

                JARDINES DEL BOSQUECILLO

                Desde muy antiguo se ha llamado “El Bosquecillo” al espacio triangular situado en la Taconera, cubierto de árboles y atravesados por un andén central. Donde en 1962 se construyó el Hotel de los Tres Reyes, existía un palomar y un estanque con patos y cisnes.

                EL ARBOLICO DE SAN JOSÉ

                Detrás del Hotel, en lo que hoy en día queda del Bosquecillo, está el llamado “Arbolico de San José”, por ser en marzo cuando brotan en él sus hojas anunciando la primavera al menos con 15 días de antelación sobre los demás árboles. El motivo es el siguiente: se trata de un castaño de Indias distinto al resto de los que se encuentran en el Bosquecillo, pues muy posiblemente sea de una variedad híbrida no registrada que no tiene flores blancas o rojas, sino de color rosado.

                LA LLEGADA DEL ÁNGEL DE ARALAR

                El lunes siguiente a la Semana de Pascua se produce la llegada del Ángel de Aralar. En el Parque de Antoniutti le esperan muchas personas y el "Angelico" (San Gabriel) de la Casa de la Misericordia. Ambos ángeles se besan ante los aplausos de los congregados. La comitiva marcha al son de txistus.

   En 1797, siete bajonavarros disfrazados de carboneros robaron la imagen del Ángel, la partieron en tres y huyeron. Tres de ellos fueron ahorcados en Pamplona y sus manos quedaron expuestas en Aralar. Cuando llega el ángel a Pamplona, en el bosquecillo, tras el Hotel Tres Reyes, se reza un responso por las almas de los 3 ladrones que allí fueron ajusticiados por haber robado la imagen del Arcángel.

Luego van por San Antón (los años pares) o San Gregorio (los años impares) hasta la iglesia de San Nicolás, donde se da a besar el ángel y se le canta su himno. Días posteriores, visita muchas iglesias y centros oficiales hasta el domingo, en el cual, tras la misa en la iglesia de San Lorenzo, es despedido por los fieles. Se suele decir que siempre que llega el Ángel de Aralar a Pamplona suele llover, como si trajera la lluvia desde su sierra. Lo cierto es que en esas fechas primaverales el “tiempo” suele ser muy inestable y casi siempre suele llover.

                JARDINES DE ANTONIUTTI

                El Parque de Antoniutti se creó en los años 60 sobre los antiguos fosos del Portal de Taconera. Éste se situaba en los actuales W.C. El jardín está bordeado por almez. En su interior hay una gran diversidad de árboles de hoja perenne y caduca. En la zona próxima al escudo procedente del Portal de Taconera, dominan los tilos, alerces y arces a los que les acompaña la secuoya, magnolio, secuoya gigante, álamo blanco y cedro. La pista de patinaje está enmarcada por almez.

            PASEO DE SARASATE  

    Ha alternado su nombre oficial, en honor de Pablo Sarasate, con el popular Paseo de Valencia, en memoria de un procurador de finales del s. XIX que trabajaba a favor de las clases humildes. El Paseo de Sarasate es un espacio urbano multiusos. Con largas hileras de árboles, bancos y estatuas, ofrece un lugar para el paseo, el reposo, el encuentro casual o la relajada lectura del periódico. No hace mucho años, en los tiempos de las horas de paseo de reclutas y criadas, era conocido popularmente como el “tontódromo”, por los continuos paseos arriba y abajo que unos y otros daban con amago de cruzarse y pararse. Está rodeado de iglesias, bancos y sedes administrativas de importancia, pero su ancha acera central es una especie de oasis donde juegan los niños, comercian los “resucitados” barquilleros, actúan cómicos callejeros, se exponen libros de viejo... En las tardes veraniegas, suenan el txistu y la gaita.

                MONUMENTO A LOS FUEROS

                Mide alrededor de 25 metros. Proyectado por Manuel Martínez de Ubago y erigido en 1903 por suscripción popular para conmemorar la defensa del régimen foral navarro frente al frustrado proyecto del ministro de Hacienda, Germán Gamazo, que en 1893 pretendió suprimir los privilegios fiscales de Navarra, en lo que se conoce como la “Gamazada”. Nunca ha sido inaugurado oficialmente. El monumento muestra los escudos de los pueblos que tenían asiento en las Cortes del Reino y esculturas alegóricas del Trabajo (herrero), la Paz (con la paloma, que algún gamberro ha deteriorado), la Justicia (con la balanza, también deteriorada), la Historia (con un libro) y la Autonomía (con alas y mirando hacia la Diputación). Está rematado por una matrona de bronce que simboliza a Navarra, con las cadenas en su mano derecha y la Ley Foral en la izquierda. Cinco placas recuerdan el motivo de su construcción y el sentido de los fueros: “Se erigió este monumento para simbolizar la unión de los navarros en la defensa de sus libertades, libertades aún más dignas de amor que la propia vida”, dice una de ellas. “Juraban nuestros reyes  guardar a la corona y hacer guardar los Fueros, sin quebrantamiento alguno, mejorándolos siempre y nunca empeorándolos, y que toda transgresión a este juramento sería nula, de ninguna eficacia y valor”, añade otra. En la actualidad, es un punto de encuentro.

                SEIS ESTATUAS DE LA PLAZA DE ORIENTE

                El Paseo de Sarasate, en su parte más cercana a la antigua Audiencia (hoy Parlamento), está flanqueada por seis estatuas de piedra. Las figuras iniciales fueron adquiridas por el Ayuntamiento de Pamplona al Palacio Real de Madrid en abril de 1885. Eran piezas sobrantes de las que se esculpieron para la Plaza de Oriente (que todavía hoy se pueden contemplar en Madrid) y estaban tasadas cada una en 12.000 duros. Sin embargo, la Casa Real acabó por regalárselas a la ciudad. En 1972 el Patrimonio Nacional solicitó una permuta que fue aceptada: las figuras de Fernando VI y doña Bárbara de Braganza se intercambiaron por las de los reyes de Navarra    Felipe III y García Ramírez. Curiosamente, éstas son las únicas de las que se conoce su identidad. A quién representan las cuatro restantes es toda una incógnita.