3344 días hasta
el VI Centenario del Privilegio de la Unión de Pamplona

GRACIAS POR TU VISITA

VISITANTES

RECORRIDOS‎ > ‎Ruta de las Murallas‎ > ‎

- Fuerte de San Cristóbal


    MOTIVO DE LA FORTIFICACIÓN DEL MONTE

   El Fuerte de San Cristóbal o Alfonso XII se encuentra situado en lo alto de dicho monte, en el centro de la Cuenca de Pamplona, a la que domina por completo en todas direcciones. El motivo por el que se construye dicho Fuerte hay que buscarlo en la última guerra carlista. En 1875 el ejército carlista, tras hacerse en la acción de Lácar (cerca de Estella) con varias piezas artilleras del ejército isabelino, las ubica en lo alto de dicho monte. Los carlistas tenían su cuartel general en Huarte y desde allí envían al monte San Cristóbal  dichos cañones. Desde este lugar consiguen amedrentar a la población de la capital pamplonesa, a pesar de que no hubo, afortunadamente, ningún muerto ni herido. Nada más acabar dicha guerra, los pamploneses se ponen en contacto con las autoridades para que no vuelva a suceder otra vez lo mismo. Así, en 1878, el Comandante de Ingenieros Don José de Luna y Orfila se encarga de diseñar y de empezar a dirigir las obras de dicho Fuerte Artillero.

    LA “CARRETERA DE LOS SIETES”

   Las obras se extienden durante cuatro décadas, desde 1878 hasta 1919. Pero lo primero que tuvo que acometerse fue la construcción de una carretera para poder acceder hasta la cumbre del monte. Dicha carretera costó realizarse siete meses, tiene siete kilómetros de longitud, posee siete largas rectas y otras siete curvas bastante cerradas, tiene un desnivel medio del siete por ciento y la anchura media entre las cunetas es también de siete metros. No es extraño que se la conociese popularmente como la “carretera de los sietes”.

                LAS OBRAS DE FORTIFICACIÓN

   Una vez construida dicha carretera, ya podían llegar con mayor comodidad hasta la cumbre del Monte Ezcaba o San Cristóbal, situada a 898 metros de altitud. Hay que tener en cuenta que en aquella época todavía no había vehículos a motor para poder subir hasta aquí, por lo que se necesitaban caballerías que tardaban unas dos horas en llegar (hoy en día, en coche, cuesta alrededor de 25 minutos, a pesar de encontrarse la carretera en muy mal estado). Los obreros y peones que trabajaron aquí salían de Pamplona a las cuatro de la mañana y llegaban a las seis. Lo primero que hacían era dejar las caballerías en la cuadra y a continuación se dirigían a las letrinas. Una vez hecho esto, empezaban a trabajar.

   El Fuerte costó alrededor de 15 ó 16 millones de pesetas de las de aquella época. Hay que tener en presente el hecho de que debían ajustarse al presupuesto anual disponible que era de 500.000 pesetas anuales. Esto hacía que las obras se eternizasen, llegando a quedarse obsoleto antes de acabarse las obras. Sabemos que los peones cobraban muy buen jornal para aquellos tiempos, más concretamente 1,5 pesetas diarias, siempre que se pudiera subir a trabajar, ya que en caso contrario no se cobraba. Si llegaban tarde por cualquier motivo, se les reducía el sueldo. Los capataces y oficiales de obra llegaban a cobrar hasta 7 pesetas diarias.

   El Fuerte estaba diseñado como un fuerte artillero con capacidad para 1.100 soldados al mando de un general-gobernador. Estos hombres podían resistir un ataque enemigo durante cuatro meses sin depender de la ayuda exterior. Entre sus tres fortificaciones, alberga en su interior 92 casamatas o habitaciones fortificadas con bóvedas a prueba de bomba y cuya misión era la de cobijar las diversas piezas de artillería del fuerte. Concretamente estaba diseñado para contener 72 cañones, 12 morteros y 3 obuses, además de 25 piezas pequeñas para defender los fosos de flanqueo.

   Debemos tener en cuenta que todo el conjunto se halla rodeado por un foso seco que sirve de barrera defensiva para evitar la entrada de la infantería enemiga. De este a oeste, dicho foso tiene una longitud de unos 600 metros, mientras que norte a sur llega a tener unos 300 metros. Esto nos da una superficie fortificada de unos 180.000 m2.

   El conjunto fortificado es la suma de tres fuertes. Así tenemos el Fuerte u Obra Avanzada del Este, el Fuerte Principal, y el Fuerte u Obra Avanzada del Oeste.

                HISTORIA DEL FUERTE DE SAN CRISTÓBAL

   Sobre la puerta de entrada aparece escrito el nombre de Fuerte de Alfonso XII.

Dicho rey se encontraba en el balneario de Betelu tomando las aguas, cuando se acercó hasta este monte para ver el estado de las obras de fortificación. Quedó tan impresionado que allí mismo ascendió a Don José de Luna y Orfila al grado de coronel. Hay que tener en cuenta que el Fuerte se halla escondido bajo el nivel del monte para que no pueda ser visto desde ningún lugar de la comarca. Es decir, no estaba edificado sobre el monte sino bajo éste. Para ello tuvieron que excavar montones de toneladas de roca y tierra, aprovechando las piedras de la propia excavación y las de dos canteras que hay junto a la carretera más abajo para así poder edificar el fuerte. No obstante, a pesar de que el conjunto se hallaba camuflado por completo, al demorarse durante tanto tiempo las obras, sucedió que ya en la Primera Guerra Mundial se había empezado a utilizar la aviación con fines bélicos, con lo que desde el aire ya no resultaba invisible a los ojos del enemigo. Además, las bombas que podían caer desde los aviones eran mucho más devastadoras que las de la artillería convencional. Todo esto hizo que el Fuerte de San Cristóbal se quedara obsoleto antes de terminar de construirse.

   Esto provocó que se le diera una función bien distinta para la que no había sido diseñado. Así, en 1934 se utilizó como prisión en la que fueron encarcelados algunos de los mineros y trabajadores asturianos que habían participado en la Revolución de Asturias (octubre de 1934). Fue una insurrección en la que llegó a haber 30.000 hombres con armas y explosivos dispuestos a marchar sobre Madrid para derrocar al legítimo presidente del gobierno. Éste, el señor Lerroux, miembro del Partido Radical, interpretó los hechos como un acto hostil de guerra y como tal la atajó. De hecho, envió a dos generales para que se hicieran con el control de la situación: los generales Goded y Franco. La represión fue brutal y hubo muchos condenados a muerte tras el consejo de guerra subsiguiente, aunque el Presidente de la República (Don Niceto Alcalá Zamora) fue magnánimo y generoso, conmutando muchas de aquellas penas de muerte por otras de prisión. En febrero de 1936, tras el triunfo del Frente Popular, cambia el sentido del gobierno y otorga una amnistía para aquellos presos que pasan a ser considerados como “políticos”. Así, salieron de San Cristóbal unos 400 presos.

   En julio de 1936 se produce un pronunciamiento militar que desemboca en una guerra civil que va a durar tres años. En Pamplona se hallaba por aquel entonces el General Mola, principal ideólogo de aquel pronunciamiento, con lo que Navarra quedaba dentro del bando de los “nacionales”. Así, muchos de los dirigentes de partidos de izquierdas y sindicatos fieles a la República terminaron yendo a parar a este lugar que, por segunda vez, vuelve a utilizarse como prisión. Entre 1939 y 1945, además de lo ya dicho, añade un nuevo cometido al ser utilizado el Fuerte como sanatorio penitenciario de presos tuberculosos.

   En 1945 se cierra definitivamente como prisión y vuelve a manos del Ejército que lo utiliza como almacén de ingenieros y, sobre todo, como polvorín de la VI Zona Militar, dependiendo de la Real Maestranza de Artillería de Burgos, hasta 1985. En esa fecha se van los soldados, quedando un pequeño retén de vigilancia hasta el 1991, año en el que el Fuerte queda completamente abandonado.

   En 2001 el Fuerte de San Cristóbal fue declarado Bien de Interés Cultural. De hecho, durante el año 2008 se han llevado a cabo una serie de obras tendentes a recuperar los fosos que se hallaban llenos de vegetación tras años de abandono, además de las obras de restauración y acondicionamiento del interior. Todas estas obras de restauración han costado 500.000 euros. Debemos pensar que sigue habiendo mucha gente que se sigue colando en el interior del Fuerte, a pesar de que la propiedad actual de todo el conjunto fortificado sigue correspondiendo al Ministerio de Defensa. En toda la zona hay una serie de carteles que advierten de que nos encontramos en una zona militar y que está prohibido el paso. A pesar de todo ello, se siguen produciendo innumerables violaciones del fuerte.

   Todos estos usos que ha tenido a lo largo del tiempo han dejado su huella. Así pues, durante la visita al Fuerte de San Cristóbal se pueden apreciar mezcladas la función artillera inicial del fuerte con la función penitenciaria que hubo posteriormente. No deja de resultar chocante y paradójico el hecho de que se construyera inicialmente un fuerte artillero y que nunca hubiera llegado a entrar ni una sola pieza de artillería, a pesar de que se pueden apreciar perfectamente las diversas galerías de casamatas dispuestas a contener en su interior dichas piezas artilleras.

                EL FUERTE DEL ESTE

   La misión de dicho fuerte era la de proteger la carretera que da acceso hasta este lugar además de vigilar también la entrada al foso que desde aquí  se abre hacia el norte y el sur del monte. Conviene recordar que dicho foso posee en su interior una galería de tiro para fusileros que, a través de estrechas aspilleras, disparaban hacia cualquier punto del foso.

   También se encuentra en este fuerte del este la entrada principal a la fortificación. Justo aquí, junto a la puerta, se halla en el suelo una figura en piedra del arma de artillería (una bomba en llamas, a punto de explotar). Resulta curioso que algunos niños la confundieran con un calamar o un pulpo.

   Para muchos pamploneses y habitantes de la Cuenca de Pamplona este es el Fuerte que conocían hasta este año 2009, ya que los soldados solían dejar entrar hasta la cantina del fuerte a muchos montañeros que solían subir hasta aquí. Pero lo que viene a continuación era una incógnita, pues ni siquiera desde el exterior del Fuerte se puede llegar a ver o imaginar lo que hay en su interior.

                EL FUERTE PRINCIPAL

   A través de un túnel o pasadizo llegamos hasta el patio de armas del Fuerte Principal. En dicho túnel se encuentran las cuadras y las letrinas que se utilizaron durante la construcción del Fuerte, además de tres calabozos que se usaron como correccional para los soldados que no obedecían a un superior y, mientras fue prisión, como celda de castigo. De hecho, todavía hoy se conservan los grafitos realizados por  los soldados y por los presos que terminaron yendo a parar a ellos. Los calabozos son amplios, con capacidad para varias personas, aunque el interior es frío y húmedo en todo momento, además de oscuro. No obstante, hay que decir que este tipo de fuerte no es medieval sino que, al estar construido a finales del siglo XIX y principios del XX, disponía ya de luz eléctrica en su interior. Todavía son visibles en casi todas partes los cables del tendido eléctrico que daba luz al interior de todas las dependencias del acuartelamiento.

                GALERÍAS DE CASAMATAS

   Una vez dentro del Patio de Armas podemos contemplar por primera vez el interior del Fuerte en el que destaca en primer término el Edificio de Pabellones. A la izquierda hay una galería con 16 casamatas que miran hacia el frente sur del Fuerte Principal. Este fuerte presenta cuatro frentes. El Frente Sur, con capacidad para acoger 16 cañones que apuntan hacia las carreteras de Estella y Zaragoza. El Frente Este, en el que se alojaban 9 cañones que apuntaban hacia la carretera de Aoiz. El Frente Oeste, en el que había 9 cañones y 3 obuses que apuntaban hacia la carretera de Guipúzcoa. El Frente Norte, con capacidad para 27 cañones, además de los 10 morteros que se encuentran en la galería de casamatas situada detrás de la Capilla.

   Todas estas galerías estaban diseñadas con bóvedas a prueba de bomba, capaces de resistir el ataque de la artillería enemiga. Para ello, se formaban las diversas casamatas con una bóveda de piedra maciza que luego era recubierta de 1,5 a 3 metros de espesor de tierra. Ésta servía para amortiguar el efecto de los proyectiles enemigos, resistiendo así a su ataque. Además, Don José de Luna diseñó un curioso sistema para evitar que el humo producido por la explosión de los cañones pudiera delatar la presencia y la ubicación de dichas piezas artilleras. Para ello realizó una serie chimeneas parecidas a las que hoy se usan en los cuartos de baños de nuestras casas. Estas chimeneas estaban retranqueadas y evacuaban el humo a varios metros de distancia, de tal manera que el enemigo vería salir el humo de las explosiones por un lugar en el que no había un solo cañón. Ya se sabe que… “en el amor y en la guerra, todo vale”.

   Todos los cañones de las 16 casamatas eran disparados hacia el exterior del Fuerte a través de las 16 troneras que hoy se hayan enrejadas en el frente de máscara.

   Justo detrás de cada casamata, en el frente de gola, se localizaban las viviendas de los artilleros que servían las piezas artilleras. A esto se le llamaba “estar al pie del cañón”. También resultan muy curiosas las oquedades existentes en los muros que hay entre las casamatas y que servían para alojar en su interior los proyectiles que iban a ser disparados.

                LAVADERO, ALJIBES Y ALMACÉN DE VÍVERES

   Tras recorrer toda la galería de casamatas del frente sur, llegamos hasta una bajada que da acceso al Lavadero. Este es bastante grande y tiene 4 pozas para contener agua en su interior. En muchos pueblos de Navarra existen lavaderos muy similares a éste, sólo que éste se encuentra bajo tierra.

   El agua que se utilizaba en el Fuerte de San Cristóbal provenía de la fuente de una huerta ubicada en Berriozar que, al igual que los terrenos donde se asienta el fuerte, fueron comprados previamente para poder llevar a cabo las obras. Gracias a una máquina de vapor, el agua de dicha fuente era bombeada hasta el interior del fuerte por medio de una cañería escondida bajo el monte y que llegaba hasta los aljibes situados cerca del lavadero. Concretamente, había 16 aljibes subterráneos, a un nivel inferior del lavadero y justo debajo de las 16 casamatas de la galería del frente sur. Entre los 16 depósitos de agua sumaban casi la cifra de 3,5 millones de litros de agua. En el caso de que dicha fuente fuera destruida por el enemigo, Don José de Luna había pensado en la posibilidad de recoger las aguas de la lluvia, nieve y niebla que se recogían allí mismo sobre la cima del monte y, tras ser decantadas y filtradas con arena, eran recogidas en estos 16 aljibes o en otro que se encuentra a mayor altura dentro del fuerte.

   Así mismo, el agua sobrante salía por cuatro bocas a una alcantarilla que atravesaba las letrinas y era conducida hasta una poza para no erosionar el monte, ya que la fuerza erosiva del agua podía ser muy grande debido a la fuerte inclinación del terreno del propio monte. No es de extrañar que el rey Alfonso XII le ascendiera de empleo y sueldo allí mismo, mientras visitaba las obras del fuerte.

   Por otro lado, justo debajo de las viviendas de los artilleros que se encontraban al pie del cañón, y a un nivel inferior como ocurría con los aljibes, se encontraba el enorme almacén de víveres subterráneo con capacidad para 2.300 m3. Tenemos que pensar que si los 1.100 soldados eran rodeados y aislados por el enemigo, tenían que ser capaces de sobrevivir durante cuatro meses sin la ayuda del exterior.

   La puerta que da acceso tanto a los aljibes como al almacén de víveres se encuentra cerrada por motivos de seguridad, ya que se ambas dependencias se hayan bajo tierra y sin contacto con el exterior, sin luz natural, con una temperatura muy baja y un altísimo nivel de humedad. Lo cierto es que entrar al interior de ambas dependencias produce escalofríos y cierto pánico, ya que la luz artificial de las linternas no consigue iluminar bien el interior.

    EDIFICIO DE PABELLONES

   Volviendo a salir al exterior, regresamos al Patio de Armas del Fuerte Principal en el que vemos dicho edificio. Este edificio se diseñó para albergar en su interior alrededor de 150 personas. Tiene tres plantas. En la planta baja se localizaban algunos servicios necesarios dentro del fuerte como son el comedor, la cantina, la sala de visitas, la biblioteca, las duchas y la caldera de la calefacción. En la primera planta se encontraban la enfermería, el botiquín y las cocinas. En la segunda planta se encontraban los dormitorios de los oficiales y los de parte de la tropa que no se hallaba “al pie del cañón”.

   Entramos por la puerta que no ofrece obstáculo alguno y subimos hasta el primer piso. Allí vemos el suelo de madera levantado en algunos tramos que deja al descubierto la carbonilla que utilizaron como aislante de la humedad. También nos sirve para comprobar el sistema que utilizaron para colocar la madera del suelo, mediante rastreles en los que se clavaban las láminas de madera del pavimento. Atravesamos un oscuro pasillo en el que se aprecian ventanas pequeñas y con rejas que nos recuerdan el uso carcelario que también se le dio a estas dependencias. Hay que advertir que, al tratarse de un edificio diseñado como vivienda, tenía más garantías de habitabilidad que otras dependencias, por lo que esta zona se correspondía con la de los “enchufados” que se portaban bien mientras el uso del fuerte fue el de prisión entre los años 1934 y 1945.

                EDIFICIO DE ACCESORIOS

   Salimos al exterior y a la parte trasera del Edificio de pabellones, pero curiosamente volvemos a encontrarnos en la planta baja del edificio, ya que éste se haya a contra terreno. Hay que decir que los distintos niveles del Fuerte Principal se ven desde aquí unidos y enlazados entre sí mediante un sistema de rampas sin escaleras.

   En la parte baja del nuevo edificio que tenemos delante, el de accesorios, vemos varias puertas. Justo la de enfrente da acceso al horno de la panadería. Junto al horno se encontraban dos almacenes, uno para la leña y el otro para la harina. También podemos apreciar desde fuera otras dependencias. Concretamente había un almacén de carbón con el que el electricista “fabricaba” la luz eléctrica. Para ello, utilizaba una rudimentaria central térmica, ya que quemaba el carbón para calentar agua y el vapor resultante movía una dinamo que generaba la electricidad. En aquellos tiempos, el electricista era una persona muy valorada, ya que casi ninguna casa de Pamplona disponía por aquellos años de luz, así que no es de extrañar que dicho cargo (el de electricista del fuerte) fuera uno de los privilegiados y “enchufados”, nunca mejor dicho.

   En la parte superior de este Edificio de Accesorios, y tras subir por la rampa que da acceso al nivel superior, nos encontramos con la vivienda del General-Gobernador del Fuerte (la que hace ángulo o chaflán), la de sus dos ayudantes de campo, el edificio de la Capilla y la vivienda del capellán.

                CAPILLA

   De todos estos hay que destacar la Capilla por tratarse de un edificio con un tratamiento más artístico dentro del conjunto fortificado. Destaca entre el resto de los edificios que claramente se ven con un aspecto sobrio y austero, como corresponde a todo recinto militar. En el exterior destacan sus dos falsas torres campanario, su cruz del remate del cuerpo central, el óculo que filtra la única luz del exterior que llega hasta el interior de la capilla, y su arco de ingreso de medio punto como corresponde al estilo neo-románico con el que fue construido. En el tímpano de dicho arco aparecen las armas reales de los Borbones, concretamente las del rey Alfonso XII. En el interior, con capacidad para unas 100 personas, se aprecian los dos coros laterales situados a un nivel superior, con su balaustrada de columnas meramente decorativas (son de escayola y están huecas en su interior) y la clave que se encuentra sobre la bóveda del crucero en la que aparece un clásico crismón trinitario a imitación de los típicamente románicos. Como curiosidad hay que hacer una apreciación, ya que normalmente este tipo de crismones suelen ubicarse en el tímpano del arco de ingreso al templo, mientras que el escudo con las armas del rey debería haberse situado en la clave ocupada por dicho crismón. Como vemos, aquí se han intercambiado sus respectivas ubicaciones habituales.

   Faltan el altar y el retablo en el que se encontraba una talla de Santa Bárbara, patrona de los artilleros, y de la que sólo nos acordamos “cuando truena”.

   Detrás de la Capilla existe una galería de casamatas con capacidad para acoger en su interior 10 morteros que miran hacia el frente norte. De hecho, se aprecian los rebajes de los muros para que los morteros pudieran disparar su clásico tiro parabólico por encima de la galería de casamatas que cobijan los 27 cañones antes descritos. Hay que decir que en ambos extremos de este frente norte se encontraban ambos polvorines del fuerte. También hay que añadir que el polvorín situado en la parte baja del monte no pertenece al Fuerte sino que se trata del polvorín de la ciudad de Pamplona.

                MIRADOR

   Desde aquí se pueden obtener unas vistas magníficas de toda la Cuenca de Pamplona. También se aprecia con claridad la posición de dominio de toda la comarca desde este Fuerte de San Cristóbal. Se controlan todos los accesos de entrada y salida y desde aquí se puede destruir cualquier tipo de artillería enemiga que pudiera localizarse en cualquier punto de la comarca, tanto de la zona más baja como de las cumbres de los montes que la rodean. Entre los que desde aquí podemos ver citaremos a la Sierra de Aralar, la de Urbasa, San Donato, la peña de Echauri, Montejurra (visible muy a lo lejos), la sierra de Aláiz (con sus canteras), la Higa de Monreal y la Peña de Izaga.

   También se divisan con claridad los diversos Valles y Cendeas de la Comarca de Pamplona, así como una parte de la ciudad. Así mismo, justo debajo del mirador, se ven los cuarteles de Aizoáin y la galería de tiro que utilizan tanto los militares como los civiles de la Federación de Tiro. Por otro lado, y también justo aquí debajo, se aprecia la Caponera Sur, que servía para comunicar el interior del Fuerte con el Foso exterior que lo rodea.

   Además, podemos observar el fuerte del oeste.

                EL FUERTE DEL OESTE

                EL FUERTE VIEJO

   A este fuerte u obra avanzada del oeste se le conoce también por el nombre de Fuerte Viejo, ya que fue el primero en construirse. Este presenta una galería de casamatas con capacidad para 16 cañones que apuntaban hacia los Valles de Ulzama y Juslapeña.

   Este fuerte presenta una particularidad y es que una parte está construida en piedra y otra parte se encuentra edificada en ladrillo, como puede apreciarse a simple vista desde el Mirador de madera. Esto obedece a un plan preconcebido y es que si el enemigo conseguía tomar este fuerte, que se haya situado a una cota inferior que la que ofrece el Fuerte Principal, entonces y sólo entonces se podía prescindir de él destruyéndolo desde aquí. Por eso se construyó una parte en ladrillo.

                PASADIZOS Y TÚNELES SUBTERRÁNEOS

   Dentro del Fuerte existen una serie de pasadizos que comunican entre sí el fuerte del Este con el Principal, el Fuerte Principal con el del Oeste, y, el Fuerte Principal con la Caponera del Norte.

   Además, existe un túnel subterráneo que comunica el Fuerte del Este con la Caponera del Sur. Este túnel recorre una distancia de unos 300 metros completamente a oscuras y en algún tramo del largo y sinuoso recorrido se encharca de agua, por lo que da miedo introducirse dentro del mismo. Además, en otros tiempos se usó como champiñonera.

                LEYENDAS URBANAS

   Las tradiciones locales hablan de túneles y pasadizos subterráneos que circulaban por debajo del Fuerte y que incluso llegaban a comunicar con la Ciudadela de Pamplona. Esto es algo completamente falso, ya que dicho supuesto túnel tendría que recorrer una distancia enorme bajo tierra. Y si en un trayecto de unos 300 metros se llegan a encharcar los túneles que sí existen, habría que imaginar qué es lo que sucedería en otro que llegara hasta la Ciudadela, ya que, además, debería atravesar necesariamente los terrenos situados justo debajo del río Arga, motivo por el cual dicho supuesto túnel se hallaría completamente inundado. Esto haría completamente imposible su utilización de no existir unos drenajes hacia el exterior, que por otro lado serían bien visibles, cosa que no existe.

   Claro, que el hecho de que sí existan unos túneles subterráneos da pie a fábulas y leyendas urbanas como la anteriormente citada. En Artica debe de existir una galería subterránea que se introduce en el monte San Cristóbal, pero no para comunicar con el Fuerte que se halla en la cumbre de dicho monte, sino para captar agua del interior del mismo, ya que Artica no posee ni río ni fuentes de las que abastecerse de agua. Así, aprovechan el propio acuífero del monte para la citada población.

                LA FUGA DE SAN CRISTÓBAL

   También es falso que los presos que se escaparon de la prisión ubicada en este lugar en mayo de 1938 lo hicieran a través de la construcción de túneles bajo el monte. Esto es algo que sucedía en la gran película titulada “La Gran Evasión”. Pero la realidad de lo ocurrido en San Cristóbal fue bien distinta. Era el domingo día 22 de mayo de 1938 a la hora de la cena. La prisión, al ser día festivo, se hallaba con el mínimo personal necesario. Concretamente se encontraban tan sólo 6 funcionarios. Algunos presos idearon la fuga y se pusieron de acuerdo para desarmar y neutralizar a los escasos efectivos que custodiaban el Fuerte. Estos tampoco opusieron resistencia y les abrieron la puerta principal para que salieran al exterior. De los 2.487 presos que se encontraban en el interior del centro penitenciario lograron escapar 795 y de estos sólo 3 lograron su objetivo de cruzar la frontera y llegar a Francia. Casi todos los presos fugados fueron capturados y de ellos 211 lo pagaron con su vida, mientras que 60 vieron reducidas sus condenas por colaborar en la captura de los que faltaban de encontrar. Los 16 principales cabecillas de la fuga fueron juzgados en consejo de guerra y condenados a muerte. De los 16 fueron fusilados 14  en los fosos de la Ciudadela que miran hacia la Vuelta del Castillo, cerca de la Puerta del Socorro. De hecho existe una placa muy pequeña que recuerda este negro episodio que se produjo el 8 de septiembre de 1938. Por otro lado, uno de esos 16 juzgados en consejo de guerra fue internado en el hospital psiquiátrico. Así pues, un total de 225 presos murieron a consecuencia de dicha fuga.