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- El Camino de Santiago


                El Camino de Santiago es la ruta que seguían los peregrinos que iban a venerar el sepulcro del apóstol Santiago, en Compostela. La costumbre medieval de peregrinar, como penitencia o como voto, a los lugares santos tiene una de sus manifestaciones más persistentes y populares en la peregrinación a Santiago de Compostela, de rango análogo a las de Jerusalén y Roma. Jerusalén esta ligada a San Juan, al amor; Roma está ligada a San Pedro, a la fe; y Santiago está ligada a ese mismo santo, a la esperanza. La peregrinación a Santiago es de Este a Oeste, hacia el futuro, hacia la esperanza.

                El Camino francés nació como un circuito turístico. Tras crearse el reino de

Aragón, en 1035, los reyes (sobre todo Sancho Ramírez) desarrollan su capital Jaca y fundan el hospital de Somport para que los peregrinos pasen por ahí. Con Pedro I y Alfonso I, cuando ya se ha perdido Nájera y la parte sur del reino de Pamplona, se va a invertir en Pamplona y Roncesvalles. Esto coincide con un invento fabuloso: el descubrimiento de la tumba del apóstol Santiago en Galicia. El Papado ponía en duda este descubrimiento, ya que no le interesaba otra sede apostólica en Occidente. Para darle credibilidad, se atribuyó el descubrimiento de la tumba al emperador de Occidente (Carlomagno). Esta historia se inventa hacia 1090 ó 1100. En el Codex Calixtinus se cuenta la historia de Carlomagno, sus hazañas, el paso por Roncesvalles, la caída milagrosa de las murallas de Pamplona…, y después, en el quinto libro, la guía crea un circuito turístico para atraer a los peregrinos por este camino. A los reyes (sobre todo a los de Aragón y Castilla) les interesaba atraer peregrinos para poder repoblar el terreno ocupado en la Reconquista. Por eso otorgan todo tipo de fueros para esos pequeños pueblos.

                En la Edad Media, el viaje hasta Santiago de Compostela duraba lo mismo que ahora; el porcentaje de peregrinos era similar al de ahora, y los motivos por los que se peregrinaba eran también los mismos que hoy. Muchos peregrinos se quedaron a vivir aquí. No hay más que ver la cantidad de rúas de francos que existen, o de iglesias dedicadas a San Martín, que solían ser el centro de un barrio de francos.

                LEYENDA           

                El descubrimiento de una tumba (que se identificó como la de Santiago el Mayor) en la antigua diócesis de Iria Flavia, cuando reinaba en Asturias Alfonso II y en Francia Carlomagno, provoca la construcción de un templo, renovado por Alfonso III en 874. Inmediatamente se inició la atracción de peregrinos de toda Europa, siendo el primero de todos ellos el obispo Gotescalco, de Puy, en 950.

                Según la leyenda, Santiago el Mayor, uno de los doce apóstoles que acompañaron a Jesucristo en su vida pública, fue decapitado por orden de Herodes el año 43 ó 44 de nuestra era, y su cuerpo llevado por mar hasta la localidad gallega de Padrón, desde donde fue transportado a Compostela (“Iria Flavia”). Siguiendo los datos de esta peculiar singladura, que aunque tiene muy poco rigor histórico está sostenida por una profunda tradición popular, el cuerpo del apóstol, enterrado en la primera centuria de nuestra era en tierras galaicas, fue descubierto por el ermitaño Pelayo (en el “campo de la estrella” = “Compostela”) en el s. IX (el año 813), y junto a la tumba del santo se construyó una iglesia para honrar su nombre.

                ORÍGENES DE LA PEREGRINACIÓN

                La monarquía Astur-Leonesa, que entonces era soberana de Galicia, decidió propagar la noticia del descubrimiento de la tumba de Santiago por toda Europa y ya desde los primeros años del descubrimiento se observó cómo las peregrinaciones hacia aquel santo lugar podrían reportar grandes beneficios. Además, Santiago se convierte en adalid de los cristianos en su lucha frente al Islam: es el “Santiago Matamoros”, montando en caballo blanco y con espada, que logra el éxito en la batalla de Clavijo y en la conquista de Coimbra por Fernando I (1064). Empezaron a acudir los cristianos de los alrededores para orar en la tumba del santo que con los siglos se convertiría en patrón de España. Muy pronto, los monjes de Cluny de Borgoña iniciaron las peregrinaciones que más tarde se extenderían a todos los francos, llegando a tener en Francia cuatro rutas distintas de peregrinación y el camino jacobeo (que también es una denominación francesa),“Calle Mayor de Europa”, llegó a llamarse camino francés.  Con el paso del tiempo, peregrinos italianos, británicos, germanos y nórdicos se fueron sumando a los miles de francos que se dirigían a Compostela. Las órdenes religiosas (cluniacenses y agustinianos) fomentaron esta corriente religiosa, mientras los reyes de los reinos que atravesaban los peregrinos daban a estos su protección. El camino se vio jalonado de monasterios y hospitales que acogían a los viajeros, y las órdenes militares (sobre todo los templarios) tuvieron sus casas al borde de la ruta para defenderlos. Muchos de estos peregrinos no llegaban nunca a Galicia, bien porque morían por el camino a causa de múltiples enfermedades, o porque decidían establecerse en cualquiera de las ciudades y pueblos por los que el camino discurría. Así, respaldados por fueros y privilegios reales, decenas de miles de francos crearon una colectividad propia dentro de la sociedad en la que se asentaban, bien fuera ésta navarra, castellana o leonesa. De este modo nacieron grandes barrios de artesanos y artistas francos que, a veces, provocaron enfrentamientos con los habitantes de los lugares donde se instalaban. Esta repentina inmigración extranjera provocó, tras el inicial recelo de los naturales del país, un enriquecimiento de la vida social, cultural y económica. Surgen importantes burgos de comerciantes a lo largo del Camino de Santiago, y, el arte, sobre todo religioso, se enriqueció con aportaciones de artistas europeos.

                APOGEO DEL CAMINO

El apogeo del camino se produjo en los siglos XI y XII, cuando los monarcas asturianos tomaron a Santiago como su patrón y protector en su lucha contra los árabes que ocupaban el sur peninsular, y, Compostela se convirtió, junto a Roma y Jerusalén, en el punto más visitado por los peregrinos medievales. La importancia de la ruta jacobea aún duraría varios siglos más, aunque ya en decadencia. El auge de las peregrinaciones duró hasta el s. XVI, en que empieza a decaer con la difusión del protestantismo, y, casi desaparece a finales del s. XVIII (la hospedería de Roncesvalles, en el s. XVIII, servía 20.000 comidas anuales a los peregrinos que acudían a Compostela). Hoy ha vuelto a renacer el espíritu de la peregrinación, especialmente en el “año santo” de Santiago (aquel en que la fiesta de Santiago, 25 de julio, cae en domingo).

                El fenómeno social que supuso el Camino de Santiago encuentra su completa explicación si se tiene en cuenta el fervor y la religiosidad medievales, el precedente de las cruzadas europeas por reconquistar Tierra Santa de manos de los infieles que las poseían y el culto que hace casi mil años se prestaba a las reliquias de los santos. Por ello, no es difícil comprender cómo miles de europeos llenaron las calzadas medievales que conducían a Santiago con el objetivo de hacer penitencia para obtener el perdón por sus pecados. En este sentido, fueron peregrinos jacobeos algunos reyes (Felipe II, Carlos I, los Reyes Católicos, Luis XI de Francia; Alfonso VI de Castilla, etc.), artistas (Van Eyck), santos (San Juan de Dios, San Francisco de Asís), obispos, nobles y también rufianes y ladrones con malas intenciones que se aprovechaban de los peregrinos.

                HISTORIA DEL CAMINO

                El rey navarro Sancho III el Mayor (1004-1035), que ejerció un dominio efectivo sobre todos los reinos cristianos hispanos, fue quien fijó el trazado definitivo del Camino por tierras riojanas y quien introdujo la influencia cluniacense y el nuevo arte románico, que se extendió por toda la ruta jacobea, cuyo esplendor habría de durar hasta el s. XVI. Prácticamente olvidado desde entonces, comienza a renacer con la creación de las primeras asociaciones de “Amigos del Camino de Santiago”, primero en París y luego, en 1962, en Estella, y después por toda Europa. Su labor se ve reconocida con la declaración del Camino en 1987, por el Consejo de Europa, como “Itinerario Cultural Europeo”. Desde entonces, por razones religiosas, culturales o turísticas, hacen el Camino gentes de todo el mundo.             

                El Camino se asienta en una infraestructura previa que no será ni pronta ni fácilmente superada: la vía romana de Burdeos a Astorga, eje de penetración desde el suroeste de la Galia en Hispania, que tras superar los Pirineos por Ibañeta y descender hasta Pompaelo accedía a la Meseta a través de las tierras de Álava.  

                 EL CÓDICE CALIXTINO

                La peregrinación quedó ordenada y codificada en el Liber Sancti Iacobi (o Códice Calixtino, por su atribución al papa Calixto II); en realidad está escrito y compilado por un clérigo de Poitou llamado Aymerico Picaud (es del s. XII y ya estaba en Compostela antes de 1172). Tras el relato de la hagiografía de Santiago y la recopilación de milagros, intercala la supuesta crónica carolingia de Turpin y dedica el libro V a la descripción del Camino con toda clase de avisos útiles a los peregrinos (primera guía turística). En esa época venían de Europa a través de Francia cinco vías que confluían en dos puntos del Pirineo aragonés y navarro: Somport y Roncesvalles. Desde Somport (Santa Cristina de “Summo Portu”), la ruta descendía a Jaca y seguía el curso del río Aragón, por Sangüesa, hasta reunirse con el otro itinerario en Puente la Reina para continuar ya por un camino único: Estella, Logroño (donde cruzaba el Ebro), Nájera, Santo Domingo de la Calzada, Burgos, Frómista, Carrión de los Condes, Sahagún, León, Astorga, Ponferrada, el Bierzo, el Cebreiro, Puertomarín, Palas de Rey, Labacolla y Santiago.   En el s. XIV se abren dos nuevos caminos: 1) el que entraba por Irún y seguía por Vitoria a Burgos; y, 2) el que recorría la costa cantábrica.

                La peregrinación tenía su ritual: los peregrinos, tras hacer testamento, eran despedidos en sus poblaciones de origen donde recibían el sayal, el bordón y la escarcela, más los salvoconductos. En grupos hacían el viaje por etapas ya previstas y, al llegar a Santiago, cumplían una serie de ceremonias tales como la entrada procesional en el templo, la noche en vela en sus naves, la veneración del sepulcro, la contemplación de la corona, la espada y el arca del tesoro, la entrega de ofrendas, después de todo lo cual recibían el documento llamado “compostela” que acreditaba el cumplimiento de la peregrinación. El Codex Calixtinus detalla las etapas del camino, señala los peligros y les previene contra clase de abusos por parte de os hospederos, cambistas de moneda y vendedores de recuerdos. Para los peregrinos florecía en Santiago una industria y un comercio, especialmente de objetos de plata y de azabache.

                INFLUENCIAS CULTURALES Y ARTÍSTICAS

                La comunicación de España con Europa a través del Camino fue extraordinariamente fecunda en el orden cultural y artístico, por el intercambio de influencias y por las aportaciones de los artistas viajeros. El Camino de Santiago es, sobre todo, un factor primordial en la configuración del arte románico. En arquitectura, se transmitieron todos los avances y soluciones constructivas. En escultura, se definieron focos característicos como los de Jaca, León, Silos y Santiago. En pintura, también se difunden estilos. En las artes industriales, hubo un activo intercambio de códices miniados y de marfiles españoles, así como de esmaltes lemosines. En la literatura, surgen los cantares de gesta, la lírica castellana y gallega, y, las canciones de peregrinos. En el aspecto social, la peregrinación reactivó el país mediante la repoblación de las ciudades del Camino de Santiago.               

                EL PEREGRINO

                “Peregrino” significa “forastero”, el que anda por tierras extrañas. La peregrinación, tanto individual como colectiva, se realiza para visitar un lugar santo donde se manifiesta de modo particular la presencia de un poder sobrenatural. Las peregrinaciones cristianas tienen dos orígenes: 1) la veneración de los lugares santificados por la presencia física de Jesús; y, 2) el culto a los santos y sus reliquias. Las tres peregrinaciones más famosas en el mundo cristiano fueron: Jerusalén, Roma y Santiago. Se le llama “palmero” al peregrino de Tierra Santa, “romero” al peregrino a Roma, y, “peregrino” al que peregrina a Santiago.

                MOTIVOS DE LA PEREGRINACIÓN

                Son muy variadas: 1) la devoción (el menos frecuente); 2) la penitencia; 3) el cumplimiento de un voto o promesa; 4) la curación de enfermedades; 5) una deuda testamentaria; 6) la representación de un pueblo o ciudad; 7) un pretexto para viajes o negocios; 8) una sentencia de un tribunal civil o religioso. Con el paso del tiempo abundan los falsos peregrinos, delincuentes, estafadores, vagos y maleantes. Se viaja de la primavera al otoño, entre la fiesta de Pascua y la de San Miguel, ya que en invierno casi no hay peregrinos. El trayecto se realiza normalmente en grupo, en función del origen, lengua y procedencia.

                LA INDUMENTARIA

                La venera es el primer atributo del peregrino, y aparece a finales del s. XII y se generaliza, junto con la esportilla, a lo largo del s. XIII. En el s. XIV se completa la imagen con un velo que envuelve la cabeza y cae sobre los hombros sirviendo de protección contra el sudor y el polvo.

                LA INDUMENTARIA

                La venera es el primer atributo del peregrino, y aparece a finales del s. XII y se generaliza, junto con la esportilla, a lo largo del s. XIII. En el s. XIV se completa la imagen con un velo que envuelve la cabeza y cae sobre los hombros sirviendo de protección contra el sudor y el polvo.

                El apóstol no sólo era el protector de los peregrinos sino su misma encarnación al ser representado como uno de ellos, de modo que quedaba convertido en un símbolo de la caridad cristiana. La indumentaria solía consistir en: 1) un tabardo con esclavina reforzada con cuero para aumentar la protección contra el frío y el agua; 2) un sombrero de fieltro de ala ancha y redondo para protegerse del sol y de la lluvia; 3) calzado fuerte y cómodo; 4) un bordón o bastón más alto que la cabeza; 5) una esportilla o saquillo de piel (más monedero que alforja) adornada con la concha o venera.

                Los peregrinos solían llevar una serie de objetos con un significado propio, como por ejemplo:    1) vieira, venera o concha de Santiago (símbolo del apóstol y también de la sabiduría); 2) cayado o bordón (símbolo de la Trinidad, ya que es el tercer pie o apoyo, y, también para defensa contra alimañas); 3) zurrón (símbolo de mortificación y penitencia y sacrificio, y, está hecho con piel de animal hallado muerto); 4) escarapelas (las adquirían en los distintos centros de peregrinación del Camino de Santiago); 5) esclavina (capa); 6) sombrero ancho; 7) calabaza (para el vino).

                La venera estaba recogida en las playas gallegas o comprada en las tiendas compostelanas; fue inicialmente un recuerdo de la peregrinación que cosían en sus capas en honor del apóstol y como señal de  su gran viaje. Con el paso del tiempo, ha llegado a convertirse en el símbolo por excelencia de la peregrinación.

                EL VIAJE

                Primero se confesaban y después se imponía al peregrino la esportilla y el bordón. El medio de transporte dependía de la riqueza o posición social, pero el camino a pie era el más frecuente. Los eclesiásticos, caballeros ancianos y mujeres iban en asnos y mulos. La nobleza iba a caballo. Se encontraban con muchos problemas debido a los malos caminos, los bosques extensos poblados de alimañas, las aguas no potables, los salteadores de caminos y los cobradores de impuestos aprovechados a los que no les importaba nada que los peregrinos llevasen un salvoconducto, el cual les daba libertad de circulación, derecho de hospitalidad y exención de portazgo o peaje. Así pues, la aldea, la villa o la ciudad eran, en comparación con el campo, un oasis de esperanza y un refugio. De noche, se alojaban en  hospitales, en casas particulares, albergues, posadas o en cualquier rincón abrigado o a la intemperie.

                LOS HOSPITALES

                Eran sinónimo de acogida gratuita, acompañada de comida y cama. La estancia, salvo enfermedad, se extendía hasta tres días en verano y cinco en invierno. Los primeros hospitales para peregrinos surgen a mediados del s. X, fundados por obispos, órdenes religiosas, órdenes militares, monarcas, nobles o particulares con recursos. Casi todos los hospitales tenían escasas condiciones de salubridad e higiene. En los hospitales sobresalía el lavatorio de pies, el lecho, la comida y la atención religiosa. La comida dependía de las rentas del hospital, aunque nunca faltaran el vino y el pan. En ocasiones se añadía sopa, bacalao, carne o huevos.

                LA LLEGADA A SANTIAGO

                Lo primero que hacían era visitar la tumba del apóstol (bajo el altar mayor). En el altar mayor estaban la hoz o hacha con la que se había cortado su cabeza, y, el bordón que había llevado en sus viajes (recubierto de plomo para evitar que arrancaran astillas de él). Detrás del altar se encontraba la estatua sedente del apóstol que los peregrinos tenían la costumbre de abrazar (al menos desde el s. XIV). Recorrían las naves, capillas y portadas, y, finalmente, se asombraban ante los movimientos del “botafumeiro” (gigantesco incensario que servía para aromatizar la catedral en momentos de gran concentración de personas desde su instalación en el s. XIV). Luego buscaban alojamiento. Había muchos problemas propios de la picaresca común a toda ciudad con un importante contingente de transeúntes, lo que se traducía en abusos y engaños. Por la noche se hacía vigilia, y, a la mañana siguiente se hacían ofrendas. El guardián del arca de la obra donde se depositaban las dádivas tocaba con una vara a los peregrinos. Tras realizar las ofrendas, los peregrinos se confesaban y comulgaban, y, desde al menos el s. XIV, obtenían el certificado de haber llevado a cabo la peregrinación. Después, algunos preparaban el viaje de vuelta y otros se quedaban algunos días para recorrer la ciudad o decidían ir hasta Padrón para ver el “Finisterrae”.

                EL CAMINO DE SANTIAGO EN NAVARRA

                Mediado el s. IX se documenta el culto al sepulcro de Santiago, descubierto pocos años antes en Iria Flavia. Es el único caso de cuerpo de Apóstol conservado en Europa, excepción hecha del de San Pedro. Las donaciones y las visitas de personajes, inicialmente peninsulares e inmediatamente ultrapirenaicos, goteo pronto transformado en torrente de peregrinación popular, convierten a Compostela en una segunda Roma. En Navarra es sumamente importante la acción de Sancho el Mayor, al desviar la ruta primitiva, que se adentraba en tierras alavesas por el corredor de la Barranca, para sustituirla por el trazado clásico. Sus sucesores le emularon en este aspecto: García el de Nájera erigió en Irache un hospital de peregrinos (1052-1054) y en Nájera una alberguería (1052); Sancho Ramírez, rey de Aragón y Navarra, propició los albergues de Jaca (1084)y Pamplona (1087), pero sobre todo fundó Estella con la creación del burgo de francos de San Martín (1090) al pie de la antigua Lizarra.

                Desde un punto de vista económico, el Camino de Santiago presenta una gran actividad comercial: posadas, mercados y cambio de moneda, atendidos por indígenas, francos o judíos, lo atestiguan en multitud de ciudades. En el terreno de las artes, arquitectura, escultura y pintura se benefician del intercambio cultural entre unas regiones y otras. Buena parte del románico y aún del gótico se acrisolan junto a la ruta jacobea. Y otro tanto cabe decir de las corrientes literarias.

                Conocemos bien definidos los cuatro itinerarios que en el s. XII arrancaban de Francia en busca de Compostela a través de los Pirineos. Aparecen descritos en la Guía del Peregrino del Codees Calixtinus, de Aymeri Picaud: 1)Vía Tolosana. Partía de Arles, cruzaba la Provenza y, además de por francos, era utilizada por italianos y alemanes del sur. 2) Vía Podensis. Situada más al norte, partía de Le Puy y tomaba dirección suroeste. 3) Vía Lemovicensis o lemosina. Salía de Vezelay, en Borgoña, donde recogía peregrinos del este y nordeste, de Bélgica, Ardenas, Champaña y Lorena. 4) Vía Turonensis. Tomaba su nombre de Tours. Partía de París, donde se agrupaban devotos alemanes, de los Países Bajos y franceses del norte. Las vías podense, lemovicense y turonense se unían en Ostabat. De allí el camino se dirigía a Roncesvalles por San Juan de Pie de Puerto y los pasos de Cisa y Valcarlos. La vía tolosana, partiendo de Olorón, remontaba el valle de Aspe hasta Somport, para seguir por Jaca y cruzar el río Aragón por Vadoluengo. Vemos, pues, que las dos rutas de peregrinación terrestre que penetran en España pasan por Navarra. Y se unen en Puente la Reina, desde donde “un solo camino conduce a Santiago”, el llamado en el Códice Calixtino “Camino francés”.

                ITINERARIOS PRINCIPALES

                1.-  Valcarlos-Viana.

    Reunidos en Ostabat los peregrinos procedentes de las vías de Le Puy, Vezelay y Tours, ascendían el Pirineo desde Valcarlos. Hasta alcanzar Logroño, hacían el siguiente recorrido: Ibañeta, Roncesvalles (dotada de hospital), Burguete, Espinal, Linzoain o por Erro, Zubiri, Urdaniz, Larrasoaña, Anchóriz, Iroz, Zabaldica, Arleta, ermita de la Trinidad de Arre, por detrás del monte Miravalles, Villava, Burlada, Pamplona directamente (por el barrio extramural de la Magdalena o bien después de tocar Badostáin). Pamplona era hito importante, dotado de hospederías y hospitales, catedral, templos parroquiales y establecimientos de comunidades religiosas. Desde Pamplona: Cizur Menor (encomienda sanjuanista), Guenduláin, Astráin, puerto de Reniega o del Perdón (algunos abordaban el puerto desde Guenduláin por un camino anterior y más recto que pasaba por Zariquiegui), Basongaiz (propiedad de los sanjuanistas, a mitad de la ladera de descenso), Legarda, y Puente la Reina (que era importante nudo de comunicaciones, pues aquí confluía el itinerario de Somport). Seguían Bargota (hoy despoblado), Mañeru, Cirauqui, Lorca, Villatuerta y Estella. Debe señalarse que hasta finales del s. XI los peregrinos enlazaban directamente Villatuerta con Irache, pasando por el monasterio de Zarapuz. Rebasada Estella (por todos los órdenes una de las ciudades más destacadas del Camino de Compostela), se proseguía por el monasterio de Irache, Azqueta, Luquin, Los Arcos (con hospital), Sansol, Torres del Río (Iglesia del Santo Sepulcro) y Viana (última población navarra antes de llegar a Logroño).

                2.- Yesa- Puente la Reina.

                Los peregrinos que venían de Somport, tras dejar Tiermas, entraban en Navarra. Desde aquí el Camino pasaba por: Yesa (en cuyas cercanías se unía con un ramal procedente de la orlla izquierda del río Aragón y que pasaba por Ruesta), Javier, Sangüesa (dotada de buenos hospitales y artísticamente la población más notable del tramo), Liédena (puente sobre el Iratí, a la salida de la Foz de Lumbier), Nardués, puerto e Loiti, Sengáriz, Lecaun, Idocin, Salinas de Ibargoiti, Monreal, Garisoain, Yárnoz, Otano, Ezperun, Guerendiáin, Tiebas, Campanas, Úcar, Enériz, la capilla románica octogonal de Eunate y Puente la Reina.

                3.- Itinerario navarro de Zaragoza a Logroño.

                Muchos peregrinos originarios del Bajo Aragón y Cataluña siguieron un itinerario que coincidía, en buena medida, con la antigua calzada romana que enlazaba Zaragoza con Briviesca. Procedentes de Mallén, penetraban en Navarra por Cortes para seguir por Buñuel y Ribaforada (o sus inmediaciones) a Fontellas y Tudela, desde donde continuaban a Logroño por la margen derecha del Ebro, tocando Alfaro, Calahorra y Alcanadre.

                ITINERARIOS MENORES

                1.- Tudela-Viana.

                Arribados a Tudela desde tierras aragonesas, los peregrinos tenían una segunda opción para alcanzar el “Camino Francés”, remontando el curso del Ebro por su margen izquierda y siguiendo una calzada romana de localización moderna (corroborada por hallazgos arqueológicos) que tocaría Castejón, Milagro (?), Azagra, San Adrián, Andosilla, Cárcar, Mendavia, Lazagurría, para terminar en Viana.

     2.- Sangüesa-Puente la Reina, por Tafalla.

                Los peregrinos que transitaban de Sangüesa a Puente la Reina contaban con otra posibilidad, además de la ya descrita mencionada en el “Calixtinus”. Este camino los siguientes puntos: Sangüesa, Aibar, Sada, Eslava, Montes e Orba, Lerga, San Martín de Unx, Tafalla, Artajona, Mendigorría y Puente la Reina.

                Cabe mencionar un tercer itinerario entre Sangüesa y Puente que no debió afirmarse apenas. Este es su trazado: Sangüesa, por la izquierda de Rocaforte a Leache, Guetádar, Julio, Artariáin (en el valle de Orba), Cataláin (dependiente de Roncesvalles, de cuya Colegiata fue prior el Doctor Navarro), Barasoain y Artajona (donde se une con el camino de Tafalla).

                 3.- Urdax-Pamplona, por Velate.

                En menor número que aquellos que entraban en Navarra por Roncesvalles, algunos romeros extranjeros procedentes de Francia emprendían el camino de Pamplona desde Dancharinea. Sus hitos: Urdax, Maya, Elvetea, Elizondo, Irurita, Aniz, Berroeta, y, sin pasar por Almándoz (ya que la calzada seguía una dirección izquierda de la actual carretera), hospital de Velate (dependiente del llamado prior de Velate, título o dignidad de un canónigo de la catedral de Pamplona). Y desde aquí: término de Arráiz, seguramente Lanz, Arizu, Olagüe, Ostiz, Olave, Sorauren, Oricáin y Trinidad de Arre (donde se unía con el procedente de Roncesvalles).


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