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Pablo Sarasate


Pablo Sarasate y Navascués (1844-1908) es uno de los violinistas y compositores más reconocidos internacionalmente y, desde luego, el más importante de los músicos navarros. El autor del inigualable “Zapateado” está considerado un virtuoso. Sarasate, nacido en Pamplona el 10 de marzo de 1844, es el músico navarro más conocido en el mundo y sus partituras siguen siendo interpretadas por grandes instrumentistas. Su verdadero nombre era Martín Melitón. Fue hijo de un músico del Regimiento España. Una placa en los números 19/21 de la calle San Nicolás recuerda el lugar donde nació, aunque el edificio fue derribado. Desde niño comenzó a tocar el violín, recibiendo las primeras lecciones de su padre, que era músico militar. A los 10 años dio su primer concierto con gran éxito. Al poco tiempo fue llevado a Madrid, llegando a tocar ante los reyes y la corte. Posteriormente continuó sus estudios musicales en París y, acabados estos, dio conciertos por todo el mundo, causando admiración con su arte. A pesar de sus compromisos, nunca dejó de venir a Pamplona durante los Sanfermines, rasgo de amor natal que hay que tener en cuenta, dada la cantidad de giras y programas que tenía.

Sarasate, autor romántico y gran virtuoso de la escuela francesa, para quien escribieron Saint-Saens, Lalo y Bruch, fue alabado por Chaikovski, quien tras un encuentro personal con él, aseguró que era “un violinista a la moda, amable, elegante y cultivado”.

La crítica aplaudió su virtuosismo y censuró la endeblez de sus programas. El sonido de Sarasate era limpio, afinado, de un timbre y color excepcionales. Pero el repertorio no buscaba la gran música, sino el lucimiento.

El pianista y compositor navarro Joaquín Larregla recordaba, cuarenta años después de morir Sarasate, que “Quien le hubiese escuchado una sola vez distinguiría en lo sucesivo entre todos los violinistas el sonido amplio, fino y encantador de Sarasate. El arco que usaba parecía no tener fin. Los sonidos armónicos eran de una transparencia cristalina, y aquellos pizzicatos ejecutados en la mano izquierda eran de una sonoridad verdaderamente sorprendente. La afinación era de una exactitud matemática, lo mismo cuando ejecutaba en una cuerda como cuando lo hacía con dos. Casi se podía dudar si eran dos los violines que sonaban”.

El musicólogo checo Edouard Hanslick, el más feroz crítico del violinista pamplonés, le reprochaba la futilidad de su repertorio e incluso un dudoso gusto interpretativo, pues “confundía grandiosidad con ampulosidad y delicadeza con melindrería”.

En todos sus programas incluía Sarasate alguna obra propia. Su catálogo suma 54 composiciones en las que figuran acompañamientos de piano y orquestación, sobrias y correctas, pensadas para que brillase el divo. Son todavía, en los recitales, encores que cautivan. Sin duda su Opus 20, “Aires bohemios”, es el más reiterado. La obra íntegra ha sido registrada en discos compactos.

Sarasate vivió muy poco tiempo en Pamplona, pero amó a su ciudad, a la que cada año por San Fermín regalaba extraordinarios conciertos. Jamás cobraba, traía partituras para estrenos y se rodeaba de buenos intérpretes y directores. La opinión pública local andaba dividida sobre él, entre el entusiasmo y el desprecio. El ayuntamiento de Pamplona le proclamó hijo predilecto en 1900 y le dedicó, en vida, el paseo que lleva su nombre en el año 1903, de hecho el paseo o boulevard más importante de la ciudad.

Murió en su “Villa Navarra” de Biarritz, a consecuencia de un enfisema pulmonar, el 20 de septiembre de 1908. Sus restos descansan en lugar destacado, dentro de un mausoleo del cementerio pamplonés. En su memoria, el Ayuntamiento puso su nombre al nuevo conservatorio de música de la ciudad en el año 1957 y se erigió el monumento ubicado en los jardines del Parque de la Media Luna. Así mismo, la orquesta de Pamplona lleva su nombre. Ante su mausoleo, realizado por Ramón Carmona Urrutia, el Ayuntamiento de la ciudad acude cada 2 de noviembre a honrar su memoria.

Cada dos años se celebra en Pamplona el “Concurso Internacional de Violín Pablo Sarasate”, en el que compiten jóvenes intérpretes de todo el mundo. Sarasate impulsó la fundación en 1879 de la orquesta Santa Cecilia (la más antigua de España), que hoy lleva su nombre.

Sarasate poseía dos violines stradivarius que se guardan en el Conservatorio de París y en el Teatro Real de Madrid. A Pamplona dejó en legado un violín “Vuillaume”, otro “Gaud & Bernardel”, un piano “Bechstein”, fondos musicales, retratos y objetos personale. La Sala-Museo de Pablo Sarasate, que hasta hace poco se hallaba instalada en la capilla neogótica del antiguo Seminario de San Juan dentro del Archivo Municipal, acaba de ser trasladada al Palacio del Condestable, situado en la calle Mayor, junto al Pocico de San Cernin.


(Ver también: OTRAS CURIOSIDADES – Personajes Pamploneses)